Archivos para 26 abril 2017

26
Abr
17

feminismo y la izquierda

Ideologías & Machismos

Machismo de izquierdas

ESCRIBE: Natalia Salvo Casaus / TribunaFeminista

 

“Si la izquierda no supera de una vez por todas las posturas equidistantes en torno a la compraventa de mujeres, de sus cuerpos y sus vidas, no construiremos JAMÁS sociedades libres de violencia contra las mujeres”.

No hay nada más parecido a una persona machista de derechas que una persona machista de izquierdas. El machismo es machismo, anide en la ideología que lo haga. Es importante que dejemos los eufemismos y reconozcamos abiertamente que dentro de la izquierda hay fuertes reacciones machistas. Resulta fundamental asumir esta realidad para atajarla.

Cierto es que la izquierda, tanto la política como la sindical o la social, han tenido una sensibilidad especial a las demandas del movimiento feminista, pero no es menos cierto que la realidad es que dentro de estas organizaciones lo que hubo, y hay, son movimientos feministas internos de mujeres, y también algunos hombres, que van abriendo camino a la igualdad y al feminismo, no sin reticencias. Fruto de esas presiones que nacen en los senos internos de las organizaciones de izquierdas hemos alcanzado marcos legislativos y normativos y, al menos, condenas públicas del machismo y de la violencia que genera.

No obstante, tampoco podemos rehuir la realidad de que existe connivencia de una parte del movimiento feminista con el machismo de izquierdas en tanto en cuanto no se condena con la misma vehemencia con la que condenamos a los y las machistas de derechas. Si entendemos el feminismo con el movimiento llamado a derribar el sistema de opresión más perenne de los habidos, el patriarcado, éste no puede ser cómplice ni por acción ni por omisión.

Si entendemos el feminismo con el movimiento llamado a derribar el sistema de opresión más perenne de los habidos, el patriarcado, éste no puede ser cómplice ni por acción ni por omisión.

Mujeres y hombres, con independencia de nuestra ideología, hemos nacido y nos hemos desarrollado en sociedades patriarcales que nos imponen visiones machistas de todos los ámbitos de la vida, y por todo ello es fundamental fomentar procesos de deconstrucción personal y de trabajo de las nuevas masculinidades y feminidades, sin obviar otras realidades, fundamentalmente la LGTBIQ.

Por todo ello, debemos asumir que si queremos prevenir y erradicar el machismo y la violencia que genera tenemos comenzar haciendo pedagogía dentro de la propia izquierda, donde todavía no hay siquiera una postura unánime en torno a la abolición de la prostitución, que es una de las más dolorosas formas de violencia contra las mujeres.

Si no superamos el discurso que Ana de Miguel denominó “el mito de la libre elección” y comenzamos a comprender que la prostitución no es un problema laboral sino un problema de Derechos Humanos, de extorsión y redes tratantes, y de feminización de la pobreza, no podremos avanzar hacia una verdadera sociedad libre de violencia contra las mujeres. Si la izquierda no supera de una vez por todas las posturas equidistantes en torno a la compra-venta de mujeres, de sus cuerpos y sus vidas, no construiremos JAMÁS sociedades libres de violencia contra las mujeres.

Hay trabajo por hacer dentro de las organizaciones de izquierdas, pero el movimiento feminista también debe asumir que no puede ser cómplice del machismo dentro de la izquierda. Que debe condenarlo como cuando se da dentro de la derecha, inclusive más.

Lo escribieron Gioconda Belli, Patricia Vergara o Dulce Chacón con las palabras más hermosas que pudieron. Incluso las que las precedieron… María Cambrils, Alexandra Kollontai o Emma Goldman… Sin feminismo no hay izquierda.

25
Abr
17

las chicas de abril

Horacio Raggio, Mónica Wodzislawski, su nieto Mauricio Ferreira, y Emiliano Galván, sobrino de Silvia Reyes, ayer en el homenaje a las Muchachas de Abril.

Horacio Raggio, Mónica Wodzislawski, su nieto Mauricio Ferreira, y Emiliano Galván, sobrino de Silvia Reyes, ayer en el homenaje a las Muchachas de Abril. / foto: Juan Manuel Ramos

Hace 43 años años llovían las balas sobre las jóvenes Silvia Reyes, Laura Raggio y Diana Maidanik

A pesar de las más de cuatro décadas desde que ocurrió, los estruendos de la balacera todavía resuenan para los vecinos de la calle Mariano Soler, en el Brazo Oriental montevideano. Y a pesar de la crueldad de los homicidios, la denuncia de la familia no ha prosperado y es una de las tantísimas que reposan en algún armario del Poder Judicial sin consecuencias para los autores de la matanza, plenamente identificados.

En el acto que se celebró ayer en Mariano Soler 3098 bis se descubrió una placa en memoria de las chicas acribilladas. Estaban sus familiares, sus amigas. Sobrevoló la memoria de Washington Barrios, desaparecido en Argentina, buscado por la misma gavilla terrorista que fue a por las chicas.

Barrios había conocido a Silvia Reyes cuando la adolescente fue a comprar su pasaje a Buenos Aires por su cumpleaños de 15. Ahí Silvia estaba embarazada de él cuando llegaron los militares con el pecho hinchado de pasión por sangre ajena.

En el operativo participaron principalísimos agentes del terrorismo de Estado: Juan Roberto Roballo, José Gavazzo, Jorge Silveira, Eduardo Méndez, Esteban Cristi, Julio César Gutiérrez (asesinado por sus compañeros de armas) y Carlos Casco (edil en funciones de Trinidad), más otros.

Un vecino canoso que tomó el micrófono anoche dijo que cuando los militares se fueron sobre las dos de la tarde del 22 de abril de 1974 se llevaron hasta las puertas de la casa, placares: robaron lo que pudieron. Pero habían dejado caer o se les escapó algo. “Contra el cordón de la vereda había un lápiz de labios que me transmitió un mensaje, quizás de una niña que soñaba con ser mujer, embellecerse y vivir muchos años. Quizás sea sólo un lápiz de labios, pero quizás también con él se escriba la historia”.

24
Abr
17

uruguay y la educación

Y al Braian, ¿quién me lo cuida?

escribe: Adriana Cabrera Estévez

“El orador, el maestro de escuela y la otra persona que se hallaba presente se hicieron atrás un poco y pasearon la mirada por el plano inclinado en el que se ofrecían en aquel instante, bien ordenados, los pequeños recipientes, las cabecitas que esperaban que se vertiese dentro de ellas el chorro de las realidades, para llenarlas hasta los mismos bordes”. Así describe Charles Dickens, al finalizar el primer capítulo de su novela Tiempos difíciles, publicada en 1854, la escena que “tenía lugar en la sala abovedada, lisa, desnuda y monótona de una escuela”. Con sutil ironía, Dickens, ya entonces, nos ofrece una excelente descripción de la concepción “bancaria” de la educación. Una concepción que supone que siempre es el educador quien educa, disciplina, habla, prescribe y decide qué conocimientos brindar, mientras que el educando es el que escucha, es disciplinado/educado, no puede elegir temas de su interés porque no está “preparado” para ello, ya que simplemente es un receptáculo vacío, una cabeza hueca.

Menos de un siglo después, el brasileño Paulo Freire nos dijo que no había educadores ni educandos, sino educadores-educandos y educandos-educadores; nos habló del hombre-mundo; de la necesidad de una relación dialógica entre las partes; de que no había cerebros vacíos, sino personas con diferentes experiencias y conocimientos, y sus propuestas, en vez de llenarla, nos dieron vuelta la cabeza. Freire había enseñado a escribir y a leer en 45 días a 300 trabajadores de la caña de azúcar con métodos alternativos. A partir de ese éxito se crearon círculos culturales en todo Brasil, y ese mismo éxito le valió ir a prisión cuando en 1964 los militares dieron un golpe de Estado en su país. Porque la educación que proponía era eminentemente liberadora y se enraizaba en las necesidades y saberes de su gente y de su tiempo.

¿Quiénes son los educandos-educadores de nuestro tiempo? Una niñez en la que se concentran las mayores cifras de pobreza de nuestra sociedad. Según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) de 2016, seis de cada 1.000 niños menores de seis años son indigentes, es decir, viven en hogares sin ingresos suficientes para cubrir las necesidades alimentarias básicas; en criollo, no tienen para comer. Según la misma fuente, 20% de los niños menores de seis años, la quinta parte de nuestra niñez, son pobres, o sea, viven en hogares en los que no es posible cubrir las necesidades alimentarias y no alimentarias básicas.

Niños y adolescentes son la mitad de los pobres

En menores de tres años la situación es peor: según el Monitoreo y análisis de los procesos de cambio de la Organización Panamericana de Salud, de 2015, 32% son pobres, es decir, la tercera parte. Este dato es importante cuando abordamos los temas vinculados a la educación, no sólo por la magnitud del problema, sino por las implicancias que tienen en el desarrollo de niños y niñas en sus primeros tres años de vida los estímulos, la motivación y los afectos. En especial, a la hora de crear las sinapsis y el desarrollo neuronal necesarios para aprender a pensar.

Según la misma fuente, niños y adolescentes son la mitad de las personas en condición de pobreza, 49,6%, en Uruguay. Esta situación, por crítica que sea, es sustancialmente mejor que la que teníamos hace diez años, en 2006, cuando 53,4% de los niños menores de seis años eran pobres.

Por otra parte, la incidencia de la pobreza está altamente correlacionada con las Necesidades Básicas Insatisfechas. Por eso, cuando hablamos de pobreza hablamos también de anemias, parasitosis, desnutrición, viviendas sin baño, sin saneamiento, sin heladera, sin cocina, sin agua corriente, sin mesa donde hacer los deberes, sin sillas. Madres que crecieron con iguales o peores carencias, y muchas veces, padres ausentes.

Si además de las familias en condiciones de pobreza miramos a las familias trabajadoras, nos encontramos con ingresos que obligan a la madre (por la división sexual del trabajo, patriarcado mediante) a “elegir” entre dejar a sus hijos menores a cargo de los hijos mayores o no tener forma de alimentarlos. La escuela y los CAIF vienen a resolver el problema durante cuatro horas, pero los padres deben resolver el cuidado de sus hijos durante el resto del horario en que se encuentran en su trabajo. Esta situación obliga a la madre, a veces, a “elegir”, ya que no le conviene salir a trabajar si debe gastar lo que gana en resolver el cuidado de sus hijos. Tampoco está previsto que los trabajadores interrumpan su jornada laboral para ir a buscar a sus hijos a los centros educativos. Esta situación exige que los padres hagan malabarismos con horarios de abuelas, tías o vecinas, o que los dejen volver solos, con los riesgos que eso implica. El transporte escolar tiene como criterio -acertado, por cierto- que debe haber en el domicilio un adulto esperando al menor de edad. O sea que si bien resuelve el traslado, no resuelve, y no sería lógico que lo hiciera, el posterior cuidado de los niños. Si la madre tiene grandes motivaciones para salir a trabajar o los beneficios económicos lo justifican, se desencadena una colección de llamadas telefónicas al menor que queda solo, para asegurarse de que esté bien en ausencia de sus padres.

El ingreso a la educación preescolar de los niños desde los tres años, si bien garantiza la universalidad del acceso a la educación, deja abierto el interrogante de cómo cubrir las horas de cuidado mientras los padres trabajan.

Las escuelas y los CAIF de tiempo completo, en cantidad muy insuficiente aún, vendrían a resolver ese problema. Sin embargo, se encuentran a veces con las resistencias que emanan de una falsa dicotomía entre educación y cuidado. Dicotomía que resuelven bien los colegios privados. Entonces, mientras los estudiantes del Crandon permanecen ocho horas en el instituto, reciben una educación integral en artes, deportes e idiomas, y apoyo escolar si lo requieren, los de la escuela pública vuelven a sus hogares luego de sus cuatro horas de clases, para estar encerrados, y destinan un tiempo riquísimo de su vida frente a una pantalla mientras consumen toneladas de farináceos.

Multidisciplinariedad e interinstitucionalidad

La idea de que los centros educativos no pueden extenderse por más de cuatro horas ignora el hecho de que la educación, como la salud, es mejor cuando es multidisciplinaria y asumida por diferentes actores, porque los educandos-educadores son unidades biopsicosociales indisolubles e inseparables a los que no podemos acercarnos por partes. Existen experiencias exitosas de abordajes interinstitucionales como la de Promotores de Meriendas Saludables, impulsada en conjunto entre la Intendencia de Montevideo, la Administración de los Servicios de Salud del Estado, la Asociación Uruguaya de Dietistas y Nutricionistas y la Administración Nacional de Educación Pública; o más reciente aún, el Proyecto Microorganismos Eficientes Nativos, llevado adelante en la escuela 319 del barrio Casavalle, en colaboración con la Universidad de la República; o el proyecto educativo, integral e inclusivo Sacude (Salud, Cultura y Deporte) en el barrio Municipal, en el Municipio D. El camino de la interinstitucionalidad y la multidisciplinariedad podría ser una solución a la hora de brindar a nuestra infancia y adolescencia cuidados, estímulo, afectos y formación permanentes el tiempo que lo requieran. Muchas instituciones pueden sumar fuerzas en esa dirección.

En cualquier marco, cuidar-educar constituye un binomio inseparable, y en situaciones de contexto crítico se transforma en un binomio imprescindible. Los padres cuidamos-educamos cuando al enseñarles a nuestros hijos a lavarse las manos o cepillarse los dientes les hablamos de bacterias, diarreas o caries; o hablamos del agujero en la capa de ozono cuando les aplicamos protector solar y sombrero para salir a la calle; o les enseñamos a observar el entorno y algunas reglas básicas de tránsito al cruzar la calle. En la salud cuidamos-educamos cuando le informamos a un paciente de las precauciones que tendrá que encarar luego del alta, o cuando damos información sobre cómo prevenir la enfermedad, o cuando promovemos su salud, o cuando en la sala de parto invitamos al padre a ser el primero en vestir a su hijo y lo estimulamos a asumir corresponsablemente el cuidado del recién nacido. Las instituciones de gobierno y la prensa cuidan-educan cuando nos dicen cómo actuar en situaciones de emergencia o cómo lograr una mayor eficiencia energética. Porque la comunidad educativa no son sólo los estudiantes y los docentes, o a veces los padres en escuálidas comisiones de fomento; la comunidad educativa son todos los implicados en procesos educativos de la sociedad, y el rol proactivo de los padres puede estimularse con políticas inclusivas.

Si partimos de esta base, cómo entender, entonces, las disquisiciones entre horarios destinados a la educación y horarios destinados al cuidado, o instituciones destinadas a la educación y otras al cuidado. Salvo como un mecanismo de defensa ante demandas o expectativas desmedidas a las que solamente los docentes no pueden dar respuesta, aunque los colocan, con frecuencia, en el ojo de la tormenta.

¿Cuidados u oportunidades educativas?

Hace poco, dirigentes sindicales señalaban que “los niveles más bajos en los aprendizajes y los altos índices de repetición” se presentaban en las “escuelas cuyos alumnos pertenecen a hogares pobres o de extrema pobreza”, y al mismo tiempo marcaban sus reticencias ante las escuelas de tiempo completo como forma de mejorar los aprendizajes porque “no es cierto que supongan más horas de enseñanza”. “Los tiempos que insumen las ingestas diarias (desayuno, almuerzo y merienda) dejan casi la misma cantidad de horas que en una escuela común”, afirmaban. Lo que no parece estar en la ecuación es que las instancias de cuidados abren posibilidades infinitas de intercambio de saberes.

Otras reticencias podrían encontrarse en el hecho de que cuidar ha sido un trabajo tradicionalmente no remunerado y femenino. Aun hoy, el último Mapa de Género de Uruguay elaborado por el Centro Interdisciplinario de Estudios sobre el Desarrollo Uruguay, a partir de datos del INE, señala que mientras que la mujer trabaja 36 horas semanales no remuneradas y un promedio de 37 remuneradas, el hombre trabaja 19 horas semanales no remuneradas (casi la mitad que la mujer) y 44 remuneradas. O sea, mientras que la mujer adquiere maestrías en el ámbito de lo doméstico, el hombre las adquiere en el mundo de las interrelaciones sociales. Esa cultura patriarcal del trabajo posiblemente tenga como consecuencia una subvaloración de las tareas para las que antes “no se precisaba formación”, vinculadas a la reproducción de la vida. La invisibilidad del trabajo no remunerado de la mujer posiblemente esté también en la base de la lentitud con que nuestra sociedad se mueve hacia un camino de soluciones para las mujeres y, fundamentalmente, para la infancia y la adolescencia.

Estamos en un período de cambios importantes vinculados a la creación del Sistema Nacional Integrado de Cuidados. Sería bueno tener en cuenta la cotidianidad de los uruguayos a la hora de diseñar su articulación con el sistema educativo.

 

23
Abr
17

las mujeres negras …

Las vidas de las mujeres negras importan

 

Durante el mes de marzo se generó una controversia en los Estados Unidos pues se difundió en las redes sociales una imagen junto a la etiqueta #missingdcgirls, en donde se afirmaba que 14 chicas afroamericanas habían desaparecido en la capital del país en un solo día.

escribe: Esther Pineda G.
Doctora en Ciencias Sociales, Magister Scientiarum en Estudios de la Mujer, Socióloga UCV. Escritora y Fundadora de EPG Consultora de Género y Equidad.

 

La imagen según la policía es falsa, afirman que no ha habido un aumento en las desapariciones de personas, y en el caso de menores de edad el número de desaparecidos se ha mantenido estable durante los últimos años. Empero, con independencia de la veracidad de estas afirmaciones, la realidad es que esta polémica colocó nuevamente en la palestra un tema que históricamente ha afectado y continúa afectando a la población afroamericana, y que a nadie parece preocupar.

Aunque se quiera obviar, este sin dudas es también un problema transversalizado por la racialidad. De acuerdo con las estadísticas de criminalidad del FBI para el año 2014, de 635.155 personas desaparecidas un total de 217.684 son afroamericanos, es decir, 34% de los desaparecidos, cifra que resulta alarmante cuando los afroamericanos constituyen solo el 13% de la población total de los Estados Unidos; mientras que Black and Missing Foundation revela que 64.000 mujeres y niñas negras desaparecieron en todo el país durante el 2014. Por su parte, para el año 2016 según datos del FBI se contabiliza que de un total de 647.435 personas desaparecidas en todo el país, el 36,7% son afroamericanos menores de 17 años, y 26,4% afroamericanos mayores de 18 años.

Pero pese a la magnitud de esta problemática es posible evidenciar significativas desigualdades en el abordaje cuando esta situación ocurre. En primer lugar el manejo de los medios de comunicación, cuando desaparece una niña o mujer blanca los medios son saturados de información, entrevistas a familiares, amigos, allegados, compañeros de estudio y de trabajo, programas especiales, seguimiento de las búsquedas y pistas, cobertura que puede prolongarse durante meses. A este fenómeno la periodista Gwen Ifill le denominó “missing white woman síndrome” (síndrome de la mujer blanca desaparecida), el cual supone que las niñas y mujeres blancas de clase media-alta reciben una cantidad desproporcionada de la cobertura de prensa en comparación con las mujeres y las niñas negras, los pobres y los hombres.

Además de ello, cuando una niña o mujer blanca desaparece la colectividad se involucra, se realizan vigilias, actividades de recolección de fondos y búsquedas organizadas por la comunidad (a las que incluso se suman voluntarios influenciados por el conmovedor tratamiento de los medios aunque no conocieran a la víctima). Ante la desaparición de niñas y mujeres afroamericanas los medios nacionales y de gran audiencia dan poca cobertura (si es que la dan), la mayoría nunca son denunciadas o visibilizadas. La ausencia de niñas y mujeres racializadas pasa desapercibida, es apenas reseñada por medios locales o aquellos dirigidos al público afroamericano; escenario ante el cual la misma comunidad y las organizaciones no gubernamentales de afroamericanos se ven obligados a iniciar campañas de divulgación en internet, impresión de fotografías, distribución de volantes en las calles, entre otras iniciativas que permitan hallar a quienes han desaparecido ante la indiferencia racista.

El segundo aspecto a considerar es el abordaje de la policía, los procesos de investigación y búsqueda de niñas y mujeres blancas pueden extenderse por meses e incluso años, mientras que las pesquisas dirigidas a niñas y mujeres afroamericanas pueden durar solo días y semanas; con frecuencia se desestiman y cierran los casos, imperando la impunidad contra los delitos cometidos contra esta población. Así mismo, los cuerpos policiales con frecuencia se niegan a generar una alerta ámbar ante la desaparición de los afroamericanos, arguyendo en la mayoría de las oportunidades que los casos no cumplen con los criterios para su activación. Entre los criterios para la activación de una alerta ámbar destacan:
•La policía tiene suficientes razones para considerar que ha ocurrido un secuestro.
•La agencia de policía cree que la víctima está en peligro inminente de lesiones corporales graves o la muerte.
•Existe suficiente información descriptiva sobre la víctima y el secuestro que pueda ayudar en la recuperación.
•El secuestro es de un niño de 17 años o menos, aunque excepcionalmente se puede activar en victimas de más edad.

En tercer lugar, el elemento que contribuye a la desatención e impunidad ante estos casos son los argumentos esgrimidos. Cuando una niña o mujer blanca desaparece sin ninguna duda se afirma que fue secuestrada, es una víctima; cuando una niña o mujer afroamericana desaparece se dice que escapó, es responsable, la situación es asumida como una consecuencia de sus acciones y decisiones. Es decir, cuando una niña o mujer blanca desaparece es problema de todos, cuando lo hace una niña o mujer negra es culpa suya.

Chanel Dickerson del departamento de policía del distrito ha dicho que un gran porcentaje de adolescentes que faltan están abandonando sus hogares voluntariamente, así mismo, Kevin Harris portavoz de la alcaldesa del Distrito de Columbia –refiriéndose a la desaparición de niñas y adolescentes afroamericanas- afirmó que: “muchas veces estas chicas son fugitivas”. La alcaldesa Muriel Bowser pese a ser afroamericana legitima el discurso de invisibilización de las desigualdades y la racialización asegurando que: “cuando los jóvenes huyen de sus hogares, por lo general se quedan con alguien que conocen y duermen en un sofá”. Sin embargo, ante la polémica generada se comprometió a implementar iniciativas dirigidas a “localizar a los jóvenes que han sido reportados como desaparecidos, proveer recursos para abordar mejor los problemas que hacen que los jóvenes huyan de sus hogares, y apoyar a los jóvenes que puede estar considerando salir de casa”.

No obstante, el abordaje y las posibles soluciones siguen siendo periféricas pues nadie quiere hablar de las desigualdades sociales y raciales inherentes a este fenómeno. La falta de atención e interés de las autoridades policiales, el sistema de justicia y los medios de comunicación respecto a la desaparición de niñas y mujeres afroamericanas continúa favoreciendo su revictimización y creando las condiciones para que se conviertan en objeto de depredadores sexuales, secuestradores, así como, de redes de trata y prostitución ante los altos niveles de impunidad cuando de afroamericanos se trata.

22
Abr
17

Almagro; el peoncito lame trasero de los yankis

Venezuela, un blanco de guerra

escribe: Ugo Codevilla

 

Hace algunos días Marcos Roitman, chileno, catedrático universitario en España, asilado político en México, publicó un artículo en La Jornada: “¿Golpe de Estado en Venezuela? Más bien se trata de evitarlo”.

En dicho artículo aseveraba que mientras se urde el plan para dar la puntilla al orden constitucional en Venezuela, se hacen públicas las conversaciones mantenidas entre el almirante Kurt Tidd, a la sazón comandante en jefe del U.S. Southern Command, con sede en Miami, y el actual secretario general de la OEA, en enero de 2016, Luis Almagro.

El objetivo es coordinar la acción de los organismos regionales con un fin: dinamitar el poder legítimo del gobierno encabezado por Nicolás Maduro. Servicios de inteligencia, organizaciones no gubernamentales, corporaciones privadas de comunicación, prensa, radio, televisión y redes sociales deben entrar en sincronía y asestar el golpe definitivo.

¿Cuál? Inaugurar un Estado paralelo, encabezado por el Parlamento, en manos de la oposición. La labor inmediata: sentar las bases para hacerlo viable. La estrategia: tensionar el Poder Judicial, desacreditar sus resoluciones, obligar al gobierno a tomar medidas de excepción y, de esa manera, justificar la intervención para salvaguardar, curiosamente, el orden constitucional.

Como siempre, el centro operativo es la representación de Estados Unidos en Caracas, cuya ex embajadora, Kelly Keiderling, disfruta hoy la tranquilidad montevideana. En permanente contacto con Nin Novoa, eso sí, por estrictas razones diplomáticas. Faltaría más.

La citada emisaria, afirmó que en la República Bolivariana de Venezuela se procesa un fuerte conflicto entre poderes que rompe el marco democrático. Por suerte -no tanto para los eufóricos-, negó el tan cacareado “autogolpe”.

En efecto, dicho conflicto se inició cuando la oposición tomó las calles tras la victoria de Maduro. Precisamente, Leopoldo López fue encarcelado en 2014 por instigar a la violencia. Encabezó La salida, manifestaciones en Caracas que saldaron 43 muertos.

Ya desde ese periodo posterior a asumir Maduro (2013), la campaña internacional en contra del mandatario fue escandalosa. Varios expresidentes se involucraron en ella convocados, en ese entonces, por España: José María Aznar, Felipe González, César Gaviria, Álvaro Uribe, Ricardo Lagos, Felipe Calderón.

Con la victoria antichavista en las elecciones parlamentarias pasadas (2015), la oposición convirtió el Congreso en cuartel general del MUD (en sus salones se reúne la citada Mesa de la Unidad Democrática con total descaro) armado con una sola lógica, derribar a Maduro. Hoy, consiguió apoyo en varios países latinoamericanos para presionar desde la OEA y así lograr su propósito. Importan poco las razones, en todo caso, son bienvenidas las tergiversaciones.

La mayoría parlamentaria oculta su esencia provocadora y se reimpulsa, determinados a enfrentar al Poder Judicial. Amenaza con cortar cabezas y exhibe musculatura, dado que está respaldada por cancilleres como la argentina Susana Malcorra, afamada por sus nexos con la CIA; el mexicano Luis Videgaray, quien se la pasa en Washington, negociando a lo oscurito temas capitales en compañía del yerno de Trump. En cuanto al brasileño, su presencia huele a impeachment. A Nin Novoa mejor ni nombrarlo.

Estos ilustres señores son la apoyatura de los diputados entrados en rebeldía y sus seguidores. Claros en el cometido, nada puede persuadirlos. Tomaron por asalto varias arterias viales. Marchas, desórdenes, amagos, orientados a desencadenar la ingobernabilidad. Entre los próceres destaca Henrique Capriles, impulsivo político que se niega a esperar para alzarse con la presidencia vía electoral. Por un sublime acto “democrático” pretende conquistar Miraflores “sable en mano, carabina en la espalda”.

Enloquecen y llaman a los caraqueños a entregar sus vidas, mientras en Washington, Almagro amenaza con aplicar la Carta Democrática. ¿Democracia? ¡Por Dios, señores! ¿Cuándo, carajo, la OEA fue democrática?

21
Abr
17

fidel castro, guste o no; de los más grandes revolucionarios

El Fidel que conocí

escribe: Ignacio Ramonet

 

Fidel ha muerto, pero es immortal. Pocos hombres conocieron la gloria de entrar vivos en la leyenda y en la historia. Fidel es uno de ellos. Perteneció a esa generación de insurgentes míticos – Nelson Mandela, Patrice Lumumba, Amilcar Cabral, Che Guevara, Camilo Torres, Turcios Lima, Ahmed Ben Barka– que, persiguiendo un ideal de justicia, se lanzaron, en los años 1950, a la acción política con la ambición y la esperanza de cambiar un mundo de desigualdades y de discriminaciones, marcado por el comienzo de la guerra fría entre la Unión Soviética y Estados Unidos.

En aquella época, en más de la mitad del planeta, en Vietnam, en Argelia, en Guinea-Bissau, los pueblos oprimidos se sublevaban. La humanidad aún estaba entonces, en gran parte, sometida a la infamia de la colonización. Casi toda África y buena porción de Asia se encontraban todavía dominadas, avasalladas por los viejos imperios occidentales. Mientras las naciones de América latina, independientes en teoría desde hacía siglo y medio, seguían explotadas por privilegiadas minorías, sometidas a la discriminación social y étnica, y a menudo marcadas por dictaduras cruentas, amparadas por Washington.

Fidel soportó la embestida de nada menos que diez presidentes estadounidenses (Eisenhower, Kennedy, Johnson, Nixon, Ford, Carter, Reagan, Bush padre, Clinton y Bush hijo). Tuvo relaciones con los principales líderes que marcaron el mundo después de la Segunda Guerra mundial (Nehru, Nasser, Tito, Kruschev, Olaf Palme, Ben Bella, Boumedienne, Arafat, Indira Gandhi, Salvador Allende, Brezhnev, Gorbachov, François Mitterrand, Juan Pablo II, el rey Juan Carlos, etc.). Y conoció a algunos de los principales intelectuales y artistas de su tiempo (Jean-Paul Sartre, Simone de Beauvoir, Arthur Miller, Pablo Neruda, Jorge Amado, Rafael Alberti, Guayasamin, Cartier-Bresson, José Saramago, Gabriel García Márquez, Eduardo Galeano, Noam Chomsky, etc.).

Bajo su dirección, su pequeño país (100.000 km2, 11 millones de habitantes) pudo conducir una política de gran potencia a escala mundial, echando hasta un pulso con Estados Unidos cuyos dirigentes no consiguieron derribarlo ni eliminarlo, ni siquiera modificar el rumbo de la Revolución cubana. Y finalmente, en diciembre de 2014, tuvieron que admitir el fracaso de sus políticas anticubanas, su derrota diplomática e iniciar un proceso de normalización que implicaba el respeto del sistema político cubano.

En octubre de 1962, la Tercera Guerra Mundial estuvo a punto de estallar a causa de la actitud del gobierno de Estados Unidos que protestaba contra la instalación de misiles nucleares soviéticos en Cuba. Cuya función era, sobre todo, impedir otro desembarco militar como el de Playa Girón (bahía de Cochinos) u otro directamente realizado por las fuerzas armadas estadounidenses para derrocar a la Revolución Cubana.

Desde hace más de 50 años, Washington (a pesar del restablecimiento de relaciones diplomáticas) le impone a Cuba un devastador embargo comercial –reforzado en los años 1990 por las leyes Helms-Burton y Torricelli– que obstaculiza su desarrollo económico normal. Con consecuencias trágicas para sus habitantes. Washington sigue conduciendo además una guerra ideológica y mediática permanente contra La Habana a través de las potentes Radio “Martí” y TV “Martí”, instaladas en La Florida para inundar a Cuba de propaganda como en los peores tiempos de la Guerra Fría.

Por otra parte, varias organizaciones terroristas –Alpha 66 y Omega 7– hostiles al régimen cubano, tienen su sede en La Florida donde poseen campos de entrenamiento, y desde donde enviaron regularmente, con la complicidad pasiva de las autoridades estadounidenses, comandos armados para cometer atentados. Cuba es uno de los países que más victimas ha tenido (unos 3.500 muertos) y que más ha sufrido del terrorismo en los últimos 60 años.

Ante tanto y tan permanente ataque, las autoridades cubanas han preconizado, en el ámbito interior, la unión a ultranza. Y han aplicado a su manera el viejo lema de San Ignacio de Loyola: “En una fortaleza asediada, toda disidencia es traición.” Pero nunca hubo, hasta la muerte de Fidel, ningún culto de la personalidad. Ni retrato oficial, ni estatua, ni sello, ni moneda, ni calle, ni edificio, ni monumento con el nombre o la figura de Fidel, ni de ninguno de los lideres vivos de la Revolución.

Cuba, pequeño país apegado a su soberanía, obtuvo bajo la dirección de Fidel Castro, a pesar del hostigamiento exterior permanente, resultados excepcionales en materia de desarrollo humano: abolición del racismo, emancipación de la mujer, erradicación del analfabetismo, reducción drástica de la mortalidad infantil, elevación del nivel cultural general… En cuestión de educación, de salud, de investigación médica y de deporte, Cuba ha obtenido niveles que la sitúan en el grupo de naciones más eficientes.

Su diplomacia sigue siendo una de las más activas del mundo. La Habana, en los años 1960 y 1970, apoyó el combate de las guerrillas en muchos países de América Central (El Salvador, Guatemala, Nicaragua) y del Sur (Colombia, Venezuela, Bolivia, Argentina). Las Fuerzas Armadas cubanas han participado en campañas militares de gran envergadura, en particular en las guerras de Etiopia y de Angola. Su intervención en este último país se tradujo por la derrota de las divisiones de élite de la República de África del Sur, lo cual acelero de manera indiscutible la caída del régimen racista del apartheid.

La Revolución cubana, de la cual Fidel Castro era el inspirador, el teórico y el líder, sigue siendo hoy, gracias a sus éxitos y a pesar de sus carencias, una referencia importante para millones de desheredados del planeta. Aquí o allá, en América latina y en otras partes del mundo, mujeres y hombres protestan, luchan y a veces mueren para intentar establecer regímenes inspirados por el modelo cubano.

La caída del muro de Berlín en 1989, la desaparición de la Unión Soviética en 1991 y el fracaso histórico del socialismo de Estado no modificaron el sueño de Fidel Castro de instaurar en Cuba una sociedad de nuevo tipo, más justa, más sana, mejor educada, sin privatizaciones ni discriminaciones de ningún tipo, y con una cultura global total.

Hasta la víspera de su fallecimiento a los 90 años, seguía movilizado en defensa de la ecología y del medio ambiente, y contra la globalización neoliberal, seguía en la trinchera, en primera línea, conduciendo la batalla por las ideas en las que creía y a las cuales nada ni nadie le hizo renunciar.

En el panteón mundial consagrado a aquellos que con más empeño lucharon por la justicia social y que más solidaridad derrocharon en favor de los oprimidos de la Tierra, Fidel Castro – le guste o no a sus detractores – tiene un lugar reservado.

Lo conocí en 1975 y conversé con él en múltiples ocasiones, pero, durante mucho tiempo, en circunstancias siempre muy profesionales y muy precisas, con ocasión de reportajes en la isla o la participación en algún congreso o algún evento. Cuando decidimos hacer el libro “Fidel Castro. Biografía a dos voces” (o “Cien horas con Fidel”), me invitó a acompañarlo durante días en diversos recorridos. Tanto por Cuba (Santiago, Holguín, La Habana) como por el extranjero (Ecuador). En coche, en avión, caminando, almorzando o cenando, conversamos largo. Sin grabadora. De todos los temas posibles, de las noticias del día, de sus experiencias pasadas y de sus preocupaciones presentes. Que yo reconstruía luego, de memoria, en mis cuadernos. Luego, durante tres años, nos vimos muy frecuentemente, al menos varios días, una vez por trimestre.

Descubrí así un Fidel íntimo. Casi tímido. Muy educado. Escuchando con atención a cada interlocutor. Siempre atento a los demás, y en particular a sus colaboradores. Nunca le oí una palabra más alta que la otra. Nunca una orden. Con modales y gestos de una cortesía de antaño. Todo un caballero. Con un alto sentido del pundonor. Que vive, por lo que pude apreciar, de manera espartana. Mobiliario austero, comida sana y frugal. Modo de vida de monje-soldado.

Su jornada de trabajo se solía terminar a las seis o las siete de la madrugada, cuando despuntaba el día. Más de una vez interrumpió nuestra conversación a las dos o las tres de la madrugada porque aún debía participar en unas “reuniones importantes”. Dormía sólo cuatro horas, pero, de vez en cuando, una o dos horas en cualquier momento del día.

Pero era también un gran madrugador. E incansable. Viajes, desplazamientos, reuniones se encadenaban sin tregua. A un ritmo insólito. Sus asistentes –todos jóvenes y brillantes de unos 30 años– estaban, al final del día, exhaustos. Se dormían de pie. Agotados. Incapaces de seguir el ritmo de ese infatigable gigante.

Fidel reclamaba notas, informes, cables, noticias, estadísticas, resúmenes de emisiones de televisión o de radio, llamadas telefónicas… No paraba de pensar, de cavilar. Siempre alerta, siempre en acción, siempre a la cabeza de un pequeño Estado mayor –el que constituían sus asistentes y ayudantes– librando una batalla nueva. Siempre con ideas. Pensando lo impensable. Imaginando lo inimaginable. Con un atrevimiento mental espectacular.

Una vez definido un proyecto. Ningún obstáculo lo detenía. Su realización iba de sí. “La intendencia seguirá” decía Napoleón. Fidel igual. Su entusiasmo arrastraba la adhesión. Levantaba las voluntades. Como un fenómeno casi de magia, se veían las ideas materializarse, hacerse hechos palpables, cosas, acontecimientos.

Su capacidad retórica, tantas veces descrita, era prodigiosa. Fenomenal. No hablo de sus discursos públicos, bien conocidos. Sino de una simple conversación de sobremesa. Fidel era un torrente de palabras. Una avalancha. Que acompañaba la prodigiosa gestualidad de sus finas manos.

La gustaba la precisión, la exactitud, la puntualidad. Con él, nada de aproximaciones. Una memoria portentosa, de una precisión insólita. Apabullante. Tan rica que hasta parecía a veces impedirle pensar de manera sintética. Su pensamiento era arborescente. Todo se encadenaba. Todo tenía que ver con todo. Digresiones constantes. Paréntesis permanentes. El desarrollo de un tema le conducía, por asociación, por recuerdo de tal detalle, de tal situación o de tal personaje, a evocar un tema paralelo, y otro, y otro, y otro. Alejándose así del tema central. A tal punto que el interlocutor temía, un instante, que hubiese perdido el hilo. Pero desandaba luego lo andado, y volvía a retomar, con sorprendente soltura, la idea principal.

En ningún momento, a lo largo de más de cien horas de conversaciones, Fidel puso un límite cualquiera a las cuestiones a abordar. Como intelectual que era, y de un calibre considerable, no le temía al debate. Al contrario, lo requería, lo estimulaba. Siempre dispuesto a litigar con quien sea. Con mucho respeto hacia el otro. Con mucho cuidado. Y era un discutidor y un polemista temible. Con argumentos a espuertas. A quien solo repugnaban la mala fe y el odio.

20
Abr
17

el día que los fascistas uruguayos mataron al doctor Roslik

33 años del asesinato de Vladimir Roslik

Ayer, 16 de abril, se cumplieron 33 años del asesinato de Vladimir Roslik Bichkov, ocurrido en el Batallón de Infantería Mecanizado Nº 9, con sede en Fray Bentos. Este médico nacido en San Javier, de padres rusos y que estudió por una beca en la Universidad Amistad de los Pueblos Patricio Lumumba, en la antigua Unión Soviética, fue detenido por militares de esa unidad castrense y falleció como consecuencia de las torturas a las que fue sometido. La autopsia “oficial” indicaba que Roslik había muerto por un paro cardíaco y que había sido detenido por “tráfico de armas”, pero testimonios posteriores, como el de Antonio Pires da Silva, que estuvo preso junto al médico, revelaron que fue torturado hasta morir y que el interrogatorio estuvo a cargo del represor Sergio Pocho Caubarrère, que permanece impune.

La viuda de Roslik, Mary Zavalkin, diputada suplente del frenteamplista Constante Mendiondo, vive en Paysandú, pero sus esfuerzos siguen vinculados con San Javier, en donde promovió la instalación del Centro de Atención a la Infancia y la Familia (CAIF) Galuski y el Hogar de Ancianos Valodia (diminutivo de Vladimir y apodo con el que se conocía a Roslik en San Javier). Zavalkin hizo conocer el asesinato de Roslik ante diversos organismos internacionales, y muchos intensificaron la presión contra la dictadura para acelerar su final. La viuda del médico también se dedicó a denunciar la persecución a la que los militares sometieron a los descendientes de rusos en San Javier. Además de ser detenidos e interrogados más de una decena, junto con Roslik, los militares clausuraron el Centro Cultural Máximo Gorki y quemaron los libros y las revistas en ruso. “Se ampararon en que eran cuestiones políticas, pero en realidad lo que sufrimos fue una persecución étnica. Toda la gente a la que llevaron presa en San Javier tenía apellido ruso. Portarlo era considerado un atentado contra el país. No tiene nada que ver. Ni televisión teníamos”, dijo Zavalkin en una entrevista concedida a la agencia de noticias Sputnik en enero.

Según publicó ayer InfoRío, si bien se colocó una placa en homenaje a Roslik en las afueras del cuartel donde fue asesinado y se le puso su nombre a la ruta puente-puerto en Fray Bentos, así como a la policlínica de San Javier, no se ha logrado, en el ámbito de la Junta Departamental de Río Negro, el consenso necesario para que una calle lleve el nombre del médico.

Nota de La Diaria / Uruguay




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