Archivos para 30 abril 2017

30
Abr
17

trump … un loquito con armas

La política exterior de Trump, ¿incoherente o impredecible?

escribe: Immanuel Wallerstein / La Jornada

El presidente Donald Trump parece tener una política exterior que cambia constantemente. Muchos analistas han documentado que publica una cosa en Twitter y unas cuantas horas después dice o hace algo diferente.

Esta repetida incertidumbre acerca de lo que piensa o pretende hacer ha sido profundamente desconcertante para casi todo mundo. Al interior de Estados Unidos sus principales colaboradores designados parecen asumir posiciones que son diferentes de las de él. Y en cualquier caso, no se les previene de los virajes en la línea de acción. Aun algunos de sus más fieles simpatizantes populares encuentran los cambios confusos (aunque no encuentren razón para dejar de respaldarlo).

Fuera de Estados Unidos, presidentes, primeros ministros y diplomáticos parecen perturbarse por la impredictibilidad o la falta de claridad de los puntos de vista de Trump. Esto con frecuencia se expresa de la siguiente forma: Ahora sabemos X, pero esto es una posición táctica. ¿Cuál es la visión de largo alcance de Trump, si es que acaso tiene una?

Si uno se pone en los zapatos de Trump, el cuadro puede ser muy diferente. Primero que nada, si yo Trump, soy impredecible, tengo cierta fuerza extra en mi posición, dado que otros podrán intentar acomodar por adelantado lo que piensan que es mi postura.

Además, la incoherencia de mi posición es un modo de calibrar cuál es la posición que mejor sirve a mis intereses, que implican incrementar mi poder dentro y fuera de Estados Unidos. Mantener mi posición personal y en segundo lugar la de Estados Unidos es mi objetivo primordial. No tengo y no quiero tener una «visión» de compromiso de largo plazo. No soy un ideólogo, sino una persona que busca una posición de dominación.

Ahora hagamos un viraje a la perspectiva de la mayoría de la población mundial que no son simpatizantes de Trump. De hecho, la mayoría teme la «incoherencia» de Trump pues, como presidente de Estados Unidos, controla el ejército estadunidense y su terrible armamento. Nosotros, la mayoría, tememos que no se halle en control de sí mismo. Tememos que es egoísta y susceptible, y que pueda lanzar acciones irreversibles en un arranque de irritación.

Por esta razón estaríamos relativamente más felices si de hecho tuviera una visión de largo plazo y, por tanto, un compromiso con ciertas actividades que contrarresten sus arranques de irritación. En suma, queremos que sea coherente. Queremos que se comprometa con algo, sean los derechos humanos o el control de la inmigración. Queremos una mayor certeza.

Así que así está. A casi todo mundo le disgusta la falta de una visión de largo plazo. Casi todos piensan que sería mejor, desde su punto de vista, que tuviera una visión así. Casi todo mundo quiere que sea un ideólogo. El principal disidente de esta esperanza es el mismo Trump.

Personalmente pienso que todo este modo de análisis está de cabeza. Pienso que sería peor, no mejor, si tuviera una visión, un compromiso, una ideología. Déjenme explicar. Tiene que ver con lo que podría minimizar el daño que Trump es capaz de hacer a Estados Unidos y al mundo en su doble capacidad como 1) líder incontrovertido de un movimiento social mundial y 2) presidente electo de Estados Unidos y líder del Partido Republicano.

Estoy interesado en lo que todos podamos hacer para afectar sus decisiones reales. Existen campañas de resistencia, ahora, en Estados Unidos y en otras partes. Hay potencias mundiales importantes (pienso particularmente en China, Rusia e Irán) que buscan forzarlo a modificar sus posiciones.

Hasta donde puedo entender, tanto las campañas de resistencia como los esfuerzos de otras potencias mundiales importantes han tenido, de hecho, un efecto, y lo han conducido, en varios puntos, a modificar su posición. Pienso que estas iniciativas tienen cierta oportunidad de mantener a Estados Unidos sin involucrarse demasiado en el pantano de Medio Oriente. No demasiado, no es cero. Pero reducir el involucramiento es mejor que nada.

La razón por la que estos esfuerzos pudieran forzar una modificación de su posición es precisamente porque no tiene un compromiso firme con nada. Su impredictibilidad es la sola arma que el resto de nosotros tenemos contra el Trump guerrero. Hacerlo menos impredecible significa hacerlo menos abierto al cambio. En cierta forma, esto nos condenaría.

Lo que tenemos que mantener en la mente en los próximos meses son sus ulteriores arreglos con China. La reciente reunión del presidente Xi, de China, y Trump, fue un buen comienzo y es evidencia de la postura que tomé hace poco, de que ambos países se acercarán en vez de alejarse. Debemos observar si se hace algo realmente serio para «castigar» a Rusia o para romper con las mejoradas relaciones con Irán.

Sospecho que Trump terminará resultando el gran «indeciso». Esto, por supuesto, debilitará su posición. Pero hacer cualquier otra cosa debilitará su posición aún más. ¡Hurra por la impredictibilidad!

Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2017/04/22/mundo/022a1mun
29
Abr
17

uruguay avanza …

Reducción de inequidades democratiza al país

escribe: Hugo Acevedo, Analista

La radical reducción de la tasa de pobreza, que entre 2005 y 2016 cayó a menos de la cuarta parte, comporta tal vez el logro más significativo desde el comienzo del ciclo progresista y un avance de reales proporciones en la recuperación de la dignidad de miles de uruguayos.

No se trata obviamente de una mera referencia estadística, por cuanto en el período analizado abandonaron la condición de pobres unos 950.000 uruguayos, lo cual equivale a poco menos de un tercio de la población total del país y a quince veces la capacidad colmada del Estadio Centenario.

Es una auténtica multitud, que emergió de la pesadilla de la miseria merced a una amplia batería de medidas, que mixturan diversas herramientas asistenciales con políticas activas focalizadas, de promoción del empleo y de desarrollo humano integral.

Contemporáneamente, la tasa de pobreza a nivel nacional, según un reciente reporte del Instituto Nacional de Estadística de 2016, alcanza al 9,4% de la población, cuando en 2005 era casi del 40%.

En tanto, la indigencia, que hace 12 años era del 5%, afecta únicamente al 0,2% de los uruguayos.

Cabe resaltar que el método científico mediante el cual se construyen estos indicadores, considera pobre a una persona que vive en un hogar cuyos ingresos son insuficientes para satisfacer sus necesidades básicas. En tanto, indigente es aquel que no logra colmar ni siquiera sus necesidades alimenticias.

Actualmente, los umbrales de pobreza medidos por monto de ingresos han variado radicalmente con respecto a lo que sucedía hace doce años, lo cual no deja de ser auspicioso.

En efecto, en Montevideo es considerada pobre una familia con ingresos inferiores a los $ 30.161 y, en el Interior, un núcleo familiar que no alcanza a los $ 20.397. En 2005, el umbral de una familia pobre era de poco más de $ 5.000, seis y cinco veces menos respectivamente.

Este criterio, que es obviamente cualitativo, comporta también un radical cambio en la sensibilidad con la que se observa la pobreza como fenómeno social que aun afecta a miles de compatriotas.

Empero, otro dato sugestivo de la realidad es la reducción de la inequidad medida estadísticamente, comparando el ingreso medio per cápita del 10% de los hogares más ricos con el del 10% más pobre. En efecto, mientras en 2006 el 10% más rico ganaba 17,9 veces más que el 10% más pobre, hoy ese ratio es de 11,3 veces.

Por supuesto, la información del INE, donde trabajan calificados técnicos cuya idoneidad y probidad jamás fue puesta en tela de juicio, no ha sido desmentida ni cuestionada.

Además, está también avalada por organismos internacionales, que destacan recurrentemente a nuestro Uruguay como una de las sociedades más justas de la región.

Si bien este cambio se operó en un contexto de sostenido crecimiento de la economía en el período 2005-2014, lo realmente crucial fueron las políticas estatales de talante inclusivo tendientes al abatimiento de buena parte de las asimetrías sociales heredadas de los gobiernos de derecha.

En este caso, la clave fue la voluntad política de comenzar a corregir esas disfuncionalidades, más allá de eventuales contextos económicos favorables y del mentado viento de cola que tanto menciona el bloque conservador.

No en vano, el año pasado, otros 9.200 uruguayos dejaron de tener sus necesidades básicas insatisfechas con relación a 2015, en un marco de desaceleración económica global y regional y de crecimiento moderado del Producto Interno Bruto.

Tal vez el hito fundamental de este proceso a largo plazo sea la creación del Ministerio de Desarrollo Social, destinado inicialmente a atender la emergencia social originada en la recesión iniciada en 1999 y en la devastadora crisis de 2002.

En efecto, esta Secretaría de Estado, que fue fundada a instancia del primer gobierno del Frente Amplio, constituyó una pieza fundamental en el ciclo de reversión del dramático empobrecimiento de la población.

Inicialmente, a su cargo estuvo la implementación del denominado Plan de Asistencia Nacional a la Emergencia Social, que permitió, entre otros logros, construir un minucioso mapa del tejido social, con el propósito de atender las necesidades más perentorias de la población en situación de vulnerabilidad.

En ese contexto, el Mides coordina acciones, planes y programas sectoriales, a los efectos de garantizar el pleno ejercicio de los derechos a la alimentación, la salud, la vivienda, el trabajo, la seguridad social y la no discriminación.

Por supuesto, el nuevo paradigma es la promoción de la inclusión y la integración, acorde con el precepto que establece el artículo 8 de la Constitución de la República, que reza: “Todas las personas son iguales ante la ley, no reconociéndose otra distinción entre ellas sino la de los talentos o las virtudes”.

Este mandato -que es tan irrenunciable como insoslayable para el Estado- fue burdamente ignorado durante los gobiernos excluyentes integrados por colorados y blancos.

Parece insólito que quienes arrasaron el país y lo pusieron de rodillas hace apenas quince años, consideren que las administraciones del Frente Amplio han constituido una década perdida.

Para sostener su discurso, que además de ser falaz está absolutamente escindido de la realidad, la derecha cuenta naturalmente con la complicidad de los medios masivos de difusión, que siempre han sido funcionales a sus intereses.

Si bien es innegable que todavía subsisten bolsones de pobreza y marginación que deberían ser corregidos, ignorar olímpicamente estas mejoras es una actitud de intolerante exacerbación.

Evidentemente, aun existe margen para seguir avanzando en el abatimiento y la erradicación de la pobreza, que sigue siendo el principal problema de la sociedad uruguaya, por más que esté casi ausente del debate político y de las encuestas de opinión pública.

No será fácil lograrlo en un país con economía de mercado, donde la lógica del modelo capitalista concentrador es la mayor fuente reconocida de desigualdades.

En un país dividido en bloques ideológicos consolidados con escaso margen de entendimiento, no parece demasiado factible arribar a consensos ni a políticas de Estado para continuar reduciendo la brecha entre las clases sociales, que sigue siendo escandalosa.

Por supuesto, si hay un indicador que mide el nivel de desarrollo de una sociedad es la equidad y la igualdad de oportunidades, para todos los integrantes del colectivo.

Ese es el gran desafío que a todos nos compromete, para que la palabra democracia no sea un mero sustantivo abstracto y la dotemos de real contenido.

27
Abr
17

macri … la mentira porteña

Un Metrobus ahí

escribe: José Natanson

La gestión del gobierno de la Ciudad es uno de los grandes malentendidos de la política argentina.

Se ha hablado hasta el cansancio de “la maldición de la provincia de Buenos Aires”, la anomalía de que ninguno de los gobernadores del distrito más importante del país, el que concentra alrededor de un tercio de la población y el PBI, haya sido elegido presidente, maldición que en verdad tiene una explicación bastante simple: el gobernador bonaerense es siempre un competidor natural del presidente, que hace lo posible por bloquearlo, y la provincia es tan enorme y densa que su máxima autoridad suele quedar enfangada en las dificultades de una gestión crónicamente deficitaria, como un fusible de gobernabilidad.

En cambio se habla menos de la Ciudad Autónoma, pese a que ya dos de sus alcaldes fueron elegidos jefes de Estado. Con un PBI per cápita que duplica la media nacional y equivale a 14 veces el de Santiago del Estero, una estructura económica que descansa básicamente en recursos propios y una superficie mínima, se trata de un distrito-vidriera, una catapulta: en sus ocho años al frente del gobierno de la Ciudad el macrismo avanzó poco en materia de salud y educación públicas, quizás consciente de que la mitad de los porteños prescinde de ellas, y puso al tope de sus prioridades presupuestarias a la seguridad, con la creación de la Metropolitana, y al espacio público, con la mejora de las plazas y el transporte. Como escribió Martín Rodríguez (1), ubicó lo público por sobre lo estatal.

El éxito porteño del PRO, y las dificultades que enfrenta en el gobierno nacional, se explican también por su voluntad de exportar el know how del sector privado a la gestión pública. En cierto modo, la idea de que es posible manejar el Estado como si fuera una empresa o un club resulta factible –y hasta, en algunos casos, interesante– cuando se trata de municipios o provincias, donde la mayor parte de las decisiones están vinculadas a cuatro áreas muy concretas: salud, educación, seguridad y espacio público. Pero resulta definitivamente inadecuada como criterio para gobernar el Estado nacional, que a diferencia de las unidades subnacionales decide sobre cuestiones mucho más complejas como el tipo de cambio, las relaciones exteriores, los impuestos o los jueces de la Corte Suprema.

Los problemas para pegar ese salto, que es cuanti pero sobre todo cualitativo, quizás expliquen los singulares zigzagueos, la lentitud gestionaria y la subejecución rampante que arrastran vastas áreas de la administración PRO. Un gobierno, cualquier gobierno, es siempre un entramado contradictorio de políticas. Ninguno es monolítico; por más homogeneidad que se le quiera imprimir, tarde o temprano aparecen las contradicciones. El ideal del gobierno esférico –desprovisto de aristas filosas, sin ángulos escondedores– no existe. Y sin embargo, y aquí radica la inteligencia del verdadero estadista, la historia recuerda a los líderes por apenas un puñado de decisiones, a veces incluso menos: el alfonsinismo reconstruyó la democracia, el menemismo destruyó la inflación, el kirchnerismo nos sacó de la crisis (o: el alfonsinismo no pudo gobernar, el menemismo dejó una bomba de tiempo, el kirchnerismo fue un simulacro de progresismo).

Si la memoria consiste básicamente en seleccionar los olvidos, ¿cómo será recordado el gobierno del PRO, qué cosas quedarán y cuáles le serán perdonadas? Transcurrido un tercio de su mandato, el macrismo tiene pocos resultados concretos que mostrar. Desde el punto de vista social el deterioro es evidente: todos los indicadores –indigencia, pobreza, desempleo, desigualdad– se alinean en contra, y sólo la decisión de sostener el sistema de protección creado por el kirchnerismo evita que la situación se desplome del todo. Desde el punto de vista político, los éxitos parlamentarios y la docilidad sindical del inicio fueron reemplazados por un panorama más complejo que seguramente se irá enredando conforme se acerquen los comicios de octubre.

Y desde el punto de vista económico, que es donde se juega la suerte de las elecciones de medio término, el gobierno tampoco ha conseguido hasta ahora éxitos constatables. El shock inicial de devaluación, fin del cepo, acuerdo con los buitres y desregulación de algunos mercados (notoriamente telecomunicaciones) fue reemplazado por una estrategia más gradual, una especie de ajuste en cámara lenta que marca un contraste con los guadañazos del menemismo pero que, salvo al campo, deja disconformes a todos: a los sectores populares cada vez más sumergidos, a las clases medias que ven cómo su situación se deteriora progresivamente y a los empresarios, que se quejan de que la economía no arranca. Sin boom exportador y con el mercado interno retrayéndose, el macrismo demora las reformas estructurales, sobre todo la laboral, que quiere pero no se anima a encarar.

El resultado es un gobierno trabado, con una gestión que no está a la altura de su espíritu reformista, y que apuesta sobre todo a la optimización de los recursos escasos, la baja del costo laboral y la inversión social estrictamente necesaria. Este modelo de gobierno low cost sostiene la coyuntura pero no enamora, administra pero no abre nuevas rutas. Y últimamente recurre a una fórmula compensatoria que busca crear una sensación de dinamismo: el decreto anti-inmigrantes, la amenaza de reprimir los piquetes y el conflicto con los sindicatos docentes constituyen atajos demagógicos más destinados a distraer a la sociedad que a enfrentar los problemas de la inseguridad, la pobreza o la educación, que difícilmente se resuelvan encarcelando bolivianos, prohibiendo las manifestaciones o desafiando a Baradel.

Es curioso, pero en este punto el gobierno del PRO se comporta de manera no tan diferente a como se comportaba el kirchnerismo, que también recurría a una sobrecarga del relato como modo de exorcizar el declive económico, con la diferencia de que aquella saturación retórica ocurrió luego de una década larga en el poder mientras que ésta sucede al inicio. Y que, mientras el gobierno anterior abrumaba de patriagrandismo nac&pop, el actual sobreactúa su rol de garante del orden público y su liberalismo reformista, dimensión discursiva que se desliza al territorio de lo inverosímil con las apelaciones al vocablo “revolución”: si clásicamente la idea de revolución aludía a un cambio radical simbolizado en la toma de una prisión, un palacio o al menos un gobierno, y si la nueva izquierda la adjetivó de bolivariana, ciudadana o indígena para pintar su programa transformador, el macrismo recurre a ella con liviana frecuencia. Un populista o un izquierdista lo pensará mucho antes de pronunciarla, pero Macri habla sin mayores problemas de revolución de los valores, de revolución educativa, de revolución de la obra pública e incluso de revolución del… arándano (2).

Y sin embargo, el macrismo resiste. ¿Por qué, pese a la ausencia de progresos en prácticamente todas las áreas, no termina de hundirse en la consideración pública? Fundándose en datos de encuestas (3), Ignacio Ramírez sostiene que la grisura gestionaria de Cambiemos no afecta su imagen porque su contrato electoral no estaba basado en un contenido programático específico sino en el impalpable significante del cambio, la promesa del cierre de una etapa, que cumplió desplazando al kirchnerismo del poder, construyendo una poética de diferenciación con el ciclo anterior y administrando con inteligencia lo que el sociólogo Pierre Rosanvallon llama la “política de las intenciones” (4): un gobierno al que quizás no le salgan las cosas pero que quiere lo mejor, que escucha a todos y que está dispuesto a reconocer sus errores.

Esto es posible porque la distribución de las preferencias políticas se mantiene más o menos igual que antes de las elecciones. Por más que los herederos de Ernesto Laclau insistan con sus polarizaciones de papel maché, la sociedad argentina sigue dividida en tercios: un polo kirchnerista, uno anti (hoy macrista) y un centro que se desinteresa o duda. La polarización es el sueño eterno de las minorías intensas que transpiran la noche insomne del cable. Por eso la astucia electoral del macrismo consistió en agregar al voto natural anti-kirchnerista el difícil electorado centrista, al que tuvo que tranquilizar prometiéndole que no privatizaría YPF ni eliminaría los planes sociales. Del 30 por ciento de las PASO al 34 por ciento de la primera vuelta, y de ahí al 51 del ballottage, el macrismo construyó una polarización controlada que lo llevó derechito a la victoria. Recrearla es su gran apuesta para octubre.

¿Podrá? Las movilizaciones de las últimas semanas, que comenzaron con el acto sindical del 7 de marzo, continuaron con la marcha docente y concluyeron con la conmemoración del aniversario del golpe de Estado, expresan el malestar de sectores crecientes de la sociedad, reflejado también en la convocatoria al paro general de la CGT. Frente a este panorama tormentoso, el gobierno busca a tientas su Plan Austral, su convertibilidad, su ley de medios. Y explora, como señalamos, una serie de iniciativas alejadas de su programa original: el discurso punitivista que tenía el copyrigth del massismo, los debates en torno a la represión de la protesta social y, sobre todo, la confrontación con los gremios docentes, en la que decidió jugar su capital más valioso, que es la imagen de Vidal. “Necesitamos un Metrobus”, se sincera un funcionario. Consciente de que no hay cambio sin hegemonía, el macrismo se acerca a la segunda mitad de su mandato con un giro hacia políticas más duras y confrontativas.

1. “Manteros o el PRO al desnudo”, en LPO, 17-1-17.
2. En la última década se sextuplicó la superficie cultivada.
3. “Cómo se sostiene la imagen positiva del gobierno”, en Bastión Digital, 23-12-16.
4. El buen gobierno, Manantial, 2015.
26
Abr
17

feminismo y la izquierda

Ideologías & Machismos

Machismo de izquierdas

ESCRIBE: Natalia Salvo Casaus / TribunaFeminista

 

“Si la izquierda no supera de una vez por todas las posturas equidistantes en torno a la compraventa de mujeres, de sus cuerpos y sus vidas, no construiremos JAMÁS sociedades libres de violencia contra las mujeres”.

No hay nada más parecido a una persona machista de derechas que una persona machista de izquierdas. El machismo es machismo, anide en la ideología que lo haga. Es importante que dejemos los eufemismos y reconozcamos abiertamente que dentro de la izquierda hay fuertes reacciones machistas. Resulta fundamental asumir esta realidad para atajarla.

Cierto es que la izquierda, tanto la política como la sindical o la social, han tenido una sensibilidad especial a las demandas del movimiento feminista, pero no es menos cierto que la realidad es que dentro de estas organizaciones lo que hubo, y hay, son movimientos feministas internos de mujeres, y también algunos hombres, que van abriendo camino a la igualdad y al feminismo, no sin reticencias. Fruto de esas presiones que nacen en los senos internos de las organizaciones de izquierdas hemos alcanzado marcos legislativos y normativos y, al menos, condenas públicas del machismo y de la violencia que genera.

No obstante, tampoco podemos rehuir la realidad de que existe connivencia de una parte del movimiento feminista con el machismo de izquierdas en tanto en cuanto no se condena con la misma vehemencia con la que condenamos a los y las machistas de derechas. Si entendemos el feminismo con el movimiento llamado a derribar el sistema de opresión más perenne de los habidos, el patriarcado, éste no puede ser cómplice ni por acción ni por omisión.

Si entendemos el feminismo con el movimiento llamado a derribar el sistema de opresión más perenne de los habidos, el patriarcado, éste no puede ser cómplice ni por acción ni por omisión.

Mujeres y hombres, con independencia de nuestra ideología, hemos nacido y nos hemos desarrollado en sociedades patriarcales que nos imponen visiones machistas de todos los ámbitos de la vida, y por todo ello es fundamental fomentar procesos de deconstrucción personal y de trabajo de las nuevas masculinidades y feminidades, sin obviar otras realidades, fundamentalmente la LGTBIQ.

Por todo ello, debemos asumir que si queremos prevenir y erradicar el machismo y la violencia que genera tenemos comenzar haciendo pedagogía dentro de la propia izquierda, donde todavía no hay siquiera una postura unánime en torno a la abolición de la prostitución, que es una de las más dolorosas formas de violencia contra las mujeres.

Si no superamos el discurso que Ana de Miguel denominó “el mito de la libre elección” y comenzamos a comprender que la prostitución no es un problema laboral sino un problema de Derechos Humanos, de extorsión y redes tratantes, y de feminización de la pobreza, no podremos avanzar hacia una verdadera sociedad libre de violencia contra las mujeres. Si la izquierda no supera de una vez por todas las posturas equidistantes en torno a la compra-venta de mujeres, de sus cuerpos y sus vidas, no construiremos JAMÁS sociedades libres de violencia contra las mujeres.

Hay trabajo por hacer dentro de las organizaciones de izquierdas, pero el movimiento feminista también debe asumir que no puede ser cómplice del machismo dentro de la izquierda. Que debe condenarlo como cuando se da dentro de la derecha, inclusive más.

Lo escribieron Gioconda Belli, Patricia Vergara o Dulce Chacón con las palabras más hermosas que pudieron. Incluso las que las precedieron… María Cambrils, Alexandra Kollontai o Emma Goldman… Sin feminismo no hay izquierda.

25
Abr
17

las chicas de abril

Horacio Raggio, Mónica Wodzislawski, su nieto Mauricio Ferreira, y Emiliano Galván, sobrino de Silvia Reyes, ayer en el homenaje a las Muchachas de Abril.

Horacio Raggio, Mónica Wodzislawski, su nieto Mauricio Ferreira, y Emiliano Galván, sobrino de Silvia Reyes, ayer en el homenaje a las Muchachas de Abril. / foto: Juan Manuel Ramos

Hace 43 años años llovían las balas sobre las jóvenes Silvia Reyes, Laura Raggio y Diana Maidanik

A pesar de las más de cuatro décadas desde que ocurrió, los estruendos de la balacera todavía resuenan para los vecinos de la calle Mariano Soler, en el Brazo Oriental montevideano. Y a pesar de la crueldad de los homicidios, la denuncia de la familia no ha prosperado y es una de las tantísimas que reposan en algún armario del Poder Judicial sin consecuencias para los autores de la matanza, plenamente identificados.

En el acto que se celebró ayer en Mariano Soler 3098 bis se descubrió una placa en memoria de las chicas acribilladas. Estaban sus familiares, sus amigas. Sobrevoló la memoria de Washington Barrios, desaparecido en Argentina, buscado por la misma gavilla terrorista que fue a por las chicas.

Barrios había conocido a Silvia Reyes cuando la adolescente fue a comprar su pasaje a Buenos Aires por su cumpleaños de 15. Ahí Silvia estaba embarazada de él cuando llegaron los militares con el pecho hinchado de pasión por sangre ajena.

En el operativo participaron principalísimos agentes del terrorismo de Estado: Juan Roberto Roballo, José Gavazzo, Jorge Silveira, Eduardo Méndez, Esteban Cristi, Julio César Gutiérrez (asesinado por sus compañeros de armas) y Carlos Casco (edil en funciones de Trinidad), más otros.

Un vecino canoso que tomó el micrófono anoche dijo que cuando los militares se fueron sobre las dos de la tarde del 22 de abril de 1974 se llevaron hasta las puertas de la casa, placares: robaron lo que pudieron. Pero habían dejado caer o se les escapó algo. “Contra el cordón de la vereda había un lápiz de labios que me transmitió un mensaje, quizás de una niña que soñaba con ser mujer, embellecerse y vivir muchos años. Quizás sea sólo un lápiz de labios, pero quizás también con él se escriba la historia”.

24
Abr
17

uruguay y la educación

Y al Braian, ¿quién me lo cuida?

escribe: Adriana Cabrera Estévez

“El orador, el maestro de escuela y la otra persona que se hallaba presente se hicieron atrás un poco y pasearon la mirada por el plano inclinado en el que se ofrecían en aquel instante, bien ordenados, los pequeños recipientes, las cabecitas que esperaban que se vertiese dentro de ellas el chorro de las realidades, para llenarlas hasta los mismos bordes”. Así describe Charles Dickens, al finalizar el primer capítulo de su novela Tiempos difíciles, publicada en 1854, la escena que “tenía lugar en la sala abovedada, lisa, desnuda y monótona de una escuela”. Con sutil ironía, Dickens, ya entonces, nos ofrece una excelente descripción de la concepción “bancaria” de la educación. Una concepción que supone que siempre es el educador quien educa, disciplina, habla, prescribe y decide qué conocimientos brindar, mientras que el educando es el que escucha, es disciplinado/educado, no puede elegir temas de su interés porque no está “preparado” para ello, ya que simplemente es un receptáculo vacío, una cabeza hueca.

Menos de un siglo después, el brasileño Paulo Freire nos dijo que no había educadores ni educandos, sino educadores-educandos y educandos-educadores; nos habló del hombre-mundo; de la necesidad de una relación dialógica entre las partes; de que no había cerebros vacíos, sino personas con diferentes experiencias y conocimientos, y sus propuestas, en vez de llenarla, nos dieron vuelta la cabeza. Freire había enseñado a escribir y a leer en 45 días a 300 trabajadores de la caña de azúcar con métodos alternativos. A partir de ese éxito se crearon círculos culturales en todo Brasil, y ese mismo éxito le valió ir a prisión cuando en 1964 los militares dieron un golpe de Estado en su país. Porque la educación que proponía era eminentemente liberadora y se enraizaba en las necesidades y saberes de su gente y de su tiempo.

¿Quiénes son los educandos-educadores de nuestro tiempo? Una niñez en la que se concentran las mayores cifras de pobreza de nuestra sociedad. Según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) de 2016, seis de cada 1.000 niños menores de seis años son indigentes, es decir, viven en hogares sin ingresos suficientes para cubrir las necesidades alimentarias básicas; en criollo, no tienen para comer. Según la misma fuente, 20% de los niños menores de seis años, la quinta parte de nuestra niñez, son pobres, o sea, viven en hogares en los que no es posible cubrir las necesidades alimentarias y no alimentarias básicas.

Niños y adolescentes son la mitad de los pobres

En menores de tres años la situación es peor: según el Monitoreo y análisis de los procesos de cambio de la Organización Panamericana de Salud, de 2015, 32% son pobres, es decir, la tercera parte. Este dato es importante cuando abordamos los temas vinculados a la educación, no sólo por la magnitud del problema, sino por las implicancias que tienen en el desarrollo de niños y niñas en sus primeros tres años de vida los estímulos, la motivación y los afectos. En especial, a la hora de crear las sinapsis y el desarrollo neuronal necesarios para aprender a pensar.

Según la misma fuente, niños y adolescentes son la mitad de las personas en condición de pobreza, 49,6%, en Uruguay. Esta situación, por crítica que sea, es sustancialmente mejor que la que teníamos hace diez años, en 2006, cuando 53,4% de los niños menores de seis años eran pobres.

Por otra parte, la incidencia de la pobreza está altamente correlacionada con las Necesidades Básicas Insatisfechas. Por eso, cuando hablamos de pobreza hablamos también de anemias, parasitosis, desnutrición, viviendas sin baño, sin saneamiento, sin heladera, sin cocina, sin agua corriente, sin mesa donde hacer los deberes, sin sillas. Madres que crecieron con iguales o peores carencias, y muchas veces, padres ausentes.

Si además de las familias en condiciones de pobreza miramos a las familias trabajadoras, nos encontramos con ingresos que obligan a la madre (por la división sexual del trabajo, patriarcado mediante) a “elegir” entre dejar a sus hijos menores a cargo de los hijos mayores o no tener forma de alimentarlos. La escuela y los CAIF vienen a resolver el problema durante cuatro horas, pero los padres deben resolver el cuidado de sus hijos durante el resto del horario en que se encuentran en su trabajo. Esta situación obliga a la madre, a veces, a “elegir”, ya que no le conviene salir a trabajar si debe gastar lo que gana en resolver el cuidado de sus hijos. Tampoco está previsto que los trabajadores interrumpan su jornada laboral para ir a buscar a sus hijos a los centros educativos. Esta situación exige que los padres hagan malabarismos con horarios de abuelas, tías o vecinas, o que los dejen volver solos, con los riesgos que eso implica. El transporte escolar tiene como criterio -acertado, por cierto- que debe haber en el domicilio un adulto esperando al menor de edad. O sea que si bien resuelve el traslado, no resuelve, y no sería lógico que lo hiciera, el posterior cuidado de los niños. Si la madre tiene grandes motivaciones para salir a trabajar o los beneficios económicos lo justifican, se desencadena una colección de llamadas telefónicas al menor que queda solo, para asegurarse de que esté bien en ausencia de sus padres.

El ingreso a la educación preescolar de los niños desde los tres años, si bien garantiza la universalidad del acceso a la educación, deja abierto el interrogante de cómo cubrir las horas de cuidado mientras los padres trabajan.

Las escuelas y los CAIF de tiempo completo, en cantidad muy insuficiente aún, vendrían a resolver ese problema. Sin embargo, se encuentran a veces con las resistencias que emanan de una falsa dicotomía entre educación y cuidado. Dicotomía que resuelven bien los colegios privados. Entonces, mientras los estudiantes del Crandon permanecen ocho horas en el instituto, reciben una educación integral en artes, deportes e idiomas, y apoyo escolar si lo requieren, los de la escuela pública vuelven a sus hogares luego de sus cuatro horas de clases, para estar encerrados, y destinan un tiempo riquísimo de su vida frente a una pantalla mientras consumen toneladas de farináceos.

Multidisciplinariedad e interinstitucionalidad

La idea de que los centros educativos no pueden extenderse por más de cuatro horas ignora el hecho de que la educación, como la salud, es mejor cuando es multidisciplinaria y asumida por diferentes actores, porque los educandos-educadores son unidades biopsicosociales indisolubles e inseparables a los que no podemos acercarnos por partes. Existen experiencias exitosas de abordajes interinstitucionales como la de Promotores de Meriendas Saludables, impulsada en conjunto entre la Intendencia de Montevideo, la Administración de los Servicios de Salud del Estado, la Asociación Uruguaya de Dietistas y Nutricionistas y la Administración Nacional de Educación Pública; o más reciente aún, el Proyecto Microorganismos Eficientes Nativos, llevado adelante en la escuela 319 del barrio Casavalle, en colaboración con la Universidad de la República; o el proyecto educativo, integral e inclusivo Sacude (Salud, Cultura y Deporte) en el barrio Municipal, en el Municipio D. El camino de la interinstitucionalidad y la multidisciplinariedad podría ser una solución a la hora de brindar a nuestra infancia y adolescencia cuidados, estímulo, afectos y formación permanentes el tiempo que lo requieran. Muchas instituciones pueden sumar fuerzas en esa dirección.

En cualquier marco, cuidar-educar constituye un binomio inseparable, y en situaciones de contexto crítico se transforma en un binomio imprescindible. Los padres cuidamos-educamos cuando al enseñarles a nuestros hijos a lavarse las manos o cepillarse los dientes les hablamos de bacterias, diarreas o caries; o hablamos del agujero en la capa de ozono cuando les aplicamos protector solar y sombrero para salir a la calle; o les enseñamos a observar el entorno y algunas reglas básicas de tránsito al cruzar la calle. En la salud cuidamos-educamos cuando le informamos a un paciente de las precauciones que tendrá que encarar luego del alta, o cuando damos información sobre cómo prevenir la enfermedad, o cuando promovemos su salud, o cuando en la sala de parto invitamos al padre a ser el primero en vestir a su hijo y lo estimulamos a asumir corresponsablemente el cuidado del recién nacido. Las instituciones de gobierno y la prensa cuidan-educan cuando nos dicen cómo actuar en situaciones de emergencia o cómo lograr una mayor eficiencia energética. Porque la comunidad educativa no son sólo los estudiantes y los docentes, o a veces los padres en escuálidas comisiones de fomento; la comunidad educativa son todos los implicados en procesos educativos de la sociedad, y el rol proactivo de los padres puede estimularse con políticas inclusivas.

Si partimos de esta base, cómo entender, entonces, las disquisiciones entre horarios destinados a la educación y horarios destinados al cuidado, o instituciones destinadas a la educación y otras al cuidado. Salvo como un mecanismo de defensa ante demandas o expectativas desmedidas a las que solamente los docentes no pueden dar respuesta, aunque los colocan, con frecuencia, en el ojo de la tormenta.

¿Cuidados u oportunidades educativas?

Hace poco, dirigentes sindicales señalaban que “los niveles más bajos en los aprendizajes y los altos índices de repetición” se presentaban en las “escuelas cuyos alumnos pertenecen a hogares pobres o de extrema pobreza”, y al mismo tiempo marcaban sus reticencias ante las escuelas de tiempo completo como forma de mejorar los aprendizajes porque “no es cierto que supongan más horas de enseñanza”. “Los tiempos que insumen las ingestas diarias (desayuno, almuerzo y merienda) dejan casi la misma cantidad de horas que en una escuela común”, afirmaban. Lo que no parece estar en la ecuación es que las instancias de cuidados abren posibilidades infinitas de intercambio de saberes.

Otras reticencias podrían encontrarse en el hecho de que cuidar ha sido un trabajo tradicionalmente no remunerado y femenino. Aun hoy, el último Mapa de Género de Uruguay elaborado por el Centro Interdisciplinario de Estudios sobre el Desarrollo Uruguay, a partir de datos del INE, señala que mientras que la mujer trabaja 36 horas semanales no remuneradas y un promedio de 37 remuneradas, el hombre trabaja 19 horas semanales no remuneradas (casi la mitad que la mujer) y 44 remuneradas. O sea, mientras que la mujer adquiere maestrías en el ámbito de lo doméstico, el hombre las adquiere en el mundo de las interrelaciones sociales. Esa cultura patriarcal del trabajo posiblemente tenga como consecuencia una subvaloración de las tareas para las que antes “no se precisaba formación”, vinculadas a la reproducción de la vida. La invisibilidad del trabajo no remunerado de la mujer posiblemente esté también en la base de la lentitud con que nuestra sociedad se mueve hacia un camino de soluciones para las mujeres y, fundamentalmente, para la infancia y la adolescencia.

Estamos en un período de cambios importantes vinculados a la creación del Sistema Nacional Integrado de Cuidados. Sería bueno tener en cuenta la cotidianidad de los uruguayos a la hora de diseñar su articulación con el sistema educativo.

 

23
Abr
17

las mujeres negras …

Las vidas de las mujeres negras importan

 

Durante el mes de marzo se generó una controversia en los Estados Unidos pues se difundió en las redes sociales una imagen junto a la etiqueta #missingdcgirls, en donde se afirmaba que 14 chicas afroamericanas habían desaparecido en la capital del país en un solo día.

escribe: Esther Pineda G.
Doctora en Ciencias Sociales, Magister Scientiarum en Estudios de la Mujer, Socióloga UCV. Escritora y Fundadora de EPG Consultora de Género y Equidad.

 

La imagen según la policía es falsa, afirman que no ha habido un aumento en las desapariciones de personas, y en el caso de menores de edad el número de desaparecidos se ha mantenido estable durante los últimos años. Empero, con independencia de la veracidad de estas afirmaciones, la realidad es que esta polémica colocó nuevamente en la palestra un tema que históricamente ha afectado y continúa afectando a la población afroamericana, y que a nadie parece preocupar.

Aunque se quiera obviar, este sin dudas es también un problema transversalizado por la racialidad. De acuerdo con las estadísticas de criminalidad del FBI para el año 2014, de 635.155 personas desaparecidas un total de 217.684 son afroamericanos, es decir, 34% de los desaparecidos, cifra que resulta alarmante cuando los afroamericanos constituyen solo el 13% de la población total de los Estados Unidos; mientras que Black and Missing Foundation revela que 64.000 mujeres y niñas negras desaparecieron en todo el país durante el 2014. Por su parte, para el año 2016 según datos del FBI se contabiliza que de un total de 647.435 personas desaparecidas en todo el país, el 36,7% son afroamericanos menores de 17 años, y 26,4% afroamericanos mayores de 18 años.

Pero pese a la magnitud de esta problemática es posible evidenciar significativas desigualdades en el abordaje cuando esta situación ocurre. En primer lugar el manejo de los medios de comunicación, cuando desaparece una niña o mujer blanca los medios son saturados de información, entrevistas a familiares, amigos, allegados, compañeros de estudio y de trabajo, programas especiales, seguimiento de las búsquedas y pistas, cobertura que puede prolongarse durante meses. A este fenómeno la periodista Gwen Ifill le denominó “missing white woman síndrome” (síndrome de la mujer blanca desaparecida), el cual supone que las niñas y mujeres blancas de clase media-alta reciben una cantidad desproporcionada de la cobertura de prensa en comparación con las mujeres y las niñas negras, los pobres y los hombres.

Además de ello, cuando una niña o mujer blanca desaparece la colectividad se involucra, se realizan vigilias, actividades de recolección de fondos y búsquedas organizadas por la comunidad (a las que incluso se suman voluntarios influenciados por el conmovedor tratamiento de los medios aunque no conocieran a la víctima). Ante la desaparición de niñas y mujeres afroamericanas los medios nacionales y de gran audiencia dan poca cobertura (si es que la dan), la mayoría nunca son denunciadas o visibilizadas. La ausencia de niñas y mujeres racializadas pasa desapercibida, es apenas reseñada por medios locales o aquellos dirigidos al público afroamericano; escenario ante el cual la misma comunidad y las organizaciones no gubernamentales de afroamericanos se ven obligados a iniciar campañas de divulgación en internet, impresión de fotografías, distribución de volantes en las calles, entre otras iniciativas que permitan hallar a quienes han desaparecido ante la indiferencia racista.

El segundo aspecto a considerar es el abordaje de la policía, los procesos de investigación y búsqueda de niñas y mujeres blancas pueden extenderse por meses e incluso años, mientras que las pesquisas dirigidas a niñas y mujeres afroamericanas pueden durar solo días y semanas; con frecuencia se desestiman y cierran los casos, imperando la impunidad contra los delitos cometidos contra esta población. Así mismo, los cuerpos policiales con frecuencia se niegan a generar una alerta ámbar ante la desaparición de los afroamericanos, arguyendo en la mayoría de las oportunidades que los casos no cumplen con los criterios para su activación. Entre los criterios para la activación de una alerta ámbar destacan:
•La policía tiene suficientes razones para considerar que ha ocurrido un secuestro.
•La agencia de policía cree que la víctima está en peligro inminente de lesiones corporales graves o la muerte.
•Existe suficiente información descriptiva sobre la víctima y el secuestro que pueda ayudar en la recuperación.
•El secuestro es de un niño de 17 años o menos, aunque excepcionalmente se puede activar en victimas de más edad.

En tercer lugar, el elemento que contribuye a la desatención e impunidad ante estos casos son los argumentos esgrimidos. Cuando una niña o mujer blanca desaparece sin ninguna duda se afirma que fue secuestrada, es una víctima; cuando una niña o mujer afroamericana desaparece se dice que escapó, es responsable, la situación es asumida como una consecuencia de sus acciones y decisiones. Es decir, cuando una niña o mujer blanca desaparece es problema de todos, cuando lo hace una niña o mujer negra es culpa suya.

Chanel Dickerson del departamento de policía del distrito ha dicho que un gran porcentaje de adolescentes que faltan están abandonando sus hogares voluntariamente, así mismo, Kevin Harris portavoz de la alcaldesa del Distrito de Columbia –refiriéndose a la desaparición de niñas y adolescentes afroamericanas- afirmó que: “muchas veces estas chicas son fugitivas”. La alcaldesa Muriel Bowser pese a ser afroamericana legitima el discurso de invisibilización de las desigualdades y la racialización asegurando que: “cuando los jóvenes huyen de sus hogares, por lo general se quedan con alguien que conocen y duermen en un sofá”. Sin embargo, ante la polémica generada se comprometió a implementar iniciativas dirigidas a “localizar a los jóvenes que han sido reportados como desaparecidos, proveer recursos para abordar mejor los problemas que hacen que los jóvenes huyan de sus hogares, y apoyar a los jóvenes que puede estar considerando salir de casa”.

No obstante, el abordaje y las posibles soluciones siguen siendo periféricas pues nadie quiere hablar de las desigualdades sociales y raciales inherentes a este fenómeno. La falta de atención e interés de las autoridades policiales, el sistema de justicia y los medios de comunicación respecto a la desaparición de niñas y mujeres afroamericanas continúa favoreciendo su revictimización y creando las condiciones para que se conviertan en objeto de depredadores sexuales, secuestradores, así como, de redes de trata y prostitución ante los altos niveles de impunidad cuando de afroamericanos se trata.




abril 2017
D L M X J V S
« Mar   May »
 1
2345678
9101112131415
16171819202122
23242526272829
30