Archivo para 31 octubre 2018

31
Oct
18

el fascismo …

Gramsci y el fascismo

escribe: Gianni Fresu  emisferio izquierdo

El fascismo es probablemente uno de los temas que en la historia contemporánea del pensamiento occidental produjo la mayor cantidad de estudios. Una enorme producción con diferentes abordajes y muchas implicaciones interdisciplinares. En la historiografía, en la sociología, en la ciencia y en la filosofía política eso ha producido múltiples cánones interpretativos, caracterizados por concentrar la atención sobre este o aquel elemento – histórico, económico, social o moral – constitutivo o predominante del fenómeno del fascismo. Hablando de fascismo, muchas veces, encontramos lecturas bastante superficiales que atribuyen esa definición para cualquier movimiento conservador o fenómeno autoritario. En la realidad, el fascismo tiene sus propias características, que precisan ser conocidas. Estudiar todo el conjunto complejo de acontecimientos y luchas en las trincheras de Occidente, con una perspectiva más amplia, no limitada al período 1922-1945, es esencial para comprender un período entre los más dramáticos en la historia de la humanidad contemporánea. En ese sentido, la lectura de Gramsci, central en este trabajo, es un divisor de aguas interpretativo esencial, exactamente porque nunca acepta las simplificaciones que reducen por esquema o ecuaciones matemáticas las dinámicas del «mundo grande, complicado y terrible», donde cada acción realizada sobre la complejidad despierta ecos insospechados.
Las lecturas de Gramsci acerca del fascismo escapan de las rígidas clasificaciones y, por eso, son consideradas muy originales en el panorama intelectual de su tiempo. Ellas tienen como eje fundamental el materialismo histórico y, por lo tanto, una trama general que localiza el factor determinante en los elementos económicos y sociales, pero considera también los factores ideológicos, incluida la crisis moral de la burguesía. También Gramsci interpreta el fascismo como una reacción a una fase de profundas transformaciones sociales ligadas a la Primera Guerra Mundial y sobre todo a la Revolución de Octubre. Pero él no considerará la burguesía y su modo de producción como un bloque homogéneo. Gramsci lee en el interior del bloque social dominante diferenciaciones y contradicciones que se develan en el período de nacimiento y afirmación del fascismo. En particular, investiga, por detrás del fascismo, el intento de centralización de los intereses burgueses, pero lo considera un fenómeno nacido entre la pequeña y la media burguesía urbana, por precisas razones históricas, y que se desarrolló con el apoyo de los propietarios de tierras y del gran capital industrial. En suma, Gramsci no estaba satisfecho con la lectura del fascismo como simples reacción contra el proletariado, aunque haya afirmado también la esencialidad de este factor.
Podemos decir que Gramsci interpretó el fascismo en su relación con la debilidad de las clases dirigentes y con los límites de la unificación política y modernización económica que marcaron la historia de Italia. Así es que para Gramsci el fascismo es un fenómeno históricamente determinado. Pero su origen precisaría ser investigado también en relación a los procesos observados en contexto europeo, como el fin de la fase expansiva de la revolución burguesa y el cambio de la “guerra maniobrada” para la “guerra de posición” [1]. En las diferentes lecturas sobre la obra de Antonio Gramsci se afirmó una tendencia favorable a la teoría de la discontinuidad entre las reflexiones precedentes y aquellas que seguieron a la prisión del intelectual comunista. Esta tendencia, determinada por exigencias más políticas que científicas, se reveló sin rigor filológico, mostrando en poco tiempo todos sus límites. Es exactamente en torno del fascismo (aunque no solo) que la tesis de la discontinuidad demuestra toda su debilidad conceptual. Él señala una profunda continuidad y organicidad analítica, que de inmediato a la posguerra aparece en la idea de crisis orgánica y en el análisis que apunta para la tendencia de las clases dirigentes a la subversión reaccionaria.
Ya en 1920, Gramsci tuvo consciencia de eso y escribió que la contra-ofensiva de las clases dominantes, más allá de barrer la lucha política de los trabajadores, habría apuntado a la absorción, en el interior del Estado burgués, de las instituciones de asociación económica y social de las clases explotadas [2].
Y es exactamente lo que va a acontecer en la década de 1920, con la edificación de las instituciones corporativas sobre el fascismo. Según Gramsci, el fascismo no tiene una ideología suya originaria, sino que recoge sugerencias provenientes de diferentes doctrinas. Así, en primer lugar, sería políticamente deudor del nacionalismo de Corradini, en particular en lo que refiere al concepto de la lucha entre “naciones proletarias” y “naciones capitalistas”, que según el jefe del nacionalismo italiano habría llevado a las “jóvenes naciones” a sustituir a aquellas viejas y decrépitas en la conducción de la humanidad, un concepto prestado de la teoría del conflicto de clase y trasladado en clave nacionalista en el enfrentamiento de la política internacional. En el calor de la primera guerra mundial, el joven Gramsci, en un artículo de 1916 [3], percibe el peligro de esa operación – premisa de la trágica idea de “espacio vital” ‒, que exprime la lucha política a través de la guerra, de la conquista de los mercados, de la “subordinación económica y militar de todas las naciones a una sola, aquella que con el sacrificio de la sangre y de su bien-estar inmediato, demostró ser la elegida, la digna” [4]. En el plano cultural el fascismo fue deudor del irracionalismo y del futurismo de Tommaso Marinetti, con su nihilismo de apariencia innovadora, pero en la realidad confusamente reaccionario. El manifiesto político de Marinetti era para Gramsci un insípido programa liberal, en el cual veía ya las convulsiones de una burguesía disimulada y desorientada, todavía, la distancia entre esta forma disimulada de liberalismo y la estatura política de una figura como Cavour, era para Gramsci sideral [5].
En el artículo L’unità nazionale, publicado por “L’Ordine Nuovo” el 4 de octubre de 1919, Gramsci escribe que la historia puede forjar contextos en que de una clase espiritualmente saludable y unida, puedan surgir individuos “políticamente desagregados”, despegados de cualquier realidad económica concreta. De hecho, una parte significativa de la burguesía asumió D’Annunzio como punto de referencia ideal y contraponiendo a la autoridad y disciplina legal del gobierno central, así como para la organización armada contra el gobierno de Fiume (la ciudad reivindicada por Italia después de la Primera Guerra Mundial y ocupada militarmente el año 1919 por los legionarios de D’Annunzio), transformando así “gesto literario en fenómeno social». Eran las primeras manifestaciones de aquel subversivismo reaccionario a través del cual Gramsci ya divisaba la guerra civil desencadenada por la burguesía para o dominio ‒ armado ‒ en el seno de la sociedad y del Estado [6]. Como explicó en el artículo Gli avvenimenti del 2-3 dicembre, «L’OrdineNuovo» de 6-13 de diciembre de 1919, a través de la guerra, con la militarización de la producción y la transformación de ciudades, fábricas, burocracia estatal en un gran cuartel, la pequeña y media burguesía se vio repentinamente en el centro de los acontecimientos. O sea, para llevar a cabo esta “monstruosa construcción”, el Estado y las asociaciones capitalistas se sirvieron de la pequeña burguesía [7].
La desmovilización de la guerra, la retórica de la victoria mutilada, la crisis económica, el fenómeno de la proletarización de las camadas medias, serían las causas del desasosiego de la pequeña burguesía durante y después de la guerra, bien como los orígenes del llamado subversivismo reaccionario, que encontró en el nacionalismo de D’Annunzio y en el fascismo de Mussolini la razón de su revolución social.
Uno de los ejemplos más significativos de este tipo de análisis acerca de la base social del fascismo en Gramsci lo podemos encontrar en el artículo Il popolo delle scimmie (El pueblo de los monos), publicado en el “L’Ordine Nuovo” de 2 de enero de 1921 [8]. En este artículo él describe la trayectoria de la pequeña burguesía italiana desde los años ochenta del siglo XIX hasta el nacimiento del movimiento fascista. Con el desarrollo del capitalismo financiero esta clase perdió su función en la producción, volviéndose “pura clase política”, especializada en el “cretinismo parlamentar”, sea con el giolittismo, sea con el reformismo socialista. A esta degeneración de la pequeña burguesía corresponde aquella del Parlamento, convirtiéndose en una casa de discusiones demagógicas y escándalos, un medio para el parasitismo. Un Parlamento corrupto que inspira desconfianza y pierde progresivamente prestigio entre las masas populares, llevándolas a localizar en la acción directa de la oposición social el único instrumento de control y presión para afirmar la propria soberanía contra los arbitrios del poder. Es así que el intelectual de Cerdeña interpreta la semana roja de junio de 1914. A través del intervencionismo, del nacionalismo de D’Annunzio y del fascismo, la pequeña burguesía imita a la clase obrera y baja a las calles [9].
A precipitarse los acontecimientos, con la difusión de las violencias fascistas en el país, Gramsci escribe el importante artículo Sovversivismo reazionario («L’OrdineNuovo», de 22 junho de 1921, 1, n. 172), que fija uno de los principales retratos ideológicos de Mussolini, en el momento de su estreno parlamentar, cuando reivindicó su origen subversivo. Según el dirigente comunista, sería preciso una rigurosa investigación para filtrar el mito de Mussolini y re colocarlo en su justa dimensión humana y política. Entre sus argumentaciones estaba la exacta auto-definición de Mussolini como blanquista de primera hora. El blanquismo era la teoría social del golpe de mano de una minoría armada, dominadora, y tanto el Mussolini subversivo como aquél reaccionario encontraban un punto de absoluta continuidad con exterioridad ideológica de esta doctrina, la “idea de revolución sin programa”. En este punto, no existía diferencia entre el Mussolini socialista, protagonista de la semana roja en el año 1914, y aquél de las expediciones de las escuadras reaccionarias fascistas [10].
Entre sus intervenciones más significativas y representativas que hizo seguramente está el discurso titulado Origen y finalidad de la ley sobre las asociaciones secretas, unas de las piezas fundamentales de conexión entre su producción antes y después de la cárcel sobre el tema fascismo/clases dirigentes. Se trata del discurso pronunciado a la Cámara de diputados el 16 de mayo de 1925, contra el proyecto de ley Mussolini-Rocco, que se proponía eliminar la masonería.
Entre otras, aquí encontramos una cuestión particularmente importante: esa ley según Gramsci era la prueba de que el régimen no consiguió fascistizar toda la burguesía y el aparato del Estado. Eso confirma la insatisfacción de Gramsci para las lecturas simples y superficiales que describen un único frente monolítico y orgánico de las clases dominantes atrás del fascismo. El Fascismo quería ejercer esa función de dirección centralizada, pero aún había contradicciones, por lo tanto, la eliminación de la masonería, que aún congregaba parte significativa de la burguesía, era funcional a esa tarea. La masonería, dadas las modalidades de unificación nacional y la debilidad de su burguesía, aparecía para Gramsci como el único partido real y eficiente que las clases dirigentes italianas tuvieron por mucho tempo. La masonería fue el principal instrumento a través del cual la burguesía defendió la creación del nuevo Estado unitario liberal contra las amenazas provenientes del Vaticano y de su brazo armado en el país, esto es, los jesuitas, atrás de los cuales se concentraban todas las fuerzas más reaccionarias del país, tanto en el Norte como en el Sur. La masonería, por tanto, era la organización y la ideología oficial de la burguesía italiana. Declararse antagónico a ella significaba afirmar estar en contra de su principal tradición política y mismo con el Risorgimento, impensable sin su presencia y centralidad.
Otro punto fundamental acerca del tema del fascismo que conecta la producción de Gramsci antes y después de la cárcel, lo encontramos en las famosas Tesos del Congreso de Lyon, consideradas el eje del giro político de la acción comunista en Italia en relación a la concepción de partido y de análisis de la sociedad [11]. En ambos casos, estamos delante de la superación completa de las Tesis elaboradas por Bordiga en el Congreso de Roma de marzo de 1922, que se revelaron totalmente incapaces de comprender el peligro fascista, así como de construir una adecuada resistencia comunista a su ascenso.
En las Tesis la debilidad del Estado y de la estructura social que lo soporta encuentra orígenes bien definidos, representando ya una anticipación de la lectura de la Cuestión meridional y de los Cuadernos de la Cárcel. Italia se tornó Estado unitario principalmente por la concomitancia de situaciones favorables a nivel internacional, utilizadas con inteligencia por los liberales de Cavour. El fortalecimiento del Estado nacido del Risorgimento aconteció a través de un compromiso entre el capitalismo industrial y las clases propietarias (latifundistas y pequeña burguesía), y sobre las cuales la nueva nación podía ejercer una hegemonía muy limitada [12].
El compromiso, base de la unidad nacional y que sustentaba el bloque histórico de las clases dirigentes, tenía su fundamento en el desarrollo desigual entre Norte y Sur, razón por la cual el enriquecimiento del primero era inversamente proporcional al empobrecimiento del segundo. Este tipo de desarrollo aparecía para las poblaciones meridionales como una situación colonial, asumiendo la grande industria septentrional el papel de las metrópolis capitalistas. Los grandes propietarios agrarios y la pequeña burguesía del Sur tenían la misma función de las camadas sociales que en las colonias se aliaban a las metrópolis para conservar la condición de subalternidad de las clases trabajadoras. Desde los orígenes del Estado unitario, la tarea de las clases dirigentes fue exactamente conservar esta condición de sujeción de los subalternos. Pero en una perspectiva histórica más amplia, este compromiso acababa por mostrarse inadecuado, pues representaba un freno al pleno desarrollo de las fuerzas productivas, presentándose como el principal fermento de movilización de las masas contra el Estado.
El fascismo encuentra una unidad ideológica y organizativa en las formaciones paramilitares que heredan la tradición del “arditismo” y lo aplica a la guerrilla contra las organizaciones de los trabajadores. Para las Tesis, el fascismo realiza su plan de conquista del Estado con la mentalidad del “capitalismo naciente”, aquella que proporciona a la pequeña burguesía una homogeneidad ideológica en contraposición a los viejos grupos dirigentes [13].
Todavía, con la toma del poder, el método fascista de defensa del orden, de la propiedad y del Estado no consigue llevar adelante, pronta y totalmente, este nivel de centralización de la burguesía. Por el contrario, la traducción política y económica de sus propósitos produce muchas resistencias en las propias clases dirigentes. Las dos vertientes tradicionales de la burguesía liberal italiana no se dejan doblar totalmente con el ascenso al poder del fascismo. Eso explica la lucha contra los grupos no asimilados e contra la masonería. En el plano económico, el fascismo trabaja totalmente a favor de las oligarquías industriales y agrarias, frustrando las expectativas de su verdadera base social. Eso acontece en las políticas comerciales, con el proteccionismo, en la política financiera, con la centralización del sistema de crédito bancario en total beneficio de la gran industria, en la productividad, con el aumento de los horarios de trabajo y la reducción de los salarios. Sin embargo, el verdadero punto de llegada del fascismo está en la política externa y sus aspiraciones imperialistas, en relación a las cuales las Tesis describen una idea que irá a concretarse catorce años después.14.
El plan de estudio de los Cuadernos de la cárcel
Ya en el primer Cuaderno aparece analizado un tema que es orgánico a toda la obra de Gramsci, como es, la debilidad de las clases dirigentes italianas: la interrupción en el desarrollo de la civilización comunal y la falta de la formación de un Estado unitario moderno, los límites del Risorgimento, la ausencia de una dialéctica parlamentar en la edad liberal, el fenómeno del transformismo. Este último, para Gramsci, no es apenas un problema de las malas costumbres políticas, sino un preciso proceso de cooptación con el cual, del Risorgimento al fascismo, las clases dominantes consiguieron la consolidación de su poder por medio de la decapitación de los grupos opuestos al Estado. Estos análisis, que esbozan los términos de una “biografía nacional”, son esenciales tanto para la historia como para la Ciencia política, y en ellas están contenidas algunas tendencias que cíclicamente se repiten en la vida política italiana, especialmente en sus períodos de crisis. Sin embargo, la originalidad que ellas encierran está en la definición del Estado como una sociedad civil bien organizada. Cada sistema de poder no se sustenta solo con la utilización de la fuerza, sino también a través del consenso, o sea, la capacidad de formar políticamente, culturalmente e socialmente lo que es consenso en la opinión pública. Y he aquí la función esencial de los intelectuales en una sociedad moderna, el gran tema de la sociedad civil, una función articulación en el ámbito de una esfera más amplia, también definida como Estado. En los Cuadernos de la cárcel, también las reflexiones sobre el proceso de la unificación nacional italiana, el Risorgimento, tienen una perspectiva en la cual las dinámicas de las conquistas hegemónicas, en particular a través de la producción historiográfica y de la acción ideológica de los intelectuales, son centrales.
A partir de esta dinámica, Gramsci destacó las modalidades de composición de las clases dirigentes, a través de un proceso de cooptación y absorción metódica de los nuevos elementos surgidos de las nuevas dinámicas sociales, lo cual marcó toda la historia de Italia, del Risorgimento al fascismo. De esta forma, también grupos inicialmente hostiles fueron progresiva y molecularmente absorbidos por los aparatos del Estado hasta tornarse un soporte de él. La hegemonía moderada sobre el Partito d’Azione es, para Gramsci, uno de los temas más paradigmáticos de la historia de las clases dirigentes italianas y constituye, de modo general, uno de da aquellos momentos cruciales para comprender la función de los intelectuales en la definición de las estructuras de hegemonía y dominación de una sociedad.
En los Cuadernos, el transformismo fue delineado como una de las formas históricas fundamentales de la dupla “revolución-restauración” o “revolución pasiva”, en la formación del moderno Estado italiano. El transformismo constituía un documento “histórico-real” de la naturaleza de los partidos que se presentaron como revolucionarios en la fase de la acción militante. De esta dinámica formaba parte la historia de las clases dirigentes italianas, del Risorgimento en adelante, y Gramsci la dividió en dos fases distintas: a) de 1860 a 1900, caracterizada por el “transformismo molecular”, con la absorción de numerosas personalidades políticas surgidas en los partidos democráticos de oposición a las bases de dominio de la clase política moderada y conservadora; b) de 1900 en adelante, con el pasaje de grupos enteros para el campo de los moderados y reaccionarios, como en el ejemplo del pasaje del sindicalismo revolucionario y de grupos anarquistas para las filas del nacionalismo, durante la guerra da Libia y, posteriormente, con el intervencionismo.
Esos conceptos son articulados a través de una perspectiva histórica de más amplio alcance en los apuntes del Cuaderno 10 titulado “Paradigmas de la historia ético-política”, según el cual, a través de la transformación del Estado y de la creación del corporativismo, el proprio fascismo producía cambios en la estructura productiva en dirección de la socialización y cooperación en la producción, sin afectar las modalidades individuales y privadas de apropiación del lucro. Concretamente, eso significaba que, por medio del fascismo, se buscaba un desarrollo de las fuerzas productivas industriales, sin quitar la dirección de las manos de las clases tradicionales, permitiendo así al capitalismo italiano salir de su crisis orgánica y competir con las potencias capitalistas detentoras del monopolio de materias primas y de mayor capacidad de acumulación [15].
Italia fue el punto neurálgico de la crisis de la civilización europea de pos-guerra, no siendo por lo tanto casual que el fascismo haya nacido allí. Y lo que hacen los Cuadernos es justamente analizar las causas y los efectos de este proceso. Cuando una clase pierde el consenso y deja de ser dirigente, limitándose a ser dominante a través del uso de la fuerza, significa que las grandes masas son destacadas de las ideologías tradicionales y de los valores de los viejos partidos. He ahí por qué Gramsci sintetiza la crisis que se abre después de la guerra con esta frase que se volvió muy famosa: “lo viejo muere y lo nuevo no puede nacer”.
Concluyendo, toda la obra de Gramsci (cartas, artículos, documentos políticos, notas) nos conduce a un cuadro orgánico íntimamente marcado por el drama del fascismo. Y en el estudio de esta obra es preciso saber identificar las diferencias cualitativas entre los materiales, como por ejemplo aquellos escritos antes y después del advenimiento del fascismo. Podemos afirmar que los Cuadernos son un trabajo más sistemático, que intenta volver a las causas más profundas del fascismo. Sin embargo, esta obra desarrolla y articula algunas intuiciones ya bien presentes en los escritos precedentes a su encarcelamiento. No son el fruto de un giro ideológico, ni, menos aún, el resultado de su alejamiento del mundo político al cual dedicó toda su existencia.
El fascismo era una forma moderna de poder autoritario en comparación con los viejos regímenes reaccionarios, dada su constante búsqueda del consenso popular y el uso hábil de la demagogia. El corporativismo cabía en esta exigencia y, no obstante su presencia desde el inicio del movimiento, es necesario no olvidar que la teoría del “tercer sistema” (ni comunismo, ni capitalismo) fue desarrollada solo después de 1930, con el objetivo de afrontar la crisis y el descontento popular, dadas las peores condiciones de vida y trabajo imperantes. La afirmación de la paridad entre capital y trabajo fue solo retórica y la exigencia de conciliar los intereses contrapuestos, en verdad mal escondía la tarea primaria de suprimir el conflicto social de la subjetividad política de los trabajadores.
La característica más moderna del proyecto autoritario del fascismo está en la capacidad de abrir nuevas trincheras para la tarea de controlar las masas. Y aquí está el papel de las palabras de orden, orientadas a prospectar un futuro de grandeza. Por tanto, la habilidad de ejercer también dominio y dirección, hablando con categorías gramscianas: fuerza más hegemonía.
El hombre nuevo fascista no era un individuo convertido en consciente por si y patrón del propio destino, sino el ciudadano-soldado, que vacía la propia individualidad para dejarse absorber integralmente en la comunidad totalitaria [16]. Por eso el régimen centralizó las funciones de la educación con la reforma escolar realizada por el filósofo fascista Giovanni Gentile. Y organizó estructuras como los “hijos de las lobas” y los jóvenes balilla para niños y jóvenes, grupos de universitarios fascistas, los littoriais de la cultura, la obra del pos-trabajo fascista y muchas otras articulaciones con la tarea de garantizar siempre una participación pasiva en la vida política y cultural del régimen. El fascismo es una forma nueva y moderna de régimen autoritario, típica de una fase histórica marcada por la política de masas, porque se impone la tarea de involucrar el pueblo en todas las manifestaciones de existencia y autorrepresentación del régimen, organizando todos los aspectos de la vida individual en función del interés nacional. El fascismo invirtió grandísimos recursos para desarrollar una industria autónoma de cine nacional, capaz de difundir valores culturales independientes del padrón de la otra gran industria mundial, la de Estados Unidos. Así fueron creados los grandes estudios da Cinecittà e la Muestra Internacional de Cine de Venecia, lanzando los fundamentos de una gran tradición que encontró su fase de mayor éxito y desarrollo después de la Segunda Guerra Mundial. El aspecto más moderno del fascismo es exactamente la utilización de los instrumentos de la comunicación de masas, cine, radio, periódicos, artes figurativas, para construir el consenso y el mito de la invencibilidad del Duce. Para eso es constituido el Ministerio de la Cultura Popular, Prensa y Propaganda, que será a inspiración fundamental para el régimen nacional-socialista de Hitler y en particular de su propagandista Goebbels.

31
Oct
18

LGBTI y sus derechos …

LA DERECHA HERRERISTA, EL DEMAGOGO DEL GUAPO Y LA AGENTE DE MISIÓN VIDA, NO VOTAN POR LA LIBERTAD

¿DERECHOS PARA LA COMUNIDAD LGBTI ? nooooo …

El derecho humano a vivir en libertad

escribe:  Hugo Acevedo / analista  

La aprobación del proyecto de Ley Integral para Personas Trans comporta un nuevo hito histórico en materia de consecución de derechos, que coadyuva a profundizar aun más una democracia cada vez más inclusiva.
Esta norma constituye un nuevo avance y transformación cualitativa en el ejercicio de las libertades, en una sociedad tradicionalmente pacata y de fuerte raigambre conservadora.
Aunque esta ley suscite rechazos y controversias representa el sentir de miles de personas, quienes, el pasado 28 de setiembre, se expresaron en el marco de la Marcha por la Diversidad.
Ese día, casi cien mil uruguayos manifestaron su inveterada voluntad de seguir luchando por la obtención de nuevas conquistas sociales, bajo el lema “¡Ley trans ya!”
No todos los participantes en la multitudinaria demostración militan en la comunidad LGTBI. También se observó a otras personas sin pertenencia a dicho colectivo, marchar portando pancartas y entonando cánticos de reclamo.
Esta demanda excede explícitamente a las personas identificadas con dicha condición y se proyecta a una sociedad que -mal que les pese a los reaccionarios de siempre- clama por más y mejor democracia.
La sanción de esta iniciativa parlamentaria en el Senado, únicamente con los votos del Frente Amplio y del Partido Independiente, es otro mojón en la construcción de un nuevo tiempo.
No en vano, la aprobación de las leyes de matrimonio igualitario, de unión concubinaria, de identidad de género y de despenalización de la interrupción voluntaria del embarazo durante los gobiernos progresistas, ubicó a nuestro país a la vanguardia en materia de derechos a nivel mundial.
En efecto, estas prerrogativas habilitaron nuevos ámbitos de interacción social para grupos recurrentemente oprimidos, segregados y estigmatizados, como las mujeres y los homosexuales.
Los cavernícolas que hacen gárgaras con la palabra democracia y la suelen vaciar de contenido, no comprenden que no hay democracia sin inclusión, igualdad y respeto por el diferente.
La aprobación de este nuevo marco normativo que favorecerá a las personas trans, confirmó, una vez, que la derecha política sigue aferrada a un statu quo realmente perimido.
No en vano la discusión en el pleno senaturial fue tan intensa como extenuante, en un ámbito que enfrentó dos concepciones radicalmente diferentes de la libertad como bien supremo e inalienable, en todo estado de derecho que se precie de tal.
En la oportunidad, quedaron explicitadas posturas filosóficas irreconciliables, entre quienes realmente creen en la inclusión social y jurídica sin cortapisas y los que buscan atajos políticamente correctos para no traicionar sus tradiciones conservadoras.
Lo realmente contradictorio es que varios voceros de la oposición que manifestaron compartir el espíritu de la ley, no la acompañaron con su voto y hasta pretendieron justificar su actitud de prescindencia ante un tema de suma gravedad.
Tal vez el caso más patético sea el de la senadora y precandidata blanca senadora Verónica Alonso, quien afirmó que “hoy hay discriminación ética y social. El trato digno no se logra con leyes, sino con respeto e inclusión a las personas cualquiera sea su posición”, dijo.
Según la parlamentaria, la ley no consagra derechos sino beneficios. Esto confirma la discriminación. “No comparto que el Estado pague por beneficios”, expresó.
Aunque pueda ser una discusión de naturaleza semántica, Alonso parece no comprender que, en este como en otros tantos casos de segregación, los beneficios generan a su vez derechos.
No esperamos que entienda este tema alguien que integra un partido político ultra-conservador y con religiosos ortodoxos como aliados estratégicos, que siempre pregonó y aplicó políticas anti-populares y de talante regresivo y represivo.
Contrariamente a lo que Alonso y sus compañeros derechistas afirman, la proyectada ley no otorga privilegios. Aunque hay una modesta reparación económica, no olvidemos que la comunidad transgénero ha sido demonizada desde siempre.
No en vano la esperanza de vida de las personas que están en esa situación es de apenas 35 años, más del 67% tiene o tuvo que prostituirse para sobrevivir, casi el 88% no culminó estudios de Educación Media, el 25% tiene que abandonar su hogar porque es segregado hasta por su propia familia y el 18% no asiste a un centro de salud por temor a la discriminación.
Nadie en su sano juicio puede pensar que estas personas son privilegiadas y, mientras no exista un instrumento legal que las ampare como es obligación y responsabilidad del Estado, seguirán siendo objeto de una flagrante violación de sus derechos humanos.
Si será impresentable la derecha que en la votación de la cámara baja, algunos legisladores de la oposición votaron la ley. Nuevamente, afloró la demagogia como estrategia electoral, propia de reaccionarios que se maquillan y se disfrazan de demócratas aunque sus actitudes lo desmientan.

30
Oct
18

el frente amplio o la derecha neoliberal y restauradora de Lacalle pou

LA DERECHA PARASITARIA, LA QUE NUNCA TRABAJÓ EN VIDA NI REGISTRA APORTES EN BPS, CUESTIONA A UN LABURANTE DE VERDAD, REAL Y FRENTEAMPLISTA

Oscar Andrade, de panadero y obrero a presidente

escribe: Enrique Ortega Salinas Escritor uruguayo e investigador de Técnicas para el Desarrollo de la Inteligencia.

Arranca sin grandes capitales para la campaña y con poco apoyo orgánico; pero su candidatura emerge desde las entrañas mismas del Frente Amplio.
Lo apoyo, no solo porque representa la renovación generacional, sino porque ha predicado con el ejemplo. Lo apoyo porque su carisma y capacidad para el debate serán imprescindibles en la dura batalla electoral que se avecina. Lo apoyo no tanto por su incuestionable coherencia, sino porque me obliga mi propia coherencia y creo que representa fielmente los principios fundacionales del Frente Amplio.
Lo apoyo porque quiero un presidente que le llame pan al pan y vino al vino.

Lo apoyo porque quiero un presidente que sea garantía de austeridad y coraje, ese coraje que se necesita para decir a la OEA lo que la OEA merece escuchar.
Si luego de las internas hay que apoyar a Carolina o Daniel, lo haremos con gusto; pero primero lucharemos para colocar en el contexto internacional a esta versión joven de Mujica.
A los pocos minutos de que su nombre sonara entre los precandidatos frenteamplistas los misiles apuntaron a su cabeza. Primero lo acusaron de ser un vago y luego de ir de traje al programa Todas las Voces y de camisa y remera al acto del 1º de Mayo. Uno pensaría que la última crítica es de Mirtha Legrand o de una señora que se ha hecho conocida en Uruguay por criticar los zapatos de Lucía, hablar pestes de Viglietti el mismo día en que la familia lloraba su muerte, publicar una foto de una fastuosa residencia del hijo de Lula cuando en realidad se trata del campus de la Escuela Superior de Agricultura perteneciente a la Universidad de Sao Paulo, y sostener que todo el mundo la envidia porque ella es brillante… pero no. La crítica viene de más abajo, económicamente hablando. Y es que la mayor habilidad de la derecha es la de poder lavar el cerebro de buena parte de las clases baja y media y lograr que odien a los que defienden sus intereses.
Los trabajadores de derecha siempre están dispuestos a votar al patrón o al “patroncito” (su hijo) que estudió en la madre patria, o sea, en Estados Unidos, y ya es todo un doctor, no importa en qué. Eso sí, odian a los que hablan de sindicalizarse y reclamar por sus derechos, porque los comunistas son la encarnación del flaco de allá abajo.
La verdad que como vago, Oscar es un desastre ya que con 12 años, en 1987, hizo su primera zafra en la quinta de Rosselo; con 13 años en lo Vicentin, con 14 en la granja Zanelli y con 15 repartió gas en Acodike. Hasta ahí, yo jamás trabajé.
De los 15 a los 18 años fue panadero en la Primer Centenario y la Panadería Colón.
De 1994 a 1997 trabajó en G y M Instalaciones y el resto de 1997 en R y S Construcciones en la ampliación de la escuela 195 en Pando. Entre 1998 y 1999 en los estacionamientos del Punta Carretas con Atijas Weiss. En el 2000 en la obra de La Pasiva en Gral. Flores y Luis Alberto de Herrera para el arquitecto Reherman. En 2001 en un convenio de áreas verdes con la Intendencia de Montevideo hasta 2002. En 2003 estuvo desocupado como decenas de miles de uruguayos; pero hizo changas en panadería, en la construcción y en el puerto. De 2004 a 2007 trabajó en cuadrillas de obras de vialidad. De 2009 a 2012 en la refinería de La Teja. De 2012 a 2014 en Montes del Plata y en 2015 asumió como diputado.
Una vergüenza para los que como yo, que soy escritor, odiamos laburar.
Ahora, lo más curioso de todo esto es que quienes lo critican con más crudeza, votaron a un candidato que siendo un año mayor que él, jamás conoció el ejercicio de marcar tarjeta.
Por si fuera poco, el derechista Eduardo Carzolio colgó en su Facebook, con muy mala leche, un debate inexistente entre Oscar y el Dr. Canessa, según el cual el sindicalista le habría dicho al sobreviviente de la tragedia de Los Andes: “Usted no sabe lo que es pasar hambre”. Gente que no vio el debate lo tomó como cierto y comenzó a denostar a Andrade en el medio de comunicación más poderoso del planeta: Facebook. El debate sí existió y explotó por la propuesta de Canessa de levantar un muro trumpeano en torno a los barrios periféricos y fichar a quienes viven en los asentamientos, lo que básicamente concluyó con este intercambio:
Canessa: Tú te desgarrás la camisa, siempre salís con la bandera de los pobres.
Andrade: ¿Sabés cuál es la diferencia, Roberto? Podés hablar de la pobreza o desde la pobreza. Son dos perspectivas distintas. A mí no me vas a decir lo que es vivir en una villa que está complicada pa´ que los gurises puedan comer en un merendero.

Canessa: ¡De hambre sé mucho más que vos!
El trol Eduardo Carzolio le hizo un pequeño cambio al guion y puso en boca de Oscar una frase que lo expuso al escarnio. Esperemos que no crezca en las encuestas, sino van a decir que le pega a su mujer.
Habrá que estar atentos, porque ya le colocarán un muerto en la heladera a Daniel, un hijo abandonado a Oscar o pecados inconfesables a Carolina y a todo el que pueda ser una amenaza para sus pretensiones de hacer retroceder al Uruguay a la época del tarjetazo, el dedazo, las licitaciones amañadas, las leyes forestales que solo beneficiaban a los campos de los Lacalle, los Pou y los Heber, a los bancos fundidos, al de Focoex y los expedientes comidos por ratones, al apaleamiento de trabajadores, al de los menores tirados en el Consejo del Niño como si fueran delincuentes, al del Uruguay en que solo entrabas a un empleo público si pertenecías al partido de gobierno y al de las jubilaciones conseguidas con o sin aportes a cambio de la militancia en un partido tradicional.
En 2017 la vicepresidente argentina Gabriela Michetti y el asesor Jaime Durán Barba, fueron denunciados penalmente en la Justicia federal, por el montaje de una red de trols oficialistas financiados con fondos públicos del Senado con el objetivo de destruir opositores. Habrá que estar en Uruguay juntos y firmes como murallas, porque quienes le pidieron consejo a este inmoral tienen dinero, poder y medios de comunicación influentes que van refinando sus estrategias de manipulación masiva.
Habrá que estar despiertos, porque la canalla nunca duerme.

29
Oct
18

no se deje engañar, debe ganar el frente amplio …

EL FRENTE AMPLIO MEJORÓ NOTORIAMENTE LA CALIDAD DE VIDA DE TODOS LOS URUGUAYOS

AUNQUE la DERECHA HERRERISTA y TODO el PARTIDO ROSADO, NOVICK Y EL PI de MIERES, MIENTAN y lo NIEGUEN, URUGUAY es el UNICO PAÍS de la REGION con ÍNDICES de POBREZA MENOR a 10% e INDIGENCIA CASI INEXISTENTE.

escribe: Fernando Gil Díaz Ultima actualización Oct 18, 2018 

Uruguay se destaca en la región por ser el único país con menos del 10% de pobres (7,9%) y una indigencia casi inexistente. Fruto de sus políticas de redistribución, baja inflación, mejora del salario real y crecimiento sostenido, es envidia de potencias vecinas como Argentina y Brasil, que no pueden mantener ciclos de crecimiento continuo como este pequeño rincón del sur latinoamericano.
Hace tiempo que se terminó el viento de cola y si bien ha habido variantes en algún indicador como el desempleo, llevamos 15 años ininterrumpidos de crecimiento económico que le hacen merecedor del respeto internacional.
Claro que fronteras adentro no parecen darse por enterados y un día tras otro sueltan titulares que auguran crisis que no llegan a concretarse nunca. Sin embargo, si algo parecen confirmar esos datos económicos es que la violencia no es producto de la pobreza sino que -por el contrario- esta parece venir atada al crecimiento de esos indicadores que no logran derramar su virtuosismo a un núcleo duro autoexcluido que hace del delito su medio de vida…
Sin correspondencia
El falso concepto de asociar la delincuencia con la pobreza se da de narices con los datos incontrastables de una economía como la uruguaya con registros de crecimiento ininterrumpido. Pues de ser así no deberíamos tener los registros de encarcelados que ostentamos en los que Uruguay también bate un triste récord con una de las tasas más altas.
En efecto, si la pobreza se reduce a un dígito y la indigencia tiende al cero, ¿cómo se explica el aumento de la delincuencia? ¿Y el de la violencia?; esa misma violencia adicional que nos inunda cada día con titulares no deseados y que responde a una inexplicable realidad de sectores de la población a los que esos indicadores no les impacta.
Lo que por un lado puede leerse como eficacia en la represión del delito también es un contrasentido pues con una economía en expansión, la mejora del salario real en forma constante y sostenida, no termina de explicar la existencia de esos bolsones de exclusión que llevan a un sector importante de nuestra población a vivir al borde del pacto social haciendo del delito su medio de vida.
No es la pobreza -entonces- la razón principal de una violencia empecinada en multiplicarse y afianzarse en una sociedad que se resiste a aceptarla sin restricciones de ningún tipo. Por el contrario, cuando un país atraviesa un ciclo virtuoso como el que vive Uruguay hace más de una década y media, deberían verse otros resultados y en cambio los delitos se disparan en una escalada de violencia que es imperioso revertir.
Se impone, entonces, un diagnóstico certero que explique y encuentre respuestas a un estado de situación que muestra una cara siniestra de la sociedad uruguaya donde se disparan los homicidios y los delitos más violentos.
¿Pacto o impacto?
¿Falta algo al pacto social que nos congrega o acaso falta un impacto que produzca un efecto tal que movilice los cambios? Todo parece indicar que el pacto sigue vigente pero solo para algunos, otros no parecen sentirse interpelados por ningún acuerdo y vulneran reglas e imponen las suyas en una especie de anarquía propia. Viven al día, no se imaginan un futuro para el cual proyectarse, transcurre el presente a un ritmo de vértigo que no permite demoras ni contradicciones. “Lo quiero ahora y a cualquier precio, aún el de la vida propia, cuanto más la ajena…”.
El camino fácil, ese que impone la obtención de un objeto o un ritmo de vida lleno de lujos y ostentaciones parecen ser el móvil principal que guía a estos colectivos que conforman una verdadera subcultura marginado-delincuente.
Hoy se visibilizan hechos que fueron germinando durante mucho tiempo, seguramente demasiado, pero a los que el Estado ha dado señales de no estar dispuesto a permitir, haciendo el ejercicio de la autoridad que tanto reclaman los mismos que durante décadas dejaron hacer y crecer esos espacios que eclosionaron hoy.
Y ello fue posible -también- por la construcción de una nueva organización policial, dotada de instrumentos tecnológicos de última generación, y una capacitación que le permite desplegar acciones de inteligencia que arrojan resultados sin necesidad de disparar un solo tiro.
La aparición de grupos criminales con un alto nivel de organización y capaces de acciones como los desalojos compulsivos junto al intento de apropiarse de los territorios donde se cobijan, encontraron la rápida y contundente respuesta del Estado que no está dispuesto a permitir ese tipo de acciones. Y la consecuencia de esa acción pública no fue otra que la recuperación de la confianza en los actores que devolvieron la pacífica convivencia de los barrios violentados. Hoy los vecinos confían en las autoridades y están dispuestos a profundizar los cambios aportando información de calidad que impida el resurgimiento del accionar de dichos grupos.
El impacto ya se aprecia en barrios como Casavalle, donde los servicios públicos retomaron una rutina que jamás debieron abandonar, donde se empieza a respirar barrio y los vecinos empiezan a apropiarse de espacios que nunca debieron perder.
Las acciones coordinadas entre varios actores públicos son una clara señal de un camino a recorrer que empieza a transitarse para beneficio de muchos. El barrio es nuestra casa, ese rincón donde se construye ciudadanía, y se dan las primeras relaciones de una convivencia que no admite situaciones como las vividas. Hoy se empezó a recorrer el camino de la restauración de valores en muchos rincones donde el crimen creyó ser dueño de las vidas de las personas que allí vivían pero se encontró con la respuesta de un Estado que no está dispuesto a permitir ningún exceso.
No será fácil erradicar definitivamente a la violencia de nuestra sociedad, es una enfermedad que se reproduce de forma silenciosa y que se manifiesta de manera inesperada muchas veces, pero respuestas como estas son una señal inequívoca que hay que mantener y profundizar para que el barrio vuelva a ser lo que nunca debió dejar de ser, una extensión de nuestra propia casa.

29
Oct
18

bolsonaro y el fascismo …

BOLSONARO, CANDIDATO DE LA CLASE SOCIAL DOMINANTE BRASILEÑA; UN FASCISTA DE VECINO.

La política de la bota: la nueva exigencia neoliberal

escribe: Joaquim Ernesto Palhares / La Diaria 

Brasil eligió ayer un gobierno notoriamente fascista, y no sólo un gobierno de extrema derecha como puede verse en Estados Unidos, Italia, Polonia y, quizá, Francia y Argentina. Es un gobierno que no respeta las instituciones, sustentado en un discurso militar y en la práctica de la violencia.
El domingo 21 Jair Bolsonaro anunció que iba a “barrer del mapa a esos bandidos rojos”. O sea, a nosotros. Con todas las letras, el mesías del oscurantismo afirmó que “se van para afuera o van a la cárcel”. Se trata de un discurso esencialmente militar, para el que no existen adversarios políticos sino enemigos que deben ser eliminados. Es una visión totalitaria y antidemocrática. En manos de Bolsonaro, Brasil podrá volverse un experimento fascista en el corazón de América Latina y cambiar completamente la concepción de política que teníamos hasta ahora. Nuestro modelo político cambiará a una especie de “política de la bota”, regida por los ritos de continua humillación de la jerarquía militar y de obediencia ciega al líder supremo. Quien quiera apoyo deberá arrodillarse sobre el maíz y jurar fidelidad eterna.
La falta de respeto hacia las instituciones democráticas es el modus operandi de esta política de la bota, que busca someter a todos –partidos, parlamentarios en general, sindicalistas, estudiantes, movimientos sociales, incluso al Poder Judicial– para hacer de Brasil un experimento de diseminación de gobiernos fascistas en América Latina. De la mano de Paulo Guedes, Bolsonaro tiene a Donald Trump como su líder.
Frente a la crisis de 2008, el ex presidente estadounidense Barack Obama no consiguió llevar adelante todas las propuestas que impulsó, y contribuyó incluso con el crecimiento vertiginoso de China, que recibió a varias empresas estadounidenses. Mientras tanto, Brasil emergía como un modelo completamente diferente de gobierno, apoyado en la inversión pública y las políticas sociales, creando un cinturón de protección social que llevó, con Lula, a enfrentar la crisis. Parece increíble que ese mismo modelo, considerado exitoso en todo el mundo, fuese vilipendiado por los golpistas.
Con el eslogan “América para los americanos” y una campaña sustentada en noticias falsas, como las que vimos en nuestro país, Trump asumió el gobierno de la –todavía– mayor potencia mundial. Ignorando a Brasil, de forma vergonzosa para Temer y compañía, eligió a Argentina como su principal interlocutora debido a sus vínculos con la familia del presidente argentino Mauricio Macri, con lo que convierte la relación norte-sur en una conexión entre Washington y Buenos Aires. Ahora que la victoria del socialdemócrata Andrés Manuel López Obrador en México no lo favorece, Trump podrá tener como interlocutor de su política para las Américas a la figura absurda de Jair Bolsonaro.
En cuanto a los campos de la izquierda y del progresismo, no hay novedades. Bolsonaro quiere la extinción de los partidos de izquierda, de los movimientos sociales y de los sindicatos. Y la sumisión ciega de las fuerzas de seguridad y del propio Poder Judicial. La democracia agoniza y, estupefactos, descubrimos que es un valor en el que la población brasileña no cree. Los electores que hoy tienen 40 años eran niños en 1980. La gran mayoría, como demuestra el voto a Bolsonaro, creció alejada del significado de la lucha democrática, lo que prueba que deberíamos haber radicalizado mucho más la democracia para crear un clima de respeto a las leyes.
Con un discurso abstracto, Bolsonaro conquista el apoyo de la clase media, en especial de la clase media-alta, aquella que no verá su vida alterada. Seguirá yendo a Miami, comprando inmuebles y vehículos, mandando a sus hijos a escuelas privadas. Personas totalmente alejadas de los valores democráticos, que entienden la democracia simplemente como el derecho a votar a este o aquel candidato. Finalmente, si 73% de la población defendiese la democracia, como señalaba Datafolha, Bolsonaro no habría siquiera pasado a la segunda vuelta.
El Poder Judicial, débil, desmoralizado, incapaz de hacer valer la ley y de garantizar condiciones igualitarias en la disputa electoral, dejó más de una vez de cumplir con su deber constitucional y permitió que millones de brasileños cayesen presos del fascismo que rechaza el debate, incita a la violencia y se basa en la construcción de enemigos internos, como los “rojos” o los “comunistas”.
Esa deconstrucción de la política, que contó con el apoyo de los grandes medios de comunicación, notoriamente de Globo, continúa. Si fuese un medio comprometido con la democracia, la red Globo debería haberle garantizado al candidato del Partido de los Trabajadores, Fernando Haddad, por lo menos la mitad del tiempo de debate. Cuando Bolsonaro se niega a debatir, también está impidiendo que otro hable. ¿Y qué decir del comportamiento de la Red Record, que mientras tenía lugar el debate en la primera vuelta electoral, en el mismo horario optó por una nota exclusiva con Bolsonaro?
No vamos a evitar este problema con discusiones en las redes sociales. Necesitamos fortalecer los medios alternativos con recursos para que puedan fomentar el debate junto a la sociedad el año próximo. Si no, ¿quién criticará al gobierno fascista de Bolsonaro? Para enfrentar la política de la bota necesitamos argumentos sólidos y no sólo textos de Whatsapp y Facebook. Las personas necesitamos entender lo que sucede en el mundo. Lo que está pasando en Brasil no es una política aislada: somos testigos de un cambio profundo en la política latinoamericana y mundial. El neoliberalismo expulsó a la democracia.

28
Oct
18

frente amplio

EL FRENTE AMPLIO DEBE VOLVER A SER GOBIERNO;  LA DERECHA REACCIONARIA, OLIGARCA Y DE LA BURGUESÍA ENTREGUISTA, SOLO TIENE UN PLAN; RESTAURAR EL NEOLIBERALISMO QUE HUNDIÓ AL PAÍS Y SU GENTE.

Tiempo de relevos en el FA

Los movimientos en el tablero del Frente Amplio (FA) se proyectan más allá de la definición de su candidatura a la presidencia de la República; comienzan a perfilarse relevos de liderazgo en los niveles más altos. El gran desafío para el oficialismo es que este proceso, quizá tardío, se produce en forma simultánea con su campaña electoral más difícil de este siglo.
El ascenso al primer plano de Danilo Astori y Tabaré Vázquez se produjo en 1989; el de José Mujica, a partir de 1994. Desde entonces, y durante casi un cuarto de siglo, el poder dentro del FA se ha concentrado en ellos tres, con su fuerza política en el primer lugar de las preferencias ciudadanas y sin que hubiera, en los hechos, sector u organismo frenteamplista capaz de mandatarlos. Pero hoy Vázquez y Astori tienen 78 años, y Mujica, 83. El primero no puede ser reelecto, el segundo no volverá a intentar ser presidente debido al escaso apoyo a su precandidatura en las encuestas, y el tercero insiste en que tiene decidido no postularse, pese a que unos cuantos seguidores suyos no pierden la esperanza de que lo haga.
La sucesión de estas grandes figuras es compleja. En las cercanías de Mujica y Astori hay dirigentes con importante potencial, pero no han logrado alcanzar posiciones de relevancia nacional comparables con las de sus líderes, y tampoco consenso interno en sus sectores. Vázquez, proveniente del Partido Socialista (PS) pero sin protagonismo en él como dirigente desde antes de 1989, mantuvo luego una gran autonomía y se desafilió en 2008, cuando el sector rechazó su veto a la despenalización del aborto. El ascendente Daniel Martínez no es, por lo tanto, un relevo del actual presidente en el PS.
Cuando el Frente Líber Seregni discute sobre a quién apoyará en las internas del FA y vincula esto con la posibilidad de que sea suya, por primera vez, la candidatura oficialista a la Intendencia de Montevideo, ya está discutiendo también quién puede ser el sucesor de Astori al frente del sector, y hay más de un aspirante. En el Movimiento de Participación Popular, donde muchos habían apostado por Raúl Sendic, la ausencia de un precandidato propio puede comprometer el futuro electoral. El PS cierra filas tras Martínez, pero está por verse que eso resuelva las discrepancias internas que arrastra desde hace años.
En el resto del FA hace tiempo que no emergen figuras con potencia suficiente como para que se formen, en torno a ellas, nuevos sectores capaces de incidir en el primer nivel, como sucedió con Mariano Arana en 1989 y con Astori en 1994. El único proceso similar reciente fue el liderado por Constanza Moreira, con resultados menos exitosos. Y sin sectores poderosos detrás, se hace cuesta arriba disputar una interna, como lo ha comprobado el ministro Ernesto Murro.
Si el FA logra resolver bien las sucesiones y acceder por cuarta vez consecutiva al gobierno nacional quedará muy bien parado para seguir adelante, mientras que la oposición habrá perdido una gran oportunidad y afrontará, a su vez, la necesidad de una profunda renovación interna. Entre otras cosas, porque si ese cuarto gobierno no tiene mayoría parlamentaria propia, como parece probable, las reglas del juego cambiarán para todos.

NOTA: La Diaria
27
Oct
18

Brasil y bolsonaro

LAS DERECHAS EN EL RÍO DE LA PLATA, FESTEJAN EN SILENCIO EL PROBABLE ASCENSO DEL FASCISTA

Prefacio para un desastre

escribe: Atilio A. Boron
Rebelión

Habrá que luchar hasta el final, pero la victoria de Jair Bolsonaro parece ya la crónica de una muerte anunciada. Y la palabra muerte está bien usada porque eso es lo que representa este personaje de la “lumpen-política” que durante casi 28 años pasó desapercibido en el corrupto Congreso brasileño. Muerte cuando propuso entrar con un “lanzallamas” al ministerio de Educación para erradicar hasta el último vestigio de las enseñanzas del gran educador Paulo Freire. Muerte porque bajo su égida habrá un considerable refuerzo del autoritarismo en la escuela y en la sociedad, y se librará una guerra sin cuartel al pensamiento crítico en todas sus variantes. Muerte porque ha prometido represión y cárcel para todos quienes representan el pasado petista, aunque no pertenezcan a ese partido. Declaró en varias oportunidades que va a ilegalizar al marxismo y al “gramscismo” (aunque no dijo cómo) y que recortará drásticamente el presupuesto de facultades e institutos de investigación en ciencias sociales. Según este santo varón, su gobierno invertirá en ciencias “que produzcan cosas” (lavarropas, palas, tornillos, etcétera) y no palabras o ideologías.

Este verdadero troglodita, al que circunstancias fortuitas y un golpe de la Diosa Fortuna lo convirtieron en el casi seguro presidente de Brasil, fue favorecido con enormes sumas de dinero (por completo ilegales) una vez que la clase dominante brasileña cayó en la cuenta que los protegidos por Fernando H. Cardoso como candidatos del PSDB y la elite tradicional de Brasil agrupada en el PMDB eran repudiados o ignorados por el electorado. Pragmática e inescrupulosa como siempre la derecha llegó a la conclusión que si no se podía derrotar al lulismo con sus candidatos “democráticos” propios – tal como antes ocurriera con José Serra (dos veces) Geraldo Alckmin, y Aecio Neves- debía hacerlo con cualquiera que pudiera, aún cuando fuese un patético emisario rescatado de las cloacas de la dictadura que asoló al país por más de veinte años. Se ratifica por enésima vez que la derecha no tiene la más mínima lealtad hacia la democracia, como lo demuestra su apoyo a Bolsonaro. Además éste cuenta con el respaldo de Donald Trump para reorganizar a la derecha en todo el hemisferio y el asesoramiento del equipo que dirigió la campaña presidencial de Trump. Se dice además que Steve Bannon en persona está colaborando en la estrategia propagandística del “candidato del orden”.

Un dato muy significativo es que la campaña presidencial no se nota en las calles de Río. Ni un afiche, ni un pasacalles, una pintada en un murallón, nadie volanteando, ¡nada! Es que en esta nueva era de la “antipolítica”, astutamente promovida por la derecha, la política fue convenientemente apartada de la vía pública, y si bien esto es una tendencia general y creciente, en el caso del Brasil esta despolitización de la calle fue potenciada por el más fatídico error de la gestión del PT: confiar ingenuamente en que el ejercicio del poder político por parte de un partido de izquierda, o progresista, podría descansar en el rodaje de las instituciones supuestamente democráticas (que no lo son). La consecuencia fue la suicida desmovilización y desorganización de sus propias fuerzas políticas, comenzando por el PT, siguiendo con la CUT y ninguneando a los Sem Terra. El resultado: una Dilma indefensa frente a los lobos del mercado que se movían a sus anchas en las estructuras institucionales del estado burgués, especialmente en el Congreso y el Poder Judicial. Por eso la política no está en las calles, y los pocos que salen son mayoritariamente partidarios de Bolsonaro. Todo circula por la Internet y, en menor medida, por los diarios, la televisión y la radio. Un distraído turista procedente del “cinturón bíblico” de Estados Unidos, digamos Mississippi o Alabama, jamás se daría cuenta que en pocos días más este país se juega su futuro, en una opción dramática. Pero si el visitante incursionara en la telaraña de la web, allí se percataría de lo que está ocurriendo y observaría a la lucha política librada sin cuartel, pero en el ciberespacio. Esto plantea un enorme desafío para las fuerzas populares porque deberán aprender a moverse en un campo minado que sus enemigos inventaron y conocen a la perfección. No obstante, si movido por su fe nuestro visitante asistiera a alguno de los miles de templos evangélicos dispersos por todo el Brasil también se daría cuenta de que hay una elección presidencial en ciernes. Comprobaría, para su mayúscula sorpresa, que los pastores y sus ayudantes al terminar la ceremonia religiosa se dirigen a la salida y entregan a cada uno de los feligreses un volante en donde se dice a quién se debe votar para presidente, gobernador, etcétera, porque son esos candidatos, y sólo ellos, los que Dios dijo que hay que votar. Deplorable trasmutación del modelo del partido bolchevique –con su ética militante, su organización, su conciencia revolucionaria- puesto ahora al servicio de la reacción y de la contrarrevolución ¡nada menos que por unas iglesias!

Las evangélicas en Brasil constituyen un aparato político formidable –presentes en grados diversos en varios países de Nuestra América, y de creciente gravitación en Argentina- pero su eficacia no sólo reposa en la militancia y la labor cotidiana de sus pastores y agitadores en el territorio sino también en la persistencia de un núcleo duro conservador –muy arraigado en los sectores más atrasados del campo popular- pero de inestables preferencias políticas. Según algunos analistas este sector representa un treinta por ciento de la población y si a comienzos de siglo se inclinaron por el PT (y se mantuvieron en ese espacio político durante catorce años, retenidos por las políticas sociales del gobierno) ahora cortaron amarras y lo hacen por Bolsonaro. Un factor decisivo de esta ruptura fue la creencia, abiertamente inculcada por la prensa canalla, de que el tsunami de la corrupción en Brasil –simbolizado en la operación Lava Jato- sólo puede ser atribuido a la maldad del PT y sus dirigentes. Ese vendaval de dirigentes políticos, empresarios y funcionarios desfilando por les estrados judiciales y terminando en la cárcel tuvo un impacto tremendo sobre la conciencia popular y potenció la insatisfacción ante la crisis económica y el aumento de la criminalidad, o al menos la percepción de tales cosas fogoneada impúdicamente –como en la Argentina de la época de Cristina Fernández- por la prensa hegemónica. Es impresionante constatar como hombres y mujeres del pueblo repiten esa letanía –el PT robó y corrompió- cada vez que se les pregunta la razón de su voto por Bolsonaro. Si algo demuestra esta reiterada respuesta es la escasa capacidad que tuvo ese partido de explicar la muy larga historia de la corrupción en Brasil, quienes fueron sus principales agentes y beneficiarios, y los mecanismos legales y judiciales que posibilitaron su funcionamiento. Tarea que, por cierto, no fue intentada por los gobiernos del PT. Pero, claro está que para poder hacerlo había que tener medios de comunicación y una política para los medios. Y el PT no tuvo ni lo uno ni lo otro.

Cuando culmine el proceso electoral y se constituya la Cámara de Diputados muy probablemente Bolsonaro y sus aliados lleguen a controlar los dos tercios de los votos. Con ellos podrán introducir una serie de reformas hiper-retrógradas a la Constitución de 1988. Una de ellas, anticipada por el candidato presidencial, figura la criminalización del activismo social y de las organizaciones sociales cuyas acciones constituirían un crimen contra la seguridad del estado y el orden público y sus responsables deberían cumplir largas condenas en la cárcel. Habrá que ver si esto finalmente logra ser aprobado en el Congreso. El tema no es si el PSL, el partido de Bolsonaro tendrá los votos, sino la intensidad de la reacción anti-PT que podría sedimentarse en un enorme bloque parlamentario con número suficiente para aprobar esas reformas. Si no lo tuviera, la tradicional corrupción de la política brasileña permitiría comprar los votos necesarios para satisfacer las retrógradas aspiraciones de Bolsonaro y la clase dominante de Brasil que, de este modo, constitucionalizaría los decretos y las leyes de Michel Temer. Dicho todo esto, sólo un milagro podría revertir esta brutal deriva autoritaria de la democracia brasileña. Pero los milagros no existen en la vida política.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



octubre 2018
D L M X J V S
« Sep   Nov »
 123456
78910111213
14151617181920
21222324252627
28293031  

Meses