Archivo para 31 marzo 2011

31
Mar
11

ddhh en uruguay

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Un fallo inapelable

 Días pasados se conoció el fallo de la Corte Interamericana de Derechos Humanos referido a la demanda de Macarena y Juan Gelman contra el Estado uruguayo. Dicha pieza jurídica contiene conceptos diáfanos y argumentos irrebatibles a favor de la inaplicabilidad de la Ley de Caducidad.

Huelga consignar que tales argumentos y consideraciones son coincidentes con lo sostenido por los espíritus libres y los juristas más connotados desde que se conoció el texto de la Ley 15.848 de diciembre de 1986.

Si bien el fallo se refiere al caso concreto de la desaparición de María Claudia García y la sustracción de su hija, Macarena Gelman, lo que realmente importa a todos quienes venimos luchando contra la impunidad, y en momentos en que vuelve a discutirse la ley interpretativa que declara inaplicables los artículos uno a cuatro de la Ley de Caducidad, son las cuestiones doctrinarias contenidas en el fallo y que barren toda la argumentación de los defensores de la impunidad.

En primer lugar, queda claramente establecida la incompatibilidad de las leyes de amnistía relativas a graves violaciones de derechos humanos con el derecho internacional y las obligaciones internacionales de los Estados. En el mismo sentido, la CIDH exige que los Estados dispongan que “ninguna otra norma análoga, como prescripción, irretroactividad de la ley penal, cosa juzgada, ne bis in ídem o cualquier excluyente similar de responsabilidad, sea aplicada y que las autoridades se abstengan de realizar actos que impliquen la obstrucción del proceso investigativo”. Esta declaración de la CIDH pulveriza los argumentos esgrimidos por los amigos de la impunidad, que se aferran a principios jurídicos pretendiendo hacerlos prevalecer por sobre las disposiciones de los organismos internacionales.

La Conferencia Mundial de Derechos Humanos celebrada en Viena en 1993 enfatizó que los Estados “deben derogar la legislación que favorezca la impunidad de los responsables de violaciones graves de los derechos humanos, […] y castigar las violaciones”. En consecuencia, la CIDH entiende que “las disposiciones de la Ley de Caducidad que impiden la investigación y sanción de graves violaciones de derechos humanos carecen de efectos jurídicos”.

Parece fuera de discusión que la Ley 15.848 no sólo es contraria a claras disposiciones de nuestra Carta Magna, sino que, además, violenta groseramente lo establecido en los acuerdos internacionales signados por Uruguay.

Ahora bien, con ser esto concluyente respecto de la necesidad de anular la Ley de Caducidad, hay otro aspecto del fallo de la CIDH que merece especial atención. Nos referimos a la postura de quienes se niegan a votar la ley interpretativa con el argumento de que la anulación (derogación o inaplicabilidad) de la Caducidad implicaría desconocer dos pronunciamientos populares favorables a la Ley. Pues bien, como para dar la razón a Tabaré Vázquez –tan criticado por haber dicho que “en estos temas las mayorías no tienen la última palabra”– la CIDH sostiene, en la misma línea de nuestra Suprema Corte de Justicia, que “el hecho de que la Ley de Caducidad haya sido aprobada en un régimen democrático y aún ratificada o respaldada por la ciudadanía en dos ocasiones no le concede, automáticamente ni por sí sola, legitimidad ante el Derecho Internacional. (…) La protección de los derechos humanos constituye un límite infranqueable a la regla de mayorías, es decir, a la esfera de lo ‘susceptible de ser decidido’ por parte de las mayorías en instancias democráticas”.

El Poder Legislativo tiene la palabra. En sus manos está la posibilidad de depurar nuestra legislación eliminando esa mácula ominosa.

31
Mar
11

juan gelman y los ddhh en uruguay

imagen

 

LOS APORTES DE JUAN Y MACARENA

Emilio CafassiProf. e investigador de la Universidad de Bs. As., escritor, ex decano. cafassi@sociales.uba.ar

Ha sido una semana de intensa carga conceptual, a la par que emotiva, para el progresismo uruguayo en general y, particularmente, para los interesados en la interpretación y revisión crítica del pasado y el presente. No sólo por el acto conmemorativo de los 40 años del FA, a cuya mesa política envié oportunamente una carta alusiva(**), incluida la visita y participación de Lula, sino fundamentalmente por el fallo de la CIDH de la OEA, que tanto parece enojar al legislador Penadés. Ambos acontecimientos invitan a reflexiones retrospectivas y a miradas “de frente”.

Hace más de un año, saludé la iniciativa de Juan y Macarena de llevar su caso hasta las máximas instancias internacionales en una contratapa de este diario (“La caduca caducidad rediviva” del 21/02/2010) por diversas razones, pero sobre todo porque situaba el problema fronteras afuera y exponía previsiblemente las consecuencias, inclusive punitivas y cívicamente desdorosas, de la decisión popular de darle la espalda a la anulación de la Ley de impunidad. Como mínimo tendría el mérito de indicar que tal actitud cívica no sería sin consecuencias. Pero las instancias internacionales, aún febles y de escasa eficacia y tratamiento igualitario en especial frente a los poderosos (como la Corte Penal Internacional, más inclinada a ocuparse de Ruanda que de los invasores de Irak o Afganistán o de los actuales bombardeos a Libia), parecen ser una muy buena alternativa a las dificultades locales para ayudar a dirimir situaciones de violación de derechos humanos dados los compromisos y culpabilidades, no sólo de los más conspicuos protagonistas del crimen, sino también de amplios sectores de la población.

Pero también concluía, y no encuentro razón para modificar ese razonamiento, que jamás podía usarse el lazo representativo y la amplia independencia de acción de los legisladores (a la que califico de liberal-fiduciaria en el marco de la república representativa burguesa), o de alguna mayoría de ellos a través de la disciplina partidaria, para rectificar una decisión soberana de sus representados, aún aquella que personalmente me repugna como es el caso de la derrota de la opción rosa. Para ponerlo en los sintéticos, claros y cálidos términos de un editorial de Jorge Majfud muy inmediatamente después del zafarrancho de la derrota, me sumaré con él a la exclamación “querido pueblo: no tienes vergüenza”. El mismo querido pueblo cuya mayoría, algo más de tres décadas atrás, prestó su consentimiento a través de su aquiescencia, cobardía, indiferencia y hasta en ciertos casos aliento, a la máxima operación criminal y terrorista de la historia del país. No sólo hubo fuerzas armadas y civiles encaramadas en el poder sosteniéndose por imperio de la fuerza sino además la complicidad criminal de una buena parte de la sociedad y de los partidos políticos conservadores. Lo que Gramsci conceptualizó como hegemonía (coerción más consentimiento) en sus escritos desde las cárceles de Mussolini.

Mientras el actual FA aportaba sus muertos, sus presos, sus torturados, sus rehenes, sus bebés para la apropiación privada y sus desaparecidos (además de decenas de miles de exiliados, algunos de los cuales también provenían de los partidos tradicionales), una buena parte de los blancos y colorados proveyeron funcionarios y altos jerarcas a la dictadura y, sobre todo, un encubridor silencio. Cuando cualquier vecino de Villa Biarritz pasaba por el bar de la esquina de Ellauri frente a la entrada del Penal de Punta Carreta y lo veía poblado de mujeres y niños con bolsas y paquetes, ¿pensaba que estaba ante una mutación de la cultura de lealtad parroquiana con un nuevo paradigma de fidelidad comercial y sociabilidad maternal? ¿Alguien puede suponer seriamente que viviendo en el interior de un estado terrorista (haya sido el chileno, argentino, uruguayo o el paraguayo de los ’70) se pueda desconocer la práctica criminal que se ejercía cotidianamente? ¿Nadie veía los secuestros o los milicos en las calles con sus razzias y patrullajes? ¿Nadie tuvo como vecino o amigo a cualquiera de los visitantes de presos de cualquier sexo a quienes se humillaba con revisiones hasta de carácter ginecológico o proctológico para luego vivir serenamente inmutado ante el horror de los relatos?

Jamás creí un ápice en la tesis de la inocencia y la desinformación de la población, a pesar de la real existencia de censura y férreo control discursivo en los medios de comunicación, a cuyas empresas privadas también les cabe sin duda la más plena responsabilidad por los crímenes y vejaciones conscientemente ocultos por ellas. Sí creo, inversamente, que hubo una división entre una mayoría cómplice y una minoría cuya resistencia se veía menguada por el propio hecho de tener a familiares, compañeros y amigos encarcelados, que de hecho eran una suerte de rehenes (además de los que la dictadura identificó explícitamente como tales) que podían sufrir en las mazmorras las consecuencias de las acciones de protesta o resistencia que se ejercieran al interior de la nación o inclusive desde el exterior.

Cuando mayorías de la ciudadanía convalidan la impunidad, no sólo pretenden amnistiar a los autores materiales e intelectuales del genocidio y el tormento y a sus beneficiarios directos y encubridores comunicacionales, sino también a sí mismas, intentando taparse con un manto de pretendido olvido, o tal vez a sus familiares y antecesores que convalidaron aquel terror pretérito. Por eso Penadés, del PN, se queja de que “Uruguay no fue defendido (…) no hubo de parte del gobierno, una defensa de los intereses de Uruguay”, ratificando involuntariamente de este modo el involucramiento “del país” con el crimen y al mismo tiempo debilitando la hipótesis del “inocentismo desinformado”. No fue “el Uruguay” pero sí una parte mayoritaria de su población. Cierto es que la burguesía y sus representantes siempre confunden casi naturalmente sus propios intereses (en este caso de velar complicidades) con los de toda la nación. Pero lo que parece reclamar Penadés, no es la defensa del Uruguay sino la propia. ¿Qué otra cosa podría hacer un Estado que pretende ampliar la democracia, reconocer los crímenes, pedir disculpas y ofrecer resarcimientos materiales y simbólicos si no puede siquiera conocer la verdad e identificar a los perpetradores de la masacre y la vejación? Cierto que, como los abogados son de parte y hasta reconocen a sus defendidos como “clientes”, es decir, compradores de sus “servicios”, una proporción de ellos se dedica a la defensa de criminales y delincuentes de toda laya, a chicanear y ocultar pruebas, a soslayar responsabilidades, etc. Claro que se podría contratar mercenarios como los genéricamente caricaturizados que estarían dispuestos a defender con todo el arsenal jurídico disponible al terrorismo de Estado. Pero se trata aquí de qué posición jurídica debe adoptar este estado uruguayo de hoy, gobernado por una mayoría que se pretende progresista y defensora de los derechos humanos, la democracia y la igualdad ante la ley. Sin duda, una más sincera y humanitaria que la que defienda los intereses y la pobre trayectoria cívica del citado y sus compañeros de ruta.

La peor confusión que podría crearse en este contexto de conquistas parciales y de sentencia mucho más amplia que el caso puntual de María Claudia García (que es la inmensa contribución de Juan y Macarena, porque se prolonga hacia el resto de los casos) es la de la falsa oposición entre supuestos defensores de la soberanía popular y de la democracia directa (los partidos conservadores, la derecha en general y los defensores de la ley 15.848) y aparentes violadores de ella, los progresistas que pretenderían anularla de cualquier forma y mediante cualquier procedimiento, incluyendo el desconocimiento de la voluntad popular.

Es completamente disparatado suponer que a la derecha, que hoy hegemoniza casi por completo a los partidos tradicionales, le interese en lo más mínimo el perfeccionamiento y la utilización de institutos de democracia directa y la apelación a la soberanía del cuerpo electoral. Como también es cierto que al progresismo, la esfera política y la crítica de la república representativa le ha merecido y parece seguir mereciéndole, un escaso interés. Puesto así, entonces, sólo se podría dirimir sobre la base del qué, de la ley misma, esto es, midiendo las relaciones de fuerza (que siempre son coyunturales e inestables) en torno al qué o a la sustancia de la cosa, desconociendo el cómo. De un lado estarán los defensores de la impunidad (aparentemente hoy en minoría parlamentaria) y del otro sus detractores, con el apoyo de una izquierda extraparlamentaria que tampoco se interesa por discutir en absoluto mecanismos de distribución del poder decisional. Recuérdese que hasta el propio Sabalza militó exclusivamente por la papeleta rosa porque supongo que le interesaba el contenido y no necesariamente el instituto con el que se pretendía anular la Ley.

Efectivamente, en lo inmediato hay que esperar que la resolución de la CIDH se cumpla en su totalidad como reclaman los demandantes ante ella. Pero sobre todo que se pueda investigar realmente, sistematizando y ordenando toda la información disponible y seguramente creando una comisión suficientemente multidisciplinaria para tal fin, como parece reclamar Macarena en un reportaje de ayer en el matutino argentino Página 12. Pero deberá recordar el lector que para ello no es necesario siquiera anular la Ley, ya que su artículo 4° dice textualmente que “el Poder Ejecutivo dispondrá de inmediato las investigaciones destinadas al esclarecimiento de estos hechos”. Bastará que el Poder Ejecutivo o el Presidente electo le comunique a todos los fiscales que cualquier intervención de oficio o por denuncia de violación de los derechos humanos queda excluida automáticamente del artículo 1° de la Ley para que se pase a investigar y procesar cuando se considere necesario, sin violentar la decisión popular, salvo que el FA haya encontrado la piedra jurídica filosofal.

Entretanto, los derechos humanos le guardarán gratitud a la iniciativa de Juan y Macarena.

30
Mar
11

tabaré vázquez el candidato de consenso

 

Tabaré Vázquez reapareció, sorprendió, recuperó el liderazgo, despejó la candidatura y busca fortalecer al Gobierno y a la fuerza política

Oscar A. Bottinelli, director general de Factum

Tabaré Vázquez demostró una vez más su fortaleza en el manejo de los tiempos, en particular sus entradas y salidas de escena. Lo hace en un momento particular del Gobierno y del Frente Amplio, mediante la creación de hechos muy fuertes. El nuevo Gobierno cerró el año con una fuerte y cuádruple caída: del juicio de gestión del presidente, de la valoración del Gobierno, del cumplimiento de las expectativas y de la intención de voto al Frente Amplio. Contra lo esperado por muchos analistas, el nuevo año no trajo cambios en el gabinete, ni anuncios claros de medidas gubernamentales. Por el contrario, se acentuó la polémica interna del oficialismo y se pusieron en duda más certezas: desde la posibilidad de aumentos tributarios a personas físicas, empresas en general y agro en particular, hasta restricciones a la tenencia y adquisición de tierras. La jugada de Vázquez consolida su liderazgo, da por terminada la disputa por el liderazgo que planteó Mujica hace un año, fortalece al Gobierno, frena la desatada carrera presidencial y pone autoridad en el FA.

Tabaré Vázquez es uno de los dos líderes y presidentes que en el último medio siglo mejor manejan los tiempos de presencia y ausencia, lo que en términos teatrales se puede llamar el buen uso del mutis. Agrega un elemento de su personalidad que, según el momento y el lugar, juega como defecto o como virtud: la imprevisibilidad. Así fue que sorprendió a propios y extraños al dar los más claros indicios de su disponibilidad a ser el candidato único del Frente Amplio a la Presidencia de la República en 2014, a la par que adelantó el nombre de Raúl Fernando Sendic como su más probable compañero de fórmula. La pregunta que surge es: ¿por qué Vázquez adelantó un anuncio que más bien era esperable para el último trimestre de 2013, es decir, en las vísperas del Congreso frenteamplista?

El antecedente base para explicar este movimiento de hogaño hay que rastrearlo hacia fines de 2007 hasta mediados de 2009: en ese periodo José Mujica desafía el liderazgo de Tabaré Vázquez y en cierto modo lo sustituye, o al menos se pone a la par. Los errores del entonces presidente en relación al Congreso ordinario del FA y la elección de presidente del partido político, la negativa a integrar la fórmula como vice de Astori postulado como vicario por el presidente líder, el desplazamiento del hombre del presidente en el Congreso especial del FA de 2008 y finalmente su derrota en las elecciones preliminares. Hubo un fugaz retorno de Vázquez al liderazgo y un reposicionamiento del ex ministro de Economía, cuando la sucesión de errores de Mujica en la mitad de la campaña electoral, en particular la aparición del libro “Pepe Coloquios” y diversos comentarios y entrevistas en Argentina, debilitaron extraordinariamente su candidatura. El liderazgo apareció claramente cuestionado cuando la asunción del nuevo presidente, quien adoptó una impronta refundacional con cierto grado de rupturismo respecto a la administración anterior, cobró muchas cuentas pequeñas y medianas y quiso enmendarle la plana a su antecesor en tres oportunidades: con el levantamiento del veto a Kirchner, que le salió bien al nuevo presidente y obtuvo un frío respeto de su contendor; con el giro de 180 grados en materia de tabaquismo, en que debió no solo dar plena marcha atrás, sino hasta endurecer las políticas; y con la elección de la norma digital, que obtuvo una displicente adhesión de Vázquez, ya a punto de recobrar su liderazgo pleno.
Pero además las comparaciones favorecían al sucesor, lo cual es una regla: el estilo que encandila a la gente y es determinante para llevar a alguien a la primera magistratura al final cansa y se busca algo contrapuesto. Así surgió el juego de comparaciones: la vida ascética de la familia Mujica contra la propensión a los negocios de la familia Vázquez; la figura desprolija del Pepe contra la figura atildada y bien cuidada de Tabaré; el estilo dialoguista y comprensivo del líder histórico tupamaro contra la actitud confrontacional y autoritaria del oncólogo. Se percibía que la diferencia más significativa entre ambos Gobiernos iba a ser el estilo personal de los presidentes y no la línea política, ya que la nueva dupla presidencial y vicepresidencial habían afirmado hasta el cansancio la inamovilidad de la línea económica, el mantenimiento tal cual del secreto bancario y del esquema tributario, del libre flujo de capitales, de la libertad de inversiones.

El diagnóstico de situación viene pautado por una fuerte y cuádruple caída del oficialismo. Primero, en la aprobación del presidente, que cayó sistemáticamente trimestre a trimestre, aunque situada en niveles buenos (lo malo es la caída, pero lo que queda es positivo ya que lo aprueba cerca del 60%). Segundo, de la valoración del Gobierno, que aparece algún punto por debajo del presidente. Tercero, la caída en las expectativas respecto al Gobierno (el 62% considera que está por debajo o lejos de lo esperado, contra un 36% satisfecho). Y cuarto, el nivel de intención de voto al Frente Amplio que cierra el año en el magro nivel del 42% y el alarmante despegue del voto refractario (en blanco, anulado, a ninguno) que trepa al 10%, cifra similar a lo alcanzado en todo el país en las pasadas elecciones departamentales de mayo de 2010, cifra récord en el país.

Ocurre, además, que lo que hoy se ve como diálogo y tolerancia (le pasó a Batalla) al cabo del tiempo se percibe como falta de mando y debilidad; a contrario sensu, la actitud autoritaria pasa a percibirse como sentido del mando. Lo cierto es que el diagnóstico de analistas, elites y público en general es de ver un Gobierno débil, desgastado, con el desgaste propio de la mitad del periodo y no de un primer año aún no concluido. A ello cabe sumar un Frente Amplio que pone todo en cuestionamiento, discute públicamente todo y hace aflorar la duda sobre cuánto va rumbo a una socialdemocracia –es decir, hacia la buena gestión del capitalismo asociada al fortalecimiento del welfare state y la disminución de las desigualdades– y cuánto va a llevar al capitalismo al límite de una transformación de tipo revolucionaria, de cambio en las bases del sistema. Todo ello además se enrareció con el adelanto de la carrera presidencial: basta con señalar que ya se manejaban nueves nombres frenteamplistas, tanto del MPP, del mujiquismo no MPP, del socialismo, del post-astorismo y naturalmente el propio Astori (los ocho primeros además como competidores dobles para la candidatura presidencial y la vicepresidencial)

Vázquez, al hacer esta entrada en escena, provoca además seis efectos principales:

– Uno, retoma el liderazgo absoluto, que queda ya fuera de discusión.
– Dos, anula la carrera presidencial y, con el visto bueno al nombre de Raúl Fernando Sendic como compañero de fórmula, ensordece la carrera vicepresidencial, a riesgo de exponer al presidente de Ancap a todas las zancadillas imaginables.

– Tres, fortalece al Gobierno, cuya fuerza queda condicionada al apoyo de Vázquez.
– Cuatro, cierra las puertas a nuevos enmendaduras de plana a su gestión.
– Cinco, fortalece al Frente Amplio, que con su nombre hace trepar la intención de voto hacia el 46%-49%, lo que aún así es bastante magro.
– Seis, fortalece su propio poder, que ya no es el de un ex presidente y una figura popular, sino para los frenteamplistas es el futuro presidente y la carta que les queda para permanecer a flote.

Desde mediados de año Mujica viene manejado nombres para la Presidencia del Frente Amplio y hasta ha hecho ofrecimientos. Es posible que ahora o continúe Jorge Brovetto (hacia lo cual dio una señal no muy clara el anterior presidente) o el nuevo presidente sea impulsado por Vázquez, o al menos necesite el aval de Vázquez. Son todos cambios fuertes en el oficialismo, entendido como gobierno y como fuerza política.

 

30
Mar
11

argentina 35 años después del golpe fascista


35 años después del golpe, ¡a no bajar la guardia!

Página/12,
  
El golpe militar de 1976: 35 años después
 
 Atilio A. Boron
Es importante, al cumplirse 35 años del golpe, continuar ejercitando la memoria. El olvido o la negación sólo servirían para facilitar la repetición de tan atroz experiencia. Recordar y actuar, pero sin limitarnos a las manifestaciones políticas del terrorismo de Estado y sus políticas de exterminio. Hay que llegar al cimiento sobre el cual éstas se construyeron: el proyecto neoliberal, que para prevalecer requiere de una dosis inaudita de violencia y de muerte. Gracias a la anulación de las leyes de punto final y obediencia debida algunos de los tenebrosos ejecutores del plan genocida están entre rejas, pero hasta ahora sus instigadores han logrado evadir la acción de la Justicia. Hoy, veintiocho años después de recuperada la democracia, ya no es mucho lo que se puede hacer … (clic abajo en Más información) teniendo en cuenta la edad de los principales responsables. Esta es una de las lecciones para recordar: se juzgó a los responsables del terrorismo de Estado, y en ese sentido es importante destacar que en esta materia la Argentina se ubica indiscutiblemente a la vanguardia en el plano internacional. Pero los instigadores y beneficiarios del terrorismo económico y sus cómplices, en los medios, en los partidos, los sindicatos, la Iglesia, la cultura y las universidades, han disfrutado, hasta ahora, de total impunidad. Se ha juzgado y condenado a quienes fueron su instrumento, pero dejando de lado el enjuiciamiento a quienes pusieron en marcha un plan que sabían muy bien sólo lograría imponerse mediante la más brutal violación de los derechos humanos. El proceso llevado a cabo en el caso de Papel Prensa es un avance, así como algunas causas en las cuales se ha involucrado a Martínez de Hoz; pero siendo importantes son insuficientes. Esta es una de las asignaturas pendientes que debe ser aprobada cuanto antes. Ojalá que la discusión suscitada por este luctuoso aniversario pueda servir para profundizar la investigación sobre los instigadores y cómplices antes de que sea demasiado tarde.
La experiencia internacional de países como Alemania, Italia, España y Portugal demuestra que los legados autoritarios no son de fácil o inmediata asimilación. Son procesos de largo plazo y, en nuestro caso, se impone averiguar cuáles son las herencias que ha dejado una experiencia tan traumática como la de la última dictadura militar. Es razonable suponer, por ejemplo, que algunos de los crímenes más estremecedores de los últimos tiempos como los asesinatos de Darío Santillán y Maximiliano Kosteki, del maestro Carlos Fuentealba, del joven Mariano Ferreyra, de los aborígenes qom en Formosa, o el de los ocupantes del Parque Indoamericano, amén de las desapariciones de Julio Jorge López y Luciano Arruga, son ecos luctuosos de aquel desgraciado período de nuestra historia. Otros legados, como la impunidad castrense, fueron metabolizados y superados, pero los absurdos privilegios de que goza la renta financiera, anclados en la Ley de Entidades Financieras de Martínez de Hoz, insólitamente vigente luego de tantos años, continúan ejerciendo su perniciosa influencia, al igual que la extranjerización de los principales sectores de la vida económica, la inequidad del régimen tributario y el despojo de las riquezas nacionales. Una herencia particularmente gravosa de aquel aciago período es la destrucción del Estado nacional, obra en la cual lo iniciado por la dictadura –recordar su consigna: “achicar el Estado es agrandar la nación”– adquirió inédita profundidad y ribetes escandalosos durante el decenio menemista. Los gobiernos sucesores sólo tímidamente emprendieron la urgente y necesaria tarea de reconstruir al Estado, misión imposible sin una reforma impositiva que asegure el adecuado financiamiento del aparato estatal. De ahí la paradoja, que no pasa inadvertida para nadie, de una economía que crece aceleradamente en convivencia con un Estado muy pobre que, por ejemplo, debe confiar en las declaraciones de los oligopolios petroleros o mineros para saber cuál es el monto o la cuantía de sus exportaciones, porque ni el Estado nacional ni los estados provinciales disponen de los recursos humanos y técnicos para dicha tarea; o que depende de otro país para imprimir el papel moneda que necesita su población. Acabar con este deplorable legado es una de las tareas más urgentes: sin un Estado reconstruido y dotado de los recursos que exigen sus múltiples y esenciales funciones, difícilmente la bonanza económica podrá traducirse en progreso social.
29
Mar
11

Allan Macdonald
29
Mar
11

aristide; menos eeuu, el retorno esperado

 

El regreso de Aristide a Haití

La travesía de una larga noche que se hizo día
 

  Amy Goodman

Democracy Now!

En la madrugada del 17 de marzo, el ex presidente haitiano Jean-Bertrand Aristide abordó un pequeño avión junto con su familia en Johannesburgo. A la mañana siguiente llegó a Haití. Habían pasado más de siete años desde que fue secuestrado de su casa en Haití tras un golpe de Estado que contó con el apoyo de Estados Unidos. En 2010, Haití fue azotado por un terrible terremoto que dejó un saldo de más de 300.000 muertos y un millón y medio de personas sin hogar. Una epidemia de cólera llevada al país por las fuerzas de ocupación de la misión de las Naciones Unidas podría haber contagiado a casi 800.000 personas. La mayoría de la población vive con menos de un dólar diario. Ahora Aristide, de lejos la figura más popular de Haití en la actualidad y el primer presidente elegido democráticamente de la primera república negra del mundo, regresó a su país.

Bon Retou Titid” (“Buen retorno, Titid”, la forma afectuosa para referirse a Aristide) decían los carteles y coreaba la gente en Puerto Príncipe, mientras miles de personas se congregaron para acompañar a Aristide desde el aeropuerto Toussaint L’Ouverture hasta su casa. L’Ouverture encabezó el levantamiento esclavo que fundó Haití en 1804. Tuve la oportunidad de viajar junto con Aristide, su esposa Mildred y sus dos hijas desde Johannesburgo a Haití en el pequeño avión proporcionado por el gobierno de Sudáfrica. Fue mi segundo vuelo junto a ellos. En marzo de 2004, la familia Aristide intentó regresar del exilio forzoso en la República Centroafricana, pero nunca logró regresar a Haití. El entonces Secretario de Defensa de Estados Unidos, Donald Rumsfeld, y otros funcionarios estadounidenses advirtieron a Aristide de que se mantuviera lejos del Hemisferio Occidental. La familia Aristide no hizo caso a dicha presión, e hizo una parada en Jamaica antes de viajar a Sudáfrica, donde permaneció hasta el fin de semana pasado.

Justo antes de las elecciones de este domingo en Haití, el Presidente René Preval dio a Aristide el pasaporte diplomático que le había prometido hacía mucho tiempo. Dos meses antes, el 19 de enero, el entonces portavoz del Departamento de Estado de Estados Unidos, P.J. Crowley, escribió en Tweeter, en referencia a Aristide: “Hoy Haití necesita mirar hacia el futuro, no al pasado”. Mildred Aristide se sintió indignada por este comentario. Cuando la entrevisté en el avión, minutos antes de su regreso a Haití, dijo que Estados Unidos había dicho eso desde que obligaron a su esposo a salir del país en 2004: “Cuando estábamos en la República Centroafricana, alguien nos dio un libro sobre Barthélemy Boganda, el fundador de la República Centroafricana y el precursor de su independencia, porque en última instancia murió antes de que la República Centroafricana lograra su independencia de Francia. Y había una oración en el libro que me dejó paralizada. Se cuestionaba a Boganda por continuar siendo crítico de las relaciones entre la Francia colonial y la República Centroafricana, y le decían ‘Estás hablando del pasado’. A lo que Boganda replicó: ‘Dejaría de hablar del pasado, si no estuviera tan presente’”.

Mark Toner, el nuevo portavoz del Departamento de Estado, dijo la semana pasada: “El ex Presidente Aristide eligió permanecer fuera de Haití por siete años. Que regrese esta semana solamente podría ser considerado como una decisión consciente de tener un impacto en las elecciones de Haití.”

Jean-Bertrand Aristide no eligió irse ni permanecer fuera de Haití, y el gobierno de Obama lo sabe. El 29 de febrero de 2004 Luis Moreno, el número 2 de la Embajada de Estados Unidos en Haití, fue a la casa de la familia Aristide y los llevó por la fuerza al aeropuerto. Frantz Gabriel era el guardaespaldas personal de Aristide en 2004. Lo conocí cuando estuve con la familia Aristide en la República Centroafricana, y lo volví a ver el viernes cuando la familia Aristide regresó a Haití. Recordó: “El presidente no se fue voluntariamente, porque todos los que vinieron a acompañar al presidente hasta el aeropuerto eran militares. Yo estuve en las fuerzas armadas de Estados Unidos y se cuál es el aspecto de un oficial de infantería, y también sé cuál es el aspecto de un oficial de las fuerzas especiales. Lo que me llamó la atención fue que cuando abordamos el avión, todos se cambiaron el uniforme y se pusieron vestimenta civil. Y en ese momento supe que se trataba de una operación especial”.

Estados Unidos continúo impidiendo el regreso del Presidente Aristide durante los siete años sigueintes. Precisamente la semana pasada el Presidente Barack Obama llamó al Presidente sudafricano Jacob Zuma para expresar su “profunda preocupación” ante el posible regreso de Aristide, y presionó a Zuma para que impidiera que viajara. Zuma tiene el mérito de haber ignorado la advertencia. Cables diplomáticos estadounidenses publicados por WikiLeaks revelan que durante muchos años hubo maniobras consensuadas para impedir el regreso de Aristide a Haití, entre ellas el castigo diplomático a cualquier país que ayudara a Aristide, e incluso la amenaza de bloquear el ingreso de Sudáfrica en el Consejo de Seguridad de la ONU.

Luego de aterrizar en Puerto Príncipe, Aristide no perdió el tiempo. Se dirigió al pueblo haitiano desde el aeropuerto. Sus palabras tocaron un punto fundamental de las elecciones que acaban de llevarse a cabo en ese país: que su partido político, el partido más popular de Haití, Fanmi Lavalas, está proscrito, fue excluido de las elecciones. Aristide dijo: “El problema es la exclusión, y la solución es la inclusión. La exclusión de Fanmi Lavalas es la exclusión de la mayoría. La exclusión de la mayoría significa que están excluyendo exactamente a la rama sobre la cual todo estamos posados. El problema es la exclusión. La solución es incluir a todos los haitianos sin discrmininación, porque todos somos personas”. Al reencontrarse con el país que no había visto durante siete años, el Presidente Aristide expresó: “Haití, Haití, cuánto más lejos estoy de tí, más me cuesta respirar. Haití, te quiero y siempre te querré. Siempre”.

Denis Moynihan colaboró en la producción periodística de esta columna.

© 2011 Amy Goodman

Amy Goodman es la conductora de Democracy Now!, un noticiero internacional que se emite diariamente en más de 600 emisoras de radio y televisión en inglés y en más de 300 en español. Es co-autora del libro “Los que luchan contra el sistema: Héroes ordinarios en tiempos extraordinarios en Estados Unidos”, editado por Le Monde Diplomatique Cono Sur.

Texto en inglés traducido por Mercedes Camps y Democracy Now! en español, spanish@democracynow.org

29
Mar
11

fidel castro sobre obama en chile

Reflexiones de Fidel

Ayer fue un día largo. Atendía desde el mediodía las peripecias de Obama en Chile, como había hecho el día anterior con sus aventuras en la urbe de Río de Janeiro. Esa ciudad, en brillante desafío, había derrotado a Chicago en su aspiración a ser sede de la Olimpiada de 2016, cuando el nuevo Presidente de Estados Unidos y Premio Nobel de la Paz parecía un émulo de Martin Luther King.

Nadie sabía cuándo llegaba a Santiago de Chile y qué haría allí un Presidente de Estados Unidos, donde uno de sus antecesores había cometido el doloroso crimen de promover el derrocamiento y la muerte física de su heroico Presidente, horribles torturas y el asesinato de miles de chilenos.

Trataba por mi parte, a la vez, de seguir las noticias que llegaban de la tragedia de Japón y la brutal guerra desatada contra Libia, mientras el ilustre visitante proclamaba la “Alianza Igualitaria” en la región del mundo donde peor está distribuida la riqueza.

Entre tantas cosas, me descuidé un poco y no vi nada del opíparo banquete de cientos de personas con las exquisiteces que la naturaleza dotó los mares, que de haberse realizado en un restaurante de Tokio, ciudad donde se paga hasta 300 mil dólares por un atún fresco de aleta azul, se habrían reunido hasta 10 millones de dólares.

Era demasiado trabajo para un joven de mi edad. Escribí una breve Reflexión y dormí luego largas horas.

Hoy por la mañana estaba fresco. Mi amigo no llegaría a El Salvador hasta después del mediodía. Pedí despachos cablegráficos, artículos de Internet y otros materiales recién llegados.

Vi, en primer lugar, que por mi culpa los despachos cablegráficos le habían dado importancia a lo que dije con respecto al cargo de Primer Secretario del Partido, y lo explicaré con la mayor brevedad posible. Concentrado en la “Alianza Igualitaria” de Barack Obama, un asunto de tanta relevancia histórica ―hablo en serio―, ni siquiera recordé que el mes próximo tendrá lugar el Congreso del Partido.

Mi actitud con relación al tema fue elementalmente lógica. Al comprender la gravedad de mi salud, hice lo que a mi juicio no fue necesario cuando tuve el doloroso accidente en Santa Clara; después de la caída el tratamiento fue duro, pero la vida no estaba en peligro.

Cuando, en cambio, escribí la Proclama del 31 de julio fue evidente para mí que el estado de salud era sumamente crítico.

Depuse de inmediato todas mis funciones públicas, añadiéndole a la misma algunas instrucciones para ofrecer seguridad y tranquilidad a la población.

No era necesaria la renuncia, en concreto, de cada uno de mis cargos.

La función más importante para mí era la de Primer Secretario del Partido. Por ideología y por principio, en una etapa revolucionaria, a ese cargo político corresponde la máxima autoridad. El otro cargo que ejercía era el de Presidente del Consejo de Estado y del Gobierno, electo por la Asamblea Nacional. Para ambos cargos existía un sustituto, y no en virtud de vínculo familiar, que jamás he considerado fuente de derecho, sino por experiencia y méritos.

El grado de Comandante en Jefe me lo había otorgado la propia lucha, una cuestión de azar más que de méritos personales. La propia Revolución, en ulterior etapa, asignó correctamente la jefatura de todas las instituciones armadas al Presidente, una función que a mi juicio debe corresponderse con la de Primer Secretario del Partido. Entiendo que así debe ser en un país que, como Cuba, ha tenido que enfrentar un obstáculo tan considerable como el imperio creado por Estados Unidos.

Transcurrieron casi 14 años desde el anterior Congreso del Partido, que coincidieron con la desaparición de la URSS y el Campo Socialista, el Período Especial y mi propia enfermedad.

Cuando progresiva y parcialmente recuperé la salud, ni siquiera me pasó por la mente la idea o necesidad de proceder al formalismo de hacer renuncia expresa de cargo alguno. Acepté en ese período el honor de la elección como Diputado a la Asamblea Nacional, que no exigía la presencia física, y con la que podía compartir ideas.

Como dispongo de más tiempo que nunca para observar, informarme, y exponer determinados puntos de vista, cumpliré modestamente mi deber de luchar por las ideas que he defendido a lo largo de mi modesta vida.

Ruego a los lectores me excusen el tiempo invertido en esta explicación, que las circunstancias mencionadas me obligaron llevar a cabo.

El asunto más importante, no lo olvido, es la insólita alianza entre millonarios y hambrientos que propone el ilustre Presidente de Estados Unidos.

Los bien informados -aquellos que conocen, por ejemplo, la historia de este hemisferio, sus luchas, o incluso, solo la del pueblo de Cuba defendiendo la Revolución contra el imperio que, como el propio Obama reconoce, ha durado más tiempo que “su propia existencia”-, con seguridad se asombrarán de su propuesta.

Se conoce que el actual Presidente es un buen hilvanador de palabras, circunstancias que, unidas a la crisis económica, el creciente desempleo, las pérdidas de viviendas, y la muerte de soldados norteamericanos en las guerras estúpidas de Bush, lo ayudaron a obtener la victoria.

Después de observarlo bien, no me sorprendería que fuera el autor del ridículo título con que se bautizó la matanza en Libia: “Odisea del Amanecer”, que hizo temblar el polvo de los restos de Homero y los que contribuyeron a fraguar la leyenda de los famosos poemas griegos; aunque admito que, tal vez, el título fuese una creación de los jefes militares que manejan las miles de armas nucleares con las cuales una simple orden del Premio Nobel de la Paz puede determinar el fin de nuestra especie.

De su discurso a los blancos, negros, indios, mestizos y no mestizos, creyentes y no creyentes de las Américas, pronunciado en el Centro Cultural Palacio de la Moneda, las embajadas de Estados Unidos distribuyeron copia fiel en todas partes, y fue traducido y divulgado por Chile TV, CNN, e imagino que otras emisoras en otros idiomas.

Fue al estilo del que pronunció el primer año de su mandato, en El Cairo, la capital de su amigo y aliado Hosni Mubarak, cuyas decenas de miles de millones de dólares sustraídos al pueblo es de suponer que conocía un Presidente de Estados Unidos.

“…Chile ha demostrado que no tenemos por que estar divididos por razas […] o conflictos étnicos”, aseguró, de este modo el problema americano fue borrado del mapa.

Insiste obsesivamente casi de inmediato en que “…este maravilloso lugar donde nos encontramos, a pocos pasos de donde Chile perdió su democracia hace varias décadas…” Todo menos pronunciar el golpe de Estado, el asesinato del pundonoroso general Schneider, o el nombre glorioso de Salvador Allende, como si el gobierno de Estados Unidos no tuviese que ver en absoluto.

El gran poeta Pablo Neruda, cuya muerte aceleró el traidor golpe, sí fue pronunciado más de una vez, en este caso para afirmar de forma bellamente poética nuestras “estrellas” primordiales son la “lucha” y la “esperanza”. ¿Ignora Obama que Pablo Neruda era comunista, amigo de la Revolución Cubana, gran admirador de Simón Bolivar, que renace cada cien años, e inspirador del Guerrillero Heroico Ernesto Guevara?

Admirado quedé casi desde el inicio de su mensaje, de los profundos conocimientos históricos de Barack Obama. Algún asesor irresponsable olvidó explicarle que Neruda era militante del Partido Comunista de Chile. Después de otros párrafos intrascendentes reconoce que: “Sé que no soy el primer presidente de Estados Unidos en prometer un nuevo espíritu de cooperación con nuestros vecinos latinoamericanos. Sé que a veces, Estados Unidos ha tomado por descontada a esta región.”

“…América Latina no es el viejo estereotipo de una región en conflicto perpetuo ni atrapada por ciclos interminables de pobreza.”

“En Colombia, grandes sacrificios por ciudadanos y fuerzas de la seguridad han restaurado un nivel de seguridad que no se veía desde hace décadas.” Allí jamás hubo narcotráfico, paramilitares ni cementerios clandestinos.

En su discurso la clase obrera no existe, ni campesinos sin tierras, tampoco los analfabetos, la mortalidad infantil o materna, los que pierden la vista, o son víctimas de parásitos como el Chaga o de enfermedades bacterianas como el cólera.

“Desde Guadalajara hasta Santiago y São Paulo, una CLASE MEDIA está exigiendo más de sí misma y más de su gobierno”, expresa.

“Cuando un golpe de Estado en Honduras amenazó el progreso democrático, los países del hemisferio invocaron unánimemente la Carta Democrática Interamericana, lo que ayudó a sentar las bases del retorno al estado de derecho.”

La verdadera razón del maravilloso discurso de Obama se explica de forma indiscutible a mediados de su mensaje y con sus propias palabras: “América Latina solo se va a volver más importante para Estados Unidos, especialmente para nuestra economía. […] Compramos más de sus productos y servicios que ningún otro país, e invertimos más en esta región que ningún otro país. […] nosotros exportamos más de tres veces a América Latina que lo que exportamos a China. Nuestras exportaciones a esta región… aumentan más rápido que nuestras exportaciones al resto del mundo…”. Se puede acaso deducir de esto que “cuanto más próspera sea América Latina, más próspero será Estados Unidos.”

Dedica más adelante insípidas palabras a los hechos reales:

“Pero seamos francos y también admitamos […] que el progreso del continente americano no es suficientemente rápido. No para los millones que sufren la injusticia de la extrema pobreza. No para los niños en las barriadas y las favelas, que sólo quieren las mismas oportunidades que tienen los demás.”

“El poder político y económico con demasiada frecuencia está concentrado en las manos de pocos, en lugar de servir a la mayoría.”, expresó textualmente

“No somos la primera generación que enfrenta esos retos. Hace exactamente 50 años, el Presidente John F. Kennedy propuso una ambiciosa Alianza para el Progreso.”

“El desafío ante el Presidente Kennedy persiste: ‘construir un hemisferio en el que todos [los pueblos] puedan tener la esperanza de un estándar de vida apropiado, en el que todos puedan vivir su vida con dignidad y libertad’.”

Es increíble que venga ahora con esa historia tan burda que constituye un insulto a la inteligencia humana.

No le queda más remedio que mencionar entre las grandes calamidades un problema que se origina en el colosal mercado de Estados Unidos y con armas homicidas de ese país: “Las pandillas de criminales y narcotraficantes no solo son una amenaza contra la seguridad de los ciudadanos. Son una amenaza contra el desarrollo porque ahuyentan la inversión que necesita la economía para prosperar. Y son una amenaza directa contra la democracia porque alientan la corrupción que socava a las instituciones desde adentro.”

Más adelante añade a regañadientes: “Pero nunca eliminaremos el atractivo de los carteles y pandillas a no ser que también les hagamos frente a las fuerzas sociales y económicas que alimentan la criminalidad. Necesitamos llegar a los jóvenes vulnerables antes de que recurran a las drogas y el crimen.”

“Como Presidente, he dejado en claro que en Estados Unidos aceptamos nuestra responsabilidad por la violencia generada por las drogas. La demanda de drogas, incluida aquella en Estados Unidos, impulsa esta crisis. Por eso formulamos una nueva estrategia para el control de drogas que se centra en reducir la demanda de drogas por medio de la educación, prevención y tratamiento.”

Lo que no dice es que en Honduras 76 personas por cada 100 mil habitantes mueren a causa de la violencia, 19 veces más que en Cuba, donde prácticamente, a pesar de la proximidad de Estados Unidos, tal problema apenas existe.

Después de unas cuantas tonterías por el estilo, sobre las armas con camino a México que están confiscando, un Acuerdo Transpacífico, el Banco Interamericano de Desarrollo, con el que dice se esmeran en aumentar el “Fondo de Crecimiento con Microfinanciación para las Américas” y prometer la creación de nuevas “Vías a la Prosperidad” y otros términos altisonantes que pronuncia en inglés y español, vuelve a sus peregrinas promesas de unidad hemisférica y trata de impresionar a los oyentes con los riesgos del cambio climático.

Añade Obama “Y si alguien duda de la urgencia del cambio climático, basta que miren dentro del continente americano, desde las fuertes tormentas del Caribe hasta el descongelamiento de glaciares en los Andes y la pérdida de bosques y tierras de cultivo en toda la región.” Sin el valor de reconocer que su país es el máximo responsable de esa tragedia.

Explica que se enorgullece de anunciar que “…Estados Unidos está trabajando con socios en la región, entre ellos el sector privado, para aumentar en 100,000 el número de estudiantes de Estados Unidos en América Latina, y en 100,000 el número de estudiantes de América Latina que estudian en Estados Unidos.” Ya se sabe lo que cuesta estudiar Medicina u otra carrera en ese país, y el robo descarado de cerebros que practica Estados Unidos.

Toda su palabrería para terminar con una loa a la OEA que Roa calificó como “Ministerio de Colonias Yanki”, cuando en memorable denuncia de nuestra Patria en Naciones Unidas, informó que el gobierno de Estados Unidos había atacado nuestro territorio el 15 de abril de 1961 con bombarderos B-26 pintados con insignias cubanas; un hecho desvergonzado que dentro de 23 días cumplirá 50 años.

De esa forma creyó que todo estaba plenamente listo para proclamar el derecho a subvertir el orden en nuestro país.

Confiesa paladinamente que están “permitiendo que los estadounidenses envíen remesas para darles cierta esperanza económica a gente en toda Cuba, como también más independencia de las autoridades.”

“…continuaremos buscando maneras de aumentar la independencia del pueblo cubano, que tiene derecho a la misma libertad que todos los demás en este hemisferio.”

Luego reconoce que el bloqueo daña a Cuba, priva a la economía de recursos. ¿Por qué no reconoce que las intenciones de Eisenhower, y el objetivo declarado de Estados Unidos cuando lo aplicó, era rendir por hambre al pueblo de Cuba?

¿Por qué se mantiene? ¿A cuántos cientos de miles de millones de dólares asciende la indemnización que Estados Unidos debe pagar a nuestro país? ¿Por qué mantienen en prisión a los 5 Héroes antiterroristas cubanos? ¿Por qué no se aplica la Ley de Ajuste a todos los latinoamericanos en lugar de permitir que miles de ellos resulten muertos o heridos en la frontera impuesta a ese país después de arrebatarle más de la mitad de su territorio?

Le ruego al Presidente de Estados Unidos que me excuse la franqueza.

No albergo sentimientos hostiles hacia él o su pueblo.

Cumplo el deber de exponer lo que pienso de su “Alianza Igualitaria”.

Nada ganará Estados Unidos al crear y estimular el oficio de mercenarios. Puedo asegurarle que los mejores y más preparados jóvenes de nuestro país graduados en la Universidad de Ciencias Informáticas conocen mucho más de Internet y computación que el Premio Nobel y Presidente de Estados Unidos.

Fidel Castro Ruz

Marzo 22 de 2011

9 y 17 p.m.