Archivo para 31 marzo 2014

31
Mar
14

los neo nazis

Crónica de un realidad evitada por la prensa hegemónica
Los neonazis patrullan Kiev

 

 

Es media noche y la columna de encapuchados sale de uno de los aledaños de la plaza de la Independencia, hoy más conocida como “Euromaidán”. Son unos sesenta, con ropa militar, chalecos antibalas, barras de acero, cascos y hasta cartucheras que podrían albergar pistolas. Aquí fue donde el pasado veintiuno de noviembre se iniciaron las protestas a favor de la asociación de Ucrania con la Unión Europea, las cuales terminaron en golpe de Estado contra Viktor Yanukóvich, un presidente electo pero corrupto. Según Oleksander, un vecino que aplaude al paso de lo que él llama “brigadas de luchadores”, la actividad de estos hombres alzados en armas comienza a las doce y termina a las seis de la mañana, y como esta “brigada”, horas antes se divisaban con facilidad otras columnas de los diferentes grupos ultraderechistas que dominan la zona durante las veinticuatro horas. “Tienen dividido todo el centro histórico de Kiev para evitar la presencia de extranjeros, comunistas, homosexuales y rusos”, afirma este vecino que dice ser “un simple defensor de una Ucrania unida y disciplinada a la que le hace falta orden y honor”. Desde hace unos días, en Internet ya se pueden ver los videos de violentos “operativos de limpieza” llevados a cabo por estos grupos contra simples transeúntes, cargos públicos y hasta un blindado del ejército paseándose por el centro de la ciudad con la bandera de Svoboda, el partido neonazi que hoy está en el gobierno con un vice primer ministro, tres ministros, el fiscal general del Estado y cinco gobernadores de provincias entre otras decenas de importantes cargos públicos con responsabilidades en el Estado. “Pero ellos no son los únicos que están luchando. Nosotros somos tan patriotas como ellos o más. De hecho muchos militantes de Svoboda se han cambiado a nuestro movimiento”. Mykola, que se encarga de “evitar que vengan espías extranjeros” a la plaza de la Independencia, viste ropa militar, dice esconder una Makarov de 9mm y lleva un radio transmisor adherido al pecho. Es miembro del nuevo partido Pravy Sektor (Sector Derecho) y se acerca a hacer preguntas “a todo aquel que pueda suponer una amenaza para la revolución que hemos comenzado”. Sereno a pesar de un aliento que destila vodka, enumera las alianzas que hasta el momento les han ayudado. “La Unión Europea nos ha sido favorable y sería bueno ingresar en ella más adelante, por eso algunos ponen las estrellitas alrededor de nuestro escudo nacional. Sin embargo nosotros somos más bien tercera vía, eso sí, dentro de la OTAN. Si nos apoyan los americanos hasta lucharíamos contra Rusia”. El partido nacionalsocialista Svoboda, aunque en este momento vive el punto álgido de su historia lleva desde principios de los noventa en activo (bajo las siglas de partido “nacional social”) y tiempo en las instituciones, pero otros, como Pravy Sektor, se fundó al calor de las primeras protestas europeístas del pasado noviembre, y se estima que hoy cuenta con más de cinco mil miembros entrenados y bien pertrechados de su característica indumentaria bélica. No obstante, desde finales del año pasado ambos se han beneficiado de una articulación, financiación y crecimiento difícil de explicar, y atribuida por el exjefe de los servicios de inteligencia, Alexánder Yakimenko, “a la obvia llegada de donantes extranjeros que a través de algunas embajadas que distribuyeron grandes cantidades de divisas. Eso se pudo comprobar por sus visitas a embajadas como la de Polonia y Estados Unidos o en cómo se cambiaron dólares alrededor de Maidan”. Miles de chalecos antibalas a 1200 dólares la unidad, equipos de radio para comunicarse, ranchos con los que alimentar a todas sus “brigadas” o los rifles con mira telescópica que utilizaron durante el “Euromaidán” suponen un gasto muy considerable que choca con la realidad de unos grupos surgidos de la marginalidad y el paro. Precisamente en uno de esos ranchos, “la patriota Sofiya”, como le llaman sus compañeros, sirve sopa, café y bocadillos a los militantes de guardia. Al ser preguntada por quien financia estas cantinas que abastecen veinticuatro horas al día a unos pocos miles de neonazis, responde con un escueto, “nos quiere mucha gente, dentro y fuera”.

La plaza del “Euromaidán” es un rosario de tiendas de campaña color caqui, remolques-caldera del ejército que sirven para calentar las estancias de los paramilitares, barricadas tan altas como casas, fogatas donde se cocina las veinticuatro horas y edificios ocupados en los que los centinelas son jóvenes y adultos con cascos militares, pasamontañas y rosarios colgados de los antebrazos. En la puerta de lo que antes era un edificio de la administración pública, los hombres de Pravy Sektor que lo ocupan ya están borrachos, y han dejado sus porras y escudos sobre una suerte de sacos terreros que a modo de trinchera protegen la entrada. Sobreexcitados, cada uno de ellos tiene su propia versión de lo que sucedió durante lo que ellos llaman “la revolución”, y aunque casi todos hablan a favor de continuar en alianza con Estados Unidos o Alemania (países que tuvieron y vuelven a tener conexión directa con estos grupos ultras) otros prefieren mantener relaciones internacionales de un perfil más bajo, lo que llaman “la solidaridad de las naciones europeas”, en alusión a las alianzas que han construido tras recibir las visitas de emergentes grupos neonazis como los Nordisk Ungdom de Suecia, el NPD de Alemania o Jobbik de Hungría entre otras docenas de organizaciones de extrema derecha que han hecho de Kiev su nueva meca. A pocos metros de ahí, tras el check point paramilitar que a falta de autoridad legal controla uno de los accesos a la plaza, Vasyl vende recuerdos de “la revolución ucraniana”, así como souvenirs de Svoboda, banderas de Ucrania mezcladas con la de la Unión Europea y parches de Pravy Sektor. Los compradores de dicha simbología ultranacionalista no son tanto los skin heads venidos de todo el mundo o uniformados locales, sino familias con niños, visitantes de provincias y algunos jóvenes que dicen no estar de acuerdo con Pravy Sektor o Svoboda, ”aunque son patriotas y en cierta medida les entendemos”, asegura Nataliya, estudiante de bellas artes y fervorosa defensora “de los valores que representa la Unión Europea”. Uno de los productos que más se vende en estos puestos es la efigie que en la nueva Kiev ha desplazado el escaso culto que aún se rendía a la figura de Lenin. Se trata de Stepan Bandera, héroe nacional para gran parte del nuevo Gobierno y fundador del “Ejército Insurgente Ucraniano”, la agrupación armada que durante la segunda guerra mundial colaboró con los nazis alemanes en el extermino de polacos, comunistas y sobre todo judíos, el colectivo minoritario más contradictorio bajo el nuevo Gobierno. Días después de que un líder de Pravy Sektor, Aleksandr Muzychko –fallecido esta semana en un tiroteo aún por aclarar- diese un discurso incendiario –Kalashnikov en mano- sobre los judíos, Reuven Din El, el embajador de Israel en Ucrania se reunió con Dmytro Yaros (otra cabeza visible de Pravy Sektor) zanjando en algún tipo de acuerdo no revelado toda posible confrontación entre la comunidad judía y los ultraderechistas que hoy gobiernan el país. En este sentido, la “Agencia de Noticias Judía” llega aún más lejos, publicando informaciones (que diarios israelíes como Haaretz también han difundido) según las cuales varios miembros relacionados con el ejército israelí estuvieron bajo las ordenes de Svoboda durante los combates acaecidos en el “Euromaidán”, destacando una pequeña unidad israelí llamada “los cascos azules” que eran de origen ucraniano (como tantos israelíes) lo cual facilitaba su perfecta mimetización en la sociedad. Su líder, un exmilitar que hablando en hebreo no quiso aclarar si acudió a Kiev como contratista del gobierno sionista o como voluntario, declaró, “no pertenezco a Svoboda aunque he operado bajo sus ordenes. Para mí, son como hermanos, y no olvidemos que en las protestas había muchos judíos”, extremo confirmado desde diciembre por el diario conservador, Jerusalem Post quien publicó un reportaje en el que afirmaban que “judíos jóvenes de organizaciones internacionales han prestado apoyo logístico así como organizativo en las barricadas”. El encuentro entre el embajador israelí en Kiev con Dymitro Yarosh (que se produjo poco antes del de Netanyahu con Obama en la Casa Blanca) es posible que responda, no sólo a contener cualquier posible ataque descontrolado contra miembros de la comunidad judía, si no a tratar el tema de “la seguridad” como una estrategia local de participación internacional, pues hoy, Dymitro Yarosh no sólo es un alto cargo en Pravy Sektor, sino secretario para la seguridad nacional, y por ende, responsabilidad de gran interés para Estados Unidos y Europa Occidental.

Ya de madrugada, a varias manzanas del “Euromaidán”, donde las pintadas de las SS (en clara alusión a las Waffen-SS de Hitler) son menos frecuentes, algunas oscuras calles son controladas por “pequeñas unidades patrióticas” de cuatro o cinco hombres en estado de embriaguez, como la que lidera esta madrugada de sábado el joven Bodan. “A veces tenemos discusiones con ellos, pero casi toda la policía confía en nosotros. Donde nosotros estamos no se roba, no hay crimen sino orden y respeto por la verdadera Ley”. A la pregunta de cuál es la verdadera ley, responde. “Nosotros somos la ley. Tenemos la fiscalía del Estado con Svoboda, la jefatura de seguridad nacional con Pravy Sektor y a Ihor tenyukh también de Svoboda como Ministro de Defensa. ¿Qué más quieres?”. La pandilla paramilitar continúa su errático tránsito en busca de un que hacer. En la zona no se divisa policía, tan sólo una coche patrulla vacío que tratan como si fuese suyo. Tampoco se aprecia ni un décimo de toda la prensa extranjera que desde esta plaza y estas calles legitimó “la revolución” contra el anterior gobierno. Así, el fascismo campa por Kiev a sus anchas, sin policía que los reduzca ni prensa que lo denuncie.

www.independentdocs.com

27
Mar
14

Argentina … ayer y hoy

A 38 años del Golpe de Estado en Argentina (1976-2014)

 

Ayer se cumplían 38 años del Golpe genocida del 24 de marzo de 1976 y vale la pena recuperar la memoria, incluso para hablar del presente, ya que algunos orígenes de problemas actuales, especialmente económicos, se remontan a aquellos acontecimientos.

Con el golpe se pretendía reordenar la situación política y normalizar el orden capitalista afectado por la organización y movilización, principalmente de los trabajadores, que reclamaban por sus derechos al tiempo que proclamaban una “patria liberada”, afectando la esencia del orden capitalista, la dominación económica de los capitales más concentrados de adentro y de afuera.

Las clases dominantes no podían permitir tanto poder popular y por eso el Golpe y las restricciones de huelga, de movilización e incluso de encuentro social. Los principales afectados fueron los trabajadores y sus organizaciones sindicales y políticas y su efecto por cuatro décadas aún se siente.

Entre otros efectos confluyen la des-sindicalización y la despolitización de buena parte de la sociedad, más volcada a satisfacer opciones de consumo que asumir una lógica gregaria de solidaridad, por ejemplo hoy entre docentes y padres, incluso entre trabajadores en general con los maestros.

Pero sin duda, el principal efecto sobre los trabajadores es la baja de salarios, incluso considerando periodos de recuperación de ingresos, nunca se logró, pese a 30 años de gobiernos constitucionales desde 1983, empatar el mayor nivel de distribución de la renta de los años 70´ o incluso de los 50´.

La situación estructural del empleo mantiene hoy, como nunca, a un tercio de los trabajadores en situación irregular, sin seguridad social, afirmando la tendencia a la precariedad laboral, con las nuevas formas asumidas de la contratación laboral, los salarios basuras, la tercerización, el desempleo y subempleo.

En ese marco debe incluirse el deterioro de las jubilaciones y pensiones, aún con la extensión de beneficiarios de estos años. El achatamiento de la pirámide de ingresos previsionales es resultado de una política deliberada asumida desde la dictadura en 1976 y confirmado con la política privatizadora de los aportes jubilatorios en los 90´ y la consolidación de una baja en esos años de los aportes patronales.

Cambios en las relaciones sociales de producción

El golpe de 1976 reestructuró las relaciones sociales de producción, modificando la relación entre patrones y trabajadores en beneficio de mayores ganancias, acumulación de capitales y afirmación de la dominación y poder de los capitales más concentrados que actúan en la Argentina.

Pero también modificaron la función del Estado, potenciando su papel al servicio del gran capital, con el endeudamiento (que hoy expresan las demandas del Club de París, por ejemplo) y la liberalización de la economía, crudamente expresado en las leyes de inversiones externas y de entidades financieras aún vigentes y que constituyen una asignatura pendiente de los gobiernos constitucionales. La reforma del Estado avanzó en los 90´ con las privatizaciones y desregulaciones que la dictadura no pudo materializar, entre otras cuestiones por la resistencia popular, especialmente de los trabajadores.

En materia de cambios estructurales también debe incluirse la reinserción global de la economía y la política de la Argentina en el rumbo liberalizador que empujaban las corporaciones transnacionales, e ideológicamente las principales potencias del capitalismo mundial y los organismos internacionales. Hasta podemos afirmar que la dictadura local y otras en la región anticipaban en el Cono Sur de América como ensayo, lo que luego se generalizaría como “políticas neoliberales” desde Gran Bretaña o EEUU, con Margaret Thatcher y Ronald Reagan.

La nueva situación gestada desde marzo de 1976 expresa cambios profundos en la economía, la sociedad y el Estado, que contribuyeron a una mayor concentración y extranjerización de la economía argentina en todas las ramas de la producción y los servicios. Un agravante deviene de la consolidación de esos cambios en los años 90´, con la tendencia al monocultivo derivado de la expansión de la soja transgénica y la dependencia del paquete tecnológico de transnacionales de la biotecnología y la alimentación; tanto como la atracción de inversiones externas mineras para la mega-minería a cielo abierto que resalta el carácter primario exportador del país; y en el mismo sentido puede destacarse el carácter de armaduría de la industria local, fuertemente dependiente de las importaciones de insumos industriales, incluidos los energéticos, que tanto afectan las cuentas externas de la Argentina.

¿Qué rumbo asumir al enfrentar esos cambios estructurales?

Un gran debate apunta a si la Argentina debe retrotraer la situación al modelo productivo y de desarrollo capitalista previo al golpe, es decir, al periodo de industrialización sustitutivo operado entre los años 20´ y los 70´ del Siglo XX, o intentar ir, incluso, más allá del orden capitalista.

En rigor, la mayoría del debate se restringe a discutir una agenda (de cambios) de acciones y políticas posibles en el marco del capitalismo, y nuestra proposición apunta a pensar en modificaciones esenciales a las relaciones sociales de producción, no para volver al pasado, además idealizado, sino para avanzar en una perspectiva anticapitalista, antiimperialista y por el socialismo.

Esto requiere de un sujeto social amplio que asuma en lucha un programa de transformaciones para des-mercantilizar la vida cotidiana, entre otras cuestiones, la educación, pues no solo se trata de salarios suficientes, tal y como demandan los maestros hoy, sino discutir el para qué, el qué y el cómo del derecho a la educación. No solo acompañamos a los maestros en sus reclamos, sino que proponemos discutir desandar el camino mercantil inducido para la educación, la salud u otros derechos transformados en mercancías o servicios.

¿Por qué no organizar por fuera del mercado algunos derechos de la sociedad? Entre ellos, la educación, la salud, el transporte, la energía, lo que supone confrontar con el poder real y discutir una reorganización económica de la sociedad con el objetivo máximo de satisfacer necesidades y no la subordinación a la lógica de la ganancia, la acumulación y la dominación.

26
Mar
14

ucrania

Honoris causa

Lo que no se está diciendo sobre Ucrania

escribe: Vicenç Navarro

La gran mayoría de medios españoles están presentando la situación que ocurre en Ucrania como un alzamiento popular en contra de un gobierno corrupto y sumamente impopular. De ahí que esté generando una simpatía generalizada, favorecida por unos medios que, todavía estancados en la ideología de la Guerra Fría, ven a Rusia como el enemigo. Y puesto que Rusia había apoyado a ese gobierno, mientras que los que se le opusieron favorecían más su conexión con la Unión Europea, se explica la lectura tan favorable de la revuelta popular contra el gobierno, la cual ha acabado deponiéndolo, aun cuando dicho gobierno había sido elegido democráticamente.

Ni que decir tiene que la revuelta contra el gobierno depuesto ha sido una revuelta popular. Pero la realidad es más complicada que la que los medios anuncian. En realidad, no se ha señalado (con la excepción de Rafael Poch, corresponsal de La Vanguardia en Alemania) que hoy Ucrania es el único país de Europa donde existen miembros de un partido nazi en posiciones de gran poder. El partido nazi se llama paradójicamente Libertad (Svoboda) y sus miembros en el gobierno son el ministro de Defensa (Igor Tenyukh), el viceprimer ministro para Asuntos Económicos (Aleksandr Sych, que es el ideólogo del partido que ha presionado, entre otras medidas, para que se prohíba el aborto), el ministro de Agricultura Igor Shvaika (uno de los mayores terratenientes de Ucrania), el ministro de Ecología (Andriy Moknyk, que había sido la persona de contacto con grupos nazis europeos), el director del Consejo Nacional de Seguridad Andry Parubiy (y director de la milicia militar del partido), el Fiscal General del Estado (Oleh Makhnitsky), y el ministro de Educación Serhiy Kvit, entre muchos otros. El poder de este partido condiciona claramente al nuevo gobierno de Ucrania.

Dicho partido fue fundado en 1991, presentándose como el sucesor de la Organización de Nacionalistas Ucranianos (ONU) fundada por un personaje, Stepan Bandera, clave en la historia reciente de Ucrania. El partido Svoboda lo presenta como su máxima inspiración. Fue definido como un héroe nacional en el año 2010 por el Presidente Victor Yushchenko, más tarde sustituido por el democráticamente elegido Yanukovich, el Presidente del gobierno depuesto como resultado de la revuelta popular. Este último gobierno retiró el honor que se había concedido a Bandera, aunque es más que probable que el nuevo gobierno lo restituya.

Bandera, cuyo homenaje conllevó la protesta de la Tribunal Europeo de Justicia (European Court of Justice), fue el mayor aliado del régimen nazi de Hitler en Ucrania, habiendo dirigido dos batallones que se integraron en las SS nazis alemanas en su lucha contra la Unión Soviética durante la II Guerra Mundial (según el Centro Simon Wiesenthal, esos batallones detuvieron a 4.000 judíos ucranianos, enviándolos a campos de concentración nazis en Lviv en julio de 1941). En los escritos de la organización fundada y dirigida por Bandera (ONU) se habla explícitamente de la necesidad de limpiar la raza, eliminando a los judíos. El Profesor de Historia de la Tufts University Gary Leupp, en su detallado artículo “Ukraine: The Sovereignty Argument, and the Real Problem of Fascism” (CounterPunch, 10.03.2014), del cual extraigo todos los datos que presento en esta primera parte del artículo, cita textos enteros mostrando el carácter nazi de dicha organización. Cuando la Alemania nazi invadió Ucrania, Bandera declaró su independencia, cuyo gobierno trabajó “muy próximo y hermanado con el nacionalsocialismo de la Gran Alemania, bajo el liderazgo de Adolf Hitler, que está formando una nueva Europa”.

El partido dominante en el nuevo gobierno de Ucrania, Svoboda, se considera orgulloso heredero del ONU, y quiere purificar la sociedad ucraniana, persiguiendo violentamente a homosexuales, prohibiendo el aborto, estableciendo un orden jerárquico y disciplinado, enfatizando la masculinidad y la parafernalia militar, llamando a la expulsión de la mafia judía moscovita y eliminando el comunismo, comenzando por la prohibición del Partido Comunista y la persecución de sus miembros o intelectuales afines. Piensa también eliminar más tarde a todos los partidos. En realidad, el programa no puede ser más claro. En el año 2010, la web del partido indicaba “Para crear una Ucrania libre… tendremos que cancelar el Parlamento y el parlamentarismo, prohibir todos los partidos políticos, estatalizar todos los medios, purgar a todo el funcionariado y ejecutar (término que utilizan) a todos los miembros de los partidos políticos antiucranianos”. El Congreso Mundial Judío (World Jewish Congress) declaró a este partido como partido neonazi el mayo del año pasado.

¿Cómo es que un partido nazi está gobernando hoy Ucrania?

Las movilizaciones populares que terminaron con el gobierno eran en su mayoría movilizaciones espontaneas, con escasa estructura organizativa. De ahí que un grupo, incluso armado, con apoyo político internacional, pudiera adueñarse fácilmente de aquellas movilizaciones, jugando un papel importante en las etapas finales del movimiento popular. Y, por paradójico que parezca, tanto EEUU como la UE jugaron un papel clave en esta promoción. En realidad, EEUU más que la UE. Fue precisamente Victoria Nuland, responsable del Departamento de Estado para Asuntos Europeos y Euroasiáticos (una funcionaria de la ultraderecha dura nombrada por el Vicepresidente Cheney durante la Administración Bush, y que sorprendentemente fue mantenida en este cargo por la Administración Obama) la que apoyó más fuertemente y abiertamente al partido Svoboda, pues era el más antiruso de los grupos que existían en esas manifestaciones. Fue este personaje la que utilizó la famosa expresión “¡Que se joda la UE!” (“Fuck the EU!”), insistiendo en que el gobierno tenía que tener en cuenta a Svoboda, por muy mala imagen que ello creara. En realidad, dicho partido, en las últimas elecciones, solo ha recibido un 10% del voto. Pero su enorme influencia no deriva de su apoyo popular, sino de las maquinaciones que han tenido lugar, en las que el gobierno estadounidense y el alemán han jugado un papel central. Ambos desean expandir el área de influencia de la OTAN hacia el este de Europa, y ven la situación de Ucrania como favorable a ello. El miembro de Svoboda que es ministro de Defensa es favorable a la OTAN y ha estudiado en el Pentágono en EEUU.

¿Cuál es el futuro de Ucrania?

Hoy las elites gobernantes a los dos lados del Atlántico norte se encuentran en una situación conflictiva. Por un lado, está el complejo militar industrial de EEUU, que está muy a la defensiva (debido a los recortes tan notables del gasto militar del gobierno federal, resultado del hartazgo de la población estadounidense hacia las campañas bélicas que caracterizan la política exterior de EEUU) y que desea reavivar por todos los medios la Guerra Fría para justificar la recuperación de su papel central en el sistema político-económico estadounidense.

Pero esta estrategia choca claramente con los intereses financieros y económicos de la UE y también de EEUU. Rusia es el tercer socio comercial de la UE después de EEUU y China, con un intercambio comercial de más de 500.000 millones de dólares en 2012 (Bob Dreyfuss “Capitalism Will Prevent a Cold War Over Ukraine”, The Nation, 10.03.2014). Alrededor del 75% de todas las inversiones extranjeras en Rusia proceden de la UE, siendo Rusia la mayor proveedora de gas de la UE. Y el capital de los grandes oligarcas rusos está en bancos europeos, en su mayor parte en la City de Londres. Hoy, el gran capital financiero e industrial no desea una Guerra Fría. En realidad, gran parte del armamento de Rusia es construido hoy en Suecia y Francia (la última compra es de helicópteros, 1.700 millones de dólares). De ahí que por mucho que se hable de penalizar a Rusia, poca acción militar es probable que ocurra. No estamos en la primera página de la III Guerra Mundial, pero ello no implica que no estemos viendo el resurgimiento del nazismo, apoyado paradójicamente por élites gobernantes a los dos lados del Atlántico norte, que representa la mano dura necesaria para llevar a cabo las políticas de corte neoliberal que el gobierno ucraniano realizará para facilitar su integración en la UE.

vincencnavarro

Vicenç Navarro

Catedrático de Ciencias Políticas y Sociales en la Universidad Pompeu Fabra, profesor en la Universidad Johns Hopkins de Baltimore

25
Mar
14

eeuu … salario de pobres

 
La batalla por el salario mínimo en EE.UU
Viento Sur
 
Un salario mínimo de 15 dólares la hora (10,8 euros; actualmente es de 7,25 dólares a escala federal y oscila entre este importe y el tope de 9,30 dólares según el Estado) es ahora una de las reivindicaciones más populares en EE UU. La movilización en torno a este objetivo la iniciaron los working poor (“pobres con trabajo”) de los establecimientos de comida rápida y de las grandes superficies y encontró un amplio eco en el seno del movimiento Occupy. Ahora la secundan en gran medida los sindicatos, hasta el punto de que el presidente Obama se ha declarado a favor de un compromiso en la cifra de 10,10 dólares para los empleados del sector público.

Al comienzo del siglo XX, cuando quedó derrotada la izquierda sindical y se impuso el sindicalismo corporativo, sobre todo en la construcción, la defensa se centró ante todo en los salarios de los profesionales cualificados. Todo esto comenzó a cambiar con la aparición del Congress of Industrial Organizations (CIO) en la década de 1930, con la idea de organizar a la masa de trabajadores y trabajadoras mediante la resistencia al dumping salarial. El cambio se produjo en la industria del automóvil, donde los mecánicos, electricistas, etc. tenían organizaciones separadas y donde se impuso la idea de un sindicalismo de ramo. Esta perspectiva ya se había planteado a finales del siglo XIX entre los mineros y los ferroviarios, especialmente bajo la dirección de Eugene Debs, que se reclamaba del socialismo. Sin embargo, estos sectores sufrieron una importante derrota en Chicago en 1894. El sindicalismo de ramo tardará así cuatro décadas en implantarse y dominar el mundo del trabajo, entre mediados de la década de 1930 y mediados de la de 1950. Fue en ese periodo, concretamente en 1938, cuando se introdujo el salario mínimo, tanto gracias a la movilización de los trabajadores como en virtud de la legislación social del New Deal.

Big Labor contra el salario mínimo

Durante este periodo, EE UU vivieron bajo el signo de Big Labor: los patronos aceptaban entablar negociaciones colectivas con la burocracia sindical a cambio de la expulsión de la izquierda socialista y comunista y de la libertad de acción de las empresas para incrementar la productividad y debilitar la presencia sindical en los lugares de trabajo. En recompensa, el nivel de vida de los trabajadores y trabajadoras mejoraba y las grandes industrias –automóvil, acero, carbón, etc.– fijaban un umbral mínimo para los no afiliados; al mismo tiempo, grandes empresas como Xerox, IBM, etc., podían deshacerse de los sindicatos si aceptaban esos niveles mínimos. De este modo, EE UU experimentó una indudable mejora de los salarios reales, a pesar de la persistencia de importantes desigualdades a expensas de los afroamericanos y las mujeres. Así, hacia finales de la década de 1960, el salario mínimo era superior (un 40 % en términos reales) que el que se paga actualmente, lo que permitió a los sectores más frágiles de la clase obrera beneficiarse de las ganancias de los años dorados del capitalismo estadounidense, a pesar de que la agricultura, la hostelería y el trabajo doméstico siempre hayan estado excluidos del salario mínimo.

En estas condiciones, los sectores dirigentes del CIO (AFL-CIO a partir de 1955) no han pretendido nunca dar prioridad al establecimiento de un salario mínimo legal, por mucho que el contexto de las movilizaciones sociales por los derechos civiles y las reformas sociales de los gobiernos de Kennedy y Johnson –encaminadas a reforzar la base de apoyo popular del Partido Demócrata, respondiendo a la presión creciente del mundo del trabajo– ofrecieran oportunidades en este sentido, en particular por el acercamiento entre la burocracia sindical y el gobierno federal. Es en esa época en que se habló de la colaboración del Big Government del Big Buisness y del Big Labor. De ahí que el declive del salario mínimo en términos reales se iniciara a finales de los años sesenta.

En 1996, un año después de ser elegido a la cabeza de la AFL-CIO, John Sweeney escribió un panfleto titulado America Needs a Raise (EE UU necesita un aumento), que marca un cambio de política de los sindicatos. Sus predecesores se habían opuesto hasta entonces a la Earned Income Tax Credit (EITC), introducida en la década de 1970 y que preveía ventajas fiscales para los trabajadores y trabajadoras de salarios bajos, lo que equivalía de hecho a una subvención indirecta del Estado a las empresas. Así, Walmart o McDonalds pudieron seguir pagando salarios de miseria, mientras que los demás contribuyentes sufragaban la devolución de una parte de los impuestos a los trabajadores de esas empresas, aparte de las ayudas sociales a que tenían derecho. Ahora, este mecanismo ya no se sostiene debido al número creciente de los working poor.

Se acabó el “sueño americano” del empleo

Los dirigentes sindicales pasaron entonces a alegar lo siguiente: somos más débiles que antes, hemos sufrido una derrota con el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (NAFTA, 1994), perdemos afiliados en el automóvil, la siderurgia, etc. y ya no podemos pensar en regular el mercado de trabajo como cuando organizábamos al 25 o 30 % de los asalariados. Sin embargo, ¿cómo puede sobrevivir una burocracia sindical que busca un marco de entendimiento entre el trabajo y el capital, pero a la que los patronos ya no quieren hacer concesiones? Para ello, tratará de reconstruir una línea de defensa procurando organizar el sector de los servicios (Sweeney venía de ese sector), que no son tan fáciles de deslocalizar, y a los inmigrantes (aunque solo sea con el fin de mantener las cotizaciones necesarias para mantener el aparato). Para ganarse a estos nuevos sectores, contratará una nueva generación de liberados, en muchos casos procedentes de la izquierda estudiantil de los años setenta, jóvenes entusiastas, sinceros, comprometidos, dispuestos a hacer horas extras no retribuidas.

Para Sweeney, lo que ya no era posible conseguir mediante la negociación colectiva había que tratar de obtenerlo políticamente, apostando por una intervención más fuerte en el terreno electoral con la baza del peso numérico de la clase obrera. Por tanto, no se trataba de hacer política para apoyar la organización y las movilizaciones en los lugares de trabajo, sino de sustituir en gran medida la lucha sindical por la lucha política. En realidad, la AFL-CIO había renunciado a defender “el sueño americano del empleo”: trabajar duramente en la gran industria, conseguir aumentos salariales, tener derecho a una pensión de jubilación digna, poseer una pequeña cabaña en el bosque o incluso una barquita para ir a pescar el fin de semana…

Las derrotas de las décadas de 1980 y 1990 ya no permitían creer en esta perspectiva, a pesar de las importantes huelgas del sector del automóvil, a finales de los años noventa, en especial para impedir la salida de las máquinas de Flint (Michigan) –que había sido el foco principal de las grandes luchas de la década de 1930–, pero que no lograron evitar el cierre de fábricas y los despidos masivos en General Motors. Asimismo, la huelga general [de 1997] en UPS, principal multinacional de paquetería, cuyo lema era “La América a jornada parcial no funciona”, no consiguió su objetivo: los salarios estaban congelados en 8,30 dólares la hora desde 1986, y el personal no obtuvo más que un aumento de 50 céntimos, lo que explica la explosión de beneficios y la diversificación de las actividades de esta empresa. Este atolladero permite comprender el giro más reciente de los sindicatos a favor del salario mínimo.

Descenso de los salarios

Desde 1997 hasta hoy, los salarios de los nuevos contratados en la industria automovilística han descendido un 40% (50 a 60% si se tienen en cuenta las primas y ventajas suprimidas), mientras que los salarios de los más antiguos están congelados en 17 dólares la hora, teniendo en cuenta la inflación. En los sectores sindicados se asiste a la implantación de salarios diferenciados, que globalmente están congelados. Los convenios distinguen entre una categoría de nuevos contratados con salarios bajos y derechos sindicales muy cercenados. Este proceso se ha acelerado desde el comienzo de la recesión, en 2007-2008. De ahí que el salario mínimo aparezca claramente como un umbral absolutamente indispensable.

Durante las movilizaciones de Occupy, los sindicatos hicieron algunas cosas buenas que un par de años antes seguro que no habrían hecho. En la mayoría de los casos interpretaron el movimiento como una expresión de la rabia de los trabajadores y trabajadoras jóvenes a la que había que apoyar. De hecho, en aquellas manifestaciones participaron decenas de miles de asalariados, en muchos casos sindicados (en Nueva York, las tasas de afiliación son elevadas en los servicios públicos), con o sin el apoyo de su sindicato, poniendo así de manifiesto la fuerza de una idea simple: el 99% debe defender sus intereses contra el 1% que acumula la mayor parte de la riqueza. Los sindicatos captaron el mensaje, aunque hayan ido más bien a la zaga del movimiento en vez de organizarlo y a menudo lo hayan desviado hacia objetivos electorales a corto plazo.

En el último congreso de la AFL-CIO, en septiembre de 2013, la dirección sindical –cosa inimaginable en tiempos de la guerra fría– renunció prácticamente a presentar el sindicato como una organización de trabajadores y trabajadoras para defender una concepción inclusiva de la organización, que tiende la mano a las grandes asociaciones de afroamericanos, de mexicoamericanos, de ecologistas, y afirmar al mismo tiempo que el centro de gravedad de la lucha ya no está en los lugares de producción. De todos modos, hay algo que está mal asumido en todo esto: por ejemplo, los sindicatos se movilizarán contra el racismo o la contaminación en algunos lugares, pero al mismo tiempo defenderán la construcción del gasoducto Keystone desde Canadá, con el argumento de que este proyecto faraónico genera empleo.

Éxitos prometedores

En Seattle, el apoyo prestado por una parte de los sindicatos a la campaña de Kshama Sawant, la primera candidata socialista –presentada por Socialist Alternative, un grupo trotskista– en ser elegida, el pasado mes de noviembre, a la alcaldía de una gran ciudad del país, se basó en la reivindicación de un salario mínimo de 15 dólares la hora, a la que se adhiere el principal sindicato del sector servicios (SEIU). Conviene saber que el amplio apoyo prestado a esta reivindicación germinó asimismo en el seno del movimiento Occupy, donde amplios sectores obreros se dieron cuenta de que sus bajos salarios no se debían a carencias personales o a la mala suerte, sino que eran consecuencia de una relación de fuerzas sociales desfavorable. Obama supo aprovechar esta toma de conciencia evocando las desigualdades sociales en su último informe sobre el estado de la Unión: aunque él no defienda ningún programa social ni proponga ninguna normativa legal al Congreso, apela a la buena voluntad de las empresas y se pronuncia a favor de un salario mínimo de 10,10 dólares en el sector público. Es una manera de colocar a los republicanos a la defensiva y de ganarse la simpatía del movimiento sindical. Al tiempo que hace campaña por el salario mínimo de 15 dólares y lanza referendos locales sobre el tema, la burocracia sindical presionará sin duda a favor de una solución intermedia en el Congreso.

En un plano más profundo, la reivindicación de un aumento del salario mínimo ha suscitado una oleada de luchas en los establecimientos de comida rápida y las grandes superficies. Sin embargo, para ganar, los sindicatos no pueden contentarse con firmar un acuerdo, por ejemplo, con McDonalds. Es preciso que ese acuerdo conduzca asimismo a la renegociación de los contratos del grupo con sus miles de puntos de venta, gestionados por contratistas independientes, para que puedan soportar los aumentos salariales. En este sentido, una experiencia desarrollada en la cadena Taco Bell (especializada en “cocina mexicana”) ha dado buenos resultados. En la pequeña localidad de Immokalee, en Florida, un grupo de trabajadores y trabajadoras inmigrantes lanzó una campaña en los puntos de venta de la cadena para exigir una mejora salarial, así como un precio mejor por los tomates adquiridos de los agricultores de la región; obtuvieron el apoyo de los estudiantes, que organizaron un boicot nacional contra Taco Bell, creando así una amplia coalición en torno a estos objetivos. Y finalmente han conseguido lo que se proponían, demostrando que es posible ganar en las empresas buscando aliados.

Artículo escrito sobre la base de una conversación mantenida el 11 de marzo de 2014 con Lee Sustar (Chicago), miembro de la International Socialist Organization (ISO) y responsable de la sección laboral de la página web Socialist Worker (Jean Batou).

Traducción: VIENTO SUR

Fuente: http://vientosur.info/spip.php?article8866

24
Mar
14

mujica y guantánamo

Uruguay se ofrece a acoger a prisioneros de Guantánamo
Un paso hacia la justicia en la larga “Guerra contra el Terror”
Toward Freedom
Bajo la presidencia de José “Pepe” Mujica, Uruguay ha llegado frecuentemente a los titulares en todo el mundo en los últimos años por medidas progresistas como la legalización de matrimonios del mismo sexo, el aborto y el cultivo y venta de marihuana, así como el retiro de sus tropas de Haití. Esta semana, Mujica ofreció recibir a prisioneros del campo de detención estadounidense en su base en la Bahía de Guantánamo, Cuba.

El presidente uruguayo aceptó una propuesta del gobierno de Obama de recibir a los detenidos. “”Vienen como refugiados y el Uruguay les da un lugar si quieren traer a la familia y todo lo demás”, explicó Mujica. “Si quieren hacer sus nidos y trabajar en el país, que se queden en el país”.

Mujica dijo que la decisión ya está tomada y agregó: “El presidente del país estuvo un montón de años en cana, sabe lo que es la cana y la cana dura, me imagino lo que debe ser Guantánamo. Todos hablan de derechos humanos. Hablando perfectamente en serio, esto es una cuestión de dignidad, acá podés tener una cama y revolverte para laburar y portarte bien”, sentenció.

El presidente de tendencias de izquierda es un antiguo guerrillero revolucionario quien estuvo encarcelado durante 14 años antes y durante la dictadura de 1973-1985 en Uruguay. Después de su liberación, terminó sus actividades en la guerrilla y entró a la política. Fue Ministro de Agricultura en 2005 en el gobierno de Tabaré Vázquez, y fue elegido a la presidencia en 2010.

Mujica, quien ha sido apodado el “presidente más pobre del mundo”, debido a su estilo de vida frugal y el hecho de que dona cerca de un 90% de su salario presidencial a obras de beneficencia y programas sociales, todavía vive en una granja con su mujer en las afueras de la capital, y conduce un viejo Escarabajo Volkswagen para ir al trabajo. A principios de este año, fue propuesto para el Premio Nobel de la Paz por su programa progresista de legalización de la marihuana y sus puntos de vista contra el consumismo excesivo. Su última acción contra los abusos de los derechos humanos de la “guerra contra el terror” volvió a atraer la atención mundial.

Un símbolo de la “Guerra contra el terror”

El centro de detención en la base de EE.UU. en Guantánamo ha sido desde hace tiempo un símbolo de los derechos humanos que han llegado a definir la así llamada “guerra contra el terror”. Después del 11-S, el gobierno de George W. Bush comenzó a utilizar la instalación para detener a presuntos terroristas. Se hizo tristemente célebre rápidamente como un sitio de tratamiento inhumano, tortura, e ilegalidad; una década después, muchos de los prisioneros han sido retenidos sin ser acusados o procesados.

Aproximadamente 800 hombres y muchachos han sido retenidos en Guantánamo como parte de las redadas estadounidenses de presuntos terroristas. Ahora solo quedan 154, y el gobierno de Obama, con apoyo del Congreso, trata de cumplir su promesa de cerrar el centro de detención. Como parte de esta acción, Washington busca nuevos países que reciban a los detenidos liberados.

Uruguay es la primera nación latinoamericana en aceptar la oferta de Obama de recibir antiguos prisioneros sobre su suelo. Desde la elección de Obama, 38 detenidos de Guantánamo han sido liberados hacia sus países, y 43 han sido enviados a otros 17 países. Según Human Rights Watch, EE.UU. quiere enviar detenidos a países que puedan proveer la seguridad que EE.UU. busca bajo los términos de la transferencia. La prensa uruguaya informa que la transferencia involucraría probablemente a cinco detenidos que tendrían que permanecer en Uruguay por lo menos durante cinco años.

Aunque Mujica y el embajador de EE.UU. dejan claro que los planes relacionados con la transferencia no han sido finalizados, los motivos de Mujica para recibir a los hombres son una señal de que Uruguay toma importantes pasos hacia la justicia ante la larga “guerra contra el terror” de Washington.

Durante años, innumerables activistas, gobiernos y grupos de derechos humanos han pedido el cierre del centro de detención de EE.UU. en la Bahía de Guantánamo. En julio pasado, el activista Andrés Conteris, quien ha trabajado durante décadas en temas de derechos humanos en Latinoamérica, hizo una huelga de hambre durante tres meses en solidaridad con la huelga de hambre de prisioneros en Guantánamo.

La huelga denunció el tratamiento inhumano e ilegal dado a los detenidos; numerosos casos de tortura física, psicológica, religiosa y médica contra los prisioneros han sido ampliamente descritos durante años. Es el tratamiento al que se opone el presidente Mujica al recibir a los detenidos.

“En vista de la experiencia de Pepe Mujica con la tortura a largo plazo,” me explicó Conteris, refiriéndose al propio encarcelamiento de Mujica, “este gesto ofreciendo recibir a prisioneros de Guantánamo en Uruguay no solo expresa el compromiso de su país con los derechos humanos, sino muestra una conexión personal de este presidente con los que sufren tratamiento inhumano perpetrado por parte de las fuerzas militares”.

Benjamin Dangl ha trabajado como periodista en toda Latinoamérica, cubriendo movimientos sociales y la política en la región durante más de una década. Es autor de los libros Dancing with Dynamite: Social Movements and States in Latin America y The Price of Fire: Resource Wars and Social Movements in Bolivia. Actualmente es estudiante de doctorado de Historia Latinoamericana en la Universidad McGill y edita UpsideDownWorld.org, una web sobre activismo y política en Latinoamérica y TowardFreedom.com, una perspectiva progresista sobre eventos mundiales. Correo electrónico: BenDangl@gmail.com// .

 Fuente: http://towardfreedom.com/31-archives/americas/3480-a-step-toward-justice-in-the-long-war-on-terror-uruguay-offers-to-welcome-guantanamo-detainees  

23
Mar
14

obama

 

Obama: El verdugo obsecuente
La política de la ilusión
 

“Los crímenes de los Estados Unidos han sido sistemáticos, constantes, salvajes, y no ha habido remordimiento, pero de hecho muy pocas personas han hablado de ellos. Hay que concedérselo a América. Ha llevado a cabo una manipulación absolutamente clínica del poder a escala mundial, mientras se presentaba con el disfraz de una fuerza del bien universal.” Harold Pinter, Discurso de aceptación del Premio Nobel, 7 de diciembre de 2005.

“Obama es solo un verdugo obsecuente. Desde el punto de vista de la clase gobernante, es el testaferro perfecto porque su mera apariencia confunde y desarma a tantos. Parece haber pasado toda su vida tratando de ser escogido para el papel de Judas. Y todo esto está en su currículum vitae.” -bevin, Comments line, Moon of Alabama.

Según un sondeo recientemente publicado por Wall Street Journal/NBC News, las tasas de aprobación de Barack Obama han caído a un nuevo punto bajo de 41por ciento con 54% de los encuestados diciendo que “desaprueban” de la tarea que está realizando. El manejo por Obama de la economía, la salud y la política exterior fueron especialmente mencionados por la mayoría de los encuestados. Sobre la atención sanitaria, piensan que Obama ha fortalecido la industria de seguros con fines de lucro con pocos beneficios para la gente trabajadora de a pie. El estudio también mostró “la aprobación más baja de todos los tiempos” para el manejo de la política exterior por el presidente. Y respecto a la economía, los resultados fueron aún más impactantes; todo un 57 por ciento de los encuestados “cree que EE.UU. se mantiene en una recesión” mientras “un 65% cree que el país va mal encaminado”. El desengaño generalizado con la actuación de Obama ha debilitado su apoyo entre los negros, los latinos y las mujeres, tradicionalmente los grupos más leales en la base del Partido.

No cabe duda de que Obama ha sido afectado por la anémica recuperación o por su concentración en la reducción del déficit en lugar de la creación de puestos de trabajo. El alto desempleo, el estancamiento de los salarios y la baja de los ingresos han afectado fuertemente las expectativas, lo que ha limitado el consumo y el crecimiento. El índice Gallup de Confianza Económica muestra ahora un “fuerte descenso en la visión del futuro”… “ya que cerca de un 57% de los encuestados dijeron que las cosas están empeorando, no mejorando.”

Por cierto, las cosas han empeorado bajo Obama, considerablemente, motivo por el cual muchos de sus más ardientes partidarios están dejando de apoyarlo. Y la desilusión tampoco se limita a la política económica. Recientes análisis confirman lo que la mayoría de la gente ya sabe, que el público está cansado de las intervenciones, las provocaciones, las interferencias y las interminables guerras. El pueblo estadounidense es cada vez más aislacionista y quiere que el gobierno se aparte de conflictos externos. En un reciente estudio, PEW resume la atmósfera en el país:

“Por primera vez desde 1964, más de la mitad (52%) está de acuerdo en que EE.UU. “debiera preocuparse de sus propios asuntos internacionalmente y dejar que otros países hagan lo mejor que puedan por cuenta propia”; 38% no está de acuerdo, según un estudio realizado en octubre-noviembre de 2013. Del mismo modo, un 80% está de acuerdo con la declaración: “No debiéramos pensar tanto en términos internacionales sino concentrarnos más en nuestros propios problemas nacionales y en reforzar nuestra fuerza y prosperidad en el interior”. (U.S. Foreign Policy: Key Data Points from Pew Research, PEW Research Center)

El sondeo de PEW simplemente se extiende sobre los resultados en otros estudios como el siguiente de LA Times:

“Dos tercios de los estadounidenses entrevistados en un sondeo reciente dijeron que los 12 años de guerra librada en Afganistán… no han valido el precio pagado en vidas y dólares…

El estudio realizado para los medios por Langer Research Associates of New York estableció que la desilusión con la guerra dirigida por EE.UU. fue expresada por una mayoría de todas las tendencias políticas. En general, un 66% de los encuestados dijeron que la guerra no ha valido la pena. Los que se identificaron como liberales fueron los más descontentos con la inversión militar: un 78% dijo que la guerra fue un error.(Poll: Two thirds of Americans say Afghan war not worth fighting, LA Times)

Lo mismo vale para Iraq. La guerra no valió la pena. ABC News dice:

“Diez años después de que los ataques aéreos estadounidenses contra Bagdad marcaron el comienzo de la guerra de Iraq, casi seis de cada 10 estadounidenses dicen que la guerra no valió la pena – una opinión continuamente compartida por mayorías desde que el éxito inicial fue reemplazado por años de continuo conflicto.

Casi tantos dicen lo mismo sobre la guerra en Afganistán en el último sondeo de ABC News/Washington Post. Y mientras las críticas a ambas guerras han bajado de su nivel máximo, la intensidad del sentimiento sigue siendo elevada, y las fuertes críticas superan de lejos a los fuertes partidarios.” (A Decade on, Most are Critical of the U.S.-Led War in Iraq, ABC News)

Y eso nos conduce a la actualidad y a la amenazadora perspectiva de una guerra con Rusia por los eventos en Crimea. La gente piensa lo siguiente según un sondeo en el

Washington Post :

“Un nuevo sondeo sugiere que los estadounidenses tienen muy poco deseo de ser implicados en la crisis en Ucrania. Solo 29 por ciento de los estadounidenses quieren que el gobierno de Obama adopte una ‘posición firme’ contra la incursión rusa en su vecino, según un sondeo de Pew Research Center, mientras casi el doble –56 por ciento– prefieren que EE.UU. no se implique demasiado en Ucrania.

El sondeo refleja un público estadounidense cansado de guerras que todavía es muy renuente a involucrarse en conflictos internacionales. El pueblo de EE.UU. se opuso de la misma manera a una intervención militar en Siria el año pasado, a pesar de que el presidente Obama llamó al uso de la fuerza y buscó aprobación del Congreso para la acción.” (Few Americans want ‘firm stand’ against Russia in Ukraine, Washington Post)

Por cierto, a Obama no le interesa lo que desee el pueblo de su país. Va a hacer lo que está comprometido a hacer; tomar medidas duras contra las libertades civiles, estrangular la economía, y propagar la guerra por el planeta. En lo que respecto al belicismo – está haciéndolo mejor que Bush. ¿No me creéis? Estudiad este pasaje de International Business Times:

“En su sondeo de Fin de Año, encuestadores de WIN y Gallup International entrevistaron a más de 66.000 personas en 65 naciones y establecieron que 24 por ciento de todos los encuestados respondieron que EE.UU. ‘es la mayor amenaza para la paz en el mundo actual’. Pakistán y China figuran muy por debajo de EE.UU. en el sondeo, con 8 y 6 por ciento, respectivamente” (In Gallup Poll, The Biggest Threat To World Peace Is… America?, IBT)

Ahí lo tenéis, la presidencia de Obama en resumidas cuentas: “EE.UU. es la mayor amenaza para la paz en el mundo actual”. Recordad, este sondeo no fue realizado durante los años de Bush. Oh, no. Todo esto es obra de Obama, cada pizca.

Resumamos: La mayoría de los estadounidenses piensa que Obama está haciendo un pésimo trabajo. Piensan que la economía está en pésimo estado, y que su situación financiera está empeorando. También piensan que el país va por el camino equivocado, que EE.UU. es una amenaza para la paz mundial, y no quieren más malditas guerras.

Comprobad una y otra vez.

Por lo tanto, ¿cuál pensáis que ha sido la reacción del gobierno de Obama ante esta manifestación del público?

Os diré cuál ha sido. Están felices. Así es, están felices. A pesar de la caída de las cifras en los sondeos y de la baja en apoyo público, el equipo de Obama se siente vindicado por el hecho de que no es tan ampliamente denigrado como el gobierno de Bush. Es su parámetro: Bush.

Y podrían tener algo de razón, después de todo, ¿quién hubiera pensado que un presidente podría abrogar el habeas corpus, destruir la economía, lanzar guerras y golpes como si tal cosa, vaporizar a cientos de personas inocentes en ataques de drones, intensificar la vigilancia de todo hombre, mujer y niño en EE.UU., y reivindicar el derecho a asesinar ciudadanos estadounidenses sin debido proceso, sin incitar a millones de estadounidenses indignados a agarrar sus horcas y dirigirse a Washington?

Es lo que habría pasado si Bush estuviera todavía en el poder, ¿verdad? Pero Obama consigue un “pase”. ¿Por qué? Porque es un hombre negro elocuente, carismático, a quien todavía admira la vasta mayoría de los demócratas. ¿Podéis creerlo?

Obama representa todo lo que esa gente profesa odiar –guerra, ataques de drones, Guantánamo, austeridad, Wall Street (ningún enjuiciamiento), detención indefinida, privilegio ejecutivo (para asesinar), etc.– y todavía lo colocan sobre un pedestal. Por eso pensamos que Obama es la mayor invención de relaciones públicas de todos los tiempos; un modelo galvánico que incorpora todas las características encomiásticas del liderazgo y quien –al mismo tiempo– es capaz de realizar los actos más despreciables e inhumanos sin la menor duda o remordimiento. Es un hombre que no siente nada hacia sus prójimos, ni empatía, compasión, o piedad. Lo que le importa es que sigue fielmente el guión que le ha sido prescrito por sus malvados manipuladores, esa odiosa amalgama de mandamases de las corporaciones, mandarines bancarios y holgazanes egresados de las grandes universidades que componen la pecaminosa Cleptocracia de EE.UU. La mejor descripción de Obama que haya leído se encuentra en la sección de comentarios de un blog de política exterior llamado Moon of Alabama por un bloguero llamado “bevin”. Dice lo siguiente:

“Pienso que Obama carece totalmente de escrúpulos… es solo un verdugo obsecuente. Desde el punto de vista de la clase gobernante es el perfecto testaferro porque su simple apariencia confunde y desarma a tantos. Parece haber pasado toda su vida tratando de ser escogido para el rol de Judas. Y todo se encuentra en su curriculum vitae…

Lo presentan como negligente, nunca responsable, nunca conectado intencionalmente a un acto malvado, nunca atraído a actos de duplicidad por intención consciente. Es la imagen falsa, la desinformación proyectada sobre su persona…

Se me ocurre que Obama es todas esas cosas. Y que ese es el centro de la maldad en su persona – que carece de conciencia o principio, simplemente un carnicero común que hace su trabajo, cumple las condiciones de su empleo, hace lo que le dijeron que hiciera…

Lo veis como enfocado e intencional.

Yo lo veo como alguien que firma una pila de autorizaciones de muerte sin leerlas, o sin volver a pensar en ellas. ¿Recordáis solo después de noviembre de 2008, esperando para asumir su puesto, cómo los israelíes atacaron Gaza, obviamente para mostrarle quién manda? ¿No sentisteis que incluso ellos se sorprendieron ante la despreocupación con la que contempló cómo esas masacres extraordinarias se desarrollaban ante sus ojos?

No le importaba. Y estaba, finalmente, liberado de la tarea de pretender que le importaban cosas semejantes.

Es lo que le gusta realmente al ser Presidente: puede descansar mientras ocurre la matanza, no tiene que pretender que le importa, no tiene que emitir algún tipo de juicio moral.

Recordad cuando preguntó a su padrastro: “¿Has matado hombres?”

La respuesta que recibió fue “Solo hombres que eran débiles”.

Desde entonces se ha adherido a ese estándar moral.” (bevin, Moon of Alabama)

Eso resume perfectamente al sujeto: una calabaza vacía que nunca tuvo ninguna intención de cumplir sus promesas, quien siente un desdén extremo hacia los tontos que votaron por él, y quien siente que es tan fácil matar a un hombre, su familia y sus hijos, como aplastar una mosca sobre su brazo. Como señala bevin, Obama “es un timador y un sociópata”.

Y ahora el sociópata ha concentrado su atención en Ucrania donde está decidido a llevar a Rusia a un conflicto sobre Crimea a pesar de que Moscú ha apoyado a EE.UU. en la Guerra contra el Terror, ha retirado sus armas pesadas de la parte occidental de Rusia, reducido sus fuerzas armadas convencionales en 300.000 soldados, y cumplido todas sus obligaciones bajo el Tratado de las Fuerzas Armadas Convencionales en Europa (FACE).

Moscú ha hecho todo lo que se le ha pedido. ¿Y qué ha hecho Washington por su parte?

Valentin Mândrăşescu, Editor de Reality Check de The Voice of Russia, lo resume como sigue en el sitio en la web Testosterone Pit:

“Washington no ha cumplido ninguno de sus acuerdos clave hechos con URSS/Rusia durante los últimos 30 años. A Gorbachov le prometieron que Europa Oriental no sería incorporada a la OTAN. Un país tras otro fue hecho parte de la OTAN y Yugoslavia fue desmantelada a pesar de las objeciones de Rusia. EE.UU. actuó como el vencedor de la Guerra Fría y guió sus políticas según el famoso principio de “¡Vae victis!” ¡Ay del vencido! (Valentin Mândrăşescu, Editor of The Voice of Russia’s Reality Check, From now on, No compromises are possible with Russia, Testosterone Pit)

Desde el desmantelamiento de la Unión Soviética, EE.UU. ha rodeado Rusia con bases militares, entrenado tropas en Georgia que fueron finalmente utilizadas para combatir a Rusia en Osetia del Sur, instigó numerosas revoluciones de color en antiguos Estados soviéticos, y comenzó a desplegar un sistema de defensa de misiles en Europa Oriental que dará a Washington la capacidad para un primer ataque con armas nucleares que destruirá “el equilibrio estratégico en el mundo” y obligará a Putin a reanudar la carrera armamentista.

Así hace amigos Washington; aplastando su cara contra el pavimento cada vez que puede. ¿Suena familiar?

El miércoles, Obama se reunió con el primer ministro impostor de Ucrania, Arseniy Yatsenyuk, en la Casa Blanca en un intento de prestar credibilidad al gobierno salpicado de nazis del jefe del golpe. Obama aprovechó el evento en la Casa Blanca para aplaudir el golpe y prometer apoyo al agresivo gobierno contrario al Kremlin. Poco después de que Obama terminara su declaración, blogs publicaron copias de una resolución que fue emitida por el Parlamento Europeo solo 15 meses antes condenando a los grupos que ahora forman parte del gobierno ucranio respaldado por EE.UU. Un pasaje del texto de esa resolución dice:

“El Parlamento Europeo… está preocupado por el creciente sentimiento nacionalista en Ucrania, expresado en el apoyo al Partido Svoboda, que, como resultado, es uno de los dos nuevos partidos que entran al Verkhovna Rada; recuerda que puntos de vista racistas, antisemitas y xenófobos contradicen los valores y principios fundamentales de la UE y por ello llama a los partidos pro democráticos en el Verkhovna Rada a que no se asocien, apoyen o formen coaliciones con ese partido.” (Moon of Alabama)

¿Qué os parece? Por lo tanto el Parlamento Europeo vio el peligro planteado por esos grupos y los denunció antes de cambiar de opinión y se dio cuenta de que esos matones neonazis fanáticos podrían ayudar a promover sus objetivos de política exterior. Ahora las naciones de la UE se alinean tras Obama quien hace todo lo que puede por provocar a Putin para poder extender la OTAN hasta las fronteras de Rusia, tomar el control de críticos corredores de gasoductos y recursos vitales, e instalar sistemas de armas en el perímetro de Rusia. Son los objetivos del gobierno a pesar de la amenaza que plantean para la democracia, la seguridad, y la estabilidad regional, fuera de la posibilidad de una tercera guerra mundial.

Conclusión: No se llega a ser “la mayor amenaza para la paz mundial” sin esforzarse por lograrlo.

Obama quiere demostrar que está a la altura de la tarea. Desgraciadamente, pensamos que así es.

Mike Whitney vive en el Estado de Washington. Contribuyó a Hopeless: Barack Obama and the Politics of Illusion (AK Press). Hopeless también existe en una edición Kindle. Contacto: fergiewhitney@msn.com//

Fuente: http://www.counterpunch.org/2014/03/14/obama-the-willing-executioner/

22
Mar
14

Venezuela … jaqueando al progresismo

 
Golpe blando

 

 

Página 12
 
Aquellos viejos villanos, los peores del barrio, los que hacían el trabajo sucio de los señoritos, los militares, han sido descartados. Las elites ya no entregan a sus filas a ninguno de sus hijos. No hay dobles apellidos y ya no son invitados a las reuniones conspirativas de los grandes señores que a veces ya los miran con cierta desconfianza. Los golpes militares, aquella pesadilla infinita, han caído en el desprestigio, perdieron glamour, han pasado de moda. Ahora se habla de golpes blandos.

El golpe blando consiste en travestir a una minoría en mayoría, amplificar sus reclamos, crispar las controversias y enfrentamientos y desgastar a la verdadera mayoría que gobierna, hasta hacerla caer por medio de alguna farsa judicial como fue en Honduras, o parlamentarista, como en Paraguay o forzando una intervención extranjera como se pretende hacer en Venezuela. Es más complicado que los golpes militares, pero, a diferencia de ellos, tiene el colorido de estos tiempos, con sus arquetipos de tiranuelos bananeros en el bando de los malos, y un bando de los buenos con sus arquetípicos luchadores por la libertad, con sus simulacros de épicas remasterizadas y con sus falsos discursos de heroísmos ciudadanos, todos ellos, buenos y malos, diseñados como protagonistas de una película de acción clase Z por las grandes herramientas de dominación: las corporaciones mediáticas.

En otras épocas, la derecha le reclamó con razón a la izquierda por su poca vocación democrática. Pero cuando las izquierdas populares no elitistas ni vanguardistas se volcaron a la democracia y ganaron elecciones, han sido las derechas las que no aceptaron el juego democrático.

Las derechas tienen siempre a su favor el poder económico y el gran poder de la época: los supermedios. Las izquierdas han legitimado con votos sus gobiernos y son reacias a sostenerse por la fuerza porque valoran esa legitimidad que fundamenta sus mandatos. Son movimientos cualitativamente diferentes a los de sus orígenes del siglo XX. Han desarrollado una práctica electoral que antes apenas tenían. Han perdido elecciones y se han mantenido en la oposición en marcos institucionales. Han ganado elecciones con mucho esfuerzo y, a diferencia de los viejos sectarismos, han desarrollado estrategias con mucha flexibilidad y amplitud, han gestionado con mayor o menor eficiencia, y han formado cuadros de gestión de los que antes carecían. Son calidades que no eran muy características de las izquierdas o progresismos o movimientos nacionales y populares del siglo XX. Y esencialmente son calidades de la democracia.

Estas corrientes políticas latinoamericanas han crecido en calidades democráticas y han sido refrendadas electoralmente varias veces. En Chile volvió el socialismo con Michelle Bachelet después del gobierno derechista de Sebastián Piñera, en El Salvador ganó por segunda vez la vieja guerrilla del Farabundo Martí y esta vez con un ex comandante guerrillero como candidato.

El voto democrático es el principal aliado de estos gobiernos. Entonces desde la derecha dicen que la democracia no es solamente el voto. Lo cual es cierto. Si la mayoría que gobierna no respeta a las minorías, hay una democracia imperfecta. Pero si sucede al revés, si las minorías quieren imponerse sobre las mayorías que ganaron elecciones, ya ni siquiera es una democracia imperfecta, sino que es una dictadura. De eso se tratan los golpes blandos.

En abril del año pasado en Venezuela, por ejemplo, Nicolás Maduro ganó por escaso margen las elecciones presidenciales a toda la oposición nucleada detrás de la candidatura de Henrique Capriles. Sin ningún prurito democrático, al perder por escaso margen, el candidato conservador desconoció el triunfo legítimo de su adversario. Y fue respaldado por una campaña internacional de los grandes medios para que nadie reconociera al gobierno de Maduro. Hasta hoy en día, la Casa Blanca no lo ha hecho. La oposición y Washington creían que esa escasa ventaja a favor del bolivariano desaparecería rápidamente y quedaría como un gobierno débil, vulnerable a cualquier acción destituyente.

Tres meses después de las elecciones presidenciales hubo elecciones municipales. En una situación muy desfavorable, tras la muerte de un líder carismático como Hugo Chávez, al que debió reemplazar, y con muchos problemas en la economía, Maduro no sólo no perdió esa ventaja sino que la amplió a más de diez puntos y más de un millón de votos. Fue un desastre para la oposición, que creía que finalmente había llegado el momento de cortar el proceso chavista.

El liderazgo de Capriles quedó resquebrajado y Leopoldo López quiso aprovecharse. Capriles sigue siendo mayoría en la oposición y sostiene una estrategia menos violenta. López es hijo de una alta ejecutiva de la organización Cisneros, el principal multimedia del país y convocó a la gente a la calle hasta “echar a Maduro”. Fueron manifestaciones violentas con barricadas y francotiradores y en ese marco también se produjeron desbordes de la represión. O sea, la minoría de la minoría está en las calles, levanta barricadas y tiene francotiradores. Pero los medios lo presentan como el descontrol de una situación social y tratan de presionar en la OEA para provocar una intervención extranjera. Eso sería un golpe blando.

Venezuela no es un paraíso, afronta problemas importantes. Al igual que todos los países latinoamericanos, ha sido cuestionada por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos por la situación en las cárceles. Tiene un problema grave de inseguridad. Los estudiantes se incorporaron a las marchas después del asesinato de dos de ellos por delincuentes comunes. También afronta una inflación fuerte y desabastecimiento de algunos productos. Pero hay un gobierno respaldado por la mayoría de la población para solucionar esos problemas. El sector de Capriles ha insistido en que no apoyan las marchas violentas. Solamente se moviliza una minoría violenta que cuenta con el respaldo de los Estados Unidos y de los grandes medios de la región.

Para respaldar a este sector minoritario de la oposición venezolana, las principales asociaciones de editores de diarios en América latina, entre los cuales se incluyen La Nación y Clarín, de la Argentina, lanzaron el programa Todos Somos Venezuela. Participan en esa operación la Asociación de Editores de Diarios y Medios Informativos (Andiarios), el Grupo Diarios de las Américas (GDA) y el Grupo Periódicos Latinoamericanos (PAL). En estas corporaciones están representadas las cadenas latinoamericanas de grandes medios escritos. La operación consiste en que cada periódico tendrá la obligación de publicar una página titulada “Todos somos Venezuela, sin Libertad de Prensa no hay Democracia” con información que será elaborada por los medios opositores de Venezuela.

La decisión de esta corporación regional aparece casi como una confesión, aunque agreguen en un párrafo que también publicarán la información oficial. Se trata de una corporación de multimedios que avanza sobre la soberanía política de un país, conspirando abiertamente contra sus instituciones democráticas. Pone en evidencia la decisión de hacer campaña, de debilitar al gobierno de Maduro, de mostrar la imagen trucada de una supuesta pueblada y de disfrazar de mayorías libertarias a las minorías violentas.

El dispositivo mediático es como la caballería de los golpes blandos. Está poniendo toda su potencia de fuego sobre Venezuela, pero las marchas opositoras van perdiendo intensidad y la realidad más compleja de ese país empieza a filtrarse por entre esa imagen grotesca que diseña la barrera informativa. Un elemento a favor de ese proceso ha sido la decisión de los gobiernos de la Unasur que advierten el peligro institucional al que tratan de empujarlos. Los cancilleres reunidos esta semana en Santiago de Chile decidieron que a Caracas viajará una misión de la Unasur para respaldar las instituciones democráticas y no para hacerles el juego a los más violentos de la derecha opositora como quería el departamento de Estado norteamericano en la OEA, así como el presidente panameño Ricardo Martinelli, uno de sus operadores regionales.

Las fuerzas políticas en general comienzan a reconocer una problemática que en la Argentina se debatió intensamente con la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual. El rol antidemocrático que plantean las situaciones dominantes en el universo de la información es cada vez más evidente. Una expresión de ese proceso reactivo fue esta semana la decisión del gobierno mexicano de obligar a desmonopolizarse a Televisa, el principal multimedia de ese país y el mayor de habla hispana. La disputa por democratizar la información es la disputa por democratizar las sociedades y prevenir estos golpes blandos.

Fuente original: Página 12




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