22
Mar
17

Desafíos

escribe: Ezequiel Beer / Rebelión

La supuesta algarabía generada por el triunfo de Cambiemos en las últimas elecciones presidenciales y la catarata demagógica de promesas a cumplir se imposta de lleno con la realidad de su gestión.

El sumun parangón del marketing político quizás pudo tapar el cielo con la mano pero la gestión del actual presidente Macri dista de lleno entre esas promesas y las consecuencias de una gesta cada vez más restrictiva a un porcentaje de privilegio de la población.

Quizás la paradoja es cómo fue posible la reconversión de sectores populares y medios con orientación hacia el voto conservador y aquí podemos entablar relaciones entre campañas mediáticas y falencias que ha tenido la gestión estatal anterior o per se la falta de reconocimiento público a una serie de políticas que permitieron vigorizar a la Argentina.

Es por eso un desafío no menor recuperar en su cauce casi natural a dichos sectores para conformar una alternativa propositiva dentro de un Frente político intersectorial y poli clasista donde aún el Peronismo no allana por falta de consenso los interlocutores válidos ante dicha gesta.

Con dicha o con desdén estos sectores son los principales afectados por el avance brutal de una nueva versión del Neoliberalismo a la “Argentina “donde sector privado y sector público se entrecruzan en negocios que libran hacia la re confirmación de una economía monopólica y concentrada donde los consumidores son rehenes de los precios y las ganancias empresarias son extraordinarias por ende.

El reordenamiento regresivo del ingreso en favor de los sectores de poder se manifiesta casi diariamente desde las impuestas pautas salariales primero a los trabajadores de la educación y luego al conjunto de la clase trabajadora hasta los continuos aumentos en los servicios públicos esenciales que van cercenando el poder adquisitivo de la población.

Una de las banderas de Cambiemos fue su denuncia a la corrupción kirchnerista pero desde que han asumido el gobierno no para de suscitarse escándalos que corroen esa imagen de reconstrucción de la republica que ellos mismos quieren propiciar.

Pero vayamos al plano internacional, ¿cual ha sido la estrategia argentina?

Por lo visto aliarse al sector demócrata de los EEUU via la visita de Obama y los lazos con la frustrada candidata Clinton y de tenues vinculaciones con la nueva administración de Donald Trump cuya primera medida fue la prohibición del ingreso del limón tucumano a su territorio.

En orden regional, asimilarse a la irregular administración Temer en Brasil cuyo ciclo recesivo impacta de lleno en nuestro país.

España, con condecoraciones patrias al Rey, para la reafirmación de nuestro carácter de colonia ante nuestro ex imperio y quizás como un puente de apertura hacia la Unión Europea.

Sr. Macri, le falta Geopolítica a su gestión pues no visualiza los cambios en la llamada Eurasia donde Rusia, Iran y China formarán un nuevo conglomerado que será el futuro porvenir mundial.

Occidente está en decadencia y Oriente toma la apuesta mientras que en la Argentina las prioridades son bajar el Consumo para bajar la Inflación – eso sí, de los verdaderos generadores no se habla ni se tocan –, estigmatizar a los distintos estamentos de la clase trabajadora y continuar con las transferencias de ingreso bajo un descomunal proceso de Endeudamiento y Fuga de Capitales vía la ya conocida y fallida bicicleta financiera donde el dólar pierde valor ante un peso artificialmente re valuado.

Sin gesta altiva pero con experiencia histórica, los argentinos sabemos cómo termina esta historia y será la próxima administración gubernamental la que tendrá que resolver los múltiples dilemas sesgados por Uds claudicando en la posibilidad de re establecer las bases para un potencial estadio de desarrollo.

No son errores ni desaciertos, es una política certera.

Ezequiel Beer, Geografo UBA. Analista Politico
21
Mar
17

maduro …lo que nadie habla

VENEZUELA

Las 10 victorias del Presidente Maduro en 2016

escribe: IGNACIO RAMONET

 

Todo se presentaba muy complicado, a inicios de 2016, para las autoridades de Caracas. Principalmente por tres razones: 1) la oposición neoliberal había ganado las elecciones legislativas de diciembre 2015 y controlaba la Asamblea Nacional; 2) los precios del petróleo, principal recurso de Venezuela, habían caído a su nivel más bajo en los últimos decenios; 3) el presidente estadounidense Barack Obama había firmado una orden ejecutiva en la que declaraba que Venezuela representaba una “inusual y extraordinaria amenaza para la seguridad nacional y la política exterior de Estados Unidos” (1).

O sea, en tres campos decisivos –el político, el económico y el geopolítico-, la revolución bolivariana parecía estar a la defensiva. Mientras que la contrarrevolución, tanto interna como externa, pensaba tener, por fin, el poder en Venezuela al alcance de la mano.

Y todo esto en un contexto de guerra mediática de larga duración contra Caracas que comenzó con la llegada al poder de Hugo Chávez en 1999 y se intensificó a partir de abril de 2013. Alcanzando unos niveles inauditos de violencia después de la elección del presidente Nicolás Maduro.

Esta atmósfera de agresivo y permanente acoso mediático produce una insidiosa desinformación sobre Venezuela que confunde hasta a muchos amigos de la revolución bolivariana. En particular porque, en esta era de la ‘post-verdad’, la práctica de la mentira, del fraude intelectual y del engaño descarado no es sancionado por ninguna consecuencia negativa, ni en términos de credibilidad, ni de imagen. Todo vale, todo sirve en esta ‘era del relativismo post-factual’, y ni siquiera los hechos o los datos más objetivos son tomados en consideración. Tampoco se acepta el argumento –tan obvio en el caso de Venezuela- del complot, de la conjura, de la conspiración. De antemano, el nuevo discurso mediático dominante denuncia y ridiculiza el “pretendido complotismo” como un inaceptable argumento de una “vieja narrativa” que no es de recibo…

Todo pues, a principios de 2016, aparecía muy cuesta arriba para el presidente de Venezuela. Hasta el punto de que el achacoso opositor neoliberal Henry Ramos Allup, pasablemente embriagado por su mayoría parlamentaria, se permitió asegurar, en enero de 2016, en su primer discurso como presidente de la Asamblea Nacional, que “en un lapso no mayor a seis meses” sacaría del poder a Nicolás Maduro. Inspirándose sin duda en el golpe de estado institucional contra la presidenta Dilma Rousseff en Brasil, y apostando por una victoria en un eventual referendo revocatorio.

Así estaban las cosas cuando el presidente Maduro, en una magistral secuencia de jugadas de ajedrez que nadie vio venir –perfectamente legales según la Constitución–, sorprendió a todo el mundo. Renovó, como era su derecho, a los miembros del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ), órgano superior del poder judicial, cuya Sala Constitucional tiene la última palabra en materia de interpretación de la Constitución.

Saturada de soberbia, la oposición cometió entonces dos errores mayúsculos :

Decidió ignorar las advertencias del TSJ y sesionar con tres diputados del estado Amazonas cuya elección, en diciembre de 2015, estaba bajo suspensión cautelar por irregularidades. Ante esa afrenta, el TSJ dictaminó obviamente que la incorporación de los tres diputados “no electos regularmente” retiraba toda validez a las decisiones de la Asamblea Nacional. De hecho, el TSJ declaró en desacato (desobediencia) a la Asamblea y determinó que “se considerarán nulas todas sus decisiones”. De tal modo que, por sus propios errores, la Asamblea no sólo no consiguió legislar, ni controlar al gobierno, sino que, como lo reconocen prestigiosos especialistas en derecho constitucional, se anuló a sí misma, dilapidó su poder y se autodisolvió (2). Esta fue la primera gran victoria de Nicolás Maduro en 2016.

En su obsesivo afán de derrocar al presidente, la oposición antichavista también decidió ignorar los requisitos legales (art. 72 de la Constitución), en términos de etapas imprescindibles y de pasos exigidos por los reglamentos jurídicos, para lanzar un referendo revocatorio en 2016 (3). Ahí los opositores fracasaron igualmente de manera estrepitosa.

Y ello constituyó otra gran victoria de Nicolás Maduro.

Aún así, llegó un momento, hacia marzo-abril de 2016, en que todo se complicó enormemente. Porque, a las embestidas habituales de las fuerzas hostiles a la revolución bolivariana, vinieron a sumarse una impresionante sequía, la segunda más grande desde 1950, y calores extremos causados por el fenómeno El Niño. En Venezuela, el 70% de la energía se genera por hidroelectricidad y la principal central hidroeléctrica depende del embalse Guri. Al reducirse las lluvias, los niveles de este embalse disminuyeron casi al nivel mínimo.

La contrarrevolución trató de aprovechar esta circunstancia para multiplicar los sabotajes eléctricos, buscando a crear caos energético, enojo social y protestas. El peligro era mayúsculo porque al problema eléctrico se sumaba, por efectos de la persistente sequía, la falta de agua potable…

Pero el Presidente Maduro actuó de nuevo con celeridad y adoptó medidas drásticas : decidió la sustitución de millones de bombillos incandescentes por ahorradores ; ordenó el reemplazo de los viejos acondicionadores de aire por otros de nueva tecnología ahorradora ; estableció el medio día laboral en la administración pública ; y decretó un plan especial de ahorro nacional del consumo eléctrico y de agua.

Gracias a estas audaces medidas, el Presidente consiguió evitar el colapso energético (4). Y obtuvo así una de sus más populares victorias del año 2016.

Otro de los problemas importantes (quizás el más grave) que tuvo que enfrentar el Gobierno –consecuencia en parte de la guerra económica contra la revolución bolivariana- es el del abastecimiento alimentario. Hay que recordar que antes de 1999, el 65% de los venezolanos vivían en situación de pobreza y que sólo el 35% podía disfrutar de una alta calidad de vida. O sea, de cada diez venezolanos sólo tres consumían regularmente carne, pollo, café, maíz, leche, azúcar… Mientras que, en los últimos diecisiete años, el consumo alimentario (gracias a la inversión social masiva de la revolución) se disparó en un 80%.

En sí, este cambio estructural, explica por qué, de pronto, la producción nacional de alimentos, mucho más importante de lo que se cree (5), resultó insuficiente.

Como la demanda aumentó masivamente, también se disparó la especulación. Y ante una oferta estructuralmente limitada, los precios se elevaron vertiginosamente. Y se expandió el fenómeno del mercado negro o « bachaqueo ». Muchas personas compraban los productos subvencionados por el Gobierno a precios inferiores al del mercado para venderlos a precios superiores al mercado. O los “exportaban” masivamente a los países vecinos (Colombia, Brasil) donde los revendían por el doble o el triple de su precio subvencionado. De tal modo que Venezuela se ‘desangraba’ de sus dólares – cada vez más escasos por el derrumbe de los precios del petróleo- para alimentar a unos ‘vampiros’ que le arrebataban los productos de primera necesidad a los más humildes, a la vez que se enriquecían de manera excepcional. Semejante inmoralidad no podía continuar.

Una vez más, el Presidente Maduro decidió actuar con mano firme. Primero -muy importante- cambió la filosofía de la ayuda social. Y corrigió un error mayúsculo que se llevaba cometiendo en Venezuela desde hacía lustros. Decidió que el Estado, en vez de subvencionar los productos, debía subvencionar a las personas. Para que sólo los pobres, los que realmente lo necesitan, tuvieran acceso a los productos subvencionados por el Gobierno. Para todos los demàs, el producto se vende a su precio justo establecido por el mercado. Lo cual evita la especulación y el bachaqueo (6).

Y segunda medida decisiva, el Presidente anunció que, a partir de ahora, el Gobierno pondría todo su empeño en cambiar el carácter económico del país para pasar de un ‘modelo rentista’ a un ‘modelo productivo’. A este respecto, el Presidente definió “quince motores” (7) para reanimar la actividad económica tanto del sector privado, como del sector público y de la economía comunal.

Esas dos decisiones esenciales convergen en una original creación imaginada por el Presidente Maduro: los CLAP (Comités Locales de Abastecimiento y Producción) que constituyen una nueva forma de organización popular. Hogar por hogar, los representantes de las comunidades organizadas entregan, a precio regulado, bolsas repletas de alimentos. Muchos de estos alimentos son de nueva producción nacional. Los CLAP deberían abastecer, en los próximos meses de 2017, a unas cuatro millones de familias humildes. Garantizando la alimentación del pueblo. Y rubricando así una nueva gran victoria del Presidente Maduro.

Otra victoria no menor este año 2016 tan dificil, la constituye el récord obtenido en materia de inversión social que alcanzó el 71,4% del presupuesto del país. Es un récord mundial. Ningún otro Estado en el planeta dedica casi las tres cuartas partes de su presupuesto a la inversión social.

En materia de salud, por ejemplo, el número de establecimientos hospitalarios se multiplicó por 3,5 desde 1999. Y la inversión en un nuevo modelo humano de salud pública se multiplicó por diez.

La Misión Barrio Adentro, cuyo objetivo es atender a los enfermos en las áreas urbanas más humildes del país, ha realizado casi 800 millones de consultas y salvado la vida de 1.400.000 personas. Las universidades de medicina han formado a 27.000 nuevos médicos. Y otros treinta mil deben obtener su diploma en 2017. Ocho Estados han alcanzado una cobertura de Barrio Adentro 100% en 2016, cuando la meta era de seis.

Otra victoria social fundamental, no mencionada por los grandes medios dominantes, es la alcanzada en materia de adultos mayores que reciben una pensión de jubilación. Antes de la revolución apenas el 19% de los jubilados recibían una pensión, el resto subsistía a menudo en la miseria o a cargo de sus familiares. Este año 2016, el porcentaje de personas jubiladas que reciben una pensión (aunque no hayan podido cotizar a la seguridad social durante su vida activa) alcanzó el 90%. Un récord en Suramérica.

Otra victoria espectacular –y que tampoco mencionan los grandes medios dominantes- es la conseguida por la Misión Vivienda encargada de construir viviendas sociales, a precio regulado, para las familias venezolanas humildes.

En 2016, esta Misión entregó nada menos que 359.000 viviendas (a título de comparación, un país desarrollado como Francia apenas construyó, en 2015, 109.000 viviendas sociales). A eso hay que añadir las 335.000 viviendas rehabilitadas en el marco de la bonita Misión Barrio Nuevo, Barrio Tricolor. Una Misión particularmente elogiada por el genio de la arquitectura Frank Gehry, autor del Museo Guggenheim de Bilbao y del Museo Louis Vuitton en París, que ha declarado desear involucrarse en ella. De tal modo que estamos hablando de casi 700.000 viviendas sociales entregadas en 2016. Una cifra sin equivalente en el mundo.

Desde que inició su mandato, en 2013, el Presidente Maduro ya ha entregado cerca de un millón y medio de viviendas a familias modestas. Récord mundial pasado bajo silencio por todos los medios hostiles a la revolución bolivariana. Y que hasta muchos amigos omiten a veces de mencionar.

Recordemos, para terminar, algunas de las brillantes victorias conseguidas en el ámbito geopolítico. Por ejemplo, haber impedido que la Organización de Estados Americanos (OEA), dominada por Washington, condenase a Caracas como lo pretendía el secretario General de esta organización, Luis Almagro, quien invocaba la Carta Democrática contra Venezuela.

O el éxito de la XVII Cumbre del Movimiento de los Países No Alineados (MNOAL) realizada en septiembre de 2016 en el Centro de Convenciones Hugo Chávez de la isla Margarita con la presencia de numerosos jefes de Estado y de Gobierno y de representantes de ciento veinte países que aportaron su solidaridad a Venezuela.

Enfin, en este campo, la principal victoria del Presidente Maduro, que efectuó varias giras internacionales con ese objetivo, fue el logro inaudito de un acuerdo entre países OPEP y no-OPEP para la reducción concertada de las exportaciones de petróleo.

Este acuerdo histórico, firmado en noviembre de 2016, frenó de inmediato el deterioro de los precios de los hidrocarburos que se desplomaban desde mediados de 2014 cuando sobrepasaron los cien dólares por barril.

Gracias a esta victoria capital, los precios del petroleo –que estaban en 24 dólares en enero– sobrepasaban los 45 dólares a final de diciembre 2016.

Así pues, en el año más duro y más largo, en el que tantos apostaron por su tropiezo, el Presidente Nicolás Maduro, sorteando todos los escollos, todas las trampas y todas las dificultades, ha demostrado su talla excepcional de hombre de Estado. Y de líder indestructible de la revolución bolivariana.

 

17
Mar
17

“el rata” franco … murió un héroe

“El Rata”

escribe: Ismael Blanco / analista

Esta historia perfectamente podría ubicarse en la Praga ocupada bajo el terror del jefe de la Gestapo y artífice del “Holocausto” Reinhard Heydrich, o la Polonia devastada por Hans Frank o en París bajo la represión despiadada contra los patriotas por parte de la “Carlinga” al mando de Pierre “El loco” Loutrel.

En este caso el relato se sitúa en el Buenos Aires de 1976. La Junta de Comandantes integrada por Videla, Massera y Agosti hacía ya dos meses había asaltado el poder, dando inicio al capítulo más terrible de la historia contemporánea argentina.

Por esos días los “los grupos de tareas” -eufemismo con que se autodenominaban las patotas fascistas- rondaban feroces la ciudad a cualquier hora del día en sus “falcon” sin chapa, asomando por las ventanillas sus fusiles y escopetas Ithaca 37, estas últimas consideradas sus favoritas por el hecho de ser capaces de derribar puertas o despedazar personas de un solo disparo.

El genocidio estaba en marcha. En aquel momento ya habían asesinado a Zelmar, al Toba y demás compatriotas. Liberoff había desaparecido para siempre. Ya “Orletti” funcionaba a pleno como un campo de exterminio y los uruguayos escapados y clandestinos conocían qué suerte les depararía si caían atrapados en la colaboración represiva del “Cóndor”, de los que varios de sus protagonistas, con repugnantes excepciones, se encuentran al día de hoy cumpliendo como reos sus sentencias en la privilegiada cárcel de “Domingo Arena”.

Había razones políticas y estratégicas para mantenerse a cualquier costo en la capital argentina, aún bajo conciencia de que la misma era una trampa mortal, una inmensa ratonera.

Los uruguayos que estaban allí ya manejaban la información de los secuestros y torturas y de la eventual “repatriación” al Uruguay.

Debo decir que de todas formas y visto a la distancia, no se tenía la real conciencia que se estaba aplicando la “desaparición forzada” sistemática como un espeluznante método genocida ni tampoco de la terrible forma de asesinato a través de los infames “vuelos de la muerte”.

El protocolo represivo era el mismo o casi idéntico al aplicado por el general francés Jacques Massu en Argelia.

Sin embargo, gran parte de la población tenía cierta “naturalización” con los golpes y con su fascismo. Podía percibirse sin demasiado esfuerzo que el “inconsciente colectivo” estaba acostumbrado a cierto populismo fascista.

La sociedad era permeable al discurso chauvinista “del país ordenado”, a “la necesidad de la reconstrucción nacional”, “a la paz y al orden” que masivamente se difundía a través de la asquerosa colaboración de “periodistas” y “comunicadores” que se prestaban a defender supuestos valores nacionales de los ataques de lo que denominaban una campaña “difamadora y apátrida del exterior”.

Es en este brutal contexto donde debo ubicar a un individuo que no es un personaje creado ni por la imaginación de John Le Carré o Ian Fleming, ya que era tan humilde, tan modesto y proletario que no entraba en ninguna ficción, sin embargo, existió y le hizo vaya a saber cuántos gambitos a la maquinaria asesina, su nombre era José Pedro Franco, “Rata” para sus camaradas.

A él lo conocí personalmente muchos años después con quien supe forjar una fraternidad difícil de expresar en palabras.

En el repliegue de los últimos comunistas que pudieron eludir la represión de la “operación Morgan” y la dirigida en particular contra el aparato armado del Partido Comunista, hizo que los “sobrevivientes” que pudieron zafar del “300 Carlos R” y del “Infierno Grande” intentaran concentrarse en Buenos Aires, encontrándose a merced de su suerte, con documentos precarios, falsos o sin ninguno, y desde el punto de vista financiero sin un peso. De todas formas esa situación los hacía compadecerse de lo que estaban sufriendo sus camaradas en el Uruguay y su objetivo era establecer una cercana base para asistir a la resistencia clandestina que aunque diezmada se mantenía funcionando.

Hacinados en una pensión del barrio de Flores una decena larga de comunistas que habían salvado el cuero a partir del silencio de sobrevivientes de la tortura y de la compartimentación militar de la misma, que impidió que Coirolo pudiera delatarlos, y ahora se apiñaban en un solo cuarto donde se turnaban para dormir.

Los que conseguían trabajar haciendo alguna changa, no le hacían asco a nada, muchos a cambio de comida -y no exagero- con trabajos absolutamente informales. Quien poseía conocimiento de un oficio, a lo sumo podía meterse en “negro” en una obra y con suerte obtenía mango escaso para compartir.

Pues bien, dice la leyenda y algo que yo le pude sacar medio a los tirones al “Rata”, que él andaba de aquí para allá a partir de su condición de marino mercante, que de muy jovencito conocía todos los códigos y vericuetos que existen en el mundo portuario. Evidentemente ese era “un plus” que le daba la posibilidad de que sin pisar tierra firme podía acercarse al Uruguay y establecer contactos que permitían llevar y traer información y ayuda financiera para los militantes clandestinos en nuestra patria y lo hizo mientras le fue posible.

Quien conoció al “Rata” Franco sabe de su incansable capacidad para militar, su conocimiento al detalle del sufrimiento de sus iguales, su bonhomía, sencillez y de su compromiso revolucionario. Él era un hombre de andar sereno, siempre con un modesto saco que le daba un cierto “aire” distinguido a su dignidad obrera. Era duro pero no necesitaba ser incorrecto para hacer valer sus ideas, y su pasión se traslucía a través de su ronca y varonil voz.

Tengo testigos que me ratifican que el “Rata” logró en aquel Buenos Aires infernal auxiliar en nombre de la CNT a esos comunistas desesperados. Que así como apareció divisado en la casualidad de las calles porteñas se volvió a perder por las mismas para sobrevivir como se pudiera. Dicen que repartió lo que tenía, logrando honrar pequeñas deudas de hospedaje, porque el honor no se quería perder ni en las peores circunstancias: una cosa era eludir la represión y otra muy distinta era eludir las obligaciones ante quien había asumido dar un refugio modesto, pero refugio al fin.

El “Rata” se murió un viernes de semana de carnaval, casi nadie se enteró. Se fue en silencio, plantándole pelea a un cáncer que no le dio tregua en los últimos años de su vida. Se fue de este mundo tan modestamente como vino. Me dijeron que lo enterraron en un tubular del Cementerio del Norte. Estoy seguro no hubiera hecho dramatismo por eso, ni siquiera le hubiese importado la calidad del cajón así hubiese sido de cartón de cajitas de zapatos.

Recordando a otro “Rojo” me despido de vos querido “Rata” cuando Antonio Gades decía: “Soy una persona que se ha ganado la vida en silencio. Soy como el aire, ni dije cuando venía, ni voy a decir cuando me voy”.

16
Mar
17

cambio Nelson y el partido colorado

De aquellos polvos vinieron estos lodos

escribe: Hugo Acevedo, Analista

 

El descomunal latrocinio perpetrado por el dirigente colorado fernandino Francisco Sanabria -propietario de las once sucursales del hoy clausurado Cambio Nelson y de otras poderosas empresas- conmueve profundamente al sistema político nacional, particularmente por el destacado rol que éste desempeñaba en la centenaria colectividad fundada por Fructuoso Rivera.

Lo cierto es que el sorpresivo cierre de las instituciones financieras de las cuales es propietario Sanabria y su ulterior fuga con destino desconocido para no enfrentar sus responsabilidades penales, ya que sobre él pesa un pedido de captura internacional por múltiples acusaciones, pusieron punto final al poder de la dinastía encabezada por su padre, el extinto ex senador forista Wilson Sanabria, fallecido en 2015.

Como es notorio, el progenitor del ahora imputado era un dirigente de primera línea muy cercano al dos veces presidente de la República Julio María Sanguinetti y también uno de los hombres más ricos del país.

El inconmensurable poder económico de Sanabria padre fue la plataforma de lanzamiento de la carrera política de su hijo Francisco, quien, pese a su juventud, logró escalar rápidamente posiciones en la interna colorada hasta erigirse en Secretario General y en referente partidario en el departamento de Maldonado.

Lo concreto es que, con su partida, Sanabria ha dejado un tendal de damnificados entre acreedores y ahorristas, en lo que, según se especula en ámbitos judiciales, sería una maniobra fraudulenta cuyo monto oscilaría entre los 12 y los 15 millones de dólares.

Por supuesto, otros afectados con el cierre de las empresas son los trabajadores de las once agencias de Cambio Nelson y los de una empresa de transporte de la cual era accionista Sanabria, que sumarían dos centenares.

Como si no fuera suficiente, la Justicia indaga ahora un probable delito de lavado de activos al cual también podría estar vinculado el fugado ex dirigente colorado.

En efecto, no se trata de un militante de segundo orden en la interna partidaria sino de un referente, quien no es vano era -hasta su compulsiva renuncia- Secretario General del partido en el departamento de Maldonado.

También era suplente del diputado y secretario general del PC Germán Cardoso, quien es miembro de Vamos Uruguay y mano derecha del líder sectorial, senador y ex candidato presidencial Pedro Bordaberry.

Su visibilidad está plenamente corroborada por varias fotos difundidas en las redes sociales, en las cuales Sanabria aparece abrazado con Cardoso, Bordaberry y otros dirigentes.

Por más que los delitos que se le imputan fueron cometidos en el ámbito privado, se sabe que con su fortuna personal ha participado en la financiación de las campañas electorales en el ámbito departamental y tal vez en otras actividades proselitistas de su fuerza política.

Se trata, a todas luces, de un golpe terminal para el ya devaluado Partido Colorado, que, aunque sus dirigentes se hagan los distraídos y anuncien la expulsión de Sanabria de filas partidarias, tiene una innegable responsabilidad.

Tal cual lo expresó el propio diputado Fernando Amado, líder del crítico sector Batllistas Orejanos, “en el partido eran vox populi -lo decía el propio Pedro, las sufría Germán Cardoso- las prácticas mafiosas de Francisco Sanabria”.

Según el legislador, que ha mostrado posturas antagónicas a la conducción oficial del PC y suele formular fuertes cuestionamientos a la conducción del propio Bordaberry, “la elección del 2009 fue una guerra salvaje en Maldonado. Cuando faltaba plata para algo siempre se recurría a Sanabria o a Magurno, eso no es nuevo. Lo que a mí me indigna es la sorpresa. Está todo documentado, porque Bordaberry lideró por mail. Oportunista sería el silencio cómplice”.

Las acusaciones públicas de Amado, que no han sido desmentidas con argumentos sólidos ni sustentables, corroboran que el Partido Colorado tendría pleno conocimiento de las actividades de Sanabria.

Ahora, de nada vale rasgarse las vestiduras e intentar salpicar el escándalo a otras fuerzas políticas, parangonándolo a las denuncias por supuestas irregularidades en la gestión de Ancap que están siendo procesadas en el ámbito judicial y cuyo desenlace será determinado por las investigaciones en curso.

Aunque el caso Sanabria no ha provocado ningún daño patrimonial al Estado, igualmente pone en tela de juicio la credibilidad del Partido Colorado, que, desde que es liderado por Pedro Bordaberry, ha intentando posicionarse como un cuestionable ejemplo de ética y probidad.

En ese contexto, no ha dudado en erigirse en censor del oficialismo frenteamplista, lanzando acusaciones de corrupción a diestra y siniestra que carecen del indispensable sustento de la prueba.

Con esa actitud, la centenaria colectividad ha intentado vanamente recuperar terreno luego de tres estrepitosos fracasos electorales, en un escenario político que lo tiene como una fuerza política cuasi marginal de la añeja derecha vernácula.

Tampoco es fácil borrar de un plumazo una oscura historia de corrupción en el ejercicio de la función pública, que suma más de una decena de procesamientos: los ex presidentes del Banco Hipotecario del Uruguay, Salomón Noachas y Julio Kneit, los ex directores del BHU, Norberto Sanguinetti y Jorge Conde Montes de Oca, el ex vicepresidente de OSE Juan Justo Amaro, los también ex vicepresidentes de dicho organismo Hugo Granucci y Carlos Rodríguez Landoni, el ex intendente de Artigas Carlos Signorelli, el ex jefe comunal de Maldonado Benito Stern, el ex director de Aduanas Víctor Lissidini y el ex secretario privado de Julio María Sanguinetti, Ernesto Laguardia.

Por supuesto, aunque a menudo la memoria colectiva es frágil, nadie olvida tampoco la responsabilidad directa del PC en la devastadora crisis económica y social de 2002, que generó un agujero negro que multiplica por diez el déficit de Ancap.

Obviamente, el descalabro fue generado por la quiebra del sistema financiero, el colapso del aparato productivo, el vaciamiento de los bancos Montevideo y Comercial, una desocupación de dos dígitos, la pérdida de un tercio en el poder de compra de los salarios y las pasividades y una dantesca tasa de pobreza del entorno del 40%.

Todos estos desastres -que le provocaron un daño irreparable al país y de los cuales también es responsable el Partido Nacional, que integró sendos gobiernos de coalición- jamás fueron investigados ni dirimidos en los estrados judiciales, por falta de voluntad política o por mera molicie.

15
Mar
17

américa latina

Un nuevo viraje

escribe: Emir Sader / Página 12

Después de la multiplicación espectacular de gobiernos progresistas en el continente, entre 1998 y 2006, que marcó toda la primera década del siglo XXI con sus éxitos, especialmente en el plano social y de soberanía externa, América Latina pasó a sufrir un viraje conservador desde 2015. Este se expresó en las derrotas en la elección legislativa en Venezuela, en las presidenciales argentinas, en el referéndum boliviano y en el golpe brasileño.
Ese viraje encuentra obstáculos muy rápidamente, ya sea en el fracaso de los intentos de recuperación económica de Argentina y de Brasil, con la aplicación a rajatabla del viejo programa de ajustes fiscales, ya sea en un contexto internacional que no correspondió a las expectativas de los proyectos de restauración neoliberal.

Como ocurre en todas partes donde ese programa económico es aplicado, se profundiza la recesión y nunca se recupera la capacidad de recuperación del crecimiento económico.

En el plano internacional, la derecha latinoamericana aguardaba el triunfo de Hillary Clinton, que venía a cosechar sus planes de golpes blandos en países del continente, así como del apoyo a gobiernos de restauración neoliberal. Su derrota y el triunfo de Donald Trump dejan atónitos a los gobiernos como los de Mauricio Macri y de Michel Temer, que han trabajado para debilitar los procesos de integración latinoamericana y se acercan a la Alianza del Pacífico. El proteccionismo de Trump y el debilitamiento de la Alianza para el Pacífico debiera apuntar exactamente en la dirección opuesta, lo que contradice la política externa de esos dos gobiernos, así como su ideología de libre comercio.

Esos dos factores apuntan a un eventual nuevo escenario latinoamericano en 2018. Por una parte, en Brasil, se refuerza la posibilidad de que Lula vuelva a

la presidencia del país en las elecciones presidenciales de ese año. Mientras, la política de puertas cerradas de Trump abre en México un escenario en las presidenciales de 2018: que gane una candidatura que promueva el giro radical en la política externa mexicana hacia el sur del continente, como única forma de defensa frente a la ofensiva norteamericana. Por otra parte, Las dificultades de los gobiernos de Argentina, Brasil y México para revalidar sus mandatos pueden hacer que eventualmente los nuevos gobiernos de los tres países más grandes del continente coordinen sus políticas externas por primera vez en la dirección de la soberanía.

A eso se pueden sumar las evoluciones internas de Ecuador y de Bolivia, el primero depende de los resultados de la segunda vuelta, que apuntan, en principio, hacia la continuidad de los gobiernos de Alianza País. El segundo, con la decisión de Evo Morales y del MAS de que el presidente boliviano vuelva a poder candidatearse en 2020, y su favoritismo para ganar. A ese cuadro se suman las elecciones en Paraguay – que puede ver el retorno de Fernando Lugo a la presidencia del país -, Uruguay, en Chile y en Colombia. Todos esos procesos se verán afectados por ese nuevo marco general: el fracaso de la restauración económica neoliberal y el proteccionismo norteamericano. Se puede reconstituir así, en buena medida, el marco de gobiernos progresistas en gran parte de la región y en caso de que se confirme lo mencionado, con la integración de México.

Entre sus corolarios estarían los efectos hacia los países centroamericanos, hoy abandonados por México y por Estados Unidos. El otro aspecto, de extrema importancia, sería la posibilidad de una integración más amplia y profunda de América Latina con los Brics, el horizonte de un mundo multipolar que empieza a acercarse. Es la vía que le queda a América latina frente al proteccionismo norteamericano, al fracaso de la Alianza del Pacífico y al agotamiento de la globalización neoliberal.

14
Mar
17

rosa luxemburgo

La proletaria

escribe: Rosa Luxemburg / El Polvorín

 

Escrito el 5 de marzo de 1914. Nuestra fuente es la magnífica antología de María José Aubet, El pensamiento de Rosa Luxemburgo, Barcelona, Del Serbal, 1983.
La fuente digital de la versión en castellano: http://elpolvorin.over-blog.es/article-la-proletaria-46283027.html, con nota preparado por Fernando Moyano publicado el 8 Marzo 2010. Digitalización: Daniel Gaido, 2014 Html: Rodrigo Cisterna, 2014

El día de la Mujer trabajadora inaugura la semana de la Socialdemocracia. Con el duro trabajo de estas jornadas el partido de los desposeídos sitúa su columna femenina a la vanguardia para sembrar la semilla del socialismo en nuevos campos. Y la igualdad de derechos políticos para la mujer es el primer clamor que lanzan las mujeres con el fin de reclutar nuevos defensores de las reivindicaciones de toda la clase obrera.

Así, la moderna proletaria se presenta hoy en la tribuna pública como la fuerza más avanzada de la clase obrera y al mismo tiempo de todo el sexo femenino, y emerge como la primera luchadora de vanguardia desde hace siglos.

La mujer del pueblo ha trabajado muy duramente desde siempre.

En la horda primitiva llevaba pesadas cargas, recogía alimentos; en la aldea primitiva sembraba cereales, molía, hacía cerámica; en la antigüedad era la esclava de los patricios y alimentaba a sus retoños con su propio pecho; en la Edad Media estaba atada a la servidumbre de las hilanderías del señor feudal. Pero desde que la propiedad privada existe la mujer del pueblo trabaja casi siempre lejos del gran taller de la producción social y, por lo tanto, lejos también de la cultura, quedando confinada a los estrechos límites domésticos de una existencia familiar miserable. El capitalismo la ha arrojado al yugo de la producción social, a los campos ajenos, a los talleres, a la construcción, a las oficinas, a las fábricas y a los almacenes separándola por primera vez de la familia. La mujer burguesa, en cambio es un parásito de la sociedad y su única función es la de participar en el consumo de los frutos de la explotación: la mujer pequeño-burguesa es el animal de carga de la familia. Sólo en la persona de la actual proletaria accede la mujer a la categoría de ser humano (Mensch) [1], pues solo la lucha, solo la participación en el trabajo cultural, en la historia de la humanidad, nos convierte en seres humanos (Menschen).

Para la mujer burguesa su casa es su mundo. Para la proletaria su casa es el mundo entero, el mundo con todo su dolor y su alegría, con su fría crueldad y su ruda grandeza. La proletaria es esa mujer que migra con los trabajadores de los túneles desde Italia hasta Suiza, que acampa en barrancas y seca pañales entonando canciones junto a rocas que, con la dinamita, vuelan violentamente por los aires. Como obrera del campo, como trabajadora estacional, descansa durante la primavera sobre su modesto montón de ropa en medio del ruido, en medio de trenes y estaciones con un pañuelo en la cabeza y a la espera paciente de que algún tren le lleve de un lado a otro. Con cada ola de miseria que la crisis europea arroja hacia América, esa mujer emigra, instalada en el entrepuente de los barcos, junto con miles de proletarios, junto con miles de proletarios hambrientos de todo el mundo para que, cuando el reflujo de la ola produzca a su vez una crisis en América, se vea obligada a regresar a la miseria de la patria europea, a nuevas esperanzas y desilusiones, a una nueva búsqueda de pan y trabajo.

La mujer burguesa no está interesada realmente en los derechos políticos, porque no ejerce ninguna función económica en la sociedad, porque goza de los frutos acabados de la dominación de clase. La reivindicación de la igualdad de derechos para la mujer es, en lo que concierne a las mujeres burguesas, pura ideología, propia de débiles grupos aislados sin raíces materiales, es un fantasma del antagonismo entre el hombre y la mujer, un capricho. De ahí el carácter cómico del movimiento sufragista.

La proletaria, en cambio, necesita de los derechos políticos porque en la sociedad ejerce la misma función económica que el proletario, trabajo de la misma manera para el capital, mantiene igualmente al Estado, y es también explotada y dominada por éste. Tiene los mismos intereses y necesita las mismas armas para defenderse. Sus exigencias políticas están profundamente arraigadas no en el antagonismo entre el hombre y la mujer, sino en el abismo social que separa a la clase de los explotados de la clase de los explotadores, es decir, en el antagonismo entre el capital y el trabajo.

Con la Socialdemocracia podrá introducirse en el taller de la Historia para así poder conquistar, con esas poderosas fuerzas, la igualdad real, aunque sobre el papel de una Constitución burguesa se le niegue este derecho. Aquí, la mujer trabajadora, junto con el hombre, sacudirá las columnas del orden social existente y, antes de que ésta le conceda algo parecido a sus derechos, ayudará a enterrarlo bajo sus propias ruinas.

El taller del futuro necesita de muchas manos y de un aliento cálido. Todo un mundo de dolor femenino espera la salvación.

Nota de traducción
1) Mensch – Voz del alemán y el yiddish, originalmente “persona” (hijo de Adán) pero que cobra el significado de “persona íntegra y honorable”, alguien con “carácter, rectitud, sentido del deber, responsabilidad y decoro”. ¡Son esas cosas de Rosa!
13
Mar
17

populismo …

¿Quiénes son los “nuevos populistas”?

escribe: Basem Tajeldine / Rebelión

Por mucho tiempo, la derecha ha señalado a los partidos de izquierdas de “populistas” porque sus políticas revelan un supuesto oportunismo que busca atraer a las masas populares bajo promesas que son “imposibles de cumplir”. El mundo se encuentra patas arribas, y el epíteto se vuelve contra los propios acusadores. La realidad demostró que los verdaderos populistas resultaron quienes incumplieron con las promesas del “progreso”, la “igualdad” y “abundancia” bajo globalización neoliberal.
Pocos han tenido la valentía de admitir su fracaso. Sin embargo, muchos optan por mantener el engaño profiriendo el mismo epíteto, ahora, contra aquella otra derecha que se plantea “corregir los males de la globalización” con remedios que resultarán peor que la enfermedad.

Los ánimos entre la clase dominante occidental se estan caldeando. Solo basta con echar un vistazo a las fuertes disputas políticas y acusaciones que se suscitan entre los propios miembros del partido republicano estadounidense, y entre éstos y demócratas, o con asistir al ascenso vertiginoso de la extrema derecha en Francia de la mano de Marie Le Pen, pero también en Alemania y otros países de la Unión Europea, para darse cuenta que las contradicciones están por explotar. Más reciente, el medio alemán Deutsche Welle (DW) publicó un artículo de Volker Wagener titulado “El populismo nuestro de cada día”*, en que aborda levemente el fenómeno del “populismo” que hoy entretiene a estadounidenses y europeos. Éste fenómeno -que no es nada nuevo- es estudiado profundamente en Europa desde los años 1990, justo cuando la unipolaridad y globalización “victoriosa” comenzaban a mostrar sus límites.

En su escrito, Volker cita al periodista Albrecht von Lucke quien descubre tras los nuevos escenarios políticos en Europa y Estados Unidos, tratarse de un conflicto entre estas dos corrientes de la derecha mundial, quienes impulsan la globalización versus quienes defienden la delimitación y la exclusión anhelando regresar a una “sociedad homogénea”.

Dice el autor que los “nuevos populistas” han vuelto a poner de moda a la Nación y la identidad nacional como característica de superioridad frente a otros pueblos; un espacio protegido para el desarrollo de las propias fuerzas que han quedado golpeadas por la competencia global.

A diferencia de los neoliberales, las políticas de los “nuevos populistas” van acompañadas del cierre de fronteras, el proteccionismo económico y la xenofobia. Agrega que los partidos populistas rechazan a la ONU, la OTAN, la UE, supuestos “logros” que permitieron un equilibrio de intereses interimperialistas y evitaron un conflictos entre ellos.

En conclusión, el populismo es el arma perfecta de manipulación de masas utilizada por fascistas y neoliberales para imponer sus intereses de clase. El populismo conecta en el tiempo a Adolfo Hitler, Benito Mussolini y Francisco Franco con Ronald Reagan, Margaret Thatcher y Augusto Pinochet; y a los populistas contemporáneos como Barack Obama y Donald Trump, Marie Le Pen y Mauricio Macri etc, quienes mejor representan a las dos mayores corrientes de la misma derecha mundial -dos caras de la misma moneda- empeñada en perpetuar el sistema capitalista.




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