26
Sep
16

julio ma. sanguinetti

Los agravios de un consecuente reaccionario

 

escribe: Hugo Acevedo

Luego de haber contribuido a devastar al país durante su segunda presidencia y legarle a Jorge Batlle la herencia maldita que eclosionó en la dramática crisis económica y social de 2002, el ex dirigente colorado Julio María Sanguinetti sigue destilando visceral odio contra la izquierda.

Por supuesto, se trata de un mero espécimen anclado en los tiempos de la Guerra Fría, quien integró dos gobiernos de neto cuño autoritario que precedieron a la dictadura liberticida que asoló a nuestro Uruguay durante casi doce años.

A sus longevos ochenta años de edad y embolsando puntualmente su privilegiada jubilación, esta suerte de dinosaurio de la política nacional sigue sin ceder a la tentación de lanzar permanentes invectivas desde su columna de opinión en el semanario digital Correo de los Viernes.

Aunque goza del favor del periodismo obsecuente porque es uno de los personajes referentes de la historia contemporánea de la derecha uruguaya, como tiene vocación periodística no pierde la oportunidad de contaminar la escena política con sus agravios e improperios desde ese medio partidario.

En un reciente editorial titulado “No son demócratas”, Sanguinetti la emprendió nuevamente contra el Frente Amplio, acusándolo de no comulgar con los ideales democráticos.

Aunque su discurso está sustentado en la cercanía entre el FA y los gobiernos de Cuba y Venezuela, el columnista no pierde oportunidad de retroceder en el tiempo a la época de la hegemonía de la Unión Soviética y del denominado socialismo real.

En sus reflexiones, Sanguinetti afirma que el Frente Amplio no ha cambiado con el tiempo, poniendo en tela de juicio la historia de una fuerza política que luchó denodadamente por la restauración democrática, tanto desde la clandestinidad como desde el exilio.

Obviamente, durante los tres gobiernos de izquierda la población ha gozado de libertades públicas y derechos ciudadanos como no registra la memoria colectiva.

Por supuesto, sus expresiones son las mismas burdas falacias a las que nos tiene acostumbrados el ex primer mandatario, que en cambio sí integró dos gobiernos que arrasaron con todas las libertades y le allanaron el camino a la tiranía de génesis golpista.

Como se recordará, hace casi cincuenta años, Julio María Sanguinetti integró el gabinete, en calidad de ministro de Industria y Comercio, del por entonces presidente Jorge Pacheco Areco, quien encabezó un gobierno represivo pautado por las medidas prontas de seguridad, el encarcelamiento de sindicalistas y opositores, la tortura, el asesinato de estudiantes y la censura y cierre de decenas de medios de prensa.

También ocupó efímeramente la titularidad del Ministerio de Educación y Cultura del también prepotente gobierno del luego dictador Juan María Bordaberry, pergeñando la intervencionista e inconstitucional Ley de Educación, que vulneró grotescamente la autonomía de la enseñanza.

Como si no fuera suficiente, durante su primera presidencia, a la cual accedió en elecciones rengas por la ilegal proscripción de centenares de dirigentes políticos prohibidos por la dictadura, entre ellos el caudillo blanco Wilson Ferreira Aldunate y el general Líber Seregni -pactó con los militares la impunidad de los delitos de lesa humanidad.

Obviamente, aunque fue uno de los parteros del oprobioso engendro jurídico de la Ley de Caducidad, que viola groseramente la Constitución y las normas del derecho internacional, no tuvo ni la valentía de cumplir con los artículos que establecen la obligatoriedad de investigar las desapariciones durante el gobierno autoritario.

Por su oscuro pasado -que no debe ser olvidado Julio María Sanguinetti no tiene credenciales como para cuestionar las convicciones democráticas de nadie.

Como si fuera poco, en el presente convalidó el inmoral golpe de Estado parlamentario que culminó con la destitución de la presidenta constitucional de Brasil Dilma Rousseff, ratificando su alineamiento con las fuerzas más reaccionarias del continente.

Esa actitud es consecuente con sus posturas históricas, que lo han situado siempre en el lado opuesto de los intereses populares, acorde con su rancia ideología conservadora.

25
Sep
16

josé Batlle y ordoñez

DE PIE, MURIÓ LENIN

editorial de diario El Día escrito y firmado por el “pepe” Batlle y Ordoñez

 

“El fallecimiento del jefe del comunismo ruso es un acontecimiento que pone de inmediato en segundo término a todos los demás que ocurren en el mundo. Podrán tenerse ideas muy adversas a las que sustentaba este apóstol de mejores aunque irrealizables devenires, pero no se podrá negar que con él se extingue un magnífico ejemplar humano, uno de esos personajes apasionantes que dan significación a toda una época y sirven para fijarla en la historia.

No participamos de las opiniones respecto a la pulpa divina en que están amasados los genios, esos superhombres que aparecen de vez en cuando en el firmamento de la especie como deslumbrantes meteoros que alumbran su incierto camino a través de los tiempos. Pero sí sabemos que cada empresa tiene su hombre representativo, su director, su guía.

Lenin fue desde el primer instante, la personificación de la revolución rusa, es decir, del levantamiento violento e instintivo de un pueblo entero cansado de sufrir, contra sus amos milenarios. Este santo impulso de liberación puede haber ido más allá de lo que ese mismo pueblo haya querido, pero no puede ponerse en tela de juicio su intención de regenerarse, conforme no podría juzgarse ahora al caudillo caído sin un amplio criterio de comprensión y de tolerancia.

Lenin fue el gestador y el organizador del gobierno ruso, el primero de esa clase de que se puede hacer memoria. De acuerdo a todos los informes que llegan, esa gigantesca aventura ha fracasado, ya que se vuelve a desandar lo andado, lenta pero firmemente.

Pero esa revolución que sacudió hasta en su médula a una nación que en pleno siglo XX conservaba todavía la estructura de los tiempos bárbaros, tiene que ser fecunda y positiva, a pesar de sus errores y contradicciones, compañeros inseparables de toda empresa humana. Una revolución comunista se explica perfectamente en un país autocrático como lo era la Rusia zarista, del mismo modo que sería absolutamente inconcebible en Francia, Inglaterra y Estados Unidos, y los demás países en que el régimen democrático ha alejado la necesidad de los grandes y arriesgados saltos al vacío.

“Las revoluciones son las locomotoras de la historia”ha dicho Carlos Marx, y en Rusia las revoluciones de 1917 fueron esa locomotora que la condujo en un plazo de tiempo reducido, desde las épocas primitivas hasta ponerla en condiciones de incorporarse a las naciones más civilizadas de la tierra.

Lenin fue el verbo de la revolución. Con él se apagan la doctrina y el nervio que la sostenían. Casi opinamos que su muerte ha sido oportuna: ha desaparecido en el momento en que la revolución se extingue. Ninguno de los otros hombres que colaboran con él en la tarea gubernativa puede comparársele.

De ahí su prestigio enorme y el respeto casi supersticioso que inspiraba a todos los que lo rodeaban. Las mismas censuras agrias y justificadas que se han dirigido a las crueldades inútiles con que se manchó el régimen, no llegaron nunca hasta él sino muy atenuadas. Reconocida universalmente la potencia de su pensamiento y la energía inagotable.

Como buen soldado fue herido de muerte en plena batalla, ya que fue el trabajo abrumador que se impuso el que abatió irreparablemente su organismo físico. Que no fue un fanático cerrado a cal y canto a las enseñanzas de la realidad lo prueba su acción evolucionista de estos últimos tiempos, que ha hecho que se rectificaran muchos errores a pesar de la resistencia de aquellos que sostienen la intangibilidad infecunda de las ideas.

Su larga enfermedad, que tuvo varias alternativas sensacionales, dio motivo a que su alrededor se encresparan ambiciones que ahora no van a detenerse ante ningún obstáculo y que sólo él era capaz de encauzar. Su muerte será fatal para la revolución que acaudilló, privada de su caudillo máximo y fatal también para Rusia que volverá a caer en un nuevo caos en el momento de liberarse de otro.

Hacer predicciones de lo que sucederá es aventurado, pero salvo la aparición poco probable, de otro hombre de su estatura mental, no parece que aguarden días muy claros a ese pueblo doloroso y simpático que tanto ha sufrido. Lenin era en estos momentos la palabra de sensatez y de cordura, la mirada avizora y penetrante, la mano que no temblaba en el timón.

No juzgamos sus ideas con las que no podemos estar de acuerdo, sino sus condiciones de orientador de muchedumbres y de saberse adaptar a las exigencias del momento sin encapricharse tercamente en rígidos dogmas. Mejor de lo que podemos hacerlo nosotros hoy, lo juzgará la posteridad ya que pasará un tiempo todavía antes de que puedan verse claros los resultados de su obra. De cualquier modo, desaparece con Lenin un hombre excepcional, ante cuya tumba, prematuramente abierta, sería pueril no descubrirse con respeto”.

 

24
Sep
16

bayer y monsanto

Bayer-Monsanto: una unión diabólica

escriben: Hedelberto López Blanch / Rebelión

Las empresas Bayer y Monsanto, en muchas ocasiones en vez de beneficiar con sus medicinas y alimentos transgénicos a la población mundial, provocan en cambio graves enfermedades y hasta la muerte a numerosas personas, a la par que amplían constantemente sus enormes ganancias.

Después de varios meses de negociaciones, la compañía farmacéutica alemana Bayer confirmó la compra del fabricante estadounidense de Transgénicos Monsanto por 66 000 millones de dólares .

El acuerdo se deberá cerrar para finales de 2017 y si por cualquier motivo fracasa, Bayer indemnizaría a Monsanto por 2 000 millones de dólares.

Para el convenio, la enorme compañía alemana hará una ampliación de capital y contratará un crédito puente de 57 000 millones de dólares de los bancos Merrill Lynch, Credit Suisse, Goldman Sachs, HSBC y JP Morgan. La adquisición de Monsanto convertirá también a Bayer en el mayor productor de semillas y pesticidas del mundo.

Ambas compañías tienen un enorme y peligroso expediente contra la salud de las personas relacionado con productos creados a partir de la utilización de Organismos Genéticamente Modificados (OGM).

Veamos algunos de los grandes problemas creados por esas compañías. Las pastillas confeccionadas a base de la hormona drospirenona le han costado 2 000 millones de dólares, en pago a cerca de 10 000 mujeres para evitar largos debates judiciales y más escándalos.

Medios de prensa reportaban en diciembre de 2015 que Felicitas Rohrer se enfrentó al laboratorio Bayer en un juicio “simbólico” en Alemania, por haber puesto en peligro su vida con un anticonceptivo oral del tipo Yasmin que engloban Yasminelle y Yaz.

Rohrer de 25 años padece embolia pulmonar, pierde el aliento y debe tomar un anticoagulante que rebaja sus posibilidades de tener hijos.

En junio de 2009 tuvo un paro cardíaco de 10 minutos, tenía en sus pulmones coágulos de sangre y tras varios estudios se demostró que las pastillas de tercera y cuarta generación (a base de drospirenona y otras progesteronas recientes) multiplican por dos el riesgo de tromboembolismo, con respecto a las de segunda generación.

Un grupo de ayuda mutua recogió unos 1 250 testimonios de mujeres con efectos secundarios similares .

Otro caso anterior muy sonado ocurrió en enero de 2010 cuando en Barcelona, España, la compañía fue condenada por daños provocados al vender el fármaco Liposterol (cerivastatina) para tratar el colesterol.

Tras ingerir el medicamento, varios de los demandantes sufrieron de rabdomiolisis, (insuficiencia renal y síndromes psiquiátricos) .

El consumo de la cerivastatina ha producido la muerte de varias personas. Al ser retirado del mercado, la propia Bayer reconoció que en el mundo se habían producido al menos 100 muertes relacionadas con el medicamento . Los familiares de los fallecidos solo recibieron de compensación unos 5 000 dólares.

En Canadá, la farmacéutica enfrenta demandas por 150 millones de dólares debido a daños que causa su medicamento anticoagulante Xarelto. El fármaco produce sangrados excesivos que pueden conducir a la muerte, y se calcula que sólo entre 2012 y 2013 han fallecido al menos 130 personas. Las acusaciones a la empresa están relacionadas con la falta de información y advertencias sobre los posibles graves daños de Xarelto.

El proceso de aprobación de Xarelto cuyo principio activo es rivaroxaban resultó difícil desde el principio por los efectos secundarios y sus no aclaradas reacciones adversas a largo plazo. Pese a todo, en Estados Unidos, Xarelto se comercializa con la advertencia de que los pacientes no deben dejar de tomar el medicamento sin consultar a su médico, pues puede incrementarse un riesgo mayor de accidentes cerebrovasculares.

Pasemos ahora a la ya tristemente famosa Monsanto cuya hoja de incidencias contra la salud humana se hace interminable, según diversos estudios científicos.

Fundada en Missouri, en 1901, con el objetivo de producir sustitutos del azúcar para la compañía Coca Cola, los estudios realizados en 1970 por el Instituto Nacional del Cáncer de Estados Unidos, reveló que la sacarina que fabricaba provocaba esa enfermedad en mamíferos utilizados en los experimentos.

En una de sus plantas ubicada en Anniston, Alabama, produjo en la década de 1920 el bifenilos policlorados, líquido refrigerante para condensadores, transformadores y motores eléctricos. Cincuenta años más tarde, la Agencia de Protección del Medio Ambiente (APMA), probó que ese elemento provoca cáncer en humanos y animales. Monsanto pagó más de 600 millones a los residentes en Anniston, pero el daño y los sufrimientos ocasionados a sus pobladores fueron irreparables.

En 1980 la APMA prohibió a la transnacional fabricar poliestireno sintético para empacar alimentos por sus dañinos efectos pero aún se continúan produciendo. Monsanto se convirtió en 1944 en uno de los primeros creadores del insecticida DDT, utilizados contra los insectos y en la agricultura y en 1972 se confirmaron sus efectos cancerígenos.

Aliada a las grandes corporaciones militares estadounidenses, Monsanto produjo el agente naranja que fue lanzado en Vietnam, causante de defoliaciones ambientales y diferentes tipos de cáncer en esa población asiática.

También desde la década de 1950 elabora el herbicida 2,4,5-T, a base de dioxina, uno de los precursores del agente naranja que durante la cadena alimentaria se acumula debajo de la piel de los animales y al consumir los humanos esas carnes (vacuna, bovina, caprina, avícola) les puede afectar el sistema inmunitario, interferir en las hormonas Y, y motivarles cáncer.

Para aumentar la producción de leche en las vacas, Monsanto creó la hormona modificada, somatotropina bovina recombinante (rBGH). Investigaciones efectuadas indican que la leche rBGH esta relacionada con el cáncer de mama, de colon y de próstata en los humanos. Ya esa hormona esta vetada en Canadá, Australia, Nueva Zelanda, Japón, Israel, la Unión Europea y Argentina.

Científicos del Instituto de Tecnología de Massachusetts opinan que los productos de Monsanto podrían llevar a una mayor tasa de autismo en el país y aseguran que el uso de nuevos tipos de fertilizantes agrícolas y herbicidas en Estados Unidos conducen a la alteración del desarrollo del cerebro en los recién nacidos.

La científica Stephanie Seneff, del Instituto de Tecnología de Massachusetts, denunció que “según la tasa de hoy en día, para el 2025 en Norteamérica, uno de cada dos niños será autista”.

Seneff demostró en un reciente evento científico la existencia de una correlación notable entre el aumento del uso del herbicida Roundup con su ingrediente activo, glifosato, en los cultivos, y las crecientes tasas de autismo.

Ha quedado demostrado que el glifosato está presente en la leche materna de las madres estadounidenses en niveles peligrosos. Además, se sabe que los niños autistas cuentan con biomarcadores que indican una excesiva concentración de glifosato en su cuerpo.

En 1975, uno de cada 5 000 niños en el país norteamericano eran autistas, mientras que hoy, uno de cada 68 niños sufre de esta enfermedad, mientras el uso de Roundup, se ha hecho obligatorio para la producción de cultivos sembrados con semillas genéticamente modificadas por la empresa de biotecnología Monsanto.

Después de este pequeño resumen en el largo historial de perjuicios provocados por Bayer y Monsanto, ¿podremos dormir tranquilos mientras nuestros familiares y nosotros mismos consumimos numerosos alimentos (carnes, leches, huevos, maíz, soya, etc) con elementos genéticamente modificados por Bayer y Monsanto? Resulta innegable que si la negociación de las dos compañías se concluye en 2017, será una desastrosa unión diabólica para la humanidad.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

23
Sep
16

provocadores sociales

Black bloc como táctica y excusa

escribe: Raúl Zibechi / La Jornada

En las últimas semanas hemos asistido a un debate a raíz de la actividad black bloc en Brasil, que involucró a dirigentes de movimientos sociales y colectivos de militantes. La táctica black bloc (destrucción de vidrios y escaparates de bancos y empresas privadas por jóvenes encapuchados durante las manifestaciones) ha sido habitual en Chile y en Uruguay, entre otros, y se instaló en Brasil en junio de 2013, reapareciendo con fuerza en las manifestaciones contra el gobierno ilegítimo de Michel Temer.
Desde que aparecieron las tácticas black bloc se generó una polémica en las organizaciones sociales sobre la pertinencia de esas acciones. Algunos sostienen que son negativas, porque dan argumentos a la policía para reprimir y de ese modo alejan y atemorizan a los manifestantes reales o potenciales. Otros destacan que se trata de violencia simbólica contra grandes empresas y representaciones del sistema, que tiene efectos disuasorios sobre la represión. Los partidos electorales suelen condenarlas de forma tajante.

En Brasil la polémica incluyó a uno de los más destacados referentes de los movimientos más combativos, como Guilherme Boulos, coordinador del Movimiento de Trabajadores Sin Techo (MTST). Un día antes de la mayor marcha contra el gobierno, Boulos aseguró que «en nuestras manifestaciones no hay espacio para esas prácticas», y dijo que no debían participar en la movilización del domingo 4 (goo.gl/GUDSMi). Fue duramente criticado por defender la «criminalización» de quienes emplean la táctica black bloc.

Poco después Boulos publicó una nota en su blog, en la que explica: «discrepo con la táctica porque aparta personas de las movilizaciones y toman decisiones aisladas, pero nos afectan a todos». Rechaza la acusación de criminalizar la táctica y recuerda que el MTST ha sido «duramente criminalizado por practicar la acción directa», destacando que el movimiento tiene militantes presos y con procesos en curso (goo.gl/zxqzST).

En la manifestación del domingo 4 en Sao Paulo participaron unas 100 mil personas. Los organizadores, la alianza Povo Sem Medo, donde el MTST juega un papel preponderante junto con unos 30 movimientos y organizaciones sociales y política, y el Frente Brasil Popular, hegemonizado por el PT y la central sindical CUT, se dirigieron a los encapuchados para que descubrieran sus rostros o abandonaran la marcha. No se registró ningún incidente. Sin embargo, cuando los manifestantes se dispersaban la policía militar los atacó y detuvo a 26 jóvenes, porque «pretendían practicar actos de violencia».

En esta ocasión no hubo la menor «provocación» black bloc, pero la represión fue igualmente implacable. La polémica sigue su curso, con argumentos que van desde el cuestionamiento a la violencia hasta la conveniencia de su empleo cuando participan familias con niños en las manifestaciones, incluyendo la suposición de que siempre la usan infiltrados para provocar la represión policial. Parecen necesarias algunas consideraciones.

La primera es que al tratarse de una táctica no es buena ni mala en abstracto, sino puede ser conveniente, o no, según las circunstancias. No estamos ante una cuestión de principios. Es necesario comprender que no todos los que se cubren el rostro son adeptos de la táctica black bloc, que no forman una organización ni son necesariamente anarquistas, ni usan la táctica siempre y en todo lugar. Quienes la utilizan hoy pueden no hacerlo mañana, y viceversa.

La segunda es que quienes emplean la táctica black bloc son jóvenes radicales, anticapitalistas, que rechazan el sistema económico y la represión policial. En contra de los prejuicios existentes, no pertenecen a las clases medias acomodadas; viven en las periferias, estudian y trabajan desde muy jóvenes. Por lo que conozco en Uruguay, por los datos que aportan desde Chile y por la investigación de los autores de Mascarados (Geração Editorial, 2014), se trata de personas en torno a 20 años, muchas de ellas mujeres, que sufren la persecución policial en sus barrios. Aunque son pocos, muestran «la profunda crisis en que se debate la izquierda brasileña» (p. 19).

La tercera gira en torno al principal argumento que se utiliza contra esa táctica: facilita la represión policial y espanta a una parte de los manifestantes, ya sea porque las convocatorias aclaran que las marchas son pacíficas o bien porque la represión que sigue a la táctica black bloc afecta a personas que no quieren sufrir violencia policial. Se les califica de «provocadores».

El argumento es sólido, sobre todo cuando los encapuchados actúan y se retiran antes de la llegada de la policía que termina reprimiendo a personas al azar. Pero el problema no está sólo en quienes usan esa táctica, sino en los propios manifestantes, quienes no suelen estar organizados y asisten individualmente. ¿Alguien se imagina que un grupo de jóvenes utilice la táctica block bloc durante una manifestación de las bases de apoyo del EZLN en San Cristóbal de las Casas?

La cuarta cuestión se relaciona con la utilización de tácticas similares por parte de infiltrados policiales o militares en las manifestaciones. Como señaló un joven de Sao Paulo en un excelente reportaje de la edición brasileña de El País, «creo que quien rompe un puesto de periódicos o quema un autobús, por ejemplo, o no entendió nada o es un infiltrado» (goo.gl/2G6lck). Es posible diferenciar entre las acciones black blocs y las provocaciones policiales, siempre que exista interés en hacerlo.

Por último, el tema que plantea la periodista Eliane Brum: «Mientras la destrucción de los cuerpos de los manifestantes por la policía militar está naturalizada, la de los bienes materiales es criminalizada» (goo.gl/mdRPKj). En su opinión, se trata de una «herencia esclavista y genocida» que aún no ha sido superada. Dicho de otro modo, la táctica black bloc, acordemos o no con ella, nos plantea un dilema: ¿aceptamos, sin más, el monopolio estatal de la violencia?

22
Sep
16

donald trump

¿Fin del fenómeno Trump?

 

escribe: Ignacio Ramonet / periodista español. Presidente del Consejo de Administración y director de la redacción de “Le Monde Diplomatique” en español.

 

Según las encuestas, y aunque faltan dos meses para las elecciones presidenciales del próximo 8 de noviembre en Estados Unidos, las cosas parecerían estar ya claras en lo que concierne al resultado: la candidata del Partido Demócrata, Hillary Clinton, resultaría electa y se convertiría así –venciendo además toda una serie de prejuicios machistas–, en la primera mujer que gobernaría los destinos de la principal potencia mundial de nuestro tiempo.

La pregunta es: ¿qué ha ocurrido con el candidato del Partido Republicano, el tan “irresistible” y mediático Donald Trump? ¿Por qué, de pronto, el magnate se desploma en las encuestas? (1). Siete de cada diez estadounidenses no se sentirían “orgullosos” de tenerlo como presidente, y solo el 43% lo juzgaría “cualificado” para sentarse en el Despacho Oval (mientras que el 65% sí juzga, en cambio, que la Sra. Clinton está cualificada) (2).

Conviene recordar que, en Estados Unidos, las elecciones presidenciales no son nacionales, ni directas. Se trata más bien de cincuenta elecciones locales, una por estado, que determinan un número preestablecido de 538 grandes electores quienes, en realidad, son los que eligen al (o a la) jefe de Estado. Por lo cual, las encuestas de ámbito nacional tienen apenas un valor indicativo y relativo (3).

Ante sondeos tan negativos, el candidato republicano remodeló su equipo a mediados de agosto y nombró a un nuevo jefe de campaña, Steve Bannon, director del ultraconservador Breitbart News Network. También empezó a modificar su discurso en dirección a dos grupos de electores decisivos, los afroamericanos y los hispanos.

¿Conseguirá Trump invertir la tendencia y lograr imponerse en la recta final de la campaña? No se puede descartar. Porque este personaje atípico, con sus propuestas grotescas y sus ideas sensacionalistas, ha desbaratado hasta ahora todos los pronósticos. Frente a pesos pesados como Jeb Bush, Marco Rubio o Ted Cruz, que contaban además con el resuelto apoyo del establishment republicano, muy pocos lo veían imponerse en las primarias del Partido Republicano, y sin embargo carbonizó a sus adversarios, reduciéndolos a cenizas.

Hay que entender que, desde la crisis financiera de 2008 (de la que aún no hemos salido), ya nada es igual en ninguna parte. Los ciudadanos están profundamente desencantados. La propia democracia, como modelo, ha perdido credibilidad. Los sistemas políticos han sido sacudidos hasta las raíces. En Europa, por ejemplo, se han multiplicado los terremotos electorales (entre ellos, el brexit). Los grandes partidos tradicionales están en crisis. Y en todas partes percibimos subidas de formaciones de extrema derecha (en Francia, en Austria y en los países nórdicos) o de partidos antisistema y anticorrupción (Italia, España). El paisaje político aparece radicalmente transformado.

Ese fenómeno ha llegado a Estados Unidos, un país que ya conoció, en 2010, una ola populista devastadora, encarnada entonces por el Tea Party. La irrupción del multimillonario Donald Trump en la carrera por la Casa Blanca prolonga aquello y constituye una revolución electoral que ningún analista supo prever. Aunque pervive, en apariencia, la vieja bicefalia entre demócratas y republicanos, la ascensión de un candidato tan heterodoxo como Trump constituye un verdadero seísmo. Su estilo directo, populachero, y su mensaje maniqueo y reduccionista, apelando a los bajos instintos de ciertos sectores de la sociedad, muy distinto del tono habitual de los políticos estadounidenses, le ha conferido un carácter de autenticidad a ojos del sector más decepcionado del electorado de la derecha. Para muchos electores irritados por lo “políticamente correcto”, que creen que ya no se puede decir lo que se piensa so pena de ser acusado de racista, la “palabra libre” de Trump sobre los latinos, los inmigrantes o los musulmanes es percibida como un auténtico desahogo.

A ese respecto, el candidato republicano ha sabido interpretar lo que podríamos llamar la “rebelión de las bases”. Mejor que nadie, percibió la fractura cada vez más amplia entre las elites políticas, económicas, intelectuales y mediáticas, por una parte, y la base del electorado conservador, por la otra. Su discurso violentamente anti-Washington y anti-Wall Street sedujo, en particular, a los electores blancos, poco cultos y empobrecidos por los efectos de la globalización económica.

Hay que precisar que el mensaje de Trump no es semejante al de un partido neofascista europeo. No es un ultraderechista convencional. Él mismo se define como un “conservador con sentido común” y su posición, en el abanico de la política, se situaría más exactamente a la derecha de la derecha. Empresario multimillonario y estrella archipopular de la telerrealidad, Trump no es un antisistema, ni obviamente un revolucionario. No censura el modelo político en sí, sino a los políticos que lo han estado dirigiendo. Su discurso es emocional y espontáneo. Apela a los instintos, a las tripas, no a lo cerebral, ni a la razón. Habla para esa parte del pueblo estadounidense entre la cual ha empezado a cundir el desánimo y el descontento. Se dirige a la gente que está cansada de la vieja política, de la “casta”. Y promete inyectar honestidad en el sistema; renovar nombres, rostros y actitudes.

Los medios de comunicación han dado gran difusión a algunas de sus declaraciones y propuestas más odiosas, patafísicas o “ubuescas”. Recordemos, por ejemplo, su afirmación de que todos los inmigrantes ilegales mexicanos son “corruptos, delincuentes y violadores”. O su proyecto de expulsar a los 11 millones de inmigrantes ilegales latinos a quienes quiere meter en autobuses y expulsar del país, mandándoles a México. O su propuesta, inspirada en Juego de Tronos, de construir un muro fronterizo de 3.145 kilómetros a lo largo de valles, montañas y desiertos, para impedir la entrada de inmigrantes latinoamericanos y cuyo presupuesto de 21.000 millones de dólares sería financiado por el Gobierno de México. En ese mismo orden de ideas: también anunció que prohibiría la entrada a todos los inmigrantes musulmanes… Y atacó con vehemencia a los padres de un oficial estadounidense de confesión musulmana, Humayun Khan, muerto en combate en 2004, en Irak.

También su afirmación de que el matrimonio tradicional, formado por un hombre y una mujer, es “la base de una sociedad libre”, y su crítica de la decisión del Tribunal Supremo de considerar que el matrimonio entre personas del mismo sexo es un derecho constitucional. Trump apoya las llamadas “leyes de libertad religiosa”, impulsadas por los conservadores en varios estados, para denegar servicios a las personas LGTB. Sin olvidar sus declaraciones sobre el “engaño” del cambio climático que, según Trump, es un concepto “creado por y para los chinos, para hacer que el sector manufacturero estadounidense pierda competitividad”.

Este catálogo de necedades horripilantes y detestables ha sido, repito, masivamente difundido por los medios de comunicación dominantes no solo en Estados Unidos, sino en el resto del mundo. Y la principal pregunta que mucha gente se plantea es: ¿cómo es posible que un personaje con tan lamentables ideas consiga una audiencia tan considerable entre los electores estadounidenses que, obviamente, no pueden estar todos lobotomizados? Algo no cuadra.

Para responder a esa pregunta ha habido que hendir la muralla informativa y analizar más de cerca el programa completo del candidato republicano y descubrir qué otros puntos fundamentales defiende, silenciados por los grandes medios. Éstos no le perdonan, en primer lugar, que ataque de frente al poder mediático. Le reprochan que constantemente anime al público en sus mítines a abuchear a los “deshonestos” medios. Trump suele afirmar: “No estoy compitiendo contra Hillary Clinton, estoy compitiendo contra los corruptos medios de comunicación” (4). En un tweet reciente, por ejemplo, escribió: “Si los repugnantes y corruptos medios me cubrieran de forma honesta y no inyectaran significados falsos a las palabras que digo, estaría ganando a Hillary por un 20%”.

Por considerar injusta o sesgada la cobertura mediática, el candidato republicano no dudó en retirar las credenciales de prensa para cubrir sus actos de campaña a varios medios importantes, entre otros: The Washington Post, Politico, Huffington Post y BuzzFeed. Y hasta se ha atrevido a atacar a Fox News, la gran cadena del derechismo panfletario, a pesar de que lo apoya a fondo como candidato favorito…

Otra razón por la que los grandes medios de comunicación atacan a Trump es porque denuncia la globalización económica, convencido de que ésta ha acabado con la clase media. Según él, la economía globalizada está fallando cada vez a más gente, y recuerda que, en los últimos quince años, en Estados Unidos, más de 60.000 fábricas tuvieron que cerrar y casi cinco millones de empleos industriales bien remunerados desaparecieron. Es un ferviente proteccionista. Propone aumentar las tasas sobre todos los productos importados. “Vamos a recuperar el control del país, haremos que Estados Unidos vuelva a ser un gran país”, suele afirmar, retomando su eslogan de campaña.

Partidario del brexit , Donald Trump ha desvelado que, si llega a ser presidente, tratará de sacar a EEUU del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (NAFTA por sus siglas en inglés). También arremetió contra el Acuerdo de Asociación Transpacífico (TPP por sus siglas en inglés), y aseguró que, de alcanzar la Presidencia, sacará al país del mismo: “El TPP sería un golpe mortal para la industria manufacturera de Estados Unidos”.

En regiones como el rust belt, el “cinturón de óxido” del noreste, donde las deslocalizaciones y el cierre de fábricas manufactureras han dejado altos niveles de desempleo y de pobreza, este mensaje de Trump está calando hondo. Así como su rechazo de los recortes neoliberales en materia de seguridad social. Muchos electores republicanos, víctimas de la crisis económica del 2008 o que tienen más de 65 años, necesitan beneficiarse de la Social Security (jubilación) y del Medicare (seguro sanitario) que desarrolló el presidente Barack Obama y que otros líderes republicanos desean suprimir. Trump ha prometido no tocar estos avances sociales, bajar el precio de los medicamentos, ayudar a resolver los problemas de los “sin techo”, reformar la fiscalidad de los pequeños contribuyentes y suprimir el impuesto federal que afecta a 73 millones de hogares modestos.

Contra la arrogancia de Wall Street, Trump propone aumentar significativamente los impuestos de los corredores de hedge funds que ganan fortunas y apoya el restablecimiento de la Ley Glass-Steagall. Aprobada en 1933, en plena Depresión, esta ley separó la banca tradicional de la banca de inversiones con el objetivo de evitar que la primera pudiera hacer inversiones de alto riesgo. Obviamente, todo el sector financiero se opone absolutamente al restablecimiento de esta medida.

En política internacional, Trump quiere establecer una alianza con Rusia para combatir con eficacia a la Organización del Estado Islámico (OEI o ISIS por sus siglas en inglés). Aunque para ello Washington tenga que reconocer la anexión de Crimea por Moscú. También, contrariamente a muchos líderes de su partido, ha declarado aprobar el restablecimiento de relaciones entre Estados Unidos y Cuba.

Todas estas propuestas no invalidan en absoluto las inaceptables y odiosas declaraciones del candidato republicano difundidas a bombo y platillo por los grandes medios de comunicación dominantes. Pero sí explican mejor el porqué de su éxito en amplios sectores del electorado estadounidense.

(1) A finales de agosto, Hillary Clinton le llevaba a Donald Trump, a nivel nacional, una ventaja de 6,8 puntos, según la media de sondeos que elabora la web RealClearPolitics.

(2) Varios estudios revelan también que el tándem demócrata Hillary Clinton-Tim Kaine derrotaría, por el momento, al “ ticket ” republicano Donald Trump-Mike Pence en algunos segmentos sociológicos determinantes: las mujeres (el 51% frente al 35%), los afroamericanos (el 91% frente al 1%), las minorías étnicas (el 69% frente al 17%), los jóvenes (el 46% frente al 34%), los electores con título universitario (el 47% frente al 40%) y los hombres (el 43% frente al 42%). Donald Trump sólo vencería entre los electores blancos (el 45% frente al 40%), los mayores de sesenta años (el 46% frente al 43%) y los electores blancos sin titulación (el 49% frente al 39%).

(3) Aún considerando esto, según otros sondeos, la candidata demócrata también derrotaría a Trump en varios estados clave como Florida, Pensilvania o Virginia, que son decisivos. Porque, sabiendo que California (55 grandes electores) y Nueva York (29) votan siempre a favor de los demócratas, a Hillary Clinton le bastaría con vencer, efectivamente, en Florida (29), Pensilvania (20) y Virginia (13) para acercarse holgadamente a la cifra mágica de 270 grandes electores que garantiza la elección.

(4) En su mitin del 13 de agosto, en Fairfield (Connecticut).

21
Sep
16

salvador allende … nuestro héroe

La estupidez insiste siempre”

escribe: Ismael Blanco / analista

 

Decía Albert Camus: “la estupidez insiste siempre”. Seguramente esta frase se me presentó por estas horas y no por mera casualidad.

Aclaro que no me doy por vencido por las desventuras de mediocres personajes, y mucho menos por ciertas miserias humanas que por ser humanas todos, unos más que otros, podemos llevar con nosotros.

El asunto es cuando las estrecheces y los meros caprichos dejan de estar en la esfera privada, a cuenta y riesgo de la suerte que cada uno asume con ellas, y se trasladan y repercuten en la vida pública y ciudadana.

Es absolutamente entendible que la gente espere de la función pública y de sus representantes un accionar coherente con las ideas que se enarbolan y pretendan además que lo hagan con el alcance más absoluto que pueda obtenerse del concepto de lo trasparente.

Y no es que posean esta actitud porque se hayan convertido en seres hipercríticos o en censores inflexibles, sino por la sencilla razón de que creen en el valor de la congruencia y en la conformidad entre lo que se dice y lo que se termina haciendo.

Es que lo que digo y pienso persiste por encima de todo, no me lo cambian ni los mejores buenos talantes ni los arrebatos que producen los cambios de humor, así mañana la inflación o el déficit fiscal o los índices de desocupación caigan a cifras desconocidas, como ha pasado ya en diversos momentos de la última década o que de pronto la economía se vuelva tan floreciente que colmen de satisfacción a los exitistas de la macroeconomía, a los devoradores de las cifras o a los burócratas que se conmueven con los vocablos que se refieren a la renta, la utilidad o la ganancia y que se han olvidado de que la revolución siempre vale la pena, así sea la de las estrellas y que ésta aunque sea un sueño, una ilusión o una simple quimera siempre vale la pena al menos imaginarla.

Es que si uno levanta un poco la vista, si nos dejamos de ser un poco egoístas, si por un rato volvemos a pensar en los sueños, si seguimos pensando que es necesario cambiar al mundo, si nos convencemos que salvarnos no es salvarse a uno mismo, hallaríamos suficientes razones para que los más viejos nos volvamos más jóvenes y que los más jóvenes se convenzan que ser optimistas no es una cosa de viejos, porque en realidad más allá de traidores, de intrigantes y de urdidores sólo estamos perdidos sin no tenemos más nada para soñar.

Sigo pensando que basta mirar un poco más allá de nuestras narices para convencerse que el mundo sigue siendo tan injusto, tan escandaloso e inmoral como para batirse a duelo por cambiar lo y que cuando se pierden esas ganas, sea por acopio de fastidio o por saturación de decepciones uno se siente, además de defraudado, como si una parte se hubiera muerto dentro uno.

Basta ver que la lógica especulativa supera la ciencia ficción, a día de hoy en el planeta existe la liquidez suficiente para sacar adelante todas las economías que se propongan, que si se quisiera eliminar el feudalismo de la mayoría de los países del África y Asia y acabar con los millones de pobres de toda América Latina sería posible en cuestión de un rato.

Que los activos financieros representan 10 veces el valor de la riqueza que genera todo el planeta, que sobra la capacidad de inversión y de financiamiento de todas las economías.

Sin embargo, los reyes de estos tiempos, los nobles de nuestro siglo: los bancos, obtienen más riqueza sobre la base de la especulación y de la venta de productos financieros, en particular en los contratos a futuro del valor de los commodities, en las transacciones de bolsa sobre el costo de los alimentos o en los negocios que se sustentan sobre los caídos en desgracias como son los contratos de permutas de incumplimientos.

Es más rentable la generación de la riqueza ficticia, sin respaldo, la pura especulación artificiosa que enriquecerse por plusvalía.

Descubro que hay voces que toda vía nos salvan, que nos conmueven todos los días pero en particular todos los 11 de septiembre.

Es la voz firme, masculina y serena de “Chicho” Allende. Me lo imagino entre el humo, el fuego y el polvo, dando órdenes como un verdadero Comandante, fusil en mano organizando la defensa de “La Moneda”.

Danilo Bartulín, uno de sus compañeros, de esos que siempre estaban con él, ese que quedó estampado para siempre en la puerta de “Morandé 80”, el flaco y alto, el de bigotes con nariz de boxeador, ese que no sé porqué parece uruguayo, el que sobrevivió por capricho del destino, cuenta que Salvador le ordenó que “todo el mundo dispare que aquí no hay rendición”.

Mientras escribo tengo a la vista otra imagen de Allende, se trata de una fotografía sepia, es el “Chico” maravillosamente humano, evidentemente furioso, pateándole el culo a un individuo.

Me entero que se trataba de un burócrata, de un servil de su tiempo, del responsable de la suerte de los mineros.

Supongo que en estos tiempos el heroísmo de Allende en “La Moneda” es mucho pedir, pero podríamos al menos comenzar a seguir su ejemplo pateándole el traste a los urdidores e intrigantes, a los sepultureros de sueños, a los mediocres burócratas, a los que se creen que el bien común se lleva en la boca para satisfacer el bien personal.

20
Sep
16

capitalismo y progresismo

Cartografía de la lucha de clases en América Latina y el Caribe

Posneoliberalismo vs. capitalismo offshore

escribe: Katu Arkonada y Paula Klachko / Rebelión

El presente texto es el epílogo del libro Desde abajo, desde arriba. De la resistencia a los gobiernos populares: escenarios y horizontes del cambio de época en América Latina, de inminente publicación por la editorial Caminos de La Habana, Cuba.

En primer lugar, es necesario recordar que en todo proceso de revolución surge también la tendencia a la contrarrevolución; esto tiene carácter objetivo. Triunfa en definitiva la corriente que logra la mayor fuerza, la que se guía por una línea y un plan más acertados, más inteligentes. Es decir, la posibilidad de predominio de la revolución o la contrarrevolución se decide en el terreno subjetivo, depende de la conducción de una y otra.

Schafik Hándal (1990)

Desde noviembre de 2015 han ocurrido sucesos excepcionales que cambian el panorama geopolítico y la cartografía de la lucha de clases en nuestra América. Con este trabajo pretendemos abordarlos, haciendo previamente un repaso de las etapas del ciclo posneoliberal que abrió una nueva etapa en nuestra región, al tiempo que intentamos un análisis sobre los acontecimientos de los últimos meses, que nos sitúan en un punto de inflexión y marcan enormes desafíos para los pueblos. Nos referimos centralmente al avance político de las fuerzas de derecha, avances expresados en el plano electoral y judicial que han logrado desalojar a dos gobiernos progresistas y estratégicos dado su peso político y económico como Argentina y Brasil, y que han ganado elecciones en Bolivia y Venezuela, modificando la correlación de fuerzas subjetivas y objetivas en la región.

Nuestra América se encuentra entonces en un punto de bifurcación, una guerra de posiciones entre las fuerzas sociales y políticas que protagonizan y conducen (o condujeron) el ciclo progresista posneoliberal, y aquellas que apuestan desesperadamente por la restauración neoliberal en forma de capitalismo offshore, un capitalismo que muestra la agudización de algunas tendencias que podrían indicar una modificación del ciclo capitalista dentro de su fase ya iniciada de descomposición1.

El momento político nos deja una derecha que ha acumulado fuerza en el plano electoral y solo necesita ganar las elecciones (y a veces como en Brasil, ni siquiera eso), mientras que la izquierda necesita ganar, pero sobre todo estar en la calle y reactualizar el proyecto político anti-neoliberal.

No es momento de lamentar los reveses políticos sufridos por la izquierda, sino de reflexionar sobre las nuevas formas de contrarrestar la ofensiva del capitalismo offshore contra los pueblos de América Latina y el Caribe, de retomar la ofensiva que nos lleve a otro momento de acumulación política y social, que abra otra etapa del ciclo progresista. Pero también es necesario ejercer la crítica y a la autocrítica para rectificar a tiempo en el caso del núcleo duro del cambio de época progresista (Venezuela, Bolivia y Ecuador) y para construir algo diferente en aquellos países en los que los pueblos hemos pasado a la oposición y resistencia.

Para pensar el momento actual es necesario comprender las diversas etapas que ha mostrado el ciclo progresista que convirtió a América Latina y el Caribe en la única región del mundo donde se comenzó a construir una alternativa al sistema capitalista o al menos a sus patrones de acumulación más agresivos desarrollados por medio de las políticas neoliberales.

Fase previa, o acumulación originaria del ciclo progresista (1989-1998): Las resistencias al neoliberalismo.

Caía el muro de Berlín, se desintegraba el proyecto histórico de la izquierda comunista mientras las fracciones más concentradas del capital arrasaban con las conquistas históricas de las y los trabajadores y los pueblos. Sin embargo, al tiempo que nos decían que había llegado el fin de la historia y de la lucha de clases, en el Sur del mundo comenzaba a germinar una resistencia al neoliberalismo todavía embrionaria durante el Caracazo (1989) y ya más organizada en el levantamiento zapatista (1994), así como otros procesos de resistencia contras las consecuencias de las políticas neoliberales primero y de lucha contra esas mismas políticas después.

1ª fase del ciclo progresista (1998-2003): La irrupción heroica del posneoliberalismo nacional-popular.

La potencia plebeya de resistencia al neoliberalismo se transforma en proyectos políticos que apuestan no ya por la resistencia, sino por la toma del poder, o al menos de los gobiernos como primer paso. Ello se da por dentro de las formas constitucionales o institucionales vigentes, como parte de una estrategia que se teje dentro de un período contrarrevolucionario abierto luego de la derrota de las fuerzas revolucionarias plasmadas con las dictaduras cívico-militares de mediados de los 70.

La destrucción social del neoliberalismo y la crisis provocada por la pérdida de hegemonía de las élites políticas y económicas, dejan un vacío político que es aprovechado por los proyectos nacional-populares para llegar a los gobiernos. El Comandante Chávez en Venezuela (1998), Lula en Brasil (2002) y Néstor Kirchner en Argentina (2003) abren el camino para el cambio de época en América Latina y el Caribe.

Al final de esta primera fase se refuerza la disposición de lucha desde abajo y desde arriba y la construcción heroica del posneoliberalismo con la derrota infligida por el pueblo de Venezuela al golpe de estado contrarrevolucionario de abril de 2002.

2ª fase del ciclo progresista (2004-2006): Pico de acumulación política

A Chávez, Lula y Kirchner se les suman Evo Morales en Bolivia (2005) y Rafael Correa (2006), al mismo tiempo que se derrotaba el proyecto imperial conocido como ALCA en noviembre de 2005, poco después de que los gobiernos revolucionarios de Cuba y Venezuela, con Chávez y Fidel como arquitectos de la integración, impulsaran en diciembre de 2004 el ALBA, y nacieran, también en ese periodo de 2 años, valiosos instrumentos al servicio de la liberación de los pueblos como teleSUR o la Red de Intelectuales en Defensa de la Humanidad.

Se producen algunos “golpes de timón” claves que muestran el cambio de rumbo en los escenarios políticos nacionales, como las nacionalizaciones de los hidrocarburos en Bolivia, asambleas constituyentes en Bolivia o Ecuador, o el pedido de perdón por parte del estado argentino por los crímenes de lesa humanidad cometidos por la última dictadura cívico-militar.

Al auge del antiimperialismo en la región, se suma la afirmación del carácter socialista de la Revolución Bolivariana. En este horizonte del Socialismo del Siglo XXI se alinean la Revolución Democrática y Cultural de Bolivia y la Revolución Ciudadana del Ecuador con el socialismo comunitario y el “buen vivir” como horizontes de época.

3ª fase del ciclo progresista (2007-2012): La estabilización del proyecto posneoliberal

Al núcleo duro de gobiernos progresistas se suma Centroamérica con la llegada de los sandinistas al gobierno nacional en Nicaragua (2007, aunque Daniel Ortega gana las elecciones en noviembre de 2006) y del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional en El Salvador (2009). También constituyen un avance en la correlación de fuerzas políticas favorable a los pueblos la llegada al gobierno de Fernando Lugo en Paraguay (2008) y el viraje hacia posiciones progresistas del gobierno de Mel Zelaya en Honduras.

En esta fase son derrotados gracias a la movilización popular los intentos de golpe de estado en el núcleo duro bolivariano, Bolivia (2008) y Ecuador (2010), aunque no logran ser frenados los golpes a los gobiernos populares en Honduras en 2009 (cuando se incorpora al ALBA) y Paraguay en 2012, inaugurando la nueva estrategia de “golpes blandos” de la derecha, perpetrados desde las propias instituciones del estado liberal.

Estas piedras en el camino de la construcción progresista y revolucionaria de Nuestra América tienes su contracara en las nuevas constituciones aprobadas en referéndum que consolidan la refundación de los Estados posneoliberales en Bolivia y Ecuador (con el antecedente de Venezuela en 1999). Se logra cristalizar en los nuevos textos constitucionales el cambio en las correlaciones de fuerzas sociales y políticas a favor de los pueblos.

Al mismo tiempo, América Latina y el Caribe entran de lleno en la transición al mundo multipolar, con una presencia cada vez mayor en la región de Rusia y sobre todo China, además del nacimiento, en junio de 2009, de los BRIC (Brasil, Rusia, India y China, a los que después se sumaría en abril de 2011 Sudáfrica), que contrarrestan la hegemonía yanqui en su tradicional patio trasero y generan condiciones para un desarrollo económico endógeno con mayores grados de soberanía.

4ª fase del ciclo progresista (2013-2016): reflujo y crisis

La muerte del Comandante Chávez (marzo 2013) abre de manera simbólica una etapa de reflujo, de crisis en el bloque nacional-popular que se traduce en un pico de desacumulación política y social que culmina con tres derrotas electorales para la izquierda y los proyectos nacional populares o el progresismo (de distinto signo, pero derrotas al fin y al cabo) en Argentina (octubre de 2015, el único gobierno de izquierda y/o nacional-popular perdido en las urnas desde 1998), Venezuela (diciembre de 2015) y Bolivia (febrero 2016), además de un golpe político-institucional-mediático contra el gobierno brasileño de Dilma Rousseff (mayo de 2016).

Esta fase deja un debate no saldado para la izquierda y es el del Estado. Decía René Zavaleta Mercado (1983), sociólogo marxista boliviano, que la historia de las masas es una historia que se hace contra el Estado. Pues el Estado históricamente expresa las relaciones de dominación y aunque aparenta estar por encima de los intereses de las distintas clases y arbitrarlos produce los instrumentos institucionales necesarios para la reproducción de la clase dominante. Por ello también afirma Jorge Viaña (2006) que la historia de las masas es siempre una historia que se hace contra el Estado, y por lo tanto todo Estado niega a las masas en última instancia, aunque pretenda expresarlas. Probablemente esto es más claro en los procesos del segundo anillo progresista, y nos ayuda a entender parcialmente lo sucedido en Argentina o Brasil.

Sin embargo, en el caso de los procesos que se han planteado cuestionar el poder de la clase dominante y al sistema mismo, el Estado se constituye como “Estado de transición”, casi como un “Leviatán a contramano”, tal como lo denomina Miguel Mazzeo (2014), pues expresa nuevas correlaciones de fuerza que permean las instituciones, modifican las reglas de juego y se proponen apuntalar la construcción de poder popular.

En la dialéctica contradictoria de las transiciones, la lógica de la inercia estatal obstaculiza, al tiempo que potencia las experiencias populares autogestionarias. Es un Estado que se reforma a sí mismo, por ejemplo, mediante las reformas constitucionales del núcleo duro bolivariano, lo que no sucedió en ninguno de los países del segundo anillo progresista, en los cuales ese viejo monstruo y sus lógicas de arbitrio bajo envolturas sumamente democráticas favorecieron la reconstitución de la iniciativa cultural, económica, institucional, comunicacional de las fuerzas restauradoras del orden neoliberal.

Al tiempo que las fuerzas políticas que condujeron los gobiernos populares de este segundo anillo priorizaron la lucha desde arriba desvalorizando la auto organización popular, salvo en los momentos de agudización del enfrentamiento en que intentan apelar a la movilización de las masas. En cambio, en el primer anillo se apela constantemente a la lucha desde abajo como reaseguro del proceso revolucionario y como senda de construcción del socialismo.

5ª fase del ciclo progresista (2016- ): Guerra de posiciones entre el Posneoliberalismo y el Capitalismo Offshore

Si bien hemos entrado en una fase de crisis del ciclo progresista, no se puede hablar de su fin. En primer y evidente lugar porque es destacar que, si bien la clase dominante ha logrado desalojar del gobierno y del aparato del Estado a algunos gobiernos populares mediante elecciones (Argentina) o mediante maniobras leguleyas y judiciales (Brasil), no han caído los gobiernos populares del núcleo duro del cambio de época progresista: Bolivia, Ecuador, y Venezuela. Aunque hayan perdido dos procesos electorales parciales y, sobre todo en Venezuela, se hayan agudizado las contradicciones, el enfrentamiento y la polarización social, no se ha detenido la construcción revolucionaria expresada fundamentalmente en las comunas2, con el apoyo del Estado Revolucionario.

Los tres proyectos que se plantearon ir más allá de las relaciones capitalistas en el largo plazo son los que están en pie, lo que indica que la batalla estratégica de nuestro tiempo es la defensa de esos procesos.

La fase en la que entra el ciclo progresista se caracteriza entonces por una guerra de posiciones en la que la izquierda debe hacer un buen diagnóstico y balance del breve ciclo de derrotas electorales, de lo sucedido en Brasil, y en general del reflujo en la capacidad de resistencia y movilización política de las fuerzas de izquierda en el continente.

Pero, ¿cuáles son las características de esta nueva etapa del ciclo progresista? ¿Qué características se delinean en el Capitalismo Offshore del siglo XXI?

Nueva derecha: Esta nueva derecha es una derecha sin proyecto. Hasta el momento ninguno de los gobernantes de derecha ha conseguido materializar un proyecto político anti-posneoliberal que haya cuajado. Ni Uribe en Colombia, ni Piñera en Chile, ni Peña Nieto en México. No hay proyecto, pero si hay construcción del discurso aprovechándose de las debilidades y errores cometidos por los gobiernos de izquierda. Macri como gerente de la Argentina es la gran prueba de fuego para la derecha offshore. Esta derecha avanza hasta donde puede con el objetivo de maximizar la explotación del trabajo y la concentración de riqueza, y retrocede en la medida en que se mella su legitimidad y potencia electoral.

¿Por qué es nueva? Es nueva porque tiene un discurso -también testeado por encuestas y consultoras- más modernizador hacia afuera: aunque, en el caso de Argentina, defienda a genocidas y torturadores de las dictaduras cívico-militares3, tienen un discurso sobre los derechos humanos. Aunque en su fuero interno sean conservadores y retrógrados (como se muestra en diversas declaraciones) aceptan -o al menos no cuestionan por ahora- derechos civiles como por ejemplo la ley de matrimonio igualitario y otras. No se presentan tan abiertamente como en el pasado con la cruz y la espada en la mano, sino que apelan como instrumento disciplinador a la despolitización de las masas. De ahí los globitos de colores utilizados en las campañas electorales en vez de banderas y consignas.

Nueva estructura de clases sociales: Los gobiernos progresistas redistribuyeron la riqueza sin politización social (afirmación que se cumple en menor medida en el núcleo duro bolivariano, pero que también explica parte de los problemas que viven estos procesos). Las clases medias de origen popular no encontraron otra alternativa al elevar sus niveles de renta y consumo que el american way of life, o cultura del shopping. El ciclo progresista no logró derrotar la hegemonía del capitalismo en el plano cultural, y una vez que las clases populares alcanzan niveles de consumo que hasta hace poco pertenecían a otras clases sociales, acaban interiorizando las preferencias políticas de estas otras clases sociales. La clase vuelve por tanto al centro de la disputa política en esta nueva fase del ciclo progresista, pero sin que la alternativa posneoliberal se haya transformado en una alternativa anticapitalista o socialista.

Nuevas vías de restauración hegemónica del capital o de la fuerza social-política de la oligarquía financiera: Los golpes en Honduras, Paraguay y Brasil demuestran, como afirman Flax y Romano (2016), que “el diseño institucional de nuestros sistemas políticos formalmente democráticos y representativos sigue siendo permeable a la capacidad de dominio de las minorías privilegiadas: ya no parece ni necesario ni adecuado usar la fuerza para quitarle el poder del Estado a gobiernos que resultan incómodos”.

Tampoco fue necesario usar la violencia organizada o la insurrección armada del pueblo para quitarle los gobiernos a los neoliberales de los 90 y principios de los 2000. Las fuerzas social-políticas que lograron expresar los procesos de resistencias y luchas del ciclo de la rebelión de los 90 llegaron a los gobiernos por medio de los votos. Es decir que en esos momentos de crisis orgánicas o de hegemonía, la oligarquía financiera pierde el comando de los aparatos estatales y el régimen democrático burgués permite el ascenso de gobiernos populares, así como ahora por esa vía llegan los gobiernos restauradores o de derecha. Nuestras revoluciones o reformas pacíficas, y por ello graduales e inconclusas, pueden verse atrapadas en la trampa de las elecciones democráticas y la libre expresión. Es el dilema de construir el socialismo dentro de las formas de un capitalismo democrático4 y en un solo país.

A los golpes tradicionales se le suman los llamados golpes suaves, con la intervención imperialista de ONGs que buscan impulsar “primaveras latinoamericanas”, canalizando fondos de USAID, NED o el Departamento de Estado, en muchos casos (como el boliviano) de la mano de fundaciones de derecha como la Konrad Adenauer alemana.

Profundización del parasitismo financiero: Como muestra Jorge Beinstein, se refuerza la tendencia a la financiarización, tendencia que se venía expresando desde inicio del milenio, que muestra un estancamiento inestable entre 2009 y 2013, y aunque luego de 2014 se desinfla, en diciembre de 2015 casi triplicaba los derivados globales de 19985. Se puede confirmar por tanto como están intrínsecamente ligados la profundización de la financiarización de la economía, con la decadencia y descomposición del sistema en su conjunto.

Por otro lado, Beinstein agrega que “la financiarización integral de la economía hace que su contracción comprima, reduzca el espacio de desarrollo de la economía real” (Beinstein, 2016: p. 3). Esto afecta sin duda aquellos espacios a los cuales las experiencias posneoliberales destinaban parte de su producción para obtener divisas con las cuales financiar, a su vez, el desarrollo endógeno.

Nuevo terrorismo mediático: La Guerra de IV Generación conducida por el imperialismo tiene un papel crucial en esta nueva fase del ciclo progresista. En muchos casos los medios de comunicación masivos en manos privadas complementan a los partidos políticos de derecha, sustituyéndolos directamente cuando estos están muy desacreditados, viniendo a cumplir su mismo rol de ariete contra los gobiernos de izquierda, construyendo matrices de opinión que rotan sobre la corrupción, narcotráfico, inseguridad ciudadana o incapacidad política como elementos centrales. Así el estado mayor conjunto de la oligarquía financiera está constituido por los agentes del imperialismo y las corporaciones empresarias y mediáticas.

La lucha de clases tiene una expresión fundamental en el espacio público mediático, especialmente las redes sociales, que se convierten en un campo de batalla como hemos podido observar durante las campañas electorales en Argentina, Venezuela y Bolivia, así como legitimando el golpe mafioso de Temer y el conjunto de la derecha en Brasil.

Ya lo dejó escrito Gene Sharp, uno de los ideólogos del golpe suave: “La naturaleza de la guerra en el siglo XXI ha cambiado (…) Nosotros combatimos con armas psicológicas, sociales, económicas y políticas6”. Es por ello que es imposible entender esta nueva fase del ciclo progresista sin analizar el rol de los grandes medios de comunicación como arma psicológica del Capitalismo Offshore. El lobo se viste con piel de cordero.

Nueva intelectualidad: De forma complementaria a los medios de comunicación, la derecha ha ido construyendo una lumpenburguesía intelectual necesaria para construir su relato, para fragmentar al pueblo y convertirlo en individuos “ciudadanos” consumidores, difuminando la lucha de clases y amortiguando las medidas de shock de la nueva derecha. Son las y los herederos del posmodernismo y el new age que suavizaron o disfrazaron el efímero triunfo ideológico del capital luego de la caída del campo socialista con el relato sobre el fin de los grandes relatos totalizadores, valga la redundancia. Actualmente logran captar partes de la juventud con nuevas formas de rebeldía light que no apuntan a cuestionar las contradicciones ni injusticias estructurales del sistema.

Nuevas formas de destrucción capitalista: los sujetos de la restauración neoliberal no operan u operaron sólo en los países con gobiernos progresistas. Donde la izquierda es oposición se producen horrores inimaginables, la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa en México, la desaparición selectiva de militantes y referentes populares en Colombia, o el asesinato de la dirigente indígena hondureña Berta Cáceres son algunos entre los muchos ejemplos de las cuotas de destrucción humana, social y de bienes comunes a las que el capitalismo puede llegar con tal de mantener o elevar la tasa de ganancia. Si bien ello constituye una lucha histórica del capital -para contrarrestar la tendencia inevitable a la baja de la tasa de ganancia- el horror que producen encuentra nuevos laberintos.

Nuevas formas de desintegración y de imperialismo: 10 años después de la derrota del Área de Libre Comercio para las Américas (ALCA), la Alianza del Pacífico (AP) asoma como un peligro que buscar desgastar y erosionar los instrumentos de la integración latinoamericana, peligro aun mayor que el ALCA si cabe en la medida en que la AP incursiona también en el ámbito de la integración política y no solo la económica del libre comercio. La AP es una herramienta de desintegración complementaria al Acuerdo Estratégico Trans-Pacífico de Asociación Económica (TPP), que esté ya sí con la presencia de los Estados Unidos, además de contar con un inicio con Chile como doble pivote entre la AP y el TPP, busca frenar la creciente influencia geopolítica de China.

Nueva geopolítica continental: Sin embargo, hay motivos para la esperanza, el mundo multipolar ya está aquí y Nuestra América juega un papel central en él. El declive de la hegemonía estadounidense, junto con el rol cada vez más ambicioso de China Rusia en el tablero geopolítico genera condiciones más favorables para la lucha por la independencia y la soberanía. América Latina se convierte en un referente en cuanto a zona de paz con el avance del fin del conflicto armado en Colombia. La Paz con justicia social y participación política de la insurgencia no es un hecho, pero si un horizonte visible que nos anima a seguir caminando. La rectificación de Estados Unidos restableciendo las relaciones con Cuba, que deberían llevar a una normalización de las mismas una vez que se levante el bloqueo contra la Isla, o la entrada de Bolivia como miembro no permanente del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, son elementos que permiten visualizar un nuevo tablero geopolítico en el que librar esta guerra de posiciones contra el Capitalismo Offshore. En este sentido la batalla estratégica pasa por defender las posiciones de avanzada conquistadas: los gobiernos revolucionarios.

¿Qué hacer?

Debemos hacernos la misma pregunta que se hacía Lenin en 1902, acerca de cuál es la estrategia que debe guiar a las izquierdas latinoamericanas y caribeñas en este momento histórico, en esta coyuntura política que nos ha tocado vivir.

Pero para ello, como nos muestra Álvaro García Linera (2016), nos es más útil el Lenin que ya había hecho la revolución y gobernado, el Lenin que en 1921 hacía autocrítica y escribía: “Cometimos el error de querer emprender el paso inmediato a la producción y distribución comunistas. Es inevitable pasar de la táctica del asalto directo a la del asedio, gradualidad, rodear”.

Lo cierto es que entramos en un nuevo periodo de luchas defensivas, y si entendemos la historia, como nos enseñó Marx, por oleadas, las revoluciones también tienen momentos ascendentes y descendentes. En ese sentido es necesario volver a acumular política y socialmente para una segunda oleada que necesariamente tiene que nacer desde el núcleo duro bolivariano, Bolivia, Venezuela, Cuba, Ecuador, acompañados por Nicaragua y El Salvador.

Por ello, decimos una vez más que la estrategia fundamental de las luchas de los pueblos en este punto de inflexión en el que nos encontramos pasa por defender esas experiencias diversas mediante las que se desarrolla la revolución en dicho núcleo duro. Debemos tratar de crear un escudo protector para que puedan seguir creciendo las experiencias de construcción de poder popular que constituyen la revolución silenciosa y menos conocida de las bases revolucionarias, al tiempo que el entendimiento de que solo manteniendo los gobiernos revolucionarios pueden continuar esas construcciones, aun con todos los sacrificios que los procesos revolucionarios implican.

Volviendo a Lenin, el revolucionario ruso afirmaba que la base para la construcción del socialismo era “soviets + electricidad”. En ese sentido, el programa político que debemos construir en esta nueva etapa del ciclo progresista pasa por una fórmula similar. Nuestros soviets son el poder popular, la formación política, la creación de nuevos liderazgos y de una ética revolucionaria incorruptible. Y nuestra electricidad es la eficiencia y técnica en resolver caminos productivos alternativos a los que nos marcan los capitalismos parasitarios y dependientes que apunten a resolver necesidades inmediatas de nuestros pueblos, y en construir nuevas formas y medios de comunicación si queremos romper la hegemonía del capitalismo en el ámbito cultural.

Por último, retomar la senda revolucionaria de la crítica y la autocrítica constructiva, genuina y desde adentro, nos dará la fuerza para retomar la iniciativa popular, rectificando a tiempo en el núcleo duro nuestroamericano, y repensando los modos de organización y luchas populares en aquellos territorios en los que hemos pasado a la resistencia y defensiva de nuestras históricas conquistas.

Bibliografía

Hándal, Schafik (1990), “PCS: 60 Años Jóvenes en la Lucha por la Democracia y el Socialismo”, disponible en https://www.marxists.org/espanol/handal/1990/001.htm

Zavaleta Mercado, René (1983). “Cuatro conceptos de democracia” (La Paz: Juventud)

Viaña, Jorge (2006), “Crisis estatal y democracia en Bolivia 2000 – 2006: un estudio de fondo”, disponible en http://www.rebelion.org/noticias/2006/9/37843.pdf

Mazzeo, Miguel (2014) “Desde adentro, desde abajo”, prólogo a Teruggi, Marco (2015) Lo que Chávez sembró. Testimonios desde el socialismo comunal (Bs. As.: Ed. Sudestada)

Flax, Sabrina; Romano, Silvina; Vollenweider, Camila (2016), “Golpes Siglo XXI: Nuevas estrategias para viejos propósitos. Los casos de Honduras, Paraguay Brasil”, disponible en http://www.celag.org/golpes-siglo-xxi-nuevas-estrategias-para-viejos-propositos-los-casos-de-honduras-paraguay-brasil-por-sabrina-flax-silvina-romano-y-camila-vollenweider

Borón (2000) Tras el Búho de Minerva. Mercado contra democracia en el capitalismo de fin de siglo (Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica)

García linera, Álvaro (2016) Conferencia magistral: “Del estado y la revolución al estado de la revolución en Lenin”, disponible en https://www.youtube.com/watch?v=2Elvk2NlPMk

Notas:

1 Hemos explicado en el capítulo 2 las características que adquiere el capitalismo en las últimas décadas, características que muestran el inicio de una fase de descomposición del sistema de acumulación de capital, tendencia de largo plazo que no impide su desarrollo deforme. Se debe tomar en cuenta que descomposición no es sinónimo de desaparición, sino que remite a la dificultad de reproducción en las relaciones que son propias, proceso que puede durar todavía siglos.

2 En la actualidad (julio 2016) existen 1.567 Comunas que agrupan a 46.118 Consejos Comunales según el contador de comunas que publica el Ministerio del Poder Popular para las Comunas y los Movimientos Sociales. Se puede visitar en http://consulta.mpcomunas.gob.ve/index.php. Estos números fueron obtenidos en la entrada a la página del 5 de julio de 2016, pero son modificados permanentemente a medida que crece la cantidad de comunas y consejos comunales.

3 Los vínculos con las dictaduras cívico-militares son directos en algunos casos, como los lazos económicos de la familia empresarial de Macri que se enriqueció como contratista del estado junto a los grupos económicos que formaron parte de la llamada “patria financiera”. Además, es visible la participación de militantes defensores de los genocidas en los actos de la nueva derecha en Argentina y entre los diputados que votaron a favor el impeachment en Brasil.

4 Utilizamos el concepto de “capitalismo democrático” pues como explicaba Atilio Borón la expresión “democracia capitalista” es una expresión equívoca porque supone que en dicha forma estatal lo esencial es el componente democrático mientras que el carácter capitalista es apenas una tonalidad que modifica de modo accesorio al funcionamiento de la democracia. Las democracias en el capitalismo contemporáneo son ‘capitalismos democráticos’, en donde lo esencial es el carácter capitalista de una formación social y su expresión política, y lo accesorio, prescindible, descartable es la democracia. Lo primero, el capitalismo, recordaba von Hayek, es una necesidad; la democracia, en cambio, es una conveniencia, siempre y cuando no altere el funcionamiento de aquel. (Borón, 2000: 161-164).

5 “En diciembre de 1998 los derivados globales llegaban a unos 80 billones de dólares equivalentes a 2,5 veces el Producto Bruto Global de ese año, en diciembre de 2003 alcanzaban los 200 billones de dólares (5,3 veces el PBG) y a mediados de 2008, en plena euforia financiera, saltaron a 680 billones (11 veces el PBG), la recesión de 2009 los hizo caer: para mediados de ese año habían bajado a 590 billones (9,5 veces el PBG). Se había acabado la euforia especulativa y a partir de allí las cifras nominales se estancaron o subieron muy poco reduciendo su importancia respecto del Producto Bruto Global: en diciembre de 2013 rondaban los 710 billones (9,3 veces el PBG) y luego se produjo el gran desinfle: 610 billones en diciembre de 2014 (7,9 veces el PBG) para caer en diciembre de 2015 a 490 billones (6,2 veces el PBG)”.




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