Archivo para 31 mayo 2019

31
May
19

El imperialismo no descansa …

El trumpismo, caos y balcanización de Latinoamérica


escribe: Aram Aharonian / Espacio Público

De la mano de gobiernos de ultraderecha y coincidiendo con la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca, resurgieron en América latina el neofascismo, la xenofobia, la misoginia, la homofobia y el racismo, tras dos décadas de experiencias progresistas en varios países, que colaboraron para este retorno con su reticencia a realizar cambios estructurales y aferrarse a los preceptos de la democracia burguesa.

En las últimas siete décadas nunca Argentina, Chile y Brasil estuvieron gobernados por la derecha al mismo tiempo. Hoy, en cambio, una derecha elegida por los votos se ha asentado en el poder no solo en estos tres países, sino también en Paraguay, Colombia, Perú, Ecuador y en Centroamérica. Ya no hicieron falta tanques, metralletas, torturas, muertos ni desaparecidos, como hace casi siete décadas atrás.

Pero estas derechas han sido ineficientes al desarrollar el libreto trazado por Washington y apenas logran levantar la mano cuando el guión así lo expresa. Estos gobiernos –algunos de los cuales reivindican las dictaduras militares y los genocidios- estén alineados totalmente con la geopolítica de Trump, EEUU y/o la OTAN, y también con la regresión en los salarios, en las condiciones de empleo y beneficios de los trabajadores y de los sectores de menores recursos, en la privatización de las jubilaciones y pensiones, en la imposición de las políticas del Fondo Monetario Internacional (shock y endeudamiento condicionante de futuro).

La percepción insertada en los imaginarios colectivos de que mesiánicos candidatos ajenos a la política pueden combatir la corrupción y la inseguridad –los dos caballitos de batalla electoral de la derecha-, marcan, también, la crisis de la democracia al estilo occidental y cristiano. Me abstengo de usar la clasificación de “derecha populista”, pues pareciera tener como fin a hacer olvidar a los grandes movimientos de la región (Cárdenas, Vargas, Perón) y su preocupación por la soberanía de las naciones y la redistribución de la riqueza.

La insistente estrategia del trumpismo es la de fracturar definitivamente el territorio latinoamericano-caribeño incluyendo sus esfuerzos –hoy bastante exitosos- de terminar con los procesos de integración soberanos de la región, como Mercosur, Unasur y la Celac; crear la desestabilización y el caos en cada uno de los países, balcanizar la región, para garantizar el control total de su “patio trasero”.

Pero para los latinoamericanos Donald Trump no es un tipo simpático, a quien querer o admirar. Es el prototipo del arrogante, pedante, autoritario multimillonario que le pisa la cabeza a todos para lograr sus objetivos. Es un hombre de temer, es el del garrote.

Hoy una idea -autoritaria, disciplinante, invariablemente defensora del empresariado- del “orden” que define la perspectiva de la derecha. A los principios conservadores de religión, tradición y jerarquía; se suma la defensa del libre mercado, la defenestración de los modelos de integración regional, el control social, la destrucción del estado de bienestar, con el uso permanente de los falsos mensajes desde los medios masivos, llenos de violencia y con la alarma del terrorismo o del comunismo, contra todo aquello que signifique pensar, con fuertes brotes xenofóbicos, homofóbicos, misóginos.

El escritor mexicano Octavio Paz denunciaba que “la derecha no tiene ideas, sino sólo intereses”, que muchas veces ni son los propios. Para ser de derecha hoy ni siquiera hay que pensar, sino seguir los dictados de la guerra psicológica y neurológica (de quinta generación) a través de los medios masivos de comunicación y de las llamadas redes digitales: asumir como ciertas (como en cualquier credo) las mentiras y la información que se irradia desde las usinas del pensamiento capitalista y dejarse llevar por la ola.

Pero el resurgimiento de la derecha en Latinoamérica tiene que ver con una derrota política de los gobiernos progresistas de los últimos tres lustros en la región y con su abstención de realizar cambios estructurales en sus países, pero, sobre todo con una derrota cultural. Ya no se habla –al menos desde el poder- de igualdad, justicia social y de sociedades de derechos, ni del “buen vivir”, de democratización de la comunicación, de democracia participativa.

La guerra cultural del capitalismo actual pretende compensar la desaparición de su gran promesa abstracta de progreso, desarrollo y buen gobierno; y fuerza a aceptar el despojo de la mayoría de las conquistas sociales y políticas logradas; y prevenir o desmontar todas las resistencias y protestas mediante el control social. Y cuando éste no funciona por las buenas, aplican el plan b, su control militar.

Esta guerra cultural se propone que todos, en todas partes acepten el orden que impone el capitalismo como la única manera en que es posible vivir la vida cotidiana, la vida ciudadana y las relaciones internacionales. El imperialismo cultural ha desempeñado un papel fundamental en prevenir e impedir que individuos explotados y alienados respondiesen colectivamente a sus condiciones cada vez más deterioradas. Su mayor victoria no es sólo la obtención de beneficios materiales, sino su conquista del espacio interior de la conciencia a través de los medios de comunicación de masas, primero, y de las llamadas redes digitales.

El conservadurismo cultural latinoamericano argumenta que los valores tradicionales se están perdiendo frente a lo que denominan “ideología de género”, una etiqueta vaga donde arrojan todo lo que rechazan: el movimiento feminista, los derechos reproductivos de la mujer, el matrimonio igualitario, que atribuyen a una alianza internacional que incluye a las Naciones Unidas, fundaciones filantrópicas occidentales y organizaciones que operan a nivel nacional con el objetivo de filtrar prácticas extranjeras. Además de comunistas y fundamentalistas árabes, claro.

Imponen sus políticas neoliberales, que acrecienta el desempleo de personal no calificado, calificado y especializado y el surgimiento de la generación que no tiene educación, ni trabajo, ni futuro, mientras se verifica la destrucción o el debilitamiento de las antiguas organizaciones populares y la criminalización de las que representan a los ciudadanos, empleados, trabajadores y campesinos junto a la mutilación política, moral, social, cultural, económica de los partidos políticos, convertidos en meros instrumentos para obtener empleos de elección popular.

La desestructuración intelectual, política y moral es el mayor estrago que causa la guerra financiera del neoliberalismo globalizador del cual Trump es paladín, que lleva a que las protestas y resistencias de la población a fragmentarse en luchas sectoriales y coyunturales. Tampoco existe un movimiento o una articulación internacional, una vanguardia, una solidaridad internacional.

La exaltación del individuo, la fragmentación de las familias y las sociedades, la conversión de los trabajadores en consumidores, y la religión del dios Dinero y sus tarjetas de crédito, que transforma a individuos, empresas y Estados en esclavos de la deuda, son algunos de los efectos del capitalismo cultural y financiero.

El gobierno de Trump, junto a las elites económicas locales, está empeñado en terminar con la política externa independiente de nuestros países y con los procesos de integración, de destruir la memoria histórica de los pueblos, tienen como fin privatizar (entregar a las empresas trasnacionales) los recursos naturales, las empresas estatales y los bancos públicos financieramente rentables, además de vender las tierras a individuos y empresas extranjeros, comprometiendo la producción de alimentos, la soberanía alimentaria y el control sobre las aguas.

Preparando el desembarco ultraderechista

La internacional capitalista, movilizada y generosamente financiada por el movimiento libertario de extrema derecha (libertarians en inglés) que funciona a través de un inmenso conglomerado de fundaciones, institutos, ONGs, centros y sociedades unidos entre sí por hilos poco detectables, entre los que se destaca la Atlas Economic Research Foundation, o la “Red Atlas”, que ayudó a alterar el poder político en diversos países como extensión tácita de la política exterior de EEUU.

Los think tanks asociados a la Red Atlas son financiados por el Departamento de Estado y la National Endowment for Democracy (Fundación Nacional para la Democracia – NED), brazo crucial del softpower estadounidense y directamente patrocinada por los hermanos Koch, poderosos billonarios ultraconservadores. Entidades públicas funcionan como centros de operación y despliegue de líneas y fondos como la Fundación Panamericana para el Desarrollo (PADF), Freedom House y la Agencia del Desarrollo Internacional de Estados Unidos (Usaid), que reparten directrices y recursos a la ultraderecha latinoamericana, a cambio de resultados concretos en la guerra asimétrica en la que participan.

La Red Atlas cuenta con 450 fundaciones, ONGs y grupos de reflexión y presión, con un presupuesto operativo de diez millones de dólares, aportados por sus fundaciones “benéficas, sin fines de lucro” asociadas, que apoyaron, entre otras al Movimento Brasil Livre y a organizaciones que participaron de la ofensiva en Argentina, como las fundaciones Creer y Crecer y Pensar, un think tank de Atlas que se incorporó al partido (Propuesta Republicana, PRO) creado por Mauricio Macri; a las fuerzas de oposición en Venezuela y al derechista presidente chileno, Sebastián Piñera.

La Red Atlas tiene trece entidades afiliadas en Brasil, doce en Argentina, once en Chile, ocho en Perú, cinco en México y Costa Rica, cuatro en Uruguay, Venezuela, Bolivia y Guatemala, dos en República Dominicana, Ecuador y El Salvador, y una en Colombia, Panamá, Bahamas, Jamaica y Honduras. La extrema derecha “moderna” es el movimiento libertario que hoy navega con pabellón republicano, y que tiene en la Red Atlas a su principal propulsor en América Latina.

La administración Trump está repleta de ex alumnos de grupos relacionados con Atlas y amigos de la red como Sebastian Gorka, el asesor islamofóbico de contraterrorismo de Trump, la secretaria de Educación Betsy Devos lideró el Acton Institute, un grupo de reflexión de Michigan que desarrollaba argumentos religiosos a favor de las políticas de de ultraderecha, pero la figura principal del entramado es Judy Shelton, economista y miembro principal de la Red Atlas, quien se hizo cargo de la NED, tras ser consejera de la campaña de Trump.

Balcanizar para dominar

La balcanización de Latinoamérica es un rasgo característico de la actual geopolítica en disputa, aunque sus antecedentes vengan desde la época colonial (dividir para reinar), con el genocidio humano y cultural. Washington está forzando a cambiar la lógica de inserción, provocando un reordenamiento geopolítico en Latinoamérica, viraje que será determinante en unos años cuando se visualice mejor cómo la región se transforma no sólo al interior sino también en su relación con el exterior.

El gobierno de Trump usa todas las armas de una guerra híbrida y multidimensional, que van desde la amenaza de intervención armada, pasando por una guerra psicológica permanente por medios masivos de comunicación trasnacionales y las llamadas redes digitales, hasta el chantaje de condicionar préstamos crediticios de los organismos multilaterales como el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial o el Banco Interamericano de Desarrollo al seguimiento estrictos de sus deseos políticos.

Como botón de prueba, el vicepresidente Mike Pence presionó al mandatario ecuatoriano Lenín Moreno para atacar a Venezuela; acabar con la integración sudamericana, y entregar al fundador de WikiLeaks Julian Assange, a cambio de un mísero préstamo del Fondo Monetario Internacional.

Hoy Washington trabaja en la balcanización de Venezuela. Intenta desmembrar a los estados fronterizos de Táchira y/o Zulia de Venezuela para formar una nueva republiqueta. No se puede olvidar que Panamá era territorio de Colombia y que Estados Unidos desmembró ese territorio en 1903 para formar una nueva República. La teoría de la balcanización sigue estando presente en la mente del imperio.

Los planes y estrategias de balcanización están en el menú de opciones de la guerra híbrida y multidireccional de Estados Unidos. Por ello, las próximas elecciones en Uruguay, Argentina y Bolivia son fundamentales para, al menos, ponerle coto a la política imperial estadounidense.Aram Aharonian: Periodista y comunicólogo uruguayo. Creador y fundador de Telesur.

26
May
19

irán y el sionismo

¡Es él, Netanyahu, quien empuja a EEUU a la guerra contra Irán!

Nazanín Armanian

escribe: Nazanín Armanian

Licenciada en Ciencias Políticas, ha trabajado en la UNED como tutora de Ciencias políticas. Docente, traductora y escritora de 15 libros.

Foto: Twiter/Netanyahu
Foto: Twiter/Netanyahu

“Kerry recuerda al Congreso que Netanyahu aconsejó a los EEUU invadir Irak”, fue el titular de The New York Times del 25 de febrero del 2015, cuando el Secretario de Estado de Obama intentaba desactivar la resistencia de un sector del Congreso explicando que bajo los términos del acuerdo nuclear firmado con Irán este país no podrá producir la bomba durante 15 años, y luego habrá otros 10 años de supervisión sobre “cada onza” de uranio que produzcan.

Aunque la confesión de este secreto a voces llegaba muy tarde para la nación iraquí, y medio mundo, desvelaba otra increíble realidad: que un diminuto país de Oriente Próximo tiene el poder y capacidad para engañar y manipular a una superpotencia, y arrastrar a decenas de estados “adultos” del mundo a una guerra a base de 7 mentiras al servicio de 10 objetivos. La extremaderecha israelí, encabezada por Netanyahu, vuelve a enviar a los soldados de su protector a matar y morir por los intereses de la élite y del complejo industrial-militar de Israel. El senador Ernest Hollings también lo dijo en 2004: EEUU invadió Irak “para proteger a Israel”, gracias a la influencia de tres judíos pro israelíes en Washington. Richard Perle, presidente de la Junta de Política de Defensa del Pentágono; Paul Wolfowitz, Subsecretario de Defensa; y Charles Krauthammer, columnista, entre otros “periodistas”.

Israel acusa a Irán de ocultar sus inexistentes bombas atómicas, mientras oculta sus existentes bombas nucleares ilegales negando a la ONU la inspección de sus instalaciones, y sigue fabricando “informaciones” falsas para crear una “Causa belli” contra Irán. El ataque “anónimo” del 14 de mayo a las petroleras de Arabia Saudí en el Golfo Pérsico pretendía insinuar que Irán puede interrumpir el flujo de petróleo, incluso antes de la guerra. ¡Esperen ahora otros atentados de falsa bandera!

¿Quién es la colonial de quién?

¿Está secuestrada la política exterior de EEUU por Israel? Noam Chomsky cree lo contrario: que Israel es una base militar estadounidense. Entonces, ¿cómo se explica que el Comité de Asuntos Públicos de Israel de los EEUU (AIPAC) haga generosas donaciones a los políticos de EEUU, para que ejecuten las ordenes de un gobierno extranjero y, además, sin “pagar ni un centavo al Tío Sam“, como asegura la revista Foreignpolicy? Existe una tercera posibilidad: que la interdependencia entre los dos estados se deba, no sólo a que la “comunidad autónoma” número 51 de EEUU en Oriente Próximo esté siendo gobernado por unos políticos sin escrúpulos (como definieron Obama y Sarkozy a Netanyahu en 2011), sino a las actividades de los llamados NeoCon -“América controla el mundo, nosotros controlamos América“, cómo los define el escritor israelí Uri Avnery-.

Se trata de la alianza entre los millonarios de la extremaderecha cristiana y la judía de EEUU, quienes “reclutan sangre estadounidense para hacer que el mundo sea seguro para Israel“, sentencia el periodista Pat Buchanan. En esta línea, Eli Clifton, reportero de la Red de Noticias Independientes de EEUU, señala a tres magnates del lobby proisraelí que patrocinaron la campaña electoral de Trump a condición de que saliese del “peor acuerdo del mundo” con Irán: Sheldon Adelson, quien propuso a Trump lanzar una bomba nuclear en “en el medio de Teherán”, si Irán no abandona su programa nuclear; Bernard Marcus comparó el Acuerdo con Irán con “hacer negocios con el diablo“; y Paul Singer, otro férreo anti-iraní del club que también incluye al American Enterprise Institute y la página editorial del Wall Street Journal, entre otros. ¡Pero no esperen que algún tribunal de EEUU juzgue a Trump por un “Israelgate”, acusándole de conseguir la presidencia gracias a las injerencias de este país en las elecciones!

Trump debe pagar su deuda

Y el presidente “secuestrado”, el Madman, cumplió: rompió uno de los acuerdos más importantes del desarme del siglo, impuso sanciones sobre el petróleo iraní e incluyó a su ejército en la lista de grupos terroristas; trasladó su embajada a Jerusalén, propuso reconocer la soberanía israelí sobre los Altos del Golán y recortó las ayudas de EEUU a los refugiados palestinos. Ni en la época de Bush el Despacho Oval haba estado tan al servicio de Tel Aviv. Trump es el primer presidente de EEUUU que realiza su primer viaje a Arabia Saudí e Israel, a los archienemigos de Irán.

Los NeoCón sellan su nuevo asalto a la Casa Blanca con la expulsión de los dos últimos representantes del “sentido común” en el gobierno de Trump: Rex Tillerson y el General Mattis. El nuevo equipo del presidente, que ha recuperado el Eje del Mal de Bush, cuenta con el criminal de guerra de Irak John Bolton; con el “verdadero amigo de Israel“, como definió Netanyahu, Mike Pompeo, autor de la frase “Dios envió a Trump para salvar a los judíos de Irán” y quien asegura que “unos cuantos bombardeos” serían suficientes para “liberar”, es decir, destruir la vida de 80 millones de iraníes; o con Charles Kupperman, ex jefe de la empresa de armas Lockheed Martin y quien dirigió el “Grupo de sorpresa de octubre” en 1980 -patrocinado por Menájem Begin y Ronald Reagan- para utilizar la “crisis de rehenes” de la embajada de EEUU en Teherán contra la reelección de Jimmy Carter. Saboteó las negociaciones de Carter con la República Islámica (RI) para que los ayatolás no liberasen a los rehenes hasta después de las elecciones, a cambio de recibir dinero y armas. ¡El muy patriota alargó 77 días más el calvario de aquellos hombres, que estuvieron 444 días retenidos! El complot funcionó, y ellos fueron liberados el 20 de enero de 1981, horas después del juramento de Reagan. ¡Argo censuró esta parte de la “película”!

Hoy, los intereses de ambos gobiernos, que no siempre son idénticos, vuelven a ser alineados. La agresividad de Tel Aviv tiene el respaldo de un Trump, que cree que las guerras de otros presidentes debilitaron la posición de EEUU en la región, por lo que se debe de fortalecer a Israel con el fin de salvar los intereses del imperio.

No todos en Israel sueñan con atacar a Irán

En Tel Aviv hay tres principales líneas respecto a la RI de Irán, país con el que no tiene disputas fronterizas y les separan miles de kilómetros:
1. La amenaza para Israel no viene de la RII, sino del conflicto no resuelto con los palestinos.
2. ‘Un Irán, incluso con la bomba nuclear, está lejos de representar una amenaza existencial para Israel’, afirman los dos ex directores del Mosad Ephraim Halevy (1998–2002) y Tamir Pardo (2011–2016), e incluso el ministro de Defensa en 2011, Ehud Barak, quien decía que “los iraníes no están locos para lanzar una bomba nuclear a su vecindario“. Se oponen a los políticos que aterrorizan a la población diciendo que “Irán prepara un Holocausto“. En 2012, Ronny Edry, un joven israelí, lanzó en las redes sociales la campaña “Iraníes, nosotros nunca bombardearemos su país. Los amamos“, al que siguieron miles de sus compatriotas y también los iraníes estrechando la mano de las fuerzas pacifistas israelíes.
3. Irán es un enemigo formidable. No es inteligente provocar una guerra con este país.
4. La extremaderecha judía, que desconoce el término de “coexistencia pacífica” y está liderada por Netanyahu y Liberman, no se conforma con menos que ver a todos sus vecinos hechos escombros, para así quedarse con tres elementos necesarios y convertirse en una potencia real: territoriopetróleo y agua. Likud/AIPAC consiguieron, antes del 2015, colocar al programa nuclear de Irán en el primer lugar de la agenda internacional, apartando el lento genocidio palestino. Su problema no es sólo que pretenden mantener el monopolio de Israel sobre las armas de destrucción masiva en la zona, sino que la ideología totalitaria-religiosa de esta facción les incapacita para convivir con los vecinos, por eso los destruyen: Irak, Gaza, Líbano, Siria (¡sí, Israel es el primer motivo de las 13 causas de ésta guerra, entre otros!). También es cierto que Israel, al igual que Arabia Saudí (o Turquía), temía que el regreso de un Irán, reserva mundial de gas y petróleo, a la “comunidad internacional” cambiase el equilibrio establecido en los mercados asiáticos, perjudicando sus beneficios.

Los islamistas de Irán no son los del 1979

Los políticos sensatos de Israel (¡los hay!) saben que los ayatolás son muy pragmáticos. Además, la política de la RII respecto a Israel ha tenido su evolución:

Entre 1979-1990: El Ayatolá Jomeini entrega la llave de la embajada del “Sheitan-e kuchak” (el «Pequeño Satanás»), o sea, Israel, a la OLP de Yaser Arafat, e incluso se opone más a los “sionistas” que los propios palestinos que llegaron a aceptar la solución de dos estados; habla de tierras “islámicas”, que no “palestinas”, y crea la Jihad Islámica Palestina (para debilitar a la OLP), a Hizbolá libanés y, sobre todo, al Quds -el batallón exterior de los Guardianes de la Revolución islámica para combatir a Israel-. Sin embargo, esto no les impidió una cooperación militar. Israel y EEUU vendieron armas a Irán, entre 1981 y 1983, para atizar el fuego de la guerra con Irak: los dos se destruirán mutuamente y durante ocho años harán feliz a Israel (diplomacia llamada Doble Contención «Dual Containment Policy»). Reagan transfirió a los “Contras” nicaragüense los 500 millones de dólares recibidos. En el medio, Israel bombardeó el reactor nuclear Osirak de Irak.

Entre 1991-2003: la derrota en la guerra con Irak, y la destrucción de este país por EEUU, le mostrará a la RII la imposibilidad de disolver el estado israelí y devolver aquellas tierras al “islam”, pues pensaba que “el camino de Jerusalén pasa por la marcha sobre Bagdad“.

A partir del 2003: Cuando Bush utiliza Irak para promocionar su “Pedagogía del terror”, e incluye a Irán en su Eje del Mal, divide a la RI. Un sector “se radicaliza” organizando su defensa desde el Líbano, Siria, Gaza y, más adelante, Irak, creyendo que con el apoyo de los grupos afines ganaría una “guerra asimétrica” a EEUU. En esta “ofensiva” se explica también la infame conferencia sobre el Holocausto del 2006 en Teherán, invitando a neonazis y al Ku Klux Klan. Otro sector asimiló el mensaje de “cuando la barba del vecino ves a cortar, pon la tuya a remojar“, tomó conciencia del mundo real, y archivó la idea de recuperar las “tierras islámicas” (su influencia en los países vecinos se dirigirá exclusivamente a proteger la RI). Incluso en Irak, EEUU e Irán cooperaron contra Daesh. Debía existir una tercera línea: proteger los intereses nacionales, en vez de cooperar con el imperialismo o injerencias (desde la derecha religiosa) en los asuntos de otros.

El ciberataque de septiembre de 2010 a las instalaciones nucleares iraníes, con el troyano Stuxnet por la CIA y el Mosad, y el asesinato en Irán de cuatro científicos nucleares, harán de nuevas advertencias.

El lema de “borrar a Israel del mapa” se ha eliminado de los discursos oficiales. El presidente Rohani ha condenado públicamente el genocidio de los judíos europeos y ahora felicita a los judíos de todo el mundo la fiesta Rosh Hashaná.

Una coexistencia pacífica entre ambos estados también es una forma de defender la justa causa palestina. Si la RII acepta que Hizbolá negocie con Tel Aviv (un alto el fuego, por ejemplo) significa que negociar con Israel no es “haram” (prohibición religiosa): el propio Corán considera que en ciertas ocasiones un acto “haram” pueda convertirse en “halal”.

El peligro de un ataque a las fuerzas iraníes -en Irak, Siria, o el Golfo Pérsico-, es máximo. El ejército israelí es el único en los últimos años que ha bombardeado las posiciones de los militares iraníes.

El motivo del perfil bajo que está ofreciendo Benjamín Netanyahu en esta guerra es sólo para no generar dudas en Washington sobre “la amenaza iraní” y que nadie le eche en cara las trampas que le tendió a su “padre” en la invasión a Irak, que no sólo destrozó la vida de 23 millones de civiles, sino también la de decenas de miles de soldados atacantes.

Hoy, Oriente Próximo, que sufre siete guerras abiertas con cerca de 100 millones de personas afectadas, no puede albergar otra guerra más. Si el mundo piensa que se trata de otro conflicto regional, está peligrosamente equivocado. Urge organizar conferencias de paz para impedir una catástrofe mundial.

23
May
19

Venezuela, claves para entender …

Estados Unidos y Venezuela: Contexto histórico

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EL PUEBLO EN LAS CALLES DEFENDIENDO SU REVOLUCIÓN …


escribe: James Petras / Rebelión

Traducido para Rebelión por Paco Muñoz de Bustillo

“Venezuela posee las mayores reservas de petróleo del mundo. Ellos las tienen y nosotros las queremos”(Funcionario anónimo de la Administración Trump) 

Introducción

La hostilidad hacia Venezuela y las iniciativas estadounidenses para derrocar a su gobierno forman parte de la larga e ignominiosa historia de intervenciones de EE.UU. en América Latina que se remonta a la segunda década del siglo XIX.

En 1823, el presidente Monroe declaró en la doctrina que lleva su nombre el derecho de EE.UU. a mantener alejados de la región a los europeos, junto con el derecho de EE.UU. a intervenir para favorecer sus intereses económicos, políticos y militares.

Vamos a resumir en este artículo las fases históricas de la intervención política y militar de Estados Unidos en la región con el fin de favoreces los intereses de las empresas y los bancos de ese país, así como los movimientos sociales y políticos latinoamericanos que se le han opuesto a lo largo del tiempo.

El primer periodo comprende desde finales del siglo XIX a la década de los treinta, e incluye intervenciones de los marines, la implementación de dictaduras clientelares y la resistencia popular liderada por figuras revolucionarias en El Salvador (Farabundo Martí), Nicaragua (Augusto Sandino), Cuba (José Martí) y México (Lázaro Cárdenas).

Luego resumiremos las intervenciones posteriores a la Segunda Guerra Mundial, el derribo de gobiernos populares y la represión de los movimientos sociales en Guatemala (1954), el golpe de Estado de Chile (1973) y la invasión de República Dominicana (1965), Granada (1982) y Panamá (1989).

Terminaremos examinando las iniciativas estadounidenses para derrocar al gobierno venezolano (desde 1998 hasta la actualidad).

Política de Estados Unidos en América Latina: Democracia, dictaduras y movimientos sociales

El general estadounidense Smedley Butler resumía sus 33 años en el ejército afirmando que “[he sido] un músculo que trabajaba a favor de las grandes empresas, Wall Street y los banqueros […] Contribuí a mantener a salvo los intereses petroleros en México en 1914. Ayudé a que Cuba y Haití se convirtieran en lugares decentes para que el National City Bank pudiera recoger beneficios […] Colaboré en el saqueo de media docena de repúblicas centroamericanas en beneficio de Wall Street. Ayudé a purificar Nicaragua para el Banco de Brown Brothers entre 1902 y 1912. Favorecí los intereses de la industria azucarera estadounidense en República Dominicana en 2016. Contribuí a que Honduras aceptara las compañías fruteras en 1903 […] Cuando miro hacia atrás, ¡pienso que podría haber dado algunos buenos consejos a Al Capone!

En los primeros 40 años del siglo XX, Estados Unidos invadió Cuba convirtiéndola en una cuasi colonia y repudiando al héroe de su independencia José Martí; proporcionó asistencia militar y asesoría al dictador de El Salvador, asesinó a su dirigente revolucionario Farabundo Martí y a 30.000 campesinos sin tierra que pretendían la reforma agraria. Intervino en Nicaragua, combatiendo a su líder patriótico Augusto Sandino e instaló una dinastía dictatorial dirigida por los Somoza, que se mantuvo en el poder hasta 1979. También intervino en Cuba en 1933 para instalar una dictadura militar que reprimiera el alzamiento de los trabajadores del azúcar. Entre 1952 y 1958, Washington armó a Batista en su lucha contra el movimiento revolucionario 26 de Julio, liderado por Fidel Castro. A finales de los treinta, EE.UU. amenazó con invadir México cuando su presidente, Lázaro Cárdenas, nacionalizó las compañías petroleras estadounidenses y redistribuyó la tierra entre millones de campesinos sin acceso a ella.

Tras la derrota del fascismo (1941-1945), se produjo un crecimiento significativo de gobiernos socialdemócratas en América Latina, a los que EE.UU. se oponía. En 1954, derrocó al presidente electo de Guatemala, Jacobo Arbenz, que había expropiado las plantaciones bananeras de la United Fruit Company. Apoyó un golpe militar en Brasil en 1964, que mantuvo el poder veinte años. En 1963, derrocó al gobierno de Juan Bosch, elegido democráticamente, e invadió República Dominicana para evitar un levantamiento popular. En 1973 respaldó el golpe militar chileno que derrocó al presidente socialista Salvador Allende y sostuvo el régimen militar del dictador Augusto Pinochet durante casi veinte años. Posteriormente, EE.UU. ocupó Granada en 1983 y Panamá en 1989.

Estados Unidos sostuvo a los regímenes derechistas de la región que apoyaban a los oligarcas de la banca y las grandes compañías estadounidenses, los mismos que explotaban los recursos, a los trabajadores y a los campesinos.

Pero a comienzos de los noventa, poderosos movimientos sociales encabezados por trabajadores, campesinos, funcionarios de clase media, médicos y profesores desafiaron la alianza entre las élites gobernantes de EE.UU. y las distintas naciones. En Brasil, el Movimiento de los Sin Tierra, que agrupaba a 300.000 campesinos, consiguió la expropiación de grandes latifundios improductivos; en Bolivia, los mineros y campesinos indígenas, incluyendo a los cocaleros, derribaron a la oligarquía. En Argentina, las huelgas generales y los movimientos de masa de desempleados consiguieron echar a los gobernantes corruptos aliados del City Bank. El éxito de los movimientos nacionalistas y populistas llevó a la convocatoria de elecciones libres que ganaron presidentes progresistas de izquierdas en toda América Latina, especialmente en Venezuela.

Venezuela: elecciones democráticas, reformas sociales y triunfo del presidente Chávez

En 1989, los programas de austeridad impuestos por el presidente de Venezuela, con el respaldo de EE.UU. dieron paso a manifestaciones de protesta (el Caracazo) fuertemente reprimidas por la policía y el ejército, que causaron cientos de muertos y heridos. Hugo Chávez, un oficial del ejército, se rebeló y apoyó la revuelta popular. Fue detenido, encarcelado, posteriormente liberado y se presentó como candidato a la presidencia. En 1999 resultó elegido por un amplio margen sobre la base de un programa de reformas sociales, nacionalismo económico, fin de la corrupción e independencia política.

Washington inició entonces una campaña de hostilidades para que Chávez se uniera a la guerra global del presidente Bush en Afganistán y el resto del mundo. Pero Chávez se negó a someterse, afirmando: “No se combate el terror con el terror”. A finales de 2001, el embajador de EE.UU. se reunió con la élite empresarial y un sector del ejército para destituir a Chávez mediante un golpe de Estado que se produciría en abril de 2002. El golpe apenas duró 24 horas. Más de un millón de personas, la mayor parte residentes de los barrios de chabolas, marcharon hacia el palacio presidencial con el apoyo de los militares leales. Derrotaron el golpe y restituyeron a Chávez. A partir de ahí, Chávez ganó una docena de elecciones democráticas y referendos a lo largo de la década siguiente. El presidente Chávez triunfó, en buena medida, gracias a su programa exhaustivo de reformas socioeconómicas a favor de los trabajadores, desempleados y clase media.

Construyó más de dos millones de casas y apartamentos, que se distribuyeron de forma gratuita entre las clases populares; cientos de clínicas y hospitales que ofrecían sanidad gratuita en los barrios más pobres; universidades, escuelas de formación y centros médicos para estudiantes de baja renta con acceso libre.

Miles de personas debatieron y votaron temas políticos y sociales en los centros comunitarios de los barrios, incluyendo críticas y destituciones de políticos locales, algunos incluso funcionarios chavistas.

Entre 1998 y 2012, el presidente Hugo Chávez ganó cuatro elecciones presidenciales directas, varias mayorías en el Congreso y dos referendos nacionales, obteniendo entre el 56% y más del 60% de los votos. Tras su muerte, el presidente Maduro ganó las elecciones en 2013 y en 2018, aunque por un margen menor. La democracia floreció y las elecciones fueron libres y abiertas a todos los partidos.

Como los candidatos respaldados por EE.UU. eran incapaces de ganar elecciones, Washington recurrió a los disturbios callejeros violentos e hizo un llamamiento a la rebelión en el ejército para revertir los resultados electorales. El presidente Obama optó por aplicar sanciones al país, que Trump profundizó. Estados Unidos ha incautado miles de millones de dólares en activos venezolanos y en las refinerías petroleras en Estados Unidos. Luego escogió un nuevo presidente (no elegido), Guaidó, cuya misión era subvertir al ejército para que tomara el poder.

Pero no lo consiguieron: apenas cien soldados, de a un ejército de 267.000 efectivos, y unos pocos miles de simpatizantes de derechas secundaron la llamada. La revuelta de la “oposición” fue un completo fracaso.

Este fracaso de Estados Unidos era previsible, pues la masa de votantes defiende sus logros socioeconómicos, su control del poder local, su dignidad y su derecho a ser respetada. Más del 80% de la población, incluyendo la mayoría de la oposición, se opone a una invasión de EE.UU.

Las sanciones económicas de Estados Unidos han contribuido a una hiperinflación y a la muerte de unos 40.000 venezolanos debido a la escasez de suministros médicos.

Conclusión

Estados Unidos y la CIA han continuado aplicando la estrategia que tan buenos resultados les dio el siglo pasado para intentar derribar al gobierno venezolano y hacerse con el control de sus recursos petroleros y minerales. Al igual que entones, han intentado imponer un dictador sumiso que reprimiría los movimientos populares y subvertiría los procesos electorales democráticos. Washington pretendía imponer un aparato electoral que asegurara la elección de líderes manejables, como hizo en el pasado y ha hecho en época reciente en Paraguay, Honduras y Brasil.

Por el momento, Washington no lo ha conseguido, en buena parte porque el pueblo ha defendido sus logros históricos. La mayor parte de los pobres y los trabajadores son conscientes de que una invasión y ocupación por parte de Estados Unidos produciría una masacre y la destrucción de su soberanía y su dignidad.

El pueblo es consciente de la agresión de Estados Unidos y de los errores del gobierno venezolano. Y quiere correcciones y rectificaciones. El gobierno del presidente Maduro está a favor del diálogo con la oposición no violenta. Los venezolanos están desarrollando lazos económicos con Rusia, China, Irán, Turquí, Bolivia, México y otros países independientes.

Latinoamérica ha sufrido décadas de explotación y dominación por parte de Estados Unidos, pero también cuenta con una historia de resistencia popular exitosa, incluyendo las revoluciones de México, Bolivia y Cuba, y los movimientos sociales y triunfos electorales posteriores en Brasil, Argentina, Ecuador y Venezuela.

El presidente Trump y su séquito asesino compuesto por [el secretario de Estado Mike] Pompeo, [el consejero de seguridad John] Bolton y [el emisario especial para Venezuela Elliott] Abrams han declarado la guerra al pueblo de Venezuela, pero por el momento han sido derrotados.

La lucha continúa.

23
May
19

24 marcha del silencio …

La memoria está viva, el pasado también

Resultado de imagen para 24 marcha del silencio

escribe: Constanza Moreira

Cada Marcha del Silencio, con su multitudinaria asistencia, con su silencio contenido, con las palpables ausencias que nos convocan, es una marca de la memoria. Esa memoria que está viva, que no ceja, que no se abandona al olvido.

Son muchas las tareas de la memoria. La memoria junta datos, investiga, denuncia. La memoria reflexiona, elabora, escribe su sabiduría y su amargura en páginas y páginas de historias, cuentos, novelas, columnas, archivos. La memoria está viva porque su recuerdo se plasma en cosas concretas, en mojones de una lucha más larga, que es la lucha por el sentido del mundo. De nuestro mundo. De este pequeño Uruguay, con su historia trágica, con su desequilibrio de poderes, con sus enfrentamientos, con todas sus viejas y nuevas injusticias.

Este tan político mes de mayo cumplió una función casi inaugural respecto de la marcha. Pocos días antes, en el pleno del Senado, la discusión sobre los cuatro generales de las Fuerzas Armadas (FFAA), destituidos por el Poder Ejecutivo a raíz de su participación en tribunales de honor que no consideraron un “deshonor” los crímenes de lesa humanidad, mostró que la memoria está viva. Y el pasado, también.

En estos tribunales, la perpetración de 28 asesinatos (comprobados, juzgados, sentenciados, hace ya varios años) no se consideró un deshonor. Sí, en cambio, se consideró un deshonor que los militares no se hubieran protegido entre ellos. Hay que leer el fundamento del fallo del Poder Ejecutivo entero, y no por partes. El contenido del Decreto 1322/19 explica claramente por qué el decreto avalará el fallo. Entre otros puntos, allí se manifiesta que “los 28 delitos de homicidios muy especialmente agravados […] [son] reprochables desde el punto de vista del honor, como cualidad moral que debe revestir todo miembro de las Fuerzas Armadas”; “que el Poder Ejecutivo no comparte los fallos del Tribunal”; “que dicho Tribunal de Honor consideró que los hechos por los que fueron condenados por la Justicia Penal Ordinaria no están lo suficientemente aclarados y no hay elementos que fundamenten la convicción, que los oficiales sometidos faltaron al código de honor de la Institución Militar, del Cuerpo de Oficiales, y del suyo propio”; que “el Poder Ejecutivo no puede soslayar que el Poder Judicial en oportunidad de dictar las condenas y confirmarlas en sede del Tribunal de Apelaciones y Suprema Corte de Justicia consideraron la prueba ‘francamente agobiante en su capacidad incriminatoria’, compartiéndose íntegramente la valoración tanto del Ministerio Público como la del Sr. Juez al sentenciar ‘que la participación y responsabilidad siquiera aparecen empañadas por la menor sombra de dudas’; “que el Poder Ejecutivo por todas las razones expuestas, y no sólo por los motivos restringidos expuestos por el Tribunal interviniente homologará los fallos”.

La discusión en el Senado quiso sustraerse a este hecho político inédito: que se cesaran altos mandos de las FFAA por “encubrir” la verdad de los hechos de la dictadura. Y no uno, ni dos, sino siete altos mandos fueron cesados por ello. Este hecho inédito, junto a otros (la ley que reformó la Caja Militar y el proyecto de ley en curso que reforma la Ley Orgánica Militar) muestran, en forma muy clara, la división de aguas que siempre operó en este país entre quienes están a favor de la impunidad y quienes luchan contra ella. No hay otro modo de entenderlo. Y bregar por que “nunca más haya uruguayos enfrentados entre ellos”, como dijo algún senador de la oposición en la sesión, es desconocer esta verdad tan simple. Verdad y justicia, por un lado. Obstaculización de las investigaciones y resistencia a juzgar lo que se considera “prescripto”, por otro. El Frente Amplio (FA) ha hecho su propio aprendizaje en esto. Y con toda la autocrítica de lo que se hizo y, especialmente, de lo que no se hizo, no cabe otra respuesta que esta: lo único que se hizo, se hizo bajo los gobiernos del FA.

Los fallos del Tribunal de Honor y las declaraciones de Guido Manini Ríos –a quien se remitieron los fallos– acaban de redondear una ecuación que es más conocida aun que las atrocidades cometidas por José Gavazzo. Para una parte de la población –algunos militares en actividad, sin duda, muchos militares retirados, pero también civiles–, lo que sucedió en la dictadura es aún “objeto de controversia”. Los fallos de la Justicia fueron realizados “sin prueba” o con “pruebas fraudulentas”. O sea, al igual que los que niegan el genocidio nazi, o el armenio, las violaciones a los derechos humanos son “materia de controversia”. Por fortuna, la clase política no viene a discutir esto: sabe que el terrorismo de Estado y las violaciones a los derechos humanos son la marca de sangre de la década larga de la dictadura uruguaya. Lo que dicen es otra cosa. Dicen: “Ya pasó”. Dicen: “No se puede juzgar”. Dicen: “Es difícil reconstruir hechos del pasado”. Dicen: “Basta de ojos en la nuca, hay que mirar el futuro”. Dicen: “Seguir con las investigaciones en busca de culpables es sólo revanchismo”. Dicen: “Esto ya no le interesa a nadie”.

Y se equivocan. Claro que interesa. Interesa a muchos. Y no se quedó en el pasado. Está latente, se manifiesta, aparece. Está en los fallos del Tribunal de Honor, está en las declaraciones de Gavazzo que reivindican la “obediencia debida” como eximente de la responsabilidad moral (y, por consiguiente, penal), está en la justificación de la dictadura como “exceso” frente a los “desmanes” de la guerrilla por parte de encumbrados políticos y escritores. Todo está vivo. Todo está presente.

En la sesión del Senado que vivimos, nadie quería “ensuciarse con la impunidad”. Pero, ¿quién votó la ley de caducidad que fue el “huevo de la serpiente” de toda esta lógica infernal? ¿Quién negó los votos para declarar imprescriptibles los delitos de lesa humanidad y obligar a los tribunales a que investigaran los casos? ¿Quién archivaba los expedientes que llegaban al Poder Ejecutivo porque estaban comprendidos en la ley de caducidad (aunque no lo estuvieran)? ¿No es, acaso, responsable el sistema político por eso? ¿No son responsables los gobiernos blancos y colorados por eso?

Me gusta que nadie quiera mancharse las manos con “la impunidad”. Es una señal de avance. Pero las manos están manchadas. Y esta es una terrible verdad que no puede decirse a medias. No, Gavazzo y Jorge Tróccoli no son “monstruos”, como nos enseñó Hannah Arendt. Son parte de un sistema perverso en el que el “cumplir órdenes” y respetar la cadena de mando (como nos enseñan también los tribunales de honor) anulan la responsabilidad política que, como ciudadanos, tienen los militares. Son antes ciudadanos que militares. Antes sometidos a la ley que a la cadena de mando. Y esto debe grabarse con fuego para futuras reformas de las FFAA. Sí, las FFAA continúan hoy en deuda con la verdad y la justicia. El sistema político también. A hacerse cargo.

Hoy decimos que la memoria está viva. Y el pasado también. Y nos están diciendo a gritos cosas que no queremos escuchar. A remangar el pasado y sus pesares. A remangar la memoria y ponerla a trabajar para el futuro. Todo está en el presente. Y todavía, el presente es nuestro.

Constanza Moreira Lic. en Ciencias Políticas / UdelaR y senadora del Frente Amplio.

22
May
19

EL CABRÓN RECULÓ EN CHANCLETAS …

21
May
19

EEUU y su imperio agresor

John Bolton, la peor pesadilla del mundo


escribe: Amy Goodman y Denis Moynihan / Democracy Now!


“Queda poquísimo tiempo, pero un ataque todavía podría resultar”, escribió John Bolton en un artículo de opinión del New York Times del 26 de marzo de 2015, titulado “Para detener la bomba de Irán hay que bombardear Irán”.

El presidente Donald Trump adoptó como un pilar de campaña una postura aislacionista y criticó los enredos militares en el extranjero. Ya en 2013, tuiteó: “¿Pueden creer que la guerra de Afganistán sea la ‘guerra más larga’ de nuestra historia? Traigamos a nuestras tropas a casa, vamos a reconstruir Estados Unidos, hagamos que Estados Unidos sea grande de nuevo”. Como presidente, ha repetido esta postura en varias ocasiones. En una conferencia de prensa de abril de 2018 en torno a Siria, Trump declaró: “Quiero salir [de allí]. Quiero traer a nuestras tropas de vuelta a casa. Quiero comenzar a reconstruir nuestra nación. Habremos gastado, sin contar estos últimos tres meses, siete billones de dólares en Medio Oriente en los últimos 17 años. No obtenemos nada de eso, nada en absoluto”.

A pesar de su retórica, todos los movimientos de Trump en Medio Oriente parecen ahora dedicados a avivar el conflicto y, potencialmente, desatar una guerra contra Irán. John Bolton está claramente a la vanguardia, con el respaldo del secretario de Estado Mike Pompeo.

El diplomático iraní Seyed Hossein Mousavian fue uno de los principales miembros del equipo de negociación iraní en torno al problema nuclear y actualmente se desempeña como investigador en la Universidad de Princeton. Mousavian expresó su preocupación esta semana en una entrevista para Democracy Now!:

“Esperaba esta situación después de que el embajador John Bolton fue nombrado asesor de Seguridad Nacional”. Tomando en cuenta además el influyente rol de los principales aliados de Trump en Medio Oriente, Mousavian concluyó: “El equipo de las cuatro B –John Bolton, [el primer ministro israelí] Bibi Netanyahu, [los herederos de Arabia Saudí y Abu Dabi], bin Salman y bin Zayed– ahora tiene un excelente posicionamiento en la Casa Blanca para empujar a Estados Unidos [a]l sueño que han tenido durante largos años: arrastrar a Estados Unidos a una guerra con Irán”.

Citando al menos media docena de funcionarios anónimos del gobierno de Trump, el periódico The New York Times informó esta semana que el Pentágono ha presentado planes para enviar 120.000 soldados estadounidenses a la región en respuesta a las amenazas iraníes. Si bien el presidente negó la veracidad de este informe, declaró: “¿Es algo que yo haría? Por supuesto, pero no lo hemos planeado. Ojalá no tengamos que hacer planes para ello. Y si lo llegáramos a hacer, enviaríamos muchísimas más tropas”. La Casa Blanca ha enviado un portaaviones con su grupo de ataque y una flota de bombarderos a la región, según Bolton, con el fin de “enviar un mensaje claro e inequívoco al régimen iraní de que cualquier ataque a los intereses de Estados Unidos… será respondido con una fuerza implacable”.

El teniente general del Ejército británico Christopher Ghika, uno de los principales comandantes de la fuerza multinacional desplegada en Irak y Siria, refutó las afirmaciones de Estados Unidos: “No ha habido un aumento en la amenaza proveniente de fuerzas respaldadas por Irán en Irak y Siria”. Pero fue refutado velozmente por un portavoz del Comando Central de Estados Unidos, quien afirmó que un ataque de Irán posiblemente fuera “inminente”.

En medio de estas declaraciones contradictorias, Estados Unidos le ordenó al personal diplomático no esencial que evacuara la embajada y el consulado estadounidenses en la “Zona Verde” de Bagdad, a solo 160 kilómetros de la frontera iraní. Mientras los funcionarios estadounidenses han publicado fotos de pequeños barcos iraníes con misiles, varios funcionarios europeos, iraquíes y miembros del Congreso de Estados Unidos sostienen que el despliegue de misiles probablemente sea defensivo.

Mientras tanto, Arabia Saudí, reino aliado de Estados Unidos, ha informado que dos petroleros vacíos fueron saboteados cuando regresaban a cargar petróleo con destino a Estados Unidos. Una vez más, no han dicho quién fue responsable.

Al dejar a las fuerzas estadounidenses e iraníes tan cerca entre sí, el gobierno de Trump está montando un posible detonante. Cualquier accidente o escaramuza podría servir como pretexto para la escalada militar estadounidense.

John Bolton no ha ocultado su deseo de provocar un cambio de régimen en Irán, en Venezuela, en Cuba y más allá. Toca los tambores de la guerra, pero cuando era un joven egresado de la Universidad de Yale en 1970, con un número de reclutamiento que probablemente lo hubiera llevado a Vietnam, rápidamente se unió a la Guardia Nacional de Maryland para evitar ser desplegado. En el anuario del 25º aniversario de su graduación de Yale, escribió: “Confieso que no deseaba morir en un arrozal del sudeste asiático”.

Ahora, mientras le susurra al oído a Trump, quien recibió cinco exenciones del servicio militar durante la guerra en Vietnam, una de ellas en la primavera de 1968 por “espolones óseos”, John Bolton, junto al presidente, está dispuesto a enviar 120.000 soldados estadounidenses o más a la guerra.

Ahora es el momento para que todos –incluyendo el movimiento contra la guerra en Estados Unidos, miembros del Congreso y sí, los disidentes dentro del propio gobierno de Trump– se unan a otros países del mundo, para manifestarles enérgicamente a los que promueven los conflictos bélicos, pero eluden el frente de batalla: no a la guerra con Irán.

20
May
19

CFK a la vice presidencia …

Estupor, tristeza, respaldo y algunas quejas fue la reacción en las redes después del anuncio de Cristina. Fue el tema excluyente apenas se escuchó su voz con el tono de consternación del que explica algo que le cuesta explicar, pero de lo que está convencido de hacer.

Cristina cede el protagonismo principal, no encabeza la lista. Y quizás lo más difícil en esa decisión es mantenerse al mismo tiempo en la primera línea como candidata a vice porque es la única forma de traccionar sus votos a una fórmula que ella no encabeza.

Es un sacrificio doble. El paso al costado, forzado o decidido, siempre es para tomar distancia y sacarse ese peso aplastante de encima, refleccionar y retomar fuerza. Tiene ese beneficio. Pero el caudal principal de votos la sigue a ella. No puede darse ese lujo del paso al costado total. La situación le exige que se quede aunque más no sea en el segundo lugar de la fórmula para impulsar su triunfo.

En ese sentido es un sacrificio doble: dejar de participar en una disputa demoledora y al mismo tiempo seguir participando. No hay tanto beneficio personal, porque mantiene una cuota de sacrificio, aunque desde la política pueda producir consecuencias que faciliten el acercamiento de otras corrientes que se habían alejado del tronco principal del peronismo.

Algunos ya hacen comparaciones históricas que siempre son resbaladizas. Hablan del renunciamiento de Evita, cuando Perón era fuertemente presionado por el estamento militar, o se recuerda a la famosa consigna de “Cámpora al gobierno, Perón al poder,” cuando Perón había sido proscripto por la dictadura militar.

Esas comparaciones traen ecos y reminiscencias que difícilmente encajen en este escenario. Cuánto de renunciamiento al estilo Evita o de la consigna de campaña camporista, es difícil de evaluar porque el cuadro de situación en cada caso es muy diferente.

Otros afirman que todavía faltan varios días para la inscripción definitiva de la fórmula Fernández–Fernández y que todo puede suceder, incluso que se de vuelta su conformación, o sea que en algún momento pase a encabezarla Cristina. Suena difícil que suceda eso después de un renunciamiento tan impactante.

La mención a Alberto Fernández cuando presentó su libro en la Rural fue un preanuncio. Para algunos en su entorno, es un tema que rondó permanentemente en las reflexiones de la ex presidenta. Pero que la decisión final fue en las últimas 48 horas.

Seguramente habrá en esa decisión un fuerte contenido de factores personales: Agotamiento por la persecución judicial permanente del macrismo contra su familia, lo que le generó una situación de salud difícil para Florencia, su hija, u otras cuestiones que quizás salgan a la luz más adelante. La crueldad con que se ensañaron con ella quedará como una mancha de vergüenza en la historia de este país.

La decisión se anuncia, además cuando empezaba a mejorar muy claramente su imagen y la mayoría de las encuestas ya la presentaban como ganadora en todas las opciones. Aún cuando la gobernadora María Eugenia Vidal fuera la candidata en vez de Mauricio Macri, Cristina le hubiera ganado por más de cinco puntos, A Macri ya le había sacado siete puntos de ventaja.

Estas encuestas incluían a otros candidatos del pan peronismo, como Roberto Lavagna, Sergio Massa, y Juan Manuel Urtubey. Con todos ellos en carrera, el nombre de Cristina ya había sacado una amplia ventaja. Hubiera quedado un 25 por ciento de la sociedad derrotada y con una tremenda carga de odio contra Cristina, en el que se mezcla el gorilismo acendrado y tradicional de un sector de las capas medias y el odio de los que defienden a los represores y torturadores encarcelados.

De todos modos, este paso al costado de Cristina impacta de lleno en la estrategia del oficialismo. Sin ella, no tienen política. Todo el discurso de Cambiemos se asienta en incentivar el odio contra Cristina. Lo demostraron en la desesperación que hasta se podía oler cuando entendieron que la Corte postergaba el comienzo de las audiencias orales contra la ex presidenta. Era el gran evento de lanzamiento de la campaña de Macri y ahora pasó a segundo plano.

La otra consecuencia en la política es que esta fórmula aceita los acercamientos con Massa y Juan Schiaretti. Alberto Fernández tiene una relación fluida con ambos. No pueden exigir que desaparezca el nombre de Cristina, porque si fuera así, perderían los votos de ella. Es la aproximación que más favorece al peronismo en su totalidad. Si se produjera esta confluencia, el peronismo ganaría en primera vuelta. Y un triunfo tan contundente daría un enorme respaldo para emprender la solución de la deuda externa.

Si el nombre de Alberto Fernández pronunciado en la presentación del libro se puede visualizar ahora como una señal de posibles anuncios de este tipo, habría que prestar atención también al desempeño hiperactivo de Axel Kiciloff en el distrito bonaerense y en el ámbito de la deuda. En el ambiente político dan por descartado que a Massa no le interesaría la gobernación en caso de una negociación.

Seguramente este paso al costado de Cristina traerá aparejado también para compensar, un fuerte impulso para la incorporación en las listas de candidatos de los sectores más afines con la ex presidenta. Pero lo real es que esta decisión de Cristina ha sido sorpresiva y que todo lo que se especule en caliente tiene una cuota grande de incertidumbre. Se trata de una movida muy fuerte de la principal figura política del país. Y sus consecuencias serán importantes.

NOTA: Página12




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