Archivo para 31 marzo 2012

31
Mar
12

Colombia, la guerra y la paz

¿Guerra o proceso de paz?

Carlos Alberto Villanueva / Rebelión

Entender las cuestiones ligadas a la resolución del conflicto político-militar colombiano, que enfrenta a fuerzas insurgentes y al estado, no sólo es un ejercicio de académicos, es también la llave para liberar -por fin- la conciencia de lo que está en juego. Todo hace pensar que la paz es un asunto que nos interroga a todos los colombianos: la aproximación al concepto de Justicia Social y a lo que éste representa para la vida material de la población, el logro de una reforma agraria incluyente y acorde con una solución política y definitiva, el anhelo de un sistema nacional de DDHH que haga constatable el ejercicio de la vida política civil, una conciencia nacional acerca de la protección de medio ambiente, etc. Todas ellas son cuestiones que claman por una negociación de paz sincera, peconstatable la mejora en las condiciones materiales de vida de la población colombiana. rspectiva del tiempo, hoy sabemos que partir desde el supuesto de la desmovilización de las guerrillas como único medio para lograr la paz es una simplificación extrema de las contradicciones que atraviesan al país. Es momento de entender que dichas contradicciones existen al margen de la voluntad circunstancial de las partes enfrentadas, y que la “democracia” no se puede imponer por medios militares, que es un asunto más amplio y que no sólo está supeditada al fin de las acciones de guerra. El objetivo de este texto es continuar avanzando en la discusión acerca de cuál es el papel de la guerrilla en la paz de Colombia, así como emprender el camino para desmitificar la idea de que sólo se puede llegar a una negociación política por la vía de la fuerza (tras una escalada continua), una idea que sólo hace parte del ideario ultra-guerrerista de grupos de interés económico y político representados en las estructuras del estado; para ellos la negociación política no tiene nada que ver con el tamaño y capacidad objetivos de las guerrillas, es más bien una cuestión de costes, pues entienden que el logro de la paz podría comprometer sus ganancias o las cuotas de poder hasta ahora adquiridas (pensemos por ejemplo en los gremios de la economía nacional y en la forma en que una negociación política exitosa podría alterar su estatus actual: el negocio de la salud, la banca, los partidos políticos, la explotación de recursos naturales, el negocio de la educación, los latifundistas y los empresarios agroindustriales, los militares, entre otros). El enfoque que se propone es el de intentar definir cuáles son los elementos que nos pueden ayudar a explicar el continuo escalamiento del conflicto político-militar colombiano, que a su vez pueden explicar su pervivencia. Pero antes que nada, es conveniente hacer las siguientes salvedades, pues se refieren a cuestiones fundamentales para avanzar en cualquier campo de discusión acerca del conflicto interno colombiano, sin desconocer que por sí mismas representan temas de extenso debate: 1. Que la situación de fondo del conflicto entre estado y beligerantes es de carácter político. Y esto es importante, pues de otra manera estaríamos validando la estrategia de guerra de no reconocimiento de la otra parte, estrategia que por lo demás está viciada como discurso, porque está orientada por motivaciones circunstanciales y propagandísticas que no reflejan la dimensión y el carácter del conflicto. Además, es fácil probar que tal estrategia queda desdicha por las experiencias anteriores de negociación o diálogo entre gobiernos y guerrillas, pues una vez iniciados los procesos, el primer paso de instalación ha sido el reconocimiento de la condición política de los insurgentes y también de las causas político-económicas que han motivado el conflicto interno. Las campañas infundadas de desprestigio cierran el paso a las negociaciones. 2. Apoyándonos en la tradición de algunos pensadores críticos (M. Foucault, R. Lourau, E. Umaña, O. Fals Borda, P. Bourdieu, entre otros) podemos declarar que el conflicto interno colombiano, entre estado y beligerantes, no estará en vías de resolución hasta que no se acometan las transformaciones estructurales que permitan superar el componente socio-económico del mismo. La inexistente disposición de los gobiernos para superar las contradicciones socio-económicas y políticas del país genera una situación de conflicto social latente de condiciones extremas, que tiene incidencia directa en la pervivencia del conflicto político-militar con los rebeldes y de otras formas de violencia en el país (en su mayoría de carácter sistémico, como la pauperización continua del acceso a la salud, a la educación y a los bienes y servicios básicos para la supervivencia de los trabajadores y sus familias). 3. También, hay que tener presente que las organizaciones guerrilleras (FARC-EP y ELN) han dejado claro que en caso de eventuales negociaciones de paz, éstas no girarán en torno a acordar –en exclusiva y como tema central de la agenda- las condiciones de desmovilización de sus tropas. Esta salvedad es importante, pues de ella depende el no crear falsas expectativas. A su vez, es igualmente importante el hecho de que algunas personas vinculadas al establishment anuncien como una postura -o algunas de ellas como recomendaciones al gobierno actual- la tesis de que las guerrillas deben aceptar que sea el gobierno quien dirija los asuntos estructurales del país y que hay cuestiones que al día de hoy no admiten ser discutidas y negociadas en una mesa de diálogo y negociación política (ver e ntrevista al ex presidente Pastrana, http://www.semana.com/nacion/caguan-transparente-ralito/171908-3.aspx, 11 de Febrero de 2012). La persistencia de los gobiernos a que en las mesas de diálogo y negociación no se planteen discusiones respecto de asuntos estructurales del país no es nueva, y se puede decir que apunta en varias direcciones: la negación de las razones objetivas -del origen y persistencia- del conflicto político-militar y social, la negación de las motivaciones políticas de las guerrillas, y el compromiso estatal con los intereses de las elites que dominan la economía nacional. 1. La persistencia del conflicto y su continuo escalamiento Un vistazo a la historia de Colombia en los últimos setenta años revela que los conflictos civiles de este periodo, lejos de remitir, han evolucionado hacia un constante escalamiento, el cual es constatable en diferentes aspectos, tales como: el militar, el de las motivaciones políticas e ideológicas de las partes enfrentadas y el de la crisis humanitaria producto de la guerra sucia (a pesar de no tratarlo en este escrito, no es posible pasar por alto el aspecto de las contradicciones socio-económicas al interior de la sociedad colombiana como una variable asociada al escalamiento del conflicto político-militar y social, pero hablar de ellas es un asunto más extenso, aunque se puede decir que incluso desde un análisis basado en un discurso institucional como el Naciones Unidas –nada sospechoso de izquierdista, las cifras hablan de un crecimiento de las franjas de población por debajo de la línea de la pobreza, de un empeoramiento en la distribución de la renta, de una escasa consolidación de los derechos civiles y políticos, o quizá de su inexistencia en muchas regiones del país). 1.1 El primer aspecto, de carácter militar, es el hecho incuestionable de que las organizaciones beligerantes han evolucionado para integrar sus unidades de combate bajo una unidad de mando capaz de distribuir de forma planificada y estratégica sus recursos, y que dicha unidad en la dirección estratégica les ha permitido realizar operaciones de mayor envergadura militar y distribuir su influencia política en lo amplio del territorio nacional; así mismo, es incuestionable el salto tecnológico-cualitativo en el ejército y otros cuerpos de guerra del estado colombiano, el cual es perceptible en su habilidad para incorporar en cada momento desarrollos tecnológicos de última generación y también en el continuo crecimiento de los recursos económicos a su disposición (en relación con otras partidas presupuestales del estado). 1.2 Un segundo aspecto, se refiere a los causas –acerca de las motivaciones, que el estado y también los grupos beligerantes esgrimen como sustento para declararse en contienda y definirse como entidades legítimas, pues a pesar de lo polémico del asunto, es perceptible que los discursos de ambas partes han evolucionado hacia un “refinamiento” ideológico y político (la adecuación de los tipos penales y del sistema judicial a la situación de guerra, como la conocida “justicia sin rostro” y el actual sistema acusatorio basado en testigos y no en pruebas; el afianzamiento de conceptos como el de “doctrina de seguridad nacional” y el de “enemigo interno” como paradigma para diseñar la estrategia de guerra; la adhesión al reciente discurso internacional de guerra contra el terrorismo; la profundización en las políticas públicas afines al liberalismo económico y al sistema de mercado como eje del modelo de gestión económico interno, etc. Y por parte de las organizaciones guerrilleras, las aspiraciones de tomar el poder y virar hacia una economía planificada de estado, o en su defecto, lograr un sistema de distribución de las riquezas nacionales que reconfigure el mapa de exclusión socio-económica de la población, sistema que aspirarían a alcanzar a través de una negociación política con el gobierno (1); la preferencia por un modelo de desarrollo agrícola centrado en la protección del pequeño propietario frente a al latifundio y al capital agroindustrial; el reclamo por imponer una reglamentación más restrictiva para los inversionistas extranjeros y más garantista para los intereses nacionales, etc.). Es decir, que el distanciamiento de las motivaciones de las partes es una cuestión que, trasladada a un eventual escenario de negociaciones políticas, les obligaría a entablar discusiones sobre asuntos estructurales del país, y no tan sólo sobre la desmovilización de la tropa guerrillera (2). Hay que destacar que este escalamiento en las posiciones políticas-ideológicas no puede entenderse como una condición perversa per se, sino como el distanciamiento diametral en las aspiraciones de las partes en conflicto. Se puede decir que es una cuestión ligada al avance de la historia y, con ella, de las contradicciones que fueron detonante del conflicto; así mismo se puede decir que dicho escalamiento ideológico y político vertebra el discurso público de las partes, a través del cual se niega o se reafirma la persistencia de aquellas contradicciones sociales, económicas y políticas que los embarcaron en el conflicto político-militar. Este distanciamiento de las motivaciones políticas-ideológicas juega un papel angular en las negociaciones, pues desde el momento de los sondeos preliminares (acercamientos entre las partes) y una vez iniciados los diálogos de paz, cada una de las partes del conflicto elabora un mapa conceptual del oponente, valora la situación propia desde la cual inicia el proceso y valora también la situación final a la que puede llevarle una negociación que culmine en acuerdos de paz, es decir, una situación que después de unas negociaciones políticas exitosas, puede suponer para las partes la entrega de elementos que de otro modo no esperarían haber entregado/cambiado nunca (la situación contraria sería el triunfo de una de las partes o la guerra perpetua). Para el caso de las organizaciones guerrilleras, tal situación final podría significar la desmovilización de la tropa (sin lograr la revolución socialista a la que antes aspiraban), su mayor capital como fuerza política beligerante; y para el gobierno, podría significar la concesión de parte de los activos políticos en los que había fundado su propuesta para conducir del país, es decir, podría suponerle un paso atrás en la puesta en marcha de las políticas liberales que ponen a disposición plena del mercado la gestión de servicios básicos para la población (salud, educación, transportes, sector energético, puertos, banca, etc.) De tal manera que, en contraste con los acuerdos de paz de la década de los años noventa, el gobierno en vez de asumir transitoriamente (por un año) los costes de programas de salud, vivienda y pensiones de reintegración para los desmovilizados, podría verse comprometido a asumir, por ejemplo, el coste de un sistema de salud pública y universal (como uno de los componentes de redistribución de las riquezas nacionales acordado en la negociación política), que no esté financiado en exclusiva con los aportes de los trabajadores o impuestos indirectos, sino que cuente con fondos nacionales provenientes de las imposiciones a las ganancias del capital y de la explotación de los recursos del país (3). Pensado de nuevo en la posibilidad de unas negociaciones políticas para llegar a acuerdos de paz, este segundo aspecto, puede tener también implicaciones al momento de acordar los mecanismos y la metodología para dichas negociaciones, pues los gobiernos (Uribe lo hizo, y más recientemente Santos) han manifestado sus reservas a iniciar un proceso de diálogo con las mismas dinámicas usadas en San Vicente del Caguán con las FARC-EP o de las conversaciones que sostuvo el ELN con el gobierno de Uribe. Esto es, un proceso con una agenda temática abierta para debatir los problemas sociales del país, en el que las guerrillas no muestren afán por desmovilizarse, en el que ellas alcancen demasiada visibilidad –dentro y fuera del país- y de esta manera logren adscribir una base amplia de la población y de acompañantes del proceso de paz a través de las comisiones temáticas de discusión; todas estas cuestiones han sido percibidas por los gobiernos como una plataforma para el programa político de las guerrillas. De nuevo, el distanciamiento político-ideológico sigue en el centro del conflicto. 1.3 Un tercer aspecto que sustenta la tesis del escalamiento continuo del conflicto interno, es el asunto de la guerra sucia, de la que es casi incuestionable que ubica a la población civil al centro de las operaciones militares (confirmando una tendencia de los conflictos internos e internacionales, iniciada el siglo pasado). En este asunto –como en todos- caben varias discusiones, algunas de ellas son: – ¿Es posible repartir en partes iguales, entre estado y beligerantes, la responsabilidad por la guerra sucia? O preguntado desde el derecho internacional: ¿Es posible decir que tanto los beligerantes como los agentes estatales han ejercido la guerra sucia como parte de un plan o política “generalizada o sistemática” y “a gran escala” de ataques contra la población civil? Un asunto conexo a la anterior pregunta es la responsabilidad del estado por los crímenes del paramilitarismo. Hasta ahora hemos visto cómo los gobiernos han intentado desligarse de toda responsabilidad (bien omitiendo las cifras y negándose a reconocer la gravedad y alcance de los crímenes, o bien, implementando una suerte de legislación al uso para trasladar la idea de que el paramilitarismo no era una estructura permitida por los agentes y funcionarios estatales. Los gobiernos han pretendido trasladar la idea de que las estructuras estatales han sido penetradas por el paramilitarismo, que han sido instrumentalizadas (cooptadas) y pervertidas (4); en resumen, que la violencia política reaccionaria nunca ha sido política de estado. Otro de los artilugios jurídicos –a la vez que simbólico- está centrado en definir el conflicto interno de tal manera que el estado colombiano aparezca enfrentado a los “grupos ilegales”, en cuya definición estarían incluidos por igual, y sin importar su condición política, las organizaciones guerrilleras y los paramilitares (a estos últimos, el ex presidente Uribe pretendió otorgarles la condición de beligerantes. Finalmente se les concedió el carácter de sediciosos). – ¿Es posible hablar de una responsabilidad política de las partes en conflicto por el hecho de no haber llegado a unos acuerdos y compromisos humanitarios: trato a la población no combatiente, bienes protegidos, conducción de las acciones de guerra, principios de distinción y de proporcionalidad, trato digno a los prisioneros de guerra? ¿Ambas partes deben asumir igual responsabilidad por no haber alcanzado un acuerdo en este asunto? Suficiente conocemos acerca de las responsabilidades judiciales en el ámbito nacional e internacional por las conductas contrarias al derecho de guerra y al derecho internacional de los DDHH, pero las anteriores preguntas son inevitables a la luz de los informes sobre la crisis humanitaria en Colombia, pues todos apuntan a que un acuerdo humanitario entre las partes en conflicto tendría un resultado directo para mitigar el sufrimiento de la población. Al respecto, el relator de UN para las ejecuciones extrajudiciales –al igual que muchas otras personas e instituciones- señalaba lo siguiente en su informe sobre Colombia, publicado en 2010: “Mientras el Gobierno se ha centrado en una solución militar, debería considerar los acuerdos humanitarios y las negociaciones como parte de su estrategia…. Tanto, Naciones Unidas, como los actores humanitarios necesitan poder tener contacto con las guerrillas para posteriores actividades de protección a civiles”. – Las cuestiones anteriores nos llevan al escenario internacional; cuáles han de ser las características y funciones de los sujetos internacionales (institucionales, sociales y quizá mixtos) involucrados en la solución política del conflicto: que reconozcan la juridicidad de ambas partes y que puedan servir de acompañantes y posteriormente como garantes del desarrollo de los acuerdos y compromisos surgidos de un eventual acuerdo humanitario o de un proceso de paz. La experiencia ha mostrado que, una vez aceptados por las partes, la presencia y el rol de aquellos sujetos internacionales no pueden estar supeditados a las necesidades coyunturales de uno de los contendientes. Su trabajo no puede estar limitado a las necesidades de la estrategia de guerra, ni pueden en exclusiva imponer la visión institucional; así mismo han de reconocer la situación de fondo del conflicto interno y asumir que el estado colombiano no es víctima. 2. Procesos de paz entre gobierno y guerrillas en la década de los años noventa: ¿Un modelo a seguir? En aquel decenio tuvieron lugar ocho desmovilizaciones de grupos guerrilleros, luego de haber iniciado negociaciones políticas con los gobiernos (las desmovilizaciones se sucedieron en diferentes mandatos presidenciales, las primeras iniciaron el 9 de marzo de 1990 con el M19). Los posteriores gobiernos y algunos ex guerrilleros, hoy integrados en la burocracia estatal o en ONGs y corporaciones que trabajan para el estado a diferentes niveles, desde el análisis estratégico y contrainsurgente hasta la puesta a punto de la mal llamada “justicia transicional”, han señalado como un éxito aquellas negociaciones entre gobierno y guerrillas, pues entienden que sólo a través de la desmovilización es posible la paz en Colombia. Se trata de analizar si los procesos de paz alcanzados con anterioridad, se convierten en modelo para las futuras negociaciones de paz entre guerrillas (FARC-EP y ELN) y el gobierno. Partimos entonces del análisis de los acuerdos alcanzados entre las desmovilizadas organizaciones guerrilleras y los gobiernos, así como de los puntos que, al entender de algunos autores, son fundamentales para explicar el éxito o fracaso de aquellas negociaciones. Como ejemplo, se pueden citar los acuerdos de Flor del Monte (departamento de Sucre), firmados en 1994 entre la Corriente de Renovación Socialista (CRS) y el gobierno de César Gaviria. Uno de los componentes de dicho acuerdo (compuesto por nueve capítulos, contenidos en dieciséis páginas) fue el llamado Programa de Desarrollo Regional, para aquellas zonas afectadas por el conflicto entre las partes, cuyo objetivo era “… contribuir a mejorar las condiciones de vida en determinadas zonas del país… El Programa de Desarrollo Regional tendrá complementos en materia de vivienda y de tierras”, además, que para el desarrollo de dicho programa, el gobierno se comprometió a destinar partidas presupuestales por un monto de dos mil millones de pesos (unos ochocientos mil euros de la actualidad, al cambio de dos mil quinientos pesos colombianos por euro), aportados en dos años, 1994 y 1995. El acuerdo incluía el nombramiento, por decreto, a la cámara de representantes, de dos miembros de la CRS. El acuerdo de Flor del Monte no incluía ninguna reforma estructural al sistema judicial colombiano y la desmovilización de la tropa guerrillera se produjo antes de que el gobierno iniciara el cumplimiento del componente social pactado entre las partes. De igual manera, es ilustrativo hacer un estudio respecto a los demás acuerdos de paz alcanzados entre los gobiernos y otras organizaciones: el M-19, quizá la organización que más alto puso el listón, pues su propuesta se basó en la convocatoria para una nueva constitución política (proclamada en Julio de 1991), según los militantes del M19, a manera de un “Tratado de Paz”; el Ejército Popular de Liberación (EPL) y las facciones de esta organización que se desmovilizaron en épocas diferentes; los diferentes grupos de Milicias Populares de Medellín; las Milicias Populares de la Costa; el Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT); el Movimiento Indígena Quintín Lame (MIQL). En Colombia, el modelo predominante de acuerdo político entre gobiernos y guerrillas, con posterior desmovilización, ha tenido las siguiente características: demandas de los insurgentes para obtener cuotas de participación en el poder (se conoció como la circunscripción electoral especial de paz, que otorgó curules para de los desmovilizados al congreso y en la asamblea constituyente de 1991); pensiones por tiempo limitado para estudios, salud, educación e inserción laboral; seguridad para la dirigencia desmovilizada; recursos económicos para impulsar anuncios de prensa, radio y televisión con las propuestas políticas de las organizaciones desmovilizadas; amnistías y suspensión de procesos judiciales a partir de la desmovilización; recursos económicos para fundaciones y ONGs gestionadas por los desmovilizados; y en todos los casos, algunas partidas de dinero para la inversión en desarrollo social de las zonas afectas por el conflicto, es decir, zonas de influencia guerrillera: dos mil millones de pesos (mp) para el EPL, dos mil mp para la CRS, seiscientos mp para el MIQL, trescientos mp para el PRT, y en el caso de las Milicias Populares de Medellín (tres organizaciones de milicias diferentes) doscientos mp. Las etapas de aquellas negociaciones estuvieron marcadas por el anuncio hecho por el gobierno de V. Barco (Septiembre de 1988), llamado Iniciativa Para la Paz, en el que marcaba las pautas para las futuras negociaciones con las organizaciones guerrilleras, de la siguiente manera: – Etapa de Distensión: en la que las guerrillas debían manifestar su voluntad de negociar la paz. – Etapa de Transición: en la que las guerrillas debían localizarse en zonas delimitadas; en esta etapa las guerrillas debían coordinar con el Consejo Nacional de Normalización (5) los asuntos concernientes a las partidas presupuestales y de orden social para la desmovilización y reincorporación de los guerrilleros. – Etapa de Reincorporación: en la que el gobierno otorga protección, ayuda económica, indultos y ayuda para la participación en la vida política de los desmovilizados (6). Se puede decir que el objetivo central de aquellas organizaciones era la reinserción a la vida política civil, y que los acuerdos alcanzados estuvieron bastante lejos de las profundas reformas estructurales que algunas de ellas sostenían como estandartes de lucha en sus programas políticos (como la solicitud de depurar y reformar del sistema judicial y los cuerpos de guerra del estado involucrados en el paramilitarismo, un acuerdo para la distribución equitativa de las riquezas nacionales, o quizá un acuerdo de soberanía en la explotación de los recursos naturales. Hay que tener presente que no todas aquellas guerrillas aspiraban a una revolución socialista). Otra cuestión polémica, son las comisiones encargadas de verificar el cumplimiento de los acuerdos alcanzados, que comenzaban a funcionar después de la desmovilización. Muchos de los acuerdos no vincularon a los gobiernos más allá del periodo de las negociaciones (fueron asesinados ex guerrilleros en las campañas electorales y la ejecución de la inversión social pactada nunca fue clara). Se podría pensar que la prisa de las guerrillas por desmovilizarse estaba sujeta a las fechas electorales (parlamentarias, presidenciales o para la asamblea constituyente). Entonces, ¿cómo se evalúa el éxito de aquellos procesos de negociación política que tuvieron lugar entre guerrillas y gobierno? Por lo pronto, se puede decir que la respuesta no sólo es función de las aspiraciones de cada discurso que intente dar explicación, sino que depende del modelo sobre el que giró la negociación política. Encontramos, un modelo de favorabilidad política para quienes se desmovilizan, la su vez que garantías de orden económico y de seguridad, todo ello sin reformas estructurales en el sistema electoral, judicial y de seguridad nacional; o un modelo de reformas estructurales más profundas (económicas y políticas), adecuadas a los intereses de las capas sociales más pobres del país (respecto a los modelos de negociación, el cura Javier Giraldo habla de un tercer modelo: “ Lo que está en juego son ciertas medidas de apertura democrática, que solo miran a crear condiciones de posibilidad para que un ideario político pueda ser divulgado y promovido sin necesidad de tener que pagar por ello el precio de centenares o millares de detenciones arbitrarias, torturas, desapariciones y asesinatos” , de lo que se entiende que la apertura democrática no sólo es para los desmovilizados). NOTAS: (1) El cura Javier Giraldo ha llamado a esta situación una “revolución por decreto”. (2) Todo lo anterior, en contraste con los procesos de negociación adelantados por gobiernos anteriores y algunas organizaciones guerrilleras ahora desmovilizadas. (3) Hoy sabemos que no es cierta la tesis de que la marginación social y económica son producto exclusivo de la situación prolongada de la guerra. Si pensamos por ejemplo en el acceso de la población a la salud, en la Ley 100 que en 1992 privatizó el régimen de la salud, entenderemos pues que no tiene nada que ver con la situación de guerra, sino con la orientación de la política económica del país, o de lo contrario sería constatable que el acceso a la salud de las poblaciones en las zonas rurales sería marginal (más cercanas a la zonas de conflicto) y la de los centros urbanos mucho más amplia. (4) Esta es la tesis de un estudio (oficialista) del investigador L. J. Garay Salamanca, adscrito a la Fundación Método y financiado por la Corporación Transparencia por Colombia, “Captura y Reconfiguración Cooptada del Estado”, en el que se defiende la tesis de que las “debilidades institucionales han sido aprovechas por grupos ilegales que han podido avanzar en la realización de sus propósitos…al combinar el establecimiento de alianzas con actores legales, junto a prácticas violentas”. El estudio también sustenta la idea de que la celebración de acuerdos entre actores legales e ilegales está posibilitada por el establecimiento de “redes sociales”; así mismo habla de la “Paradoja de la cooptación de estado de derecho”, según la cual, la reconfiguración cooptada del estado, en el caso del órgano legislativo nacional, pone en riesgo la legitimidad de la ley como criterio fundacional del estado de derecho. La aceptación de la tesis de Garay nos lleva a aceptar que la violencia política reaccionaria no ha tenido una función acorde con los modelos de acumulación de riquezas, y deja en el aire el fracaso del estado al permitir (legislando) que los grupos de interés económico como las empresas de salud, las farmacéuticas o las empresas de educación, por ejemplo, siempre puedan conseguir legislaciones favorables para sus negocios, pero contrarias al bienestar de los trabajadores y sus familias. Por no hablar de la contradicción con la doctrina del derecho internacional respecto de los crímenes de lesa humanidad, o de los estándares para la lucha contra la impunidad con abuso de poder. (5) Consejo Nacional de Normalización, creado por el Decreto presidencial 314 de 1990, cuya función es la de ejercer como “ organismo asesor y coordinador del Gobierno Nacional en las acciones de orden económico y social que se adelanten para la desmovilización y reincorporación a la vida civil, de los grupos alzados en armas, adscrito al Departamento Administrativo de la Presidencia de la República”. (6) ver los textos de los acuerdos de paz: http://www.cedema.org y http://www.ideaspaz.org Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

Anuncios
30
Mar
12

Uruguay y la educación

 

Educación clasista y corporativismo empresarial
 

Julio A. Louis, Docente

Los sindicatos docentes y los consejeros electos por los docentes han afirmado que los acuerdos multipartidarios encaminan a la privatización de la enseñanza. Ejemplifican con la “reforma Rama” y apuntan contra el “modelo chileno” y la implementación impulsada por el Banco Mundial. A su vez, el presidente del Codicen licenciado Seoane y otras autoridades, argumentan que no se tiende -como en Chile- ni a la municipalización ni a la privatización. No obstante, aunque tales acuerdos no conduzcan al “modelo chileno”, la izquierda y el gobierno debieran saber que las fuerzas del bloque dominante ansían ampliar la escisión educativa -en el mundo, en la región y en el país- proponiendo una enseñanza de mala calidad para las mayorías en las instituciones públicas, y otra selectiva y de buen nivel en las instituciones privadas. Mientras el arma de la mentira se emplea para confundir: el editorialista de “El País” (29 de enero) opina del presente que “Los resultados son calamitosos y parecen condenar a más de una generación a la exclusión del conocimiento y asegurarles la marginación”, “olvidando” que la orientación neoliberal de las últimas décadas es la gran responsable de la marginación de varias generaciones.

La derecha propone que el Estado financie a la educación privada (monseñor Cotugno insiste) de modo que el laicismo se evapore en beneficio de concepciones conducentes -por ejemplo en escuelas de Estados Unidos- a la interpretación creacionista (anticientífica) contra la teoría evolucionista de Darwin. Les molesta la presencia de docentes en los organismos rectores de la enseñanza desde los tiempos en que la Federación de Profesores de Secundaria pugna y vence a las listas oficialistas hacia fines de los 60. Es cuando su candidato, electo por los profesores efectivos, el Dr. Rodríguez Zorrilla es vetado por el Poder Ejecutivo y llevará a la “ley Sanguinetti” que impide el acceso de los docentes a los organismos de conducción. Tergiversan afirmando que los sindicatos “ostentan el poder absoluto” (editorial citado). Apuntan a desplazar a “las mayorías sindicales”, “mayorías” compuestas por dos consejeros en cinco en la ANEP y uno en tres en los consejos desconcentrados. Se ofuscan contra “la entente” entre los sindicatos y el Frente Amplio, que en estos organismos aseguraría las mayorías que la constitución otorga al partido de gobierno en otros organismos estatales. Amenazan “desactivar” a Fenapes y reclaman la coacción contra los sindicatos. Alientan a crear y expandir instituciones privadas de formación docente. Potencian a las instituciones privadas, apostando a su superioridad económica empresarial para que “los empleadores elijan a sus empleados” y no al revés, es decir para que los asalariados no puedan elegir la institución en la que trabajarán (Dr. Ignacio de Posadas, “El País” del 29 de enero). Intentan destruir la escuela vareliana, en la que han sido educadas generaciones en valores igualitarios y democráticos. Y aspiran a disminuir el rol de la Universidad de la República en beneficio de las privadas, proceso iniciado por la dictadura de la “Seguridad Nacional” cuando ésta rompe el histórico monopolio de la Universidad de la República mantenido desde los orígenes del Estado oriental, en beneficio de la Universidad Católica (la primera, sí, nacida en1984).

La campaña contra la educación pública ya rinde frutos y conduce a muchos padres a pagar para separar a sus hijos de los “otros”, a asegurarles una educación selectiva aprovechando las ventajas que le ofrecen a esa educación privada los recursos aún insuficientes de la pública (aunque hayan aumentado significativamente), el que se permita que institutos privados expulsen a los repetidores complicados y -digámoslo también- a comportamientos inapropiados de quienes no asumen como debieran su condición de servidores públicos. Con contenido clasista y lenguaje descarnado, el Dr. Luis A. Lacalle ya había definido que el sistema educativo “debe ser un sistema de selección por excelencia”. “El estudio es una oportunidad que el país da gratuitamente pero que debe ser aprovechada, y quién no lo haga tendrá que quedar a un lado y ocupar un lugar de menor importancia”, “el éxito será solo de los mejores” (11/XII/1991, “La República”).

Pero, ¿cuál es la “excelencia” reservada a los sectores populares? El retaceo de recursos a la educación para reducir los costos del Estado (auspiciado por los organismos internacionales del capital financiero) se traduce en varios países de América Latina liderados por México, en sustituir docentes por clases dictadas en televisores. En México, la quinta parte de los alumnos del sector público estudia frente a un televisor, especialmente en los medios rurales y las periferias de las ciudades. Los resultados demuestran la inferioridad de esa enseñanza en relación a los establecimientos educativos tradicionales. Pero mientras se sumerge en mayor ignorancia a los sectores populares, el gobierno estimula que las familias pudientes envíen a sus hijos al sector privado. Los programas mexicanos imitan al estadounidense “No Child Left Behind” (“Que ningún niño se quede atrás”) que recompensa con un “bono financiero” (esto es, con mayor apoyo económico) a las escuelas y docentes que obtengan las mejores calificaciones en el denominado examen “Enlace”. En suma, profundizan las desigualdades, ya que las escuelas primarias y tele-secundarias de los sectores pobres obtienen menores recursos en tanto tienen peores resultados.

El gobierno y el Frente Amplio debieran prestar suma atención a esta perspectiva. Se debe fortalecer en todos sus niveles a la enseñanza pública y cesar los privilegios concedidos a los institutos privados. No es necesario acordar con el pensamiento que compartimos de Fidel Castro, respecto a su “profunda oposición a la enseñanza paga” sino recordar el ranking iberoamericano SIR (2010) que ubica por su calidad a 607 universidades de España, Portugal y América Latina. La Universidad de la República figura en el sitial 71, la Católica en el 371, la de Montevideo en el 413 y la ORT en el 426 (“Búsqueda” del 3-6-2010). La capacidad de convicción, esto es la hegemonía, reside principalmente en la educación. Lo sabe el bloque de clases dominante y lo debemos saber los trabajadores y el pueblo. Quien controle la educación diseñará el futuro e interpretará el pasado.

29
Mar
12

eeuu, la derecha conservadora

¿De verdad ha enloquecido la derecha?

Parece de pronto que el conservadurismo se hubiera vuelto más delirante que nunca.

El público de los debates republicanos vitorea las ejecuciones y abuchea a un soldado en servicio activo por ser gay. Los políticos juran lealtad a Rush Limbaugh, un lunático tragapíldoras [influyente presentador radiofónico ultra adicto a los calmantes] que ofrecía recientemente un trato a las “feminazis”: “Si vamos a pagar sus anticonceptivos, queremos que subáis los videos a la red para que podemos verlos todos”. Miles de “Oath Keepers” [“Fieles al Juramento “] — Policía y Militares Contra el Nuevo Orden Mundial — se juramentan para desobedecer las órdenes ilegales que con seguridad se impartirán una vez instituya Barack Obama la ley marcial. Un candidato presidencial republicano de importancia habla de servidumbre por contrato… y otro propone convertir a los escolares en porteros. Sólo un 12% de los republicanos de Mississippi cree que Obama sea cristiano. Los republicanos de Arizona impulsan una ley que permite a los patronos despedir a sus empleadas por recurrir al control de natalidad.

Y así suma y sigue, metiéndose en cualquier estrambótico delirio político que aparezca en las ondas hoy mismo.

Pero, ¿dan más miedo hoy los derechistas que en el pasado? Desde luego parecen más extraños y feroces. Argüiría, sin embargo, que llevan así de locos mucho tiempo. En los últimos sesenta años, más o menos, veo bastante más continuidades en lo que cree del mundo el 20 o 30% de norteamericanos que se escora a la derecha. Las locuras que creían y querían quedaban obscurecidas por su falta de poder, pero siempre estaban ahí…si sabías dónde había que mirar. Lo que ha cambiado es que los conservadores chalados constituyen ahora la corriente principal republicana, la fuerza dominante del GOP [Grand Old Party, su denominación tradicional].

Estoy en una posición única para poder juzgarlo. Obsesionado por los años sesenta desde la niñez, desperdicié mis años de adolescencia merodeando por un destartalado almacén de cinco pisos de libros usados que conseguía, hasta octubre pasado, ir un paso por delante de la inspección de edificios de Milwaukee, estado de Wisconsin. Allí conseguía libros de una década que enloqueció: textos de los Panteras Negras en los que se condenaba a “AmeriKKKa”, o de la Nueva Izquierda, que proclamaba que “el futuro de nuestra lucha es el futuro de la delincuencia en las calles”, y de derechistas como el predicador David Noebel, que denunciaba la “subversión comunista de la música” mediante la cual el espionaje ruso aplicaba técnicas pavlovianas para que se pudriera la mente de la juventud norteamericana gracias a sus agentes a sueldo: los Beatles. La gente que pensaba como los Panteras Negras y la Nueva Izquierda demostró, por supuesto, ser flor de un día. Gente como Noebel, empero, han probado que son una constante en la historia norteamericana. De hecho, el mismo Noebel continúa con nosotros. En la década de 1970, se convirtió en fuente preferida de James Dobson, psicólogo radiofónico de la Derecha Cristiana de enorme popularidad todavía y mandamás de los republicanos. Muy recientemente, la reputación de Noebel se disparó gracias a su admirador Glenn Beck en Fox News [importante comentarista televisivo de esta cadena ultraconservadora], y ahora es uno de los favoritos del Tea Party.

Tras quince años de estudiar profesionalmente la derecha norteamericana — sobre todo en sus comunicaciones de unos con otros, en sus propios memoranda y medios de comunicación desde la década de 1950, todavía tengo yo que encontrar un cambio verdaderamente novedoso, una innovación real en el “pensamiento” de la derecha. ¿Presentadores de radio que apuntan con el dedo a multimillonarios liberales como George Soros, que utilizan sus ingentes fortunas – adquiridas gracias a la empresa privada consagrada por la Constitución – con la intención de “socializar” los Estados Unidos? 1954: Hete aquí a un presentador de radio, Pat Manion, que apunta con el dedo a “fortunas gigantescas, construidas gracias a la empresa privada consagrada por la Constitución…que se utilizan para ‘socializar’ los Estados Unidos”. ¿El candidato presidencial Newt Gingrich, “harto de jueces elitistas” que en su arrogancia imponen sus “puntos de vista radicalmente antinorteamericanos” — incluyendo a los jueces del Tribunal Supremo cuyos dictámenes se ha juramentado desafiar? 1958: Nine Men Against America: The Supreme Court and its Attack on American Liberties, [Nueve hombres contra Norteamérica: el Tribunal Supremo y su ataque a las libertades norteamericanas], de Rosalie M. Gordon, todavía a la venta en sovereignstates.org .

Sólo han cambiado los nombres de los ogros…aunque a veces ni siquiera ha cambiado eso. El ultimo proyecto del Dr. Noebel consiste en reeditar un volumen que al parecer encuentra novedosamente pertinente: You Can Trust the Communists: To be Communists, [Puedes confiar en que los comunistas sean comunistas] del Dr. Fred Schwarz. Schwarz, un medico australiano que murió hace tres años, tuvo su momento de gloria a principios de los 60, cuando llenaba auditorios municipales predicando su evangelio preferido: que el Kremlin dominaba a sus súbditos aplicando “técnicas de ganadería animal”, y albergaba “planes para hacer ondear una bandera de URSS en cada una de las ciudades norteamericanas para 1973”. La nueva versión, puesta al día por Noebel – viene con vivísimos elogios de agradecidas reseñas en Amazon.com como éstos: “Igual de importante que hace cincuenta años”; y esto: “Debería ser lectura obligada para cualquier norteamericano”, y “Este libro me hizo conservador” – se titula You Can Still Trust the Communists: To be Communists, Socialists, Statists, and Progressives Too. [Puedes confiar en que los comunistas sean comunistas, socialistas, estatistas y también progresistas]

¿Por qué tiene importancia todo esto? Pues porque la noción de que el conservadurismo ha dado un nuevo giro, más chiflado, tiene adeptos cuyas distorsiones desbaratan nuestra capacidad de comprenderlo y contenerlo. En una reseña reciente de The Reactionary Mind: Conservatism from Edmund Burke to Sarah Palin, [La mente reaccionaria: el conservadurismo, de Edmund Burke a Sarah Palin], el rompedor libro de Corey Robin, publicado en la New York Review of Books, que traza las continuidades del pensamiento derechista hasta el siglo XVII, el distinguido teórico politico Mark Lilla dictaminaba que “la mayor parte de la reciente turbulencia de la política norteamericana es resultado de los cambios en la estructura de clanes de la derecha con el declive de conservadores apegados a la realidad como William F. Buckley”. Así pues, ¿qué hizo un “conservador apegado a la realidad” como Buckley con Fred Schwarz? Pues, lector, le escribió la nota publicitaria para la portada del libro, alabando al buen doctor por “instruir a la gente sobre aquello que sus líderes tan claramente ignoran”. Lo mismo hizo, de hecho, Ronald Reagan, que en 1990 alabó la “incansable dedicación” del charlatan “a intentar garantizar la protección de la libertad y los derechos humanos”. Y he aquí lo que dice el difunto Jack Kemp, peso pesado del GOP, que escribió elogiosamente alabando las memorias de 1996 de Schwarz (Reagan aparece retratado con Schwarz en la solapa): “Cuánto aprecio el hecho de que tanto como cualquier otro, incluyendo al presidente Reagan, el presidente Bush, y el Papa Juan Pablo… [el Dr. Schwarz] haya tenido la oportunidad de educar literalmente a miles de jóvenes, hombres y mujeres, de todo el mundo en la lucha por la democracia y la libertad y la lucha contra la tiranía del comunismo”. Los “conservadores del establishment“, Reagan y Kemp, y el “chiflado”, el Dr. Fred Schwarz, nunca estuvieron tan separados, al fin y al cabo.

Se oye hablar mucho de Ronald Reagan por parte de la multitud que se refiere a los conservadores-están-más-locos-que-nunca: le alaban como hombre de compromiso y apuntan, correctamente, que subió los impuestos siete de sus ocho años como presidente, en llamativa contraposición con los republicanos de hoy, que se niegan por completo a subirlos. He aquí la cosa, tal como escribí entre los hosannas que se le dedicaron a su muerte en 2004, durante el espantoso reinado de Bush: “Constituye una peculiaridad de la cultura norteamericana que cada generación de no conservadores contemple a los derechistas de su propia generación como los que dan miedo, y luego prefiera recordar a los derechistas de la última generación como adorables. En 1964, los observadores, horrorizados por Barry Goldwater, suspiraban por el sensato Robert Taft, el dirigente conservador de los 50. Cuando Reagan era presidente, los liberales hablaban con indulgencia del bueno y viejo Goldwater”.

Y así seguimos: a Reagan se le juzga hoy uno de esos conservadores apegados a la realidad cuya desaparición hoy lamentamos. Falso. Hondamente configurado por la extrema derecha más locuela, a Reagan le encantaba en momentos anteriores de su Carrera citar su evangelio: que de acuerdo con los proyectos comunistas “para 1970 el mundo será o todo esclavo o todo libre”; que, tal como dijo en una entrevista de 1975 – rehabilitando una cita supuestamente de Vladimir Lenin, pero, de hecho, elaborada por el fundador de la John Birch Society [asociación de extrema derecha norteamericana de principios de la Guerra Fría] – una vez que Lenin y sus camaradas hubieran organizado a las “hordas de Asia”, conquistarían después América Latina, “los Estados Unidos, postrer bastión del capitalismo, cae[rían] en sus manos abiertas como fruta madura”. Pero también él era un buen político, y como tal aprendió a evitar decir cosas que le perjudicaban políticamente. La razón por la que no combatió de modo efectivo las subidas de impuestos fue que, con un Congreso demócrata, no tenía capacidad para ello. Cada vez que tenía en efecto que poner su firma a una subida, dejaba perfectamente claras sus preferencias, culpando a los malvados liberales por forzarle a ello y añadiendo que esta era la razón por la que había que derrotar al liberalismo…para no tener que volver a firmar una.

Esto estaba “apegado a la realidad”. Pero también lo está, políticamente al menos, el obstruccionismo de los conservadores no apegados a la realidad: si bloquean todas las subidas de impuestos es porque pueden. Y ha funcionado, ¿no? Si así sucede es porque a medida que se ha incrementado el poder conservador desde los años 60, una parte cada vez mayor de lo que los conservadores creen en realidad — y siempre han creído realmente —ha venido a configurar la sociedad norteamericana y sus instituciones.

Esa dinámica se ha visto siempre acompañada de otra: a medida que el extremismo conservador encubierto – véase: la mujeres que recurren al control de natalidad son unas zorras, deberían privatizarse todos los bienes públicos – encuentra el modo de deslizarse en los debates de alto nivel de las cámaras del Congreso, en las decisiones de una judicatura federal crecientemente inclinada a la derecha, en las campañas presidenciales y las secciones principales de los periódicos más importantes de las metrópolis, los entendidos más relevantes declaran que el conservadurismo está en retirada. Cuando Barry Goldwater perdió las elecciones presidenciales abrumadoramente, Tom Wicker, columnista del New York Times, proclamó que “con trágica inevitabilidad” el conservadurismo se había “fracturado como un panel de vidrio”. Sin embargo, de algún modo, los conservadores lograron sobrevivir y prosperar, eligiendo a Ronald Reagan durante dos mandatos como gobernador de California, a partir de 1966. Después de que el sucesor escogido por Reagan perdiera la nominación en 1974, Joseph Kraft, del Washington Post, dictaminó que “la desbandada del reaganismo en este estado anuncia lo que parece ser una posibilidad nacional, la posibilidad de cerrar el paréntesis de la era de la política del contragolpe, que tan contundente ha resultado desde que Ronald Reagan dejara de hacer películas para la tele en 1966”. En vena similar, en su libro sobre la generación de activistas que estaban detrás de la Revolución Republicana de 1994 de Newt Gingrich, Nina Easton mantenía que la insistencia por parte de dirigentes como Ralph Reed, fundador de la Christian Coalition, de que el liberalismo era “una pendiente resbaladiza que llevaba al socialismo y comunismo” destruiría “el apoyo público que necesitaba para lograr su visión de un movimiento de masas”.

No lo destruyó. Y sin embargo, como un reloj, el profeta de hoy del desastre conservador, el periodista Jonathan Chait , concluye que el conservadurismo se hace trizas como un panel de vidrio ahora que, enfrentado a la bomba de tiempo demográfica de un electorado cada vez más joven y moreno que hace, según dice, completamente inevitable el triunfo del liberalismo ilustrado, su extremismo latente está saliendo por fin a la superficie , abriendo “nuevas tierras en el reino de la temeridad”, tal como él lo expresa.
He aquí el problema: para este modo de pensar, el triunfo del liberalismo ilustrado es siempre inevitable. Ahora es la demografía la que constituye una fuerza inexorable (desmonto ese argumento en “Why Democrats Have a Problem with Young Voters” [Por qué los demócratas tienen un problema con los votantes jóvenes], Rolling Stones, 28 de febrero de 2012); en la década de los 60, fue la certidumbre de que los norteamericanos nunca abandonarían las ventajas que para ellos tenía el gran gobierno. Y con todo, de algún modo, a lo largo del hilván corriente de la preferencia política norteamericana entre demócratas y republicanos, el conservadurismo continúa prosperando. Se debe a que el poder engendra poder: se puede dar por hecho con que los demócratas encontrarán un compromiso con el delirio conservador, y puede darse por hecho que los medios de información lo normalizarán. Y eso se debe a que siempre habrá millones de norteamericanos a los que aterra el progreso social y verse desposeídos de cualquier ligera ganancia de seguridad psicológica que hayan podido mantener en un mundo aterrador. Y debido a que siempre habrá poderosos agentes económicos a los que compensa explotar ese temor, incertidumbre y duda (y compensa, compensa).

El conservadurismo no está aumentando su locura, y tampoco está desapareciendo. Está, simplemente, haciéndose más poderoso. Se trata de un hecho que un liberal apegado a la realidad no tiene más que aceptar, y a partir de ahí, reunir fuerzas para la lucha.

Rick Perlstein es autor de Before the Storm: Barry Goldwater and the Unmaking of the American Consensus y [Antes de la tormenta: Barry Goldwater y la destrucción del consenso norteamericano] y Nixonland: The Rise of a President and the Fracturing of America. [Tierra de Nixon: el ascenso de un presidente y la fractura de Norteamérica] Escribe una columna semanal para RollingStone.com.

Fuente: http://www.sinpermiso.info/textos/index.php?id=4828

28
Mar
12

elecciones internas del frente amplio

28
Mar
12

frei betto

El baile de las sillas

Frei Betto

La vida no le guarda la silla a nadie. A rey puesto, rey depuesto; a unos les da gusto, a otros disgusto. César era inmortal, y sin embargo se murió. El Tercer Reich iba a durar mil años y no alcanzó ni 20. Los esbirros de la dictadura militar brasileña creían que sería perpetua y ahora tiemblan ante la Comisión de la Verdad. Hago resaltar esta finitud humana a propósito de las caídas, la semana pasada, de Ricardo Teixeira, después de 23 años en la presidencia de la CBF; de Romero Jucá, el ‘eterno’ líder del gobierno en el Congreso (sirvió, con la misma servil fidelidad, a los gobiernos de FHC, Lula y Dilma); y Cándido Vacarezza, líder del PT en la Cámara de los Diputados. A ese baile de sillas se le añade la decisión del PR de romper con el gobierno de Dilma y pasar a la oposición. El Brasil es una nación republicana que todavía no exorcizó su alma monárquica. Recordemos que ¡fuimos un imperio! Razón por la cual Don Pedro II causó tanto furor al visitar los EE.UU. en 1876. Los estadounidenses, acostumbrados a reyes y reinas de la madre-patria Inglaterra, ¡nunca habían visto un emperador! Perdimos la corona pero no la majestad. Aún perduran en nuestra cultura política feudos y pedigüeños. Eso está impreso en el alma de aquellos que, picados por la mosca azul, se creen insustituibles en los cargos que ocupan. Y se espantan y se quejan cuando un poder más fuerte que el suyo los remueve de la función que desempeñaban. Sólo entonces se dan cuenta de que sufren el síndrome de Vargas: la identificación entre la persona y la función. Una no vive sin la otra. Por eso el presidente Vargas prefirió disparar contra su propio corazón a dejar el palacio de Catete como un ciudadano común. El caso del PR es de otro orden en la esquizofrenia política. Este partido, como tantos otros, se cree en el derecho de poner reja y candado a uno o más ministerios. Además, la culpa no es del PR por embriagarse con tan alta pretensión. La culpa es de la falta de reforma política y del modo como es cocinada hoy la base de apoyo al gobierno. No se exige consenso en torno a un Proyecto Brasil. No se requiere afinidad ideológica. No se priorizan agendas de una planificación estratégica. Todo se hace en base a tomo aquí, doy allá. En moneda electoral. El gobierno quiere votos; el aliado quiere dinero y más poder. Como ya previno Maquiavelo, hay procedimientos que dan poder, pero no gloria. Y en un país que desde la dictadura todavía no recuperó su autoestima política, no es de extrañar que, en tiempos de neoliberalismo, cuando amasar fortuna aparece como el ideal de la vida, haya tanta corrupción, nepotismo y malas artes en el juego del poder. Ya que citamos a Don Pedro II, vale reproducir lo que escribió en carta del 15 de enero de 1889: “La política de nuestra tierra cada vez me repugna más comprenderla. Ambiciones y más ambiciones de aquello que es tan poco ambicionable”. Y no hay reglas en la Casa Civil para evitar que se repita, en el juego político, la canción de Tom Jobim y Newton Mendonça: “Cuando voy a cantar tú no me dejas / y siempre tienes la misma queja / Dices que desafino, que no sé cantar / Tú eres muy bonita, pero tu belleza también se puede equivocar / Si tú dices que yo desafino, amor, / sepas que eso en mí provoca inmenso dolor…” El dolor de alimentar pretensiones abusivas y creer que sólo los propios oídos escuchan la dulce respuesta positiva que, cada mañana, es suscitada por la tremenda interrogante: “Espejito mío, espejito mío, ¿existe alguien más lindo que yo?” Hay poder y poder. Poder inherente al cargo que se ocupa o a los bienes que se poseen; y poder inherente al carácter y/o carisma de la persona. Estos últimos, por desgracia, son la excepción. Y como tienen luz propia, no son satélites como la luna, que sólo brilla por reflejar al sol, ellos nos iluminan incluso cuando ya no están entre nosotros, como son los casos de Sócrates, Confucio, Buda, los profetas del Antiguo Testamento, Jesús, Francisco de Asís, José Martí y el Che Guevara. Todos ellos abrazaron el poder -de su carisma, de su inteligencia o incluso de la función que ocuparon- como servicio pleno de idealismo y basado en principios éticos y morales. Buscaron, no su propia gloria, sino la de los demás, dispuestos a dar la vida por la coherencia con que vivieron. Ésta es una opción ética de la cual ningún político escapa, aunque no tenga conciencia de que ella es inevitable: empoderarse o empoderar a la colectividad. Los primeros utilizan la democracia en beneficio propio; los segundos la fortalecen y la dignifican.
26
Mar
12

reflexiones de Fidel

Los caminos que conducen al desastre

Fidel Castro Ruz

 

Esta Reflexión podrá escribirse hoy, mañana o cualquier otro día sin riesgo de equivocarse. Nuestra especie se enfrenta a problemas nuevos. Cuando expresé hace 20 años en la Conferencia de Naciones Unidas sobre Medio Ambiente y Desarrollo en Río de Janeiro que una especie estaba en peligro de extinción, tenía menos razones que hoy para advertir sobre un peligro que veía tal vez a la distancia de 100 años. Entonces unos pocos líderes de los países más poderosos manejaban el mundo. Aplaudieron por mera cortesía mis palabras y continuaron plácidamente cavando la sepultura de nuestra especie.

Parecía que en nuestro planeta reinaba el sentido común y el orden. Hacía rato que el desarrollo económico apoyado por la tecnología y la ciencia semejaba ser el Alfa y Omega de la sociedad humana.

Ahora todo está mucho más claro. Verdades profundas se han ido abriendo paso. Casi 200 Estados, supuestamente independientes, constituyen la organización política a la que en teoría corresponde regir los destinos del mundo.

Alrededor de 25 mil armas nucleares en manos de fuerzas aliadas o antagónicas dispuestas a defender el orden cambiante, por interés o por necesidad, reducen virtualmente a cero los derechos de miles de millones de personas.

No cometeré la ingenuidad de asignar a Rusia o a China, la responsabilidad por el desarrollo de ese tipo de armas, después de la monstruosa matanza de Hiroshima y Nagasaki, ordenada por Truman, tras la muerte de Roosevelt.

Tampoco caería en el error de negar el holocausto que significó la muerte de millones de niños y adultos, hombres o mujeres, principalmente judíos, gitanos, rusos o de otras nacionalidades, que fueron víctimas del nazismo. Por ello repugna la política infame de los que niegan al pueblo palestino su derecho a existir.

¿Alguien piensa acaso que Estados Unidos será capaz de actuar con la independencia que lo preserve del desastre inevitable que le espera?

En pocas semanas los 40 millones de dólares que el presidente Obama prometió recaudar para su campaña electoral solo servirán para demostrar que la moneda de su país está muy devaluada, y que Estados Unidos, con su insólita y creciente deuda pública que se acerca a los 20 mil millones de millones de dólares, vive del dinero que imprime y no de lo que produce. El resto del mundo paga lo que ellos dilapidan.

Nadie cree tampoco que el candidato demócrata sea mejor o peor que sus adversarios republicanos: llámese Mitt Romney o Rick Santorum. Años luz separan a los tres de personajes tan relevantes como Abraham Lincoln o Martin Luther King. Es realmente inusitado observar una nación tan poderosa tecnológicamente y un gobierno tan huérfano a la vez de ideas y valores morales.

Irán no posee armas nucleares. Se le acusa de producir uranio enriquecido que sirve como combustible energético o componentes de uso médico. Quiérase o no, su posesión o producción no es equivalente a la producción de armas nucleares. Decenas de países utilizan el uranio enriquecido como fuente de energía, pero este no puede emplearse en la confección de un arma nuclear sin un proceso previo y complejo de purificación.

Sin embargo Israel, que con la ayuda y la cooperación de Estados Unidos fabricó el armamento nuclear sin informar ni rendir cuentas a nadie, hoy sin reconocer la posesión de estas armas, dispone de cientos de ellas. Para impedir el desarrollo de las investigaciones en países árabes vecinos atacó y destruyó los reactores de Irak y de Siria. Ha declarado a su vez el propósito de atacar y destruir los centros de producción de combustible nuclear de Irán.

En torno a ese crucial tema ha estado girando la política internacional en esa compleja y peligrosa región del mundo, donde se produce y suministra la mayor parte del combustible que mueve la economía mundial.

La eliminación selectiva de los científicos más eminentes de Irán, por parte de Israel y sus aliados de la OTAN, se ha convertido en una práctica que estimula los odios y los sentimientos de venganza.

El gobierno de Israel ha declarado abiertamente su propósito de atacar la planta productora de uranio enriquecido en Irán, y el gobierno de Estados Unidos ha invertido cientos de millones de dólares en la fabricación de una bomba con ese propósito.

El 16 de marzo de 2012 Michel Chossudovsky y Finian Cunningham publicaron un artículo revelando que “Un importante general de la Fuerza Aérea de EE.UU. ha descrito la mayor bomba convencional -la revienta-búnkeres de 13,6 toneladas- como ‘grandiosa’ para un ataque militar contra Irán.

“Un comentario tan locuaz sobre un masivo artefacto asesino tuvo lugar en la misma semana en la cual el presidente Barack Obama se presentó para advertir contra el ‘habla a la ligera’ sobre una guerra en el Golfo Pérsico.”

“…Herbert Carlisle, vice jefe de Estado Mayor para operaciones de la Fuerza Aérea de EE.UU. […] agregó que probablemente la bomba sería utilizada en cualquier ataque contra Irán ordenado por Washington.

“El MOP, al que también se refieren como ‘La madre de todas las bombas’, está diseñado para perforar a través de 60 metros de hormigón antes de detonar su masiva bomba. Se cree que es la mayor arma convencional, no nuclear, en el arsenal estadounidense.”

“El Pentágono planifica un proceso de amplia destrucción de la infraestructura de Irán y masivas víctimas civiles mediante el uso combinado de bombas nucleares tácticas y monstruosas bombas convencionales con nubes en forma de hongo, incluidas la MOAB y la mayor GBU-57A/B oMassive Ordnance Penetrator (MOP), que excede a la MOAB en capacidad destructiva.

“La MOP es descrita como ‘una poderosa nueva bomba que apunta directamente a las instalaciones nucleares subterráneas de Irán y Corea del Norte. La inmensa bomba -más larga que 11 personas colocadas hombro a hombro, o más de 6 metros desde la base a la punta’.”

Ruego al lector me excuse por este enredado lenguaje de la jerga militar.

Como puede apreciarse, tales cálculos parten del supuesto de que los combatientes iraníes, que suman millones de hombres y mujeres conocidos por su fervor religioso y sus tradiciones de lucha, se rendirán sin disparar un tiro.

En días recientes los iranios han visto como los soldados de Estados Unidos que ocupan Afganistán, en apenas tres semanas, orinaron sobre los cadáveres de afganos asesinados, quemaron los libros del Corán y asesinaron a más de 15 ciudadanos indefensos.

Imaginemos a las fuerzas de Estados Unidos lanzando monstruosas bombas sobre instituciones industriales capaces de penetrar 60 metros de hormigón. Jamás semejante aventura había sido concebida.

No hace falta una palabra más para comprender la gravedad de semejante política. Por esa vía nuestra especie será conducida inexorablemente hacia el desastre. Si no aprendemos a comprender, no aprenderemos jamás a sobrevivir.

Por mi parte, no albergo la menor duda de que Estados Unidos está a punto de cometer y conducir el mundo al mayor error de su historia.

25
Mar
12

china eeuu, peligrosa base

La base naval estratégica de EE.UU. en Corea, la Base Naval Jeju
La militarización del Lejano Oriente: EE.UU. amenaza las principales ciudades de China:
Global Research
Desde el comienzo la idea de construir una base naval en Corea como “Otra base naval de EE.UU.”, en la isla Jeju, ubicada estratégicamente a unos 300 kilómetros de la línea costera china, ha tenido amplias repercusiones.

No se trata estrictamente de un tema entre Corea y EE.UU. Afecta toda la región del Noreste de Asia.

China está involucrada en una estructura geopolítica de confrontación, que se basa en la militarización de facto de la península coreana y de gran parte del Noreste de Asia, particularmente en el contexto de “la base naval estratégica de EE.UU. como amenaza militar directa a China”.Es posible que tu navegador no permita visualizar esta imagen.

Cuatro importantes potencias globales están involucradas: EE.UU., China, Rusia, Japón, junto con ambas Coreas.

Como resultado de la base naval Jeju y su ubicación geográfica estratégica, los intereses de seguridad nacional y geopolíticos de estos países se han entrelazado peligrosamente. (Vea mapa)

Muchos coreanos ya hablan de la base naval Jeju como “Otra base naval de EE.UU.” La llaman “la base pirata de EE.UU.”

Según diversos medios sudcoreanos (conservadores y progresistas), el régimen de Lee “profundamente pro estadounidense y pro japonés” (cita directa del hermano mayor del presidente Lee) está marcado por “un caso sin precedentes, probablemente el peor de servilismo político” en la historia reciente de Corea.

Como resultado, debido a los desastrosos y ruinosos cuatro años de gobierno corrupto de Lee, toda la península coreana, pero también China y toda la zona del Noreste de Asia han sido llevadas por la fuerza a un estado de tensión militar.

Durante la más vergonzosa y trágica presidencia de la historia moderna de Corea, Corea del Sur ha sido desgarrada, llevando a divisiones sociales, culturales, económicas, políticas, ideológicas y religiosas sin precedentes dentro de la sociedad coreana.

Además, ha tenido lugar un deterioro correspondiente en las relaciones entre el Norte y el Sur durante los últimos 4 años debido a la política de ceguera antagónica y de destrucción de Lee respecto a la otra mitad de la península coreana.

Una mayoría de la población sudcoreana ha cuestionado, condenado y denunciado su pernicioso régimen.

También, aunque el presidente Lee ha estado hablando del “movimiento verde”, en los hechos ha sido “anti naturaleza”. Esto incluye la destrucción de la isla Jeju, uno de los sitios más hermosos de Corea, que “contiene el Sitio del Patrimonio Mundial, la Isla Volcánica Jeju y los Tubos de Lava”.

La base naval existente en Jeju

El área inmediata en la que se va a construir “otra base militar naval de EE.UU.” también contiene “tres sitios del Patrimonio Natural Mundial de la UNESCO y nueve Geo-Parques de la UNESCO. El parque es también una “Reserva de la Biosfera Global designada por la UNESCO”.

Aparte del antecedente de la UNESCO en términos de su valor inapreciable, cualidad única y valor irremplazable como recurso natural humano, la isla Jeju también se ha denominado “Isla de la Paz Mundial”.

El 27 de enero de 2005, el gobierno sudcoreano, bajo el predecesor de Lee, el presidente Roh Moohyun, “designó la isla Jeju como Isla de la Paz Mundial, sobre la base del Artículo 12 de la Ley Especial para la Ciudad Libre Internacional Jeju. (http://www.peace.jeju.kr/eng/html/sub1/sub1.htm).

Ahora esa isla de la paz mundial está a punto de transformarse completamente en una estructura naval militar belicista, agresiva y estratégica de los militares de EE.UU. El “objetivo militar primordial pública y repetidamente pronunciado” de la base naval Jeju es China.

El doctor Kiyul Chung, Editor Jefe en The 4th Media , es profesor visitante en la Escuela de Periodismo y Comunicación, Universidad Xinhua, Pekín, China.

© Copyright Kiyul Chung, 4th Media, 2012

Fuente: http://www.globalresearch.ca/index.php?context=va&aid=29921