Archive for the 'Uncategorized' Category

25
Jun
17

la guerra de los seis días

A 50 años de la Guerra de los Seis Días

escribe: Julien Salingue / L´Anticapitaliste

El 5 de junio de 1967 por la mañana las fuerzas aéreas israelíes realizaban un ataque masivo contra la aviación egipcia que se encontraba en tierra: el 80 % de los aparatos egipcios quedan destruidos. Significaba el comienzo de la Guerra de los Seis Días, que acabará el 10 de junio con una victoria aplastante de Israel frente a las fuerzas armadas egipcias, jordanas, sirias, y los grupos armados palestinos. Al término de esta guerra presentada como “preventiva 1/, incluso “defensiva” por el Estado de Israel, este último ocupa el Sinaí egipcio, el Golán sirio, así como Jerusalén, Cisjordania y la banda de Gaza. Una guerra corta, pero que modificó, profunda y duraderamente, las coordenadas políticas y territoriales de la región.

Una victoria con efectos paradójicos

Con esta guerra, Israel persigue un doble objetivo: infligir una derrota al nacionalismo árabe y asentar su control sobre Palestina haciendo desaparecer toda reivindicación territorial de la población indígena. El primer objetivo fue alcanzado, puesto que el nacionalismo árabe no se recuperará jamás de esta derrota y perderá progresivamente su papel central en la región en beneficio de las monarquías petroleras, y a la cabeza de ellas, de la Arabia Saudita. Pero el segundo objetivo, al contrario de lo que dicen las apariencias, no fue cumplido mas que parcialmente, pues la conquista territorial de Cisjordania y Gaza no fue acompañada, al contrario de lo que se produjo en 1948-1949, de un aplastamiento total del nacionalismo palestino.

Paradójicamente, la Guerra de los Seis Días fue una de las causas de un renacimiento del movimiento nacional palestino. A dos niveles. A nivel regional en primer lugar, puesto que la derrota de los ejércitos árabes fortaleció a los jóvenes grupos armados palestinos, en particular a al Fatah de Yasser Arafat, que afirmaban que los Estados árabes no podían asumir la lucha por la liberación de Palestina y que correspondía a los palestinos hacerlo. La cuestión palestina estaba entonces en manos de los regímenes árabes, que habían creado en 1964 una Organización de Liberación de Palestina (OLP) sin ninguna autonomía, de la que los grupos armados palestinos tomarán el control en 1968-1969, etapa esencial de la “palestinización” de la lucha.

Directa o indirecta, la ocupación

A nivel local, es decir en Cisjordania y en Gaza, la ocupación de 1967 contribuirá a dinamizar al nacionalismo palestino, con el desarrollo, durante los años 1970 y 1980, de estructuras de resistencia (asociaciones, sindicatos, comités locales) que van a desplazar progresivamente el centro de gravedad de la lucha palestina que se organizaba, hasta entonces, en los campos de refugiados situados en los Estados limítrofes. Este incremento de la influencia del nacionalismo “del interior” culminará con el levantamiento de 1987, la Intifada, poderoso revelador de la violencia de la ocupación y de la incapacidad de Israel para pacificar de forma duradera a la población palestina de Cisjordania y de Gaza.

La Intifada contribuyó así a abrir una nueva era, la de la ocupación indirecta de una parte de los territorios palestinos, con la reorganización del dispositivo de la ocupación por medio de los Acuerdos de Oslo y del “proceso de paz”, por medio de los cuales Israel ha podido proseguir su empresa colonial pretendiendo a la vez inscribirse en la perspectiva de un “arreglo del conflicto”. Así, a pesar de la ilusión de la “autonomía” palestina, desgraciadamente mantenida por una parte de la dirección del movimiento nacional, la perspectiva de la satisfacción de los derechos nacionales de los palestinos no ha parecido nunca tan alejada, y la naturaleza colonial del conflicto permanece intacta.

¿Un nuevo apartheid?

Cincuenta años después de la guerra de 1967, Israel sigue ocupando Jerusalén, Gaza y Cisjordania, así como el Golán. Una ocupación militar acompañada de una ocupación civil, con un desarrollo de la colonización que no es, contrariamente a una leyenda sabiamente mantenida, solo cosa de “colonos extremistas”, sino una política de Estado, apoyada e impulsada por las autoridades. Si se cuentan hoy más de 600 000 colonos, es claramente porque los gobiernos israelíes, cualquiera que haya sido su color político, han considerado la colonización como una estrategia de conquista, mediante la política del hecho consumado, de los territorios ocupados en 1967.

Pero esta estrategia se enfrenta un obstáculo: la presencia de la población indígena, que se niega a irse. Mientras que en 1948-49 Israel expulsó al 80 % de la población palestina de los territorios ocupados entonces, la conquista de 1967 no permitió arreglar el “problema” demográfico. Así, en los territorios hoy controlados directamente o indirectamente por Israel, se encuentran dos poblaciones, una de las cuales está privada de derechos. Una situación manifiesta de apartheid que, si bien encuentra su fuente en las propias bases de Israel, conoció una aceleración decisiva con la guerra de 1967, cuyas recientes celebraciones, en Israel y otros países, son por ello más indecentes.

25
Jun
17

podredumbre social

El decálogo de la rancia ideología neoliberal

escribe: Hugo Acevedo

 

La extensa carta enviada al Presidente de la República Tabaré Vázquez por parte de la Confederación de Cámaras Empresariales, la cual aglutina a veintitrés grupos económicos que constituyen el sustento de la oligarquía económica uruguaya, es un auténtico decálogo de la más rancia ideología neoliberal.

En cierto sentido, también es una suerte de programa de gobierno, que competiría perfectamente con la propuesta regresiva de la derecha reaccionaria representada por los partidos tradicionales, el Partido Independiente y el Partido de la Gente.

Este manifiesto, que pretende ser un auténtico manual en materia de gestión, exhibe los rasgos más grotescos de un sistema concentrador con visibles síntomas de agotamiento tanto en su discurso cuanto en su mera praxis.

Si bien algunas de las recomendaciones pueden ser compartibles, en todas ellas subyace la intención de favorecer los intereses de la clase dominante de la sociedad uruguaya, que es la que detenta la mayor porción de la renta.

Obviamente, el gran capital vuelve a confundir gestión estatal con gestión privada -que en realidad son dos lógicas en permanente tensión y dicotomía- por la naturaleza misma de los roles.

Por supuesto, no es lo mismo administrar una empresa que gestionar el Estado, porque en el primer caso la actividad está inspirada en el mero lucro y la acumulación. En cambio un gobierno ungido por la voluntad ciudadana, debe atender y solventar las promesas electorales y las demandas colectivas, particularmente en lo que atañe a políticas sociales.

Partiendo de la premisa que la economía no es una ciencia exacta, se debe priorizar a la sociedad, más allá de los equilibrios macroeconómicos y de la fría contabilidad fiscal que emerge de la binaria relación entre ingresos y egresos.

Por supuesto, las cámaras empresariales reiteraron su demanda de rebaja del gasto público y de abatimiento del déficit de las cuentas estatales, sin reparar, como siempre, en los legítimos reclamos, expectativas y necesidades de la colectividad.

Obviamente, reclamaron suprimir el ingreso de nuevos funcionarios a la órbita pública, no advirtiendo que estos son necesarios para procesar una indispensable renovación generacional de una plantilla de empleados notoriamente envejecida.

Naturalmente, la creación de puestos de trabajo en dependencias estatales también compensa la falta de oportunidades de un sector privado que actualmente solo atiende a la reducción de costos y no a las reales necesidades del mercado laboral.

La plataforma empresarial no soslaya su reiterado reclamo de rebaja de la carga impositivo aunque nuestro sistema tributario siga siendo funcional al sector productivo, pese a los avances logrados en materia de equidad en la última década.

En ese contexto, lo más insólito es el explícito reconocimiento- sin ningún atisbo de rubor ni de autocrítica- que el capital “destruye sistemáticamente puestos de trabajo” y genera, consecuentemente, un aumento de la tasa de desempleo.

En un país donde aun hay 370.000 trabajadores que perciben salarios de hambre de $ 15.000 o de menos, no parece congruente que el empresariado se queje por los costos laborales.

Asimismo, es insostenible que clamen por una rebaja o la eliminación del aporte patronal al Banco de la Previsión Social, que es la mitad del aporte de los trabajadores cotizantes.

El documento reclama una regla fiscal para “limitar la discrecionalidad” en el manejo de las finanzas públicas, que coincide y no es casual, con la propuesta del líder y senador nacionalista Luis Lacalle Pou.

No en vano el Partido Nacional y en particular el ala más conservadora que es el herrerismo, siempre tuvo una fuerte sintonía ideológica con los propietarios de los medios de producción.

Corroborando que la oligarquía vernácula promueve un modelo de país funcional a sus intereses, las cámaras también demandan ajustes a la baja del precio de los combustibles, en particular del gasoil y de las tarifas energéticas.

Obviamente, esta inquietud no tiene ninguna relación con los intereses ni con el bolsillo de las clases populares, sino con la tan mentada competitividad cuya protección tanto han reclamado.

Un auténtico desiderátum en materia de injerencia en los asuntos de gobierno, es la impertinente referencia al sistema de seguridad social administrado por el BPS.

Sobre el particular, reclaman cortapisas a la mejora de las pasividades, siendo que el monto de estos debe ajustarse en función del mandato constitucional. Al respecto, el artículo 67 de la Carta Magna establece: “Los ajustes de las asignaciones de Jubilación y Pensión no podrán ser inferiores a la variación del Índice Medio de Salarios, y se efectuarán en las mismas oportunidades en que se establezcan ajustes o aumentos en las remuneraciones de los funcionarios de la Administración Central”.

¿Las cámaras empresariales pretenden que el gobierno viole la Constitución como sucedía en las administraciones de derecha que precedieron al Frente Amplio?

Al tiempo de hacer una clara opción por las AFAP, que están en el ojo de la tormenta por el conflicto con los denominados cincuentones, demandan el aumento de la edad de retiro.

Ambos petitorios son congruentes con la privatizadora reforma de la seguridad social de 1996, cuyo estrepitoso fracaso comenzó a percibirse dos décadas después de su instauración.

Para nada sorprende -por una razón de afinidad- que no se reclame la reforma de la Caja Militar, pese a que esta ocasiona un agujero negro al Estado de 480 millones de dólares anuales, que equivale a casi un punto de déficit fiscal que tanto se cuestiona.

Para plegarse a la plataforma política del bloque conservador, los empleadores critican los resultados educativos. En tal sentido, la cúpula empresarial eleva su tradicional bandera de que la enseñanza esté únicamente orientada al desarrollo de competencias y al servicio del mercado.

Más allá de la necesidad de mejorar la calidad de los aprendizajes en clave inclusiva, a esta elite no le conviene que los jóvenes se formen como ciudadanos, conozcan sus derechos y tengan una arraigada conciencia social, porque esa circunstancia haría peligrar los indebidos privilegios de las clases altas.

En síntesis, la carta enviada al Presidente es un auténtico y grotesco retrato de una oligarquía egoísta y descontextualizada, que persiste en su aspiración de seguir viviendo en el limbo.

Obviamente, la utopía de estos señores de rancia prosapia es un país con un Estado meramente decorativo que no regule ni cobre impuestos, sin aumentos de salarios ni de pasividades.

24
Jun
17

Rafael correa … ecuador

Hablar a la ciudadanía, no a los medios

escribe: Rafael Correa / El Telégrafo

La prensa mercantil perdió todo límite y escrúpulo, está cada vez más agresiva y existe menos balance en la información y opinión de los medios.

Uno de los principales problemas del mundo es la mala prensa, y, aunque es una cuestión planetaria, en Latinoamérica es mucho más grave por la mediocridad, mala fe, deshonestidad e impunidad de la que están prevalidos muchos periodistas y sus respectivos medios.

Creen que por ser negocios privados pueden “vender” información como vender churrascos, es decir, reemplazar el arroz por papas, añadir el aguacate, omitir la ensalada o darle tofú en lugar de carne a los vegetarianos. Después de estos cambios probablemente al churrasco lo podremos seguir llamando churrasco, pero la información ya no es información, es tan solo manipulación.

No entienden, no quieren entender, que la información no es una mercancía, es un derecho y la única forma de garantizarlo es que esa información sea absolutamente objetiva, oportuna y veraz, no susceptible de retoques, transformaciones u omisiones.

Pero incluso los juicios de valor -es decir, la “opinión”- deben ser fundamentados y rigurosos. No pueden tener un micrófono o un tintero tan solo para desfogar sus odios. No pueden repetir mil veces la misma mentira, buscando en la repetición la demostración de algo inexistente. Lo ideal sería que, especialmente cuando se trata de la honra de las personas, presentaran argumentos, es decir, razonamientos lógicos basados en pruebas, pero aquello ya es mucho pedir.

En Ecuador, esta mala prensa aún hace daño, pero ya no pone ni saca gobiernos como antes. Su poder y credibilidad han disminuido grandemente, gracias a diez años de desenmascarar sus falacias. Han tratado de desestabilizarnos, han calumniado, descaradamente se han involucrado en política, como en las últimas elecciones. Al ser derrotados quisieron crear un ambiente de fraude y hasta llegaron a proclamar al perdedor como presidente electo del Ecuador basados en una fraudulenta encuesta a boca de urna, obviando deliberadamente otra encuesta que decía exactamente lo contrario.

Publicaron las mentiras de una columna de chismografía de un diario amarillista de Panamá, involucrando al vicepresidente en casos de corrupción, pero jamás publicaron una coma de la extensa y precisa investigación del diario Página 12 de Argentina, que demostraba las 49 empresas off shore del candidato opositor, y cómo lucró con el feriado bancario por medio de la intermediaria financiera Andean Investment.

Nos han dicho todos los días -curiosamente en un país donde de acuerdo con ellos “no hay libertad de expresión”-, desde dictadores hasta criminales de lesa humanidad, bajo el pueril argumento de que por ser “personas públicas”, debemos soportar estas bazofias, obviando que la reputación es un derecho humano de toda persona.

¡Cómo distorsionaron todo, todo el tiempo, para boicotear la acción del Gobierno! Al dinero electrónico lo convirtieron en “moneda paralela”; al servicio de seguridad pública, en “guardia pretoriana”; a los impuestos a las bebidas azucaradas, en “zarpazo al pueblo ecuatoriano”; a un parque en la frontera en “muro contra la integración”. Son capaces de transformar a Víctor Jara en torturador y a Pinochet en filántropo humanista.

Pero resulta que todo ha sido un problema de “fluidez” en la información. Que nada de esto ha existido. Que tremenda lucha ha sido solo un problema de “temperamento”. Pareciera que por un supuesto diálogo los que ganamos las elecciones las hubiéramos perdido. Que la oposición era la que tenía la razón. Que en nombre de la unidad hay que volver a someter al país a los agonizantes poderes fácticos.

Se ordena informar a los medios, no a la ciudadanía, y les aseguro, después de una década de experiencia, que no es lo mismo. Grave error, gravísimo error.

¿Por qué las reformas a la Ley Orgánica de Comunicación -LOC- están en el “top” de la agenda política? No porque consta en el programa de Gobierno. No porque es la principal preocupación de la gente. Sencillamente, porque los medios imponen esa agenda. ¿Es eso democracia?

La prensa mercantil perdió todo límite y escrúpulo, está cada vez más agresiva y existe menos balance en la información y opinión de los medios. Podríamos también llamarle un “fraude moral” a ese periodismo parcializado en su rol de informar y servir a la sociedad.

Si alguna modificación habría que hacer a la LOC, es endurecer las sanciones y darle capacidad coactiva a la Supercom, para que se acaben tantos abusos de la mala prensa.

 

23
Jun
17

el dinero

¡Repudio al Dios Dinero!

 

Por: Víctor Corcoba Herrero

 

Aún no hemos aprendido a decir: ¡no al Dios dinero!, ese que nos mueve a su antojo y capricho. Lo hemos endiosado tanto, que forma parte de nosotros como la única razón de vida, hasta el punto de que todo tiene un precio en este mundo de capitales, incluido el propio ser humano.

Deberíamos haber aprendido que hay cosas que el peculio no puede comprar. No tiene sentido ese apego a algo que nos destruye, máxime cuando hacemos un uso desfigurado del mismo, pues en lugar de contribuir a progresar, nos retrotrae a tiempos pretéritos de inútiles batallas, de hermanos contra hermanos, de familias contra familias.

Pongamos como reflexión, el misterioso negocio de los mil artefactos, creciendo como jamás, mientras la ayuda destinada a la educación ha disminuido durante seis años consecutivos. En 2016 alcanzó sólo 12.000 millones de dólares, un 4% menos que en 2010, revela un estudio reciente de la Unesco.

Está visto que nos queda mucho por asimilar, ya que lo importante no es que los caminos se nos abran por nuestra riqueza, sino que hagamos el itinerario en función de nuestra entrega a los demás, y no en función de la fortuna.

Para desgracia de la humanidad, hace tiempo que el mundo ha dejado de educar a sus descendientes, a los que les hace aprender lenguajes diversos, pero no la verdadera expresión que nos humaniza, y que no es otra que el donarse. Ojalá que los sistemas educativos fuesen más corazón que ideas, más alma que contenidos, cuando menos para poder relacionarnos entre nosotros, más allá de las riquezas y la posición económica.

Es tan profundo el endiosamiento de las finanzas, que somos una generación perdida, totalmente enclaustrada por el poder del patrimonio, sin apenas libertad alguna. Toca despertar y dar culto a la poesía. El dinero nos corrompe, nos vicia y envicia hacia horizontes verdaderamente sanguinarios. Hemos caído en el timo del Dios dinero. Ahora toca reponerse y tomar empuje hacia otro modo de ver las cosas.

Para empezar, si en verdad queremos aprender a convivir en un mundo global, hay que despojarse de la codicia y ponernos todos en camino de ayudarnos, pues como ya en su tiempo decía el filósofo chino Confucio: “Donde hay educación no hay distinción de clases”.

En consecuencia, rechazo a los voceros que no hallan efectivo para educación, sanidad, u otros bienes y servicios básicos; y, sin embargo, lo encuentran para avivar contiendas, comercializar armas o invertir en las doctrinas del endiosado dinero.

De nada sirve que la economía global crezca, sino se redistribuye, definiendo metas, diseñando redes de protección social, para que cualquier iniciativa llevada a cabo, imprima un buen resultado. Téngase en cuenta, además, que por ese afán de voracidad de algunos ciudadanos; la tierra, la biodiversidad, los océanos, los bosques y otras formas de capital natural, se están agotando a un ritmo sin precedentes. Nos falta amor y nos sobran intereses.

Somos tan ingenuos que pensamos que el bolsillo, por sí solo, nos va a sacar de esta crisis de humanidad, obviando el amor que es, realmente, la verdadera fuerza del cambio. Sospechen, por tanto, de aquel que piensa que lo metálico puede hacerlo todo, cabe desconfiar de sus palabras, pues será capaz de hacer cualquier cosa por atesorar más dividendos para sí y los suyos.

Tras esta actitud egoísta, que suele rechazar toda ética-moral, difícilmente vamos a poder cooperar en la creación de una economía mundial más perdurable e inclusiva. Todo lo contrario, la igualdad de oportunidades varía de unos lugares a otros y, de igual modo, la distribución equitativa de la carga no pasa de ser un sueño imposible, ante los efectos destructivos de la corrupción.

Quizás para salir de este espíritu de podredumbre, tengamos que pasar de los esquemas trazados y reinventarnos otra manera de vivir más humilde, menos poderosa y más de servicio, porque los ilícitos explotan a los que no pueden defenderse y los esclavizan. La mística española Santa Teresa de Jesús (1515-1582), lo tenía claro: “No me vendo; es el único lujo de los pobres”.

Este es un buen y esplendoroso propósito. A pesar de ello, la trata de personas continua siendo uno de los negocios ilegales más lucrativos. Me gustaría que borrásemos de nuestro espacio este mercado de compraventa de vidas humanas, que lo único que hacen es acrecentar una cadena viciosa de inhumanidades, que nos lleva a la perdición total.

22
Jun
17

eeuu … por qué ganó trump

No se está entendiendo por qué ganó Trump

escribe: Vicenç Navarro
Catedrático de Ciencias Políticas y Sociales en la Universidad Pompeu Fabra, profesor en la Universidad Johns Hopkins de Baltimore. Columnista en el periódico Público de España

En la cobertura mediática del tsunami político que ocurre en EEUU se hace excesivo hincapié sobre la figura de Trump y su idiosincrasia y comportamiento atípico como presidente del país, sin analizar el contexto político que determinó tal elección, lo que hace que no se esté entendiendo por qué ocurrió tal tsunami. Atribuir este hecho –su elección como presidente- predominante a su figura es un error de primera magnitud, pues hay algo mucho más importante que Trump para comprender lo que está pasando en EEUU, y es entender por qué más de sesenta millones de personas votaron por él (casi el 50% de las personas que fueron a votar lo hicieron por él). Y lo que es incluso más importante es entender por qué la gran mayoría de la clase trabajadora blanca, que constituye la mayoría de la clase trabajadora estadounidense, lo votó. En realidad, la clase trabajadora blanca fue el centro de su base electoral. Este es el punto más importante que hay que entender. Sin comprender este hecho, habrá muchos Trumps como presidentes en las próximas décadas en EEUU.

¿Por qué la clase trabajadora votó a Trump?

En primer lugar, tenemos que hacer una aclaración, que es obvia, pero que parece desconocida, ignorada u ocultada en los grandes medios de información. En EEUU (como en todos los países de Europa) hay una clase trabajadora distinta a la clase media. En realidad, hay más estadounidenses que se definen como pertenecientes a la clase trabajadora que a la clase media. Los datos están ahí para aquellos que quieran verlos. Y lo mismo, por cierto, ocurre en la mayoría de países de la Unión Europea, incluyendo España.

Esta clase trabajadora en EEUU ha ido perdiendo capacidad adquisitiva en los últimos treinta años, desde los años ochenta, con la elección del presidente Reagan, que inició las políticas neoliberales que constituían un ataque frontal a la clase trabajadora. Las rentas del trabajo como porcentaje de las rentas totales del país han ido descendiendo, pasando de un 70% de todas las rentas a finales de los años setenta, a un 63% en el año 2012. El enorme endeudamiento de las familias estadounidenses (y el gran crecimiento del sistema crediticio financiero) se basa en este hecho. Este descenso de las rentas del trabajo creó un problema, al disminuir la demanda y el crecimiento económico (puesto que la mayor parte de la demanda procede del consumo originado por las rentas del trabajo). Por otra parte, el crecimiento del sector financiero (que, como acabo de decir, fue también consecuencia del descenso de las rentas del trabajo) y la escasa rentabilidad de las inversiones en el sector productivo de la economía (donde se producen los bienes y servicios) explican que crecieran las inversiones especulativas, creando las burbujas cuya explosión (sobre todo la inmobiliaria) creó la Gran Recesión, consecuencia del comportamiento especulativo del capital, facilitado por las políticas desreguladoras del capital financiero.

La desregulación del comercio y de la movilidad de capitales inversores que perjudicó a la clase trabajadora

Las políticas neoliberales, en su objetivo de incrementar la rentabilidad del capital, facilitaron la movilidad de las industrias manufactureras a países con salarios más bajos y con peores condiciones laborales. Ello causó una gran destrucción de puestos de trabajo bien pagados en el sector manufacturero de EEUU, ocupados en su mayoría por la clase trabajadora blanca. En realidad, bastaba que los dueños y gestores de las industrias manufactureras amenazaran a sus trabajadores con el traslado a otro país, para conseguir rebajas salariales y la aceptación de peores condiciones de trabajo. Es lógico, pues, que la clase trabajadora, afectada por tal movilidad de industrias a otros países con salarios mucho más bajos, odiara los tratados de libre comercio y a los gobiernos que los promovían. En realidad, los efectos de tal movilidad aparecen claramente en los barrios donde viven los trabajadores metalúrgicos en la ciudad de Baltimore (tales como Dundalk), uno de los centros industriales más importantes de EEUU. El traslado de los altos hornos del acero (Bethlehem Steel Corporation) a otro país creó un enorme deterioro en tales barrios. Estas políticas neoliberales han sido llevadas a cabo por todos los gobiernos federales, desde Reagan hasta Obama, siendo, por cierto, más acentuadas y promovidas por los presidentes demócratas Clinton y Obama, que por los republicanos.

Otra causa del enfado de la clase trabajadora: Las limitaciones de los programas sociales federales

El Estado del Bienestar en EEUU está muy poco desarrollado. Como resultado del enorme poder que los propietarios y gestores de las grandes corporaciones financieras, industriales y servicios tienen sobre el Estado federal (lo que en aquel país se llama la Corporate Class), los derechos sociales y laborales están muy poco desarrollados. No hay, por ejemplo, el derecho de acceso a los servicios sanitarios. En realidad, en EEUU hay más muertes debidas a falta de atención médica que a la enfermedad del SIDA. Un indicador de la crudeza e insuficiencia del sistema sanitario estadounidense es que el 44% de las personas que se están muriendo (es decir, que tienen enfermedades terminales) indican que están preocupadas por cómo ellas o sus familiares podrán pagar sus facturas médicas. No hay plena consciencia en Europa de que EEUU es el capitalismo sin guantes.

No existe en EEUU la universalidad de derechos, es decir, que una persona, por ser ciudadana o residente, tenga un derecho en concreto. La provisión de servicios sanitarios, por ejemplo, depende de la renta de una persona, siendo los programas sanitarios del gobierno federal (como Medicaid) de tipo asistencial, es decir, de ayuda a los pobres, que, erróneamente, se cree que son los negros (en realidad, la gran mayoría de pobres en EEUU son blancos, aunque los negros son los más pobres entre los pobres). Pero en el imaginario popular, entre la clase trabajadora blanca, se considera que son los negros los que se benefician más de estos programas federales, cuyos gastos se cubren primordialmente con los impuestos que pagan las clases populares. De esta percepción (errónea) se crea el antagonismo de la clase trabajadora blanca (que no se beneficia de estas políticas federales asistenciales) hacia el gobierno federal, por pagar, con sus impuestos, la asistencia sanitaria a los pobres (que consideran que son los negros). De ahí la elevada impopularidad entre la clase trabajadora blanca de los programas antipobreza federales (que Trump quiere disminuir radicalmente).

¿Qué ha estado haciendo el partido supuestamente de izquierdas, el Partido Demócrata?: Las limitaciones de las políticas de identidad antidiscriminatorias

Uno de los atractivos del modelo americano ha sido la posibilidad de ascender en la escala social. La movilidad vertical era la base del sueño americano (The American Dream). Esta percepción daba pie a relativizar la clase social en la que un ciudadano nacía, puesto que se asumía que podría ascender a las otras clases sociales, incluyendo la que se llamaba la clase alta.

Se reconocía, sin embargo, que tal movilidad social estaba perjudicada por la discriminación que las minorías (como las afroamericanas) y las mujeres sufrían. De ahí que, a partir de la legislación de derechos civiles, iniciada por el presidente Johnson (en respuesta al movimiento liderado por Martin Luther King en defensa de los derechos civiles), el gobierno federal estableciera las políticas antidiscriminatorias, como el punto central de sus políticas sociales, que tenían como objetivo facilitar la integración de los sectores discriminados dentro de la movilidad vertical, favoreciendo a minorías y mujeres, aumentando con ello su número en las estructuras de poder político y mediático. La elección de un afroamericano, Barak Obama, como presidente, culminó este proceso entre los negros, y el intento de la candidata Clinton hubiera tenido el mismo significado para las mujeres.

Ahora bien, la mayor discriminación que existe en EEUU es la discriminación por clase social. La mortalidad diferencial por clase social es mucho mayor, por ejemplo, que la mortalidad diferencial por raza o género. Es más, la mortalidad diferencial por raza tiene poco que ver con la raza, sino con racismo. La discriminación racial pone a la mayoría de negros en la clase trabajadora no cualificada y peor pagada. Tal discriminación de clase relativiza el sueño americano, pues la movilidad social, que permite el paso de la clase trabajadora a las clases más pudientes, ha sido siempre –en contra del mito del sueño americano- muy limitada y menor, por cierto, que en países como los escandinavos, donde los instrumentos de la clase trabajadora (como los partidos de izquierdas y los sindicatos) han sido más poderosos.

La falta de sensibilidad hacia la discriminación de clase explica que la clase trabajadora blanca tenga poca simpatía por los programas antidiscriminatorios, los cuales no la benefician directamente. En realidad, el aumento de negros y mujeres en las estructuras de poder ha tenido muy escaso impacto en la mayoría de negros y mujeres que pertenecen a la clase trabajadora. El estándar de vida de la clase trabajadora negra no aumentó durante el gobierno Obama. Y lo mismo hubiera ocurrido con las mujeres si hubiera ganado las elecciones la Sra. Clinton. Su insensibilidad hacia la discriminación de clase y la necesidad de incorporar la variable de clase en sus políticas (llegando incluso a insultar a la gente trabajadora seguidora de Trump) explica que la mayoría de mujeres de clase trabajadora no votaran por ella, sino a Trump.

Las únicas voces dirigidas a la clase trabajadora: Sanders y Trump

Las únicas voces que hablaron a y de la clase trabajadora fueron el candidato demócrata Bernie Sanders y el candidato republicano Donald Trump. El primero, un senador socialista conocido por su integridad y continua defensa del mundo del trabajo, criticó las políticas neoliberales que habían afectado muy negativamente el nivel de vida de la clase trabajadora, denunciando los tratados de libre comercio que habían promovido los gobiernos demócratas de Clinton y de Obama, siendo una de sus máximos defensores la Sra. Hillary Clinton, primero como esposa del presidente Clinton, y más tarde como Secretaria de Estado (cargo semejante al de Ministro de Asuntos Exteriores). Criticó también las reformas laborales realizadas por los sucesivos gobiernos, las cuales descentralizaron los ya muy descentralizados convenios colectivos, debilitando a los sindicatos. Su grito de batalla electoral era que EEUU necesitaba una revolución política, rompiendo con el maridaje del poder económico y financiero con el poder político, maridaje que es favorecido por la financiación privada del proceso electoral, mediante la cual los lobbies financieros y económicos financian a los candidatos sin ningún freno en la cantidad de dinero que estos candidatos puedan recibir, para, entre otras cosas, comprar espacio televisivo, que está completamente desregulado, disponible para el mayor comprador. Sanders propuso la financiación pública del proceso electoral, reduciendo o incluso eliminando la financiación privada derivada de los lobbies financieros, económicos y profesionales. Ganó en 22 de los 50 Estados durante las primarias del Partido Demócrata, siendo el más popular entre la gente joven y la trabajadora. Las encuestas mostraban que hubiera ganado las elecciones a Trump.

Pero el aparato del Partido Demócrata, claramente controlado por los Clinton y los Obama, se movilizó para destruirlo, siendo el adversario principal del partido. La victoria de Hillary Clinton sobre Sanders aumentó la abstención de un porcentaje muy elevado de los jóvenes, y causó un flujo de votantes antiestablishment hacia Trump. Las clases populares querían primordialmente mostrar su gran rechazo al establishment político-mediático centrado en Washington, la sede del gobierno federal.

La derrota de Sanders promovida por el Partido Demócrata facilitó la victoria de Trump

La derrota de Bernie Sanders facilitó la victoria de Trump. Pero la mayor causa de su éxito fue la movilización del movimiento libertario, dirigido por el Tea Party, que había ido infiltrando y controlando las bases del Partido Republicano, en su lucha contra el establishment político de Washington, incluyendo el establishment republicano. Este movimiento, claramente financiado por intereses financieros de carácter especulativo (como los hermanos Koch), tenía como su objetivo central eliminar la presencia del Estado federal en la escasamente regulada actividad financiera, como por ejemplo en los sectores inmobiliarios, los sectores de casinos y juego, y la actividad especulativa de la banca. Estos sectores se aliaron con la clase trabajadora blanca que, por las razones indicadas anteriormente, se oponía al Estado federal. Fue esta alianza la que constituyó la base del movimiento libertario, un movimiento de ultraderecha que sembró el campo para el éxito de la candidatura de Trump. Este diseñó su campaña con un programa para anular los tratados de libre comercio y favorecer las rentas del capital, bajando espectacularmente los impuestos de sociedades de un 35% a un 15% y eliminando los programas antipobreza y los programas antidiscriminatorios con una narrativa racista y machista. El suyo es un programa libertario como máxima expresión del neoliberalismo, intentando eliminar la influencia del sector público y de las intervenciones públicas mediante la privatización de los programas públicos.

¿Es Trump un fascista?

Trump tiene características de la ideología fascista, tales como un nacionalismo extremo basado en un sentido de superioridad de raza y de género (un machismo muy acentuado), con un canto a la fuerza y a la intervención militar, con una concepción no solo autoritaria, sino también totalitaria del poder, deseoso de controlar los mayores medios de información y reproducción de valores (desde la prensa y la televisión, hasta al mundo universitario), profundamente antidemocrático, presentándose como el salvador de las víctimas del sistema político corrupto.

Ahora bien, también hay que subrayar las características que le diferencian del fascismo. Una es que Trump no creó un movimiento y partido, sino que fue al revés: el movimiento popular antiestablishment creó a Trump. La segunda característica que le aleja del fascismo es que está en contra del Estado (a la vez que lo instrumentaliza para optimizar sus intereses particulares y los intereses del mundo del capital), siendo su postura un libertarismo neoliberal extremo. En realidad, es la expresión máxima del neoliberalismo. Definir a tal movimiento como populista es no entender los EEUU. En realidad, han existido partidos semejantes al Tea Party que tuvieron características parecidas al actual. Nada menos que Henry Wallace, el vicepresidente progresista del presidente Roosevelt, alertó de la posibilidad que surgiera un fascismo americano, con características propias, que en defensa del ciudadano común se convertiría en el máximo exponente de los intereses del mundo del capital, el cual es siempre proclive a movimientos autoritarios y totalitarios, intentando establecer un orden altamente represivo que impida el surgimiento de movimientos que amenacen las estructuras de poder. Trump es un ejemplo de ello.

El término populismo, utilizado por el establishment político mediático para definir cualquier movimiento contestatario, tiene escasísima capacidad analítica para entender lo que está pasando en EEUU (y en Europa). En EEUU es un movimiento libertario extremo con características totalitarias semejantes (pero no idénticas) al fascismo que votó unánimemente contra el establishment político-mediático -el Partido Demócrata-, representado por Hillary Clinton apoyando en su lugar a Trump que, astutamente utilizó una narrativa antiestablishment, presentándose como la alternativa a tal rechazado establishment. Definir este fenómeno como populismo tiene poco valor explicativo. Es lógico que el establishment político-mediático lo defina como tal, pues es la manera de caricaturizarle, dificultando su comprensión, pero no tiene ningún valor ni científico ni explicativo, pues dificulta la comprensión del fenómeno que se analiza.

¿Qué pasará en EEUU?

En realidad, la evidencia apunta a que el establishment político-mediático estadounidense tampoco entiende lo que está pasando en aquel país. Su obsesión con la figura de Donald Trump, sin analizar y actuar sobre las causas de que casi la mitad del electorado le votase, es un indicador de ello. Y la respuesta del Partido Demócrata a este hecho es dramáticamente insuficiente: sus propuestas son continuadoras de las que propusieron las últimas administraciones de tal partido (Clinton y Obama), sin que haya incurrido en la más mínima autocrítica. Asumen que la falta de popularidad del presidente Trump forzará un cambio, incluyendo su posible impeachment, ignorando que lo que determina la victoria de un candidato no es su popularidad en el país, sino el nivel de apoyo que consigue entre el electorado que lo vota en relación con otras alternativas. Y lo que está predeciblemente ocurriendo es que mientras la popularidad general del presidente Trump está descendiendo (nunca fue muy popular), la que tiene entre sus votantes es extraordinariamente alta. Vemos que, en contraste con lo que ocurre en el Partido Demócrata, la lealtad del votante a Trump es elevadísima. Es visto, por parte de las bases electorales, como el antipolítico, sujeto a una gran hostilidad por parte de los mayores medios de información, a los cuales sus votantes detestan.

Referente a las posibilidades de ser expulsado de su cargo (impeachment), estas son pequeñas, pues ello dependería de una acción del Congreso, hoy controlado por el Partido Republicano, donde el movimiento libertario de ultraderecha tiene un enorme poder. En ausencia de un cambio improbable en el Partido Demócrata, las próximas elecciones al Congreso verán un enorme aumento de la abstención (ya siempre muy elevada) que permitiría mantener el Congreso y el Senado en manos del Partido Republicano. Solo en caso de que este perdiera el control del Congreso podría ocurrir el impeachment. De ahí que lo que ocurra va a depender no solo de lo que suceda en la administración Trump, sino también de lo que pase en el Partido Demócrata que pueda movilizar el voto abstencionista. El sistema electoral estadounidense imposibilita la aparición de un nuevo partido. De ahí que la crisis del bipartidismo que hemos visto en Europa no se dará en EEUU.

El panorama futuro de EEUU es más que preocupante. Pero no hay que olvidar que la enorme crisis política que tiene el país ha sido causada por la políticas neoliberales realizadas desde los años ochenta, iniciadas por el presidente Reagan y continuadas por todos los demás, Bush senior, Clinton, Bush junior y Obama. No hay que olvidar que el enorme desencanto creado por el presidente Obama favoreció la victoria de Trump. El “Yes, we can!” (¡Sí, nosotros podemos!) quedó en un eslogan que no se materializó en la medida en que las expectativas que había generado no se cumplieron, destacando su complicidad con los grandes poderes financieros (centrados en Wall Street), los cuales frenaron significativamente su vocación transformadora.

En realidad, ha ocurrido en EEUU lo que también se ha dado en Europa. La aplicación de las políticas neoliberales ha creado esta enorme crisis y un rechazo (al cual también se le define erróneamente como populismo) que está predominantemente centrado en las clases populares y que, debido a la adaptación de las izquierdas tradicionales al neoliberalismo, ha sido canalizado por partidos de ultraderecha, con características semejantes al fascismo. Las políticas neoliberales de Trump continuarán imponiéndose, paradójicamente envueltas en una narrativa “obrerista” y “proteccionista” que entra en claro conflicto con las políticas de la administración Trump, que son profundamente hostiles hacia el mundo del trabajo a costa de un tratamiento claramente preferencial hacia el mundo del capital. Y con unas políticas comerciales que continuarán la dinámica de la globalización neoliberal, realizada no a base de tratados de libre comercio que incluyen varios países, sino a través de tratados bilaterales que permitan a EEUU tener mayor control de los términos de tales tratados. Trump representa así la máxima expresión del neoliberalismo. De ahí su enorme capacidad de dañar el bienestar de las clases populares del mundo, incluyendo las clases populares de EEUU, las primeras víctimas del capitalismo sin guantes, con una concepción darwiniana caracterizada por su enorme insensibilidad social y carente de solidaridad, con un canto a la acumulación de capital sin freno, sin límites en su comportamiento para así alcanzarlo. Lo que está ocurriendo muestra que, como bien indicó Rosa Luxemburg, las alternativas entre las que la humanidad debería escoger serían el barbarismo (al cual la evolución del capitalismo podría llevar) o el socialismo. El neoliberalismo y su máxima expresión nos están llevando claramente a la primera de esas alternativas. Así de claro.

21
Jun
17

Colombia … piedad córdoba

COLOMBIA

Piedad Córdoba: “Voy a ser candidata y seré Presidenta de Colombia en 2018”

A casi siete años de haber sido destituida como senadora de la República por supuesta “colaboración con las FARC”, Piedad Córdoba regresa a la política y anuncia que será candidata y que quiere ser presidenta de Colombia.

La ex senadora colombiana Piedad Córdoba anunció este martes que se postulará como candidata a las elecciones presidenciales de 2018 con una “propuesta ciudadana” alejada “de las cúpulas”.

“Voy a ser candidata y seré presidenta en 2018”, escribió en su cuenta de Twitter.

Córdoba regresará a la política después de haber sido inhabilitada para ejercer cargos públicos en 2010, tras haber sido acusada de colaborar con la guerrilla de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, una decisión que finalmente fue anulada en agosto del año pasado.

En una entrevista con el diario El Tiempo donde confirmó su candidatura fue consultada sobre cómo será su regreso a la política y aclaró: “nunca me fui de la política. A pesar de todas las adversidades que me tocó afrontar: la inhabilidad ilegítima e ilegal que tuvieron que revocar, el secuestro, el exilio, las amenazas a mí y a mi familia, siempre estuve haciendo política junto a los colombianos, quienes siempre me vieron a su lado en mis recorridos por el país”.

Y agregó “de lo que sí estuve siempre alejada fue de esos políticos que gobiernan a espaldas de la gente e incluso contra ella”.

Córdoba señala que desde su punto de vista la mayoría de los colombianos ya no se sienten representados “por esa vieja política que ni le habla de sus problemas ni los resuelve. A los colombianos les preocupa su empleo, el salario que no llega a final de mes, la falta de oportunidades para sus hijos a pesar de su capacitación, las largas horas que tienen que pasar en sistemas de transporte ineficaces para llegar a sus lugares de trabajo o centros de estudio… Eso es lo que verdaderamente les importa”, aseguró.

A su vez adelantó que iniciará un proceso de recolección de firmas por todo el país para presentar su candidatura bajo la modalidad de grupo significativo de ciudadanos. “Cientos de voluntarios en todos los rincones de Colombia ya están dispuestos para iniciar este proceso”, aseguró.

Coalición con las FARC

Consultada sobre si piensa ser candidata del partido que formarán las FARC, dijo: “no tengo la menor idea sobre las decisiones que vayan a tomar las Farc en el congreso de la conformación de su partido y de este me imagino que va a surgir o su apoyo a algún candidato o su propio candidato, por esta razón, en estos momentos con ciudadanos de varias partes del país estoy concentrada en construir una propuesta ciudadana con la gente que entiende que sus problemas reales no han sido resueltos y quiere propuestas claras para encontrar soluciones, y que son la mayoría de los colombianos. Hay una Colombia real que no es representada por la clase política en la Colombia oficial. Estamos buscando un horizonte, una perspectiva de solución para que vivamos mejor, poniendo el foco en la realidad de todos”, explicó.

Mientras que si sobre se vería en una coalición con las FARC, respondió “se presento con un proyecto de base, de la gente, de los colombianos de a pie, a través del mecanismo de recolección de firmas. Este es mi objetivo y a él me voy a dedicar en cuerpo y alma. Todo lo demás es política ficción”.

20
Jun
17

intelectual y revolucionario

Un intelectual revolucionario

escribe: Emir Sader

Sociólogo y filósofo brasileño, director del Laboratorio de Políticas Públicas (LPP) de la Universidad del Estado de Rio de Janeiro. Master en filosofia política y doctor en Ciencia política.

Fernando Martínez Heredia, muerto esta semana en La Habana, fue el intelectual más importante de la Revolución Cubana. Su trayectoria, su obra, su actuación en Cuba y en toda América latina, han hecho de él y de sus ideas, una presencia insustituible en la lucha de ideas.

Fernando dirigió la revista Pensamiento Critico, la más importante del continente en los años 1960, que hacía llegar a Cuba y a muchísimos países de América Latina lo más nuevo y relevante que producía la nueva izquierda mundial. Se mezclaban textos del Che, discursos de Fidel, con artículos de Ernst Mandel, de Althusser, de líderes de la izquierda latinoamericana, junto a la reediccion de textos clásicos del marxismo.

Mas adelante Fernando fue un activo participante del Centro de Estudios de América (CEA), que reagrupó lo mejor y lo más importante de la intelectualidad cubana, publicando textos determinantes para entender la realidad cubana y de todo el continente.

En el momento de su muerte, trato de rescatar su trayectoria personal, su formación política, para que se tenga una idea de cómo se formaba la intelectualidad cubana en los comienzos de la Revolución. Siempre uno llegaba a La Habana y buscaba a Fernando para enterarse de cómo andaba la isla, a qué se dedicaba él, cuáles eran sus grandes preocupaciones. Y puedo decir que siempre, a lo largo de tantas décadas transcurridas desde el comienzo de la Revolución, hemos coincidido siempre en nuestras visiones políticas y preocupaciones teóricas.

En uno de esos viajes le hice una larga entrevista para la revista Crítica y Emancipación (año 9, numero 5) que yo fundé y dirigí en sus primeros años, cuando dirigía Clacso. Así él se refería a sus orígenes: “Nací en el pueblo de Yaguajay, en la antigua provincia de Las Villas. Mi padre pedía limosna en la calle cuando era niño y no fue nunca a una escuela. Mi madre hizo solo el primer año de primaria y de ahí pasó a ser una niña obrera en la industria del tabaco. Eramos seis hermanos pero solo cuatro llegamos a adultos. Yo nací en 1939. Estudié siempre en escuelas públicas. Comencé a leer cosas politizadas en Bohemia, la revista semanal cubana más famosa, de extraordinaria calidad. Tiraba más de 300 mil ejemplares. Enviaba 700 ejemplares a Buenos Aires por avión”.

“En Santa Clara participé en las protestas estudiantiles. Por primera vez oí hablar de Fidel. Asaltaron al cuartel Moncada el 26 de julio de 1953 y ello me causó un impacto decisivo. Yo tenía entonces 14 anos y mi mamá me había llevado a ver unos familiares a un poblado. Al salir vimos el cuartel con todos los soldados en guardia. Preguntamos a alguien, que nos dijo que habían peleado en Santiago de Cuba y que el ejército estaba movilizado. Al día siguiente el dictador habló al país, lo escuché y pensé que había dicho muchas mentiras, y que los asaltantes al Monada eran unos héroes revolucionarios. Para hacer algo comencé a anotar en una libreta los pocos nombres de los muertos que iban apareciendo, para evitar que cayeran en el olvido”.

Cómo viviste el primero de enero del 1959, le pregunté: “Yo estaba en Santa Clara, se estaba combatiendo ahí desde el 28 de diciembre. Es la famosa batalla que dirigió el Che. Recuerdo al Che con un brazo fracturado, con una seguridad absoluta en sí mismo, caminando por una vía principal, la calle Independencia, ancha y recta. El ejército trataba de avanzar como a 700 metros, venía con 2 tanques; sus disparos eran lejanos, pero en línea recta el fusil es efectivo a esa distancia y más. El Che se detuvo delante de una vidriera destrozada del Ten Acentos, y llegó bajo el fuego hasta la esquina siguiente, donde había cinco o seos rebeldes. Yo estaba a unos 50 metros, con bastante miedo, pegado a la acera. Ahora pienso que actuaba así para darles confianza a los que veían, porque los cañones de tanques en una ciudad hacen un ruido espantoso”.

Así Fernando tuvo las primeras noticias y los primeros contactos con Fidel y con el Che, así empezó a integrarse a la Revolución en su país. La primera lectura de marxismo que le dieron fue el Manual de Economía Política, de la Academia de Ciencias de la URSAS. Y reaccionó rápido: “Si esto es el marxismo, yo no sigo, esto es insoportable”. Felizmente para el marxismo cubano pocos meses después le dieron El Estado y la Revolución, de Lenin, cuya lectura le encantó. Pero su “maestra principal del marxismo era la Revolución”. “Yo absorbía todo lo que Fidel decía”.

En la entrevista Fernando relata cómo nació la idea de la revista Pensamiento Crítico, cómo surgió su primer número a fines de 1966, sobre las luchas armadas en América latina. A partir de ahí Fernando Martínez Heredia se proyectó como un líder de vanguardia del pensamiento crítico cubano y latinoamericano. En los últimos años se dedicó a un balance de la historia cubana del siglo XX, retomando temas como la cuestión nacional, su articulación con la lucha por el socialismo, así como un balance del pensamiento y de la vida de Fidel, su última obra.




junio 2017
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