Archivo para 19 abril 2017



19
Abr
17

Francia y el bloque social

Francia, una coalición imposible

Lejos de las bases

escribe: Bruno Amable

Desde hace 35 años, los programas de los grandes partidos de gobierno franceses no reflejan las esperanzas económicas de las clases populares, que no obstante representan más de la mitad del electorado. Contrariamente a los prejuicios sobre el fin de las ideologías, existe un bloque social de izquierda.

Entre las numerosas expresiones de la crisis política francesa se destaca la propensión de algunos candidatos o partidos a proclamarse “antisistema”. Así, Emmanuel Macron, ex ministro de Economía de François Hollande, y François Fillon, quien fuera primer ministro de Nicolas Sarkozy, adoptaron una postura rebelde en un intento por escapar al descrédito que golpea a la representación política. Ambos retomaron una táctica que resultó exitosa tanto en 1995, cuando Jacques Chirac se impuso ante el primer ministro saliente, Edouard Balladur, como en 2007, con un Nicolas Sarkozy que encarnaba una “ruptura” con un gobierno del que, sin embargo, había formado parte. Así fue como los dos candidatos de la derecha pudieron romper la maldición que, desde 1981, hace que el partido en el poder pierda sistemáticamente las elecciones.

Sin embargo, existe una manifestación de esta crisis menos visible pero más significativa: la imposibilidad de encontrar un equilibrio que permita articular un proyecto de sociedad –y sobre todo un modelo económico y social–, una coalición política capaz de conducirlo y una base lo bastante amplia para sostener esa coalición. Hasta 1981, la Francia de la V República ofrecía un ejemplo de este tríptico. Tenía una economía en fuerte crecimiento sostenida por un Estado social (aunque menos desarrollado que en los países de Europa del Norte) y promovida por una alianza que unía a una amplia parte de los ejecutivos y profesionales intermedios del sector privado con una minoría de obreros y empleados, todos ellos representados por una coalición que aunaba gaullistas y liberales (1).

Hasta la crisis de 1992, Italia constituía otro ejemplo de esto. El modelo económico del país se apoyaba en la modernización industrial, una alianza entre la gran industria, las pequeñas empresas del noreste y del centro con sus empleados, así como diversas fracciones de clases vinculadas sobre todo con la renta y el sector financiero. El conjunto se traducía en una representación política dominada por la Democracia Cristiana. Lo que ha caracterizado a Francia durante las últimas cuatro décadas es la búsqueda infructuosa de un tríptico con esas características.

En definitiva, la crisis política francesa puede definirse como la ausencia de un bloque social dominante, es decir, un cúmulo de grupos sociales cuyas principales expectativas en materia de políticas públicas y entorno institucional sean lo suficientemente tenidas en cuenta por la coalición en el poder como para generar cierto apoyo en retorno. La constitución de semejante bloque es el resultado de una estrategia que consiste en seleccionar las expectativas que se van a satisfacer, pero también, desde una óptica de largo plazo, influenciar sobre la conformación de dichas expectativas intentando circunscribir lo que se presentará como “realista”.

Bloques políticos, bloques sociales

Durante el período 1975-1983, se distinguen en Francia dos estrategias políticas opuestas, apoyadas en sendos proyectos de modelo económico y social. Tras la crisis de comienzos de los años setenta, la coalición de derecha, que se mantenía en el poder desde el comienzo de la V República, emprendió un vuelco neoliberal encarnado por Raymond Barre y su elección de una política de austeridad. Se producía un quiebre con la gestión tradicional, que había prevalecido hasta la infructuosa tentativa del plan de reactivación de Jacques Chirac, en 1975. La derecha buscaba el apoyo de un bloque social organizado alrededor de las categorías acomodadas, gran parte de los ejecutivos y dirigentes del sector privado, profesionales independientes, comerciantes e incluso agricultores. Asimismo, contaba con el apoyo de una minoría de las clases populares, obreros y, en particular, empleados del sector terciario, situados a la derecha por convicción religiosa o adhesión a los valores de orden y seguridad.

Frente a ella, la coalición de izquierda, que confederaba al Partido Comunista Francés (PCF) con el Partido Socialista (PS) y los radicales de izquierda, proponía, de manera conjunta desde 1972 y por separado después de la ruptura de la Unión de la Izquierda en 1977, un cambio de modelo económico. Los electores podían interpretarlo, con optimismo, como una transición hacia el socialismo o, más modestamente, como la puesta en práctica de un capitalismo socialdemócrata basado en un alto nivel del Estado social y combinado con la preponderancia de un sector nacionalizado, punta de lanza del crecimiento y el progreso. A partir de los datos de la encuesta poselectoral de 1978 del Centro de Investigaciones Políticas del Instituto de Estudios Políticos de París (CEVIPOF), se puede estimar que ese proyecto contaba con el apoyo de la mayoría de las clases populares (el 60% de los obreros y el 56% de los capataces) y del personal de servicios públicos. En la segunda vuelta de las elecciones presidenciales de 1981, el 72% de los obreros y el 62% de los empleados se pronunciaron a favor de François Mitterrand. La convicción de que se apoyaba en una base social sólida llevó a éste a declarar que “la mayoría política de los franceses, expresada democráticamente, acaba de identificarse con su mayoría social” (2).

Treinta y un años más tarde, en 2012, fue posible observar hasta qué punto la “izquierda gobernante” se había separado de su base tradicional, dando la espalda a sus ambiciones transformadoras iniciales. La opción por el rigor en el período 1982 y 1983 significaba dejar de lado las principales expectativas de los grupos constitutivos del bloque sociológico que la sostenía. Esta contradicción entre las políticas económicas que la “izquierda gobernante” –sobre todo el PS– deseaba implementar y las expectativas de su base desembocaron en una crisis que los socialistas buscaron impedir, con mayor o menor convicción, intentando “renovar” el bloque social en el que se apoyaba su partido.

Los resultados de la encuesta electoral francesa de 2012 del Centro de Estudios Europeos (CEE – Sciences Po) muestran que una minoría de los obreros (el 45%) aprobaba a los partidos de izquierda (del PS a la extrema izquierda), cuando en 1978 eran alrededor del 60%. En ese año, el 46% del personal de servicio votó a la izquierda, cuando sólo el 35% lo hizo en 2012. Por el contrario, el apoyo de las clases diplomadas (ejecutivos del ámbito privado y la función pública) registró un fuerte incremento: en 1978, solo el 18% de los directivos y altos ejecutivos apoyaban a los partidos de izquierda; en 2012, los había votado el 43%. Del mismo modo, cuando sólo el 29% de los ejecutivos del sector privado había votado a la izquierda en 1978, la proporción trepaba al 45% en 2012. Por otra parte, la desafección de las clases populares por la “izquierda gobernante” alimentó más el nivel de abstención de lo que incrementó los resultados de la derecha y la extrema derecha. Según la encuesta de IPSOS sobre las elecciones regionales de 2015, el fuerte voto obrero por el Frente Nacional (43%) debe relativizarse por la abstención masiva de ese grupo (61%).

Algunos análisis estadísticos (3) más sistemáticos muestran un elemento crucial que, paradójicamente, se deja de lado en el debate público: el bloque social de izquierda seguía existiendo en 2012. Dicho de otro modo, algunos grupos identificables con ayuda de las categorías socioprofesionales del Instituto Nacional de Estadísticas y Estudios Económicos (INSEE) expresaban expectativas bastante representativas de una política de izquierda. Un tema que parece pasado de moda como el de las nacionalizaciones recibía, en 2012, una mayoría de opiniones positivas (4), con un apoyo más marcado de parte de los empleados públicos y una oposición sensible de las categorías con altos ingresos. El mismo tipo de antagonismo aparecía en temas como la reforma de las jubilaciones de Sarkozy, el aumento del impuesto sobre el valor agregado (IVA) o las políticas de reducción de la desigualdad. Así, contrariamente a las ideas en boga sobre la desaparición de las “viejas” divisiones, las preferencias en materia económica dibujaban una oposición izquierda-derecha en la población francesa, que se podía poner en relación con la estratificación socioprofesional.

Desde una perspectiva más amplia, en el fondo las oposiciones entre los grupos sociales sobre estas preferencias en 2012 no distan demasiado de las de 1978: las categorías con menores ingresos aprobaban la idea de una redistribución que, dadas, por lo demás, las mismas circunstancias, suscitaba la oposición de las categorías con ingresos elevados. Estas últimas, así como los profesionales independientes y los comerciantes, apoyaban la reforma jubilatoria de Sarkozy y mostraban cierta oposición a una extensión del sector público. El proyecto para reemplazar los contratos de trabajo existentes por un contrato único, flexible y con un nivel de protección que se incrementaba levemente en función del tiempo pasado en el empleo suscitaba la adhesión de los grupos compuestos por individuos diplomados, de cierta edad, y con ingresos elevados (el 60% de los ejecutivos y directivos se declaraban a favor), pero no la de las categorías populares (el 52% de los obreros y empleados estaban en contra).

“Ni derecha ni izquierda”

Si bien en 2012 todavía existía la posibilidad de que se constituyera un bloque que expresara las expectativas de la izquierda y un bloque de derecha con las aspiraciones opuestas, la simetría llega hasta allí. Porque las relaciones que mantienen las coaliciones políticas de derecha e izquierda con sus bases sociales respectivas se modificaron sensiblemente. La derecha debe encontrar un equilibrio entre las aspiraciones a las reformas neoliberales radicales que reclama una parte de su electorado (los profesionales independientes, los altos ejecutivos), pero que atemorizan a otra fracción (los asalariados intermedios del sector privado). Entonces, el problema recurrente de las coaliciones de derecha consiste en encontrar un vínculo entre aspiraciones divergentes. En este sentido, las decisiones de François Fillon, quien desea implementar un programa más radicalmente neoliberal de lo que ningún partido de derecha francés ha propuesto jamás, parecen dar pie a una profundización del problema más que a brindar una solución.

Por su parte, desde los años 1982-1983, la “izquierda gobernante” se niega a implementar una política que corresponda a las expectativas del bloque social que la lleva al poder. De ahí que esta coalición política –dominada por el PS– esté condenada a la búsqueda de un electorado alternativo que apoye las opciones fundamentales en torno a las cuales se articula su política económica: la integración europea y las “reformas estructurales” neoliberales, que podrían llegar a verse suavizadas por una política social “activa” y/o una política macroeconómica que le dé la espalda a la austeridad. Los grupos capaces de apoyar tal orientación se caracterizan por tener un ingreso y un nivel educativo relativamente elevados. Por esta razón, el frente que constituirían podría denominarse “bloque burgués”. Su centro estaría formado por altos ejecutivos de la función pública –históricos componentes del bloque de izquierda– y por ejecutivos del sector privado –que suelen formar parte del bloque de derecha–.

La estrategia política correspondiente no es nueva y fue explorada con distintos grados de éxito por los diversos representantes de la derecha del PS. En 1985, Jacques Delors convocaba a “los sabios de todos los bandos” (5) a ponerse de acuerdo en una política económica que mantuviera cierta estabilidad más allá de las alternancias políticas. Por su parte, Michel Rocard, a la cabeza del PS tras la derrota en las legislativas de 1993, buscaba en un “big bang” una solución de recambio para la alianza tradicional del PS con el PCF.

Hoy en día, quien encarna esta estrategia de modo más flagrante es Emmanuel Macron, quien, a pesar de sus pretensiones de novedad, reivindica un “ni derecha ni izquierda”, esgrimido con frecuencia en el pasado. El programa económico que impulsa puede adivinarse con facilidad leyendo sus obras de juventud, el Informe Attali (6), o examinando su recorrido como ministro, con la ley Macron. Sus orientaciones de política económica, favorables a la integración europea, las privatizaciones y la “liberalización” del mercado de trabajo, corresponden a la tentativa de constituir un “bloque burgués” que se presume dominante.

Sin embargo, hay un obstáculo para este proyecto. Ese electorado está constituido por grupos sociales diplomados y acomodados, pero social y políticamente minoritarios. Por lo tanto, una estrategia realista implicaría buscar un punto en común que permitiera incorporar otras tropas. Como el proyecto económico se apoya en reformas neoliberales rechazadas por la mayoría del antiguo bloque de izquierda, lo más probable es que los refuerzos provengan de fracciones que pertenezcan al bloque de la derecha (profesionales independientes e intermedios). Esa podría ser una solución para las contradicciones internas de la derecha: rechazar las categorías de la minoría política que se oponen con mayor fuerza a las “reformas estructurales” para aliarse con los grupos más favorables a ellas del antiguo bloque de izquierda. Sin embargo, es probable que esta mayoría política siga siendo sociológicamente minoritaria.

 

1.Véase Bruno Amable, Elvire Guillaud y Stefano Palombarini, L’économie politique du néolibéralisme, Rue d’Ulm, París, 2012.
2. Discurso del 21-5-81.
3.Véase Bruno Amable, Structural crisis and institutional change in modern capitalism. French capitalism in transition, Oxford University Press, Oxford y Nueva York, a publicarse en este mes de marzo. Los datos analizados provienen de las encuestas electorales francesas (Centro de Datos Sociopolíticos del Instituto de Estudios Políticos de París).
4. El 35% de los individuos expresaba una opinión negativa acerca de las nacionalizaciones y el 51% una opinión positiva.
5. Philippe Alexandre y Jacques Delors, En sortir ou pas, Grasset, París, 1985.
6. Macron fue relator de la Comisión para la Liberación del Crecimiento Francés, más conocida como “Comisión Attali”, que entregó su informe en enero de 2008.
18
Abr
17

las pibas de abril (durante el fascismo militar en uruguay)

HOMENAJE

Colocarán placa en homenaje a “Las pibas de abril” asesinadas en 1974 por las Fuerzas Conjuntas

El viernes 21 de abril instalarán una placa recordatoria en la casa de la calle Mariano Soler 3098, en homenaje a Laura Raggio, Diana Maidanick y Silvia Reyes, conocidas como “Las pibas de abril”, asesinadas por las Fuerzas Conjuntas en 1974.

En el marco de lo dispuesto por los artículos 7 y 8 de la Ley 18.596, el Ministerio de Educación y Cultura realizará la ceremonia de instalación de una placa en homenaje a Laura Raggio, Diana Maidanick y Silvia Reyes, asesinadas en su domicilio en un operativo de las Fuerzas Conjuntas, en la madrugada del 21 de abril de 1974.

El acto se realizará el viernes 21 de abril a las 18:00 horas, en Mariano Soler 3098, lugar donde las jóvenes fueron ultimadas por las fuerzas represivas.

La Ley 18.596 de Actuación ilegítima del Estado entre el 13 de junio de 1968 y el 28 de febrero de 1985 y de reconocimiento y reparación a las víctimas, establece en su artículo 7º que “el Estado promoverá acciones materiales o simbólicas de reparación moral con el fin de restablecer la dignidad de las víctimas y la responsabilidad del mismo”.

Tales acciones tenderán a “honrar la memoria histórica de las víctimas del terrorismo y del uso ilegítimo del poder del Estado, ejercido entre junio de 1968 y febrero de 1985”.

Si bien la dictadura comenzó el 27 de junio de 1973, la norma toma el inicio del período de reparación el 13 de junio de 1968 por el comienzo de la aplicación sistemática de las “Medidas Prontas de Seguridad e inspirado en el marco ideológico de la Doctrina de la Seguridad Nacional”.

Se reconoce la responsabilidad del Estado uruguayo en la realización de prácticas sistemáticas de tortura, desaparición forzada y prisión sin intervención del Poder Judicial, homicidios, aniquilación de personas en su integridad psicofísica, exilio político o destierro de la vida social.

Dicho período culmina el 28 de febrero de 1985, ya que al día siguiente asumió la Presidencia de la República, Julio María Sanguinetti, electo en forma democrática en las elecciones de noviembre de 1984.

Mientras que el artículo 8 determina que “en todos los sitios públicos donde notoriamente se identifique que se hayan producido violaciones a los derechos humanos de las referidas en la Ley, el Estado colocará en su exterior y en lugar visible para la ciudadanía, placas o expresiones materiales simbólicas recordatorias de dichos hechos. Podrá definir el destino de memorial para aquellos edificios o instalaciones que recuerden esas violaciones y podrá determinar la celebración de fechas conmemorativas de la verificación de los hechos”.

Las pibas de abril

Las jóvenes luchadoras sociales Silvia Reyes, Laura Raggio, y Diana Maidanick, fueron acribilladas en la madrugada del 21 de abril de 1974 en una casa de la calle Mariano Soler al 3098.

Las tres jóvenes fueron asesinadas en un operativo dirigido por el Batallón de Artillería Nº 1 con apoyo de Artillería Nº 2, a cargo del general Juan Rebollo y la participación de los generales Julio César Rapela y Esteban Cristi, y los mayores A. Méndez y José “Nino” Gavazzo, el coronel Manuel Cordero y los entonces capitanes Mauro Mauriño, Julio César Gutiérrez y el teniente Jorge Silveira.

El operativo realizado por las Fuerzas Conjuntas se desarrolló en la madrugada del 21 de abril de 1974, en la casa de la familia Barrios-Fernández en busca de Washington Barrios, militante del MLN-T y esposo de Silvia Reyes.

Pero Washington Barrios para entonces supuestamente ya había desaparecido en Córdoba, Argentina.

“En medio de ráfagas de ametralladoras se dirigieron al apartamento contiguo de la calle Mariano Soler 3098 bis, del barrio Brazo Oriental, y luego de derribar la puerta acribillaron a tres jóvenes compañeras de estudio y de militancia que en ese momento se encontraban durmiendo”, relata el historiador Álvaro Rico en “Ovillos de la Memoria”, y en el Tomo 1 de “Investigación Histórica sobre la dictadura y el terrorismo de Estado en Uruguay 1973 – 1985).

Ellas eran: Diana Maidanick de 21 años, Laura Raggio de 19 años, y Silvia Reyes también de 19 años, quien además se encontraba cursando su tercer mes de embarazo, y esposa de Washington Barrios,

Por su parte, Stella Reyes hermana de Silvia, relató tiempo después en el libro “Guerrilleras. La participación femenina en el MLN-T”, del periodista Mauricio Cavallo: “A mi hermana y a sus compañeras las mataron y remataron en forma brutal dentro de su casa, fue un operativo espantoso. A mi hermana la entregaron a la familia para velarla, tenía más de 30 impactos de bala, le faltaba más de la mitad de la cabeza y tenía las dos piernas acribilladas a metralla, de cerca”.

Al cumplirse los 40 años de los hechos, en 2014, se realizaron diversos homenajes y también se colocó una “Marca de la Memoria” en la calle Mariano Soler.

17
Abr
17

eco-socialismo

Ecosocialismo

escribe: Eduardo Sanguinetti, Filósofo

 

A los habitantes del planeta les produce algún sentimiento de dolor, de indignación, de tristeza, las miles de muertes civiles (mujeres, niños y hombres), causados por los bombardeos diarios sobre Siria, llevados a cabo desde hace 4 años ya por Estados Unidos y sus aliados…países que siguen construyendo un mundo donde el genocidio asume categoría de ley.

No podría acontecer esta atroz matanza sin la complicidad, devenida en silencio, de todas las naciones del mundo, que se limitan sólo de vez en cuando, a repudiar los bestiales actos de asesinato contra civiles de las más diversas regiones del planeta.

No olvidemos también el intento de intervención en naciones libres y soberanas, como Venezuela, asediada por gobiernos neoliberales degradantes y miserables, con la anuencia concreta y real de la OEA y su principal impulsor el Dr. Luis Almagro, su Secretario General, ex-canciller de la Presidencia de José Mujica. Dr. Luis Almagro, quien no acciona con la misma vara que aplica a la República Bolivariana de Venezuela, denunciando los diversos ilícitos que se cometen día a día en Argentina, Brasil y Paraguay en desmedro del orden democrático, hoy en franco deterioro, es que hay algún interés creado o fundacional deviene en ignorar ciertos delitos flagrantes.

El avasallamiento de los tan proclamados y poco aplicados Derechos Humanos, cuya Declaración Universal fue aprobada por 48 estados, el 10 de diciembre de 1948 en la sede de la Asamblea General de las Naciones Unidas es ya una rutina del imperio y sus aliados.

Nuestros representantes, elegidos por voto popular en una democracia procedimental, ¿nos representan ante la comunidad internacional, de la que forman parte, accionando en nombre de la comunidad que les cedió su puesto de privilegio? La respuesta sería un rotundo ¡no! No nos representan, pareciera que están desde siempre en sus sitiales de poder, siendo solo esclavos de imperios en putrefacción.

Con urgencia, es preciso una reunión de la ONU, Mercosur o de la Unasur, con representantes libres, valientes y capaces, que traten con urgencia los temas donde la vida y la muerte del pueblo este en juego, expidiéndose de manera potente contra genocidios neocoloniales que se perpetran a plena luz del día.

Esta realidad de gobernantes tan tímidos con el imperio y tan implacables a la hora de accionar sobre las comunidades que les otorgaron su voto, gobernando en nombre de las mayorías, solo se supera mediante el establecimiento de una toma de posición intransigente, que vendría a ser revolucionaria, ante el estado de las cosas.

En rigor, ya estamos en esta revolución; se visualiza en las redes sociales, en las calles, en el diario existir de los que no aceptamos esta trampa que el capitalismo impuso y cayó como una red sobre todos. Si accionamos en consonancia con el orden natural y la ley que nos ampara, este tiempo será considerado trascendente y el hombre dará, por fin, el paso de la prehistoria a la historia.

No caben dudas de que hemos entrado en una crisis sin retorno, cuya salida sería asimilarnos a un Ecosocialismo liberador… no hay vuelta a la naturaleza, nuestra especie se ha apartado de ella para siempre.

Por cierto, la Naturaleza ha sido siempre una dimensión (durante siglos la única) del trabajo: manifestación de la belleza, de la armonía, de un orden no represivo. Por sus valores la Naturaleza era la negación misma de la sociedad capitalista, con sus desvalores de lucro y explotación.

El proceso de aniquilar la Naturaleza e intentar someterla a la violencia de la explotación y la contaminación es, sin discusión, un proceso económico del neoliberalismo en su afán de producir muerte y devastación, devenido de un proceso político que ha comenzado hace décadas. El poder del capital ha invadido la naturaleza incluida la humanidad toda, en su tendencia totalitaria del neoliberalismo monopólico y depredador.

En un contexto amplio y rotundo, la lucha ecológica choca con las leyes que rigen el sistema neoliberal: ley de capitalismo creciente, creación de plusvalías asimiladas a esclavitud modelo siglo XXI, de la necesidad de perpetuar la explotación de los indefensos, de multiplicar los refugiados y sus prisas… producir indigentes hambreados, sin techo con salud precaria.

La lógica de la Ecología, manifestó acertadamente Michel Bousquet “es la negación pura y simple de la lógica capitalista, no se puede salvar la Tierra en el marco del capitalismo, no se puede desarrollar el Tercer Mundo según el modelo capitalista”.

El Ecosocialismo da espacio a la Ecología en su concepción original, que desemboca en un combate activo en pos de una política socialista refundada, acorde a los avatares del presente, que debe atacar las raíces del sistema neoliberal, concientizando la ‘mutada’ conciencia consumista de pueblos enteros que marchan a su exterminio.

Surgida a finales del siglo XX, la praxis del Ecosocialismo es una respuesta democrática, ideológica y conservacionista, que ataca la gran impunidad ambiental que se padece en todo el mundo, debido al canibalismo corporativo que no se cansa de irrumpir, explotar y rentabilizar toda la nobleza de la Pachamama. De allí, que se busca replantear la interacción del Hombre con el medio, pues debe existir un marco de corresponsabilidad social entre los gobiernos, los organismos públicos, privados y la ciudadanía.

16
Abr
17

ecuador … triunfo Lenin, triunfo el pueblo y el progresismo

Más allá de las urnas

escribe: Jaime Galarza Zavala / El Telégrafo

El 2 de abril concluyó el proceso para elegir presidente y vicepresidente de la República, entre los binomios Lenín Moreno-Jorge Glas y Guillermo Lasso-Andrés Páez. Las cifras que arrojaron las urnas arrojan como resultado el triunfo del primero, por una cifra cercana a los 250.000 votos, cuando legalmente con un solo voto de ventaja ya era ganador. Lleno de rabia y despecho, el segundo binomio ha llevado su derecho al pataleo a límites extremos para que se desconozca esa legítima victoria de los candidatos de Alianza PAIS, apoyados por centenares de organizaciones y colectivos sociales.

Victoria reconocida por cerca de 300 observadores internacionales, incluidos los de OEA, entidad llamada a gritos por los propios perdedores días antes del 2 de abril, seguramente convencidos de que les iba a dar una mano, dados sus antecedentes intervencionistas, favorables a la política norteamericana. Luego el triunfo de este binomio fue reconocido por gobiernos y misiones diplomáticas del mundo entero, incluido el Gobierno de Estados Unidos. Pero el derecho al pataleo se ha convertido en peligrosas pataletas que no solo afectan a la imagen de los derrotados, sino que pone en riesgo la existencia misma de la frágil democracia que ha construido el país con grandes sacrificios, particularmente en los últimos diez años.

El desconocimiento de la autoridad del Consejo Nacional Electoral, el irrespeto a la misma, las amenazas de muerte a su presidente, la vocinglería sobre un inexistente fraude, el asedio físico a las sedes electorales en Quito, Guayaquil y otras ciudades, la absurda pretensión de que se recuenten los once millones de votos emitidos (tarea que, además de ilegal, llevaría varios meses), a lo cual se suma el delirante pedido de Enrique Herrería, quien, saliendo de su tumba política, clama porque se realice ¡una tercera vuelta!

Todo esto forma parte de un plan de desestabilización para el gobierno actual y el entrante. Deslegitimar la victoria de Lenín Moreno y sembrar de obstáculos el camino de la gobernabilidad que necesita para constituir la nueva administración e iniciar el cumplimiento de su plan de reivindicaciones sociales, progreso económico y consolidación de las instituciones del Estado. De allí proceden las desvergonzadas maniobras para atraer a las Fuerzas Armadas, mediante llamamientos públicos y movimientos dentro de los cuarteles, apenas disimulados.

Por otra parte, hay algo de lo cual apenas se habla entre las fuerzas triunfantes, y es el hecho evidente de que el plan golpista Lasso-Páez forma parte de un programa internacional de ataque y derrocamiento de los gobiernos progresistas de América Latina, que ha dado frutos ya en Honduras, Paraguay, Argentina, Brasil, mientras avanza peligrosamente en Venezuela y Ecuador. Detrás de ese plan, como siempre, están los más agresivos círculos dominantes de Estados Unidos, como la mafia financiera, el Pentágono y la CIA. No ver esto con claridad es no darse cuenta de lo que se oculta más allá de las urnas.

¿Qué dicen ante esto los llamados izquierdistas que se mueven tras la cola de Lasso-Páez? ¿Dónde quedó su historial de lucha contra la banca chulquera y la oligarquía caníbal? ¿En qué recodo del camino abandonaron su estruendoso antiimperialismo?

15
Abr
17

la humanidad …

No es tarde para re-humanizarse

escribe: Víctor Corcoba Herrero

 

El mundo se mueve en una encrucijada de caminos en los que únicamente la senda de la integración entre culturas puede ayudarnos a un futuro armónico verdaderamente esperanzador. La humanidad hoy corre serios peligros de extinción. O conciliamos nuevos abecedarios que nos reconcilien para vivir unidos, o esta deshumanización que soportamos nos lleva al caos más tétrico.

Cada persona tiene tras de sí una contribución que hacer a la sociedad y hay que dejarlo que se pueda realizar humanamente como individuo. Nadie puede ser excluido, todos tenemos algo que aportar, pues la vida es como un poema en el que todos los versos son requeridos para embellecer el planeta. En consecuencia, las diversas culturas han de aprender a compartir el intercambio de experiencias y buenas prácticas, cuando menos para prevenir los flujos de mercancías ilícitas, así como mejorar la localización de personas que son auténticos lobos para sí mismos y los demás.

Nuestra historia como especie pensante está crecida de trágicos capítulos de venganza y odio, de los que hemos de tomar buena nota para que no vuelvan a suceder. Hoy más que nunca, tenemos que dignificarnos, permanecer en guardia ante posibles locuras humanas, hacernos valer como ciudadanos, pensar en nosotros como familia para poder sentirnos linaje, desde la tolerancia y el respeto por los derechos humanos de todas las personas. Lo que no es de recibo es quedarse indiferente ante esa multitud de acciones asesinas.

En 2012 ya surgieron los primeros informes del uso de armas químicas en Siria. A partir de entonces, los alcances han sido frecuentes. La comunidad internacional no puede mirar para otro lado. Tampoco podemos quedarnos en la mera prohibición, hay que hacer justicia, más pronto que tarde, a los que infringen la normativa internacional, porque representan una barbarie que no podemos tolerar.

Es hora de unirse, por tanto, de activar todos los diálogos, pero también de construir un mundo más seguro y responsable. Si en verdad queremos un orden más poético, basado en la unidad de todas las culturas, hay que promover otra escala de valores, más humanista, que genere un clima de confianza y de convivencia sincera.

Por desgracia, somos una generación que hemos perdido el sentido humano de las cosas. Todo lo dilapidamos en caprichos, en lugar de activar un desarrollo más de la vida que de la muerte, de los valores y no del valer (como poder que aplasta), de la salud y la lucha contra la pobreza extrema. Estoy convencido de que tenemos que despertar a un corazón más justo y generoso.

Quizás sea necesario repensar muchas cosas para poner fin a las hostilidades, adoptando otras medidas más solidarias, sobre todo para garantizar el acceso sin obstáculos a la asistencia humanitaria, que tantos ciudadanos nos imploran cada día. A veces pienso que es hora de limpiar la tierra de cizaña, pero no de manera altanera, sino con la compasión y la sencillez de tantos sufrientes, con la moderación y el intelecto preciso, con el sentido de tender la mano y la búsqueda del abrazo. Sea como fuere, no podemos seguir destruyéndonos, sino reencontrándonos. Nunca me cansaré de repetirlo. Prevalezca la razón y no las armas.

Naturalmente que cuesta creer el activo de una nueva carrera de armamentos en una era del conocimiento como la actual. En ocasiones creo que somos estúpidos e incoherentes en nuestras actuaciones. Son tantos los asuntos que nos debieran hacer meditar, que tal vez por falta de tiempo, no hayamos aprendido a discernir lo primordial de lo superfluo.

Mejorar la vida de las personas en todo el mundo, como el auxilio en caso de desastres, la educación y la sanidad, ha de ser algo tan urgente como ecuánime. Después, avivar otros cultos, o si quieren otros lenguajes, más comprensivos con todos. Olvidamos que la paz no se impone, se trabaja abrazando la verdad, defendiendo toda existencia, perseverando con lo equitativo, sustentando la benevolencia en definitiva. Es cuestión de ponerse todos en servicio, a donarse y a perdonarse, a vivir y a revivirse, pero con el amor más desinteresado. Nunca es tarde para este buen propósito. Reiteremos: menos armas y más alma.

14
Abr
17

uruguay y la izquierda frenteamplista

46 años después…

escribe: Tito Dangiolillo

 

Qué reales nos resultan hoy las estrofas del tema de Pablo Milanés…”el tiempo pasa, nos vamos poniendo viejos”… Pero, junto a Violeta Parra decimos bien fuerte…”gracias a la vida, que me ha dado tanto”…

No se puede medir con ninguna vara lo vivido en estos 46 años, no podríamos decir…”tanta vida en cuatro versos”… porque los versos serían miles, pero lo que si afirmamos es que es…”lindo haberlo vivido pa’ poderlo contar”… el Sabalero decía cantar pero nosotros, ni el arrorró.

Inauguramos allá por 71 el Comité Comercial I, era la Coordinadora C, que estaba en García esq. Cufré Chico, primero funcionábamos en el Club Armenio ubicado Duvimioso Terra esq. Cagancha, que nos cedían el lugar. Allí sufrimos un atentado a balazos, mucho tiempo antes del golpe de Estado y se decía que por ese entonces no pasaba nada. ¿Cómo se iba a luchar armados contar un gobierno constitucional?

Recuerdo que el profesor Cardozo dijo en el acto de desagravio, que los agujeros en la puerta y las paredes dejados por las balas fascistas serían los ojos nuestros con que los miraríamos toda la vida, y algo así hicimos. Nuestra memoria no puede fallar, y en este aniversario va el saludo a todos los compañeros que quedaron por el camino y pido no olvidarlos jamás.

Después inauguramos el comité en la dirección antedicha y vinieron todos los otros comités de la C, el Comercial II y el III; el Democracia y La Paz, el Kruger y muchos compañeros más.

Hicimos un gran acto de apertura, invitamos a Seregni para que nos hablara, la animación, imaginen quien la hizo, pero conjuntamente con alguien que militó desde el comienzo y que luego se convertiría en un gran artista, el “Bananita” González. Era febrero, Carnaval y habíamos invitado a la “Soberana”, el Pepe Veneno, su director nos había dicho…”quédense tranquilos que vamos cuando terminemos con los tablados”. Por aquellos años la murga tenía cantidad de tablados por día, llegaron a las dos de la mañana, pero cumplieron, mientras tanto el “Bananita” con nosotros como sustento, había entretenido a la gente y no parábamos de reír. Pasaron cosas increíbles, había una persona de gabardina con sombrero aludo parado contra una pared enfrente al comité. El responsable de “seguridad”, Ricardo, vino un montón de veces a decirnos…”che miren que ese de sombrero tiene pinta rara”. Con el tiempo nos enteramos que era el Bebe Sendic, que había ido a escuchar el discurso de Seregni y claro, parecía raro, medio disfrazado, no por el carnaval sino que estaba clandestino ya que “algunos” habían optado por enfrentar el poder despótico del pachequismo, que ya había asesinado a varios compañeros y se valía de medidas de seguridad para intentar ¿gobernar?

El anterior Presidente de la República también andaba en esa “barra”. Quiero en primera persona mencionar compañeros de aquellos momentos: el “Gordo” Di Falco y su compañera Ruth, que cayeron en cana por colaborar con los muchachos, sufriendo toda clase de vejaciones, y con un comportamiento ejemplar continuaron su lucha una vez recobrada su libertad; venían de la 99, gran ejemplo.

Hoy 46 años después nos preguntamos: ¿Podemos seguir pensando en “La admirable alarma”, expresada por Seregni en el discurso inaugural? Queremos creer que sí, a veces lo dudamos, pero por la memoria con todos nuestros mártires -sin distinción de banderas- debemos jurar que sí y luchar para que los más infelices sean realmente los más privilegiados, comprender que la lucha de clases y el imperialismo aún existen y no espantarse con esas palabras, ser honestos, ser autocríticos y profundamente humildes, tener más calle que escritorio, más barro y menos agenda, ser distintos a los políticos tradicionales y no parecernos cada vez más a ellos, no tener que sentir vergüenza ajena por dichos y hechos de algunos compañeros, ser cada vez más artiguistas, no sentirnos edulcorados con las propuestas privatizadoras que aún rondan muchas cabezas de nuestros dirigentes, estar realmente comprometidos con los cambios, no decretar medidas represivas que la gente repudia. Solo con más de todo esto lograremos que la bandera de Otorgués, la roja, azul y blanca continúe flameando bien en alto, nunca bajarla y hacer realidad lo de la “Admirable alarma”.

A 46 años de aquella gesta, no dudamos que con nuestra militancia “habrá patria para todos”. Salud Frente Amplio; salud militancia.

11
Abr
17

almagro y la oea

José Bayardi (ex Ministro de Defensa de Uruguay del gobierno del F.A) dice que documento sobre supuesta coordinación de Almagro con EEUU le parece “verosímil”

A mediados del año pasado circuló en algunos blogs y algunos medios de prensa, como la agencia de noticias rusa Sputnik, un archivo en formato pdf que probaría una supuesta coordinación del secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), Luis Almagro, con Estados Unidos, para concretar la aplicación de la Carta Democrática de ese organismo contra Venezuela. El archivo es una transcripción que no tiene logos oficiales ni la firma digital de su eventual firmante, el comandante del Comando Sur de Estados Unidos, Kurt Tidd. Tampoco se conoce el origen de la filtración, ni puede hallarse una versión en inglés. Se titula “Venezuela Freedom 2”, tiene fecha del 25 de febrero de 2015 y explicita con mucho detalle la supuesta estrategia de Estados Unidos para desestabilizar al gobierno venezolano. En ese documento se señala que Estados Unidos pretende generar “un clima propicio para la aplicación de la Carta Democrática de la OEA”, tal como se ha “convenido con Luis Almagro Lemes, secretario general de la OEA y los ex presidentes, encabezado por el ex secretario de la OEA, César Gaviria Trujillo”.

En junio de 2016, en declaraciones al diario La República, Almagro negó haberse reunido con el Comando Sur. “Nunca hubo una coordinación con ninguna agencia de Estados Unidos, nunca tuve reuniones con el Comando Sur, y esas afirmaciones son más falsas que cuando te avisan por correo electrónico que ganaste la lotería en Nigeria”, manifestó.

Almagro impulsa desde mayo de 2016 la aplicación de la Carta Democrática de la OEA contra Venezuela, pese a que no cuenta con el respaldo de los países integrantes del organismo. En junio de 2016, la OEA se pronunció en forma contraria a la aplicación de la Carta Democrática, pero Almagro insistió con el tema, y el 31 de marzo pidió una reunión urgente de la OEA para debatir la aplicación de ese mecanismo. Esta semana, los países de la OEA declararon que existe una “grave alteración” del orden institucional en Venezuela, pero no resolvieron la aplicación de la Carta Democrática.

Esta semana, en Radio Uruguay, el presidente de la Comisión de Asuntos Internacionales del Frente Amplio, José Bayardi, citó la mención a Almagro en el supuesto documento del Comando Sur, tras referirse a que la OEA ha estado históricamente “al servicio de otros intereses, particularmente de los norteamericanos”. Bayardi aclaró a la diaria que no tiene pruebas sobre la veracidad del documento y que no habló con Almagro sobre el tema. “La verosimilitud de eso no me la va a ratificar alguien formalmente, pero a mí me parece verosímil”, comentó.

10
Abr
17

Sanguinetti … falacias

Las recurrentes falacias de un manipulador

escribe: Hugo Acevedo / analista

Con recurrente frecuencia, el ex presidente de la República Julio María Sanguinetti destila su odio visceral contra el gobierno del Frente Amplio y contra la izquierda, luego de haber contribuido a devastar al país durante su segundo mandato y legarle a Jorge Batlle la herencia maldita que eclosionó en la dramática crisis económica y social de 2002.

Evidentemente, su resentimiento se origina en su condición de reconocido ultra-conservador y en la amarga frustración de observar- con indisimulable estupor- la radical decadencia de su propio Partido Colorado, luego de los tres sucesivos fracasos electorales que lo han transformado en una fuerza política cuasi testimonial.

En un reciente artículo titulado “Las mentiras oficiales de Tabaré Vázquez”, publicado en la página argentina Infobae, el octogenario ex mandatario se permite la osadía de acusar al gobierno de falsear la verdad en torno a la confirmada baja de la tasa de delitos en nuestro país, entre otros temas.

Al respecto, Sanguinetti afirmó, en un tono inequívocamente subjetivo, que Vázquez da una versión “de su realidad con datos y estadísticas que nada tienen que ver con los hechos”. Por supuesto, no aporta ninguna prueba que sostenga su tesis, acorde a su reconocida vocación de manipulador.

También consideró que Vázquez “oculta una personalidad autoritaria, soberbia e intolerante”, al tiempo de criticar ácidamente a los Consejos de Ministros que se realizan en el interior del país, a los cuales califica como “puestas en escena”.
No extraña que a Sanguinetti le molesten las instancias del denominado gobierno de cercanía, porque el presidió dos administraciones rabiosamente anti-populares, donde el contacto directo entre gobernantes y gobernados era una suerte de quimera.

Por supuesto, las reuniones de sus gabinetes ministeriales se celebraban todas a puertas cerradas a cal y canto y sólo transcendía lo que estaba permitido, acorde con su permanente estrategia de ocultamiento de la verdad.
Esta suerte de espécimen de la guerra fría –cuyo discurso sigue anclado en un tiempo pretérito- no dudó en golpearse el pecho proclamando que jamás había perdido una huelga.

Evidentemente, considera que doblarle la muñeca a los sindicatos y arrasar los derechos constitucionales de organizaciones que ostentan la representación de colectivos integrados por miles de trabajadores, es un mérito del cual puede orgullosamente ufanarse.
Julio María Sanguinetti es una suerte de “rey de la falacia”, lo cual está corroborado por su actuación pública de más de cincuenta años y hasta por sus libros “La agonía de la democracia” y “La reconquista”, en los cuales distorsiona groseramente la historia reciente y la contemporánea.

El ex presidente no ha dudado en elogiar reiteradamente al también ex mandatario Jorge Pacheco Areco como una suerte de “adalid” de la democracia, pese a que este gobernó con medidas prontas de seguridad, ordenó reprimir, encarcelar y militarizar a sindicalistas, estudiantes y opositores y cerró y censuró decenas de medios de prensa.

Obviamente, nadie debería olvidar que Sanguinetti integró el gabinete de Pacheco como ministro de Industria y Comercio y luego ocupó la titularidad de la Secretaría de Estado de Educación y Cultura, durante el período “legal” que precedió al golpe de Estado del también autoritario gobierno de Juan María Bordaberry.

Incluso, desde la titularidad de dicha Secretaría de Estado fue el autor material e intelectual de la Ley de Educación 14.101 de enero de 1973, que arrasó literalmente con la autonomía de los entes públicos de la enseñanza y vulneró groseramente los preceptos constitucionales en la materia.

Pese a esos oscuros antecedentes –que evidentemente lo condenan- Sanguinetti no duda en rasgarse las vestiduras y hasta se permite agraviar a la izquierda poniendo en tela de juicio su vocación democrática.

Esa conducta ambivalente y de permanente encubrimiento lo indujo a ignorar la existencia del escuadrón de la muerte durante la pre-dictadura y hasta a desestimar la existencia de niños desaparecidos en el gobierno dictatorial, cuando las evidencias de la realidad siempre demostraron lo contrario.

En ese contexto, negó su apoyo a la investigación emprendida por el poeta argentino Juan Gelman para encontrar a su nieta Macarena, quien fue entregada recién nacida a una familia sustituta en nuestro país luego del asesinato de sus dos padres por parte de fuerzas represivas argentinas y uruguayas.

Su vocación por la intriga la corroboró durante su primera presidencia -a la cual accedió en elecciones rengas por la proscripción de cientos de dirigentes políticos- cuando hizo caso omiso de las denuncias de violaciones a los derechos humanos perpetradas por la tiranía.
Como si no fuera suficiente, fue el mentor de la denominada Ley de Caducidad de la Pretensión Punitiva del Estado, que –con el voto de los partidos de derecha- convalidó la impunidad de los delitos cometidos por el gobierno autoritario.

En ese contexto, en sus libros también omite referencias a la campaña de intimidación y de miedo lanzada por la derecha, para garantizar la ratificación de la controvertida norma en la consulta popular de 1989.

Incluso, es sabido, por testimonio directo de José Luis Guntín, en su libro autobiográfico “La vida te da sorpresas”, que llegó a censurar -en acuerdo con los propietarios de los canales privados de televisión- una publicidad en la cual Sara Méndez, quien clamaba por su hijo desaparecido Simón Riquelo, convocaba a sufragar por la papeleta verde para derogar la ley en las urnas.

Por supuesto, en los últimos treinta años ha defendido a rajatabla dicho engendro inconstitucional, que insiste en calificar como amnistía. Bien sabe el ex presidente que la susodicha herramienta jurídica sólo es válida si se investiga y se procesa.

Empero, desde la presidencia, no tuvo ni la valentía de cumplir con los artículos que establecen la obligatoriedad de investigar las desapariciones durante el gobierno autoritario.

Obviamente, en el presente convalidó el inmoral golpe de Estado parlamentario que culminó con la destitución de la presidenta constitucional de Brasil Dilma Rousseff, ratificando, una vez más, su alineamiento con las fuerzas más reaccionarias del continente.
Esa actitud es consecuente con sus posturas históricas, que lo han situado siempre en el lado opuesto de los intereses populares, acorde con su rancia ideología conservadora.

Sanguinetti no tiene credenciales para acusar a nadie de mentir ni de incurrir en actitudes autoritarias, porque toda su trayectoria política ha estado jalonada por la falacia y el subterfugio.

Nota de diario La República Uruguay

09
Abr
17

pepe mujica

Mujica: ¿El peor Presidente de la historia?

escribe: Pedro Buonomo

Cuando el cerebro humano recibe en forma continua (“machaque”) cierta información, hace que la misma tenga primacía sobre sus ideas y sobre sus propios actos, esto es algo ya demostrado por la Psicología.

De esta forma, el “machaque” de esas “impresiones” que el cerebro recibe, permea nuestras creencias e influye sobre nuestras elecciones. El que se crea tan libre como para pensar que a él no le pasa, pregúntese entonces por qué las corporaciones gastan miles de millones de dólares al día en el mundo para que compremos sus productos. No somos tan librepensadores como creemos, y los políticos (no solo las empresas) también lo saben, al igual que lo intuía Goebbels (“Una mentira repetida adecuadamente mil veces se convierte en una verdad”).

Para reducir el impacto de este efecto algunos psicólogos nos sugieren “pensar despacio”. Someter a la duda ese bombardeo de ideas y valores que intencionalmente descargan sobre nuestras mentes a diario, los líderes y las organizaciones sociales, políticas y empresariales.

Es así que hemos asistido en los últimos años a un verdadero bombardeo con la intención de desprestigiar la figura de José Mujica. Por tirios y troyanos. La razón es casi evidente: desde hace años Mujica es, según las encuestas, el político más creíble para la población, y por lo tanto más peligroso tanto para los de adentro del Frente Amplio (FA) como para los de afuera.

Y es peligroso no sólo por ser creíble y popular, es peligroso porque se vale de su credibilidad y popularidad para predicar ciertos valores en la sociedad. Es eso lo más peligroso para todos los que lo atacan: su crítica al estar presos del consumismo como idea liberadora y la promoción de la austeridad como libertad, por ejemplo, pueden ser ideas muy peligrosas para el statu quo que utiliza la alienación como herramienta de dominación. En el fondo —y no tanto—, lo que hay es un tema ideológico que utiliza el “machaque” para eludir el asunto principal.

Para ellos entonces es necesario golpear su credibilidad, y para eso recurren a mentiras repetidas mil veces, a medias verdades, y a descalificaciones personales (desprolijo, no sabe gestionar, mal hablado, etcétera…).

Con cierta honestidad intelectual, sin embargo, se puede evaluar al gobierno de Pepe Mujica analizando diversos aspectos.

Se puede, por ejemplo, considerar los indicadores socioeconómicos tradicionales, como crecimiento económico, desempleo, inflación, inversión pública, déficit fiscal, salario real, pobreza, indigencia, mortalidad infantil, distribución del ingreso y otros. Y al hacer un primer esfuerzo de “pensar despacio” en cada uno de estos temas, resultará que el gobierno de Mujica no solo está muy lejos de ser el peor de la historia, sino que con continuidad y profundización de lo hecho por el primer gobierno del FA, califica entre los mejores, por lo menos en los últimos 60 años.

Se puede ir un poco más allá en el análisis, en el sentido de cómo las políticas públicas impulsadas contribuyeron a esos resultados. Por ejemplo: ¿cuánto influyeron los factores externos al crecimiento económico? o ¿cuánto influyeron las políticas domésticas en la mejora en la distribución de los ingresos? Es indiscutible que algunos factores externos fueron importantes (demanda china, tasas de interés internacionales), pero también es cierto que esos factores externos no pueden jamás explicar la reducción de la pobreza y la desigualdad, que se debe a las políticas internas. Con otras políticas internas, los resultados sobre la pobreza y la distribución podrían haber sido bien diferentes.

Se puede analizar también los avances realizados en la llamada agenda de derechos que no solo involucra leyes “progresistas del siglo XXI” como la despenalización del aborto, matrimonio igualitario, venta de marihuana, sino otras como las 8 horas para los trabajadores rurales o la formalización y consiguiente protección social para las trabajadoras domésticas. Es cierto que esta agenda de derechos no es propia de Pepe Mujica sino que representa valores de los uruguayos, pero no es menos cierto que nunca se había avanzado tanto en los derechos de las minorías como en los 5 años de gobierno de Mujica.

Por supuesto que es necesario incluir en el análisis aquellos aspectos más controversiales o por lo menos más difundidos por la prensa y los políticos de la oposición interna y externa (“machaque”), como los proyectos que no se concretaron y eran parte de la agenda del gobierno: la regasificadora, el puerto de aguas profundas, el desarrollo de la actividad minera, el desarrollo del ferrocarril. Cada uno de estos proyectos tiene características propias que se pueden analizar, y todos tienen la característica común de haber sido descartados, sin explicar demasiado las razones, por el gobierno actual. ¿Cómo se puede evaluar proyectos de largo plazo que no fueron siquiera comenzados? ¿Por qué no se comenzaron? ¿Cuáles son los grupos de poder y de presión que se oponen a estos proyectos y han logrado frenarlos?

Es imposible no incorporar al análisis el tema de las empresas públicas, sus inversiones, la pertinencia de las mismas y su gestión. Desde la explicación de las pérdidas de ANCAP hasta las inversiones en energía renovable de UTE hay un campo que exige un análisis mínimamente serio para sacar conclusiones. Por lo pronto es un tema que está lejos de estar laudado y en el que las versiones más difundidas son las menos objetivas, por decir algo.

Hay más aspectos a considerar. El cierre de PLUNA, por ejemplo. Pero también otros aspectos claves de la impronta de Mujica, como el FONDES, su fundamentación y sus resultados; el ICIR, que culminó con la aprobación de un impuesto al patrimonio a los inmuebles rurales, y por supuesto el Plan Juntos.

Un capítulo aparte es la política internacional, su visión de integración regional y el trabajo realizado al respecto, con fracasos y algunos éxitos, pero con una clara dirección estratégica. Esa, que ahora es criticada porque Brasil está teniendo un mal año, o dos, o porque Venezuela sufre las consecuencias de agresiones externas políticas y económicas, como si una estrategia de inserción internacional se desarrollara en función de una buena o mala coyuntura.

Cada uno de estos aspectos merece un análisis mínimamente serio y seguramente las conclusiones no serán unánimes ni aún entre los que tenemos una visión ideológica similar. Pero para aquellos que tienen una visión política diferente, necesariamente las conclusiones serán distintas. La honestidad intelectual exige explicitar “desde dónde” alguien está hablando, reconocer las diferencias, esas que no explicitan quienes trafican con el “machaque”. Interpretar la recomendación de “pensar despacio” significa también profundizar en el análisis, incorporar elementos políticos e ideológicos.

No es este el camino más fácil para analizar la acción política y sus resultados, pero sin duda es mucho más riguroso. Un análisis superficial de la realidad puede llevar a afirmar que en el gobierno de Pepe el país recuperó el famoso “investment grade” (abril 2012) que había perdido 10 años antes el gobierno de Jorge Batlle, e incluso que el crecimiento económico fue notoriamente superior en el período sin grado inversor que luego que se obtuvo el mismo. No parece que esta afirmación, a pesar de ser indiscutiblemente cierta, permita obtener conclusiones válidas. Analizando la evolución de otras variables como el déficit fiscal o el gasto público con una lógica similar se llegará a conclusiones igualmente poco confiables.

Lo anterior pretende fundamentar la tesis de que no es posible llegar a conclusiones similares en términos de evaluación política de un proceso social si se analiza desde ópticas ideológicas diferentes e incluso antagónicas. Se ha afirmado que en el gobierno de Mujica se agudizó el proceso de extranjerización de la tierra, aumentó la concentración de la misma, e incluso no hubo políticas para evitar el proceso de agudización de la concentración de la riqueza en general. Todo eso es también estrictamente cierto; sin embargo, una vez reconocido, lo que queda es analizar las alternativas. Es necesario analizar, proponer y elaborar políticas para enfrentar este fenómeno sin desconocer qué alternativas hay, y es imprescindible enmarcarlo en un proceso económico-político mucho más permanente que pone de manifiesto “lo que queda por hacer”.

Tal vez este sea el principal objetivo de un análisis serio y coherente: contribuir a elaborar la agenda política de futuro. Sin eludir temas controversiales como las políticas de seguridad y defensa, su relación con los avances en verdad y justicia, las políticas ambientales o la agenda educativa y de derechos pero incorporando dimensiones y categorías consistentes con una visión ideológica y política que incluya las estructuras de poder, las clases sociales y las relaciones de producción, tarea imprescindible para un proceso emancipatorio.

Para confrontar una posición ideológica dominante o hegemónica no es buen camino confrontar sobre el mismo conjunto de valores, referirnos a las mismas categorías o signos en que se basa el discurso hegemónico, sino más bien lo contrario; es decir, sobre un nuevo cuerpo de ideas y conceptos que deberán difundirse y discutir con la profundidad política que sea necesaria. Para esto se debe dar un profundo debate ideológico, es decir el desarrollo de un verdadero trabajo político. Se debe cuestionar severamente al discurso dominante y su cuerpo de ideas y valores, de otra forma estamos envueltos en la misma lógica dominante (por ejemplo, se discute sobre gestión y democracia) y “oficialismo” y “oposición” se vuelven dos protagonistas que discuten básicamente sobre los mismos conceptos que quiere cuestionar parte de la izquierda.

Pero para oponer hay que proponer. La propuesta debe tener claro que debe ser un nuevo conjunto de ideas y valores que revolucionan al discurso hegemónico, que cambian su dirección y sentido. De otra forma no tendrá posibilidad un discurso contra-hegemónico y nos mantendremos en alguna dirección pero en otro sentido. De alguna manera el discurso dominante conoce estos riesgos e intenta por todos los medios mantener la discusión sobre determinados valores, que en definitiva terminan siendo la diferencia fundamental, y es en este sentido que Pepe y su barra representan un riesgo de que la discusión adopte otros valores, de otro sistema de ideas y por lo tanto cuestionen al conjunto de valores dominantes. Se pasaría de la discusión hegemónica de herramientas de la política (sin cuestionar los valores que oculta) a la discusión directa de los valores que se persigue. Es demasiado riesgo para el discurso dominante. Esto es lo que está oculto en todo interés de clase y estas posiciones, evidencia de qué lado se está.

Siguiendo este razonamiento, el “título” que le otorga a Pepe un sector de la derecha vernácula no puede ser tomado de otra forma que como un cumplido por quienes vemos la realidad desde otra óptica.

08
Abr
17

desigualdades sociales

Las desigualdades sociales matan

escribe: Vicenç Navarro / Catedrático de Ciencias Políticas y Sociales en la Universidad Pompeu Fabra, profesor en la Universidad Johns Hopkins de Baltimore. Columnista en el periódico Público de España.

Las desigualdades sociales han experimentado un crecimiento enorme en el periodo histórico (desde los años ochenta del siglo pasado) en el que el neoliberalismo ha sido el pensamiento dominante en el mundo capitalista, liberado de cualquier freno como resultado de la derrota del otro polo en la Guerra Fría, la Unión Soviética. En este último país, la derrota significó un coste humano enorme sin precedentes en tiempos de paz. La transición desde lo que se llamaba “socialismo real” al capitalismo, y las enormes desigualdades creadas en tal proceso, costaron más muertos que los que han causado las Guerras Calientes de Irak y Siria puestas juntas. Solo en el periodo 1990-95, el incremento en el número de muertes en lo que había sido la Unión Soviética fue de casi dos millones de personas. Y durante toda la década de los años noventa fue de cuatro millones, algo que fue consecuencia, repito, del enorme crecimiento de las desigualdades causadas por la transición, como se ha documentado extensamente en la literatura científica (ver Shkolnikov, V. M., y Cornia, G. A., Population Crisis and Rising Mortality in Transitional Russia, en The mortality crisis in transitional economies, Oxford University Press, 2000). Mientras la esperanza de vida (años que una persona vive) de las personas con elevadas rentas y niveles de estudios superiores continuaba aumentando en lo que había sido la Unión Soviética, la mortalidad entre las clases populares en aquel país sufrió un elevadísimo incremento como resultado de las políticas públicas de masiva privatización de los mayores medios de producción y de la destrucción de la protección social, que incrementaron espectacularmente las desigualdades sociales. Esta realidad apenas ha sido reflejada en los mayores medios de información del mundo occidental. No hay duda de que si hubiera ocurrido en un país en el que la transición hubiera sido del “capitalismo real” al socialismo, tales hechos hubieran sido la noticia del siglo. Lo fue en dirección contraria, y apenas fue noticia en los mayores medios de información.

Pero el enorme coste humano del neoliberalismo aparece también dentro del propio capitalismo, como consecuencia de la imposición de las políticas neoliberales. En EEUU las políticas de tal sensibilidad neoliberal, aplicadas por la mayoría de los gobiernos federales en EEUU a partir del presidido por el Sr. Ronald Reagan, también han tenido un elevado coste humano. La esperanza de vida de la clase trabajadora blanca (tanto para hombres como para mujeres) ha ido descendiendo. Y, como consecuencia, la esperanza de vida promedio de toda la población se ha estancado y ha dejado de crecer.

La gran mayoría de las políticas antidiscriminatorias no han mejorado el bienestar de las clases populares, pues tales políticas no estaban orientadas a ellas

Es interesante señalar que esta situación detallada en los párrafos anteriores se ha producido en EEUU a la vez que las políticas antidiscriminatorias federales, que intentan corregir las desigualdades por raza y por género, se han establecido y desarrollado, lo cual parecería ser paradójico, ya que, a la vez que se intenta favorecer a los grupos discriminados en la sociedad (y por lo tanto más vulnerables), la calidad de vida, bienestar y salud de las clases populares se habría ido deteriorando, como lo prueban las cifras de esperanza de vida que he citado anteriormente. Esta paradoja se aclara, sin embargo, si uno se da cuenta que en el diseño y aplicación de estas políticas antidiscriminatorias no se tuvo en cuenta la categoría de clase social, centrándose solo en raza y género. Como consecuencia de ello, los grupos sociales que se han beneficiado más de tales políticas antidiscriminatorias han sido los pertenecientes a las clases de renta alta y media alta. La estructura de poder ha cambiado y diversificado su color y su género (hay más afroamericanos y latino, y más mujeres, en las instituciones representativas de EEUU y en las instituciones de poder decisorio en la sociedad civil), sin que ello haya beneficiado sustancialmente a las clases populares (incluidos los grupos discriminados, la mayoría de los cuales pertenecen a tales clases populares).

Las implicaciones de esta realidad son enormes, pues la plutocracia que manda en el país (la casta política y el entramado existente entre los poderes financieros y económicos por un lado, y las instituciones políticas y mediáticas, por el otro) puede ser diversa y variada en cuanto a color y género, y sin embargo, no mejorar el bienestar de las clases populares; solo en el caso de que las políticas públicas incluyan en su diseño y desarrollo el intento de cambiar las relaciones de clase, además de género y raza, habrá un mejoramiento del bienestar de las clases populares.

“Cuando un empresario paga a su empleado o trabajador un salario menor en valor monetario al valor que el trabajador ha aportado al producto o servicio, lo está explotando”

Las limitaciones de las políticas antidiscriminatorias

Lo dicho en el apartado anterior debería llevarnos a ver la desigualdad como un concepto multidimensional, analizando las desigualdades en base a la ubicación de la persona en la estructura social, consecuencia de una discriminación hacia el grupo al cual el individuo pertenece; por ejemplo, que una persona negra o una mujer sufra mayor desigualdad por el hecho de que él o ella pertenezcan a tal grupo discriminado. La mayoría de políticas antidiscriminatorias tienen como objetivo disminuir la distancia social, y están encaminadas a integrar al sujeto discriminado en el orden existente. Las políticas públicas de la candidata demócrata Hillary Clinton iban en esta dirección. Pero el hecho de que en su campaña no empleara un discurso ni promoviera políticas públicas que se centraran en la clase social como sujeto de intervención, explica que la mayoría de mujeres de las clases populares no votaran su candidatura, haciéndolo en su lugar por los candidatos Sanders y Trump, que enfatizaron el discurso de clase social, además de raza y género, aun cuando la utilización de estas dos categorías (raza y género) fue diametralmente diferente y opuesta entre estos dos candidatos. Trump recurrió a un discurso, además de clasista (presentándose como defensor de los trabajadores olvidados), racista y misógino, mientras que Sanders fue, además de un defensor de la clase trabajadora, defensor de las mujeres y de las minorías. Las encuestas mostraban que el único candidato del Partido Demócrata que podría haber vencido al candidato Trump era el socialista Sanders.

Explotación como generador de desigualdad

La segunda dimensión de la desigualdad es, además de la discriminación, la explotación, concepto raramente discutido o presentado en los medios por poner en evidencia al orden establecido, y del que, comprensible y predeciblemente, los beneficiarios de tal orden no quieren ni oír hablar. Es interesante ver que, ahora, cuando el tema de las desigualdades parece estar de moda (incluso Davos, centro del pensamiento reaccionario neoliberal, decidió centrarse en este tema), la palabra explotación no aparezca por ninguna parte. Y ello a pesar de que es sumamente fácil de detectar. El agente A explota al agente B cuando A vive mejor a costa de que B viva peor (A y B pueden ser clase social, género, raza, nación, o lo que fuera).

Cuando un empresario paga a su empleado o trabajador un salario menor en valor monetario al valor que el trabajador ha aportado al producto o servicio, lo está explotando. Y cuando una pareja, en la que ambos trabajan, llega a casa y uno de ellos se sienta a ver la televisión, mientras que el otro va a la cocina a preparar la cena, el primero explota también al segundo. La explotación es una de las realidades más fáciles de detectar, y sobre la cual se habla (y escribe) menos. Y ahí, la intervención no es la integración en el sistema, sino el cambio del sistema explotador. Y de ahí que el Estado sea mucho más reacio a intervenir en esta dirección de las desigualdades generadas por la discriminación de clase que en las otras formas de discriminación, pues la explotación de clase es el centro del “capitalismo real”.

“Los partidos progresistas deberían tomar como bandera la reducción de las desigualdades sociales, enfatizando las desigualdades por clase social, además de las desigualdades por género y raza”

Lo mismo está ocurriendo en Catalunya y en el resto de España

Una situación semejante está ocurriendo también en Catalunya y en el resto de España. En realidad, tanto una como la otra sufren un retraso político y cultural considerable (resultado de haber sufrido cuarenta años de una dictadura ultraderechista, que científicamente debería ser definida como fascista) en comparación con la mayoría de países europeos, lo que se traduce en el retraso en el surgimiento de movimientos progresistas como el movimiento de liberación de la mujer. Solo ahora está surgiendo un movimiento feminista de gran importancia que, sin lugar a dudas, tendrá un efecto positivo para toda la sociedad. Pero el debilitamiento de los partidos históricamente enraizados en la clase trabajadora explica que la respuesta de las estructuras de poder económico, financiero, político y mediático frente a estos movimientos feministas haya estado más orientada hacia su integración en el sistema de poder que no hacia el fin de la explotación de género y de clase.

Como resultado de ello, nos encontramos, de nuevo, con la situación paradójica que a la vez que hay más mujeres (predominantemente de clase social de renta alta o mediana-alta) en las instituciones, hay un gran crecimiento de las desigualdades por clase social como resultado de la aplicación e imposición de las políticas neoliberales, siendo Catalunya y España el lugar donde han sido impuestas con mayor ahínco y dureza dentro de la Unión Europea de los Quince (UE-15), el grupo de países más ricos de la Unión Europea. A modo de ejemplo, en Catalunya se vio un descenso en el aumento de la tasa de crecimiento de la esperanza de vida con el estallido de la Gran Recesión, algo que sucedió a partir de 2007. En realidad, la tasa de mortalidad en Catalunya creció un 10%, pasando de 7,98 a 8,77 defunciones por cada 1.000 habitantes entre 2010 y 2015 (cuando había descendido en años anteriores). Una situación semejante ha ocurrido en el promedio de España, tanto en el descenso de la tasa de crecimiento de la esperanza de vida como en el aumento de la tasa de mortalidad.

Estos cambios han ocurrido a la vez que aumentaban las desigualdades de mortalidad entre ciudades (de distintos niveles económicos) y entre barrios (también de niveles económicos diferentes) dentro de las mismas ciudades. En Catalunya, la diferencia de esperanza de vida de ciudades de elevada renta como Sant Cugat del Vallès era de ocho años más que en ciudades obreras del cinturón de Barcelona como El Prat de Llobregat o Sant Adrià de Besòs. Y dentro de Barcelona, los barrios con rentas superiores como Pedralbes registraron durante el periodo 2009-2013 una esperanza de vida de 11 años más que el barrio obrero de Torre Baró, que tiene la esperanza de vida más baja de Barcelona.

Y es ahí donde los partidos progresistas deberían tomar como bandera la reducción de las desigualdades sociales, enfatizando las desigualdades por clase social, además de las desigualdades por género y raza. Y ahí hay todavía mucho camino por recorrer. Pero hay que reconocer y aplaudir aquellas autoridades políticas, como las nuevas izquierdas que gobiernan los mayores centros urbanos de España, que están haciendo pasos en esta dirección. Y esto no es un comentario partidista, sino científico. Vean las políticas públicas que se están llevando a cabo y lo verán. En contra de lo que se está diciendo, la dicotomía izquierda versus derecha continúa siendo muy válida cuando se analizan las políticas públicas desarrolladas por las distintas sensibilidades políticas existentes en el país. En Europa se ve claramente que, a mayor poder político de las izquierdas (el norte de Europa), las políticas son más redistributivas que en aquellos países donde las izquierdas son más débiles, como en el sur de Europa. Y las desigualdades sociales son mucho menores en el norte que no en el sur. Así de claro.




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