Archive for the 'Uncategorized' Category

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Sep
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el batllismo está en el FRENTE AMPLIO …

¿Qué hace el neoliberalismo en las elecciones de Uruguay?

El Uruguay moderno (ese desarrollado a fines del siglo XIX con J.P. Varela) siempre ha sido batllista-artiguista, con períodos de epilepsia oligárquica y neoliberal. Escrito por Jorge Majfud, Tomado de AL en Movimiento Ultima actualización Sep 18, 2019 1 5,373Compartir

No importa la ideología, no importa el partido político: todos los uruguayos son, más o menos, batllistas artiguistas. No siempre en la práctica, pero sí como un súper ego freudiano: los uruguayos son artiguistas cuando reconocen su opción por los de abajo, su antimilitarismo y su antirracismo, y son batllistas cuando en sus decisiones personales reconocen el valor del Estado como agente de gestión colectiva, como administrador de justicia social, susceptible de corrupción pero insustituible.

El mito de Maracaná es otro hito posible por el espíritu batllista artiguista. Sin José Batlle, Uruguay no hubiese sido dos (o cuatro) veces campeón del mundo ni quince veces campeón del continente, ni esa pasión sería hoy una marca de identidad nacional.

El batllismo inventó el espíritu del fútbol uruguayo y el batllismo artiguista marcó hasta su literatura, esa literatura con conciencia crítica, tan alejada de la frivolidad del mercado, de la diversión y del sentimentalismo de alcoba.

Cualquier política de Estado que niegue esa profunda raíz está condenada a dar frutos amargos. Los mismos períodos de epilepsia neoliberal lo han demostrado y, a juzgar por las actuales disputas electorales, es una condición persistente.

El neoliberalismo ha hecho estragos en muchos países alrededor del mundo. Ha quebrado a casi todos. Incluso en aquellos pocos ejemplos publicitados como el de Chile, el supuesto éxito no fue posible sin inundaciones de dólares y propaganda estadounidense a partir de 1973 para apoyar no solo una dictadura de corte nazi que le era conveniente a la oligarquía criolla y a las poderosos transnacionales, sino para tener un ejemplo positivo que mostrar al mundo y a América Latina en particular (los bloqueos y las demonizaciones quedaron reservados a todos aquellos que se atrevieron a decir no o probar un camino diferente).

Pese a todo, los supuestos logros de la economía chilena no se reflejan en un milagro social, sino todo lo contrario. La educación es «un bien de consumo», no un derecho, y para eso, como en Estados Unidos, los jóvenes deben endeudarse de forma que sólo los ricos se gradúan listos para la «libre competencia» y el resto dedica media vida a pagar sus deudas. Cuando lo logra, ya se han especializado en pensar sólo en el dinero, no en su vocación, y no saben hacer otra cosa que más dinero, lo cual, claro, es una bendición para la economía y para la industria de las drogas.

Lo mismo, el modelo de inversión chileno de las jubilaciones privadas. El fracaso del modelo neoliberal de jubilaciones en Uruguay (afortunadamente, la opción estatal siempre fue la preferida) fue recientemente salvado por el Estado, como siempre. En 2018, la mitad de los afiliados a las AFAP creadas durante los años 90s, se pasaron al sistema estatal porque los privados le estaban retornando mucho menos dinero del calculado y del prometido.

El Estado es ineficiente hasta que cunde el pánico. Porque el capitalismo tiene esa eterna ventaja: cuando acierta, se lleva todo; cuando pierde, el maldito Estado lo salva, empezando por los de arriba para que algo gotee a los de abajo. Con una diferencia: en Uruguay ocurrió al revés, cosa rara en el mundo, porque los salvavidas fueron para los de abajo. Solución batllista artiguista.

En otros casos diferentes al «éxito del neoliberalismo chileno», donde siempre se aplaude al principio y se niega tres veces al final, la misma ideología, los mismos créditos multimillonarios y las mismas adulaciones descendieron en muchos otros países del continente sin siquiera llegar a aumentar el PIB nacional sino las deudas externas y arruinar la economía y la sociedad: la Argentina de Martínez de Hoz, la de Menem y Cavallo, la de Mauricio Macri; la Bolivia de Víctor Paz Estenssoro; el Uruguay de Luis Alberto Lacalle; el Ecuador de Febres Cordero; la Venezuela de Andrés Pérez; el México de Miguel de la Madrid, el de Carlos Salinas de Gortari y el de Ernesto Zedillo, etc.

Sí, ya sabemos las recurrentes respuestas: «si estás contra el neoliberalismo estás a favor de Stalin, de Khmer Rouge y de Josip Broz Tito».

Pero cuando hablamos del neoliberalismo en América Latina, no nos referimos a lo que podría ocurrir y que nunca ha ocurrido, sino a algo que ha ocurrido innumerables veces con los mismos resultados y, por si fuese poco, es una propuesta orgullosa de candidatos como el economista de la Universidad de Chicago, el Dr. Ernesto Talvi en Uruguay.

En Uruguay, como en otros países de la era poscolonial, la imposición de recetas salvadoras ha sido siempre catastrófico.

Ese país, con escasos doscientos años de historia, invento del imperio británico en 1828, en realidad nació en 1813, con el general José Artigas, un hombre con una sensibilidad social superior para la época, extraña, nunca analizada del todo; un hombre que repartió tierras a negros, indios y blancos pobres.

Un mujeriego que terminó sus días en el exilio viviendo (¿o conviviendo?) casi treinta años con un poeta negro que liberó antes de abandonar su tierra, derrotado en 1820 en Tacuarembó. Por entonces, el fundador del partido colorado, el primer presidente, otro patriota mata indios, Fructuoso Rivera se pasó a las filas portuguesas y luego, como presidente de Uruguay, ordenó darle caza, vivo o muerto. Pero los indios paraguayos le dieron el título de «El hombre que resplandece».

Si el artiguismo fuese hoy una inmoralidad, como lo es el racismo de, por ejemplo, el venerado esclavista y mata indios Andrew Jackson en Estados Unidos, es comprensible que se luche por demoler esa tradición. Pero no, es básicamente lo contrario.

Si el batllismo, cien años después, hubiese sido un fracaso económico y social, es comprensible que se luche por demoler esa tradición. Pero no, es básicamente lo contrario.

Es por esta razón que en Uruguay se da la paradoja de que somos, a un mismo tiempo, progresistas y tradicionalistas. Pero no de cualquier tradición. No de la tradición feudalista de las haciendas donde los peones y los gauchos eran animales de carga, sino de la otra tradición, la que creía y todavía cree en la educación universal, desde la primaria hasta la universidad; que cree en el derecho a la salud y al equilibrio social a través de la protección de los derechos de los menos fuertes, como lo son, incluso, las trabajadores; que cree en el derecho de nuestros viejos a un retiro en paz.

El artiguismo no es un sentimiento nacionalista ni militarista. Artigas negó (como Jesús negó lo que tanto adoran hoy los cristianos protestantes: la riqueza como signo de preferencia divina) el despotismo militar y el abuso de los de arriba. Luego, el batllismo creó lo demás, hasta la tradición del fútbol. Lo mismo la visión moderada de un estado benefactor, estabilizador, social y, no en pocos aspectos, directamente socialista.

El batllismo artiguista, el Uruguay donde «nadie es más que nadie ni menos que ninguno», donde hasta Charles Darwin se sorprendió de la inexplicable autoestima de los gauchos más pobres, es eso: progresismo con memoria, porque el progresismo no es ruptura ni es inmovilidad sino perpetuo cambio y mejora de algo que sabe, que no olvida, quién es, de dónde viene y hacia dónde va.

19
Sep
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16
Sep
19

religión y política

Ilustración: Ramiro Alonso.
Ilustración: Ramiro Alonso.

Mapa político religioso de cara a las próximas elecciones

escribe: Nicolás Iglesias

En esta campaña electoral algunos sectores del Frente Amplio intentan reconectar sus vasos vinculantes con las diferentes expresiones de fe ligadas al progresismo. Por otro lado, los principales dirigentes del Partido Nacional tratan de desmarcarse de los sectores religiosos más conservadores que anidan en su interna. En tanto, desde Cabildo Abierto, Guido Manini Ríos parece ser el más consecuente con el discurso moral de la derecha religiosa, opuesto a la perspectiva de género y de diversidad.

La tesis sobre la privatización de lo religioso como expresión de la secularización de la sociedad uruguaya ha dejado lugar a nuevas lecturas, que nos aproximan a la hipótesis de que la religión nunca se fue de lo público y lo político. En la actualidad estamos frente a nuevas expresiones religiosas que, al hacerse visibles en lo político-partidario, tocan una fibra íntima de la cultura de nuestro país, que está sustentada en la laicidad del Estado entendida como la separación y la autonomía de dos esferas, la de las religiones y la del Estado.

Sin embargo, lo religioso no sólo está presente en lo político-partidario, sino que ha aumentado su presencia en las políticas públicas, en la producción cultural (música, televisión, redes sociales y medios de comunicación en general) y en lo territorial, en especial en lugares a los que el Estado no llega. En este sentido, cuando algunos grupos religiosos actúan en el campo político con un discurso teocrático, dan cuenta de la disputa sobre las concepciones de la democracia, la laicidad y la perspectiva de derechos humanos.

Asimismo, ha quedado comprobado en diferentes países de la región que el poder de movilización social que tienen los grupos religiosos conservadores, con campañas contra el aborto, la educación sexual integral o la perspectiva de género, luego no se traduce en un voto confesional dirigido, y que no existe una correlación directa entre el voto a un candidato y el sector religioso que pretende representar. Por ejemplo, en las últimas elecciones en Argentina, sólo 2,72% de la población acompañó a la fórmula “celeste”, integrada por Juan José Gómez Centurión y Cynthia Hotton, que pretendía representar al 15% de evangélicos de ese país.

Por lo tanto, trazar un mapa que vincule diferentes actores políticos y religiosos no debe llevarnos a pensar que existe una linealidad entre la religión de los votantes y el candidato que eligen en las urnas, o entre el candidato que apoya un líder religioso y la actuación electoral de la feligresía. Salvo en el caso de algunas iglesias con estructuras de control y disciplinamiento interno bien firmes, el electorado uruguayo sigue privilegiando las opciones políticas sobre las creencias religiosas.

En resumen, estamos frente a una nueva forma de la vieja disputa entre la espada y la cruz; se trata, al decir de Michel Foucault en su texto Seguridad, territorio, población (1978), de que la gobernabilidad se vincula con la actividad pastoral y su instrumental sobre el poder de controlar los cuerpos y las almas.

Ilustración: Ramiro Alonso.

Ilustración: Ramiro Alonso.

Neopentencostales y la Ley Integral para Personas Trans

Quizás el hecho más relevante de 2019 para comprender el vínculo entre religión y política estuvo dado por la fuerte actividad contra la Ley Integral para Personas Trans que llevaron adelante el diputado suplente Carlos Iafigliola, católico carismático, y el diputado Álvaro Dastugue, pastor neopentecostal de la iglesia Misión Vida. Aunque la votación no fue suficiente para avanzar con la derogación de la ley, este movimiento permitió dos cosas: por un lado, motivó el involucramiento bajo una misma causa de las bases conservadoras religiosas de estos sectores, y por otra parte, brindó la posibilidad de entrenar a las personas en el quehacer político y tener más experiencia para las elecciones. Asimismo, la alta votación de esta iniciativa lograda en Rivera y Artigas nos confirma el crecimiento de este sector neopentecostal, fuertemente influenciado por la cultura y política brasileñas en la frontera.

Alineados contra esta ley, y contra la perspectiva de género y diversidad, se manifestaron otros aliados con impronta religiosa: Gerardo Amarilla, bautista, Verónica Alonso, judía conversa, y Rodrigo Goñi, católico, todos del Partido Nacional (PN). Esta presencia judeocristiana conservadora en el PN, que funcionó como sector de oposición al avance de la nueva agenda de derechos en este período parlamentario, comenzó a perder fuerza por la falta de apoyo de los principales líderes del partido y por el desmarque que sufrieron de la propia fórmula presidencial blanca, que afirmó que no tocaría la nueva agenda de derechos.

Al igual que en otros países de la región, la agenda moral, y especialmente lo que se vincula con la diversidad sexual y el control del cuerpo de las mujeres, son los principales temas que disputan con sus aliados, temas que también generaron algunos quiebres en la interna de Esperanza Nacional, conformada por Alonso, Dastugue y otros dirigentes de la iglesia Misión Vida cuando estos se sumaron a la candidatura de Juan Sartori, ya que el empresario dijo estar de acuerdo con la agenda de derechos y mantuvo negocios vinculados con el cannabis. Este sector, que bajo la lista 880 nucleó en las internas 54 listas conformadas por pastores neopentecostales, se adjudica unos 40.000 votos, casi la mitad de los logrados por Sartori. Según lo que se resuelva en la negociación interna de este sector, sabremos si el Parlamento contará con una pastora o pastor más.

Nacionalismo evangélico

La presencia evangélica conservadora traspasa el sector de Alonso y Dastugue en el PN, ya que dentro del herrerismo el diputado Gerardo Amarilla amplió su campo de acción, que comenzó con su diputación desde 2010 en Rivera, a otras listas departamentales con presencia evangélica en Compromiso Nación. Asimismo, desde Durazno el diputado Benjamín Irazábal (pentecostal) parece estar firme en su alianza política con el intendente Carmelo Vidalín, y ambos buscarían mantener la intendencia de ese departamento y la banca parlamentaria.

Por otro lado, en Maldonado la intendencia de Enrique Antía tiene alianzas con dos vertientes neopentecostales locales: por un lado, los hogares Beraca de la iglesia Misión Vida, que históricamente han recibido apoyos económicos de la intendencia, y por otro lado la iglesia universal Pare de Sufrir, a la cual pertenece el director de asuntos sociales de dicha comuna. También Jorge Larrañaga tiene su referente pastoral y adoptó entre sus filas a Gavo Silveyra (cantante de música cristiana), que se abrió del proyecto político de su suegro, el apóstol Jorge Márquez de la iglesia Misión Vida, luego de diferencias surgidas después de las internas de 2014.

La novedad en varios sentidos es Cabildo Abierto, con la figura del ex general Guido Manini Ríos, que se ha definido como católico, seguidor del ideario artiguista, contrario a la “ideología de género” (a la cual define como colonización extranjera), defensor de los valores tradicionales y favorable a la derogación de la ley de la marihuana. Este discurso, que incluye elementos nacionalistas, populistas y católicos tradicionales, es una expresión política novedosa en nuestro país. La figura de Manini se vuelve atractiva para un voto conservador, que ve en el PN ambivalencias a la hora de defender posturas tradicionalistas.

Cristianos en el FA

El Frente Amplio (FA), especialmente en Montevideo, ha tenido históricamente un voto cristiano progresista que se ha reflejado en diferentes expresiones y sectores, desde su fundación, con la presencia del Partido Demócrata Cristiano (PDC) y de figuras relevantes, como la de Juan Pablo Terra. También con corrientes revolucionarias vinculadas con la teología de la liberación, que alentaron a protestantes y católicos a incorporarse al Movimiento de Liberación Nacional y a los Grupos de Acción Unificadora, expresiones que hoy se traducen en presencias cristianas en el Movimiento de Participación Popular y la Vertiente Artiguista.

En otros sectores del Frente Amplio también hay cristianos en lugares destacados. El Partido Socialista (PS), que cuenta con dos diputados católicos practicantes, como Gonzalo Civila, actual presidente del PS, y Enzo Malán, diputado por Soriano y ex catequista salesiano. Asimismo, podríamos dar referencias de la propia simpatía del presidente Tabaré Vázquez por el movimiento salesiano y de la práctica del catolicismo en su entorno familiar.

Ilustración: Ramiro Alonso.

Ilustración: Ramiro Alonso.

Desde la apertura democrática hasta ahora, la izquierda uruguaya parece haber estado desencontrada con las expresiones religiosas, pero lo religioso no ha estado ajeno ni en la historia ni en el presente de la fuerza política. Desde hace dos años, la creación de la “izquierda cristiana” como un espacio de reflexión política parece ser un intento más de volver a conectar y visibilizar el aporte de los cristianos en esta corriente política. En este sentido, la novedad electoral está dada por el lanzamiento del Espacio 427, que tiene al frente al prosecretario de Presidencia, Juan Andrés Roballo, como un intento de dar visibilidad al PDC dentro del FA, que suma a un grupo de jóvenes humanistas y a frenteamplistas independientes creyentes y ateos.

La presencia cristiana en los gobiernos frenteamplistas parece estar situada principalmente en el área social, como en los casos del padre Uberfil Monzón al frente del Instituto Nacional de Alimentación; el padre Mateo Méndez, ex director del Sistema de Responsabilidad Penal Adolescente; el actual vicepresidente del Instituto del Niño y Adolescente del Uruguay, Fernando Rodríguez, parte del equipo pastoral de una iglesia protestante; y el secretario de derechos humanos Nelson Villarreal, un católico practicante.

La actual candidatura de Daniel Martínez jerarquiza la presencia cristiana en lo social, colocando como coordinadora de su equipo de políticas sociales a Mercedes Clara, una figura destacada del catolicismo por su dedicada investigación sobre la vida del Padre Cacho. Es interesante destacar que en el PN, Lacalle Pou también tomó de filas católicas, pero en este caso del Opus Dei, a su referente del área social, Pablo Bartol, ex director del colegio Los Pinos, el cual se proyecta como posible ministro de Desarrollo Social.

Todas estas presencias y trayectorias dan cuenta de que la religión y su acción social, cultural y política están presentes, a veces de forma sutil, y otras veces de formas tan evidentes que no las llegamos a ver.

Umbandistas y pentecostales en el FA

Además de cristianos progresistas, otras expresiones religiosas tienen lugar en el Frente Amplio (FA). Desde 2009, la mae umbandista Susana Andrade, diputada suplente, ha conformado un sector político denominado Atabaque. El propio intendente de Salto, Andrés Lima, desafía los esquemas de la izquierda uruguaya al convertirse de católico a pentecostal, terminando de completar un variado abanico de presencias religiosas en el FA.

Nicolás Iglesias Schneider es investigador especializado en religión y política.

15
Sep
19

Cuba sigue bajo fuego yanki …

El odio y el cinismo de la Casa Blanca contra Cuba y los cubanos

escribe: Randy Alonso Falcón

Las nuevas medidas contra Cuba y los cubanos anunciadas el pasado viernes por el Secretario del Tesoro de los Estados Unidos Steven Muchin son muestra del odio visceral de los gobiernos de esa nación contra la nuestra y del enorme cinismo que impera en la política imperial.

Si a alguien le quedaba dudas del carácter genocida, hipócrita y agresivo del bloqueo, las recientes decisiones de la administración Trump le han mostrado fehacientemente la esencia malloriana (*) de tal engendro. Rendir por desesperación, hambre y necesidades a un pueblo es la mejor opción política que puede ocurrírsele al gobierno estadounidense.

Les ofusca la capacidad de resistencia de una nación pequeña ante el asedio y la agresión permanente, el enorme sentimiento de solidaridad que practica, la decisión de no dejarse avasallar ni ceder soberanía e independencia.

Los anima el mezquino interés electoral en la Florida, uno de los estados que más votos aporta para la contienda presidencial de noviembre 2020.

No satisfechos con atacar el principal sector de la economía cubana, el turismo, prohibiendo los viajes de cruceros y las visitas bajo la licencia Pueblo a Pueblo (bajo la cual viajaban a nuestro país la mayor parte de los estadounidenses que podían hacerlo), de perseguir con saña a las navieras que intenten transportar petróleo y derivados hacia Cuba y sancionar a la empresa cubana importadora de combustible Cuba Metales; ahora limitan las remesas familiares y atenazan aun más el flujo de divisas desde y hacia Cuba.

Se trata, a decir del Secretario del Tesoro, de «aislar financieramente al régimen cubano». Para el señor Munchin «Por medio de estas enmiendas regulatorias, el Tesoro está negando el acceso a Cuba de divisas convertibles, y estamos frenando el mal comportamiento del gobierno cubano, mientras continuamos apoyando al pueblo de Cuba que tanto sufre».

Una pieza antológica de cinismo. ¿Qué tanto apoya al pueblo cubano quien le aprieta la soga al cuello?

Ya lo había anunciado desde abril un funcionario de Trump a The Examiner, al revelar que la administración planeaba “estrangular financieramente al régimen cubano”. El senador Marco Rubio, madre putativa de este arreciamiento de la política de agresión, añadió entonces que las sanciones recién activadas en virtud del Título III de la Ley Helms-Burton acosarán las inversiones turísticas y afectarán “el alma” financiera de Cuba. “Esto y las remesas –dijo– es cómo ellos generan todas sus divisas”

Fundamentan desvergonzadamente sus sanciones en la ayuda solidaria que Cuba brinda a Venezuela. Rabiosos porque no han podido con la Revolución Bolivariana intentan culpar a Cuba de sus fracasos en la tierra de Bolívar y Chávez.

Apuestan en su estrategia a dividir a los cubanos, a enfrentarnos, a reblandecernos, a sepultar nuestros sueños y esperanzas. Pero esa historia la hemos vivido de sobra y hemos sabido salir victoriosos de los más difíciles desafíos, con muchas menos condiciones que ahora. No hay tiempo para lamentos. Es momento de inteligencia, de buscar alternativas y soluciones a los múltiples problemas que el bloqueo nos plantea, de estrechar la unidad que nos fortalece, de pensar como país. A más odio y amenazas del imperio, más ejercicio fecundo de creación y de resistencia de nuestro heroico pueblo.

* En referencia a Lester D. Mallory, diplomático estadounidense, Subsecretario Asistente para América Latina que escribió en abril de 1960 un memorando de estrategia para Cuba, titulado “La decadencia y caída de Castro”. Mallory argumentó que las presiones económicas eran necesarias porque “no había oposición política efectiva” al gobierno de Castro, que entonces tenía 16 meses. La clave era infligir dolor al pueblo cubano. Mallory escribió que Estados Unidos necesitaba “debilitar la vida económica de Cuba […] para disminuir los salarios nominales y reales, provocar el hambre, la desesperación y el derrocamiento del gobierno”.

14
Sep
19

14
Sep
19

Uruguay …

EL CABALLITO de BATALLA único de la DERECHA, el déficit fiscal …

El fantasma del déficit fiscal

escribe: Dr. Ismael Blanco

Por estas horas el tema de campaña política para los sectores conservadores es el “déficit fiscal”. Una y otra vez se machaca con la única variable que encontraron para intentar dejar en falsa escuadra 15 años de gobiernos del Frente Amplio y soslayar de esa forma el resto de los aspectos que hacen a la economía de un país.

El “déficit fiscal” es el “hueso” que encontraron para roer y que desgastan con sus dientes hasta el desquicio ya que el asunto de “Venezuela” no lo han logrado imponer como el otro “cuco” de su estrategia política. Es que Uruguay de tres gobiernos frenteamplistas tiene una salud rozagante en su democracia, una fortaleza de sus instituciones que es ejemplar y las más amplias libertades y derechos que resultan incuestionables y que son reconocidos por organismos internacionales que miden estos aspectos. 

La oposición que pasa por los distintos dejos y entonaciones, que va de derecha a la ultra militarista en las expresiones de Lacalle Pou, Sanguinetti, Talvi a Manini Ríos, intenta impactar con un enunciado, que sin explicación suena como una amenaza y cataclismo insalvable. 

La oposición resume que el gran problema del Uruguay se reduce al concepto de “déficit fiscal”, aspecto este que formulado sin profundidad y resaltado como una variable aislada o desasociada de todo la macroeconomía, pretende impactar de tal forma que estuviésemos al borde de la ruina. 

De más está decir que hablar de déficit fiscal con este reduccionismo “jíbaro”, aislándolo ex profeso del todo el sistema económico no es otra cosa que una maniobra electorera. 

Es como si yo de una linda muchacha sólo me detuviera a observar que tiene un grano temporal que afea su cara, además de vacío y trivial pecaría por estúpido y necio. 

El déficit fiscal en nuestro país no justifica un planteo apocalíptico, mas en todo caso, amerita sí una llamada de atención con el objeto de ser corregido. Para ello hay dos caminos: hacer crecer la riqueza manteniendo el mismo gasto social e inversiones o reduciendo el gasto social y las inversiones por la vía del ajuste. Es decir, creciendo o capitulando a la baja. 

Realizar un ajuste se podrá presentar como algo inevitable y además sólo requiere de una sola acción que es una decisión política para hacerlo, algo mucho más sencillo que gestionar un país para que crezca y absorba ese variable sin lesiones en el tejido social. Pero he aquí que queda en evidencia la flaqueza de la propuesta opositora además de no advertir a conciencia y a cara descubierta, sin engaños ni falacias que el ajuste se trata de una medida claramente recesiva y que tiene un impacto inmediato en la situación económica de cada familia uruguaya. Sin embargo ni Talvi ni Lacalle profundizan en este aspecto pues ellos son conscientes que lo sufrirá el bolsillo de la gente y nadie gana elecciones reduciéndole el salario a los trabajadores, jubilados, pensionistas, asalariados y por tanto callan. 

Crecer como lo plantea el Frente Amplio siempre es un desafío para la economía de cualquier país, no obstante, en el nuestro y en las actuales circunstancias es posible y demostrable crecer y eso lo saben los suspicaces críticos del mundo liberalismo económico. Y esto no lo digo yo, lo dicen las cifras y los organismos internacionales que se quiera elegir. El Uruguay creció sostenidamente en el campo del desarrollo humano y social de manera ejemplar. 

Sin apasionamiento puedo decir que entre las soluciones que brinda la derecha y las que brinda el partido de gobierno, hay diferencias y se trata de dos caminos que expresan dos formas distintas de ver el mundo y ellas se fundamentan en una profunda base de construcción ideológica. 

No son ni de caprichos ni de poses, son razones fundadas, visiones filosóficas que se contraponen en la manera en qué se deben construir las sociedades y en definitiva la cuestión humana. 

Por un lado la mirada del liberalismo económico, que nos plantea una sociedad “perfecta” donde el libre mercado regula y genera riqueza que alcanzará a todos en una teoría del riego, sin intervención estatal y la otra concepción la del estado de Bienestar Social o “Welfare state”, donde el Estado asume el compromiso de cumplir con los derechos sociales ineludibles para todos los habitantes de igual forma y donde todos contribuyen a ese objetivo de acuerdo a sus posibilidades, apoyados en dos principios fundamentales: la igualdad y la solidaridad.

Indudablemente esto genera en la vida material de las personas contradicciones y reproches de diversa entidad e intensidad. 

Ha sido así a lo largo de la historia de nuestro país sintetizado en las visiones de José Batlle y Ordóñez por un lado y Luis Alberto de Herrera por otro. 

La historia de la nación uruguaya siempre ha contrapuesto esos dos modelos, visiones y sensibilidades, que se resumen en dos bloques: conservadores por un lado y progresistas por otro. 

Resulta de manifiesto que hay asuntos que para la oposición no le es simple contradecir e impugnar, en particular para el economista Ernesto Talvi que como asesor de los gobiernos blancos y colorados (de Ramón Díaz y Jorge Batlle) debe escuchar de boca de la secretaria ejecutiva de la Cepal, Alicia Bárcena, un cúmulo de elogios para los gobiernos frenteamplistas que han hecho crecer nuestra economía de manera continua por una década y media a pesar de los desastres en la economía de Argentina y Brasil, recordándonos a los uruguayos de debemos sentirnos orgullosos de nuestro país y que somos la sociedad más igualitaria de la región fruto de nuestro avance en la lucha contra la pobreza e indigencia, además de los logros en otras materias, en particular la energía limpia. 

Más allá de las pasiones naturales que se expresan en una campaña electoral, con calma sugiero que con nuestra capacidad de análisis apreciemos todos los aspectos de nuestra economía, la personal sin duda porque es determinante, pero también siendo más altruistas, con todos los aspectos de la economía humana, esa que abarca a toda la sociedad uruguaya, para que nadie nos pretenda sobresaltar con mayor o menor éxito con un variable técnica, importante sin duda, pero que no hace nuestra urgencia cotidiana, vital y familiar inmediata o que no pueda ser corregida con calma institucional. 

Con los años aprendí que el dramatismo político es una herramienta que debe ser dejada de lado y buscar en el debate de ideas argumentos y razones. El drama mejor dejarlo para actrices y actores, que por cierto tenemos muchos y muy buenos. 

Lo que Talvi y Lacalle no quieren admitir es que “Los jinetes del apocalipsis” ya llegaron a nuestra tierra y repercutieron con su galope con dos crisis financieras mundiales en el año 2008 y 2011 respectivamente y fue en esas situaciones cuando no había “viento de cola” y algunos clamaban recortes salariales y no aplicación de las pautas de los Consejos de Salarios. Fue ante el miedo que el gobierno del Frente Amplio no sólo no entró en pánico, si no que reparó especialmente en las ramas de actividades más afectadas y lo hizo atendiendo a empresarios y trabajadores por igual y no dejó de aplicar a la vez ninguna de las políticas sociales comprometidas.

Es que los fantasmas del déficit fiscal azuzan con sus sábanas y es verdad que los fantasmas existen… pero no necesariamente deben asustar. 

05
Sep
19

El retorno de los brujos Sobras de campaña…

EL MODELO MACRI ES, AUNQUE LO NIEGUEN, LA RUTA DEL OLIGARCA LUIS LACALLE POU Y DE TALVI: Después del resultado que colocó la fórmula presidencial de los Fernández como la que más se avizora para el próximo cambio de gobierno, Mauricio Macri colocó a los argentinos en alerta roja. Sobre ese punto en particular, Gabriel Delacoste escribía en su cuenta de Facebook: “Dijo Macri en su conferencia de prensa que ‘el mercado es un fenómeno distinto a la política local, que toma sus posiciones. El viernes lo habíamos visto tomar una posición muy a favor de la Argentina pensando que nosotros ganábamos la elección, y ahora perdimos. Entonces el mercado va a tener su posición’. Clarito. Macri nos explica que ‘los mercados’ dispararon el dólar para presionar al electorado para que revierta su posición en las Paso. Es una amenaza: voten lo que queremos o prendemos fuego su economía. ¿En qué sentido podemos hablar de democracia en una situación así? Si alguien está remotamente interesado en la democracia, su primera preocupación debería ser cómo desbaratar el régimen global que les da a ‘los mercados’ (es decir, a una diminuta cantidad de especuladores) este tipo de poder. Los ‘demócratas’ a los que no les importa esto, o incluso lo profundizan, son, en el mejor de los casos, liberales medio ingenuos; en el peor, autoritarios que prefieren que nos gobiernen los especuladores”.

Los esbozos de esa psicopatía comenzaron a diluirse –lo mejor sería decir que la maquillaron– en el discurso de Talvi y Lacalle Pou, quienes siempre vieron en Macri y su equipo económico socios y compañeros ideológicos de ruta. Ya el candidato del Partido Colorado tuvo que matizar sus elogios, aunque no el tono de victimización mesiánica y unas cuantas muletillas propias del presidente argentino (“ojalá gane el Frente Amplio y tengan que arreglar el lío que van a dejar ellos, porque, si no, tenemos que venir siempre nosotros a arreglar los entuertos”) que remiten a la “pesada herencia”. Ya la Convención del Partido Nacional, quizá previendo lo que iba a suceder del otro lado del río y la incidencia que podría tener sobre su electorado, decidió borrar de su programa único la expresión “shock”, aunque no la idea de austeridad y lo que esta significa: ajustes fiscales, cuyo salvajismo inmediato en el bolsillo de cualquier trabajador es de un nivel dios supremo.

Más allá del estrepitoso fracaso de Macri y la corrosión que Bolsonaro genera con cada decisión suya sobre el tejido socioeconómico de Brasil, la lucha entre democracia y mercado volvió al escenario recrudecida. Los ataques neoliberales contra la democracia y sus instituciones oficiales (parlamento, elecciones periódicas, etcétera) ya no se realizan de un modo tan discreto. El trasfondo de lo que plantean el Partido Nacional y el Partido Colorado (desregulación de los mercados financieros, flexibilización de las leyes de protección laboral, comercio abierto y reducción del Estado benefactor) es aspirar, más bien, a reducir la participación real de los ciudadanos en la constitución de la sociedad. En este paradigma, la democracia se caracteriza por la reinserción de las elites en puestos de decisión y por el hecho de que la política se “tecnifique” y sea llevada a cabo por un gremio de “expertos”. No sería exagerado verle cierto parentesco con el fascismo, ya que busca crear un Estado autoritario que se organiza desde la economía y desde arriba, por el mercado. Este requerimiento, el de eliminar o reducir el contenido de la democracia, se opone frontalmente a la tradición de la Ilustración, con sus ideales de libertad, igualdad y fraternidad. Estos ideales representan, en verdad, una sola idea: la del valor intrínseco de la persona. En su esfuerzo por limitar la democracia, el fascismo y el neoliberalismo muestran un rechazo radical al principio de igualdad entre las personas. Así que, para sostenerse como régimen y modelo, la pregunta que tanto el fascismo como el neoliberalismo deben responder es la siguiente: ¿cómo crear individuos inconscientes de sí mismos, de su propia voluntad y sus deseos? ¿Cómo lograr individuos que renuncien voluntariamente a su derecho a participar en la construcción del orden en el que viven?

El ciudadano fascista‑neoliberal se encuentra en un permanente estado de “éxtasis” cuando la configuración de este estado no le permite reflexionar sobre sí mismo ni sobre su rol en la sociedad en la que vive. Es un ciudadano enormemente conformista pero, sobre todo, absurdamente inconsciente. No sabe cómo funciona el flujo económico del que también forma parte y no entiende que sus actos tienen consecuencias en la situación de otras personas. Es un ciudadano que no parece entender que la criminalidad aumenta con las desigualdades socioeconómicas y tampoco que la riqueza de algunos es posible gracias a la miseria de otros.

De allí la entronización de su antipolítica, su rechazo al concepto de comunidad, la fascinación casi libidinal por la presencia de líderes que encarnan el vaciamiento de los lazos sociales.

De allí un Bolsonaro y un Macri a nivel regional.

De allí la presencia de Manini Ríos y el mesianismo mercadológico de Talvi y Lacalle Pou.




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