Archivo para 25 diciembre 2019

25
Dic
19

Solo 2 personas fueron re-electos (sin excluidos ni proscriptos) en la historia política del Uruguay; el “viejo” Batlle y Tabaré: éste ya entro por la puerta grande de la historia del Uruguay …

escribe: Enrique Ortega Salinas

La consultora Ipsos acaba de publicar el informe «Percepciones de líderes de opinión hacia presidentes latinoamericanos», una encuesta internacional con público calificado para determinar el índice de aprobación de cada presidente. Quien tiene mayor porcentaje de aprobación es, por lejos, Tabaré Vázquez, el mismo cuyo ministro de Economía ha sido reconocido por Global Markets como el mejor de Latinoamérica.

El dos veces presidente se irá en breve, pero Uruguay quedará marcado para siempre por su gestión, tal como ocurrió con las dos presidencias de José Batlle y Ordóñez en 1903 y 1911. En primer lugar, Tabaré deja un país sin un solo niño o niña viviendo en la calle.

Cuando pasen veinte o treinta años, lo recordaremos por varias cosas, pero quizá estén en primer lugar el Plan Ceibal, su honestidad, su excesivo celo republicano y su lucha contra la plaga del tabaquismo. Tras triunfar en la Guerra del Humo, los infartos de miocardio descendieron abruptamente (450 menos por año) en Uruguay. Como consecuencia, tuvo que derrotar a una multinacional de la muerte llamada Phillip Morris nada menos que en la patria del capitalismo mundial y, según los últimos reportes médicos, también estaría derrotando al cáncer que se descubrió en sus pulmones, cual trágica paradoja.

Tras recibirlo en su primera presidencia casi fundido, Tabaré le entregará a Luis Lacalle Pou un banco República con un récord patrimonial de 1.900 millones de dólares y 400.000 nuevos clientes, siendo una de las instituciones bancarias más sólidas y confiables no ya de América, sino del mundo.

Las empresas ganaderas (las mismas que se quejaban del gobierno antes de las elecciones en las que ganó la derecha) han confesado que en 2019 tuvieron un ingreso de capital por hectárea 34% superior al promedio de los últimos 10 ejercicios.

Tabaré deja un país con el Salario Mínimo Nacional y el ingreso per cápita más altos de América Latina y el Caribe. Recibió un Uruguay con 40% de pobreza y 5% de indigencia; lo entrega con 8,01 y 0,1%, respectivamente. El desempleo, aunque se discuten los guarismos, rondaba el 17%. Lo deja con 8,8% y en descenso, debido a emprendimientos como UPM que recién comienzan a activarse. Junto con Pepe Mujica, modernizaron al Uruguay. No solo somos el país con mayor velocidad de conexión a internet en América Latina, sino que también tenemos servicios públicos de gran calidad, lo cual es tenido muy en cuenta por los inversores internacionales. Esa es una de las razones que explican por qué empresas como Google y UPM optan por Uruguay y no por otros países, aun cuando algunos tengan menor presión tributaria, mayor flexibilidad laboral y exigencias con el medio ambiente menos rigurosas. La estabilidad política, jurídica y económica pone a nuestro país muy por encima de otras opciones para tales capitales.

Tabaré deja un país líder en democracia plena, según el informe anual sobre el Estado Global de la Democracia, presentado en Estocolmo el 4 de diciembre, el cual detalla que Uruguay se destaca por su solidez institucional, la fortaleza del sistema político y los altos niveles de ejercicio de la soberanía de modo directo.

Su excesivo respeto por las normas republicanas, a veces, bordeaba lo insoportable. Siempre tuvo cierto pudor de usar más seguido la Cadena Nacional de Radio y Televisión para dar a conocer los logros de su gobierno, pese a que muchos frenteamplistas se lo reclamamos con insistencia. En la misma línea, mientras el Frente Amplio decidía tardar en reconocer la derrota tras el balotaje, Tabaré llamó a Luis para felicitarlo y dio directivas para realizar una transición ejemplar. Mientras que otros gobiernos, antes de entregar el poder, aplicaban la estrategia de «tierra arrasada», él lo entrega con un país en condiciones envidiables.

Grandeza y sencillez

A veces, las grandes cosas pueden quedar plasmadas en una imagen muy simple. Su nivel como estadista y demócrata puede medirse por un pequeño detalle, cuando no solo lleva a Luis Lacalle Pou con él a la asunción de Alberto Fernández, sino que en dos ocasiones se detiene para invitarlo a que camine a su lado y no detrás. Lacalle Pou (en una actitud que también lo enaltece a él) caminaba un par de pasos detrás del actual presidente. También integraban la comitiva el Pepe y Lucía, todos recibiendo aplausos a su paso y siendo difícil, por fortuna para nuestra república, saber a quién iban dirigidos la mayoría. Uruguay es, sin dudas, un faro para el mundo.

Me queda un tema no menor y del cual no todos los presidentes que hemos tenido pueden hacer gala: ni él ni Mujica se llevaron un pinche peso a sus bolsillos de manera ilegal. Ambos renunciaron al oropel e hicieron de la austeridad un emblema. No austeridad para recortar la inversión social, sino para recortar el despilfarro con que los gobernantes suelen castigar a sus pueblos solo para beneficiarse de honras y lujos desmedidos. No usaron las mansiones que les brindaba el poder ni las oportunidades que ese poder también les ofrecía de tener millonarias cuentas secretas en paraísos fiscales a cambio de favores al suprapoder.

Sin padrinos ni abolengo

Quien hizo todo esto no nació en cuna de oro, sino en un humilde rancho con techo de lata y dos piezas en La Teja, el 17 de enero de 1940, y se ganó con esfuerzo cada cosa. Su familia pertenecía a la oleada de inmigrantes que llegó al paisito en 1920 y por sus venas corren sangre tanto vasca como francesa. Su abuelo tenía un almacén de ramos generales y su padre trabajó en los mataderos y luego en Ancap, ascendiendo a administrativo. El sindicalista Héctor Vázquez y Elena Rosas criaron en aquel barrio a cinco hijos, quienes fueron, obviamente, a la escuela pública.

En 1951, Héctor participó de una huelga obrera tras la cual debió pasar a la clandestinidad y luego a la cárcel. Años después, Tabaré debió abandonar la secundaria debido a los apremios económicos, pero tras mucho sacrificio y varios trabajos, retomó los estudios y en 1969 (mientras el primer hombre ponía un pie en la Luna) obtuvo su título de médico ya estando casado desde hacía cinco años y con hijos. Con María Auxiliadora tuvo dos hijos (Álvaro y Javier) y, además, adoptaron a Fabián. Durante un tiempo, en el tramo final de la carrera de Tabaré, fue su compañera quien mantenía el hogar como empleada de la Caja de Profesionales Universitarios.

Solo la muerte de María, el 31 de julio de 2019, logró separarlos. Fue la única vez que vimos a Tabaré con la cara cortada por la angustia, cosa que no le ocurrió ni siquiera cuando poco después le descubrieron a él un tumor cancerígeno en el pulmón y comunicó a la ciudadanía de inmediato la situación, sin perder jamás el optimismo y consciente de que debía obrar como estadista y ejemplo para otras personas que estaban en la misma situación.

Tabaré no tuvo en su juventud militancia política activa, pero sí social y demostrando su preocupación por los más débiles. Miles de personas fueron atendidas por aquel médico sin tener que pagar un solo peso. Especializado en Oncología, llegó a tener su propia clínica privada.

Su otra pasión era el fútbol: fue cofundador del club El Arbolito y, posteriormente, presidente de Progreso, cuando dicho club pasó de la segunda a la primera división y a la Copa América, siendo propuesto en dos ocasiones para presidir la Asociación Uruguaya de Fútbol y siendo vetado (cuentan las malas lenguas) por un tal Julio María Sanguinetti.

En 1989, Tabaré se metió de lleno en la campaña para derogar la Ley de Caducidad de la Pretensión Punitiva del Estado. Esa batalla se perdió, lo que, sumado a la fractura del Frente Amplio con el alejamiento de los demócratas cristianos y el PGP, convertía en una mala idea aceptar ser candidato a intendente de Montevideo; pero Tabaré aceptó y ganó. De intendente pasó a disputar la presidencia de la República en 1994 y 1999, logrando el objetivo en 2004 y pasando cinco años después la banda presidencial a José Mujica para retomarla en 2015. Con ambos frenteamplistas en la Presidencia, Uruguay tuvo 15 años de crecimiento ininterrumpido de su economía y pasó a liderar, junto con Chile, el ranking de mayor transparencia y menor corrupción de América Latina y el Caribe.

El outsider traía un estilo de oratoria diferente, novedoso, calmo, sereno… Ese estilo destrozó las barreras electorales de la izquierda y logró enamorar a gente que jamás habría llegado a votar al Frente Amplio.

Tabaré se va. Cuando salga por última vez de la casa de gobierno, tendrían que estar aplaudiéndolo no solo los frenteamplistas, sino también simpatizantes de otros partidos. Vayamos a esperarlo y alfombremos su trayecto con miles de banderas y flores de todos los colores.

Disculpen si soy poco creativo, pero pese a que muchas veces critiqué algunas cosas de su gestión, hoy solo se me ocurren tres palabras para terminar esta nota:

Gracias, Tabaré. Gracias

21
Dic
19

FRENTE AMPLIO en la OPOSICIÓN …

Tres debilidades críticas del Frente Amplio

escribe: Jaime Secco / Banderas de Líber

El Frente Amplio (FA) está tratando de explicar las razones de su desplazamiento electoral para actuar en consecuencia. Y no es que no circulen explicaciones, sino que son demasiadas, muchas de ellas centradas en minucias internas de la organización de la campaña.

Aquí tratamos de ordenar esta catarata de señalamientos en tres grandes debilidades de fondo que el FA deberá encarar con audacia.

Evaluar lo hecho, ver qué mejorar, implica buscar datos. Por eso no se resuelve con asambleas. ¿Cuántos votos se perdieron por la defensa de Raúl Sendic? ¿Cuántos por los mil pequeños acomodos de los que cada uno parece enterarse; en altos niveles y en ámbitos barriales? ¿Cuántos por la soberbia que se percibe, y por qué se percibe y qué la origina? ¿Cuántos porque no se va al socialismo sin escalas? ¿Cuántos porque el estancamiento económico voltea a los oficialismos; porque la región está mal; porque los otros también juegan, incluyendo jugadores internacionales? ¿Cuántos por otros descontentos o motivos?

Para adelante, si se elogia que el presidente electo haya manejado una estrategia profesional durante todo el quinquenio, ¿cómo podemos imaginarnos que el FA logre hacer algo así?

Si hay que mencionar algunas debilidades centrales, serían estas tres. A las fortalezas más vale no tocarlas y lo que no depende de nosotros más vale tomarlo sólo como dato.

1) El olor a queso del poder atrae.

Y no atrae a lo mejor; más bien a gente que confiesa que no consigue empleo en otro lado. Luego de esta campaña se hizo patente hasta qué grado de profundidad llega eso. Hablo de niveles ínfimos donde algunas apetencias, incluso pequeñas, suenan como evidentemente desmesuradas. Hay que comprender otra cosa: quien busca algo para sí pone en ello una energía (una libido) que quien “sólo” milita porque el mundo está mal, no llega a desplegar. Es de temer que a la larga terminen ganando. Lo dijimos en declaraciones del sector Banderas de Líber cuando nacimos en 2009 y lo repetimos cada vez que vino a cuento, no es que recién ahora nos animamos. También señalamos que acumular los cargos públicos para hacer finanzas sectoriales no es una muestra de desprendimiento, sino una variante del uso partidario de los puestos públicos.

2) El FA no tiene una orientación común para el país.

Cuando ganamos en 2005 había múltiples expectativas. De hecho por momentos parecía que cada ministerio pensaba en un país distinto. Desde la promoción de los productores pequeños como semilla de futuro hasta un fin inminente del capitalismo mundial. El crecimiento económico fruto de decisiones acertadas del equipo económico dio resultados inesperados. Pero costó más de diez años licuar la idea de gobierno en disputa interclasista para derrotar al neoliberalismo del FA, de giro a la izquierda o alguna otra cosa que no se pensaba edificar sobre la base de los éxitos obtenidos.

Desde la década del 20 en Uruguay no convenía invertir para producir más y competir en precio o calidad. Convenía conseguir beneficios sectoriales y a corto plazo del Estado. Cupos, dólar, protección tarifaria, exoneraciones, refinanciaciones. Hasta los años 80 se contabilizaron seis leyes o decretos por mes con el nombre o las señas de una empresa. Cuando el FA se hizo cargo, no conocía esos mecanismos. No tuvieron más remedio que invertir; algunos no sabían y vendieron fábricas y campos. A fines de 2017 revivieron los viejos mecanismos: “el Estado debe asegurar nuestra rentabilidad”.

Sin una orientación gruesa de ese tipo es difícil dar la sensación de que el país está en buenas manos. Se habla de problemas de comunicación. No. Son problemas políticos. Divulgar una lista interminable que dé cuenta de cada camión de balastro en un camino rural no es comunicación, es un ladrillo. No se tuvo una herramienta conceptual para comunicar cuáles eran las cinco o seis prioridades del gobierno para luego insistir en cómo se avanzaba en ellas. En su lugar, tenemos bases programáticas quinquenales cada vez más extensas y minuciosas y menos coherentes.

Además, Uruguay cambió. Hay que volver a leer la sociedad, estudiar. Pero también, como dijo un viejo dirigente, la línea correcta no puede salir de una sola cabeza, sino de un partido inserto en todos los rincones. Rincones que ya no se limitan a lo territorial y lo sindical. Las comisiones de apoyo a la candidatura de Daniel Martínez que surgieron como hongos lo atestiguan. Hoy también la militancia cambió; mucha gente se embandera tras causas concretas y las reuniones presenciales no están en su caja de herramientas.

3) El FA tiene problemas de funcionamiento.

No tiene una dirección jerarquizada en la que las cabezas de más peso se reúnan a pensar y decidir juntos. Sin eso no habrá rumbo común. En cada organismo hay correlaciones de fuerza distintas. Hay sí, problemas con el funcionamiento de las comisiones centrales, como se dice; pero ellas son réplicas en miniatura del Plenario. El FA no tiene, efectivamente, un programa de apoyo a los comités. Pero eso es parte de la organización semifederal basada en la desconfianza. ¿Quién puede seleccionar a un cuadro para que levante un comité en una zona donde no hay? ¿Y quién confiaría?

Los comités que funcionan, por otra parte, están sobrecargados de asuntos internos a costa del trabajo en el barrio: no tenemos manzaneros, ya no conocemos a los vecinos. Pero tampoco tenemos una organización adecuada a este siglo; en 1971 la censura creaba la necesidad de ir al comité a enterarse sobre qué estaba pasando. Y la misma forma de funcionar hace que cuando algunos grupos se dividen ‒cosa que pasa, es la vida‒, lo único que se puede hacer para seguir activo es formar un nuevo grupo más chico.

Las normas de organización sirven para estimular conductas deseables y desestimular las indeseables. Tenemos un problema ahí. Ya en 2002 Liber Seregni hablaba de que debíamos cambiar nuestra organización y agiornarnos al siglo XXI. Hay que revivificar la vida interna. Pero no se trata de barrer con todo; hay algunas cosas que hay que preservar a toda costa: la cultura del consenso, las salvaguardas a las minorías, la participación de los organismos de base en los temas fundamentales. Casi todas las demás cosas que se mencionan en estos días pueden derivarse de estas tres.

16
Dic
19

Marzo/2020 asume la OLGARQUÍA y su ROSCA …

El secreto de Luis

escribe: Enrique Ortega Salinas

EL OLIGARCA nini lo VENDIERON COMO se VENDE la COCA-COLA a PURO marketing …

En las elecciones del 24 de octubre, Luis Lacalle Pou obtuvo solo el 26,62% de los votos, mientras que Daniel Martínez llegó al 39,02%; sin embargo, el balotaje fue ganado por el hijo del expresidente gracias a dos factores: su capacidad para unir a toda la derecha y el propio balotaje, esa trampa electoral creada para derrotar al Frente Amplio y que incluso, ingenuamente, algunos de los líderes de la izquierda apoyaron.

¿Cómo explicar que una persona con una gran experiencia de gestión como Martínez perdiera contra alguien que tiene tan poca idea de tan pocas cosas? Marketing. Marketing. Marketing. Maquiavelo y Durán Barba al mango. No obstante, pecaríamos de soberbia y estupidez si no reconociéramos que Lacalle demostró que no es ningún tonto y que tiene sobrada capacidad de liderazgo. Una cosa es que proponga un puente entre Argentina y Uruguay que ya está proyectado, que critique el aumento de la mortalidad infantil cuando está en una baja histórica o diga que solo un 8,8% de las embarazadas están correctamente atendidas por ASSE, cuando el porcentaje real es de 90,37%, y otra es que no haya aprendido a maniobrar de manera inteligente para alcanzar el poder. No solo ganó, sino que anestesió a la mitad de los uruguayos, la cual no da importancia a frases como que “la gente que vive en zonas inundables lo hace por costumbre”.

Luis ha logrado pulir su estilo y los resultados están a la vista. Si nos centramos en sus defectos y no reconocemos sus virtudes, los equivocados seremos nosotros.

Incorporar cuestiones personales en su discurso le ha rendido buenos dividendos electorales. ¿Cómo puede caer mal alguien que dice que cada día hace un esfuerzo por mejorarse como ser humano?

Ahora bien, los secretos y claves que le llevaron al triunfo son variados.

Primero lo primero

Los encargados de la campaña, con gran lucidez, mantuvieron a Luis Lacalle Herrera como al monstruo que hay que ocultar en el sótano cuando vienen visitas. Confesado por el propio padre del próximo presidente, le pidieron que no abriera la boca. Es más, lograron que al hijo le comenzáramos a llamar por su primer nombre y no por su apellido; cosa que el Frente Amplio no logró con Daniel Martínez.

Su apellido ayudó a Luis a meterse en la primera línea de la política sin el más mínimo esfuerzo; pero al tiempo, el mismo apellido se convirtió en un lastre para su carrera, ya que los orientales aún no olvidan totalmente el nefasto gobierno del Partido Nacional (1990-1995), signado por graves problemas de corrupción, tales como el caso Focoex, la ley forestal modificada para beneficiar al entorno de la familia presidencial o la venta del banco Pan de Azúcar, entre muchos otros.

En realidad, no es justo achacar a los hijos los pecados de los padres; pero el apellido pasó de ser viento de cola a frenar el avance, por lo que Luis tuvo que minimizar su impacto y lo logró.

Un buen pescador de votos

Durante el segundo debate con Daniel Martínez, ni los celíacos fueron olvidados en las propuestas del candidato blanco. Piénsenlo. En Uruguay hay 34.000 personas diagnosticadas con ese mal; pero es posible que sean muchas más. ¿Cuántos sufren el alto costo de los alimentos que deben consumir? Tengamos en cuenta que, para un celíaco, los medicamentos son los alimentos sin gluten. La mayoría habrá dicho: “¡Por fin alguien se acuerda de nosotros!”.

A los policías les mintió asegurándoles que carecían de respaldo jurídico para actuar contra los criminales. En una jugada muy inteligente, le da el Ministerio del Interior a Larrañaga y no a Manini Ríos; para que sea el Partido Nacional el que pesque votos en esa pecera y no Cabildo Abierto.

Mientras hacía una campaña “por la positiva”, “sin agravios ni descalificaciones”, dio manija como nadie al descontento de algunos sectores y pintó al país como un desastre, mientras el mundo nos aplaudía con admiración por lo logrado durante los tres gobiernos frenteamplistas. Su constante prédica destructiva fue horadando la imagen del Frente Amplio, tal como las olas persistentes contra la roca más dura. Mientras nuestros estudiantes obtenían premios internacionales en diferentes rubros y por diversos motivos, convenció a medio país de que la educación es una vergüenza.

Colaboraron con su campaña los medios más poderosos y un grupo de periodistas que han depurado sus técnicas de formación de opinión hasta lograr que pasen inadvertidas.

Más allá de las palabras, logró dar imagen presidencial; algo que solo los buenos actores hacen.

Los frecuentes errores del candidato de las familias más poderosas del país amenazaron una y otra vez con hacerlo caer en las preferencias, pero el marketing fue tapando todo.

Sus aciertos y nuestros errores

Luis Lacalle Pou ganó puntos cuando comenzó a cultivar el humor. Se burló de su incipiente alopecia y se llamó a sí mismo (como si hablara otra persona) el Cuquito, provocando sonrisas en el público y una genuina corriente de simpatía.

Cada vez que alguien le pide una selfie y él mismo toma el celular para sacarla y asegurarse de que la foto salga bien, suma puntos. Cada vez que aparece en público con su familia, suma puntos.

Uno de los secretos fundamentales de su éxito fue el deporte y una imagen muy bien cuidada. La imagen presidencial también pasó por la vestimenta impecable, mientras Daniel Martínez lanzaba videos con un termo al lado buscando familiarizarse con el uruguayo promedio. A la hora de elegir presidente, la gente no vota a quien se le parece, sino a quien parece un presidente.

La imagen personal del candidato fue potenciada por la de su esposa, joven, bonita, simpática y con un cautivante aire de Andy Vila.

La mayoría de la ciudadanía decide su voto por emociones y no por los programas de gobierno, que nadie lee. A propósito, a Daniel lo matamos cuando metimos en el programa la genial idea de crear un nuevo impuesto, lo que le dio pie a Luis para echárselo en cara.

El spot del último tramo de la campaña, en el que se mostraba al candidato blanco viajando sobre una camioneta, con el viento agitando sus cabellos y una aureola luminosa sobre su cabeza (provocada por el alumbrado público de la avenida) es una muestra de cómo los especialistas del equipo lograron ganar el corazón de la mitad del país. Quien decidió congelar la imagen cuando Luis mira hacia un costado, sonriendo, es un genio.

Lacalle supo tejer alianzas de manera impecable, abrazándose con sapos y culebras con tal de asegurar la victoria, la única cosa que logró por cuenta propia en su vida. Ha demostrado generosidad política al ofrecerle el Ministerio de Trabajo a Pablo Mieres, pese al lamentable resultado electoral del Partido Independiente.

Tuvo a su favor las carencias de Daniel Martínez en los debates; sobre todo en el primero. Por extraño que parezca, sin propuestas, sin información veraz y con escaso contenido en el discurso, Luis Lacalle Pou logró no solo salir ileso del combate verbal, sino incluso beneficiado; porque un empate lo favorecía y lo que no te mata, te fortalece. Cualquier otro adversario, ante los ataques del nacionalista, le hubiera arrojado una andanada de cuestionamientos: el escándalo del intendente de Colonia, dando cargos a cambio de sexo, el nepotismo de Adriana Peña en Lavalleja, las cámaras de vigilancia de Antía en Maldonado, pagadas a valores exorbitantes, las 16 licitaciones irregulares en la Intendencia de Artigas, la compra de combustible del intendente de Soriano en sus propias estaciones de servicio, la confesión de García Pintos de que el Partido Nacional exigía a sus directores que sacaran dinero con la tarjeta corporativa, etcétera. No se hizo.

Luis tuvo la flexibilidad necesaria como para variar una y otra vez su discurso. Tras decir que no continuaría con la búsqueda de los restos de los desaparecidos durante la dictadura, reconoció que fue un error y argumentó a favor de continuar la misma. Tras fustigar al Mides, terminó prometiendo no sacar las políticas sociales. Tras cuestionar los Consejos de Salarios, pasó a jurar una y otra vez que los mantendría. “Solo me falta tatuarme en el cuerpo que no los voy a eliminar”, expresó de manera inteligente y eficaz en un programa de televisión. Tras criticar al gobierno por subir las tarifas, pasó a criticarlas porque no las sube.

Toda escoba nueva barre bien

Ahora bien; Luis Lacalle será nuestro presidente durante cinco años. Si cumple su amenaza de volver al Fondo Monetario Internacional, el primer año será muy bueno; hasta que llegue el momento del apriete que siempre exige dicho organismo a los países deudores. El dólar subirá, ya que se lo exigirán los sectores que apostaron a él para conducir el país y bajará el desempleo gracias a varios proyectos concretados por el gobierno actual. De hecho, en el último mes ya bajó de 9,5% a 8,8%. Algunas medidas tomadas por el Ministerio del Interior también comenzarán a dar frutos y, seguramente, también baje la cifra de algunos delitos. Lo mismo cabe para el Ministerio de Educación y Cultura.

No dudo para nada de las buenas intenciones de nuestro nuevo presidente. El problema está en la ideología neoliberal de derecha que rige a su partido. Con toda seguridad, Uruguay se humillará ante el mundo reconociendo a Juan Guaidó como presidente de Venezuela y a la dictadora Jeanine Áñez como presidenta de Bolivia.

Poco a poco irán mostrando la hilacha; pero no hace falta especular. Dejemos que el tiempo haga su tarea.

Hoy por hoy, aplausos para el equipo de marketing político de Lacalle. La ignorancia, la mentira, la manija rastrera, la imagen y la superficialidad nos derrotaron momentáneamente.

La buena noticia es que él no podrá hacer todo lo que quiere, ya que para ganar tuvo que cambiar varios de sus objetivos sobre la marcha.

Solo nos resta esperar. Cuando estas nubes pasen, quedará la verdad.

11
Dic
19

ENCUESTAS y MANIPULACIÓN …

VADENUEVO DE COLECCIÓN: DEL N° 74 (NOVIEMBRE DE 2014). LAS FALLAS DE LOS SONDEOS DE OPINIÓN

   04/12/2019

En todas partes se cocinan habas (y encuestas); y por aquí… ¡a calderadas!

ENCUESTAS de OPINIÓN o MANIPULADORES de OPINIÓN?: Los errores de las encuestas (más bien predicciones) volvieron a reiterarse en la última elección; algunos de tal magnitud que hacen pensar en intencionalidades. La inminencia del balotaje vuelve a poner el tema en el candelero.

escribe: Omar Sueiro

EL CASO ARGENTINO

A confesión de parte relevo de prueba. Unos meses atrás el propietario de una conocida empresa encuestadora, el sociólogo Artemio López, reveló que no le interesaban las encuestas para la internas argentinas de 2015 ya que, a falta de más de un año y medio, la única razón de las encuestas era la necesidad de hacer trascender cifras y nombres para “operar e instalar candidatos”.

El diario Clarín tituló el resumen de seis encuestas hechas en el mismo mes por otras tantas encuestadoras como “Cualquier semejanza con la realidad es pura coincidencia”. En tres gana Massa, en dos Scioli y en una Macri.

LOS BRASILEÑOS NO FUERON EN ZAGA

Dijo la BBC de Londres: “Cuando los sondeos dieron el papel de favorita a Marina Silva por delante de la presidenta Dilma Rousseff, los índices bursátiles se dispararon en muy poco tiempo. Era la preferida de los mercados. Tras la muerte de Eduardo Campos, la política evangelista tuvo un salto espectacular en los sondeos: del 20% que tenía su partido, el Partido Socialista Brasileño (PSB), subió hasta más de 35% en solo unas semanas. Sin embargo, en los últimos días, la burbuja Silva comenzó a desinflarse”.

Obviamente las encuestas hicieron su papel, pero fue tan grosera su diferencia con la realidad, que meras comparaciones numéricas son más contundentes que cualquier juicio que sobre ellas pudiera realizarse.

Y URUGUAY NO PUDO SER MENOS QUE SUS VECINOS

A las consultoras uruguayas las cosas no les rodaron bien desde el principio del proceso. En las primarias empezaron sus desaciertos; mejor dicho, en las únicas que hubo real enfrentamiento, las del Partido Nacional, los resultados proyectados por cinco de ellas fueron absolutamente errados respecto de la realidad y solamente una (Grupo Radar) pronosticó en forma acertada. (En realidad veremos que el término adecuado es “le embocó”).

Factum, Cifra, Interconsult y Equipos Mori proyectaron erróneamente en sus adelantos de abril y mayo.

En mayo aparecen resultados de Radar que son los únicos que aciertan la supremacía de Lacalle sobre Larrañaga, aunque con una metodología (llamados a teléfonos móviles al azar) tan poco estricta y endeble que en lugar de acierto da la impresión de que se trata de una “embocada”.

En las Nacionales del 26 de octubre el resultado no fue mejor.

Las cifras que tienen fondo amarillo coinciden con los resultados.

UN MASAZO PROVIDENCIAL

No, no se trata de un error ortográfico pues no se hace referencia a un golpe dado con una maza, sino a la manifestación previa a la veda, llevada a cabo por las masas frenteamplistas, decenas de miles de personas que con su fe partidaria procuraron comunicar al resto de la opinión pública que los augures de las encuestas no tenían razón al anunciar una futura “debacle” de la fuerza política que gobierna el país.

Esta gente repletó el inmenso espacio que va desde más allá de la Rambla y Bulevar Artigas, hacia el este, hasta las Canteras del Parque Rodó, quedando buena parte de ella sin poder llegar al lugar, desplegada más allá del espacio previsto para el acto; fue una multitud imposible de cuantificar. Podría hablarse de actos proporcionalmente aun mayores en el interior.

Es que muchos venían atragantados con las encuestas, que primero mes a mes, luego quincena a quincena y al final semanalmente, iban goteando presuntas “bajas performances” de ciertos candidatos y ascensos de otros. La edad, ciertas actitudes “no positivas” y algunas faltas de tacto o desconocimiento de las “buenas costumbres” parecían estar minando sus posibilidades (al menos eso explicaban los encuestadores), perdiendo posiciones ganadas antes los logros económicos y sociales de los últimos dos gobiernos. Todo expresado en encuestas cuyo grado de razonabilidad no era claramente percibido, pese a las torrenciales argumentaciones con que se pretendía respaldar las conclusiones. Máxime que el mero gráfico de las mismas encuestas desde 3 o 4 años atrás tenía en los tres partidos mayoritarios una curiosa regularidad, mostrando tres líneas más o menos paralelas y horizontales, es decir que las distancias entre los partidos era constante, tan constante como los guarismos de cada uno.

Pese a esa manifiesta estabilidad la mayoría de los encuestadores nos hablaban de lo que habían cambiado esos números y de lo que podrían mutar en el corto lapso que faltaba para la Elección, dada la “altísima potencialidad de cambio” que evidenciaba el ámbito político.

Es que las encuestas venían de mal en peor, con muy bajas performances en anteriores Elecciones; la última fue la grandísima falla al pronosticar que Jorge Larrañaga ganaría con facilidad la interna a Luis Lacalle Pou. Diferencia que por lo amplia hizo que aquel se descuidara y terminara perdiendo la posibilidad de presentarse como alternativa a Tabaré Vázquez y eventualmente llegara a la Presidencia de la República.

Así las cosas: baja variabilidad de hechos y situaciones y, por lo tanto, alta probabilidad de determinadas ocurrencias sin necesidad de análisis sofisticados y riesgosos, y antecedentes técnicos muy deteriorados por imperio de los errores cometidos por varias firmas en las últimas Elecciones, reclamaban, en interés de las empresas encuestadoras, mayor atención y cuidado en las respuestas.

GRUESOS ERRORES TÉCNICOS

La apreciación por parte de la gente común de que las proyecciones de las encuestadoras no se correspondían con la realidad, fue reafirmada por diversos técnicos en estadística y ramas afines; quien más clara y crudamente expuso sus análisis críticos técnicos fue el ingeniero Daniel Mordecki, docente no vinculado a la corporación de encuestadores y politólogos, núcleo que, en general, eludió la autocrítica o la encaró superficial y benévolamente. Así lo hizo en el programa radial “Efecto Mariposa” en la estatal CX 26 Radio Uruguay y en el Portal Montevideo que citaremos a continuación.

Cabe señalar que el reportaje radial fue hecho en conjunto a Mordecki y al politólogo Daniel Chasquetti, quien no profundizó en ninguna acotación al duro razonamiento técnico expuesto, el que culminó con el reclamo de una ley de control de encuestas con obligación de transparencia, porque -según el técnico- “la transparencia y la democracia van de la mano”.

Mordecki expresó claramente que: “Como las empresas encuestadoras van a volver a chocar con la realidad dentro de cinco años, la gente se olvida. La población no piensa en la metodología que utilizan las empresas. (…) Es necesario que muestren sus datos para ver cómo llegaron a ellos“.

Quienes contamos con conocimientos estadísticos básicos, sabemos que las muestras, sus intervalos de confianza y error posible refieren a sucesos documentados, en definitiva existentes, que por su volumen no se pueden conocer directamente y, por lo tanto, se recurre a cantidades más pequeñas que, debidamente seleccionadas, reflejen la estructura del todo con un aceptable margen de error.

También advertimos que estas encuestas de opinión tienen una carga de subjetividad intrínseca muy grande, puesto que cada individuo puede cambiar su opinión y, por lo tanto, una encuesta es un insumo más. Como consecuencia, es inexacto y acientífico expresar que las opiniones recabadas tienen tal intervalo de confianza y tal margen de error.

Mordecki advierte específicamente sobre la especie con precisiones técnicas. Dice: “Una encuesta tiene dos partes: Tiene una sociológica, sobre cómo se hace y si van casa por casa o por teléfono. Y luego hay un tema estadístico y matemático puro. El argumento es que las encuestas en Uruguay, no solamente en esta elección, no siguen esos parámetros estadísticos. La probabilidad que se den los resultados que pronostican es bajísima. En el boliche dirían que ‘tocan las cifras’“.

Luego refiere a las declaraciones (en realidad presuntos descargos) de un encuestador que venía estimando las preferencias por el Frente Amplio en un determinado porcentaje y, como en las últimas mediciones le daba otro muy superior, fue “matizando” (bajando) el aumento en función de su razonamiento, pero sin otro asidero científico que su propia opinión.

Culmina Mordecki: “Algunos (encuestadores) con estimaciones, otros con ponderaciones, etcétera. Pero todos de alguna manera modifican los datos que le dan las encuestas. Los datos que ves en la televisión no son los que dan la suma aritmética en base a lo que responde la gente“.

El crecimiento de los partidos tradicionales en las encuestas fue una realidad inventada por los dueños de las encuestadoras. Eso tiene que estar prohibido. Tiene que estar prohibido que digan lo que les parece y tienen que estar obligados a que se publiquen los datos verdaderos”.

La magia de las encuestas es que son estadística pura y no interviene la mano del encuestador. Las encuestas durante cinco años no tienen contra qué comprobarse y por eso derivan todas juntas. Es la explicación del porqué y no de los motivos. Hay muchos de los encuestadores que si les inyectaras suero de la verdad se dejarían matar jurando que son mecanismos científicos. Ahora se disculpan, pero en realidad en las Elecciones pasadas dieron los mismos resultados y le erraron igual”.

MARGEN DE ERROR E INTERVALO DE CONFIANZA

Agrega Mordecki: “En la ficha técnica de cualquier encuesta podemos encontrar una frase como esta: ‘Margen de error de +/-3% con un 95% de intervalo de confianza’. Esto quiere decir que si al resultado de la encuesta le sumamos 3% y le restamos 3%, la probabilidad de que el valor real caiga en ese rango es de 95%. Lo natural es que los resultados rodeen el punto, unos en más y otros en menos, de alguna manera compensándose entre ellos. Pero en el caso uruguayo no se da así, todas las encuestadoras dan valores menores y muy parecidos entre sí, lo que estaría evidenciando o que hubo copias mutuas de resultados o que hubo una concertación de resultados. El agravante es que esos resultados fueron muy diferentes a la realidad y entonces se autoinvalidaron”.

Una vez que conocemos el resultado de la Corte Electoral, podemos calcular el intervalo de confianza real para cada tamaño muestral y porcentaje de error. Es contestar a la pregunta, con la encuesta que hicieron: ¿qué probabilidad tenían de acertar? Estos son los valores calculados por Mordecki:

Es decir, con los tamaños muestrales y errores declarados por cada encuestadora, ¿qué probabilidad tienen los resultados expuestos? Una en 62.4 millones, algo así como ganar la lotería dos veces seguidas. Pero esto no queda ahí, porque también para la interna colorada las encuestadoras, lejos de dispersarse en torno al valor real (73,3% para Pedro Bordaberry y 25,8% para José Amorín Batlle), se concentraron en un rango que no contiene estos valores. Todas por encima para Bordaberry (75% – 84%) y todas por debajo para Amorín (14% – 24%). Otra vez nos preguntamos qué probabilidad hay de que con los tamaños muestrales y errores declarados suceda algo así. Una en 664 millones”, finaliza Mordecki.

El título de este artículo es una versión libre y alterada de la afirmación cervantina: “En todas casas cuecen habas; y en la mía, a calderadas” (El Quijote II, p. 13).

09
Dic
19

neonazis en Uruguay …

ALIADOS del herrerismo: El gorilaje de neonazis, jupos y fascistas …

SE REVELA UN MODUS OPERANDI DIFERENTE

El 18 Brumario de Manini Ríos

Las apetencias sobre ministerios de política social, cuando se lo imaginaba atrincherado en Defensa, evidencia otro aspecto no percibido de Manini: su bonapartismo.

escribe: Javier Zeballos

Cabildo Abierto es una incógnita. Lo que nadie puede negar es que se trata del mayor efecto disruptivo del sistema de partidos uruguayo desde 1985 a la fecha. Nunca emergió un nuevo partido que lograra más del 10 % de los votos a nivel nacional. Además, a ritmo de vértigo en nueve meses.

Sin embargo, su parto verdadero tiene incubaciones más extendidas en el tiempo. Si bien remite a la dictadura, hunde sus raíces en la acción política de la familia Manini Ríos y expresa no solo a la JUP sino al riverismo que se erigió como el intento conservador de frenar al batllismo. Cien años después repiten la faena.

Su último video previo al balotaje, señalado cómo posible elemento distorsionador del comportamiento electoral, lo expone como representante de un fascismo autóctono renovado. Pero el avance de la ultraderecha no es cuantitativo sino cualitativo. Siempre estuvieron ahí pero obligados a votar por corrientes blancas o coloradas que nunca los representaban totalmente.

En cambio, Manini comienza a revelar un modus operandi diferente. Es probable que se lo llegue a definir como populista de derecha y hasta se lo emparente con el peronismo más autoritario, pero su aparente rumbo poselectoral remite al bonapartismo del Segundo Imperio Francés parido en 1851.

La historia como tragedia y farsa

Una de las más famosas frases de Carlos Marx es la que abre su libro “El 18 Brumario de Luis Bonaparte” y dice: “Hégel hace notar que en la historia universal, los grandes hechos y los grandes personajes se producen, por así decir, dos veces. El ha olvidado añadir: la primera vez como tragedia, la segunda como farsa”.

Aquel libro fue escrito por Marx en medio de los sucesos acaecidos en Francia a partir del 2 de diciembre de 1851, cuando el gobernante Luis Bonaparte dio un Golpe de Estado al no poder ser reelecto por impedimento constitucional.

Ese día, Bonaparte, autoproclamado como Napoleón III, determinó el fin de la República y el inició del Imperio Francés al que, mucho tiempo después, los historiadores llamaron Segundo Imperio, para diferenciarlo del Primero que había instaurado Napoleón Bonaparte a inicios del siglo XIX, cerrando en clave restauradora el ciclo abierto por la Revolución Francesa.

El curioso título puesto por Marx alude a la fecha elegida para consumar el Golpe de Estado, ya que el 2 de diciembre era el aniversario de la coronación de Napeoleón Bonaparte como Emperador de Francia en 1804.

18 Brumario era la fecha y el mes, denominado así por el calendario republicano francés, en la que Napoleón había dado su propio golpe contra el último Directorio Revolucionario en 1799.

Marx lo usó como sinónimo de Golpe de Estado para exponer la soterrada lucha de clases que condicionaba las circunstancias “que permitieron a un personaje mediocre y grotesco, representar el papel de héroe”, comentó Engels al prefació de una edición posterior.

El bonapartismo

El libro retrata la acción del movimiento bonapartista poniendo en evidencia dos de sus características principales y entrelazadas: su militarismo y la beneficencia puntualmente dirigida.

El objetivo de Luis Bonaparte consistía en seguir gobernando pero ya con poderes extraordinarios. Así, abolió la República nacida de las revoluciones democráticas de 1848, instauró una férrea censura de prensa y un control militar total.

Marx puso la lupa sobre la forma de hacer política de Luis Bonaparte quien, en 1849, “bajo el pretexto de crear una sociedad de beneficencia, había organizado en secciones secretas la canalla proletaria de París (se refiere al lumpenproletariado). Cada sección era dirigida por los agentes bonapartistas y en la dirección del conjunto había un general bonapartista.” (Marx, obra citada, página 78 de la primera versión publicada en lengua castellana por la Editorial Claridad, Buenos Aires, 1936).

De destaca la definición que usó Marx para explicar al bonapartismo como un tipo de ajuste capitalista con tres características principales: ejército poderoso, el líder violando la constitución y una beneficencia organizada en forma militar y dirigida a ordenar al lumpeproletariado urbano. Vale recordar aquí la propuesta de Manini para que el ejército “reeducara” a los Ni-Ni.

La repetición farsesca de una tragedia anterior alcanza a Manini parodiando un artiguismo hueco, relleno de retórica con gesto marcial al uso de los comunicados militares emitidos con la banda sonora de la marchita militar de la dictadura.

El discurso restaurador del viejo orden político, patriarcal y patronal, seguirá allí siempre a mano, pero es probable que ceda paso a la exageración de su tarea diaria para exaltar el momento histórico representado por una glorificación de su ascenso al poder. De allí que las referencias familiares adquieran un asordinado papel de revancha.

Cabe que preguntarse si acaso es lo único que lo une a Lacalle Pou y su posible rencarnación en farsa del trágico gobierno de su padre (caso Berríos – Banco Pan de Azucar – represión del Filtro sumada a la suspensión de los Consejos de Sarios y a una brutal transferencia de ganancias hacia los sectores ricos mediante la receta neoliberal).

Cuenta Marx que en medio de las luchas democráticas en Francia, un proletariado inmaduro quedó solo y aislado frente a todos los demás sectores sociales que fueron arrastrados por la clase dominante que se autoproclamaba “salvadora de la sociedad”, y aleccionaba a sus huestes con sus cuatro leit motivs: propiedad, familia, religión y orden.

Sin embargo, poco tiempo después, describe Marx “los mismos burgueses fanáticos partidarios del orden fueron fusilados en sus balcones por una soldadesca ebria, y el santuario de sus casas fue profanado cuando la escoria de esa burguesía terminó por constituir la falange sagrada del orden mientras el héroe, cual crápula (Napoleón III) entraba en el Palacio de las Tullerías como salvador de la sociedad”. Cualquier comparación de aquellos sucesos en la Francia de mediados del siglo XIX, con el Terrorismo de Estado de la Dictadura al servicio de una minoría, no es pura coincidencia.

Pero su repetición en el futuro, como tragedia y como farsa, dependerá mucho de la más clara y radical defensa de la democracia que podamos levantar como bandera y como construcción política real ante este neofascismo restaurador. Por el contrario, los integrantes de la llamada coalición multicolor hasta ahora callan y otorgan. La historia uruguaya tiene antecedentes que demuestran el peligro de jugar con este fuego. El futuro dirá si por la defensa de intereses estrechos algunos prefieren quemarse.

07
Dic
19

Uruguay del 1o. de marzo/2020 …

El odio de la ofensiva reaccionaria, lleva al gobierno de Lacalle a oficiales de la dictadura, neonazis confesos y fascistas …

EL FIN JUSTIFICA LOS MEDIOS Y ÉSTOS, SON ALIARSE A LOS NEONAZIS Y FASCISTAS DE CABILDO ABIERTO: La elección del nacionalista Luis Lacalle Pou por un estrecho margen de votos como presidente de la República, liderando una heterogénea coalición conservadora integrada por cinco partidos, configura un nuevo mapa político para el próximo quinquenio.

escribe: Hugo Acevedo / analista

El paradójico triunfo del proyecto restauracionista -que es de génesis multicausal, en un país que ostenta los mejores indicadores de desarrollo humano a nivel regional gracias a los quince años de administración progresista- origina una lógica incertidumbre en vastos sectores de la población, particularmente entre los asalariados y los jubilados.

Esa es una de las tantas inquietudes que deberían angustiar a los estratos poblacionales de ingresos fijos que, en algunos casos, no leyeron correctamente la realidad a la hora de sufragar. En efecto, el paquete que ha preparado el bloque derechista, que es poco conocido, es bastante más radical.

Sin embargo, más allá del mero contenido del acuerdo multipartidario, que analizaremos con mayor profundidad en ulteriores entregas, lo que genera mayor preocupación es la propia conformación del futuro gobierno.

Al respecto, es bien sabido que uno de sus socios es Cabildo Abierto, el partido de ultraderecha liderado por el ex comandante en Jefe del Ejército Guido Manini Ríos, que devino, en forma sorpresiva, en el auténtico juez de la elección.

Si bien ese conglomerado de impronta fascista, reaccionaria, homofóbica y misógina cosechó el 11% de los votos de la derecha en la primera vuelta del 27 de octubre -más de un quinto del total- su peso específico en las decisiones resultará crucial. En efecto, sin los votos de CA en el parlamento Lacalle no podría gobernar.

Lo más grave de este escenario es que la irrupción de esta fuerza política, la cual en pocos meses logró cooptar una importante adhesión en las capas socialmente más vulnerables de la sociedad, exhumó fantasmas del pasado que todos razonablemente creíamos definitivamente desterrados.

Al respecto, los lenguajes de varios referentes de ese flamante conglomerado tienen un fuerte tufillo autoritario, tal cual se infiere de algunos pronunciamientos públicos individuales y colectivos que se conocieron antes y después de las dos comparecencias a las urnas.

Uno de ellos fue el imperativo mandato de Guido Manini Ríos a todos los militares a que sufragaran por Luis Lacalle Pou en el balotaje, como si aun detentara la titularidad de la comandancia del Ejército.

En su arenga, el ex jerarca castrense fustigó nuevamente al Frente Amplio, recordando que el gobierno aprobó la indispensable reforma de una Caja Militar escandalosamente deficitaria y radicales cambios de la Ley Orgánica de las Fuerzas Armadas, con el propósito de democratizar a la institución.

Manini parece olvidar que gracias a los gobiernos progresistas que le permitieron acceder a la comandancia del arma de tierra, él mismo ganó notoriedad y fue públicamente conocido. Aunque con sus antecedentes familiares jamás debió ocupar ese cargo en una administración de izquierda, eso es harina de otro costal.

Empero, lo más grave es el comunicado del Centro Militar, que aglutina a sectores reconocidamente pro-golpistas que han justificado reiteradamente los crímenes perpetrados por la dictadura, convocando a «extirpar el marxismo».

El exabrupto fue publicado en la revista Nación, órgano oficial de la Cooperativa de Ahorro y Crédito de las Fuerzas Armadas y se difundió a través de un correo del Centro Militar, cuyo presidente, coronel Carlos Silva, integra precisamente Cabildo Abierto.

Al respecto, el editorial expresa: «los marxistas finalmente se irán del poder y con ellos felizmente se irá el largo rosario de ofensas a la Constitución, el desorden y despilfarro en todos los niveles de la Administración, el consentimiento y estímulo al delito, el intento claro de destruir la familia tradicional y la voluntad por envilecer las relaciones sociales en base al resentimiento». Asimismo, también se reivindican las tropelías del asesino y represor José «Nino» Gavazzo, entre otras barbaridades.

El tono amenazante del texto retrotrae al país a los tiempos más oscuros de la Guerra Fría y del extremismo fascista de la peor laya, que cometió aberrantes crímenes de lesa humanidad durante la dictadura, muchos de los cuales permanecen impunes.

Por supuesto, otras expresiones de intemperancia más propias de enfermos mentales que de seres racionales, son las amenazas proferidas por el ex militar Carlos Techera contra jerarcas del gobierno y referentes del Frente Amplio y la reaparición del terrorista «Comando Barneix».

Estos dos episodios serían meramente anecdóticos si no se registraran en el marco de una atmósfera de exacerbada crispación de los sectores más recalcitrantemente reaccionarios y nostálgicos del período más pesadillesco de nuestro pasado reciente.

¿Qué credenciales de vocación democrática puede exhibir un partido como Cabildo Abierto, que integra en sus cuadros a personas como el Presidente del Círculo Militar, coronel Carlos Silva, entre otros connotados fascistas?

Evidentemente, para las colectividades tradicionales, que se rasgan permanentemente las vestiduras invocando el respeto a la institucionalidad, la alianza con CA constituye un problema, un riesgo y una auténtica paradoja.

Empero, como no pueden prescindir de los votos de este partido militar para gobernar y aplicar su programa conservador y regresivo, deberán convivir con el odio y la intolerancia.

05
Dic
19

herrerismo restaurador …

Ajuste, dólar alto y salarios bajos

escribe: Leandro Grille / Caras y Caretas

Lacalle: Ajuste, dólar alto y salarios bajos

LAS MENTIRAS TIENEN PATAS CORTAS …

Grosso modo, no hay que ser genio para proyectar lo que sucederá en Uruguay si Luis Lacalle Pou alcanza la presidencia de la República gracias a los votos procedentes de su coalición electoral multicolor. Es evidente que su programa es un programa de ajuste o austeridad, como le llaman en Europa, enfocado en la disminución del gasto público y el retiro progresivo del Estado de algunas tareas que hoy desempeña. En la historia de la economía mundial, ningún programa basado en el  ajuste benefició a las grandes mayorías. Por el contrario, como los ajustes sustantivos en el Estado solamente son posibles recortando en las políticas públicas, achicando el número de maestros, del personal de la salud y de la seguridad, y ajustando a la baja las jubilaciones, un programa de austeridad siempre conlleva un deterioro de la calidad de vida de la población, una caída inevitable del consumo y, por consiguiente, un enfriamiento global de la actividad económica que redunda en pérdida de fuentes de trabajo y descenso del salario real.

¿Cómo se organiza el ajuste? Básicamente hay dos alternativas: o bien se aumenta la recaudación o bien se disminuye el gasto. Lacalle Pou promete bajar impuestos y, en particular, promete bajar los impuestos que pagan los quintiles de ingresos más altos, por lo que la recaudación por ese rubro de tributación directa va a bajar. Así que no le queda otra alternativa para el ajuste que la reducción del gasto en varios rubros: en seguridad social, desdibujando los Consejos de Salarios para que caiga el salario real, y con ello las jubilaciones, que por la Constitución están atadas al Índice Medio de Salarios; mediante una reducción concreta del gasto por vía presupuestaria, sobre todo en educación y salud porque a la Policía y a los militares es difícil que los toquen y, paralelamente, una variación al alza del tipo de cambio que haga que se diluyan salarios, jubilaciones, prestaciones sociales y el gasto público en relación con el dólar.

Un ajuste de esta naturaleza no necesariamente reduce el déficit fiscal. Porque como los ajustes son recesivos, la actividad va a caer, la caída del consumo que acompaña la caída de los ingresos de la gente va a hacer que los negocios vendan menos, que los boliches comiencen a sentir el peso de la crisis que se va construyendo, que aumenten los despidos, que se bajen cortinas, que se pierdan fuentes de trabajo. Todo eso junto impacta sobre la recaudación. Menos consumo es menos recaudación. Menos trabajo es menos recaudación. Salarios más bajos, en términos reales, significa menos recaudación. Ahí es cuando aparece la paradoja que ya vimos en Argentina o en Ecuador en los últimos años: se quiere bajar el gasto para achicar el déficit, pero al bajar la recaudación por consecuencia del enfriamiento económico o por beneficios tributarios a los sectores más ricos -bajo la hipótesis de que si le quitás esa “mochila”, como la llaman los ruralistas, va a aumentar la inversión y la creación de empleos- el déficit no solo puede no bajar, sino que hasta puede aumentar, como sucedió -reitero- en Argentina y Ecuador.

Un problema grave de un plan de devaluación y ajuste que persigue achicar el déficit, pero que va acompañado de aumento de precios, por la devaluación, y que al disminuir el gasto perjudica los servicios públicos, afecta jubilaciones y salarios y redunda en una disminución del consumo no solo complica la vida de la gente, sino que al no poder cumplir con su objetivo de achicar sustancialmente el déficit fiscal, debido a la caída de la recaudación, exige aumentar el endeudamiento externo. Y ya sabemos a quiénes van a recurrir cuando las condiciones macroeconómicas se deterioren lo suficiente. El retorno al FMI no es solo una consecuencia del manejo dogmático de la economía que hacen los neoliberales; es un propósito de primer orden de las derechas de mercado porque es la garantía de los condicionamientos de la política económica que sobreviven a sus gobiernos. Si terminamos endeudados con el Fondo Monetario, terminamos siendo tutelados por sus programas económicos, que siempre incluyen más ajuste, más privaciones para la sociedad, más medidas “dolorosas” e “impopulares”.

¿Cómo lleva el pueblo un deterioro rápido de sus condiciones de vida? Si tiene suficiente entramado de organización, el pueblo resiste. Los sindicatos reclaman, la gente protesta. Es lo normal e incluso es lo saludable. El derecho al pataleo cuando te están perjudicando por todos lados. Es lo que vemos en América Latina y es lo que vemos en el mundo. Es lo que nos acostumbramos a no ver acá en los últimos 15 años, básicamente porque en los últimos 15 años no se aplicaron políticas neoliberales.

¿Cómo se maneja la derecha con la protesta? Habitualmente se maneja con inflexibilidad y, en última instancia, con represión. Todo eso se puede esperar y no tiene nada de alarmismo ni de campaña de miedo. Es la historia del neoliberalismo en la región y en el mundo. Los debilitamientos de los Estados de bienestar, las políticas de austeridad y el deterioro de las condiciones de vida del grueso de la gente, provocan conflictividad, crecientes climas de crispación social e inestabilidad política y, cuando los gobiernos son sordos, terminan reprimiendo. Pero como el mundo sigue girando y un programa de semejante impopularidad cae rápidamente en la aceptación de la ciudadanía, el panorama es peor cuando los gobiernos que lo llevan adelante se afirman sobre coaliciones débiles, construidas para oponerse a algo y no para promover un camino cierto. Entonces veremos cómo partidos enteros retiran a su gente del gabinete, se complican los votos en las cámaras, se adelantan las campañas electorales y el gobierno paralizado en una crisis autoinfligida con la gente viviendo cada vez peor y contando los días para la próxima elección. Es un futurible triste, en el que muchos no creen, pero la historia está ahí, los ejemplos sobran y es un pronóstico fácil para cualquier observador atento de la realidad que nos circunda o para cualquiera que no haya renunciado al beneficio de la memoria.

01
Dic
19

uruguay y el nuevo gobierno restaurador …

El verdadero significado de la unidad nacional

Luis Lacalle Pou ya es el presidente electo de los uruguayos y sin objeciones de acuerdo a nuestro sistema electoral.

escribe: Gerardo Gadea / analista

El mensaje de los ciudadanos ha sido muy claro y elocuente en estas elecciones.

Por un lado le pasó factura al Frente Amplio luego de 3 períodos de gobierno optando por un cambio en el país y por otro lado le dijo al presidente electo que no le iba a dar ningún cheque en blanco y que el cambio era con todos.

Menudo problema para el sistema político uruguayo, en un país que se ha sentido cómodo trabajando en un esquema binario de dos mitades; cambiar estas cabezas no será tarea sencilla.

Todos hablamos de Unidad Nacional. Y hablamos porque ella es absolutamente necesaria y es el sentir de las grandes mayorías nacionales.

La ciudadanía le ha concedido al Frente Amplio el ser la mayor fuerza política del país. Un mandato ciudadano que no es poca cosa y que debe ejercerse con responsabilidad, seriedad y mucha firmeza. No somos de los que creemos que al país «cuanto peor le vaya, mejor» sino todo lo contrario.

No parece razonable en este contexto, una izquierda opositora per sé, oponiéndose a todo lo que venga, levantando la temperatura en cada tema que se ponga arriba de la mesa o desentendiéndose de la realidad nacional. Motivos tiene, ya que fue lo que hizo la oposición en todo el período pasado, pero la madurez del ejercicio de gobierno y la priorización del país por encima de cualquier otra cosa debe pesar de manera primordial para pararnos en este nuevo escenario.

Tampoco podemos imaginarnos a la coalición multicolor prescindiendo de la izquierda nacional. No solamente en el diálogo sino en la interacción permanente en todos los estamentos de gobierno. No es lo que algunos querían, pero la realidad política marca eso con mucha claridad y entenderlo es clave si queremos que el país siga transitando por la vía del desarrollo y el crecimiento.

Parece poco imaginable en este contexto que el gobierno electo presente la tan mentada ley de urgente consideración de 500 artículos para votar a tapas cerradas junto a sus socios multicolores y pasando por arriba a la izquierda nacional. Sería una torpeza política casi infantil, una señal de confrontación con el Frente Amplio que marcaría la cancha de los próximos 5 años y le daría la espalda al conjunto de la ciudadanía con el claro mensaje que dejó en las urnas.

El gran tema es; ¿cómo llevamos a la práctica un proyecto de unidad nacional cuando el país se encuentra fracturado en dos mitades políticas e ideológicas? Este es quizás el gran tema a elaborar en estos nuevos tiempos.

Hay que encontrar respuestas, y ellas deben emanar de la sabiduría del pueblo en su conjunto y la justa interpretación de sus dirigentes.

Primero, se necesita ante cada tema nacional lograr una adecuada correlación de fuerzas que empuje al país hacia la expresión política que nos exprese a las grandes mayorías.

Un ejemplo claro es cuando nos encontramos con la vicepresidenta electa Beatriz Argimón en una manifestación contra la violencia de género. Esa actitud política, esa masa de gente haciendo suyo la agenda de derechos aísla a las fuerzas conservadoras, a los que manifiestan «si te gustó, bancátela» y aunque ellas logren importantes espacios de incidencia -como el Ministerio de Salud Pública- la alianza con los sectores populares, las fuerzas de la oposición y las contradicciones que existen dentro de la coalición multicolor nos permitirá lograr una amplia base para que el país siga transitando por estos senderos.

Defender en las movilizaciones del PIT-CNT y otros colectivos sociales las conquistas obtenidas en materia social como el salario, los derechos laborales, las prestaciones sociales del Mides, la cobertura universal de la salud y encontrar aliados en la coalición que estén dispuestos a respetar estos derechos e incluso ampliarlos es una tarea imprescindible.

Sin esta movilización no habrá proyecto de unidad nacional, ya que ello se forja en la calle, en la vida diaria, en los barrios, en las necesidades de nuestro pueblo, allí donde están todos frenteamplistas, blancos, colorados y cabildantes.

Segundo, es necesario encontrar los interlocutores válidos, aquellos actores políticos que sean capaces de interpretar con fidelidad las cosas que están en juego y que sean expresiones de esa sociedad que demanda, se moviliza y espera respuestas.

Del lado del Frente Amplio hay en marcha un proceso de renovación política, que no solo no debe ser interrumpido sino profundizado. Pepe Mujica y Danilo Astori ya son referentes históricos presentes en el Senado de la República pero que deberán dar paso y respaldo a las nuevas figuras emergentes que son realidad en la fuerza política.

Mario Bergara y Oscar Andrade son dos referentes consolidados en la izquierda nacional, indiscutidos, que deberían ser los cabeza de punta de este diálogo. Yamandú Orsi podría ser el número 3, pero su participación dependerá de las decisiones futuras que la fuerza política le tenga reservada y sus propias decisiones.

Daniel Martínez ha demostrado ser un hombre más de gestión que de clave política. Será también otro nombre ineludible, que también depende de sus propias decisiones, aunque necesitará una plataforma de donde ejercer un futuro liderazgo.

Tercero, un proyecto de unidad nacional requiere un diálogo que sea capaz de saber hasta qué punto puede llegar la otra parte y valorarla. Entender al otro es parte esencial de la construcción; una cuestión que ha estado ausente en los últimos tiempos.

Los procesos de decisión adquirirán un rol clave. Si ellos se toman su tiempo tratando de sumar a la máxima expresión política o si se aplica una aplanadora con los votos de mano de yeso de la coalición gobernante.

Ese diálogo necesita la honestidad política e intelectual de saber cuando uno es pie y cuando es mano.

Ejemplo, en materia de seguridad y de educación los propios frenteamplistas hemos manifestado la insatisfacción con los resultados obtenidos, pero simultáneamente reivindicamos las acciones muy positivas y transformadoras que hemos avanzado en estos años. Incluirnos en un proyecto nacional parte de la base que la coalición gobernante tiene la iniciativa en estos temas, y si quiere contar con nuestra participación y compromiso deberá partir de lo construido; de allí se discute todo lo que quiera para adelante.

Plantearse la eliminación de la participación docente en los organismos de dirección de la enseñanza es la primera señal que no se construye sobre los trabajosos cimientos armados, sino que ellos son dinamitados.

La unidad nacional se expresará en las grandes mayorías nacionales, donde residen las principales materia de necesidades de nuestro pueblo; educación, seguridad, empleo, medio ambiente, salud, prestaciones sociales. Allí deberá estar el Frente Amplio y hacia esa dirección debemos empujar el proyecto de país.




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