Archivo para 29 junio 2018

29
Jun
18

uruguay y el golpe de Bordaberry junto a los fascistas …

NO OLVIDAR NUNCA !! EN URUGUAY HUBO UN GOLPE FASCISTA, APOYADO POR LO MÁS RANCIO DE LOS PARTIDOS BLANCO Y COLORADO, POR ANDEBU (GREMIAL DE DUEÑOS DE MEDIOS DE PRENSA, TV Y RADIO) DE ENTONCES, LA ARU Y OTRAS GREMIALES DERECHISTAS DEL PAÍS.

A 45 años de una epopeya

La madrugada del 27 de junio de 2018, la “bestia militar” se alzó en armas contra la República, pero no se alzaron solos, muchos civiles dieron su visto bueno y apoyo, a estos militares que asesinaron por la espalda la democracia, aunque dichos preparativos no habían comenzado el día anterior, ni mucho menos.

La crisis económica ya daba síntomas de enlentecimiento en 1955 y con el triunfo del Partido Nacional en noviembre del 58, la crisis económica se profundizará más rápidamente. Con la Reforma Cambiaria y Monetaria de Juan E. Azzini en 1959 y la Carta de Intención firmada con el FMI en 1960, se agudizaron más los problemas en Uruguay, con más prebendas para el capital y el apretarse el cinturón para la clase trabajadora.

Los años siguientes, toda la década del 60 y un poco más, serán de inflación de 2 y 3 dígitos, con mayorías parlamentarias para que los más desposeídos fueran los más perjudicados por las políticas “rosadas”. Época de grandes movilizaciones obreras y estudiantiles, las huelgas en la lucha por el salario, estaban a la orden del día, pero también fue épocas de la creación de la Convención Nacional de Trabajadores y es precisamente la CNT la que en sus congresos ordinarios de 1969 y 1971, ratificará una resolución de responder ante un golpe militar con un paro general con ocupación de los lugares de trabajo; esto salió por una votación unánime en ambos congresos.

La derecha fascista, con sus escuadrones de la muerte, estaban a la orden del día. Las muertes de militantes políticos, sociales y/o sindicales fueron muchas, en especial luego del asesinato de Arbelio Ramírez, de Líber Arce, Susana Pintos, Hugo de los Santos, Arturo Recarde, Olivio Raúl Píriz -bebe de cinco meses que fue quemado vivo durante un atentado a un local del Partido Comunista-, Heber Nieto, Julio Spósito, los ocho de la Veinte.Todos los nombrados fueron asesinados, desarmados y los atentados contra la casa de militantes y locales se pueden contar por decenas. Este era el ambiente en los años anteriores al golpe. La derecha se preparaba. Los obreros, los trabajadores, los estudiantes y el pueblo en general se organizaban para resistir. Muchas cosas se dicen del por qué resistir en forma pacífica, sin armas como si los militares fueran a respetar eso.

El 27 de junio del 73, los militares constitucionalistas ya los habían neutralizado a todos. Ese día con el cambio de turno de las seis de la mañana, comenzó la ocupación de miles de fábricas, centros de estudio como las escuelas, liceos y facultades, la Universidad del Trabajo, hospitales, OSE, UTE, Ancap. Se paralizó el puerto, los trenes y el transporte en general.

El comercio en general, los cines y teatros. Ese día no salieron los diarios ni las revistas. Montevideo y las grandes ciudades del Interior eran ciudades fantasmas y la tensión se podía sentir a cada paso. Las radios habían sido intervenidas y solo se escuchaba desde la madrugada marchas militares. Tanques y tanquetas, aviones que surcaban los cielos, camiones al mejor estilo de la Alemania nazi, las “chanchitas” de la Policía, vehículos policiales y particulares, estos últimos con gente sedienta de sangre iban de particular y en su brazo portaban brazaletes que los distinguían como gente de la JUP.

El golpe Cívico-militar había nacido huérfano de pueblo, pero con el apoyo manifiesto de la Federación Rural, la Asociación Rural, la Cámara de Comercio y la industria, Asociación de Bancos, los diarios El País, El Día, La Mañana, El Diario, casi todas las radios y canales de TV.

Esa misma madrugada se disolvió el Parlamento, mediante un decreto que decía: “Prohíbese la divulgación por la prensa oral, escrita o televisada de todo tipo de información, comentario o grabación que directa o indirectamente mencione o se refiera a lo dispuesto por el presente decreto, atribuyendo propósitos dictatoriales al Poder Ejecutivo, o pueda perturbar la tranquilidad y el orden público”.

Uno de los voceros de la dictadura militar fue el coronel Bolentini, que ante la magnitud de la huelga general, se entrevistó con la CNT, exigiendo que se levanten todas las medidas sindicales. Ante tal exigencia, la Central a través de su presidente José D´Elía da su contestación, sin levantar la huelga general.

El 30 de junio, un decreto de la dictadura, firmado por Juan M. Bordaberry, declara disuelta la Convención Nacional de Trabajadores, clausurando sus locales e incautando todos sus bienes y confiscando todos los valores depositados en los bancos, aún aquellos bienes que se encuentren a nombre de sus dirigentes. Se solicita la captura y arresto, bajo Medidas Prontas de Seguridad de todos los dirigentes sindicales. El cumplimiento deberá ser efectuado por el Ministerio de Defensa e Interior. Y aun así la heroica huelga continuaba.

El mismo 30 sale el Boletín Nº 1, de la CNT. En él se dice que son miles los lugares de trabajo ocupados, se insiste que si las fuerzas represivas quieren desalojarlos: “NO resistir, NO abrir la puerta”, unirse a otra fábrica, o esperar para volver a ocupar. El Banco de Seguro fue desocupado tres veces y vuelto a ocupar, ellos no pueden quedarse en los lugares de trabajo. Un comunicado de un sector del Partido Nacional junto al Frente Amplio da apoyo a los trabajadores. La Lista 15 saca un comunicado en el que manifiesta: “Los batllistas estamos contra el golpe de estado y la dictadura”.

Una de las declaraciones, poco conocidas que a mí me llama la atención es la del Comité de Resistencia del Partido Nacional, en la que en su punto 6 dice: “La disolución del Parlamento se realizó para impedir el juicio político a Bordaberry, la investigación sobre todas las torturas realizadas y la publicidad sobre investigaciones realizadas y comprobadas de coimas y estafas millonarias contra el Patrimonio Nacional tales como Represa de Salto Grande, convenio UTE-Sercobe, contrabandos en Nueva Palmira de estupefacientes, cigarrillos y bebidas, estafas del Banco Comercial, compras en OSE y Ancap, estafas en las viviendas del Parque Posadas”, y sigue…

La huelga continuó firme, pero comienza sentirse con el paso de los días. El día 11 de julio la Mesa Representativa de la CNT, levanta la gloriosa huelga general, aunque no por unanimidad. Pero habían pasado 15 días de una epopeya única en el mundo.

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28
Jun
18

salsipuedes … el genocidio charrúa

La matanza (hoy genocidio) de Fructuoso Rivera con la complicidad de Juan Antonio Lavalleja …

Salsipuedes

escribe: Leonardo Borges

“Los hombres llevaban las manos atadas atrás; las mujeres llevaban a los niños más pequeños sobre la espalda y a los mayores de la mano. Los primeros iban en su mayor parte desnudos, a excepción de un trozo de piel que llevaban atada al cuerpo y que caía desde la cintura”. Así llegaba el terrible desfile de sobrevivientes de la matanza que la historia uruguaya nunca pudo explicar. Un extranjero, quizás con otra sensibilidad, desde Suecia había surcado los mares hasta llegar a Montevideo y aquí, por su ventana, observaba la triste procesión. No podía menos que escribir unas líneas al respecto.

“Eran desaseados en el más alto grado, a tal punto que en las calles por donde desfilaban el aire estaba impregnado de un hedor penetrante. Poco después de su llegada a esta ciudad, fueron metidos como animales en su corral y allí se tiraron al suelo”. El teniente de Marina A.G. Oxchfvud de la Marina sueca describió así la llegada de los indígenas cautivos a Montevideo.

Llegaron como animales y se convirtieron en servidumbre de Montevideo, prácticamente en mano de obra esclava, en un recién parido país que, de derecho, no aceptaba el tráfico de esclavos. Partieron desde las costas del río Negro el 19 de abril de 1831, temprano a la mañana, cuando clareaba el sol salieron; mujeres, niños y ancianos marchaban como penando. Vadearon arroyos, atravesaron caminos precarios e intransitables y llegaron a Santa Lucía diez días después. Renzo Pi Hugarte calcula un promedio de 20 kilómetros diarios, caminando y llorando por los muertos de Salsipuedes. Faltando poco para llegar a Montevideo, los escoltas obligaron a apretar el paso, y así, el 1º de mayo llegaron a la capital. Caminaron en perversa procesión más de 250 kilómetros a campo traviesa. Julián Laguna iba a la cabeza del desfile. Las generaciones subsiguientes fueron siendo aculturadas casi totalmente, no generando prácticamente sincretismos. Si bien no fueron todos los charrúas asesinados, sí lo fue tristemente su cultura. Arribaron a la capital, donde el sueco observaba aquella retorcida peregrinación desde su ventana y escribía sus palabras al respecto. Otra sensibilidad timoneaba aquellas mentes, otra cultura delimitaba sus caminos. Pero faltaba un poco más. ¿Qué harían con ellos?

José Ellauri, impecable constituyente de otrora, reglamentó el reparto de indios. Pues eso fue lo que sucedió, los racionaron entre los vecinos. “A nadie se dará más de uno, pero al que le corresponda chicuelo o indio joven sin hijo de pecho, será obligado a llevar una de las indias viejas, que son pocas”.

Otro grupo de prisioneros fue llevado a Francia. El cacique Ramón de Mataojo fue entregado a un marino francés y finalmente murió en alta mar. Otro grupo fue vendido al buhonero francés François de Curel, quien los exhibió en una feria, especie de circo, como divertimento barato. A Curel se le entregaron cuatro indígenas, especialmente recomendados por el jefe de Policía de Montevideo, quien creyó necesario regalarlos, dado los perjuicios que estos traían. “Considerando cuán perjudiciales son al país los indios charrúas por sus malos hábitos e inaplicación al trabajo, juzgo que sería un beneficio permitir a don Francisco Curel que lleve a Francia el número que desea”. Escribía el jefe en 1832.

Viajaron encerrados en una jaula de hierro, en la bodega del buque Faeton, prácticamente como animales salvajes. Senaqué pisaba en aquel tiempo los 56 años, era un chamán de tribu, un hombre de medicina. Vaimaca Perú, de 55 años, era sobre todo un guerrero, quien había luchado, en otros tiempos, codo a codo junto a José Artigas. Micaela Guyunusa, una joven embarazada, presumiblemente de Tacuabé, un guerrero joven. A lo largo y ancho de Europa, se escuchaban los ecos de las historias sobre los salvajes del Nuevo Mundo que llegaban a París.

Los indios capturados fueron apagándose con el tiempo, hasta que murieron en tierras francesas. Vaimaca Perú, Senaqué y Guyunusa perecieron, pero Tacuabé se escapó con su pequeña hija Igualdad (fruto de su relación con Guyunusa). Tomó entre sus brazos a su pequeña, aquella que había nacido a la luz de una vela y que él mismo había recibido, aquella ventosa noche del 20 de setiembre. Miró alrededor y no vio a nadie, dio unos pasos y finalmente ganó la calle, allí echó a correr desesperadamente y desapareció entre las oscuras callejuelas francesas. Nadie más supo del “salvaje” del otro lado del Atlántico, que desapareció en Francia.

La matanza de Salsipuedes es uno de los hechos históricos más embarazosos y difíciles de digerir por los historiadores y mucho más por la gente en general. No es cuestión de hacer juicios anacrónicos ni mucho menos justificaciones de ese tipo; pues, de hecho, fue una matanza. Terrible matanza. Cuarenta indígenas perdieron su vida aquel fatídico 11 de abril de 1831 según las fuentes oficiales, otros tantos seguramente en la verdad. Trescientos fueron hechos prisioneros, otros tantos escaparon y fueron persistentemente perseguidos.

¿En qué condiciones fueron ultimados? Habían sido convocados por el mismísimo presidente, Fructuoso Rivera, don Frutos, que a su vez era hombre de confianza de estos. El término muchas veces utilizado con celeridad es “genocidio”. Término más moderno, o sea extemporáneo para aquellos tiempos y relacionado casi naturalmente con la Segunda Guerra Mundial o el genocidio armenio de principios del siglo XX. El número quizás no demuestre nada, 40 o 40.000; tanto menos cuando el número total de charrúas era mucho menor que el de otros pueblos indígenas. Los charrúas eran de corto número como etnia, pequeñas tribus desperdigadas aquí y allá; sumémosle la llegada del europeo, que generó masivas persecuciones previas a la de Rivera. Lo cierto es que desde filas coloradas se intenta minimizar lo sucedido en 1831 y 1832, mientras que desde otros colectivos, tanto políticos como sociales, se demoniza la figura de Rivera. Vale decir que en aquellos tiempos, bárbaros y violentos, los charrúas no gozaban de la mejor publicidad entre unos y otros. Nada menos que Juan Antonio Lavalleja, el 24 de febrero de 1830, siendo ministro de José Rondeau, le acercó algunos consejos a don Frutos, comandante general de Armas: “Por el adjunto parte que en copia autorizada se acompaña, se ha impuesto al Sr. Gral. de los excesos cometidos por los charrúas. Para contenerlos en adelante y reducirlos a un estado de orden, y al mismo tiempo escarmentarlos, se hace necesario que el Sr. Gral. tome las providencias más activas y eficaces, consultando de este modo la seguridad del vecindario y la garantía de sus propiedades”. Esos malvados contra los que despotrica Lavalleja son nada más y nada menos que los nativos de estas tierras; y la pronta conclusión que menciona fue poco después terriblemente ejecutada. La guerra de los charrúas en la Banda Oriental, bautizó Eduardo Acosta y Lara a estos terribles episodios en su extenso libro homónimo. Una guerra poco elegante, si es que ese adjetivo existe en relación a esta palabra. Una serie de persecuciones, asesinatos, arrestos, torturas, en definitiva, terror.

El presidente citó a los caciques más importantes en el potrero de Salsipuedes, un arroyo hijo del río Negro. Los indígenas confiaban en el caudillo al que habían acompañado, algunos de ellos más de una vez. Uno de los caciques sospechó; algo andaba mal. Pero pocos lo atendieron. Era Rivera quien lo citaba, era don Frutos… y allí acudieron.

El ardid estaba planteado; supuestamente el Ejército necesitaba de ellos para defender las fronteras; desde Durazno, Rivera instaba a Julián Laguna a que “emplee todo su tino y destreza para hacer entender a los caciques que el Ejército necesita de ellos para ir a guardar las fronteras del Estado”.

Una carta desnuda la trama, en este caso, otra carta de Rivera a Julián Laguna fechada menos de un mes antes de la tragedia, en la que el presidente deja en claro sus intenciones. Primero, mandándole a prevenir a los indios de su llegada, pero, además, “infundiendo la mayor confianza a aquellos y asegurándoles la buena disposición y amistad del presidente hacia ellos”.

Llegó entonces el día indicado. De pronto llegó el presidente y algunos hombres; llegaron los indios, sus mujeres y sus niños. Los esperaba un festín, repleto de comida y bebida, principalmente bebida. Estaban de pronto festejando su amistad. En el momento menos esperado se desató la masacre, tras la señal inequívoca del presidente. Mil doscientos hombres armados y preparados, escondidos para la ocasión, cumplieron sus órdenes.

Cuenta A.G. Oxchfvud: “Tan pronto el efecto de la bebida se advirtió entre los indios, y cuando ya muchos de ellos se encontraban dormidos, las tropas de Rivera con todo secreto rodearon a los indios y con sables y bayonetas atacaron a los indefensos indios, matando hombres, mujeres y niños. Muy caro vendieron sus vidas los caciques y muchos de los indios”.

Rivera se dirigió a Venado, uno de los caciques: “Empréstame tu cuchillo para picar tabaco”, le requirió. Al haberlo desarmado, el presidente sacó su pistola y abrió fuego contra el indio. De esa manera comenzó Salsipuedes. En pocos instantes quedaron sobre la gramilla los cuerpos de 40 indios y un soldado, Maximiliano Obes, hijo nada menos que de Lucas Obes, de tan solo 20 años de edad. José Lucas Obes fue, irónicamente, uno de los autores intelectuales de estas operaciones, en las que falleció uno de sus hijos. A pesar de este dato, de este muerto, el teniente primero de la Marina Real Sueca narra otras historias de otras muertes aquel día: “Uno de los caciques que había adoptado el nombre de Rondeau, tomado del exgobernador de Montevideo, llegó a formar como una trinchera con los cadáveres de sus enemigos, y ya habían sucumbido más de 15 soldados a su lanza cuando se desplomó entre ellos, cubierto de sangre y heridas”.

Tan grandes como sangrientos los preparativos, llevaron a ejecutar los planes de exterminio. Detrás de esta matanza existía, como reflexiona Renzo Pi Hugarte, un aspecto ideológico que trasciende a Rivera y sus aliados. Pi Hugarte plantea que es claro “el afán deliberado de los blancos por obligar a los indios a abandonar su estilo de vida errante y sus actividades depredatorias, tanto más manifiesto cuanto mayor era la ocupación y control de los territorios interiores y su vinculación al sistema de economía mercantil propio de los centros urbanos”. Esta ideología del exterminio se fue gestando desde la época colonial y está íntimamente relacionada con una lucha cuasi civilizatoria, con los consiguientes relieves económicos. La respuesta fue terminante y bárbara, la violencia terminó por perseguir a los naturales. Excesivamente sincero, Rivera, en carta a Juan María Pérez, fechada el 13 de abril de 1831, se felicita por la faena de Salsipuedes, tanto como felicita a sus hombres. Sobran las palabras: “Mi estimado amigo: Ya Ud. sabrá por los partes dados al gobierno que el resultado sobre la horda de salvajes que tanto han afligido a nuestro país ha correspondido al empeño con que se les ha perseguido, hasta lograr su total exterminio y de lo que nos debemos felicitar. Fructuoso Rivera”.

Así culminaba la matanza de Salsipuedes. Como en una especie de tragedia griega, se cuenta que Vaimaca Perú, en medio de aquel infierno, mirando a los ojos a su viejo amigo, sentenció: “Mira, Frutos matando a los hermanos”.

27
Jun
18

GOLPE FASCISTA EN URUGUAY …

LUEGO  QUE LOS BLANCOS BARATOS Y LOS GOLPISTAS COLORADOS LE DIERAN CASI TODO EL PODER A LOS MILITARES FASCISTAS, ÉSTOS UN DÍA COMO HOY, SE APODERARON DEL PODER EN 1973

A 44 años de la Huelga General 

Iguini: “Ni la libertad de los presos sindicales se quiso negociar con esa mugre”, la dictadura

“El mundo se divide, sobre todo, entre indignos e indignados, y ya sabrá cada quien de qué lado quiere o puede estar”.

Eduardo Galeano

Luis Iguini integraba en la década del 70´ el Secretariado Ejecutivo de la Convención Nacional de Trabajadores (CNT) y recuerda en el Portal la histórica huelga general que el movimiento sindical uruguayo llevó adelante durante 15 días en rechazo a la dictadura cívico – militar que se inició a sangre y fuego un miércoles 27 de junio de 1973 y que le costó a él ocho años de cárcel, solo por ser sindicalista. El hoy integrante del grupo de fundadores de la CNT fue implacable a la hora de señalar que al momento de defender la democracia y la libertad las diferencias que existían en la izquierda y el movimiento sindical desaparecieron. “Esto llevó a que la dictadura no pudiera doblegar la resistencia y el espíritu libre de la gente”.

El ex dirigente sindical recordó que la amenaza de golpe de Estado se venía manejando desde varios años antes. En 1964 se instala la dictadura en Brasil y ya se interpreta en el movimiento sindical, en las organizaciones sociales y políticas que es inminente que llegue al Uruguay un régimen autoritario. A esta preocupación se le suma la existencia cada vez más frecuente de “militares de grado con industriales que veían al golpe de Estado como una solución para ellos. En esos años también se produce una reunión importante de coroneles, la famosa buseca, donde se encontraron los ideólogos e impulsores de la práctica dictatorial que afectara al país durante 11 años”.

A modo de anécdota Iguini agrega que “esa reunión fue clandestina y por esta razón el ministro de Defensa de la época (general Antonio Francese) le solicita a Ramón Trabal (*) que le informara los nombres de todos los participantes. En ese momento los coroneles le dijeron que “esta la vas a pagar”. A tal grado llegó la amenaza que no fue ascendido luego al grado que le correspondía y finalmente es asesinado en Paris, Francia. Lo cierto es que cuando llega el golpe de Estado los sectores más reaccionarios habían limpiado al Ejército de los militares demócratas. Por lo tanto había dejado de lado a cientos de militares que defendía la Constitución. Cuando se produce el golpe la Jefatura de Policía y los cuarteles del interior se llevaron de estos militares que no apoyaban la dictadura”.

Día D

Iguini le informo al Portal que al mediodía del miércoles 27 de junio de 1973 la dirección de la CNT tiene la confirmación de que se producirá el golpe en la noche de este día. Se alertó de forma inmediata a los sindicatos y por la noche se reunió en el sindicato del vidrio la dirección de la central para anunciar públicamente el inicio de la huelga general. Medida que ya había sido aprobada hacía años y confirmada en cada congreso que realizó la CNT. Hasta el sábado 30 los dirigentes sindicales no fueron proscriptos y la CNT declarada ilegal.

Durante 15 días duró la huelga general en el Uruguay, experiencia única en el mundo. “Había una disciplina muy grande y un compromiso enorme con la libertad y la democracia. Se estaba ante una medida que no planteaba un tema salarial o laboral. Se pedía el funcionamiento de los partidos políticos, del Parlamento, de los sindicatos, de la libertad de prensa. En definitiva se reclamaba libertad”, declaró el ex dirigente de la CNT y de la Confederación de Organizaciones de Funcionarios del Estado (COFE).

Se levanta la huelga

En el marco de muchas discusiones y diferentes interpretaciones de la estrategia a seguir el 11 de julio se resuelve levantar la huelga general. Iguini informó que “un grupo entendíamos que había que levantar la huelga ya que era escaza la fuerza que teníamos y había que preservarla para la reorganización sindical. Las discrepancias fueron varias, pero con el tiempo considero que fue justo el resultado de lo resuelto. A tal grado que a nivel mundial la CNT logró un prestigio enorme y se convirtió en un hecho histórico ya que se termina le huelga descartando cualquier tipo de negociación con la dictadura”.

El ex dirigente de la central obrera destacó que a tal grado llegó el “desagrado del movimiento sindical con los golpistas que nos negamos a negociar con ellos, incluso la liberación de los presos sindicales. Ni esto se quiso negociar con esa mugre (la dictadura). Dejamos claro que existía una diferencia radical con los violadores de la democracia y los derechos humanos. Fueron años duros y por momentos la represión aumentaba. Mientras tanto eso que se había salvado cuando se levantó la huelga general fueron trabajando y luego de varios años se logró un movimiento sindical (en ese momento el Plenario Intersindical de Trabajadores – PIT) que llevo adelante el 1º de mayo de 1983 el mayor acto en dictadura que le dijo a los golpistas: no va más, nunca más”.

Hecho curioso

Iguini cuenta un hecho que no ha hecho público hasta ahora y que se refiere a la época en que cae la “tablita” y la moneda nacional se desvaloriza frente al dólar de forma considerable. En 1982 estando en la celda dos del primer piso del Penal de Libertad, en pleno verano, se podía jugar al fútbol. “Ese día nos llamó la atención de que en la planta baja del Penal de Libertad hubiera un oficial armado, algo prohibido. Se lo sentía insultar y decir “a estos hijos de puta hay que matarlos a todos”. Ante esta situación le prestamos atención a lo que se escuchaba en la radio que estaba prendida y que anunciaba el quiebre de la economía uruguaya. Luego entendimos que a muchos oficiales les habían vendido casas y la cuota era en pesos, pero al poco tiempo se lo pasaron a dólares y se encontraban con que se había triplicado el valor. Muchos de ellos nos pedían que le sacáramos la cuanta de los intereses a pagar y no lo podían creer. A los milicos también los cagaron”.

Breve apunte del golpe cívico – militar

El 27 de junio de 1973 el presidente uruguayo Juan María Bordaberry apoyado en los militares decreta la disolución del Parlamento y la instalación de un Consejo de Estado, lo que se constituyó en un golpe de Estado, a pesar de que los dictadores prohibieran que se catalogara de golpe la violación constitucional y de derechos humanos. De todos modos el semanario Marcha con gran ingenio, como caracterizaba a los editores de la publicación, tituló en su edición inmediata: “No es un golpe”.

Una vez decretada la dictadura la CNT llama a la huelga general con ocupación de los lugares de trabajo y de los centros de estudio. Durante quince días los trabajadores llevaron adelante una de las más firmes y prolongadas acciones de masas contra la maquinaria instalada por los golpistas y que avanzaba sobre todo el territorio Latinoamericano.

(*)El coronel Ramón Trabal en un momento se convierte en el agregado militar de la Embajada uruguaya en París. Cuando arribaba a su domicilio, el 19 de diciembre de 1974 a las 13.10 horas, como siempre iba a estacionar su automóvil en el primer subsuelo del edificio en que vivía, en la avenida Recteur Poincaré Nº 15, cuando dos individuos le dispararon siete balazos calibre 7.65 mm a quemarropa.

La dictadura militar uruguaya acusa a un comando tupamaro de la muerte del militar. Sin embargo unos obreros en un edificio cercano, tras escuchar los disparos, vieron huir del lugar a dos personas jóvenes, de entre 20 y 30 años, y de “aspecto europeo”. Poco después una llamada anónima a la agencia France Press atribuía el crimen a una “Brigada Internacional Raúl Sendic”. La persona se comunicó en “perfecto francés”, diría después quien recibió la llamada.

 

27
Jun
18

lula …

El pánico de la derecha brasileña

escribe: Emir Sader

 

Sociólogo y filósofo brasileño, director del Laboratorio de Políticas Públicas (LPP) de la Universidad del Estado de Rio de Janeiro. Master en filosofia política y doctor en Ciencia política.

La derecha brasileña ha realizado lo que venía soñando desde el 2003: sacar al Partido de los Trabajadores (PT) del gobierno. Como no lo ha logrado por medio de elecciones –y se dio cuenta que ya nunca mas lo lograría–, optó por el atajo del golpe. Estuvo condenada así a tener como presidente al vice de entonces, Michel Temer, con toda la carga de acusaciones de corrupción en su contra.

Pero la política económica neoliberal es la que unifica a toda la derecha brasileña. Como resultado, el golpe parlamentario generó un gobierno que tiene el tres por ciento de apoyo, sea porque es el gobierno mas corrupto de la historia política de Brasil, sea por la recesión que la política económica centrada en los ajustes fiscales ha producido, con sus crueles consecuencias sociales, empezando por el alto nivel de desempleo, que alcanza a 27 millones de personas.

Si el atajo del golpe fue el camino más corto de la derecha para volver a la presidencia de Brasil, la derecha tiene que pagar el precio de tener que mantener ciertas normas institucionales. Ha hecho uso amplio de la judicialización de la política, buscando sacar al favorito Lula de la disputa electoral. Pero no ha podido, por lo menos hasta ahora. Tampoco ha podido expropiar totalmente la representatividad de las elecciones por medio de la instauración del parlamentarismo o del fin de la obligatoriedad del voto. Ni ha logrado encontrar una forma de cancelar las elecciones de octubre de este ano.

La derecha brasileña hizo todo lo que pudo: sacó a Dilma de la presidencia, asaltó al gobierno, hizo aprobar leyes antipopulares, privatizó el patrimonio público de Petrobras. Además de levantar todo tipo de sospechas respecto a Lula, para intentar destruir su imagen e impedir que vuelva a ser presidente de Brasil

Tumbaron a Dilma, aunque sin ningún fundamento legal, a tal punto que este mes la comisión del Senado brasileño que ha examinado el caso llegó a la conclusión de que Dilma no había cometido ningún crimen. Han tomado preso a Lula con un proceso sin crímenes y una condena sin pruebas. Pero no se les va el susto. Aunque lleguen a impedir que Lula sea candidato, el fantasma de que Lula elija a un candidato para ganar las elecciones y hacer que el PT vuelva a la presidencia de Brasil, les quita el sueño.

El conteo regresivo hasta las elecciones presidenciales solo pone más nerviosa a la derecha. La izquierda tiene su candidato – Lula – o quien él indique. La derecha ha agotado los intentos de tener un candidato anti-política, que se valiera del rechazo generado en contra de la política y los políticos. Intentó con un presentador de TV Globo, después con un juez, pero ninguno cuajó. Se vuelve entonces a intentos de, por lo menos, unificar a los candidatos de la derecha. Cardoso se asume como articulador de esos intentos, que incluirían el candidato de su partido, el exgobernador de Sao Paulo, Alckmin, que no ha logrado superar el cinco por ciento de apoyo, ademas de Marina Silva y otros nombres similares. Pero todos sumados no alcanzan siquiera a superar a Bolsonaro, el candidato de la extrema derecha.

El pánico más grande de la derecha brasileña es el retorno del PT al gobierno. Significaría el fracaso del golpe y del intento de retorno al modelo neoliberal. Significaría asimismo una derrota política de gran dimensión, reabriendo un período de gobiernos populares, que los volvería a marginalizar por un largo período.

Otro fantasma de la derecha brasileña es que ni siquiera sea el principal contendiente de la izquierda, siendo suplantada por la extrema derecha. Lo cual facilitaría todavía mas el apoyo a la izquierda.

No son tiempos fáciles para Brasil, pero tampoco lo son para la derecha brasileña. La mas profunda y prolongada crisis de la historia brasileña se acerca a un desenlace. De alguna forma ese desenlace se dará con las elecciones. Derecha e izquierda afilan sus armas para ese enfrentamiento.

23
Jun
18

Wilson …

Hace 34 años llegábamos con Wilson

escribe: Juan Raúl Ferreira

 

Hace 34 años vivimos un día intenso en Buenos Aires. Entrevistas de prensa a Wilson, visitas de ministros, llamada del presidente Alfonsín desde Madrid. En su última noche antes del viaje, cenamos con él en Olivos. Toda la plana mayor del peronismo pasó por el hotel Colón. Formaban parte de ella dos amigos especiales: Cafiero y Unamuno (hace poco me topé con la foto de ese abrazo). Unamuno fue luego, en Uruguay, militante incansable por nuestra libertad. Lo oí por radio desde el cuartel en el acto frente al Gaucho. Cafiero era, además, dueño del hotel Colón, donde nos cedió dos pisos el tiempo que precisáramos. Uno para vivienda y otro para oficinas.

Yo llegué sobre las tres de la tarde de un viaje al que me mandó Wilson para pedir solidaridad a los presidentes de Colombia, Bolivia, Ecuador y Venezuela.

La partida

Frente al hotel se habían congregado cientos de asilados. O sea, desde esa noche flameaban juntas banderas del Frente Amplio y del Partido Nacional. Alfonsín había firmado despedida de jefe de Estado. El vicepresidente, Víctor Martínez, estuvo a cargo de la ceremonia, desbordada por los uruguayos que con fervor cantaban: “Vamos a volver al Uruguay para que vean que este pueblo no cambia de ideas, tiene las banderas de la libertad”.

El buque se alejaba y se sentían los ecos. En la flota de Alíscafos, sus obreros estaban parados en silencio y al pasar el buque desplegaron un pasacalle que decía “Dios te bendiga, Wilson”.

Un periodista le pregunta por qué vuelve a Uruguay para ir preso. “No vuelvo para ir preso. Se que así será, pero detenerme es cosa de ellos, ser un hombre libre depende sólo de mí.”

El viaje y el recibimiento

A bordo había prensa de todo el mundo, mucha española. Los cronistas, entre la bruma del amanecer, divisaron el despliegue de guerra naval que nos dio la bienvenida, el infructuoso intento por hacernos bajar del buque en alta mar, los sucesivos cambios de ruta y la llegada al puerto. Al desembarcar, Wilson inmortalizó su figura con la más famosa de las fotos, con las manos en alto y los dedos en señal de victoria. Allí, contrariamente a lo anunciado, supimos que iríamos cada uno a una unidad militar distinta y distante. Subimos a sendos helicópteros que nos llevaron a los cuarteles de Trinidad y Paso de los Toros.

Apenas divisamos la muchedumbre en Libertador, las azoteas repletas de gente con banderas: del Frente, blancas y nacionales. El Partido Colorado había decidido no participar en uso de un derecho soberano. No había Partido Rosado en los años de lucha. No debe omitirse que Maneco y Manolo Flores desfilaron en medio de la muchedumbre con la bandera colorada haciendo presente un pedazo de la historia de Uruguay.

Llegamos, no llegó

Esta acepción no es casualidad. Tampoco es porque, aunque es motivo de orgullo, me refiera a que llegamos “él y yo”. Me refiero a la concepción que le quiso dar Wilson. Llegaba el barco lleno de dirigentes (no sólo de un partido) y nos despidió y recibió un pueblo abrumadoramente bipartidario en señal de las unidades que se habían forjado en una de las luchas más heroicas del Uruguay del siglo XX. Algunos escriben y sostienen que no existió.

Llegaron los que se quedaron, llegaron los que nos recibieron, llegaron los presos que seguían los acontecimientos desde sus lugares de reclusión en la medida de las posibilidades. Por eso Wilson, tanto en nuestra proclama de Concordia (que quiso que yo firmara), como en el logo y en la convocatoria, pidió que no fuera una actividad partidaria, sino una “jornada de reencuentro por la unidad”.

Homenajes

No sé si hay algo previsto para mañana. El año pasado el Partido Nacional hizo una actividad partidaria en el Palacio Legislativo y no me invitaron. Mucha gente de otros partidos se tuvo que ir por el tono proselitista.

No fue así la historia. No se puede recordar una fecha para desvirtuar su significado. Todo uruguayo sabe dónde estaba ese día y, si es joven, sabe la historia de sus padres.

La última vez que fui invitado a una conmemoración, el presidente del Directorio se burló: “Vamos a decir que vino Juan Raúl en el barco así no se ofende” (¿?). Luego, el secretario del Partido Nacional dijo: “Hay modos de recordar lo de hoy, plural o partidario. A mí me gusta el partidario”. Está bien. Pero no fue lo que pasó 34 años atrás. Priman las necesidades políticas a la verdad histórica.

Hay varios sitios en la ciudad que recuerdan ese día. El del puerto, en la zona que fue ocupada entonces por los militares. El Sitio de Memoria, a la entrada del mismo. Hay otro que se olvida y hay que volver a él. En la esquina de Libertador y La Paz, un monolito rinde honor al verdadero protagonista: la multitud que en forma mancomunada flameó juntas todas las banderas. Las que fueron.

22
Jun
18

Colombia y duque después de las elecciones …

Lento parto en Colombia

escribe: Atilio Borón / Rebelión

El resultado de la segunda vuelta en las elecciones presidenciales de Colombia sentenció la victoria del candidato de la derecha, Iván Duque, que obtuvo10.362.080 sufragios contra los 8.028.033 de su rival, Gustavo Petro, candidato de la coalición Colombia Humana. Amenazadas como nunca antes las fuerzas del vetusto orden social colombiano se reagruparon y prevalecieron por una diferencia de unos doce puntos porcentuales. Terminado el recuento el uribista se alzó con el 54 por ciento de los sufragios mientras que el ex alcalde de Bogotá cosechó un 42 por ciento. La tasa de participación electoral superó levemente el 51 por ciento, un dato promisorio ante el persistente ausentismo en las urnas de un país en donde el voto no es obligatorio.
El título de esta nota refleja cabalmente lo que está sucediendo en Colombia. Si un significado tiene esta elección es que por primera vez en su historia se rompe el tradicional bipartidismo de la derecha, que se presentaba a elecciones enmascarada bajo diferentes fórmulas y personajes que en el fondo representaban a los intereses del establishment dominante. La irrupción de una candidatura de centroizquierda como la de Gustavo Petro es un auténtico y promisorio parteaguas en la historia colombiana, y no sería aventurado arriesgar que marca el comienzo del fin de una época. Un parto lento y difícil, doloroso como pocos, pero cuyo resultado más pronto que tarde será la construcción de una nueva hegemonía política que desplace a las fuerzas que, por dos siglos, ejercieron su dominación en ese país. Nunca antes una fuerza contestaría había emergido con esta enjundia, que la posiciona muy favorablemente con vistas a las próximas elecciones regionales de Octubre del 2019 en donde Colombia Humana podría recuperar la alcaldía de Bogotá y conquistar la de Cali y preparar sus cuadros y su militancia para las elecciones presidenciales del 2022. Mientras tanto Iván Duque deberá librar una tremenda batalla para cumplir con lo que le prometiera a su jefe, Álvaro Uribe: avanzar sobre el poder judicial, poner fin a la justicia transicional diseñada en los Acuerdos de Paz y sobre todo para evitar que el ex presidente, el verdadero poder detrás del trono, vaya a dar con sus huesos en la cárcel debido a las numerosas denuncias en su contra por su responsabilidad en crímenes de lesa humanidad –entre ellos la de los “falsos positivos”-y sus probados vínculos con el narco.
En suma: algo nuevo ha comenzado a nacer en Colombia. Todavía el proceso no ha concluido pero los indicios son alentadores. Nadie soñaba hace apenas tres meses en ese país que una fuerza de centroizquierda con un ex guerrillero como candidato a presidente pudiera obtener más de ocho millones de votos. Sucedió y nada autoriza a pensar que el tramposo bipartidismo de la derecha podrá resucitarse después de esta debacle; o que la euforia despertada en millones de colombianas y colombianas que con su militancia construyeron la más importante innovación política desde el asesinato de Jorge Eliecer Gaitán en 1948 se disolverá en el aire y todo volverá a ser como antes. No. Estamos seguros que no habrá marcha atrás en Colombia. A veces hay derrotas que anticipan futuras victorias. Como las que sufrió Salvador Allende en Chile en la elección de 1964; o Lula en Brasil en 1998. ¿Por qué descartar que algo semejante pudiera ocurrir en Colombia? Sólo tropieza quien camina, y el pueblo de Colombia se ha puesto en marcha. Tropezó, pero se levantará y más pronto que tarde parirá un nuevo país.

21
Jun
18

mayo francés del 68´

Las derrotas de Mayo del 68 y el nuevo capitalismo

escribe: Emmanuel Chamorro / Viento Sur

En este quincuagésimo aniversario de Mayo del 68 nos hemos encontramos de nuevo (como cada año terminado en ocho desde hace ya décadas) con la letanía de quienes quieren convencernos de que el 68 fue “la primera revolución indiferente” (Lipovetsky, 2015: 45): un movimiento individualista, superficial y hedonista. Así se llega a decir que en 1968 en Francia “no pasó nada” —ya que todo lo importante sucedió en Praga— o que fue, en cualquier caso, una “revolución divertida” de los hijos de la clase media cuyo verdadero objetivo era asaltar los colegios mayores de las universitarias. Para dar lustre a este relato se nos presenta la trayectoria de buena parte de los líderes de Mayo como la prueba definitiva de que las nuevas formas de capitalismo han saciado las expectativas de aquel movimiento.

En nuestra opinión, sin embargo, este tipo de acercamientos a Mayo del 68 nos habla más de nuestro tiempo que del acontecimiento mismo, de los discursos hegemónicos en el presente que de los de entonces, de la sociedad actual que de la de los sesenta. Por el contrario, creemos que un acercamiento más honesto y útil políticamente exige un análisis cuidadoso de esa relación entre Mayo del 68 (entendido en el contexto de los movimientos de los sesenta y setenta) y las transformaciones del capitalismo hasta nuestros días. En este sentido, y adelantando nuestra conclusión, creemos que esta relación únicamente se puede conceptualizar en términos de una derrota de las aspiraciones del 68, asfixiadas en diferentes movimientos de rechazo e integración que de algún modo han determinado las formas definitivas que ha tomado el neoliberalismo.

1. La respuesta disciplinaria

Como es conocido, el Mayo francés (especialmente en lo que afectaba al movimiento obrero) fue en buena medida desactivado por los llamados “acuerdos de Grenelle” 1/. Estos suponían una serie de concesiones pactadas entre el gobierno de De Gaulle y los principales sindicatos (CGT y CFDT, entre otros). A pesar de incluir buena parte de las reivindicaciones históricas del movimiento obrero francés, en un primer momento estos acuerdos fueron rechazados por los trabajadores de algunas de las principales empresas francesas de modo que aunque se firmaron en los últimos días de mayo, la huelga no se detuvo hasta mediado el mes de junio.

Además de esto, el retorno al trabajo no fue el fin de fiesta que algunos pretenden hacernos creer, sino que exigió el uso de la fuerza del Estado y la amenaza de una guerra civil que nadie estaba dispuesto a asumir. A este respecto, tan importante para comprender esta primera derrota de Mayo del 68 es la firma de los acuerdos de Grenelle como dos hechos que suelen pasar más desapercibidos: la reunión de De Gaulle en Baden Baden con el general Massu y la amnistía de los presos de la OAS2/ en los primeros días de junio de 1968. Estos movimientos nos hablan de un Estado gaullista preparado para acabar con las protestas por la vía militar. No en vano los tres muertos que oficialmente se reconocen en Mayo a manos de la policía remiten al marco de las jornadas de junio. Así el día 11, en los enfrentamientos en la fábrica Peugeot-Sochaux mueren dos obreros, Henri Blanchet y Pierre Beylot, el primero por el efecto de una granada lacrimógena y el segundo tiroteado a quemarropa por un suboficial (Astarian, 2008: 121). En esa misma jornada, al menos otros dos trabajadores, Serge Hardy y Joël Royer, quedarán amputados (Baynac, 2008: 368).

Los relatos de estos últimos días de protestas señalan que además de la fuerza empleada para sofocar la huelga, se produce un cambio de estrategia por parte de la policía que controla la ciudad de París. En un contexto que recuerda a una ocupación militar, se emplea la fuerza policial contra cualquier grupo de jóvenes que parezca pertenecer al movimiento estudiantil. Esta espiral de violencia se cobrará el 10 de junio la vida de GillesTautin, militante de 16 años que muere ahogado en el Sena tras ser atacado junto a otros jóvenes por una unidad de gendarmes móviles.

A pesar de la sensación de derrota que acompaña la “vuelta a la normalidad” 3/(con consecuencias, a menudo trágicas, tanto por esa violencia como por la frustración que llevó a algunos militantes incluso a quitarse la vida), hay que reseñar que los logros en el campo laboral debidos al impulso de Mayo del 68 fueron muy importantes. En este sentido, aunque no se produjo la revolución anunciada, las condiciones sindicales y laborales mejoraron sustancialmente en los años posteriores a 1968, consiguiendo las cuatro semanas de vacaciones pagadas en 1969, el acuerdo sobre la baja maternal y sobre formación continua en 1970, la ley sobre la duración máxima del trabajo en 1971, el acuerdo sobre prejubilaciones, la participación de los trabajadores inmigrantes en las elecciones profesionales, la prohibición del trabajo clandestino y la generalización de las jubilaciones complementarias en 1972 así como la indemnización total por desempleo durante un año en 1974 (Boltanski y Chiapello, 2002: 265).

La lógica que subyace a esta primera respuesta a las exigencias de Mayo consiste en una negociación en términos de lo que los sociólogos Luc Boltanski y Ève Chiapello han denominado “crítica social”, que se traduce en un reparto económico beneficioso para los asalariados y un avance legislativo que de algún modo incrementa su seguridad. La contrapartida de estas mejoras, la línea roja que no se rebasará en las negociaciones, es la que podemos identificar con las reivindicaciones de autogestión (especialmente importantes en la CFDT y que constituyen una de las líneas de fuerza de la convergencia obreros-estudiantes en Mayo del 68) y de crítica a la autoridad y las formas de vida dominantes. De este modo los subsecuentes acuerdos entre patronal y sindicatos, aunque representan un avance social desconocido en Europa, tendrán como contrapartida el mantenimiento de las jerarquías en la empresa, ahogando cualquier reivindicación de autogestión o cogestión.

El panorama general que se dibuja en el mundo del trabajo posterior al 68 nos presenta una primera derrota de las aspiraciones que toman cuerpo en Mayo jalonada con algunas victorias nada desdeñables. Esta respuesta en términos de crítica social, que trata de ofrecer mejoras materiales a cambio de reducir la conflictividad, no supone una estrategia estable puesto que no permite detener la “crisis del trabajo” que recorre buena parte de las economías “avanzadas” en los años sesenta y setenta. Esta crisis, identificada con las estrategias de rechazo al trabajo, hace que por primera vez el aumento de la racionalización de la producción no implique un correlativo crecimiento de la tasa de ganancia. En estas circunstancias, paralela y contradictoriamente con esas mejoras materiales, la salida propuesta por el capital consiste en aumentar la tasa de explotación (a través de la inflación que hace descender el poder adquisitivo de los trabajadores, imponiendo medidas disciplinarias, etc.).De este modo la reedición de una solución tradicional a la crisis que toma cuerpo en 1968 se muestra insuficiente para enfrentar una realidad que supera la capacidad de negociación de ambas partes: el fin del capitalismo de posguerra forzado simultáneamente por sus propios límites internos y por el aumento de la fuerza de la crítica anticapitalista.

2. La respuesta del deseo

En este contexto ni siquiera el calado de esas reformas en el mundo del trabajo permite conseguir los dos objetivos previstos: por un lado recuperar la tasa de ganancia y por otro fijar a los trabajadores al aparato productivo (ya que la deserción y el rechazo al trabajo no se habían visto frenados con las mejoras laborales, especialmente entre los obreros más jóvenes).

Ante tales circunstancias y de un modo no orquestado se comienza a experimentar estrategias diferentes para lograr esos dos objetivos. En este momento la mirada se vuelve de nuevo a Mayo del 68 y a los movimientos que surgen de él para tratar de comprender la lógica profunda de su rechazo al trabajo. Así inicia el segundo asalto contra el impulso del 68 que atiende ya no a los contenidos de su “crítica social”, sino a la llamada “crítica artista” que se identifica con una reivindicación de autonomía, libertad y creatividad. Esta faceta compartida por los movimientos de los sesenta y setenta y que se hace especialmente influyente en el 68 consiste en señalar no sólo las contradicciones materiales sino el desencanto, la inautenticidad y la opresión producidas por el capitalismo (Boltanski y Chiapello, 2002: 84). Lo que en términos del marxismo clásico podemos identificar con la alienación.

Así, si en un primer momento se trata de fijar a los trabajadores a través de la mejora de sus condiciones materiales pero impidiendo que se cuestione la jerarquía y manteniendo el poder en manos únicamente de la dirección de las empresas, ahora el experimento va a consistir justamente en lo contrario: implicar a los trabajadores en la gestión a cambio de reducir su seguridad. De esta manera se trata de colmar buena parte de las aspiraciones de los obreros jóvenes y los cuadros, que reclaman formas de trabajo menos alienantes y más creativas. Se cambia seguridad por libertad y se introducen estrategias de flexibilización, democratización, cogestión e individualización, cuyo objetivo es seducir (y ya no forzar) para frenar la ola de rechazo del trabajo y recuperar la tasa de ganancia.

Esta transformación no sólo implica al mundo laboral, sino que representa una revolución social completa cuya lógica última consiste en desplazar las estrategias de seguridad colectiva (relacionadas con el Estado del bienestar surgido en la posguerra) hacia modelos de aseguramiento privado. Esta transformación, que toma como punto de partida el diseño teórico del «nuevo liberalismo» desde los años treinta (Foucault, 2012), se encuentra con el impulso de la crítica artista y su exigencia de autenticidad y libertad. La estrategia de fondo constituye una radicalización del lema “lo personal es político” —fundamental para entender tanto el 68 como el feminismo desde los años setenta— que consigue anular su fuerza crítica al convertirlo en su reverso: lo político es personal. De este modo, a través de un movimiento de “privatización de las contradicciones” (Castro, 2010: 78), el incipiente neoliberalismo a final de los años setenta hará suyas algunas de las reivindicaciones que encontramos en Mayo del 68 pero suprimiendo cualquier rastro de la crítica social que las acompañaba.

En nuestra opinión hay dos imágenes que ejemplifican a la perfección esta “inversión” —détournement como lo llamaban los situacionistas— de la potencia transformadora de los movimientos de los sesenta. La primera de ellas es la pintada aparecida en el 68 parisino que invitaba a “gozar sin trabas, vivir sin tiempos muertos”; la segunda es la reivindicación de la flexibilidad como alternativa a la monotonía del trabajo en una pancarta del movimiento autonomista italiano de los setenta que rezaba “la flessibilità è bella”. Ambos lemas, similares a cientos que podemos encontrar entre las reivindicaciones de la época, remiten hoy al lenguaje del emprendimiento o del coaching motivacional. Esto nos da una idea de cómo este mensaje que reivindicaba la autenticidad y el riesgo y exaltaba la vida ha sido completamente disociado de la crítica anticapitalista que lo acompañaba convirtiéndose finalmente en la coartada de una forma de existencia plenamente dominada por las relaciones mercantiles y competitivas. Con ello podemos ver uno de los desplazamientos de la lógica que moviliza el capitalismo neoliberal, que ya no responde primeramente a la identidad de las mercancías sino a la diferencia, a los marcadores de autenticidad y libertad que nos permiten comprender la existencia social como una permanente competición entre individuos considerados “empresarios de sí” (Foucault, 2012: 228).

En nuestra opinión este movimiento debe ser caracterizado como una contrarrevolución en tanto que constituye “una revolución a la inversa […] una innovación impetuosa de los modos de producir, de las formas de vida, de las relaciones sociales que […] al igual que su opuesto simétrico, no deja nada intacto” (Virno, 2003: 127). Esta contrarrevolución supone, según el desarrollo que hemos tratado de presentar, la derrota definitiva de las aspiraciones encarnadas por Mayo del 68. De este modo el capitalismo después de las crisis económicas de los setenta y ante la imposibilidad de continuar el ciclo expansivo de la economía de posguerra se reinventa atendiendo a las transformaciones en el deseo que expresaban los movimientos sociales de la época. Así el neoliberalismo renuncia a la contención del deseo y vuelca su potencia hacia la multiplicación y capitalización permanentemente de este. El proceso de financiarización —pública y privada— que acompaña a este nuevo modelo desde los años ochenta constituye un pilar fundamental para comprender cómo se construye esta nueva economía libidinal (Fernández-Savater, 2018) que va más allá de la sociedad de consumo, de masas y del espectáculo procurando una transformación antropológica radical.

3. El mundo después de la derrota de Mayo

Como hemos tratado de presentar, tras un primer intento de terminar con las aspiraciones encarnadas en Mayo del 68 a través de estrategias tradicionales de disciplina y seguridad, su derrota efectiva se produce cuando el poder atiende a aquello que hizo de los movimientos de los sesenta y setenta su seña de identidad histórica: el impulso de libertad, creatividad y autonomía que vehiculaba las reivindicaciones materiales.

Así como las conquistas laborales de los años inmediatamente posteriores a 1968 se podían comprender como una victoria de esos movimientos, también los cambios legislativos en materia de libertad sexual y reproductiva introducidos en los setenta y ochenta merecerían tal calificativo. Sin embargo, a pesar de constituir avances fundamentales y, al menos estos últimos, duraderos, creemos que el balance general exige una conceptualización en términos de derrota. Esto se debe a que aquellas victorias relativas se consiguen no a costa del programa de máximos de Mayo, sino de su programa de mínimos que nosotros ciframos en esa unión entre crítica artista y crítica social.

Retomando el esquema propuesto por Nancy Fraser (2017), desde los años ochenta y especialmente en la década posterior, el neoliberalismo se configura como una forma de gobierno progresista que hace suyas algunas reivindicaciones de los “nuevos movimientos sociales” a cambio de borrar del mapa cualquier rastro del impulso anticapitalista que las animaba. Más allá del análisis del neoliberalismo estadounidense de Fraser, resulta llamativo el hecho de que hayan sido gobiernos progresistas (y no conservadores) los que hayan promovido algunas de las más duras reformas políticas y económicas en los primeros años de implantación del nuevo liberalismo. Así, aunque habitualmente identifiquemos el nacimiento del neoliberalismo con las políticas de Margaret Thacther, Ronald Reagan o los Chicago Boys, los gobiernos socialistas de Francia o España, los primeros gobiernos de la democracia chilena o posteriormente el gobierno laborista de Blair o la administración Clinton muestran cómo en cierto momento son las fuerzas de izquierda las únicas que han contado con una legitimidad suficiente para llevar adelante una modernización de las relaciones sociales que traduce en términos aceptables algunas de las políticas privatizadoras más duras del programa neoliberal. Cuando Margareth Thatcher señaló a Tony Blair como su mejor discípulo no se trataba de una metáfora, sino de una expresión literal que nos hace pensar que el neoliberalismo constituye no una ideología, sino una tecnología de gobierno que permea a derecha e izquierda (Dardot y Laval, 2013: 235-246).

Desde esta perspectiva podemos ver cómo la extensión de la precariedad y la flexibilidad se ha encarnado en unas fuerzas políticas que a menudo no se muestran conservadoras sino renovadoras y en buena medida han construido el relato de la nueva sociedad sobre algunos de los elementos de la crítica artista que hemos analizado como el riesgo, la autenticidad, la experimentación o la libertad. De este modo se ha imprimido al neoliberalismo un carácter progresista identificado con la renovación de las costumbres, la libertad sexual, la tolerancia con las minorías o la multiplicación de las diferencias que tiene menos que ver con las formas clásicas de liberalismo que con una coyuntura en la que el escenario de pugna por la hegemonía ha estado marcado —en buena medida debido a esos movimientos críticos— por una explosión del deseo que ya no puede ser contrarrestada por los medios tradicionales.

A pesar de ello no creemos justificado concluir, como continúa haciendo cierta izquierda ortodoxa, que Mayo del 68 haya sido “la cuna de la nueva sociedad burguesa” (Debray,1978: 10), sino que su fuerza fue tal que consiguió determinar buena parte del campo de batalla en el que peleó y finalmente fue derrotado. Se podrá argumentar que el empuje de los movimientos de resistencia está en la base de lo mejor de nuestro presente —la tolerancia, el respeto a la diferencia, la libertad sexual, la despenalización del aborto o del divorcio…— y sin duda se estará en lo cierto, pero al aceptar esa perspectiva corremos el peligro de ocultar un hecho fundamental: que esas fuerzas que venían actuando desde décadas anteriores y toman forma en Mayo del 68 respondían a un impulso anticapitalista que tenía en el horizonte una transformación de las formas de vida radicalmente contraria a la implantada por el neoliberalismo

Cuestionar nuestro mundo hoy, y por esto creemos interesante volver nuestra mirada sobre el 68, supone pensar cómo ese neoliberalismo progresista parece agotarse dando lugar a nuevas imbricaciones con formas conservadoras cuando no abiertamente reaccionarias. Y cómo en un contexto de profundas transformaciones políticas y económicas la disociación entre la crítica de la miseria y de la alienación y la derrota del horizonte anticapitalista constituyen el terreno sobre el que se debe cimentar cualquier apuesta política crítica. Pero frente al la idea de un fin de la historia, la crisis de 2008 que acaba de algún modo con el ciclo progresista del neoliberalismo, también nos muestra las fallas de una democracia liberal que aparecía como un ideal que “es imposible mejorar” (Fukuyama, 1992: 11). Así, en este aparente desierto, viejos y nuevos topos continúan señalando la necesidad de una transformación radical de las formas de vida no sólo como liberación del deseo sino cada vez más como una exigencia simultánea de libertad y justicia social imprescindible para la supervivencia del ser humano y del planeta.




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