Archivo para 28 febrero 2017

28
Feb
17

Bordaberry corrupto ?

El gobierno del partido Colorado más corrupto y deficitario de la historia

escribe: Alejandro Domostoj / analista

¿Estamos frente al gobierno más corrupto y deficitario de la historia reciente del Uruguay? Si bien el tema está en manos de la Justicia, todo indicaría que sí. Estamos hablando de casi 500 millones de pesos cuyo paradero es por ahora desconocido, un déficit de más del 100 por ciento del presupuesto, otros 700 millones de pesos aproximadamente de deudas, que más allá del dudoso origen de alguna de ellas, pesan sobre Juan Pueblo quien, como siempre, tiene que pagar tamaña irresponsabilidad y defalco.

Estamos hablando de los resultados de la administración del actual senador Germán Coutinho, ex candidato a la vicepresidencia de la República, como compañero de fórmula del senador Pedro Bordaberry, ambos del sector Vamos Uruguay del Partido Colorado. Aquel que otrora tuviera a su favor una campaña -muy bien diseñada, por cierto- que lo proyectaba como “el mejor intendente del país”, el mismo por el que Bordaberry excluyó y relegó a otros sectores del Partido Colorado y lo impuso como su vice, a costas incluso de resquebrajamientos internos, el mismo que hoy goza de una banca en el Senado que le da inmunidad parlamentaria para responder ante la Justicia por tamañas maniobras.

Podrá alegarse que siempre que hay cambios de administración cuyo signo político es diferente surgen escaramuzas (de hecho, Coutinho supo hacerlo respecto a su anterior administración) pero bueno es advertir al lector que este no es el caso. Lo que hemos adelantado y lo que diremos se basa en los resultados de una auditoría externa, encargada a una multinacional independiente, de incuestionable trayectoria en la materia como lo es la empresa DELOITTE.

No es la nueva administración frenteamplista que afirma que la administración Coutinho contrajo dos y tres veces millonarios préstamos -fideicomisos- para hacer la misma obra, se la certificó dos o tres veces como hecha, y el resultado constatado es que la obra no está, la plata no está, y lo único que está es la deuda que los ciudadanos deben pagar a costillas de sus impuestos. No, no es el Frente Amplio que lo dice, lo dice una auditoría independiente y externa. Este no es el trabajo de una “comisión investigadora parlamentaria”, integrada por políticos, que a la postre conjugan fecha, hora, lugar y hasta color de gabardina para ir a radicar una denuncia -y muy bien que lo hagan-, aquí la denuncia se radica porque una investigación, externa e independiente, llega a un informe que debe ser de los más escandalosos que ha visto el Uruguay reciente si de cuentas públicas se trata.

Los números de la década del 90 parecen chicos frente a este caso. Es que hasta se compraron camiones en base a fideicomisos para tal fin, y si bien en este caso al menos los camiones están, están sin pagar y otra vez la ausente es la plata.

Si uno recuerda que sobre el final de la administración Coutinho la Intendencia se vio imposibilitada de pagar los salarios y llegó a no pagar las retenciones judiciales por pensión alimenticia (dejando a los hijos de los municipales sin el dinero de su manutención), ni volcar al Banco los descuentos efectivamente realizados a los trabajadores (dejándolos como morosos y sin créditos), más aún cuesta comprender a dónde fue a parar el gigantesco endeudamiento generado.

Podemos abundar en ejemplos que llenarían varias páginas del diario, pero para finalizar diremos uno vinculado a la tan vapuleada ANCAP, que se vio obligada cortar los créditos por falta de pago, por lo que la administración ideó un sistema por el que se retiraba plata de la caja a rendir con las boletas de compras. Podrá el lector imaginarse, que, si cuesta llenar el tanque de un vehículo particular, bastante más cuesta llenar los tanques de autos, maquinarias, camiones, etc. de toda una Intendencia. Y lo que Ud. se ve venir efectivamente pasó: hay plata que salió de la caja para este rubro, pero la boleta nunca llegó…

Así podríamos seguir enumerando, convenios firmados con Ministerios -para levantar viviendas, por ejemplo- y no están ni las viviendas ni el dinero, arreglos en los parques termales que tampoco están, obras de fondos de OPP que corrieron igual suerte, etc. etc. etc.

¿Cuál es la respuesta de los responsables? Denunciar que están siendo difamados, que son víctimas de campañas negativas, y una larga lista de conocidos cliché, usados por cualquiera que afronta similares casos. Lo que no se entiende es por qué Coutinho, si está tan seguro que de difamación se trata, no acepta el desafío que le ha lanzado el abogado patrocinante de la Intendencia de Salto, el Dr. Federico Álvarez Petraglia, que lo emplaza a que lo denuncie por difamación, en razón de sus declaraciones públicas en las que ha contado cosas de las que en este artículo reproducimos sólo algunas partes. Mal no vendría un juicio público para que todos pudiéramos ver la solidez del denunciante y qué tiene para mostrar el denunciado.

Pero el tema está en la Justicia y esperemos ésta sea rápida y profunda para no tener en vilo a una sociedad que quiere saber qué pasó con sus recursos.

Bordaberry y el Parlamento, ¿nada van a decir?

Ahora caben abordar otros aspectos, mirar otras actitudes, hacer otras consideraciones, y hasta -por qué no- formularnos otras interrogantes.

Coutinho no es un político local, que actúa en forma aislada, y sin proyección nacional. Es el número dos de Vamos Uruguay, el principal sector político del Partido Colorado. El número uno, el senador Bordaberry, que un día sí u otro también se dedica a buscarle el pelo al huevo (al fin y al cabo, este es su rol de oposición), a poner cara de afligido y de cordero bueno preocupado por el déficit central y por cualquier cosa que le sirva para golpear al gobierno e instalar un manto de sospecha sobre él, ¿nada piensa hacer con todo esto?

Por si faltaran paradojas en este caso, cuando esto se publique el mismo Bordaberry estará interpelando al ministro de Defensa por la compra de un avión multipropósito, sin decir seguramente que con el déficit de su colega y compañero de banca y fórmula se podría comprar un avión similar para cada departamento del Uruguay.

Claro está que nosotros nunca nos creímos el discurso bueno de Bordaberry. Ahora, si Ud. por algún momento se lo creyó puede preguntarse si el hombre nada sabía de lo que su colega hacía, y si lo sabía qué hizo, o qué va hacer ahora que sí lo sabe.

También bueno es reflexionar sobre qué hará el sistema político cuando lleguen los pedidos de desafueros de Coutinho y de quien fuera su secretaria general. Porque Coutinho, inteligentemente, no gobernó solo, integró a sendos cuadros del Partido Nacional y hasta del Partido Independiente. ¿Qué compromisos tienen estos partidos en respaldar una administración que ha arrojado tamaños resultados? Por el bien de todos esperemos que ninguno, porque si no esta catástrofe ya no sería económica y financiera, sino que golpearía la institucionalidad nacional mucho más de lo esperado.

Ahora, con calma resta esperar el caminar de la Justicia, que tiene en este caso otro importante desafío para mostrar su solvencia técnica, su impermeabilidad a las presiones; y la actitud del sistema político todo, comprometido con eliminar cualquier acto de corrupción más allá de banderas partidarias. Ambas actitudes serían, seguramente, reconfortantes para la mayoría de los ciudadanos.

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27
Feb
17

argentina, mujeres de pie !!

Carta de mujeres argentinas a Silvio Rodríguez

En este artículo: Argentina, Mauricio Macri, Movimientos Sociales, neoliberalismo, Silvio Rodríguez

“Necesitamos que el Mundo sepa que en la Argentina nuevamente hay Presos Políticos”, le dicen mujeres argentinas a Silvio en esta carta. Foto: Proletario.cl

Querido Silvio:

“Ojalá” pudiéramos expresarte lo que significa para nosotras escribirte esta carta. Somos un grupo de “Mujeres” de Buenos Aires, Argentina, que nos reunimos a partir del 10 de diciembre del 2015 en las Plazas del Pueblo buscando una respuesta al desembarco del cruel neoliberalismo, otra vez, en nuestra querida Patria.

Vinieron meses muy duros, y el hambre y la desocupación fueron el pan cotidiano con el que nos desayunábamos cada mañana. Las fábricas dejaron de producir, los Planes y Programas de gobierno pensados para la población más vulnerable empezaron a desaparecer y el aumento del costo de vida y la inflación, nuevamente el flagelo por demás conocido por nuestro Pueblo.

“El necio” discurso macrista nos impone las pautas: Ya no más desarrollo económico, sino equilibrio fiscal. Ya no más distribución de renta, sino concentración en manos de los más competentes. Ya no más derecho, sino concurrencia en el mercado. Nunca más Estado, sino empresas.

Pero estas “Mujeres” estudiantes, obreras, trabajadoras del arte y profesionales de distintas disciplinas entendimos que unidas y en Lucha, nuestro corazón volvía a palpitar desde la esperanza. Y nos dijimos: “vamos a andar”. “La era está pariendo un corazón” fue nuestro himno, y así empezamos a construir un espacio de reflexión, de formación y de acción como forma de resistencia y de ofensiva ante semejante ataque.

Gracias al liderazgo de dirigentes como Hugo Chávez, Lula, Néstor y Cristina Kirchner, Pepe Mujica, Evo Morales, Rafael Correa nuestra querida América Latina reinició los procesos de integración regional, trabajando para revertir las fuertes tendencias a la desigualdad social y al aumento de la pobreza y la miseria en el mundo. Y “eternamente” nuestro faro siempre se mantuvo iluminado por esa isla pequeña, que con su dignidad y su enorme entereza, nos recuerdan que todo es posible, que Fidel y el Che vivirán….”por quien merece amor”.

E inspiradas en tu prolífera creación nos surgió la pregunta inevitable: “y qué hago ahora”.

Y la respuesta fue Trabajar arduamente para difundir nuestra batalla cultural, no sólo entre aquellos que como nosotras, están enamorados del Proyecto Nacional y Popular sino también abriéndonos a los que tengan ganas de escuchar y puedan aportar otra mirada y así poder debatir y crear un canal de intercambio y un crecimiento mutuo. Así nació nuestro ciclo de charlas, y después vino el trabajo social en la Isla Maciel de la mano del Padre Paco y de los Curas en la Opción por los Pobres.

Un día Cristina Kirchner nos quiso conocer, y ahí pudimos sellar nuestro nombre de “Yegüitas K”, en honor a nuestra ex presidenta, denominada “Yegua” por la gran mayoría de los medios de comunicación hegemónicos y cipayos.

Y porque tenemos una gran preocupación por la falta y el ocultamiento de información, que solo cumple con una función de adoctrinamiento para lograr la aceptación absoluta por parte de su público y así llevar a cabo medidas que satisface sólo los intereses de grandes grupos económicos, es que decidimos escribir cartas a distintas personalidades del Mundo, que nos inspiran desde el respeto y la admiración. Es por eso que te estamos escribiendo estimadísimo Silvio.

Necesitamos que el Mundo sepa que en la Argentina nuevamente hay Presos Políticos. “El tiempo pasa” y Milagro Sala, dirigente social del Norte Argentino se encuentra presa desde hace 392 días. Esto no puede seguir pasando.

Escribirte a vos Silvio, es sentir que nuestras fronteras se derriban, que el sueño de una Patria Grande sigue de pie y que vos, el Gran Artista y referente de varias generaciones nos guíes, con tu Arte, “Hacia el porvenir”.

“Hasta la Victoria Siempre”, Compañero.

YEGÜITAS K

Buenos Aires, Argentina.

26
Feb
17

trump …

Estados Unidos necesita un enemigo; cualquiera que sea

Y ahora, ¿ quién es el enemigo?

Ira Chernus / TomDispatch
Traducción del inglés para Rebelión de Carlos Riba Garcí
Introducción de Tom Engelhardt

 

Mirémoslo de frente: desde el 11-S, en nuestro mundo estadounidense todo ha sido salvajemente desproporcionado. Es bastante comprensible, cuando esos ataques fueron vividos como algo distinto de lo que fueron. En lo más álgido del momento serían comparados con aquellas películas de Hollywood que muestran la destrucción de una ciudad o el fin del mundo (“Fue como un film de Godzilla”), inmediatamente fueron apodados “el Pearl Harbor del siglo XXI” o simplemente “Un nuevo día de la infamia”, y vividos por muchos como algo muy cercano a un acontecimiento apocalíptico infligido a este país, el equivalente a un ataque nuclear –como Tom Brokaw, de la NBC, dijo ese día, “igual a un invierno nuclear en el bajo Manhattan” o, como tituló el Topeka Capital-Journal haciendo referencia a una película de 1983, El día después, sobre el apocalipsis nuclear. Por supuesto, no fue nada de eso. Un desafío en absoluto imperial había golpeado a Estados Unidos sin aviso previo, tal como lo había hecho Japón el 7 de diciembre de 1941, en una acción que en lo fundamental era una declaración de guerra. Nada tenía que ver con el ataque nuclear para el que Estados Unidos estaba siendo preparado mentalmente desde el 6 de agosto de 1945 –como en los tiempos que siguieron a la Segunda Guerra Mundial, cuando los periódicos dibujaban círculos concéntricos de la futura destrucción alrededor de ciudades estadounidenses y las revistas publicaban imágenes de un país, el nuestro, convertido en un erial en el que todo se había evaporado. Y ahí estaban los restos de la torres gemelas del World Trade Center, a los que cada día se llamaba el “Punto cero”, una expresión anteriormente reservada a un sitio en el que había habido un estallido atómico. De hecho, los ataques del 11-S, preparados por el más modesto de los grupos a un costo estimado de entre apenas 400.000 y 500.000 dólares y realizados por 19 secuestradores que utilizaron nuestros propias “armas” (unos aviones comerciales) contra nosotros.

Sin embargo, la respuesta de una administración Bush impaciente por golpear en el Gran Oriente Medio, especialmente contra el Irak de Saddam Hussein, fue actuar como si Estados Unidos hubiese de verdad sido alcanzado por misiles nucleares y nosotros estuviésemos en ese momento en guerra contra una nueva Alemania nazi o una revivida Unión Soviética. Fue así que los funcionarios de Bush desarrollaron ese primer impulso natural de proceder de manera apocalíptica, de ver que peligraba la propia existencia de nuestro país, y a partir de ahí ya no pararon. Como resultado de ello, desde el 12 de septiembre de 2001, en medio de la confusión, de la incapacidad de ver la realidad de las cosas, empezó algo que ya no acabaría nunca. La administración Bush, por supuesto, no se demoró y lanzó su propia “guerra global contra el terror” (el acrónimo creado fue GWOT). Sus funcionarios hicieron que la palabra “global” adquiriera su real dimensión insistiendo en que estaban planeando luchar contra el terrorismo en 60 o más países del planeta, un propósito como para dejar boquiabierto a cualquiera.

Así han pasado 15 desastrosos años en los que nos hemos implicado en guerras, ocupaciones y conflictos en por lo menos siete países del Gran Oriente Medio, ahí por donde pasamos hemos dejado un tendal de países fallidos o a punto de estarlo y hemos estimulado la propagación de grupos terroristas en toda la región y más allá; después de esto, nos encontramos en la era Trump. Si para el lector no es obvio que todo sigue estando peligrosamente lejos de cualquier solución, debería serlo. Piense en el conjunto de ex militares y figuras asociadas que el nuevo presidente ha nombrado para dirigir la seguridad nacional. Tal como señala hoy Ira Chernus, colaborador regular de TomDispatch y profesor de Estudios Religiosos, los personajes nombrados coinciden en creer –sombras del GWOT– que en este mismo momento Estados Unidos está comprometido en una auténtica “guerra mundial”; también parecen creer que está en juego tanto la suerte de nuestro país como la del mundo entero, aunque ninguno de ellos es capaz de precisar contra quién estamos combatiendo en realidad. Esta lucha contra… bueno, quienquiera que sea, es tan apocalíptica que, en opinión de esas personas, lo que está en juego es la propia civilización “judeo-cristiana” (de ahí la reciente prohibición de lo musulmán, aunque no sea propiamente definida de esa manera). Acerca de todo esto y para probarlo, Chernus cita las nefastas palabras de los elegidos por Trump.

Ahora mismo, ¿quién podría negar que muchos estadounidenses han perdido la capacidad de ver el mundo tal como es, ver las cosas en perspectiva o separar las auténticas amenazas de las construcciones fantasiosas? Por ende, estamos conducidos por unos funcionarios delirantes, como si lo hiciera –en un terrible film de Hollywood sobre la decadencia del Imperio Romano– un líder loco e impulsivo (que podría ser muy capaz de, en cuestión de unos meses de poner a todo el mundo contra nosotros). Si el lector no me cree, sumérjase en lo que hoy describe Chernus y en una guerra de fantasía y en un destino apocalíptico que supuestamente nos espera si no luchamos con todas nuestras fuerzas contra… bueno…

¿Una perspectiva, un contexto, una proporción? Perdone, terrícola, no le entendemos bien.

–oOo–

El terror dentro de la Casa Blanca de Trump

¿Qué política de seguridad nacional procurará hacer la administración Trump en el ámbito mundial? Sobre esta cuestión, y sobre muchas otras, el recién asumido presidente ha brindado suficientes y contradictorios tweets, pistas y comentarios que ahora mismo la única respuesta definitiva es: ¿quién lo sabe?

Durante su campaña presidencial, Trump prometió más o menos una política exterior de no intervención, aunque también insinuó que podría hacer todo lo contrario. Por supuesto, ahí estaba el ISIS (en adelante, el Daesh), que debía ser destruido; él juró lo “bombardearía hasta hacerlo polvo”. Sugirió que incluso consideraría la utilización de armas nucleares en Oriente Medio. Y, como diría el doctor Seuss, eso no era todo, oh no: eso no era todo. Trump ha advertido frecuentemente acerca de los peligros de una terrorífica ola de “islamismo radical” e insistido en que “los terroristas y sus organizaciones tanto en el ámbito regional como en el global deben ser extirpados de la faz de la Tierra; una misión de la que nosotros nos encargaremos” (él ya ha ordenado su primera operación especial en Yemen que ocasionó la muerte de muchos civiles, entre ellos un ciudadano estadounidense).

Y cuando se trata de golpear a enemigos, difícilmente Trump esté deseando parar ahí, como le dijo a CNN: “Pienso que el islam nos odia”. Después, rechazó limitar ese odio al “islamismo radical”, ya que en la cuestión de los fieles de esa religión “es muy difícil definirlos, es muy difícil distinguirlos. Porque no se sabe quién es quién”.

Y cuando se trata de enemigos, ¿por qué limitarnos al islam? Aunque el presidente Trump ha cosechado innumerables titulares por propiciar un posible acercamiento con la Rusia de Vladimir Putin, durante la campaña electoral también sugirió que él iba a ser más duro que Hillary Clinton con el presidente ruso, que podría tener “una horrible relación” con Putin y que quizás incluso considerara el empleo de armas atómicas en Europa, presumiblemente contra los rusos. Ciertamente, su aparente entusiasmo por aumentar notablemente el arsenal nuclear, representa otro desafío para Rusia.

Y todavía, por supuesto, está China. Después de todo, además de los beligerantes comentarios de Trump sobre ese país, tanto su eventual secretario de Estado, Rex Tillerson, como su secretario de Prensa, Sean Spicer, ambos han insinuado recientemente que Estados Unidos debería impedir que China acceda a las islas artificiales que China ha creado y fortificado en el mar de la China Meridional; algo que, obviamente, sería un acto de guerra estadounidense.

En resumen. No tomemos con demasiada seriedad la promesa de no intervención formulada por un hombre que trata, sobre todo, de derramar dinero en otra “reconstrucción” de unas “diezmadas” fuerzas armadas de Estados Unidos. Solo conjeturar dónde se centrarán las futuras intervenciones de la administración Trump es, en el mejor de los casos, algo confuso, ya que el perfil de ‘El Enemigo’ –aparte del Daesh– sigue siendo un blanco que no para de moverse.

No obstante, supongamos que juzgamos al nuevo presidente no solo por sus declaraciones sino por las de quienes le acompañan, para el caso, aquellos que él eligió para que le asesoren en relación con la seguridad nacional. Si lo hacemos, el cuadro que surge es extraño. Solo hay un tema en el que todos los nombrados por Trump en los principales cargos de la seguridad nacional parecen claros como el cristal. Cada uno de ellos insiste en que estamos en nada menos que una guerra en la que la no intervención sencillamente no tiene cabida. Y en eso, raramente alguno rinde pleitesía al presidente. Cada unos de ellos asumió esa posición antes de que supieran que un día formarían parte de la administración Trump.

Solo hay un pequeño problema: ninguno de ellos es capaz de decidir contra quién estamos combatiendo en esta nuestra guerra mundial del siglo XXI. Por lo tanto, echemos una mirada a los integrantes de este equipo, uno a uno, y veamos qué pueden decirnos sus dichos sobre la cuestión de la intervención al estilo Trump.

El campo del miedo de Michael Flynn

Es posible que la palabra militar más influyente sea la del teniente coronel retirado y asesor de la seguridad nacional Michael Flynn (a pesar de que es evidente que su posición ya está debilitándose). Flynn estará al frente del Consejo de Seguridad Nacional (NSC, por sus siglas en inglés), al que el historiador David Rothkppf llama el “cerebro” y “centro neurálgico” de la Casa Blanca. Flyn expuso detalladamente sus puntos de vista en el libro que él y el neocon Michael Ledeen escribieron en 2014: The Field of Fight: How We Can Win the Global War Against Radical Islam and Its Allies (El campo de batalla: cómo podemos ganar la guerra global contra el islamismo radical y sus aliados) –un libro del que Trump, de quien se sabe que no lee, dice que es “muy recomendable”–. Decir que los puntos de vista de Flynn son aterradores sería un eufemismo.

Estados Unidos, afirma rotundamente Flynn está “en una guerra mundial” que bien podría ser una “guerra de los cien años”. Aun peor; “si perdiésemos esta guerra, [viviríamos] en un país totalitario… en la Rusia de la KGB o en un país nazi como el las SS”. Por lo tanto, deberemos hacer lo que haga falta para ganarla… Si salimos triunfantes, el pueblo estará seguro de que cualquier medio que se utilice será el apropiado”.

Pero, ¿a quién exactamente debemos derrotar? Resulta ser, según él, que nos enfrentamos con un extraordinario conglomerado de enemigos, “que se extiende desde Corea del Norte y China hasta Rusia, Irán, Siria, Cuba, Bolivia, Venezuela y Nicaragua”. Y eso no es todo, ni mucho menos: también están al-Qaeda, Hezbollah, el Daesh e infinidad de otros grupos terroristas”. Y no olvidemos al “narcotréafico, el crimen organizado y el terrorismo” (Flynn ha sostenido que los cárteles mexicanos de la droga ya están colocando carteles en la frontera entre Estados Unidos y México –escritos en árabe, nada menos– para señalarles los “corredores de entrada” a los terroristas islámicos).

¡Vaya una lista! Aun así, aunque en la mayor parte del libro, el “islamismo radical” parece ser el enemigo número 1 de Estados Unidos, Flynn dirige los focos del miedo directamente a un país: “Irán es el eje alrededor del cual gira la alianza, su pieza central”.

Cómo el Irán chiíta puede ser el “eje” de lo que resulta ser la insurgencia de ámbito global Estado Islámico sunní (apodado ISIS) es un misterio. Tal vez no sea solo una versión única del islam la que nos amenaza sino esa religión en sus múltiples variantes; al menos por eso parece haberse decantado Flynn después de que publicara su libro. En esa línea de pensamiento, en febrero de 2016, tuiteó su infame “El miedo al islam es RACIONAL” en defensa de un vídeo que criticaba y vilipendiaba a la religión con 1.600 millones de adeptos en el mundo. Es evidente que aún hoy, él sigue sin haber decidido si el “islamismo radical” –o quizás el islam como un todo– es una religión o una ideología política a la que nosotros debemos combatir hasta acabar con ella.

En nuestro mundo de hoy, todo esto pone de relieve otra flagrante contradicción: ¿por qué se aliaría la Rusia de Vladimir Putin, que durante tanto tiempo resistió ferozmente todas las insurgencias musulmanas dentro de su propias fronteras y ahora está combatiendo en Siria, con el radicalismo islámico mundial? Con la intención de aclarar todo lo que de otro modo no tiene ningún sentido, en su libro, Flynn ofrece esta simplista (y rocambolesca) explicación: todas la fuerzas dispuestas contra nosotros en el mundo están “unidas por su odio al Occidente democrático y su convicción de que la dictadura es algo superior”.

La ideología antidemocrática mata a todo*. Nuestros enemigos libran una guerra “contra la totalidad de la empresa occidental”. Para responder a esto, en su libro, Flynn sube la apuesta de la naturaleza religiosa de nuestra guerra global, haciendo un llamamiento a todos los estadounidenses para que “aceptemos que nuestro país fue fundado a partir de una ideología judeo-cristiana basada en una conjunto moral de reglas y vínculos… Occidente, y sobre todo Estados Unidos, es mucho más civilizado, mucho más ético y moral que el sistema que nuestros principales enemigos quieren imponernos”.

Sin embargo, da la casualidad de que Flynn parece haber llegado a una conclusión un tanto diferente desde que su libro fue publicado. “Es imposible que hagamos lo que queremos hacer a menos que trabajemos junto con Rusia, y punto”, le dijo al New York Times. “Lo que tenemos es un enemigo en común… el radicalismo islámico.” Resulta ser que los rusos podrían formar parte de esa… bueno, ¿por qué no utilizar la palabra?… cruzada cristiana contra el islam. Y entre otras cosas, Rusia podría incluso ser capaz de ayudar “a conseguir que los iraníes den marcha atrás en las guerras por delegación en las que están implicados” (una de las cuales, sin embargo, es contra el Daesh, una realidad a la que Flynn sencillamente elude).

Por supuesto, en este periodo, Rusia no ha cambiado significativamente su política. Es Flynn quien da la impresión de –en un momento en que la estrategia geopolítica prevalece sobre la ideología– haber cambiado de parecer en cuanto a quién es nuestro enemigo.

“Yo quisiera que este enemigo fuera claramente definido por este presidente”, dijo Flynn mientras hablaba acerca del presidente Obama. Ahora, cuando el presidente es Donald Trump, Flynn es el único que debe hacer esa definición; lo que tiene en la mano es una larga lista de enemigos, algunos de los cuales está claro que se llevan como el perro y el gato; evidentemente se trata de una lista abierta a una radical revisión en cualquier momento.

Todo lo que podemos decir con alguna seguridad es que a Michael Flynn no le gusta el islam y que quiere que nosotros tengamos miedo, mucho miedo, mientras nos batimos en esa “guerra mundial”, que es su guerra. Parece que cuando eligió el título para su libro se olvidó de una letra; debería haberse llamado El campo del miedo**. Su empleo actual merece también una pequeña corrección: asesor en inseguridad nacional.

Un incierto equipo de (in)seguridad

En el equipo de la inseguridad nacional encabezado por Flynn, todo el mundo parece compartir una única convicción: ciertamente, todos estamos ya en una guerra global, una guerra que podríamos perder. Pero cada uno de sus integrantes, sea hombre o mujer, tiene su predilecto en la larga lista Flynn de enemigos enunciados.

Por ejemplo, su principal ayudante en el NSC, K.T. McFarland. Para ella, el enemigo no es un país o una organización política sino un vagamente definido “apocalíptico culto a la muerte… el más violento y letal de la historia”, llamado “radicalismo islámico”. McFarland agrega, “si no destruimos el azote del islamismo radical, este acabará destruyendo la civilización occidental… y los valores que nos son queridos”. Para ella, se trata de una vieja historia: la civilización contra la barbarie.

Es imposible saber si McFarland tiene alguna influencia real en las decisiones que se toman en el Despacho Oval, pero su visión del enemigo fue expresada con el mismo lenguaje por alguien que sí tiene esa influencia: el nacionalista blanco Steve Bannon, a quien el presidente le ha confiado un asiento en el Consejo de Seguridad Nacional (se ha sabido que ha sido uno de los principales redactores del discurso de asunción del nuevo presidente). El principal consejero y asesor clave en relación con la política exterior y su estrategia en el largo plazo mostró una rara perspicacia en una conferencia que dio nada menos que en el Vaticano en el verano [europeo] de 2014.

Estamos en “una guerra que ya es global”, dijo Bannon, “una guerra abierta contra el fascismo del yihadismo islámico”. Sin embargo, nos enfrentamos con una amenaza igualmente peligrosa: “una inmensa secularización de Occidente”, que “converge” con el “radicalismo islámico” en una forma que él no se tomó la molestia de explicar. No obstante, fue muy claro al decir que la batalla contra la “nueva barbarie” del “radicalismo islámico” es una “crisis de nuestra fe”, una lucha para salvar las propias ideas del “Occidente judeo-cristiano… una iglesia y una civilización que en realidad es la flor y nata de la humanidad”.

Parece que el nuevo director de la CIA, Mike Pompeo, coincide sin reservas con Bannon en cuanto a que estamos en una guerra religiosa de ámbito mundial, “el tipo de lucha que con el que éste país no se había enfrentado desde las grandes guerras”. Parte de la clave de la supervivencia, tal como él la ve, es contar con “más políticos imbuidos de fe para infundir su creencia al gobierno y volver a poner a Estados Unidos en el buen camino en lugar de doblegarse ante el secularismo”. En esta batalla entre iglesias y mezquitas, él sostiene también que se ha trazado una línea divisoria entre “quienes aceptan la modernidad y los bárbaros”; para él, esto es “el oriente islámico”. En tan grandilocuente maraña, quién es quién entre nuestros enemigos es un puesto que continúa estando vacante. Todo lo que Pompeo sabe con seguridad es que “el mal nos rodea”.

El general retirado y secretario de Defensa James Mattis admite con franqueza lo confuso que es todo esto, pero también él insiste en que “debemos tener una posición firme y estratégica en defensa de nuestros valores”. ¿Y quien exactamente está amenazando esos valores? “¿El islam político?”, preguntó retóricamente a su audiencia. En esta cuestión, él mismo respondió así: “Debemos discutir esto”. Después de todo, continuó, “Si no nos hacemos esta pregunta, ¿cómo reconoceremos cuál es nuestro lado en un conflicto?”.

Sin embargo, hace algunos años, cuando Barack Obama le pidió que, como comandante del CENTCOM*** en Oriente Medio, explicara detalladamente sus prioridades, Mattis fue claro como la luz del día: “Número 1: Irán, Número 2: Irán, Número 3: Irán”. Por otra parte, en su cesión de confirmación, de pronto reveló que Rusia era “una amenaza de primer orden… un adversario en zonas críticas”.

Todavía un punto de vista más; es el del general retirado y secretario de Seguridad Interior James Kelly. También él está seguro de que “en estos momentos, nuestro país está en una lucha a muerte contra un enemigo maligno” que está “en todo el planeta”. Pero para él, ese malvado enemigo está representado, sobre todo, por los cárteles de la droga y los inmigrantes indocumentados que cruzan la frontera EEUU-México. Esta es la verdadera amenaza “existencial” para Estados Unidos.

Todos los miembros del equipo de la seguridad nacional del presidente Trump parecen estar de acuerdo en una cosa: Estados Unidos está en una guerra global a muerte, una guerra que podríamos perder y que sumiría a nuestro país una versión bastante literal de la ruina apocalíptica. Aun así, no existe consenso acerca de contra quién o contra qué estamos combatiendo.

Flynn, supuestamente la voz decisiva del equipo de la seguridad nacional, ofrece una amplia y cambiante selección de enemigos que pululan amenazadoramente en el campo del miedo del universo Trump. El resto señala y pone el acento en uno o más grupos, movimientos o países que integran es confusa caterva de potenciales enemigos.

Necesitamos un enemigo; cualquier enemigo

Por supuesto, esto podría conducir a la exacerbación de las disensiones y a una lucha por el control de las políticas exterior y militar del presidente. Aunque es más probable que Trump y su equipo no vean que esas diferencias sean críticas en tanto todos coincidan en que la amenaza de destrucción está realmente en nuestra puerta, sea quien sea el que traiga nuestro destino apocalíptico. Arrancando con semejante terrorífica suposición acerca de la cual nuestro mundo actual funciona como una premisa incuestionable, los integrantes del equipo de la seguridad nacional pueden jugar a ‘rellenar el espacio en blanco’ y nombrar a un nuevo enemigo tan a menudo como les plazca.

Después de todo, durante casi los últimos 100 años, los estadounidenses hemos estado rellenando el espacio en blanco con bastante regularidad: primero con los nazis y los fascistas de la Segunda Guerra Mundial, después la Unión Soviética y los países del “bloque comunista” (hasta que, como pasó con China y Yugoslavia, dejaron de estar), después los vietnamitas, los cubanos, los granadinos, los panameños, los llamados narco-terroristas, al-Qaeda (¡desde luego!) y, más recientemente, el Daesh, entre otros. Trump nos recuerda esta historia cuando dice cosas como: “En el siglo XX, Estados Unidos derrotó al fascismo, al nazismo y al comunismo. Derrotaremos al terrorismo del radicalismo islámico, como lo hemos hecho con cada amenaza que debimos enfrentar en cualquier época pasada”.

El campo de miedo que Trump y su gente están trayendo a la Casa Blanca es, hoy por hoy, una versión extrema de un rasgo conocido de la vida estadounidense. El espectro del Apocalipsis (en el nuestro significado moderno del mundo), la noción de que enfrentamos un enemigo consagrado por encima de cualquier otra cosa a destruirnos totalmente, está enterrada tan profundamente en nuestro discurso político que raramente dedicamos algún tiempo a pensar en ella.

Una pregunta: ¿por qué semejante enfoque apocalíptico –incluso cuando es tan ridículamente confuso y carente de hechos básicos que le den sustento, por no decir confuso para sus propios defensores– es tan convincente para tantos estadounidenses?

Hay una respuesta que parece bastante clara: es difícil unir a la gente detrás de intervenciones militares y guerras que apunten explícitamente a la expansión del poder y el control de Estados Unidos en el mundo (razón por la cual los funcionarios más importantes de la administración Bush trabajaron tan arduamente para colocar unas armas de destrucción masiva en el Irak de Saddam Hussein y vincularle falsamente con los ataques del 11-S para invadir su país en 2003). Durante muchos años, los estadounidenses aseguraron a los encuestadores que no querían ser los policías del mundo. Entonces, tal como han reconocido exitosos líderes desde el presidente Franklin Roosevelt, cualquier guerra o paso en esa dirección debe ser disfrazado con la palabra defensa; si además puede añadirse la sensación de una amenaza apocalíptica, tanto mejor.

Defensa es un eufemismo del léxico estadounidense (empezando por el departamento de Defensa, conocido alguna vez con mayor exactitud como el departamento de Guerra). Confiere un aura de justificación moral a la más violenta y agresiva de las acciones. Tan pronto como el público esté convencido de que debemos defendernos a cualquier precio de un enemigo que amenaza a nuestro mundo, todo es posible.

Trump y su equipo de la seguridad nacional gozan de un beneficio añadido: las noticias, los medios que difunden noticias continuamente y tienen la tendencia de inflar incluso las acciones relativamente modestas (aunque sean hechos sangrientos) de los terroristas tipo “lobos solitarios” hasta sumir nuestra vida –durante las 24 horas de cada día de la semana– en una atmósfera de amenaza total. Imágenes de terror que en otros tiempos eran mostradas unos pocos minutos en las noticias de la noche de la TV, hoy son ofrecidas interminablemente –como sucedió con la matanza de San Barnardino o la del night club Pulse– durante días, incluso semanas.

Ciertamente, cuando tantos consumidores de noticias en la nación más poderosa del mundo aceptan tan truculentas imágenes –y su propia supuesta vulnerabilidad amenazada– como la realidad misma (las encuestas nos dicen que para muchos estadounidenses esto es efectivamente así), en parte es porque esto hace que cualquier violencia que nuestro gobierno inflija a otros parezca “lamentable, pero necesario”, por lo tanto, moral; es decir, nos libera de cualquier responsabilidad.

En parte, también, esa ansiedad colectiva por lo apocalíptico proporciona a los estadounidenses un vínculo perverso en un mundo en el que –como mostró la última campaña presidencial– es cada vez más difícil encontrar un denominador común que defina una identidad estadounidense que nos venga bien a todos. Lo más cercano a eso es la compartida determinación de defender nuestro país contra quienes lo destruirían. En 2017, si no tuviésemos esos enemigos, ¿tendríamos una idea compartida de qué significa ser estadounidense? Ahora, después de haber compartido ese sentido de identidad durante tres cuartos de siglo, para la mayoría de nosotros ese sentido se ha convertido en un hábito que no se cuestiona, esa peculiar comodidad que suele producirnos lo conocido.

Llegados a este punto, más allá de subir la apuesta contra el Daesh, nadie puede pronosticar qué fuerza, qué conjunto de grupos o países, o incluso qué religión, puede elegir la administración Trump como la próxima gran “amenaza a la seguridad nacional”. Sin embargo, mientras el gobierno, los medios y buena parte de la población estén de acuerdo en que exorcizar el mal es la principal misión de Estados Unidos, la administración tendrá algo muy parecido a un cheque en blanco para hacer lo que más le guste. Cuando se trata de “defender” la nación, ¿qué otra opción hay?

* Aquí, el autor hace un intraducible juego de palabras en el que utiliza el vocablo trump. En los juegos de naipes, trump significa “matar” –una carta a otra de menor valor–. (N. del T.)
** El título del libro es The Field of Fight… (el campo de batalla); el autor habla de una “r” olvidada. Si la rescatamos, sería The Field of Fright… (el campo del miedo). (N. del T.)
*** Comando Central de Estados Unidos. (N. del T.)
Ira Chernus, colaborador habitual de TomDispatch, es profesor emérito de Estudios Religiosos en la Universidad de Colorado, Boulder, y autor de MythicAmerica: Essays (accesible on-line).

25
Feb
17

democracia y libertad

Hay que frenar las culturas dictatoriales

 

escribe:Víctor Corcoba Herrero, Escritor

 

Vivimos una época de continuas dictaduras, en la que todo se supedita a las reglas de mercado, que imponen sus propios referentes, sin importar para nada los valores morales. Por desgracia, muchos líderes no ven más allá del mero lucro, alimentan la usura, y olvidan la satisfacción de una vida austera, sencilla, de incondicional servicio y entrega.

Continuar con esta cultura de intereses, de búsquedas absurdas, de negocios mundanos, nos lleva a una opresión verdaderamente preocupante. Por lo tanto, cuanto más nos alejamos de aquellos cultivos esenciales y auténticos, respetuosos con toda vida humana, más nos exponemos al fracaso, a la destrucción de la especie, al caos en definitiva.

Sólo abriéndose a un proceder de asistencia, y fraternizándose con nuestros análogos, podemos caminar, vivir y dejar vivir. Para empezar deberíamos poner en orden nuestra mente e indagar sobre la verdad, que hoy tanto se enmaraña de falsedades, para que podamos perdurar en el tiempo y dar consistencia a un horizonte de respeto y a un camino en el que puedan coexistir todos los pensamientos.

Nadie puede quedar aislado por mucho poder que aglutine. Tampoco se puede actuar unilateralmente, puesto que el planeta no ha germinado como un privilegio para algunos, sino como un lugar de convivencia para todas las civilizaciones.

No podemos ignorar que una mentalidad dictatorial todo lo oscurece. Los horrores de esta cultura manipuladora, que despoja al indefenso de los derechos humanos, y esclaviza la realidad de la persona, hemos de pararla, por muy difundida que esté en los medios de comunicación social.

Los nuevos signos de los tiempos han de liberar al ciudadano, considerando siempre su propia identidad humana y la libertad de conciencia. El culto al dios dinero no puede cohabitar por más tiempo, en este siglo de avances tecnológicos y de pensamiento; orientémonos hacia una madurez más afectiva, de mayor diálogo entre culturas, sin etiquetar a nadie, pero con la contundencia requerida para la realización de un camino común.

Sabemos que, hoy las necesidades de los refugiados e inmigrantes en todo el mundo son mayores que nunca, por lo que han de recibir en términos de protección, asistencia y oportunidades de reasentamiento el cobijo de toda la humanidad, independientemente de su religión, nacionalidad o raza. Por consiguiente, la suspensión de aperturas o el levantar muros o alambradas, es una señal de deshumanización que nos deja sin palabras.

Olvidamos que, a veces, para defenderse hay que salir corriendo, otras quedarse y hacerse valer, pelear si es necesario, pero siempre hay que tener ternura. Cuando el ser humano deja de enternecerse también pierde la fuerza de la bondad, ésta sí que es la única inversión que jamás quiebra, lo que exige protección absoluta.

En consecuencia, y ante esta atmósfera de divinización de los caudales monetarios, debemos estar vigilantes e invertir mucho más en una educación verdadera, que nos haga mejores personas, mejores ciudadanos, mejores seres humanos.

A propósito, quiero recordar, que en la reciente ceremonia conmemorativa anual de Naciones Unidas en memoria de las víctimas del holocausto, António Guterres advirtió que se ven repuntes de antisemitismo, racismo, xenofobia, odio hacia los musulmanes y otras formas de intolerancia, promovidos por el populismo y figuras políticas que utilizan el miedo para alcanzar votos.

Cuidado, con estos cultivos dictatoriales del “ordeno y mando”, incapaces de consensuar posturas y de generar un clima armónico, como si el mundo fuera exclusivamente del poder; detengamos ese poder discriminatorio, insensible, cuando su principal deber es auxiliar a todos, sin excepción alguna, habite donde habite y sea como sea.

No podemos normalizar lo anormal, prender los sentimientos de odio y venganza, dar rienda suelta a los prejuicios. Sin duda, es el momento de recapacitar, de repensar sobre nosotros, fortaleciendo el espíritu democrático, más compatible con la dignidad y con la libertad de los ciudadanos, frente a los monopolios de dictadores, que lo único que hacen es dividirnos, para que los endiosados por el poder puedan seguir cosechando caudillajes.

Desde luego, quien quiera trabajar por una cultura que avive la unión y la unidad entre todos, no puede prescindir de nadie. El abecedario de la marginación ha de estar ausente en todos sus proyectos de trabajo.

Por otra parte, ante este cúmulo de amargas experiencias que se suceden, sin escrúpulo alguno, en el que nadie respeta a nadie, es preciso reaccionar y no cruzarse de brazos, reafirmando un nuevo humanismo que active el mundo de las ideas junto al de las actitudes.

La falta de sentido humano, de conciencia democrática de algunos dirigentes, genera unos frutos de intolerancia y despotismo como jamás. Estoy convencido, de que si algunos políticos tuviesen otro corazón, los conflictos se resolverían mucho antes.

Aquí se pone en evidencia la falta de humanidad de muchos gobernantes que, indudablemente, son un obstáculo para la reconciliación. El mundo, a mi juicio, tiene una gran epidemia, la de dejarse adoctrinar, la de vivir en la ignorancia, la de no aprender a quererse asimismo.

Ojalá despertemos, y lo que hoy nos parece corriente, como es la no consideración de los derechos humanos para algunas gentes, deje de serlo, y así poder construir un mejor orbe para todos, donde la intolerancia, el racismo y la segregación no tengan cabida.

También cuesta entender esa impunidad que en algunos países, que se dicen democráticos y de derecho, ostentan algunas gentes poderosas, realmente desestabilizadoras de lo armónico. No hace mucho leíamos que expertos de Naciones Unidas instaban a apoyar a los defensores de los derechos humanos como México, Brasil, y tantos otros lugares.

Para desgracia nuestra, todavía proseguimos amedrentando a los que luchan por algo tan prioritario como el pan de cada jornada, y que es la paz de cada día.

24
Feb
17

bosón de higgs …

Guido Tonelli, el italiano que dio con el bosón de Higgs: “Fue como mirar al abismo”

Guido Tonelli dirigió uno de los dos experimentos del CERN que dieron con el esquivo bosón de Higgs, un descubrimiento que abrió la puerta a una nueva física más amplia y completa

Cuando Peter Higgs y François Englert recogieron el Nobel de Física por el descubrimiento del bosón de Higgs, el físico italiano Guido Tonelli estaba en el auditorio, en una de las primeras filas, vestido con un esmoquin hecho a medida que había recogido a toda prisa la tarde anterior, preocupado por si las medidas entregadas eran las correctas. Él, que se ha pasado la vida midiendo cosas infinitesimales, dudaba de haberse medido correctamente el ancho de la pierna. Y si lo había hecho mal, no habría tiempo para arreglarlo. No se puede entrar en la ceremonia de los Nobel si no es vestido de esmoquin.

El director científico del CERN: “Con Higgs agotamos el último conocido desconocido”
Teknautas
Sergio Bertolucci ha acudido a un encuentro en Santander con motivo de la celebración del 60 cumpleaños del CERN. “El modelo es sólido”, dice

Así comienza ‘El nacimiento imperfecto de las cosas’, el libro en el que Tonelli, director del CMS, uno de los experimentos del CERN que ayudaron a confirmar las teorías de Higgs y Englert, cuenta cómo fue la búsqueda del bosón.

Y nos lo cuenta a los que todavía no tenemos del todo claro qué es el bosón, por qué es tan importante y cómo se busca una partícula que no sabes exactamente cómo es en un túnel redondo de 27 kilómetros de circunferencia en el que se hacen chocar haces de otras partículas. Pero que nadie se asuste porque este libro no solo va de física. Va de físicos. De las personas que diseñaron los aparatos, hicieron las mediciones y pronunciaron los eurekas. De las alegrías, los cabreos, las sorpresas y las decepciones que se vivieron tratando de dar con la ya famosa partícula y de abrir la puerta a lo que Tonelli llama “la nueva física”.

PREGUNTA. ¿Qué es esta nueva física?

RESPUESTA. Estamos en un momento un poco raro, porque entendemos muy bien una parte del universo, y de la materia que conocemos, desde el microscopio hasta los telescopios más avanzados, las galaxias o el origen de las estrellas… Pero, a pesar de todo este éxito, detectamos fenómenos que siguen siendo un misterio, y hay demasiados como para ser una casualidad.

Así que llamamos nueva física a un nuevo modelo que aparecerá y que dará a los conocimientos actuales un sitio dentro de un modelo mayor que los contenga y que nos ayude a entender lo que ahora no entendemos, a una descripción de la naturaleza más profunda y más amplia, que causará una crisis en todo nuestro conocimiento actual, del que estamos tan orgullosos, y hará que quede superado.

P. ¿Cree que lo veremos? ¿Cómo de lejos está ese momento?

R. ¡Tú lo verás! Yo, no estoy tan seguro (risas). No sé cuándo va a ocurrir esto, podría ocurrir en cualquier momento. Incluso hoy mismo, en un pequeño laboratorio de Dubái, Pekín o Barcelona puede haber un estudiante analizando los datos de un experimento o un telescopio que descubra una señal que sea la primera evidencia de una nueva partícula, o un nuevo estado de la materia… Y que eso nos obligue a abandonar la visión que hoy tenemos. No sabemos exactamente cuándo ocurrirá, pero sí sabemos que ocurrirá.

Guido Tonelli lideró el experimento CMS, uno de los que participaron en el descubrimiento del bosón de Higgs. (E. Villarino)
Guido Tonelli lideró el experimento CMS, uno de los que participaron en el descubrimiento del bosón de Higgs. (E. Villarino)

P. Algo que ya ha ocurrido, y que volverá a ocurrir después…

R. Absolutamente. Al final esto es como una cebolla, está hecho de capas, y capas, y capas… Ya lo vimos en el pasado. Newton pudo explicar las leyes gravitacionales, y eso funcionó muy bien durante siglos. Y entonces llegó Einstein y concentró sus esfuerzos en un ligerísimo efecto en el movimiento de Mercurio. Y podrías pensar, ¿a quién le importa el movimiento de Mercurio? Pero es que para explicar ese efecto, Einstein tenía que reformular parte de lo que sabíamos sobre el tiempo y el espacio. Una absoluta revolución nació de un diminuto detalle de la órbita de un planeta que a nadie le importaba, y que terminó por obligarnos a abandonar nuestra visión del mundo y a adoptar una nueva, que contenía la anterior pero añadía cosas nuevas.

P. ¿Y es el bosón de Higgs, en este caso, lo que abrirá esta nueva ventana?

R. Es muy probable, porque se trata de una partícula muy especial, que juega un papel muy importante en la materia ordinaria, tal y como la conocemos: es la que da masa a las partículas que conocemos. Así que la cuestión es: imagina que hay más partículas, todavía desconocidas, que no hemos descubierto por algún motivo. El bosón de Higgs ‘habla’ con ellas, se relaciona con ellas de alguna manera. Así que si medimos alguna anomalía en el bosón, podría servirnos para descubrir estas nuevas partículas. Podría ser una ventana a la nueva física, a otras cosas nuevas que no conocemos.

P. En el descubrimiento del bosón de Higgs jugaban ustedes con ventaja porque ya tenían la explicación antes de hacer el descubrimiento, y no al revés.

R. En física esto se da en las dos direcciones. En 1974, se descubrió una nueva partícula que fue una auténtica sorpresa. Algunas señales apuntaban a la posibilidad de que estuviese ahí, pero la mayoría de la gente estaba muy sorprendida. A veces pasa esto, que los resultados de un experimento tienen como efecto algo inesperado que cambia todo el panorama con el que estabas trabajando.

En otros casos, como en el nuestro, hay una teoría, y tú no sabes si es correcta o no, y hay otras teorías que compiten con ella. Da igual lo elegante o completa que sea una teoría, la naturaleza puede haber tomado otro camino distinto. En este caso, teníamos la teoría y vimos cómo se cumplía, cómo resultó ser una descripción correcta de la naturaleza.

P. ¿Y si no lo hubiesen encontrado? ¿Y si el bosón de Higgs no existía?

R. Eso podía haber ocurrido, claro. La teoría que propusieron Brout, Englert y Higgs en 1964 era muy bonita y elegante, pero había un parámetro que faltaba: la masa del bosón. Podía ser muy grande o muy pequeña, y eso supone un problema a la hora de ‘cazarlo’. Imagínate que hubiese sido un animal. Pues no sabíamos si era un mosquito o un dinosaurio. Las huellas a buscar habrían sido totalmente distintas, ¿no?

Esto nos pasaba a nosotros. Lo bueno es que teníamos el LHC, una máquina creada para resolver la incógnita en un sentido o en otro: si existía, lo íbamos a encontrar porque estábamos listos para explorar toda la región en la que podía esconderse, y si no lo encontrábamos, sería porque la teoría era incorrecta, el bosón no existía y podíamos desechar esa posibilidad.

Ahora lo hemos encontrado, y estamos muy contentos, pero hay gente que habría preferido que no diésemos con él. Yo no, para un físico experimental como yo descubrir algo así es lo mejor que te puede pasar en la vida. Pero para algunos teóricos, habría sido aún mejor descartar el bosón de Higgs, porque así habrían tenido que idear una nueva teoría. Habrían podido poner en marcha su creatividad.

Tonelli ha escrito ‘El nacimiento imperfecto de las cosas’, en el que cuenta cómo fue la caza de la partícula más buscada. (Foto: E. Villarino)

Tonelli ha escrito ‘El nacimiento imperfecto de las cosas’, en el que cuenta cómo fue la caza de la partícula más buscada. (Foto: E. Villarino)

P. Solemos minusvalorar los resultados negativos, pero descartar la existencia del bosón de Higgs habría sido también un avance.

R. Sí, claro. Es que los resultados negativos no dan para escribir titulares (ríe). No es fácil transmitir al público que cuando estás haciendo una exploración, saber qué no hay o dónde no lo hay también es importante. Imagina que llegas a una isla buscando a un dinosaurio. Para encontrarlo, es importante mirar detrás de cada árbol. Incluso la frase “he mirado en este árbol y no hay nada” es una parte de la información muy importante. Es parte de la exploración.

Para entender la ciencia realmente, la gente tiene que entender que no trabajamos solo con éxito y que vamos a toparnos con muchos fracasos. La investigación es una actividad muy difícil, no puedes decir: “No me embarco en esto si el éxito no está garantizado”. Es que no tendría ningún sentido. Imagina una gran montaña y 100 equipos intentando encontrar una ruta hasta la cima. Todos saben que solo uno, o quizá dos, llegará hasta arriba, pero es un esfuerzo colectivo. Incluso los que no llegaron a la cima ayudaron a llegar a los demás.

P. Un esfuerzo colectivo, sí. Pero también una competición.

R. Y una competición muy fuerte, además.

P. Usted dirigía el experimento del CMS, que competía directamente con el experimento ATLAS. Cuenta que durante mucho tiempo fueron los segundones. ¿Qué hacían ellos mejor que ustedes?

R. Es algo que iba en el ADN de cada uno de los equipos. El jefe de ATLAS es un magnífico físico suizo, y el hecho de que él sea suizo definió de alguna forma toda la organización del equipo, que era muy jerárquico y muy vertical. Por poner un ejemplo: el color de los cables, que era un detalle superficial, estaba decidido años antes de que el experimento se pusiese en marcha. Así funcionaban.

Mientras, nuestro experimento era más bien la reunión de un grupo de personas creativas llegadas de distintas partes del mundo: Italia, Francia, Reino Unido, Rusia… Y lo que nos había juntado allí era la belleza de la idea que habíamos tenido y del diseño que queríamos crear. Éramos mucho más anarquistas, o mucho más democráticos, como quieras decirlo. Las discusiones eran libres y acaloradas, y luego tomábamos las decisiones todos juntos.

También éramos extremadamente agresivos proponiendo nuevas ideas. De hecho, en algunos momentos temíamos fracasar por estar siendo demasiado futuristas. Este era el riesgo, pero por otro lado, si lo que proponíamos funcionaba, podía significar un gran éxito. Necesitamos tiempo para desarrollar la tecnología con la que soñábamos. Mientras, ATLAS ya estaba construido y en marcha. Por eso nosotros llegamos tarde. Al final, como la tecnología que propusimos funcionó como esperábamos, nos pusimos a la misma altura e incluso hicimos algunas cosas mejor que ellos.

P. A veces se nos olvida, hablando de experimentos tan avanzados, que después de todo son personas las que los hacen.

R. Este es el motivo por el que escribí este libro. Yo viví la experiencia de descubrir el bosón de Higgs, y aun así no me reconozco, ni reconozco a las cientos de personas que trabajaron para conseguirlo, en las descripciones que he encontrado en otros libros sobre el tema, que se centran en los aspectos tecnológicos del descubrimiento. Todo parece robótico… Y no es así, es justo lo contrario: un entorno vibrante, candente, lleno de emociones humanas, discusiones, ilusiones, decepciones…

P. Se refiere a ello en varias ocasiones como una aventura, una exploración, una cacería…

R. ¡Es que lo es! La ciencia moderna es la exploración de antes: Colón partiendo de España sin saber si los barcos sobrevivirán, dónde va a terminar o si la tripulación que le acompaña aceptará sin más las crisis que surgirán durante el camino. Se trata de un viaje exploratorio a los confines del conocimiento y el éxito solo se puede medir una vez que llegas a tu destino, después de mucho tiempo de travesía. Mientras tanto, lo único que sabes es que, a partir de una línea, está lo desconocido.

¡Claro que las emociones están por todas partes! Eres como un músico que escucha una música que es la primera vez que se reproduce. Eres el primero que la escucha, y sabes que es completamente diferente a todo lo que has escuchado antes. Es una emoción personal muy intensa. Normalmente, los científicos son educados para ser tímidos, para guardarse todo esto. Pero yo soy italiano, ¡no puedo hacer esto! Y pensé que si podía contar así esta historia, con sus emociones, sus giros del guion, los buenos momentos y los malos, podría interesar a más personas.

Guido Tonelli durante la entrevista con Teknautas. (E. Villarino)
Guido Tonelli durante la entrevista con Teknautas. (E. Villarino)

P. ¿Y ahora qué? ¿Cómo continúa una carrera científica después de haber alcanzado la cima que supone encontrar el bosón?

R. Somos gente muy rara, los científicos… (ríe) Alcanzamos estos resultados extraordinarios y dedicamos quizás un par de meses a la satisfacción, las celebraciones, el champán, los premios… Y luego empezamos otra vez a pensar: “Vale, y ahora qué”.

Este descubrimiento abre la ventana a otros nuevos descubrimientos, igual que lo hacen las ondas gravitacionales. Son dos nuevas herramientas para apoyarse y mirar un poco más lejos. Puede que nos ayuden a entender, por ejemplo, la materia oscura. Es un cuarto de la materia del universo y no tenemos ni idea de lo que es. Es lo que mantiene los cuerpos unidos, entre tú y yo ahora mismo hay átomos de materia oscura. Me encantaría apresarlos y estudiarlos, pero no puedo. El bosón de Higgs puede ser una herramienta para hacerlo.

En el caso de las ondas gravitacionales, sueño con que las herramientas que sirvieron para detectarlas puedan ser afinadas cada vez más y quizás oír las ondas gravitacionales de la gran inflación, del momento tras el Big Bang en que todo empezó a expandirse, y así podamos entender mejor un momento crucial del que sabemos muy poco.

Son dos ejemplos, pero para ello hay que ponerse a trabajar. Estamos ya planeando la construcción de otro acelerador, uno mucho más grande que el LHC, que pueda producir millones de bosones de Higgs. Y por ese camino avanzaremos los próximos 20 años.

P. Eso va más allá de la visión inmediata que muchos tenemos, incluyendo los mandatos políticos de los que depende la financiación de este proyecto. Sin recursos para atender todas las necesidades, ¿cómo les convencería de que esta no debe ser descuidada?

R. Europa lidera este campo ahora mismo. Es un hecho. En los últimos 20 o 30 años, hemos avanzado en ese liderazgo. Cuando yo era joven, para trabajar en el campo de la física de partículas había que irse a Estados Unidos. Ahora mismo, tenemos más de 100 físicos estadounidenses en el CERN. Somos los líderes del mundo en esto.

¿Quiénes nos quieren disputar el liderazgo? EEUU, China, Japón y Corea. Países que compiten por el liderazgo en la tecnología, la economía, la carrera espacial y la física. Ellos han entendido que el principal activo del próximo siglo será el conocimiento, y quieren liderar aquellos campos en los que se desarrolla el conocimiento. Así que le preguntaría a un político: “¿Tú qué quieres hacer? ¿Quieres perder el liderazgo que tenemos? Si eso es lo que quieres, muy bien, adelante. Es muy sencillo. No inviertas, no te preocupes, alguien lo hará. Pero tenemos una ventaja, tenemos grandes científicos, hombres y mujeres brillantes que nos hacen ser los mejores, y si la perdemos no la vamos a recuperar”. Es nuestra responsabilidad hacia la próxima generación.

P. La cuestión generacional está muy presente en su relato del descubrimiento del bosón de Higgs. Dice que les veían a ustedes como una generación de físicos alocados con ideas revolucionarias. ¿Ve lo mismo en los que vienen detrás de usted?

R. Son mucho mejores que nosotros. Me dejan alucinado. Cuando les comparo con cómo era yo a su edad, les veo mucho más informados, más centrados en su objetivo, más ágiles al pensar, más motivados. Es normal, viven en un mundo distinto en el que la velocidad de comunicación es mucho más rápida. ¡Es que saben mucho más!

P. Y eso que hay quien parece pensar que las nuevas tecnologías están haciendo a los jóvenes más tontos.

R. Internet en sí mismo no te hace más listo, pero si tienes la estructura mental adecuada, internet es una ayuda inestimable. Es como si comparas a Pelé con Cristiano Ronaldo. Pelé es un jugador maravilloso y probablemente fuese mejor en cuanto a calidad individual y creatividad, pero en el ambiente de hoy en el que todo es más rápido y más fuerte, creo que Cristiano es imbatible. Lo mismo ocurre con los físicos jóvenes. Son imbatibles.

23
Feb
17

marx y la prostitución

Prostitución & Marxismo

Marx y la cuestión de la prostitución

escribe: Saliha Boussedra
http://traductorasparaaboliciondelaprostitucion.weebly.com

 

En oposición a las corrientes “regulacionistas” que defienden la prostitución como un trabajo legal y compatible con el pensamiento de Marx, el análisis de sus escritos revela que para él no existe emancipación posible en la actividad prostitucional.

El regulacionismo sostiene que la actividad ejercida por las prostitutas debe gozar de un reconocimiento oficial con el fin de conseguir su integración en el régimen general de la seguridad social, ya sea como trabajadoras asalariadas o como autónomas. Un sector de la corriente regulacionista reconoce que la prostitución no es la actividad idónea para la auto-realización personal, pero que tampoco es peor que el trabajo de una obrera.

Este razonamiento regulacionista conduce a pensar que la única diferencia entre ambas actividades es que una es legal y la otra no (1). Se recurre asimismo al análisis marxista del trabajo asalariado para afirmar que la prostitución debe ser legalmente reconocida para que las mujeres que la ejercen puedan mejorar sus condiciones en el ejercicio de esa actividad.

Trabajo concreto, trabajo abstracto

El hecho de atribuir a Marx una posición regulacionista se basa en realidad en ciertas confusiones sobre la concepción marxista del trabajo. Para empezar, las corrientes regulacionistas pasan por alto no sólo la dimensión históricamente determinada del modo de producción capitalista, sino también el doble carácter del trabajo en ese modo de producción capitalista. Cuando Marx analiza el trabajo desde un punto de vista antropológico, vemos que es imposible separar la actividad productiva humana tanto de los individuos que la realizan como de los medios de trabajo (herramientas y materiales) como del producto de esa actividad.

Esta dimensión que define el “trabajo concreto” se da en todas la sociedades y en todas las épocas. Sin embargo, Marx nos revela una segunda dimensión del trabajo que es específica del modo de producción capitalista: el “trabajo abstracto”. Esta dimensión reduce el trabajo a una mera producción de valor de cambio, independientemente de la actividad, de los medios de producción y de los productos concretos. Dado que el regulacionismo no tiene en cuenta estas distinciones, interpreta a su manera la noción de “trabajo abstracto” para considerar la prostitución como trabajo. El regulacionismo, desde un enfoque impregnado por el modo de producción capitalista, proyecta sobre ciertas relaciones sociales y humanas el punto de vista propio del capital.

Así, a través del concepto marxista de “trabajo abstracto” -aunque sin nombrarlo-, el regulacionismo promociona la mercantilización de una gran cantidad de actividades productivas humanas aún no acaparadas por el capital y reivindica una extensión legal del trabajo abstracto en la que poder incluir la actividad prostitucional, promoviendo ni más ni menos que el mercado regule y se haga cargo de la actividad sexual. En esta batalla, superar el reto del derecho y la legalidad constituye una etapa importante para el capital en su empeño por allanar el camino a esta forma de explotación.

Actividad sexual venal y trabajo abstracto

A propósito de la definición de trabajo abstracto, Marx escribió: «Si prescindimos del carácter determinado de la actividad productiva y, por tanto, del carácter útil del trabajo, vemos que éste queda reducido a un mero gasto de fuerza de trabajo humana. Aunque se trata de dos actividades productivas cualitativamente distintas, el trabajo textil y el de confección son ambos un gasto productivo del cerebro, los músculos, los nervios, las manos, etc., y en este sentido uno y otro son trabajo humano» (El Capital, Libro I).

En ese «etc» es donde el regulacionismo pretende incluir el sexo según la concepción marxista del trabajo abstracto. Una inclusión cuando menos osada. Si ese gran pensador del trabajo que es Marx hubiera tenido que integrar el uso mercantilizado de las partes íntimas del cuerpo, desde luego no lo habría dejado implícito en un «etc.». Abordando ya de manera específica la cuestión de la prostitución, constatamos que la actividad prostitucional -de todos los «trabajos humanos» de los que habla Marx- es la única y exclusiva actividad en la que lo que se vende es precisamente aquello que no se vende en ningún otro trabajo.

Si las personas que trabajan «alquilan su cuerpo» al capitalista (con sus músculos, sus nervios, su cerebro, etc.), la mujer prostituida es la única que autoriza el acceso a las partes íntimas de su cuerpo, excluidas de la venta de la fuerza de trabajo del conjunto de trabajadores y trabajadoras de los que habla Marx. La prostitución es por consiguiente la única actividad en la que el alquiler del cuerpo del individuo incluye una o varias partes del cuerpo cuyo acceso está formalmente prohibido en todos los otros trabajos. Vemos, pues, cómo la prostitución se aparta radicalmente y de manera específica del conjunto de «trabajos humanos» a los que se refiere Marx en el Libro I de El Capital.

Prostitución y lumpenproletariado

Además, el regulacionismo omite mencionar que Marx habló explícitamente de la prostitución. Si en los Manuscritos económicos y filosóficos de 1844 parece que Marx no dice nada sobre la cuestión de la prostitución, en otros textos posteriores sí que podemos extraer una posición constante de Marx relativa a esta cuestión. Ya sea en El 18 Brumario de Luis Bonaparte, en La lucha de clases en Francia o en el Libro I de El Capital, constatamos que la prostitución está sistemáticamente incluida en lo que Marx llama lumpenproletariado.

El lumpenproletariado, según Marx, está constituido por ese proletariado más empobrecido que no posee ya ni la fuerza de trabajo y por individuos desclasados que abandonaron la lucha de clases y dejaron de oponer resistencia. Según Marx, es el enemigo histórico del proletariado, aunque en parte emane de él. El lumpenproletariado se compone generalmente de «una masa claramente desligada del proletariado industrial, una cantera de rateros y delincuentes de todas clases que viven de los despojos de la sociedad, individuos sin profesión fija, vagabundos, gente sin oficio ni beneficio, que difieren según el grado de cultura de la nación a la que pertenecen, pero que nunca reniegan de su carácter de lazzaroni (2)» (La lucha de clases en Francia, K. Marx).

Si las prostitutas forman parte o no de esta categoría de individuos, lo único que podemos decir aquí es que, por una parte, la prostitución no pertenece al registro de la definición «positiva» del trabajo, es decir, no constituye una autorrealización para el ser humano, y por otra parte, se manifiesta como algo «distinto» al proletariado. Tampoco pertenece a la definición «negativa» del trabajo tal como se da bajo la égida del capital (es decir, trabajo pagado por el capital). E incluso aunque Marx conoce formas de prostitución remuneradas por el capital y se puedan asimilar a «trabajo productivo» -como ocurre en los burdeles que Marx evoca a título de ejemplo en Teorías sobre la plusvalía-, no significa que la integre en el dominio del trabajo. Incluso cuando Marx se refiere al “sedimento más bajo” (3) y describe las capas más sometidas de trabajadoras y trabajadores en el Libro I de El Capital, no incluye en ellas la categoría de «prostituta».

A este respecto, conviene leer atentamente el siguiente extracto de La lucha de clases en Francia: «De la corte al oscuro café, tenía lugar la misma prostitución, el mismo descarado engaño, la misma sed de enriquecerse, pero no produciendo, sino haciéndose astutamente con la riqueza ya existente de otros». Marx invoca aquí una sed de enriquecimiento que no tiene nada que ver con la producción, sino con el robo, el engaño, etc., una sed compartida tanto por la alta burguesía como por el lumpenproletariado. Sin embargo, no se puede decir que la prostituta «robe» al cliente ni que el cliente «robe» a la prostituta. Entonces, ¿en qué se basa Marx para hacer esta clasificación?. Se pueden seguir varias pistas para interpretarlo.

Es posible que para Marx la prostitución, como ocurre también con el crimen, sea el grado máximo al que el capital es capaz de reducir la vida humana. Si la prostitución, desde el punto de vista capitalista, puede ser equiparada a la actividad del criminal (del que Marx dice en Teorías sobre la plusvalía que es un «productor» en el sentido que da trabajo a personas del sector de la judicatura, de la cerrajería, de la criminología y del campo de la ciencia, etc.), ambas son actividades en las que el individuo ha aceptado aquello a lo que el capital quiere reducirlo, desposeyéndolo no sólo de las condiciones objetivas que le permiten llevar a cabo su actividad, como ocurre con el proletariado, sino también de todos los elementos que constituyen la base de su «humanidad».

El individuo del lumpenproletariado es, en cierto modo, quien «ha cedido» en su humanidad, quien ha abandonado la lucha y la resistencia en la actividad productiva, «esa tremenda y sin embargo fortalecedora escuela del trabajo» (La Sagrada Familia). Es esa persona que, dispuesta a vender todo de sí misma, se encuentra en «la situación del proletariado arruinado, el último grado en el que cae el proletario y la proletaria que han dejado de resistir a la presión de la burguesía» (La ideología alemana).

De ahí que podamos extraer que no existe, según Marx, ninguna perspectiva de emancipación en la actividad prostitucional y que más bien constituye una ruptura radical del vínculo que une el «organismo vivo» a su componente de resistencia y de «humanidad». Marx conoce perfectamente la violencia de las relaciones de dominación que se ejerce sobre las mujeres prostituidas. Escribe: «La prostitución es una relación que afecta no sólo a la prostituta, sino también al prostituyente, cuya ignominia es todavía mayor» (Manuscritos económicos y filosóficos de 1844). Si Marx sitúa la actividad prostitucional en el lumpenproletariado y no en el proletariado, no significa de ningún modo que condene a las prostitutas, sino al contrario, lo que condena son las actividades insalubres y perjudiciales para las mujeres, al tiempo que trata de que consigan la emancipación de la situación en la que se encuentran.

Una emancipación que irá unida a la abolición mundial de la prostitución, acompañada de medidas sociales y del pleno reconocimiento de las mujeres en el mundo social del trabajo. Y aunque los niños y las niñas formaban parte del proletariado en el siglo XIX, algunas sociedades han sabido resolverlo sin tener que pensar en darles más derechos laborales.

Eligieron, muy al contrario, apartarlos del mundo del trabajo. Prohibición del trabajo infantil y de los «trabajos nocivos para las mujeres» fue lo que Marx defendió en el transcurso de una entrevista para el periódico Chicago Tribune en diciembre de 1878. Si conseguimos abolir el trabajo infantil en el pasado sin reducir la cuestión a una mera ampliación de los «derechos sindicales» para los niños y las niñas, ya es hora de que nuestra sociedad y nuestras luchas consigan los mismos resultados con respecto a la prostitución.

 

Fuente:http://traductorasparaaboliciondelaprostitucion.weebly.com/blog/marx-y-la-cuestion-de-la-prostitucion
(1) N. de la T.: El ejercicio de la prostitución en España no es delito. Sí es sancionable si se practica en la vía pública.
(2) N. de la T.: Los lazzaroni eran individuos sin hogar que vivían de la mendicidad en Nápoles. Llamados así por el Hospital de San Lázaro que les servía de albergue. Este fue el sobrenombre que se dio en Italia al lumpenproletariado como sinónimo de desclasados. Los lazzaroni fueron utilizados en reiteradas ocasiones por los medios monárquico-reaccionarios en la lucha contra el pueblo.
(3) N. de la T.: Sedimento que se forma en algunos líquidos.
22
Feb
17

discriminación

De negros, judíos, minas, gays y otras malas palabras

escribe: Enrique Ortega Salinas / Analista

 

Cuando por cualquier causa se combate mal, el enemigo avanza y la causa retrocede.

No se combate al racismo llamando afrodescendientes a los negros, ni ayudamos a los discapacitados intelectuales simulando que tienen capacidades diferentes, ni ayudamos a los ciegos llamándoles no videntes, como si ciego, negro o discapacitado fueran insultos.

Se equivoca Israel cada vez que tilda de antisemita a toda persona que cuestione alguna acción concreta de su gobierno. Criticar su política exterior no tiene nada que ver con despreciar a su pueblo. Yo critico cada misil que va de Palestina a Israel y cada misil que va de Israel a Palestina, y no por eso soy pro o contra de alguno.

Tras una nota en la cual critiqué las acciones del gobierno israelí que provocaron muertes de niños y civiles en Gaza, algunos fundamentalistas judíos me acusaron de antisemita sin siquiera considerar que también critiqué los ataques con misiles de Hamas. La idea es que “O estás conmigo al 100 por ciento o estás en mi contra y eres antisemita”.

Sucede que así como los estadounidenses se apropiaron del gentilicio “americano”, los israelíes se apoderaron de “semita” con un despliegue propagandístico de tal magnitud que la mismísima Real Academia Española terminó cediendo al definir al antisemita como “enemigo de la raza hebrea, de su cultura o de su influencia”. Semitas son, de acuerdo a la tradición bíblica, los descendientes de Sem, con lo cual se abarca a los árabes, hebreos y otros pueblos. Sin embargo, el origen del término no es racial, sino lingüístico. Acusarme de antisemita implicaría acusarme de estar en contra de cuanto sujeto camina desde Marruecos hasta Arabia Saudita, Irán e Irak, es decir, casi todo el Cercano y Medio Oriente.

No se ayuda a las mujeres cuando se critica a una jerarca del gobierno y la defensa es que se le ataca por ser mujer y se usa esta muletilla para toda ocasión y circunstancia. A Bonomi lo critican un día sí y otro también y nadie dice que lo critican por ser hombre. No se ayuda a la lucha contra la discriminación cuando varias legisladoras piden una ley de cuotas, pero cuando tienen la oportunidad de elegir a una mujer no lo hacen.

Menos se ayuda a la causa cuando algunas compañeras (ALGUNAS, NO TODAS) dejan entrever un odio y aversión patológica hacia los hombres y más que buscar igualdad de oportunidades buscan revertir la actual situación de privilegio, en lo que sería una “Rebelión en la granja” pero cambiando animales por personas de ambos sexos.

Se ríen de todo chiste que se haga sobre el mísero cerebro masculino, pero arde Troya cuando alguien se atreve a contar un chiste sobre mujeres. Claro, hay chistes de buen y mal gusto; pero con la misma pasión con que toda mi vida defendí a los segregados, defiendo el sentido del humor, siempre y cuando sea ingenioso. La única vez que me reí de un chiste sobre negros fue de uno que contó Ruben Rada, quien no es precisamente euro descendiente.

No ayuda a la libertad sexual que condenemos a todo el que piensa diferente. A quienes discrepan con el matrimonio entre personas del mismo sexo solo les pido respeto, pero no les puedo pedir que lo aplaudan ni obligar a un cura a casarlos.

Hemos apoyado la legalización de la marihuana con la intención de quitarle el negocio a los narcos y evitar que el adicto compre la misma en una boca de pasta base con el consecuente peligro de vincularse a un círculo delictivo, pero será una mala idea mientras no hagamos una campaña señalando los perjuicios de su consumo, tal como hicimos con el tabaco. Hoy por hoy, nuestros jóvenes piensan que la marihuana no solo no es mala, sino que es buena y que no puedes sentirte superado si no la consumes.

Estoy tan a favor de su legalización como en contra de su consumo. He dado clases a cientos de miles de alumnos de diferentes países; que nadie me venga con la historia de que esta droga es inofensiva. Tengo muy clara la diferencia de rendimiento intelectual entre un alumno que consume y otro que no. El problema es que parece que no alcanza con apoyar su legalización, sino que debemos hacer apología de su consumo.

Es tan dura la presión contra los que pensamos de esta manera que me estoy preparando para el bombardeo verbal que va a caer sobre mi cabeza, pero aquellos que queremos luchar en serio contra toda forma de discriminación tenemos la obligación de poner freno a este exceso. El feminismo radical es tan malo como el machismo y hasta me arrepiento de haber puesto el término radical porque es innecesario. A la hora de votar me importa un reverendo carajo (ay, perdón) el sexo de la persona.

No se combate al machismo repitiendo a cada rato la cursilería de “compañeras y compañeros” y hay muchos que siendo machistas usan estos términos de manera hipócrita, así como hay otros que no lo hacemos y nada tenemos de machistas. Nuestras parlamentarias están impulsando una nueva ley de cuotas, pero cuando tuvieron la oportunidad de elegir entre Tabaré y Constanza… ¿a quién votaron? ¿Y a quién votaron luego en las nacionales para encabezar la lista del Senado? Si optar por un hombre es machismo, la mayoría de nuestras legisladoras son machistas.

No se combate la delincuencia justificando al delito con la pobreza. Creo en la inclusión, la educación y la rehabilitación como la forma más efectiva de bajar los índices criminales, pero el ciudadano común siente que nuestro discurso prioriza en exceso los derechos de los delincuentes y se desentiende de los derechos de la gente honesta. No digo que sea así. Digo que nuestro mensaje parece indicarlo a cada instante y la gente nos pide que además de decir “pobrecito el delincuente”, de vez en cuando digamos “pobre la víctima”.

Hay que redoblar los esfuerzos en rehabilitación, pero también exigir a jueces y fiscales que apliquen la ley con mejores criterios y a los padres responsabilizarlos penalmente cuando abandonan los deberes de la patria potestad. Hace unos meses, un hombre marchó a la cárcel por hurtar una matera de un vehículo en Piriápolis, y en la misma semana, un monstruo de San Carlos que desarmó a palos a una niña de cinco años dejándola en muy mal estado fue condenado a seis meses de prisión domiciliaria. Conclusión: es más grave robar una matera que destrozar a una niña.

No ayuda en nada citar al ministro del Interior cada pocos días sólo para tener unos minutos gratuitos de prensa y hacer política barata y ruin.

En resumen, a veces defendemos causas indiscutiblemente justas, pero nos enceguecemos y vemos enemigos donde no los hay. Esperemos que estas reflexiones sirvan para el debate fraterno, sobre todo en la interna del Frente Amplio, ya que en definitiva nada de esto es dicho para mal de nadie, sino por el bien de todos.

¿O me crucificarán por no decir todos y todas?




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