Archivos para 31 julio 2013

31
Jul
13

Uruguay … la izquierda y la derecha política

Los dilemas del gobierno y la oposición

  

Esteban  Valenti (*)  

Estar en el gobierno plantea siempre serios y  urgentes dilemas, pero cuando partidos históricos, que tienen más de un siglo y  medio ocupando el poder, se encuentran en la oposición también tienen dilemas  existenciales, además de políticos.

El Frente Amplio y el gobierno tienen el dilema de  afrontar este último tramo de su segundo gobierno con la tentación de  desbordarse en su generosidad y en los recursos para cumplir esas  generosidades. ¿A que gobierno y en particular a que gobierno de izquierda no  le gustaría abrir la mano a los aumentos de salarios, de recursos para la  educación y para otras inversiones sociales?

Mucho más cuando hay una fuerte presión gremial en  ese sentido. Y digo gremial, sindical, porque es notorio que la amplia mayoría  de los uruguayos respalda en las encuestas y en las actitudes la política  económica y social de este gobierno.   La irresponsabilidad y la demagogia son hermanas  gemelas y si el gobierno pusiera en riesgo todo lo que se avanzó en materia de  trabajo, de conquistas sociales, de estabilidad económica y crecimiento del  país, estaría traicionando su estrategia y su propia identidad de izquierda. En  el desorden y el entrevero económico siempre pierden los más pobres, los más  débiles. El gobierno lo está haciendo muy bien, con seriedad, con serenidad,  con argumentación. Hay cosas que no logran valorarse en toda su  importancia porque simplemente impiden que sucedan otras cosas muy negativas. Y  eso es lo que no sucederá: ni se paralizará el crecimiento en un mundo con  serios problemas que comienza a impactar en nuestra región, ni bajarán los  ingresos familiares en términos reales, ni aumentará la desocupación, ni mucho  menos el país irá a la deriva en materia económica, con sus graves  consecuencias sociales. Eso simplemente no sucederá.

Ese era el principal dilema del gobierno de  izquierda. Una vez más demostró que no tiene un modelo, como el que durante  décadas atenazó al país por la derecha, tiene objetivos claros y flexibilidad  para adaptar medidas y políticas a esos objetivos y a las nuevas situaciones.  Su Proyecto Nacional sigue adelante.   El Proyecto Nacional implica no detenerse en los derechos  ciudadanos, afrontando riesgos, y por eso fue muy justo avanzar en la  despenalización del aborto, una conquista histórica y ahora en la regulación de  la marihuana, golpeando al narcotráfico donde le duele, en su capacidad de  negocios y reclutamiento.   Pero el mayor desafío para la izquierda, para el  Frente Amplio es no juguetear, no creérsela, no considerar que las elecciones  son un coto cerrado y que jugamos en divisiones diferentes con nuestros  adversarios. Es posible que para ellos sea difícil ganarlas, pero nosotros  podemos perderlas, no tengan dudas.

Cuando algunos consideran que se puede y se debe  hacer alquimia politológica, en lugar de hacer política en serio, los que se  encierran un pequeño corral de podercito y creen que desde allí pueden orientar  a millones de ciudadanos, sus vidas, sus destinos, la orientación de su  gobierno, simplemente esgrimiendo estructuras y estatutos, esas prácticas son  los peores peligros. Son los que cuando se pierde, vuelven a sus pequeñas  dimensiones cada día más intrascendentes y a poder lloriquear en los rincones  contra todos y sobre todo contra los compañeros.   Nos necesitamos todos, pero no necesitamos todo.

Los que si viven en un mar de dilemas son los  partidos tradicionales. Ensayaron todos los calibres de la artillería. Fuego  graneado y a discreción sobre cada tema posible: salud pública, inflación,  seguridad, enseñanza, gasto público, Pluna, ahora preparan munición gruesa  sobre la ley de medios, las licencias de la televisión digital, la regulación  de la marihuana. Y su tema predilecto la Intendencia de Montevideo y antes  también la de Canelones.   Un ruido ensordecedor, explosiones por doquier y  nada, las encuestas no se mueven un punto, lo poco que suben los blancos lo  bajan los colorados y la suma nunca alcanza al Frente Amplio. Ya comenzaron a  hablar contra las encuestas.

El Partido Nacional que ya definió sus dos  principales pre candidatos, Jorge Larrañaga y Lacalle Pou está agotando las  remotas posibilidades de sorpresa, de novedad, de alguna que otra idea nueva,  de  aires frescos . La vieja máquina con el chirrido de sus engranajes  tradicionales se devora todo lo nuevo y lo restituye con el mismo mensaje de  siempre. Nada nuevo a la vista.

¿Podía haber sido? Incluso con limitaciones  notorias, era una posibilidad que la cruda realidad política se ha encargado de  limar todos los días. Ahora lo que queda son ecos de los pasajes de un bando a  otro, de un candidato a otro, que dan la ilusión de movimiento. Pero es un  ballet siempre en el mismo sitio.

¿Alguien puede recordar una propuesta, una idea, un  proyecto, una sola novedad en los últimos meses, años? Nada, lo que había se lo  devoraron, le limaron las aristas y sigue siendo el mismo cuerpo romo de  siempre. Y los partidos romos, tienen serias dificultades de emerger, de  ofrecer alternativas.

Pero aún peor es la situación del Partido Colorado,  no logra salir de un cómodo tercer puesto. Con figuras nuevas, con algunos  discursos nuevos y de cierta audacia batllista la pesada voz del  conservadurismo más completo y total acalla a todos, agrisa todo y el pesado  yunque de plomo pesa sobre las cifras de todo el partido. Es difícil para el  partido del poder soportar durante muchos años la condición del tercero, del  dador de votos en los balotajes. Muy pesado.

Por algunos discursos blancos y colorados, siempre  destinados a tratar de golpear a la izquierda y en especial a Tabaré Vázquez,  al que le temen con todo su profundo corazón conservador, parece que el gran  objetivo para las próximas elecciones, la meta suprema es que el FA gane sin  mayoría parlamentaria. Como puede apreciarse toda una conquista, al que algunos  analistas de izquierda le dedican sesudas elucubraciones.

Pero de tanto pesimismo ha surgido la gran idea  salvadora y común, por ser de ambos partidos y por ser muy pero muy común:  unirse y formar una nueva opción electoral en los departamentos de Montevideo y  de Maldonado.   ¿Algún contenido, alguna propuesta, algún aporte  nuevo a la proyección de la capital y del principal departamento turístico del  país? No, válgame dios, simplemente recuperar un cacho de poder, porque lo ven  lejos muy lejos. Y la izquierda no solo gobierna el país, sino 5 intendencias  en las que vive dos tercios de la población nacional.

Los más audaces ya hablan de un primer paso hacia un  gran partido tradicional histórico a rayas, coloradas y azules. Juntos, pero no  mezclados de rosado…   Es un gran dilema, es desnudar y oficializar las  familias ideológicas, luego de tantos años de hablar contra las ideologías. Es  asegurarle a la derecha, o mejor dicho a las derechas de ambos partidos la  supremacía segura de la nueva agrupación política, es descender un peldaño más  en la historia al revés, caminada de espaldas a las tradiciones y en  chancletas.

Los dilemas tienen otra componente importante: el  tiempo, que en política como en todas las cosas de la vida es fundamental.  Queda poco tiempo y se acaban las posibilidades de los firuletes. Hay que  concretar.   Eso vale también para nosotros, la izquierda debe  que concretar. Concretar con el candidato, que tenemos el mejor, en la fórmula  que debe ser la adecuada y, en ideas, proyectos, programas y mensajes al país.  Y en los equipos renovados en capacidades, empujes y compromisos para ofrecerle  lo mejor al país y a los departamentos. Esa es una gran lección, para  administrar el sistema se puede hacer flotando, para cambiarlo hacen falta  cuadros capaces, estudiosos, comprometidos y trabajadores. Y nos faltan, no  están solo en los diversos sectores, están en el país, y en la izquierda en su  conjunto. Necesitamos generosidad y menos tranqueras.

(*)  Periodista, escritor, director de UYPRESS y de BITÁCORA. Uruguay

30
Jul
13

Uruguay … la candidatura del F.A

Perfiles de un perfil presidencial antinatural

 emilioescribe: Emilio Cafassi

Profesor titular e investigador de la Universidad de Buenos Aires, escritor, ex decano. cafassi@sociales.uba.ar

El debate que comienza a asomar en el Frente Amplio uruguayo (FA) sobre la candidatura presidencial va tomando un cariz apasionante no sólo por poner sobre la arena de juego militante -con valoraciones muy divergentes- apellidos y personalidades sino también indirectamente, el papel de los sujetos en la historia. Aunque de manera tangencial, no deja de estar aludido el programa de gobierno y la relación entre la fuerza política y sus representantes. Tales nombres y personalidades representan perfiles claramente delimitados y en algunos aspectos con signos diferenciales. Sin embargo, no todas las menciones (y una en particular) parecieran tener factibilidad de concretarse. Por tal razón, intentaré sugerir un método inverso al de la sucesión entre nombre y trayectoria desde donde queda delimitado un perfil. Quizás un previo debate sobre el perfil del candidato o candidata, el recorte de una suerte de silueta política ideal, permita no sólo precisar las expectativas sino también producir el antinatural alumbramiento de un nombre factible.

Los blogs (y facebooks) a los que aludí el domingo pasado bulleron esta semana con cientos de intervenciones polémicas. Pero no es un fenómeno encerrado en las redes sociales. La prensa comienza a reflejarlo. Este diario publicó un editorial el martes aludiendo de manera directísima a ello. Luego Enrique Ortega Salinas destacó el perfil de Constanza Moreira dos días después y al día siguiente Luis Casal Beck, si bien escribió sobre la constitución, aludió indirectamente al debate interno al respecto en el FA. No considero un reflejo ajeno a estas expresiones que finalmente el FA llenara con algún contenido y precisiones la página de convocatoria al Encuentro de Comités de Bases cuya realización seguramente potenciará la polémica aún más.

La razón por la que creo que el FA es (aunque con riesgo de dejar de serlo) una experiencia de convergencia unitaria en su múltiple diversidad prácticamente inédita y valorable  internacionalmente, no es exclusivamente la audacia, inventiva y pluralismo de sus fundadores y sucesores. También lo es el carácter particular y escurridizo al etiquetamiento que adquieren sus organizaciones internas y su capacidad para relacionarse con los movimientos sociales combativos y sus luchas, además de la masa de independientes (aunque hoy en franca declinación, al menos militante). Si bien existen tendencias que pueden denominarse socialdemócratas, no guardan relación mecánica con la socialdemocracia europea u otras variantes latinoamericanas. El Partido comunista uruguayo nunca fue un partido estalinista clásico y mucho menos aún se le parece al del otro lado del río que aún pervive, ni el socialista se asemeja a ningún homónimo externo, aunque tiene sus alas diferenciables. El trotskismo vivió peleándose al interior de la IV Internacional para fundamentar su participación dentro del FA (criticado por su conciliación de clases), aunque creo que varios de ellos ahora lo han abandonado. El resto son organizaciones sin referencialidades teóricas o ideológicas en los grandes lineamientos de las izquierdas mundiales. De alguna manera las tienen y por algo los más “clásicos” se llaman así como en casi todo el mundo, pero, para decirlo como se dice allí, lo son “a la uruguaya”, es decir en su particularidad y semi orfandad teórico-ideológica. Esta desdogmatización relativa y flexibilidad inserta en su realidad específica, explica algo más el crecimiento y posterior éxito electoral y sobre todo su influencia de masas, que la amplitud del espectro ideológico. El FA es un frente del Uruguay y para el Uruguay, no necesariamente repetible en otras latitudes pegando etiquetas presumiblemente similares, aunque es una experiencia a estudiar en profundidad. No obstante, si tuviéramos que esquematizarlo groseramente, conviven en su seno un sector débilmente reformista y moderado (que sus críticos llaman socialdemócrata o social-liberal) con una izquierda que –aunque con matices diversos- expresa radicalidad e intenciones de profundización de los cambios sociales.

Llegar a un candidato presidencial necesariamente único por razones constitucionales (y también de principios) no puede dejar de contemplar esta particular naturaleza con su correspondiente debate interno y variedad de alternativas, además de un irrenunciable compromiso con el programa. Al FA le es indispensable dirimir internamente con sus militantes y adherentes la mejor encarnación personal de tan compleja y rica diversidad. No criticaré al aparente candidato único Tabaré Vázquez, sino, como lo hice el domingo pasado, a la “naturalización” de su precandidatura. Lo haría también con cualquier otro nombre si se presentara de esta forma excluyente y con el triunfo como único argumento, aún suponiéndolo cierto. He escrito oportunamente críticas a lo largo de su gobierno y de sus intervenciones públicas posteriores, tanto como destaqué sus logros. No es el momento de hacer un balance o caracterización de Vázquez, aunque sí recordar que me parece un sesgo negativo todo reeleccionismo, aún que éste no sea sucesivo, porque valoro significativamente el instituto político de la rotación que es el primer ladrillo de una vasta edificación institucional hacia la distribución del poder. Personalmente veo la figura de Constanza Moreira con gran interés y simpatía como precandidata. Pero ella lamentablemente no, según leí de su propia pluma en Brecha. Entonces, ¿qué hacer si se comparte el criterio de evitar una precandidatura única “natural”? Salir en busca de otra alternativa parecería la única salida, pero ¿con qué criterio?

El parámetro que viene primando en el debate es estrictamente ideológico, a través de su asociación directa con nombres. No niego que tenga significativa trascendencia, pero no necesariamente debiera ser la única medida a considerar. No podré más que dejar apuntados algunos posibles criterios para la confección de un perfil, ni continuarlo en lo inmediato porque parto de vacaciones por un mes, lo que implica dejar de escribir, apagando además computadoras y celulares. Pero tal vez sería una pequeña contribución si el debate contemplara la posibilidad de incorporar previamente perfiles desde los que examinar personalidades e ideologías. Me refiero a un conjunto de variables, ninguna de las cuales por sí misma asegura ni define nada, que pueden compartirse o no, acotarse o ampliarse, reordenarse según prioridades, pero que de conjunto podrían ayudar a transversalizar y ampliar las opciones y perspectivas, o evitando la polarización maniquea.

Muy sintéticamente creo que el candidato presidencial del FA (y consecuentemente los precandidatos) podrían ser alguien:

1)    Radicalmente laico o laica, preferentemente ateos, ateas o agnósticos y agnósticas, ya que esta posición filosófica es la que mejor garantizaría el criterio expuesto, o en su defecto que profese alguna religión no necesariamente mayoritaria (como el judaísmo, el afroumbandismo, etc.) que no han conocido un exponente en el sillón presidencial.

2)    Absolutamente fiel al programa y a la disciplina partidaria para evitar toda forma de personalismo y carácter fiduciario del ejercicio del cargo. Que explicite concretamente tal compromiso.

3)    Con larga trayectoria en el FA.

4)    Preferentemente mujer, no sólo porque Uruguay jamás conoció una presidenta, sino porque ayudaría a mitigar en parte el lugar relegado (aunque decreciente) que las mujeres ocupan en los ámbitos de responsabilidad y decisión.

5)    Preferentemente trabajador o trabajadora porque supone un conocimiento de los padecimientos y necesidades de la fracción explotada de la población que probablemente induzca a inclinarse más que si se tratara de empresarios o empresarias, grandes comerciantes, rentistas o gente de fortuna, hacia el mejoramiento del nivel de vida de los más postergados.

6)    Preferentemente austero o austera. 

7)    Preferentemente de sólido nivel intelectual que no necesariamente supone grados académicos. Las universidades forman muchos más expertos y expertas que intelectuales.

8)    Preferentemente con experiencia legislativa o ejecutiva.

9)    Preferentemente con inserción actual o pasada en sindicatos o movimientos sociales reivindicativos y con experiencia de lucha.

10)  Preferentemente de la generación posfundadora o que no se encuentre muy próximo o próxima a la expectativa de vida media (digamos por ejemplo entre los 40 y 65 años).

11)  Preferentemente afrodescendiente aunque el peso demográfico resulta escaso en Uruguay y ni hablar de pueblos originarios.

Este punteo puede tanto modificarse cuanto refinarse, ampliarse o reducirse aunque es indudable que la prescindencia de la palabra “preferentemente”, ciñe de manera drástica las posibilidades de asociar el perfil (éste o cualquier otro) a un nombre. Tal vez contribuya a ordenar el debate que viene instalándose. En cualquier caso, hasta al propio precandidato “natural”, le resultará indispensable legitimarse en una elección interna, ya que de lo contrario se expone no sólo a una fuga de votos para sí hacia la opción de voto en blanco o anulado, sino a la obtención de mayorías parlamentarias para el FA.

En los foros y páginas que vengo refiriendo, puede leerse explícitamente que hay quienes no estarán dispuestos de votar por el FA en primera vuelta si el candidato fuera Vázquez. Táctica que no comparto, pero comprendo en muchos de sus fundamentos. Pero tal vez si el ex presidente fuera candidato como ganador de una interna (como lo fue antes de su primer gobierno frente a Astori y como Mujica también en la siguiente) podría disuadirse esta opción de fuga. Como no voto, no puedo decir que haré, sino sólo qué haría en caso de poder hacerlo: votaría al candidato que el FA presente, aún si surgiera como resultado de aquello que este movimiento en ciernes quiere evitar que es la “candidatura natural”. De lo contrario, se debilitaría al FA fortaleciendo a la derecha. Sin embargo apoyo fervientemente a quiénes buscan alternativas.

Quizás debatir previamente perfiles genéricos antes que apellidos, permita encontrar la más antinatural de las esperanzas: la del reencuentro con la historia del propio FA. 

29
Jul
13

Uruguay … política institucional

instituciones internacionales

Es necesaria una reforma sustancial

Senador Carlos Baraibar A.U / Frenter Amplio

 

El capítulo Instituciones Internacionales del libro al cual nos venimos refiriendo en estas notas, “El informe Stiglitz; La reforma del sistema económico en el marco de la crisis global”, elaborado por la “Comisión de Expertos Financieros de las NNUU” presidida por Joseph Stiglitz, aporta también valiosas reflexiones.

El tema fue tratado en el tercer grupo de trabajo de la Comisión, conducido por K. S. Jomo, académico malasio que fue secretario asistente del Departamento de Naciones Unidas (NNUU) sobre Asuntos Económicas y Sociales y jefe de investigación del G-24.

La necesidad de una nueva gobernanza económica global

El Informe Stiglitz (IS) plantea que “la respuesta inadecuada de las instituciones financieras internacionales a la crisis financiera global y su fracaso a la hora de emprender acciones eficaces para prevenirla han demostrado la urgencia de reformar” dichas instituciones. Es necesario dar más representación a los países en desarrollo en instituciones como el Banco Mundial (BM) y el Fondo Monetario Internacional (FMI), agrega. Considera que existe hoy “una oportunidad única para hacer avanzar reformas en la gobernanza económica mundial”. La crisis ha evidenciado la deficiencia de los acuerdos institucionales vigentes y reclama mayor cooperación y coordinación. “La globalización del comercio y las finanzas reclama una cooperación y una regulación global”, sostiene Stiglitz. Propone crear una nueva institución, un Consejo de Coordinación Económica Global (CCEG), supervisado por expertos internacionales. Considera necesaria una “reforma sustancial” en las instituciones internacionales.

La globalización económica “ha ido más rápido que el desarrollo de instituciones políticas y acuerdos adecuados para la gobernanza del sistema económico global”, afirma el IS. La globalización significa que “aquello que ocurre en un país tiene efectos sobre otros”. Resume expresando que “hay que emprender acciones globales colectivas para alcanzar objetivos globales, especialmente una provisión adecuada de bienes públicos globales y regionales”. Esto sirve tanto “para los objetivos sociales comunes, como para combatir la pobreza”.

Stiglitz y los especialistas de la Comisión destacan que “entre los bienes públicos globales más importantes se encuentra la preservación del medio ambiente” ya que la atmósfera no puede absorber sin límites las emisiones de gases de efecto invernadero. “Prevenir el calentamiento global y el cambio climático es un bien público global de la mayor trascendencia”.

También es urgente “reformar el sistema monetario y financiero internacional para que sea más inclusivo y equitativo y así permitir una gobernanza económica más eficaz y creíble”.

El IS insiste en un nuevo sistema post Bretton Woods “a fin de asegurar la responsabilidad y la transparencia en la elaboración de las políticas económicas y superar las actuales debilidades del sistema. Hay que hacer grandes reformas, para lo cual, dice Stiglitz, “esperamos que este informe proporcione algún tipo de guía”. Una nueva arquitectura internacional es necesaria para una estabilidad y crecimiento sostenidos, asevera.

El sistema actual

“Ni los países industrializados del G-7 ni los del G-20 constituyen una dirección suficientemente representativa para resolver por sí solos los desafíos a que se enfrenta el sistema a nivel global”, sostiene el IS. Aunque el G-7 y el G-20 desempeñaron un papel útil, no se les debe permitir que minen el funcionamiento de los acuerdos institucionales formales ni que se apropien de sus mandatos respectivos”, dice el documento. Sostiene que “la ONU es el foro más legitimado para asumir la acción colectiva global que necesita el mundo hoy”. Es necesario “reforzar la coherencia y consistencia de los sistemas monetario, financiero y comercial para garantizar que actúen de acuerdo con los objetivos de desarrollo acordados internacionalmente, entre los que se incluyen la sostenibilidad social y medioambiental”.

El Consejo de Coordinación Económica Global

El CCEG “trata de modo universal y sostenible lo que nos preocupa del funcionamiento del sistema económica mundial”, explica Stiglitz. Reafirma que debería establecerse un grupo internacional de expertos con la misión de evaluar y supervisar los riesgos a corto y largo plazo para la economía global. Ese grupo podría aportar a una mayor coherencia y eficiencia de la gobernanza global, alentando “el diálogo entre los que toman decisiones, el mundo académico, las organizaciones internacionales y los movimiento sociales”. Agrega el IS que el grupo debería estar integrado por expertos de todos los continentes.

Un CCEG debería tener un nivel equivalente al de la Asamblea General de la ONU y el Consejo de Seguridad, desempeñando un papel de “liderazgo en la gestión de los asuntos económicos que requieren una acción global que tenga en cuenta factores sociales y ecológicos”. El Consejo que propone “tendría un mandato dentro del sistema de la ONU sobre los campos económico, social y medioambiental, y no solo sobre los fondos y programas de la ONU. “Se debería garantizar que todos los continentes y todas las grandes economías estén representados. Al mismo tiempo, se debería garantizar que el Consejo sea lo suficientemente pequeño para un debate y una toma de decisiones efectivos”. Añade que habría que “prever la participación activa y consultiva de otras instituciones importantes, como el BM, el FMI, la OIT, la OMC y, por supuesto, el secretariado de la ONU”.

Las instituciones de Bretton Woods y los bancos regionales de desarrollo

El Informe sostiene que “aunque el mismo FMI ha reconocido que no cumplió con sus funciones como estaba previsto a la hora de identificar las vulnerabilidades del sistema o de anticipar la crisis actual, el G-20 lo ha hecho especialmente responsable de no ayudar a los países en desarrollo a hallar una respuesta a la crisis”.

El IS entiende que “los bancos multilaterales de desarrollo han revisado sus políticas, tomando distancia respecto del fundamentalismo de mercado, han empezado a aliviar la deuda de los países pobres muy endeudados y han adoptado nuevas estrategias para aliviar la pobreza”. Asevera que “la eficacia y la credibilidad de las instituciones de Bretton Woods se han visto afectadas adversamente por las deficiencias de la gobernanza (como sus estructuras de voto desequilibradas y el proceso antidemocrático de elección de responsables), su balance desigual en materia de pronósticos, políticas y recomendaciones, como por ejemplo las costosas condiciones que han impuesto sobre los países que han pedido préstamos y su tendencia a preconizar medidas procíclicas y no contracíclicas. Son indispensables grandes reformas”, enfatiza.

Asimismo el IS reclama una supervisión macroeconómica independiente y equilibrada. “El FMI no ha cumplido su mandato de forma coherente e imparcial”. Agrega que “ha ignorado en gran medida el crecimiento y el empleo y se ha centrado casi exclusivamente en su lucha contra la inflación. También ha promovido la liberalización financiera”.

Concluye que “el CCGE y el grupo internacional de expertos pueden desempeñar un papel importante a la hora de controlar que exista una supervisión adecuada y de verificar si las deficiencias han sido corregidas convenientemente”.

El tema de la gobernanza es desarrollado en la parte final del capítulo sobre instituciones internacionales. Será abordado en la próxima entrega.

28
Jul
13

eeuu … en busca del espía perdido

Un manual para el Siglo XXI
Cómo ser una superpotencia canalla
Tom Dispatch

Incluso resulta difícil encontrar la manera de digerirlo. Quiero decir, ¿qué está pasando en realidad? Un empleado de un contratista privado que trabaja para la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) se va con una cantidad desconocida de archivos sobre el Estado de seguridad global en desarrollo de EE.UU. en una memoria USB y cuatro ordenadores laptop, y se sube al primer avión hacia Hong Kong. Su objetivo: denunciar una vasta estructura de vigilancia creada de modo clandestino en los años después del 11-S que apunta significativamente a los estadounidenses. Filtra parte de los documentos a un columnista del The Guardian británico y al Washington Post. La reacción no tiene precedentes: una “cacería humana internacional” (o de modo más cortés pero menos exacto, “se aplicó el máximo de presión diplomática”) realizada no por Interpol o las Naciones Unidas sino por la única superpotencia del planeta, precisamente el gobierno cuyas prácticas el denunciante quería sacar a la luz.

Y eso es solo el comienzo. Agreguemos otro factor. El informante, un joven con mucha capacidad técnica, logra que el mundo sepa que ha elegido entre los archivos de la NSA que posee. Entrega solo aquellos que piensa que el público estadounidense necesita para iniciar un debate a fondo sobre el secreto mundo de la vigilancia sin precedentes que han creado con los dólares de los contribuyentes. En otras palabras, no se trata de una “descarga de documentos”. Quiere causar cambio sin hacer daño.

Pero ése es el problema: no podía dejar de ser consciente de los casos de anteriores informantes, de la reacción punitiva de su gobierno hacia ellos y de que la suerte de éstos puede ser la suya. Como resultado, ha codificado todo el conjunto de archivos en su poder y los ha dejado en uno o más sitios seguros para que personas desconocidas –es decir, nosotros no sabemos quiénes son– tengan acceso, si llegara a ser capturado por EE.UU.

En otras palabras, cuando aparecieron los primeros documentos filtrados por Edward Snowden, era obvio que tenía el control de cuánto podría conocerse del mundo secreto de la NSA. Sería difícil, por lo tanto, no era dificil llegar a la conclusión de que encarcelarlo, procesarlo y tirar lejos la llave probablemente aumentará, no disminuirá, el flujo de esos documentos. Al saber que el gobierno de Obama y los representantes de nuestro mundo secreto lo persiguieron en todo caso, una persecución a escala global y de una manera que puede que no tenga precedentes. No los detuvo ninguna preocupación por las futuras complicaciones ni, parece, dudaron debido a posibles resentimientos generados por su torpe presión sobre numerosos gobiernos extranjeros.

El resultado ha sido un espectáculo global, así como un debate a escala mundial sobre las prácticas de espionaje de EE.UU. (y sus aliados). En estas semanas, Washington ha demostrado que es resulto, vengativo e implacable. Ha intimidado, amenazado y presionado a potencias grandes y pequeñas. Esencialmente ha jurado jurado que el filtrador, el exempleado de Booz Allen, Edward Snowden, nunca estará a salvo en este planeta durante su vida. Y, no obstante, para mencionar lo obvio, la mayor potencia de la Tierra no ha podido, hasta ahora, atrapar a su hombre y está perdiendo globalmente la batalla de la opinión pública.

Un mundo sin asilo

En todo esto se ha destacado un hecho curioso en nuestro mundo del siglo XXI. En los años de la Guerra Fría, siempre existió potencialmente la posibilidad de asilo. Si alguien se oponía a una de las dos superpotencias o a sus aliados, generalmente la otra estaba dispuesta a abrirle los brazos, como lo hizo fenomenalmente EE.UU. con gran cantidad de personas a quienes se denominaba entonces “disidentes soviéticos”. Los soviéticos hicieron lo mismo con estadounidenses, británicos y otros, a menudo comunistas secretos, otras veces verdaderos espías que se oponían al poder capitalista dominante y a su orden global.

En la actualidad, si alguien es un “disidente” del siglo XXI y necesita asilo/protección contra la única superpotencia que queda, no existe esencialmente ninguna posibilidad. Incluso después de que tres países latinoamericanos, indignados ante las acciones de Washington, extendieron ofertas de protección a Snowden, hay que considerarlas como una nueva categoría de asilo limitado. Después de todo, la mayor potencia en el planeta ha demostrado, desde el 11-S, que está perfectamente dispuesta a hacer cualquier cosa por su definición de “seguridad” o la protección de su sistema de seguridad. La tortura, el abuso, el establecimiento de prisiones secretas o “sitios ocultos”, el secuestro de presuntos terroristas (incluyendo a gente perfectamente inocente) en las calles de ciudades globales y en las partes pobres del planeta, así como su “entrega” a las cámaras de tortura de regímenes aliados cómplices, y la vigilancia secreta de cualquiera en cualquier sitio solo iniciaría una lista mucho más larga.

Nada sobre la “cacería internarcional” de Snowden indica que el gobierno de Obama no estuviera dispuesto a enviar a la CIA o a tipos de operaciones especiales a “entregarlo” estuviera en Venezuela, Bolivia o Nicaragua, no importa cuál fuera el coste para las relaciones hemisféricas. El propio Snowden mencionó esta posibilidad en su primera entrevista con el columnista Glenn Greenwald de The Guardian. “Yo podría”, dijo directamente, “ser ‘entregado’ por la CIA”. Esto supone que pueda llegar a un país de exilio desde algún sitio en el fondo del terminal internacional del aeropuerto Sheremetyevo de Moscú sin ser interceptado por Washington.

Es verdad que siguen existiendo algunos modestos límites incluso para las acciones de una superpotencia canalla. Cuesta imaginar que Washington lance a sus secuestradores a Rusia o a China para capturar a Snowden, lo que es probablemente el motivo por el cual aplica tanta presión sobre ambos países para que lo entreguen o le presionen para que se vaya. Sin embargo en el caso de países más pequeños y débiles, aliados, enemigos o amigos-enemigos, no hay que dudar de la posibilidad ni por un segundo.

Si Edward Snowden está comprobando una cosa, es la siguiente: en 2013, el planeta Tierra no es lo bastante grande para proteger la versión estadounidense de “disidentes”. En vez de eso más bien parece una gigantesca prisión con un solo implacable policía, juez, jurado y carcelero.

Teoría de la disuasión por segunda vez

En los años de la Guerra Fría, las dos superpotencias con armas nucleares practicaron lo que se llamaba “teoría de la disuasión”, o más adecuadamente el acrónimo en inglés MAD, “destrucción mutuamente asegurada”. Hay que verlo como la cara inferior particularmente sombría de lo que podría haber sido pero no se llamó MAA (asilo mutuamente asegurado). El conocimiento de que ningún primer ataque por una superpotencia podría impedir que la otra devolviera el ataque con fuerza abrumadora destruyendo ambas (y posiblemente el planeta) parecía, aunque fuera apenas, limitar su enemistad y su armamento. Los obligaba a librar sus guerras, a menudo por encargo, en las fronteras globales del imperio.

Ahora, cuando solo queda uan superpotencia, se ha puesto de moda otro tipo de teoría de la disuasión. Crucial para nuestra era es la actual creación del primer Estado global de vigilancia. En los años de Obama, la única superpotencia invierte un esfuerzo especial en la disuasión de cualquier miembro de su laberíntica burocracia que muestre el deseo de permitir que sepamos lo que “nuestro” gobierno hace en nuestro nombre.

Los esfuerzos del gobierno de Obama para impedir que haya informantes se están volviendo legendarios. Ha lanzado un programa sin precedentes para entrenar especialmente a millones de empleados y contratistas para preparar perfiles de otros empleados en busca de “indicadores de conducta de amenaza interior”. Se les anima a informar sobre cualquier “persona de alto riesgo” de la que sospechen que puede estar planificando una denuncia pública. Los funcionarios del gobierno también han invertido mucha energía punitiva en el establecimiento de ejemplos en el caso de informantes que han tratado de revelar alguna parte del funcionamiento interno del complejo nacional de seguridad.

De esta manera, el gobierno de Obama ha llevado a cabo más del doble de enjuiciamientos de informantes que todas las administraciones anteriores juntas bajo la draconiana Ley de Espionaje de la era de la Primera Guerra Mundial. También ha perseguido al soldado Bradley Manning por entregar archivos secretos militares y del Departamento de Estado a WikiLeaks, intentando no solo encerrarlo de por vida por “ayudar al enemigo”, sino sometiéndolo además a un trato particularmente vengativo y abusivo en la prisión militar. Además, ha amenazado a los periodistas que han publicado material filtrado o han escrito al respecto y ha realizado inspecciones en los registros telefónicos y de correos electrónicos de grandes organizaciones mediáticas.

Todo esto significa una nueva versión del modo de ver la disuasión mediante la cual un potencial informante debe saber que se enfrentará a una vida de sufrimiento por filtrar alguna cosa; en la cual, incluso en los niveles más altos del gobierno, que consideran hablar con periodistas sobre temas clasificados deben saber que pueden controlarse sus llamados y criminalizarse sus murmullos; y en la cual los medios deben saber que la información sobre temas semejantes no es una actividad saludable.

Este tipo de disuasión ya parecía cada vez más extremo en su naturaleza; la reacción ante las revelaciones de Snowden lo llevó a un nuevo nivel. Aunque el gobierno de EE.UU. persiguió al fundados de WikiLeaks, Julian Assange, en el exterior (mientras, según las informaciones, se preparaba para inculparlo en el interior), todos los demás casos de informantes se podían considerar problemas de seguridad nacional. La cacería de Snowden es algo nuevo. Con ella, Washington expande punitivamente al mundo la teoría de disuasión del siglo XXI.

El mensaje es: no importa dónde estés, no estarás a salvo si violas los secretos de EE.UU. El caso de Snowden seguramente será un tema de análisis sobre hasta dónde está dispuesto a llegar el nuevo Estado global de seguridad. Y la respuesta ya la tenemos: ciertamente muy lejos. Solo no sabemos exactamente hasta dónde.

Cómo hacer que aterrice un avión para (no) atrapar a un informante

De ese modo, ningún incidente ha sido más revelador que las restricciones que hicieron aterrizar el avión del presidente boliviano Evo Morales, el presidente democráticamente elegido de una nación soberana latinoamericana que no es enemiga oficial de EE.UU. Las indignadas autoridades bolivianas lo calificaron de “secuestro” o “atraco imperialista”. Fue, por lo menos, un acto para el que cuesta imaginar un precedente.

Los funcionarios de Washington evidentemente creían que el avión que transportaba al presidente boliviano de vuelta de Moscú también llevaba a Snowden. Como resultado, EE.UU. parece que hizo bastante presión sobre cuatro países europeos (Francia, España, Portugal e Italia) para obligar a dicho avión a que repostase en un quinto país (Austria). Allí -de nuevo, la presión de EE.UU. parece que fue el factor crucial– el avión fue registrado en circunstancias discutibles y no encontraron a Snowden.

Hay mucho de lo que sucedió que no se sabe, en parte porque no ha habido informaciones serias por parte de Washington al respecto. Los medios estadounidenses han ignorado en gran medida el papel de EE.UU. en el caso del avión, un incidente que en ese país se describe como si no hubiera ocurrido lo que es obvio. Podría, por lo menos en parte, ser el resultado de la implacable persecución del gobierno de Obama contra informantes y filtradores incluyendo hasta los registros telefónicos de los periodistas. El gobierno ha llegado hasta tal punto en su voluntad de perseguir a los informantes a través de los periodistas que, como señaló recientemente Gary Pruitt, presidente de Associated Press, se están agotando las fuentes sobre la seguridad nacional. Algunas personalidades claves de Washington temen hablar incluso extraoficialmente (ahora ese “extra” parece desaparecer potencialmente). Y las nuevas directrices más “estrechas” del Departamento de Justicia para tener acceso a los registros de los periodistas están claramente repletas de agujeros e indudablemente son poco más que decoración.

A pesar de todo, es razonable imaginar que cuando el avión de Morales despegó de Moscú hubo altos funcionarios estadounidenses reunidos en una sala de reuniones (como la del affaire bin Laden), que el presidente estuvo involucrado y que la gente de inteligencia dijo algo parecido a: estamos seguros en un 85% de que Snowden se encuentra en ese avión. Obviamente se tomó la decisión de hacer que aterrizara y se presionó lo bastante a las personas adecuadas de esos cinco países para obligarlas a someterse a la voluntad de Washington.

Ciertamente es posible imaginarlo, ¿pero saberlo? Por el momento, es imposible, y a diferencia de la incursión en la que mataron a bin Laden, no se ha publicado una foto de una sala de reuniones triunfal ya que, por supuesto, no se logró ningún triunfo. Surgen muchas preguntas. ¿Por qué, por mencionar solo una, no permitió Washington que el avión de Morales aterrizara y repostara en Portugal, como estaba programado originalmente, y simplemente forzó a los portugueses a que lo registraran? Como muchas otras cosas, no lo sabemos.

Solo sabemos que para obligar a cinco países a someterse de esa manera la presión de Washington (o de sus representantes locales) tuvo que ser intensa. Dicho de otra manera: los funcionarios claves de esos países debieron de darse cuenta rápidamente de que constituían un obstáculo para la urgente y poderosa misión de la superpotencia del planeta de atrapar a un fugitivo. Era una necesidad tan urgente que superaba cualquier otra consideración práctica, y así abrió el camino para que Venezuela, Bolivia y Nicaragua ofrecieran dar asilo a Snowden con el apoyo de gran parte del resto de Latinoamérica.

Imaginad por un momento que se hubiera obligado a aterrizar al avión de un presidente estadounidense de una manera semejante. Imaginad que un consorcio de naciones presionadas por China o Rusia, por ejemplo, lo hicieran y que con el presidente a bordo posteriormente lo registraran en busca de un “disidente” chino o ruso. Imaginad la reacción en EE.UU. Imaginad el escándalo. Imaginad las acusaciones de “ilegalidad”, de “secuestro de avión”, de “terrorismo internacional”. Imaginad la cobertura continua en los medios. Imaginad la información procedente de Washington de lo que sin duda se habría calificado de “acto de guerra”.

Por cierto, un escenario semejante es inconcebible en este planeta unidimensional. Por lo tanto, solo pensad en el silencio de EE.UU. sobre el incidente de Morales, la falta de cobertura, la falta de información, la ausencia de indignación, la falta de choque, la falta de… bueno, prácticamente de todo.

En vez< de eso, la versión del siglo XXI de la teoría de la disuasión dominó totalmente, aunque Snowden es la prueba de que la disuasión mediante la cacería humana, enjuiciamiento, encarcelamiento y cosas semejantes ha demostrado su ineficacia cuando se trata de filtraciones. Vale la pena señalar que lo que podrían ser las dos mayores filtraciones de documentos oficiales de la historia –la de Bradley Manning y la de Snowden– ocurrieron en un país que está cada vez más bajo la dominación de la teoría de la disuasión.

Y sin embargo no hay que pensar que nadie ha sido afectado, que nadie ha sido intimidado. Considerad, por ejemplo, un ejemplo superior de reciente información de Eric Lichtblau del New York Times. Su artículo de portada “En secreto, la corte amplía considerablemente los poderes de la NSA”, en otro momento podría haber esparcido ondas de choque por Washington y tal vez por todo el país. Después de todo reveló que en “más de una docena de dictámenes clasificados” una corte secreta FISA, que supervisa el Estado de vigilancia estadounidense “ha creado un cuerpo legal secreto” otorgando a la NSA amplios nuevos poderes.

Este es el párrafo que debería haber hecho saltar las alarmas de los estadounidenses: “El Tribunal de Vigilancia de la Inteligencia Exterior de 11 miembros, conocido como la corte FISA, solía concentrarse sobre todo en la aprobación de órdenes de interceptación caso por caso. Pero desde que hace seis años se instituyeron importantes cambios en la legislación y mayor supervisión judicial de operaciones de inteligencia, sigilosamente casi se ha convertido en una Corte Suprema paralela, sirviendo como árbitro máximo en temas de vigilancia y ha emitido opiniones que es muy probable que conformarán las prácticas de inteligencia durante muchos años, dijeron unos funcionarios”.

En la mayoría de los casos en la historia estadounidense, la revelación de que un tribunal secreto semejante, que nunca rechaza las solicitudes del gobierno, hace leyes “casi” al nivel de la Corte Suprema, seguramente habría causado una protesta en el Congreso y otros sitios. Sin embargo no hubo ninguna, señal de cuán poderoso e intimidante se ha vuelto el mundo secreto o de hasta qué punto el Congreso y el resto de Washington han sido absorbidos por él.

De un modo no menos impactante –y otra vez sabemos tan poco que hay que leer entre líneas– Lichtblau indica que más de seis “funcionarios actuales y antiguos de la seguridad nacional”, tal vez inquietos por la expansión de los poderes de la FISA, discutieron sus dictámenes “bajo la condición de anonimato”. Supuestamente, por lo menos uno de ellos (u otra persona) filtró la información clasificada sobre ese tribunal.

De manera bastante conveniente, Lichtblau escribió un artículo anónimo. En vista de que las fuentes ya no cuentan con ninguna seguridad de que sus registros telefónicos o de correos electrónicos no estén o sean monitoreados, no tenemos la menor idea de cómo esos personajes se pusieron en contacto con él o viceversa. Todo lo que sabemos es que, incluso al lanzar una luz poderosa hacia la oscuridad del universo de la vigilancia, el periodismo estadounidense ahora también se mueve en la sombra.

Lo que nos dicen el incidente de Morales y el artículo de Lichtblau, y lo que apenas hemos comprendido, es cómo está cambiando nuestro mundo estadounidense. En los años de la Guerra Fría, enfrentados a un mundo de MAD, ambas superpotencias se aventuraron “hacia las sombras” para enfrentarse en su lucha global. Y como en tantas guerras, tarde o temprano los métodos utilizados en tierras distantes volvieron a casa para atormentarnos. En el siglo XXI, sin otra potencia importante a la vista, la superpotencia que queda ha convertido en suyas esas “sombras” a gran escala. Más allá de la vista del resto de nosotros, comenzó a recrear de una forma nueva su famoso gobierno tripartito, de controles y equilibrios, que ahora tiene más de dos siglos. Allí, en esas sombras, los poderes ejecutivo, judicial y legislativo comenzaron a fusionarse en un gobierno unicameral en la sombra, parte de una nueva arquitectura de control que no tiene nada que ver con “del pueblo, por el pueblo, para el pueblo”.

Un gobierno en la sombra semejante que confía en tribunales secretos y en la vigilancia a gran escala de poblaciones, incluyendo la suya, mientras persigue sus deseos secretos globalmente era exactamente lo que temían los padres fundadores del país. A fin de cuentas poco importa bajo qué etiqueta –incluyendo la “seguridad” y la “protección” estadounidenses– se construye semejante poder gobernante; tarde o temprano la arquitectura determinará los actos y se hará más tiránico en el interior y más extremo en el exterior. Bienvenidos al mundo de la única superpotencia canalla, y agradeced a vuestra buena estrella que Edward Snowden haya tomado las decisiones que tomó.

Es escalofriante que algunos aspectos de los gobiernos totalitarios que desaparecieron en el siglo XX se estén recreando en estas sombras. En ellas una bestia cada vez más “totalística” sin ser todavía totalitaria, habiendo llegado su hora, se arrastra hacia Washington para nacer, mientras los que se atrevieron a echar un poco de luz sobre el proceso de nacimiento están en la cárcel o son perseguidos por todo el planeta.

Ahora hemos vivido la teoría de la disuasión en dos siglos. Una vez se introdujo para detener la destrucción total del planeta; una vez –y dicen que si la primera vez es tragedia la segunda es farsa– para disuadir a un pequeño número de informantes para que no revelen las entrañas del nuevo Estado de seguridad global. Ya llegamos una vez cerca de una tragedia total. Solo si pudiésemos estar seguros de que la segunda vez es verdaderamente una farsa, pero por el momento, que yo vea, nadie se está riendo.

Tom Engelhardt, es cofundador del American Empire Project y autor de The End of Victory Culture”, una historia sobre la Guerra Fría y otros aspectos, así como de la una novela: “The Last Days of Publishing” y de “The American Way of War: How Bush’s Wars Became Obama’s” (Haymarket Books). Su último libro, escrito junto con Nick Turse es: “Terminator Planet: The First History of Drone Warfare, 2001-2050.

[Nota: Mi especial agradecimiento a Irena Gross que me hizo pensar en “disidentes” estadounidenses y nuestro planeta prisión].

Copyright 2013 Tom Engelhardt

Fuente: http://www.tomdispatch.com/post/175725/tomgram%3A_engelhardt%2C_can_edward_snowden_be_deterred/#more

27
Jul
13

Uruguay … el Frente Amplio

la interna del fa

Constanza

escribe: Ortega Salinas

                                    

Su nombre surgió de la nada, por aquí y por allá, y las voces se fueron multiplicando de manera imparable alentando la posibilidad de candidatearla a la Presidencia.

Tabaré es el voto seguro, lo conocido, la garantía de triunfo; Constanza, una incógnita. Lo mismo pasó con Barack Obama contra Hillary Clinton en la interna de los demócratas, cuando el mulato era un perfecto desconocido.

Al debatir contra Lacalle en Código País, demostró una solvencia intelectual increíble, a tal punto que el ex presidente no pudo estar a su altura y pareció un novato de poca monta.

No podemos ocultar que tras el debate interno sobre la Ley de Salud Sexual y Reproductiva, la representatividad de Tabaré sufrió una pérdida inestimable; lo cual sumado a su publicitada solicitud de apoyo a Bush y alguna otra cuestión, da como saldo un porcentaje importante de frenteamplistas que puede llegar a abstenerse si vamos a las internas con candidato único. Todo ello sin olvidar que sacó de la ruina a un país en pocos meses cuando los economistas auguraban quince años de estancamiento.

Es inentendible la obsesión del Frente con la candidatura única. Lo mismo sostuve cuando aprobé la candidatura de Astori aunque no lo votara. Vázquez necesita más que nadie otra candidatura de su mismo partido, para evitar que una multitud no medida de compañeros se exima de militar.

La fascinación que produce Tabaré es incuestionable, como también lo es que el carisma resulta determinante a la hora de recoger votos; pero él no representa a todo el Frente y esto, alguien, lo tiene que decir. Las descalificaciones contra la compañera no ayudan para nada a la unidad del Frente y nos remontan más a prácticas estalinistas que al sueño de la democracia interna, democracia interna que muchas veces dejó relegada el poder de las élites. Proteger la candidatura de Tabaré en exceso contra cualquier oposición interna es peligroso, porque estamos priorizando al candidato y al triunfo por encima del programa.

Si vamos a la interna con un solo candidato nos daremos un revolcón de novela nosotros mismos. Me opuse antes y me opongo ahora. Si Tabaré gana seguro ¿a qué temer? ¿Por qué no dar una oportunidad a esos –quién sabe cuántos- compañeros que solo se entusiasmarían si Constanza fuera candidata? ¿Por qué descalificar de manera ruin a quien busque una alternativa? El político barato juzga a los demás de acuerdo a su condición. Si Constanza llegara a aceptar pugnar en la interna, no sería porque ella tomara una decisión individual ni porque quisiera asegurarse los votos para ser reelecta senadora; sino porque una pueblada la empujaría a aceptar sin derecho a réplica. Y eso está sucediendo. No necesita ser candidata a la Presidencia para asegurarse un nuevo período en la Cámara Alta; eso lo tiene más ganado que quien le adjudica míseras intenciones.

Negar la multiplicidad de candidaturas será decirles a millares de militantes que nos importa muy poco lo que opinen, que no queremos que nadie ponga en riesgo el voto seguro y que los dirigentes deben decidir por el colectivo. Algunos temen que este impulso que recibe la senadora entusiasme a Tabaré para llevarla como compañera de fórmula desestimando otras opciones.

Uno de los puntos fuertes de la politóloga y docente es su condición de independiente, en momentos en que el Frente está polarizado entre el Espacio 609 y el Frente Líber Seregni, mientras que el Frente Unido (Vertiente Artiguista, 5005, 2510 y otros grupos) recién aparece como una tercera opción bajo el liderazgo del ministro Eduardo Brenta (otro que suena como vice) y el senador Enrique Rubio. Constanza sería un eslabón perfecto que podría fomentar la unidad en lugar de profundizar la polarización.

Como sea, presionado por dos bloques, Tabaré debe tenerla bajo la lupa en este preciso instante como compañera de fórmula. En cuanto a la interna, nadie se anima a candidatearse contra él porque implicaría un suicidio político. La gran pregunta es: Y si el batacazo fuera posible, ¿quién podría realizar el milagro? ¿Quién, sin una estructura política de respaldo, podría aspirar al voto orejano, rebelde y de izquierda?

Habrá que esperar un capítulo más; pero Constanza está siendo empujada hacia algo que no pidió. Miles de voces le piden lo aparentemente imposible. Esta es la encrucijada de su vida.

26
Jul
13

China y EEUU

comercio internacional

América del Sur frente a China y a EEUU

Senador Couriel / FRENTE AMPLIO

La semana pasada hubo un debate en el Senado sobre inserción internacional, Mercosur y Alianza del Pacífico. En esta nota, reproducimos los principales argumentos de nuestra exposición.

El debate se realiza en un momento de excepcional crecimiento económico y de extraordinario dinamismo de las exportaciones, que entre 2005 y 2012 crecieron al 16% acumulativo anual. Según las exposiciones de la oposición parecía que estábamos viviendo una etapa de crisis y de paralización de nuestro comercio exterior. Dos elementos introductorios al debate: en este mundo globalizado no existe libertad de comercio y los actuales países desarrollados fueron extremadamente proteccionistas para alcanzar sus niveles presentes. En la década del 90, bajo el predominio del Consenso de Washington, los países de América Latina fueron obligados a eliminar o limitar sus controles de capitales y de importaciones, mientras ellos mantuvieron sus subsidios a la producción y exportación agrícola y los diversos mecanismos de protección a las importaciones. Por otro lado, países como EEUU, Alemania y Japón, como principales ejemplos, fueron muy proteccionistas para desarrollarse. Esto significa que para exportar rubros que no sean commodities son necesarias negociaciones y acuerdos. En este caso las relaciones de poder pasan a tener un rol relevante.

En la actualidad EEUU mantiene hegemonía militar y comunicacional, e inclusive predominio financiero, pero compite en el plano comercial con China. En los próximos años el 60% del consumo mundial vendrá de Asia Pacífico, siendo actualmente China el primer exportador de bienes y de productos manufacturados. EEUU impulsa la transpacífico y China la alianza comprehensiva donde están China, India, Corea del Sur, Japón, Australia y Nueva Zelanda, entre otros. La competencia comercial entre EEUU y China es muy nítida. En América del Sur la estrategia comercial de EEUU, desde la década del 90, consistió en impulsar el ALCA que fracasó y luego los tratados de libre comercio donde mantiene sus políticas de subsidios a productores y exportadores agrícolas, las cuotas, los contingentes, los picos arancelarios y las medidas antidumping como elementos de protección. A su vez, exige liberalización de bienes y servicios, compras gubernamentales, normas de competencia y de propiedad intelectual. Importa señalar que la estrategia comercial de EEUU no es independiente de su estrategia comercial, comunicacional y financiera. El dinamismo de China en los últimos años, generó importantes aumentos de los precios internacionales de los productos de exportación de los países de América del Sur que facilitaron altos niveles de crecimiento económico. En la actualidad China es el primer comprador de Brasil, de Chile, de Paraguay y el segundo comprador de Perú, Argentina y Uruguay. Por ello es que afirmamos tajantemente que en la actualidad, desde el punto de vista comercial, para América del Sur, China es más importante que EEUU.

Para Sudamérica la estrategia no puede ser estar con EEUU contra China, ni con China contra EEUU. La estrategia es asegurar los intereses comerciales de nuestra región. Ello significa unidad regional, de propuestas, de acción, para ganar poder de negociación con el mundo desarrollado, en el plano comercial, financiero y productivo. Unidad para construir el desarrollo de nuestros países. Uruguay no puede quedar aislado ni solo. Es como natural que sea integrante de la unidad regional. Para negociar con EEUU, con la Unión Europea, con China para lograr una inserción internacional no solo con commodities, sino fundamentalmente con productos y servicios que tengan mayor valor agregado y avances significativos en los contenidos tecnológicos. Para enfrentar las viejas relaciones Centro-Periferia, que inclusive se concreta en las relaciones comerciales con China a quien le exportamos productos primarios derivados de nuestros recursos naturales y le compramos productos manufacturados con elevado contenido tecnológico y alto valor agregado.

Uruguay vive una etapa esplendorosa de su comercio exterior, ya que sus exportaciones entre 2005 y 2012 crecieron al 16% acumulativo anual. Se colocaron a más de cien mercados de destino y surgieron nuevos bienes de exportación como la soja, los derivados de la forestación, los servicios no tradicionales que aumentaron el 22% anual entre 2007 y 2012, y próximamente se incorporará el hierro que pasará a ser el primer producto de exportación. Importa señalar los importantes aumentos de productividad de toda la economía y especialmente de los principales rubros de exportación. Los objetivos centrales de la inserción internacional deberían buscar aumentar el valor agregado e incorporar bienes y servicios con alta y media tecnología, en un mundo internacional donde pesa el conocimiento, las innovaciones y las incorporaciones tecnológicas. Para ello es fundamental la complementariedad productiva, la complementariedad industrial que es uno de los grandes desafíos para el Mercosur. Es muy difícil la complementariedad con China, con EEUU, con la Unión Europea, inclusive con los países sudamericanos de la costa del Pacífico. Es más factible con nuestros vecinos más cercanos, con Argentina y Brasil.

El Mercosur no está ni destrozado ni paralizado. Sigue siendo el primer comprador de Uruguay, liderando Brasil como país primer comprador, en una etapa de extraordinario dinamismo de nuestras exportaciones. Además al Mercosur le vendemos más de dos tercios de productos manufacturados y casi un tercio de rubros de alta y media tecnología, tres veces más que al resto del mundo. En la actualidad tenemos excelentes relaciones con Brasil, que inclusive nos va a vender energía eléctrica al mismo precio que si fuéramos un estado brasileño. Siguen llegando inversiones extranjeras a Uruguay, siendo las mayores las provenientes de Argentina y desde China para colocar sus productos en Brasil. Tenemos dificultades con Argentina y no sabemos que ocurrió en materia comercial en las conversaciones presidenciales en la última Cumbre desarrollada en Montevideo.

La Alianza del Pacífico tiene un gran marketing proveniente de EEUU y de los grandes medios de comunicación. Por el acuerdo del Mercosur podemos ser observadores pero no miembros plenos sin autorización del Mercosur. No corresponde criticar a la Argentina cuando viola los tratados si Uruguay también lo hace intentando ingresar a dicha Alianza. Por la vía de la Aladi ya tenemos 100% de preferencias arancelarias de Chile, 98% de Perú, 94% de México y 86% de Colombia. Pese a estas preferencias y TLC con México y Chile, solo exportamos el 6% a dichos mercados del total de nuestras colocaciones. Lo más relevante a dichos mercados es no presentar a la Alianza del Pacífico como contradictoria del Mercosur. Deseamos que sean complementarios para avanzar hacia la unidad regional. Se plantea por esa vía la entrada al Transpacífico, donde está EEUU pero no están ni China, nuestro principal comprador, ni India, ni Corea del Sur. Insistimos, la estrategia del Uruguay y de la región es defender nuestros propios intereses, negociando con todos los países que sea necesario, pero no quedando subordinados de EEUU ni de China. Este es el gran desafío de nuestra inserción internacional y del futuro de la integración de América del Sur. Sin duda el papel de Brasil va a ser central.

25
Jul
13

Uruguay … por el 3er gobierno de izquierda

OPINIÓN

Multi-candidaturas y narcisismos

 escribe:Emilio Cafassi / profesor ex decano de la Universidad de Buenos Aires                                   

Naturaleza y política son términos antitéticos, ya sea en las más ceñidas o amplias acepciones de la segunda que contiene una multiplicidad de subdivisiones, tales como la política económica, la educativa, ecológica, etc. De ambas, solo la política es una construcción humana cuyo objetivo último es el dominio de la naturaleza y su adaptación a […]

Naturaleza y política son términos antitéticos, ya sea en las más ceñidas o amplias acepciones de la segunda que contiene una multiplicidad de subdivisiones, tales como la política económica, la educativa, ecológica, etc. De ambas, solo la política es una construcción humana cuyo objetivo último es el dominio de la naturaleza y su adaptación a objetivos precisos que establece la política misma. Al combinarse ambos términos como sujeto y predicado, o sustantivo y adjetivo de una sentencia, se formula inevitablemente un oxímoron. Esta figura literaria, que también es objeto de tratamiento en el campo de la lógica, induce inevitablemente al lector o receptor a otorgarle un sentido metafórico que hablando de política no puede ser sino ideológico y en este caso, en su peor y estrecho significado, encubridor e ilusorio. Aludir a una “política natural”, o “candidatura natural” (ya que una candidatura es parte de la política) es la expresión ideológica más conservadora -y autoritaria- para legitimar un hecho consumado o forzar una futura consumación. Lamentablemente una proporción significativa –aunque afortunadamente no exclusiva- del debate político uruguayo, gira en torno a esta formulación lingüística. Sea por exaltación u oposición. También lamentablemente, el nombre propio involucrado en esta confrontación es el del ex presidente Vázquez, cuyo silencio al respecto considero que perjudica sin beneficio de inventario como contrapartida, como también perjudicó en su momento el ya famoso “pps” (profundo y prolongado silencio), expresión con la que nos dejó perplejos respecto al forzamiento de su posible candidatura inconstitucional para el período presidencial vigente que algunos impulsaron. ¿No será un “déjà vu”, aunque ahora constitucionalmente válido?

He intentado subrayar en otras notas mis impresiones (asistemáticas, de recolección personal basada en mi limitada experiencia) sobre el vaciamiento paulatino de los comités de base, sobre la declinación de la proporción de militantes independientes y de acotamiento de los debates y elaboraciones colectivas, de desvinculación de dirigentes y dirigidos. En suma, el debilitamiento de lo que fue la más potente y admirable distinción entre el FA y la mayoría de las experiencias político-organizativas de los progresismos y las izquierdas del mundo, en una siempre compleja convergencia unitaria. Tal vez solo igualada por el PT de Brasil, el que sospecho viene sufriendo similares procesos de desgaste y adaptación al modelo político burgués-electoralista. En modo alguno esta tendencia es absoluta, ni menos aún irreversible. Pero buena parte del dinamismo está situado hoy en los movimientos sociales que cuentan con una clara hegemonía frenteamplista, ya que son muchos los derechos y libertades por conquistar. Comenzando por el movimiento sindical, el feminista, el de derechos humanos, entre tantos otros que compensan parcialmente el debilitamiento en el plano político. También en las llamadas redes sociales a las que aludiré más adelante.

No me son indiferentes las personalidades aunque considero que el personalismo es el principal enemigo de toda posibilidad de construcción de formas políticas superadoras hacia sociedades algo más emancipadas. Ningún sujeto que pueda aludir aquí o que se sienta aludido es responsable de esta resultante, salvo por su indiferencia al personalismo como problema político central en una fuerza como el FA u otras con pretensiones renovadoras y a la vez pragmáticas para la transformación de la sociedad que es el fin último de izquierdas y progresismos, cada uno en su medida.

Quien pergeñó un modelo basado en el valor excluyente de la personalidad, en la libertad de decisión de los mandatarios, en la delegación fiduciaria de todo destino social es el régimen liberal burgués, vigente –y aparentemente incuestionado- no solo en Uruguay sino en buena parte de los países del giro progresista, aunque no son despreciables algunos retoques, menores unos, algo más profundos otros. Tanto como las bases, los dirigentes son víctimas de esta arquitectura, aunque con resultados opuestos: unos expuestos y otros arrojados a la vera del camino en soledad. Si esa concepción arquitectónica hubiera sido sustituida por formas radicales de soberanía popular, este mismo debate carecería de sentido. Sería indiferente quién ejerciera tal o cual función, ya que solo sería un ejecutor de un programa y de directivas precisas emanadas de sus bases y su fuerza política, también organizada desde abajo. Valdría para este supuesto caso la expresión de Sendic (formulada en otro contexto y para otras circunstancias) de que se podría postular una heladera.

Pero la realidad es otra. Dentro de esta tan inductiva apreciación personal, sólo he recogido apoyos (ya referí que hace ya un año y medio altos jerarcas me plantearon la inevitabilidad de la candidatura de Tabaré) a la opción “naturalista” entre los altos dirigentes. En los comités, donde casi no hay independientes sino militantes orgánicos de partidos, no encontré uno solo que apoye esta opción. De las decenas y en ocasiones centenares de mails que recibo con comentarios en mi casilla entre los domingos y lunes (y que personalmente respondo) luego de publicar estas columnas, solo uno es un firme defensor de esta alternativa naturalizada. El divorcio entre bases y dirigentes está adquiriendo un carácter ya abismal. En las redes sociales ocurre otro tanto. En Facebook y Twitter, de un modo más tangencial por la naturaleza de esas aplicaciones, pero sobre todo hay blogs que con mucha precisión y detenimiento se dedican a abrir un amplio debate y convocar a reuniones en busca de alternativas. Si puedo mencionar dos al pasar, diré que “etcétera” de Emiliano Tuala y “Ciudadana” de Gabriela Balkey merecen ser leídos y reconocidos como síntomas de este malestar. No parecen dirigir nada ni querer asumir más que el rol participativo que el vaciamiento de los canales tradicionales les impide.

No creo que sea tarea sencilla resolver los problemas de este tenor. Resultó un salto cualitativo muy importante la elección directa de la presidencia del FA y que además recaiga en una mujer (que como legisladora y dirigente fue una importante defensora de derechos). Pero encuentro en sus excelentes columnas, cuyos contenidos en general comparto, solo confrontación con la derecha, defensa de las leyes y acciones gubernamentales, tareas todas que pueden perfectamente acometer los 67 legisladores que tenemos, las decenas de ministros, los cientos de directores, los intendentes, alcaldes y dirigentes en general, además de los cientos de intelectuales que publicamos en medios. ¿No sería más pertinente y útil concentrarse en los problemas internos, varios de los cuales intento esbozar aquí? ¿No sería más útil tener una página web que oriente y organice el trabajo en los comités que una virtual replicación de la página de presidencia? Como si fuera poco, el 27 de este mes se realizará el Tercer Encuentro Nacional de Comités de Base, apenas anunciado sin destaque alguno en el último lugar de la columna izquierda. Cliqueando allí se llega a una página vacía, sin una sola línea de texto, con un logo indicando la dirección y el horario de reunión que es la hora 00:00 (sic) aunque dice “difundí”. ¿Difundí qué? (http://www.frenteamplio.org.uy/actividad/encuentro-nacional-de-comités-de-base). En la web de la comisión de programa, cuyo foro integro, casi no hay debate. Por último, algunas de las pocas alusiones a cuestiones internas como el derecho a la libertad de conciencia en la última elección o la apelación a no agraviar al compañero Tabaré, además de redundantes y obvias, son disuasorias del debate y de la firmeza en las posiciones frentistas. Ningún ciudadano renunciaría a la libertad de conciencia ni he leído o escuchado agravio alguno al ex presidente, sino solo críticas políticas.

Pero así como hay voces que reclaman candidaturas múltiples, entre las que me incluyo, reconozco que los hay que valoran y fundamentan una candidatura unitaria en Vázquez. Todos ellos son compañeros y solo traje a colación experiencias personales. Pero, en contrapartida, el FA no puede depender de que “Cifra” o cualquier otra consultora le diga qué candidatura presentar, al menos sin convocar con ello a las exequias de esta larga y luchadora experiencia. Constanza Moreira pareció ser una alternativa, aparentemente desmentida. Todo el FA y el propio Tabaré deberán ir en busca de alguna heladera y entusiasmar a las bases para decidirse por alguna opción, única posibilidad legitimadora para evitar hacer de los uruguayos meros telespectadores. El juego de las escondidas, los “pps” o las ínfulas de panpartidismo y unidad nacional, inflarán solo el narcisismo de algunos, con los aires que le restan a las estructuras, asfixiándose todos.

Ganar no es un fin en sí mismo sino solo un medio. Medio para lograr objetivos que tienen que estar preestablecidos y decididos por quienes los aseguran con sus votos, su militancia y propuestas basadas en necesidades populares. Caso contrario, prefiero la derrota digna para recomponer fuerzas y capacidad de organización mediante un balance de las causas del declive. Tuve oportunidad de escribir acerca de la mayor alegría que viví en mi vida con el último triunfo frenteamplista. Tengo aún las decenas de banderas del FA que compré para engalanar la camioneta, la imagen de mi compañera subida al techo del vehículo gritando los festejos y los tantos anónimos que fuimos subiendo a la cabina y nos acompañaron. Nunca abracé a tanta gente desconocida como entonces. Y quiero revivirla, pero también quiero creer que efectivamente volvimos a ganar: conquistas sociales, libertades y nuevos horizontes y no abortos de leyes, ni pactos secretos.

Era un niño cuando el FA fue creado. Por entonces no sabía siquiera quién era Seregni. Pero dos años después, ya siendo púber, me hice frenteamplista visceral visitando a los presos del Penal de Punta Carretas. Carezco de derechos ya que no soy siquiera residente. No incidiré en la interna ni en la elección presidencial y legislativa mediante voto alguno. Pero ciertas circunstancias me concedieron el más importante de los derechos que ejerzo, por ejemplo, aquí: el de opinión.