Archivos para 31 octubre 2013

31
Oct
13

Uruguay … equidad de género

El punto P

Bellas para morir

escribe; Esther Pineda G.

 
 

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epinedaEscritora, Socióloga, Magister en Estudios de la mujer http://estherpinedag.wordpress.com/

La preocupación por la estética, la formas y manifestaciones de exclusión a quienes no respondan al canon de belleza son históricamente reconocidas, han estado presentes en las diversas formas organizativas de la sociedad, sin embargo, las concepciones sobre la belleza, definidas en el siglo XX y XXI, así como las prácticas de modificaciones estéticas se han tecnificado y masificado significativamente en el mundo globalizado, al punto de despertar las alarmas en especialistas de las diferentes disciplinas y poner en riesgo la vida de una cantidad de personas, principalmente las mujeres.

En este contexto, los distintos agentes socializadores, como la familia, la escuela, los medios de comunicación y difusión masiva, juegan un papel fundamental, pues son ellos quienes constantemente dicen a las mujeres que características posee o debe poseer una mujer para ser considerada bella, como debe verse, es decir, las mujeres son bombardeadas sistemática y repetidamente con las múltiples imágenes de estrellas, modelos y cantantes, definidas arbitrariamente como “representantes de la belleza”, con lo que se consolida socialmente la expectativa de la mujer ficticia.

Por su parte, la mujer receptora de estos mensajes ideológicamente definidos para orientar y condicionar la estética de la mujer, habrá de compararse con lo que ve, y tras consumir mensajes que le dicen que debe lucir como estas mujeres ficticias, prefabricadas, y con frecuencia ser criticada por no lucir como las mujeres que muestran los medios y los concursos de belleza, habrá de verse motivada a la realización de intervenciones quirúrgicas y procedimientos invasivos para modificar y “mejorar” su aspecto físico, con la creencia de que al transformar su cuerpo podrá ser en mayor medida aceptada, querida, reconocida, por sus grupos de pares, familiares, amigos/as, pareja, entre otros.

Es de este modo como la belleza canónica se ha convertido en obsesión para las mujeres; el deseo de obtenerla para quienes creen no tenerla, y afanarse en mantenerla para quienes ya la poseen, lo cual en la actualidad se hace posible mediante:

 Tratamientos de belleza y de camuflaje: maquillaje de carácter decorativo, así como, para ocultar y minimizar las llamadas “imperfecciones”.

 Tratamientos de ortopedia estética: El uso de fajas y rellenos.

 Entrenamiento: Rutinas de ejercicios acompañados de dietas.

 Fármacos: adelgazantes y supresores del apetito.

 Reestructuración del cuerpo mediante cirugías quirúrgicas e intervenciones invasivas, entre ellas, las más comunes: rinoplastia, corrección de bolsas en los ojos, blefaroplastia (corrección de parpados), otoplastia (corrección de las orejas), infiltraciones, lifting, estiramiento de la piel, aumento de pómulos, plastia de mentón, aumento de volumen labial con colágeno, aplicación de botox (toxina botulínica), liposucciones, dermolipectomia de piernas, reducción de brazos y abdomen, aumento de pecho mediante implantes mamarios y siliconas, aumento de glúteos, inyección de biopolímeros, remodelación de genitales, rejuvenecimiento de pies, entre otras.
No obstante, muchas de estas mujeres obvian las consecuencias o reacciones adversas posteriores a su intervención, entre las que es posible considerar: La alteración del estado emocional, depresión, ansiedad, culpa, vergüenza, aislamiento social, procedimiento estéticos infructuosos que dan como resultados quemaduras, cicatrices, deformidades, asimetrías, perforaciones, desfiguración, mutilaciones, infecciones, dificultades para retirar implantes y sustancias pues se adhieren a músculos y tejidos, dañando otros órganos y funciones del cuerpo, así como, muertes registradas durante y después de la realización de procedimientos estéticos.

Pese a ello, gran proporción de mujeres en la actualidad, desconocen y niegan la influencia ejercida por un sistema patriarcal que considera a la mujer un objeto y un sistema capitalista que la considera un negocio, que exige y promueve en la mujer la modificación estética y corporal a través de todo el conjunto de elementos constitutivos de la tiranía de la belleza y que las induce, a estar bellas para morir.

30
Oct
13

modelos politicos … Uruguay

Opinión

Las miserias del modelo concentrador

escribe Hugo Acevedo / periodista

En 1668, el insigne dramaturgo francés Jean Baptiste Poquelin (Molière) publicó su célebre “El Avaro”, obra cumbre de la literatura universal que retrata elocuentemente uno de los ángulos más oscuros y grotescos de la condición humana: el egoísmo mezquino y exacerbado.

El protagonista de esta popular comedia en prosa en cinco actos es el acaudalado Harpagón, quien padece la patología de la avaricia, ya que quiere más a su dinero que a sus propios hijos.

A más de tres siglos de su estreno, esta auténtica alegoría sobre la miseria –no la material sino la espiritual- conserva plena vigencia, en un mundo agobiado por la globalización de la infamia.

En un presente cada vez más deshumanizado, la propia libertad se torna una suerte de entelequia, por la lógica de la esclavitud impuesta por el mercado y el rampante egoísmo de los perpetradores del gran despojo.

En efecto, el individualismo nacido del vientre del capitalismo más salvaje y perverso sigue siendo una auténtica amenaza para un suicida modelo civilizatorio en serio riesgo de extinción.

Ya lo advirtió el presidente José Mujica durante su valiente alocución ante el pleno de la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas, cuando afirmó: “Estamos vivos de milagro. Cuidemos la vida. Entendamos que la especie es nuestro nosotros”.

Obviamente, y como es habitual, el gobernante volvió a fustigar ácidamente al consumismo, acorde con su reiterada prédica y su estilo de vida de espartana austeridad.

Empero, este tema no se dirime en el terreno meramente filosófico sino en el político, social, ético y obviamente cotidiano, donde las obscenas asimetrías suelen provocar estragos en los sectores más desfavorecidos e inmoralmente postergados de la sociedad.

Sin embargo, esa voraz compulsión por acumular y amasar fortunas originadas en la explotación de la fuerza de trabajo, la apropiación de la plusvalía o la mera especulación financiera, sigue siendo un inquietante signo de identidad en el mundo y, naturalmente, en nuestro Uruguay.

Aunque burda, la estrategia de la oligarquía criolla es realmente perversa. Coincidiendo con el comienzo de la ronda de los Consejos de Salarios, las cámaras empresariales difundieron un documento que marcó el rumbo cardinal del gran capital en las negociaciones con los sindicatos.

La extrema intransigencia de los propietarios de los medios de producción, que vuelven a situar al trabajador como un mero engranaje y no como un ser humano con demandas y necesidades, se ha transformado en un serio escollo para la consecución de acuerdos.

Pese a que en los últimos ocho años los trabajadores uruguayos han logrado significativos avances en materia de recuperación salarial luego de la debacle del último gobierno de derecha, aún hay sectores insólitamente postergados.

En efecto, aunque parezca realmente inverosímil, hay 800.000 empleados que perciben menos de $ 14.000, y 500.000 cuyas retribuciones no llegan a los $ 10.000.

La central obrera ha puesto particular énfasis en contemplar en los ajustes a ese multitudinario ejército de sumergidos, cuyos ingresos son notoriamente insuficientes.

¿Algunos de estos empresarios podría vivir o al menos subsistir con estos escandalosos ingresos? ¿Es tan miope la binaria lógica costo-beneficio que no les permite percibir tamaña vergüenza?

Una de las situaciones más flagrantes – aunque no es la única- es la de los trabajadores de las grandes superficies, que se están movilizando por un salario mínimo de $ 15.000.

Resulta surrealista la recurrente insensibilidad patronal ante reclamos tan razonables, que responde naturalmente a la teología del lucro concentrador, una religión sin iglesia pero crudamente dogmática que provocó la dramática debacle económica que aqueja al propio mundo desarrollado.

En tanto esta oligarquía es la aliada estratégica de la derecha política representada por los partidos tradicionales, la clave es abortar el proyecto político restauracionista, para seguir profundizando los cambios y construyendo una verdadera democracia inclusiva, sin hijos ni entenados.

En consecuencia, el gran desafío sigue siendo promover una radical mutación cultural a nivel de la sociedad uruguaya, que destierre definitivamente la avaricia y el egoísmo.

29
Oct
13

Encuesta de política y políticos … Uruguay

La crisis de la política

escribe: Esteban Valenti /Periodista, escritor, director de UYPRESS y de BITACORA. Uruguay

La consultora CIFRA publicó hace dos semanas una encuesta en base a las respuestas obtenidas a la pregunta: ¿Ud. Diría que la política le interesa mucho, bastante, poco o nada? Los resultados no sorprenden pero son una buena base para analizar un tema central del funcionamiento de la democracia y naturalmente de la política. Inseparables.

No sorprenden porque cualquiera que tenga el oído atento y el olfato mínimo percibe qué hay niveles de cortocircuito diferenciado entre la política y los ciudadanos y esto en proximidad de las elecciones hace que el análisis sea más interesante y exigente. Aunque reducirlo solamente a la disputa electoral sería un grave error, tiene que ver con el nivel cultural del país y sobre las perspectivas de la izquierda. La política es cultura y si para una parte de los ciudadanos deja de serlo, se empobrece toda la sociedad.

La encuesta de CIFRA publicada en el semanario Búsqueda fue realizada entre el 15 y el 25 de agosto de este año a 1004 personas mayores de 17 años.
Luego trataremos de analizar causas y efectos.
Veamos los números, primero segmentados por edad y por nivel educativo:
¿Ud. Diría que la política le interesa mucho, bastante, poco o nada?

 

Si hubiera que hacer una primera valoración, gruesa se podría decir que si en Uruguay no existiera el voto obligatorio y la población no respondiera masivamente a esta exigencia, el Frente Amplio ganaría cómodamente las elecciones sin necesidad de ningún balotaje. Cruzando los datos de nivel educativo, auto identificación ideológica y a quién votaría hoy el entrevistado, surge claro que existe mayor interés en la política en la izquierda, entre los sectores de mayor nivel educativo donde la izquierda es predominante y entre los votantes del Frente Amplio. En el extremo opuesto se colocan los que tienen nivel educativo más bajo, son de derecha y votan a los partidos tradicionales en particular al Partido Colorado. (Ver las tablas)

Creo que nadie se sorprende con estos datos.

Como no sorprende que Uruguay esté en los primeros lugares en América Latina de apoyo a la democracia (75%) en una medición del 2011 y también lidera en el apoyo a los partidos políticos (74%).
En cuanto a las edades el tema es más complejo, incluso contradictorio. Entre los que van de 17 a 29 años, el nivel de apoyo (mucho y bastante) es del 38% y nada es del 18%, poco apoyo expresan el 43%, mientras que en el otro extremo, los que tienen más de 60 años, los que no tienen nada de apoyo son nada menos que el 21%, pero los que apoyan mucho o bastante llegan al 50%. Interesante sería cruzar los datos de los diferentes cuadros, pero no podemos hacerlo.

La izquierda podría estar tranquila, está mejor que los otros dos partidos de oposición, pero quedarnos en esta opinión sería mirar la sociedad por un agujero de la cerradura. Es una radiografía preocupante del nivel de participación, de interés, de expectativas de la gente en la política. De todos los uruguayos y de los izquierdistas y los de centro izquierda, que son abrumadoramente nuestro público.

Los jóvenes que votan por primera vez ya no tienen esa importante mayoría por el Frente Amplio, no surge de estas tablas, sino de otras encuestas. Seguimos siendo mayoría pero no a los niveles de antes por lo que la renovación generacional obligada de los votantes no asegura un crecimiento del FA. Hay que ganárselo, a pulso.

Que un 39% de los votantes declarados por el FA se manifiesten con poco y nada interés en la política, demuestra dos cosas. Por un lado que siendo un electorado muy grande, el mayor de todos los partidos políticos, entre el 46% según la última encuesta de CIFRA, refleja obligatoriamente los procesos, las tendencias del conjunto de la sociedad.

Segundo, que para la izquierda, si quiere seguir siendo una fuerza transformadora el alejamiento de la política de una parte importante de su electorado, de su base social y cultural y es un serio debilitamiento ideológico que compromete la profundidad de los cambios.
A menos que la izquierda considere que gobernar, profundizar los cambios es solo un proceso de gestión, de administración desde el estado, desde los diversos gobiernos y no asuma que algunos de los límites de los cambios no están en las mayorías parlamentarias, en los acuerdos programáticos, sino en los cambios culturales, en los valores e ideales de una sociedad y que no será capaz de afrontar las nuevas etapas políticas en estas condiciones. Aunque gane las próximas elecciones.

Hay muchas variables de ese debilitamiento práctico y teórico de la centralidad de la política para la izquierda, uno es la de considerar el sistema, el capitalismo como un fenómeno casi natural, inexorable y con capacidad de armonizar los diversos intereses sociales (de clase). En esa visión la política pierde su valor central para la izquierda de elemento transformador y de base para elaborar las alternativas teóricas y políticas hacia el futuro. Hay una relación inexorable entre política y estrategia, entre política y transformación estructural.
Pero hay otra visión, que desde una supuesta izquierda relega todo a la sociedad civil, a las organizaciones sociales y sobre todo sindicales, que serían en definitiva las depositarias del actual impulso transformador. Ese desprecio indirecto por la política es tan peligroso como el anterior, es funcional al repliegue teórico de la izquierda, porque como contracara las corporaciones sociales de las clases sociales dominantes expresarían el polo antagónico. No es así, ni los sindicatos ni las organizaciones sociales son el motor del cambio, de la transformación y menos de la revolución, ni la derecha es representada por las cúpulas empresariales. Es siempre y necesariamente una batalla política. 

Para referirme a la política y la izquierda no voy a hablar ni de amor, ni de épica, ni de entusiasmos, sino de cultura, de ideología. Hay una base común a toda la izquierda uruguaya, aún con sus matices y diferencias, es la relación entre democracia, política y protagonismo ciudadano. Si la gente no cree en la política y solo se expresa obligatoriamente en el momento del voto, es porque deposita sus expectativas en otro lado, en sus esfuerzos individuales, en alguna corporación que defiende o debería defender sus intereses y en valores que no son nacionales, sociales en el sentido más amplio de la palabra. O simplemente se deja llevar por la crónica.

El Proyecto Nacional no es un cuerpo muerto de cambios en las políticas públicas, en las leyes, en los cuerpos e instituciones del estado a todos los niveles, es un cambio en todo eso y en la sociedad, en la capacidad, la educación, la cultura de los uruguayos para afrontar nuevos desafíos productivos, innovadores, emprendedores, cívicos, creativos, altruistas y solidarios. Y eso pasa por la política, no hay otro camino.
Si la gente no cree en la política, es en primer lugar responsabilidad de los políticos no de la gente. Si la gente de izquierda o próxima o votante de la izquierda no cree en la política es nuestra responsabilidad. Y eso no se arregla con propaganda, se arregla con política.

¿Estamos analizando esos temas? ¿Están en los debates, en los documentos de nuestra estrategia? ¿Dónde están? Y me lo pregunto a mí mismo.

 

28
Oct
13

El FMI y el BM

Aboguemos por su reemplazo
El FMI y el Banco Mundial: llegó la hora del balance
 
En 2014, el Banco Mundial y el FMI cumplirán 70 años. En octubre de 2013, mantendrán, como habitualmente, su reunión anual en Washington. Numerosas organizaciones, entre las que se encuentra el CADTM, hacen una convocatoria conjunta para una semana de acción contra la deuda ilegítima y las instituciones financieras internacionales que se desarrollará a escala internacional del 8 al 15 de octubre. [1] Este artículo vuelve a tratar el balance de la actuación del FMI y del Banco Mundial, y propone alternativas para una nueva arquitectura internacional.

1) Desde su creación en 1944, el Banco Mundial (BM) y el FMI respaldaron activamente todas las dictaduras y todos los regímenes corruptos aliados de Estados Unidos.

2) Pisotean la soberanía de los Estados violando en forma flagrante el derecho de los pueblos de disponer de sí mismos, sobre todo debido a las condicionalidades que imponen. Estas condicionalidades empobrecen a la población, incrementan las desigualdades, libran al país a las transnacionales y hacen modificar las legislaciones de los Estados (reformas profundas del código de trabajo, de los códigos mineros, forestales, eliminación de los convenios colectivos, etc.) favoreciendo a los acreedores e «inversores» extranjeros.

3) A pesar de haber detectado desvíos masivos de dinero, tanto el BM como el FMI mantuvieron, e incluso aumentaron, el monto prestado a los regímenes corruptos y dictatoriales aliados a las potencias occidentales (como el emblemático caso del Congo-Zaire de Mobuto, después del informe Blumenthal de 1982)

4) Mediante su apoyo financiero, ayudaron a la dictadura de Habyarimana en Ruanda hasta el año 1992, lo que le permitió a este dictador quintuplicar los efectivos de su ejército. Las reformas económicas que impusieron en 1990 desestabilizaron el país y exacerbaron las contradicciones latentes. El régimen de Habyarimana había estado preparando un genocidio desde los años 80, que finalmente fue perpetrado a partir del 6 de abril de 1994, causando cerca de un millón de muertos entre los Tutsis y los Hutus moderados. A continuación, el Banco Mundial y el FMI exigieron a las nuevas autoridades ruandesas el pago de la deuda contraída por el régimen genocida.

5) Apoyaron otros regímenes dictatoriales del campo contrario —como el de Rumania desde 1973 hasta 1982, y el de China a partir de 1980— para debilitar a la Unión Soviética antes de su implosión en 1991.

6) Sostuvieron las peores dictaduras hasta su derrocamiento. Por ejemplo: el significativo apoyo a Suharto en Indonesia desde 1965 hasta 1998, a Marcos en Filipinas desde 1972 hasta 1986, a Ben Alí en Túnez y a Mubarak en Egipto,: hasta la expulsión de estos dictadores en 2011.

7) Sabotearon activamente algunas experiencias democráticas y progresistas: desde las de Jacobo Arbenz en Guatemala y de Mohammad Mossadegh en Irán, en la primera mitad de la década de los 50, la de João Goulart en Brasil a comienzos de los años 60, hasta la de los sandinistas en Nicaragua en los años 80, pasando por la de Salvador Allende en Chile entre 1970 y 1973. Por cierto, la lista es mucho más larga.

8) El Banco Mundial y el FMI exigen a los pueblos, víctimas de tiranos que estas mismas instituciones financian, el reembolso de las deudas odiosas contraídas por esos regímenes autoritarios y corruptos.

9) En forma similar, el Banco Mundial y el FMI exigieron a los países que habían accedido a la independencia, entre fines de los años 50 y comienzo de los 60, el reembolso de las deudas odiosas contraídas por las antiguas potencias coloniales para profundizar su colonización. En particular, ese fue el caso de Bélgica y su deuda contraída con el Banco Mundial para completar la colonización del Congo en los años 50. Recordemos que este tipo de transferencia de las deudas coloniales está prohibido por el derecho internacional.

10) En los años 60, el Banco Mundial y el FMI sostuvieron económicamente a países como la República Sudafricana del apartheid y Portugal que continuaba manteniendo bajo el yugo sus colonias en África y el Pacífico, mientras que dicho país era objeto de un boicot financiero internacional decretado por la ONU. El Banco Mundial también apoyó a un Estado que había anexado a otro por la fuerza: la anexión de Timor oriental por Indonesia en 1975.

11) En materia de medio ambiente, el Banco Mundial prosigue el desarrollo de una política productivista desastrosa para los pueblos y nefasta para la naturaleza. Sin embargo, consiguió que se le atribuyera la gestión del mercado de los permisos de contaminación.

12) El Banco Mundial financia proyectos que violan flagrantemente los derechos humanos. Entre los proyectos directamente apoyados por el Banco Mundial, se puede poner como emblemático el proyecto de «transmigración» en Indonesia (años 1970 – 1980) que tenía componentes que pueden considerarse crímenes contra la humanidad (destrucción del medio natural de poblaciones indígenas, desplazamiento forzoso de poblaciones). Recientemente, el Banco Mundial financió íntegramente la mal llamada operación de «salidas voluntarias» en la República Democrática del Congo (RDC), un plan de despidos que viola los derechos de 10.665 empleados de Gécamines, una empresa minera pública situada en la provincia de Katanga. Estos ex empleados esperan todavía el pago de sus salarios atrasados y las indemnizaciones previstas por el derecho congoleño.

13) El Banco Mundial y el FMI favorecieron el surgimiento de factores que provocaron la crisis de la deuda que estalló en 1982. Resumiendo: a) el Banco Mundial y el FMI empujaron a los países a endeudarse en unas condiciones que llevaban al sobreendeudamiento; b) presionaron, incluso forzaron, a los países a levantar los controles sobre los movimientos de capitales y sobre el cambio, acentuando la volatilidad de los capitales y facilitando de esa forma su fuga; alentaron a los países a abandonar la industrialización por sustitución de importaciones en provecho de un modelo basado en la promoción de las exportaciones.

14) Disimularon los peligros que ellos mismos habían detectado: sobreendeudamiento, crisis de pago, transferencias netas negativas…

15) Desde el estallido de la crisis en 1982, el Banco Mundial y el FMI favorecieron sistemáticamente a los acreedores y debilitaron a los deudores.

16) El Banco Mundial y el FMI recomendaron, incluso impusieron, políticas que hicieron recaer el pago de la crisis de la deuda sobre los pueblos, privilegiando al mismo tiempo a los más poderosos.

17) Estas mismas instituciones prosiguieron con la «generalización» de un modelo económico que aumenta sistemáticamente las desigualdades entre los países, y en el interior de los mismos.

18) En los años 90, el BM y el FMI, con la complicidad de los gobernantes, extendieron sus políticas de ajuste estructural a la mayoría de los países de Latinoamérica, África, Asia, y Europa central y oriental (comprendida Rusia).

19) En este último país, las privatizaciones masivas fueron realizadas en detrimento del bien común y enriquecieron de manera colosal a un puñado de oligarcas.

20) Reforzaron las grandes empresas privadas y debilitaron tanto a los poderes públicos como a los pequeños productores. Agravaron la explotación de los trabajadores y aumentaron su precariedad. Lo mismo hicieron con los pequeños productores.

21) Su retórica sobre la lucha por la reducción de la pobreza no termina de tapar una política concreta que reproduce y refuerza las propias causas de la pobreza.

22) La liberalización de los flujos de capitales que sistemáticamente estas instituciones han privilegiado, ha fomentado la evasión fiscal, la fuga de capitales y la corrupción.

23) La liberalización de los intercambios comerciales reforzó a los fuertes y aisló a los débiles. La mayor parte de pequeños y medianos productores de los países en desarrollo no pueden resistir a la competencia de las grandes empresas, ya sean del Norte o del Sur.

24) El Banco Mundial y el FMI actúan junto a la OMC, la Comisión Europea y los gobiernos cómplices para imponer una agenda radicalmente opuesta a la satisfacción de los derechos humanos fundamentales.

25) Desde que la crisis golpea a la Unión Europea, el FMI está en primera línea para imponer a las poblaciones de Grecia, Portugal, Irlanda, Chipre… unas políticas que ya fueron impuestas a las poblaciones de los países en desarrollo, a las de Europa central y oriental en los años noventa.

26) El Banco Mundial y el FMI, que pregonan la buena gobernanza en todos sus informes, abrigan en su seno comportamientos dudosos.

27) Estas dos instituciones mantienen a la mayor parte de los países en la marginalidad, a pesar de que esos países constituyen la mayoría de sus miembros, y privilegian a un puñado de gobiernos de los países ricos.

28) En resumen, el Banco Mundial y el FMI representan unos instrumentos despóticos en manos de una oligarquía internacional (unas pocas grandes potencias y sus sociedades transnacionales) que refuerza el sistema capitalista internacional, destructor de la humanidad y de la naturaleza

29) Hay que denunciar las nefastas acciones del Banco Mundial y del FMI con el objetivo de terminar con ellas. Las deudas de las que estas instituciones reclaman su pago deben anularse y estas instituciones deben ser llevadas ante la justicia.

30) Es urgente construir una nueva arquitectura democrática internacional que favorezca una redistribución de las riquezas y apoye los esfuerzos de los pueblos en la realización de un desarrollo socialmente justo y respetuoso de la naturaleza.

Construir una nueva arquitectura internacional

Se debe optar por propuestas que redefinan radicalmente las bases de la arquitectura internacional (misiones, funcionamiento…). Tomemos, por ejemplo, la OMC, El FMI y el Banco Mundial.

La nueva OMC debería tener como objetivo, en el ámbito comercial, garantizar la ejecución de una serie de pactos internacionales fundamentales, comenzando por la Declaración Universal de los derechos humanos y todos los tratados fundamentales en materia de derechos humanos (individuales y colectivos) y de la naturaleza. Su funcionamiento debería ser supervisar y reglamentar el comercio de manera que sea rigurosamente conforme a las normas sociales (convenciones de la Organización Internacional del Trabajo – OIT) y del medio ambiente. Esta definición se opone de manera frontal a los actuales objetivos de la OMC. Pero, evidentemente, esta demanda implica una estricta separación de poderes: está fuera de lugar que la OMC, como cualquier otra organización, posea en su seno su propio tribunal. Por lo tanto, hay que suprimir el Órgano de solución de diferencias.

La organización que reemplazará al Banco Mundial debería estar ampliamente regionalizada (varios bancos del Sur podrían estar vinculados entre sí), tendría por función otorgar préstamos a un interés muy bajo o nulo, y donaciones, que sólo podrían darse si se utilizaran bajo el respeto riguroso de las normas sociales y ambientales y, más generalmente, de los derechos humanos fundamentales. Contrariamente al Banco Mundial actual, el nuevo banco, necesario para nuestro mundo, no buscaría representar los intereses de los acreedores e imponer a los deudores un comportamiento sumiso frente al mercado rey, puesto que tendría como misión prioritaria defender los intereses de los pueblos que reciben los préstamos y las donaciones.

En cuanto al nuevo FMI, debería remitirse a una parte de su mandato para garantizar la estabilidad de las monedas, luchar contra la especulación, controlar los movimientos de capitales, actuar para prohibir los paraísos fiscales y el fraude fiscal. Para alcanzar este objetivo, podría contribuir con las autoridades y los fondos monetarios regionales a la colecta de diversos impuestos internacionales.

Todas estas alternativas requieren la elaboración de una arquitectura mundial coherente, jerarquizada y dotada de una división de poderes. La piedra angular podría ser la ONU, siempre y cuando su Asamblea General se convierta en una verdadera instancia de decisión. Esta condición implica la supresión del estatuto de miembro permanente del Consejo de Seguridad y por consiguiente del derecho de veto. La Asamblea general podría delegar misiones específicas en organismos ad hoc.

Otra cuestión que todavía hay que debatir, mucho y en todos lados, es la de un dispositivo internacional de derecho, de un poder judicial internacional (independiente de otras instancias de poder internacional), que complete el actual dispositivo constituido principalmente por el Tribunal Internacional de la Haya y el Tribunal Penal Internacional. Con la ofensiva neoliberal de los últimos treinta años, la ley del comercio fue dominando, en forma progresiva, el derecho público. Instituciones internacionales como la OMC y el Banco Mundial funcionan con su propio órgano de justicia: el Órgano de solución de diferencias en el seno de la OMC y el CIADI en el Banco Mundial cuyo papel ha aumentado desmesuradamente. La Carta de las Naciones Unidas es violada regularmente por los miembros permanentes de su Consejo de Seguridad. Se crean nuevos espacios «sin derecho» —los prisioneros sin derecho encarcelados en Guantánamo por Estados Unidos—. Este país después de haber recusado el Tribunal Internacional de La Haya (en el que fue condenado en 1985 por una agresión a Nicaragua), rechazan el Tribunal Penal Internacional. Todo esto es extremadamente preocupante y requiere urgentemente iniciativas para completar un dispositivo internacional de derecho.

Mientras tanto, es necesario que instituciones como el Banco Mundial y el FMI tengan la obligación de rendir cuentas ante la justicia de jurisdicciones nacionales, [2] que se exija la anulación de las deudas que reclaman y que se actúe para impedir la aplicación de políticas nefastas que estas instituciones recomiendan o imponen.

[1] Véase: http://cadtm.org/Semana-de-accion-global-sobre

[2] Hasta ahora, no existe una jurisdicción internacional competente para juzgar los crímenes del Banco Mundial y del FMI

Éric Toussaint, doctor en ciencias políticas por la Universidad de Lieja y de París VIII, presidente del CADTM Bélgica (Comité para la anulación de la deuda del Tercer Mundo, http://www.cadtm.org). Es autor de Banco Mundial.El golpe de Estado permanente, El Viejo Topo, Mataró (Barcelona), 2007. La versión francesa se puede descargar de: http://cadtm.org/Banque-mondiale-le-coup-d-Etat Su última obra: Procès d’un homme exemplaire, Edition Al Dante, Marseille, septiembre de 2013. Es coautor junto a Damien Millet de 60 Preguntas, 60 Respuestas sobre la deuda, el FMI y el Banco Mundial, Icaria editorial, Barcelona, 2009; La deuda o la vida, Icaria editorial, Barcelona, 2011 . Premio del libro político otorgado por la Feria del libro político de Lieja. http://www.cadtm.org/Le-CADTM-recoit-le-prix-du-livre .

Vease tambien: Eric Toussaint, tesis de doctorado en ciencias políticas, presentada en 2004, en las universidades de Lieja y de Paris VIII: « Enjeux politiques de l’action de la Banque mondiale et du Fonds monétaire international envers le tiers-monde », http://cadtm.org/Enjeux-politiques-de-l-action-de

27
Oct
13

La burguesía

Política y Economía

Percibir la sociedad

Ugo Codevilla

La revolución burguesa se concretó en dos planos, el económico y el político. El segundo no habría sido posible de no haber detentado los burgueses la supremacía económica en países como Inglaterra, Holanda y Francia.

Fue precisamente el reconocimiento de esa dominación lo que permitió a esos señores unirse y procurar la conquista del poder político. Para ello fue necesario incorporar a las masas pauperizadas prometiéndoles lo que luego no cumplirían. No obstante, lo singular del caso fue la convocatoria de unidad del pueblo, alegando que la lucha en ciernes impulsaría un futuro mejor para todos pleno de equidad y justicia.

Del resultado de esa revolución destaca muy especialmente la construcción de la República; ello, tras concebir la existencia de un gobierno de la sociedad a partir de un arreglo constitucional donde lo básico eran la igualdad de derechos y la imparcialidad del aparato de administración pública.

Lo anterior apunta a que el sometimiento capitalista exige el deslinde entre la actividad económica y la política. De esta manera, la relación patrón-trabajador se concreta en el plano económico mientras que en lo político, el vínculo entre ambos como clases determinantes de la sociedad, se da intermediada por el Estado. Más precisamente, la división público-privado impone la ilusión de que el desarrollo del mercado corresponde al segundo, entorno donde no debe intervenir ninguna fuerza externa a la “fraternidad del trabajo, la producción y el comercio”. Esta oportuna separación encubre que lo concluyente de las relaciones sociales, es el desarrollo del modo de producción, razón por la cual el Estado resulta ser una instancia decisiva de la dominación del sector del capital.

El problema histórico apunta a que la dimensión social se expresa a través del gobierno; y cuando la toxicidad del mercado se robustece, trae aparejado el crecimiento de la queja social, alcanzando su pico en lo que conocemos como crisis del consenso. Se devela así el connubio entre el Estado y el capital, rompiéndose la lógica de la representación.

Es en medio de la lucha de clases cuando tanto las mayorías como las minorías perciben (objetivamente y subjetivamente) la existencia de la sociedad negada por los neoliberales. Cuando desde un polo se reconoce la necesidad de las transformaciones (imaginándolas) y desde el otro, se refuerza la cadena institucional que asegura, con violencia o sin ella, el imperio del capital.

En esa situación de crisis es cuando aparece vivamente el ser social. La razón resulta del todo evidente, ya que los males que encienden la lucha de clases suelen ser sistémicos y por tanto innegociables.

Precisamente, la reducción maniquea de la realidad a mero mercado persigue de facto la disolución social. Ante todo, el desfallecimiento del pensamiento crítico y el anhelo transformador de las mayorías representadas en el sistema político. Llegados a este punto, todo lo público se transforma en privado, convirtiéndose el gobierno en lo repetido hasta el cansancio desde los ochenta del siglo pasado, en instancia gerencial de los grandes intereses económicos globales.

Una claudicación que empobrece sensiblemente al ser concebido como político desde los griegos, dando inicio a la avanzada brutal de grandes instituciones y gobiernos como los de Estados Unidos y Gran Bretaña, que no cejaron hasta desarmar políticamente la representación popular, hecho que coadyuvó a discernir como modernización la desideologización y la banalización de cualquier anhelo utópico, entendiéndose por tal un mejor futuro para todos. De algo podemos estar seguros: que luego de tres décadas de neoliberalismo, la equidad como propósito desapareció del horizonte político global.

Si la sociedad se concibe a través de la devaluada representación gubernamental concatenada a la de los partidos políticos, y estos a su vez se autocensuraron a fin de no perder sus prerrogativas en tanto integrantes del poder político, lo esperable era una dramática degradación social que derivó en un desánimo general. El abandono del interés de lo que nos afecta no fue el único resultado de este quiebre sino que también se observó la adquisición general del discurso neoliberal. Algo que impactó incluso en el lenguaje donde la jerga de la economía y las finanzas se transformó en precisiones muy recurridas. Y esto es lo que hoy vivimos, una suerte de empantanamiento en un presente inagotable e inamovible, donde domina la creencia de que lo apropiado es venderse, competir hasta sangrar, el éxito a cualquier precio, que la desgracia de otros puede interpretarse como mi beneficio (la tesis de las oportunidades), el mayor placer es consumir y en cuanto a religión, que el valle de lágrimas es parte indisoluble del plan divino, dicho de otro modo, el dolor y la desesperanza convertidos en el suelo fértil donde brota la fe.

Mientras las mayorías no trascienden la mirada de su propio ombligo, los grandes capitales aprietan su dominación mundial; y, deshilachada la sociedad, ¿quién puede dar solución a todo aquello que le aqueja?

26
Oct
13

Le Monde Diplomatique

Edición Nro 171 – Septiembre de 2013

 

Explorador N° 4: RUSIA

Por qué Putin es tan popular

escribe: Jean Radvanyi

 

La permanencia de Vladimir Putin en el gobierno por más de una década se explica en parte por el rápido crecimiento económico apoyado en la recuperación del control de la renta sobre las materias primas, pero también por la consolidación de un régimen que dificultó la emergencia de la oposición.

 

© Eduard Korniyenko / Reuters / Latinstock

l amplio apoyo de la opinión pública rusa a quien dirige el país desde hace ya muchos años provoca diversas interpretaciones en Occidente. Para algunos resurgen los viejos tópicos, en primer lugar la supuesta incapacidad casi genética de los rusos de transitar el camino de la democracia y de prescindir de un poder autoritario. Otros invocan el recurso del poder a diversos mecanismos de coerción que, cuestionando los frágiles y contradictorios logros del período de Boris Yeltsin, explicarían la marginación de la oposición. Volveremos luego sobre estos mecanismos que los rusos denominan, con un bello eufemismo, la “democracia dirigida”. Sin embargo, no podría comprenderse el actual nivel de adhesión de los rusos a su Presidente sin tener en cuenta otros factores fundamentales, que marcan la reciente evolución de Rusia.

 

El temor al enemigo

Cuando Vladimir Putin accedió al poder, a fines de 1999, primero como Primer Ministro, luego, en marzo de 2000, como Presidente, Rusia vivía una profunda desestabilización. Las caóticas reformas implementadas por Yeltsin habían debilitado al Estado, al punto que éste dejó de ejercer el conjunto de sus funciones soberanas: numerosas regiones y repúblicas poseían su propia legislación, que contradecía –en cuestiones a menudo importantes– a las instituciones federales. En muchos casos, gobernadores y presidentes locales se arrogaron la designación de los responsables regionales de administraciones clave como el fisco, las aduanas o el Ministerio del Interior, alentando así prácticas de corrupción o de nepotismo.

Al mismo tiempo, el Estado vio cuestionado el control que ejercía sobre su principal fuente de ingresos: el beneficio de la renta sobre las materias primas. Diversos mecanismos legales o ilegales (cesión de activos a empresas fantasma off-shore, multiplicación de intermediarios financieros que facilitaban la evasión de ganancias, etc.) permitieron a las grandes empresas rusas creadas en el marco de las oscuras privatizaciones de la era yeltsiniana –ya sean privadas como Yukos o mixtas como Gazprom– evadir en gran medida impuestos y tasas, privando al Estado de todo margen de maniobra financiera. Para muchos observadores, lo que estaba en peligro era el propio funcionamiento de la Federación. Muchos rusos consideraban que su país corría el verdadero riesgo, si no de estallar, en todo caso de perder definitivamente sus últimas oportunidades de resurgir.

Esta sensación de desmoronamiento se extendía tanto más cuanto que el contexto internacional resultaba muy particular: Estados Unidos y sus aliados atlánticos libraban una ofensiva sin precedentes para reducir la influencia de Moscú en todo su espacio tradicional. Elaborada muy tempranamente por algunos asesores estadounidenses, esta estrategia apuntaba explícitamente a rechazar –roll back– la influencia rusa. Se basaba en los efectos desastrosos de la política chechena del Kremlin y en las torpes presiones, militares o económicas, que este último seguía ejerciendo sobre sus vecinos. Buscaba así reforzar la imagen negativa de Rusia, al punto de que algunos observadores no dudaban en hablar de rusofobia.

Lejos de responder positivamente a los gestos de buena voluntad dados por el jefe de Estado ruso después del 11 de septiembre de 2001, Estados Unidos los consideró señales de debilidad y reforzó su presencia en toda esta zona, incluso con las “revoluciones de colores” en Georgia y Ucrania. Además de una creciente intervención en los ámbitos diplomático y militar, los estadounidenses utilizaron todo tipo de instrumentos de influencia, desde las iglesias y las sectas hasta las organizaciones no gubernamentales locales. Y cuando no podían hacerlo ellos mismos directamente, no dudaban en financiar a estas últimas a través de diversos organismos internacionales, e incluso programas de la Comisión Europea.

Ahora bien, aunque resultara ciertamente legítimo ayudar a estos jóvenes Estados independientes a emanciparse de su molesto vecino, la nueva política estadounidense –y en gran medida europea– implicaba considerar que Rusia ya no tiene intereses propios ni en Europa del Este ni en torno al Mar Caspio. En este contexto, a los dirigentes rusos, más allá del partido en el poder, les resultó muy fácil persuadir a la opinión pública de su país de que Estados Unidos –con el consentimiento tácito de la Unión Europea– buscaba debilitar irreversiblemente a Rusia. Se trataba, explicaban, de reducirla a un papel secundario como país proveedor de algunas materias primas, cuya explotación, por añadidura, sólo podría hacerse gracias a la participación de las grandes compañías occidentales.

Sin duda este temor al caos fue deliberadamente exagerado por algunos sectores cercanos al Kremlin con el fin de facilitar la recuperación del control. Pero para comprender a la vez las medidas implementadas a partir del 2000, y su aceptación por parte de un amplio sector de la población rusa, es necesario conocer la dimensión de este temor, profundamente arraigado en una opinión pública traumatizada por las sucesivas crisis de los años 90 y el debilitamiento de su país en la arena internacional.

 

Reconstrucción patriótica

En el campo de la política interior, la acción del nuevo Presidente se ejerció principalmente a partir de cuatro ejes: se trató a la vez de retomar el control de la renta sobre las materias primas, de reconstruir la industria rusa y de reinstaurar el campo institucional ruso en las regiones, dotándose al mismo tiempo de una mayoría política estable. Diversos, a menudo brutales, los métodos utilizados combinaron frío pragmatismo con instrumentalización de las disparidades. Todos se inscribían en una retórica de reconstrucción patriótica que encontró amplia aceptación en la opinión pública. Es sobre este terreno que Putin podía justificar la “guerra sucia” llevada a cabo en Chechenia.

Apoyándose en los “superprefectos” designados a partir de mayo de 2000, el Kremlin retomó el control de las administraciones regionales, obligando a los presidentes de repúblicas y gobernadores de regiones –a quienes privó de su inmunidad parlamentaria– a respetar las leyes y las normas presupuestarias y fiscales federales. A partir de 2004, pasó a designárselos bajo propuesta del Kremlin. De ser necesario, la administración presidencial seducía a los líderes regionales potencialmente críticos (como Yuri Lujkov, alcalde de Moscú entre 1992 y 2010) con algunas concesiones, como la promesa de permanecer en sus cargos. Sin embargo, no dudaba en forzar la renuncia o accionar judicialmente contra quienes continuaran resistiéndose.

En julio de 2000, el Presidente convocó al Kremlin a veintiún oligarcas y los obligó a tomar una decisión (1): si no querían que la administración escarbara en su pasado, debían apoyar el esfuerzo del gobierno por la recuperación del país absteniéndose de intervenir en el campo político. Aquellos que no aceptaron fueron rápidamente desplazados: tres debieron incluso exiliarse (Boris Berezovski, Vladimir Gussinski y Mijail Chernoi). Un sector de la prensa rusa recordó al pasar el origen judío de varios de ellos. Y la detención de Mijail Jodorkovski, dueño de Yukos, ilustró la determinación del Kremlin. Este magnate del petróleo acababa de anunciar en los medios de comunicación su intención de vender el 40% de las acciones de Yukos a la estadounidense Exxon-Mobil y presentarse en las próximas elecciones presidenciales. Fue condenado por fraude a nueve años de prisión, y su grupo desmantelado. Era el comienzo de la reorganización de la industria, que vería a la administración presidencial reafirmar su preeminencia en todos los sectores estratégicos, desde los hidrocarburos al nuclear, pasando por el armamento y las nuevas tecnologías.

Sin embargo, no se trató de una reestatización o de un retorno al sovietismo. En un oscuro contexto, la economía rusa se volvió realmente capitalista. Si bien los grandes grupos nacionales controlados por el Estado dominan los sectores estratégicos (algunos públicos, otros privados, aceptando a menudo una participación extranjera con la condición de que sea minoritaria), la mayor parte de las empresas y los servicios siguen siendo privados y abiertos al mundo como sin duda jamás lo fueron en Rusia.

El objetivo perseguido por el Kremlin era pues muy diferente: se buscaba, basándose en los elevados precios del crudo, reconstruir una industria diversificada y rentable, con grupos rusos capaces de competir en el terreno con las multinacionales occidentales. Los efectos de esta política, en el contexto de la suba de los hidrocarburos, fueron sorprendentes: en 2006, por primera vez, el Producto Interno Bruto ruso recuperó su nivel anterior a 1991, y los ingresos promedio del país se incrementaron considerablemente. Sin duda allí reside, junto con la estabilidad institucional recuperada, la clave de la popularidad del presidente Putin.

Sin embargo, lejos de ello, no todos los rusos se beneficiaron de este crecimiento. Y la opinión pública no acepta todos los sacrificios que el poder le exige: prueba de ello es la gran ola de manifestaciones contra la reforma previsional que tuvo lugar a comienzos de 2005, que perjudicaba a los sectores más débiles: jubilados, pequeños funcionarios. El gobierno debió entonces modificar su política social…

 

Debilidades y contradicciones

Al recibir a un grupo de expertos de Rusia (en septiembre de 2007), el titular del Kremlin declaraba que, según él, “la democracia y el multipartidismo seguían siendo los únicos garantes de una verdadera estabilidad de Rusia en el largo plazo”, y afirmaba sostener, por ejemplo, la idea de la creación de un verdadero partido socialdemócrata. Pero agregaba inmediatamente que la implementación de este multipartidismo “llevaría décadas” (2). Muchos dirigentes políticos, incluso en la oposición, comparten esta apreciación, que refleja una profunda duda respecto de la madurez del electorado.

En la práctica, la administración presidencial modificó profundamente el ejercicio de la democracia estos últimos años, tornando más difícil la inscripción de los partidos y asociaciones (particularmente, las organizaciones no gubernamentales, sospechadas de ser sensibles a las influencias occidentales), o reformando la ley electoral para suprimir la elección de diputados por circunscripción (que permitía a los líderes de la oposición ser elegidos aun cuando su partido no superara, en el sistema de representación proporcional, el umbral eliminatorio del 7%). El control sobre los medios de comunicación –al punto de que el principal canal, ORT, ya no invita a opositores críticos a los debates– limita la libre expresión de opiniones a una o dos radios de audiencia reducida (especialmente, Eco Moscú) y a la prensa, cuyos lectores disminuyeron desde el fin de la URSS.

Más preocupante aún resulta el clima de presiones e intimidaciones que sofoca la expresión de movimientos considerados perturbadores. Especialmente el caso de las manifestaciones de “La Otra Rusia”, reprimidas por la policía o los Nashi (“Los Nuestros”, la organización de jóvenes creada por el Kremlin) (3). También en este terreno, la sociedad rusa sigue siendo brutal y, aun cuando ninguna estructura oficial estuviera directamente implicada en el asesinato de los periodistas Anna Politkovskaia o Yuri Shchekochijin, la impunidad de los asesinos de periodistas, empresarios o directores de diversos niveles revela las debilidades estructurales del Estado: corrupción latente de los servicios de seguridad, ausencia de separación entre los poderes Ejecutivo y Judicial, laxismo respecto de los grupos extremistas, en particular xenófobos o skinheads.

Los rusos nos invitan a tener en cuenta las dificultades de su camino hacia una mayor democracia y su breve experiencia en materia de reformas, desde la abolición del papel dominante del partido único en 1988 y el estallido de la URSS en 1991. El hecho de que unas elecciones se desarrollen normalmente en este país significa un verdadero progreso. Pero en muchos aspectos, la “democracia dirigida” parece un eufemismo cómodo: debería más bien hablarse de “democracia manipulada”, ya que el poder no duda en atraer a los representantes de la oposición sensibles a la asignación de puestos o privilegios, y se multiplican los vínculos personales –e incluso familiares– entre los mundos político y económico, mientras los representantes de la oposición son sistemáticamente marginados.

El actual jefe de Estado insistió en la necesidad de una amplia mayoría y de una presidencia fuerte para completar la estabilización del país y devolverle el lugar que reivindica en la arena internacional. Nadie duda de que alcance ambos objetivos con el consentimiento de la gran mayoría de la población, sensible a los logros de los últimos años. Sin embargo, este sistema político bajo control no podrá perdurar eternamente. El primer obstáculo reside en la pauperización real de un tercio de la población (según las estadísticas oficiales), abandonado a su suerte por una sociedad dual, con contrastes exacerbados, a pesar del crecimiento recuperado. Estos estratos no se caracterizan por un alto grado de organización pero, tal como se vio en el invierno boreal de 2005, pueden manifestarse con fuerza.

El otro obstáculo reside en la creciente contradicción entre el modo autoritario de ejercicio del poder y la lógica liberal del sistema económico y social. Hasta el momento, el Kremlin se abstuvo de limitar logros tan preciados y nuevos como la libertad de circular y comerciar en el exterior (para aquellos que tienen los medios para hacerlo, por supuesto, aunque sean cada vez más numerosos), informarse a través de internet o incluso enviar a sus hijos a cualquier parte del mundo. En un país hoy ampliamente abierto, la retórica patriótica, las limitaciones al funcionamiento de los partidos y las asociaciones, el control burocrático de las empresas corren el gran riesgo de convertirse rápidamente en obstáculos objetivos al propio crecimiento. Y de mostrarse ante un creciente número de ciudadanos rusos como lo que son: visiones y restricciones administrativas heredadas del sistema soviético. 

 

 

1. Le Monde, París, 30-7-00.

2. Intervención de Putin en el Club Valdai, 15 de septiembre de 2007. Véase también Eric Hoesli, 24 heures, Lausana, 16-9-07.

3. “Les jeunes en rang serrés derrière Poutine”, Courrier international, París, 30-8-07.

25
Oct
13

UdelaR

Flor de Ceibo: invitación a la lectura

escribe: Rodrigo Arocena / Rector de la Universidad de la República

Las grandes preguntas requieren respuestas concretas. Grandes preguntas son: ¿qué significa la democratización del conocimiento? ¿Cómo puede contribuir a ello la Udelar en colaboración con otros actores colectivos? Ejemplos de respuestas concretas pueden encontrarse en el Informe 2012 del Proyecto Flor de Ceibo. Allí se da cuenta de lo que es el Proyecto, de las múltiples actividades comunitarias que realiza, de los trabajos académicos que en su marco se elaboran y de sus perspectivas de expansión.

Flor de Ceibo fue creado en 2008 por la Udelar, a partir de la iniciativa de varios docentes jóvenes, para apoyar al Plan Ceibal. Éste aportó desde el primer momento importantes recursos para respaldar a Flor de Ceibo, cuya base fundamental la constituye el compromiso de centenares de estudiantes que voluntariamente responden cada año al llamado a participar en las actividades del Proyecto. En 2012, 31 docentes y 434 estudiantes, pertenecientes a 20 Servicios de la Udelar y organizados en 27 equipos, realizaron actividades en 60 localidades, cubriendo 11 departamentos. De esos equipos, 6 están radicados en el Interior (Rivera, Salto, Paysandú y Rocha).

La colaboración con los objetivos planteados para el Plan Ceibal, en materia de acceso a recursos tecnológicos que respalden los procesos educativos, se lleva a cabo en muy variados ámbitos de la enseñanza. Para captar las dificultades pero también las potencialidades de estos esfuerzos, basta mencionar algunos de los ámbitos en los que Flor de Ceibo trabaja: una escuela con niños con discapacidad auditiva, dos escuelas especializadas en niños con discapacidad motriz, dos escuelas que atienden niños con discapacidad intelectual, una escuela para. niños ciegos o de baja visión, una escuela que incluye a niños con Trastorno Generalizado del Desarrollo, espacios de encierro carcelario en los que se procura que su población se integre a propuestas educativas a través del uso de las Tecnologías de la Información y la Comunicación.

El documento Udelar 2005-2020: hechos, propuestas y la Rendición de Cuentas 2012 afirma: “se trabaja también para consolidar Flor de Ceibo como programa que combine extensión, investigación y enseñanza para promover la apropiación social de la tecnología”. En esta perspectiva, el 17 de setiembre el Consejo Directivo Central de la Udelar resolvió:

  1. Tomar conocimiento del Informe Anual 2012 del Proyecto Flor de Ceibo, destacando su riqueza así como la relevancia, la creatividad y el compromiso de los docentes y los estudiantes que lo llevan adelante en ámbitos sociales muy variados.

  2. Señalar que el Proyecto Flor de Ceibo está teniendo un carácter cada vez más integral, al combinar extensión, investigación y enseñanza.

  3. Compartir la opinión de la CSE acerca de la importancia de consolidar a FdeC como programa permanente de formación integral.

  4. Solicitar a órdenes y áreas sus aportes para avanzar en esa dirección de la mejor manera posible.

Un avance fundamental reciente es la integración de docentes y estudiantes de magisterio, profesorado y educación social a Flor de Ceibo. Se fortalece así al Proyecto y, cosa tal vez más importante todavía, se hace una contribución “desde abajo” a la construcción de un verdadero Sistema Nacional de Educación Terciaria Pública, todos cuyos estudiantes se sientan compañeros, puedan colaborar entre sí y conozcan directamente las oportunidades de formación que les ofrece cada una de las instituciones del Sistema.

En el camino hacia la consolidación de Flor de Ceibo, están en marcha diversas acciones que se inscriben, de una manera u otra, en el gran esfuerzo por “curricularizar la extensión”. Se trata de incorporar a las ofertas educativas del conjunto de las carreras universitarias las tareas de extensión y colaboración con la comunidad. De ellas un ejemplo importante, entre muchísimos otros, es Flor de Ceibo, proyecto interdisciplinario que suma los esfuerzos de distintas áreas del conocimiento para democratizar el acceso social efectivo a la tecnología.