Archivo para 30 junio 2013

30
Jun
13

G-8

 

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Los 10 miembros del G8 durante el debate

«¿Todavía sirve para algo el G8?», nos preguntábamos en 2008, cuando los entonces presidentes Nicolas Sarkozy y George Bush planeaban reunir a los jefes de Estado o de gobierno de 20 de las 29 grandes potencias en un esfuerzo por resolver la crisis financiera.

El G8 es la cumbre anual en la que participan 8 jefes de Estado o de gobierno en presencia de 2 representantes de la Unión Europea. O sea, no son 8 sino 10. En una discusión, organizada en parte alrededor de un orden del día y en parte en forma de conversación informal, los participantes intercambian sus puntos de vista sobre los grandes problemas internacionales sin la obligación de negociar por ello ningún tipo de resultado. Sin embargo, la cumbre publica un largo comunicado final, que recoge el trabajo realizado a lo largo del año a nivel ministerial, y una breve declaración de intenciones referente a los puntos sobre los que existe un consenso.

Siria

La cumbre que se desarrolló en Lough Erne (Irlanda del Norte), el 17 y el 18 de junio de 2013, era especialmente importante por tratarse del primer encuentro entre los presidentes Obama y Putin desde la reelección del primero, hace 9 meses. Después de que Hillary Clinton y el general David Petraeus sabotearon la conferencia de Ginebra (el 30 de junio de 2012), los dos jefes de Estado habían acordado que su primer encuentro les permitiría anunciar una solución de la crisis siria. Sin embargo, a pesar del cambio de equipo en Washington, ese encuentro se pospuso repetidamente mientras que el secretario de Estado John Kerry se perdía en declaraciones contradictorias.

Y el contexto cambió durante este largo periodo de espera. El Líbano está sin gobierno desde que Tammam Salam fue nominado como primer ministro, hace 2 meses y medio. En Arabia Saudita, el príncipe Khaled ben Sultán, ministro adjunto de Defensa, fracasó al tratar de derrocar al rey Abdallah. En Qatar, Estados Unidos dio de plazo hasta principios de agosto al príncipe Hamad al-Thani para que ceda el trono a su hijo Tamim y se aparte de la escena junto con su actual primer ministro. En Turquía, una mayoría de la población se ha sublevado contra la política de la Hermandad Musulmana que está aplicando Recep Tayyip Erdogan. En Irán, el pueblo acaba de elegir a un liberal en materia de economía, Hassan Rohani, para ocupar la presidencia de la República Islámica. Y en Siria, el ejército leal al gobierno acaba de liberar la ciudad de Qoussair y está emprendiendo la batalla de Alepo.

En el plano de la propaganda, y al igual que con el caso de Irak en 2003, Francia, el Reino Unido y Estados Unidos trataron de recurrir nuevamente al «truco de las armas de destrucción masiva»: los gobiernos de esos 3 países supuestamente tienen pruebas del uso de armas químicas por parte de Damasco. El «régimen de Bachar» ha «pisado la línea roja» haciendo supuestamente indispensable una intervención de la comunidad internacional para «salvar a los sirios» y hasta para «salvar la paz mundial». ¿De verdad? Ya en manos de Moscú, resulta que las «pruebas» están lejos de responder a las normas de la Organización para la Prohibición de Armas Químicas (OPAQ). Además, Siria –al igual que Israel– ni siquiera es firmante de la Convención sobre las Armas Químicas. Y, de todas maneras, nadie se explica por qué un ejército en plena campaña de reconquista recurriría al uso de gas sarín.

En realidad, Francia y el Reino Unido están tratando de imponer su propio proyecto de recolonización, acordado entre esos dos países en el momento de la firma del Tratado de Lancaster House –el 2 de noviembre de 2010, o sea cuando ni siquiera existía la «primavera árabe». Para lograrlo están utilizando a los regímenes árabes sionistas, así como Turquía, Arabia Saudita y Qatar.

Por su parte, Estados Unidos «maneja por detrás», según la expresión utilizada por la señora Clinton. O sea, si la iniciativa tiene éxito, Washington la respalda, pero se opone a ella si fracasa. Después de la comedia sobre las armas químicas, Washington se comprometió a enviar amas oficialmente al Ejército Sirio Libre (ESL), pero no al Frente al-Nusra, fuertemente vinculado a al-Qaeda.

Así que la situación no es precisamente favorable para el bando de los colonialistas en el momento de la apertura del G8. Y se complica aún más con las revelaciones de un empleado de la firma de abogados Booz Allen Hamilton, un tal Edward Snowden, quien acaba de publicar una serie de documentos internos de la NSA (la National Security Agency de Estados Unidos), después de buscar refugio en Hong Kong. La mayor agencia de seguridad del mundo espía las comunicaciones telefónicas y a través de internet de los estadounidenses… ¡y del mundo entero! Y lo hace con la contribución del CGHQ británico, que ayudó a implementar escuchas contra los delegados del G20, durante la reunión de Londres, en 2009. En pocas palabras, los anglosajones (Estados Unidos, Reino Unido y Canadá) llegan al G8 en posición de inferioridad para discutir con sus invitados… quienes evitaron hacer uso de sus teléfonos.

Sobre el tema de Siria, la posición franco-británica consiste por lo tanto en aislar a Rusia para obligarla a ceder. Desempeñando excelentemente su papel, el anfitrión David Cameron denuncia al «dictador-que-mata-a-su-pueblo-con-armas-químicas». Se pronuncia por una conferencia Ginebra 2 para que en ella se tome nota de la capitulación del presidente Assad y se transfiera el poder a los amigos de Occidente. Confirma la entrega inminente de armas a los «revolucionarios», propone una salida honorable para «Bachar», anuncia que se mantendrá la administración baasista y distribuye las concesiones para la explotación del gas. En cuanto a la bandera… ya se sabe que será la de la colonización francesa.

Todo ese parloteo se estrella contra Vladimir Putin. Interrogado por la prensa a su llegada, el presidente ruso ya había declarado, ante un Cameron que no creía lo que estaba oyendo:

«Estoy seguro de que ustedes están de acuerdo en que seguramente no deberíamos ayudar a gente que no sólo mata a sus enemigos sino que además mutilan sus cuerpos y se comen sus entrañas ante el público y las cámaras.
¿Esa es la gente que ustedes quieren respaldar? ¿Quieren ustedes entregarles armas? Si es así, parece que hay aquí muy poca relación con los valores humanitarios que Europa ha venido proclamando y promulgando durante siglos.
En todo caso, a nosotros, en Rusia, eso nos parece inconcebible.
Pero, dejando de lado las emociones y adoptando un enfoque puramente de trabajo sobre la cuestión, permítanme subrayar que Rusia está entregando armas al gobierno sirio legalmente reconocido, en total conformidad con las reglas del derecho internacional. Insisto en el hecho de que no violamos con eso ninguna ley, ¡ninguna!. Y pido a nuestros socios que actúen de la misma manera.»

Putin responde al cotorreo humanitario con su visión objetiva de los hechos y con el derecho internacional. No, Siria no está enfrentando una revolución sino una agresión externa. No, Siria no utiliza armas de destrucción masiva contra su propio pueblo. Sí, Rusia entrega a Siria armas antiaéreas para que se proteja de un ataque extranjero. Sí, las entregas occidentales de armas a los Contras constituyen una violación del derecho internacional castigada por los tribunales internacionales.

El francés y el británico nunca lograron arrinconar al ruso. Vladimir Putin siempre encontró apoyo en algún otro participante –a menudo en Angela Merkel– dispuesto a expresar dudas.

Ante la firmeza rusa, David Cameron trató de convencer a sus socios occidentales de que la suerte de las armas todavía puede cambiar de bando: el MI6 británico y la DGSE francesa están dispuestos a favorecer un golpe de Estado en Damasco. Un agente, reclutado en palacio, pudiera matar al presidente mientras que un general, reclutado en la cúpula de los servicios secretos, liquidaría a los elementos leales y tomaría el poder. Las nuevas autoridades implantarían una dictadura militar que poco a poco dejaría espacio a una «democracia parlamentaria».

Aparte de que todos se preguntan quiénes son los traidores reclutados en el entorno presidencial, la proposición británica no convenció. No es la primera vez que se recurre a esa hipótesis y el resultado es un fracaso. Ya se produjo el intento de envenenamiento contra los miembros del Consejo Nacional de Seguridad sirio y de toma del poder por uno de ellos. Pero el supuesto traidor estaba jugando un doble juego. Vino después el bombazo que costó la vida a los miembros del Consejo Nacional de Seguridad, atentado sincronizado con el ataque de 40 000 yihadistas contra la capital siria, pero la Guardia Nacional garantizó exitosamente la defensa. También se produjo el ataque contra la sede del Estado Mayor, realizado por un grupo de kamikazes y sincronizado con la sublevación de un regimiento, sublevación que nunca llegó a producirse. Hubo otras intentonas más pero lo importante es que los planes que ya fracasaron en circunstancias más propicias tienen menos de probabilidades éxito en momentos en que el ejército nacional está reconquistando el territorio.

En su Comunicado Final (desde el párrafo 82 hasta el 87), los participantes en el G8 reiteran su confianza en el proceso de Ginebra, sin aclarar por ello sus ambigüedades. Todavía no se aclarado qué es para ellos una «transición política». ¿Será una transición entre guerra civil y paz o entre una Siria gobernada por Assad y otra gobernada por elementos prooccidentales? Hay, sin embargo, dos puntos ya aclarados: Por un lado, el Frente al-Nusra no debe participar en Ginebra 2 y debe ser expulsado de Siria; y por otro lado, una comisión ad hoc de la ONU investigará sobre el uso de armas químicas, pero será conformada con expertos de la Organización para la Prohibición de ese tipo de armas y de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Es a la vez poco y mucho. Es poco porque franceses y británicos siguen sin renunciar a la idea de que Ginebra 2 debe ser la conferencia de la capitulación siria ante las exigencias de la colonización occidental. Es mucho porque el G8 condena de forma explícita el apoyo del Consejo de Cooperación del Golfo al Frente al-Nusra y porque entierra honorablemente la polémica mediática sobre las armas químicas. Está por ver si todo eso es sincero.

Parece, en todo caso, que Rusia no cuenta con esa sinceridad. En un encuentro con la prensa, al final de la cumbre, Vladimir Putin indicó que otros miembros del G8 tampoco creían en el uso de armas químicas por el gobierno de Damasco, sino por los grupos armados. Recordó que la policía turca confiscó gas sarín en manos de los combatientes de la oposición siria y que, según los documentos turcos, ese gas les había sido enviado desde Irak [por el ex vicepresidente del Baas iraquí, Ezzat al-Douri]. Lo más importante es que el presidente Putin mencionó repetidamente sus dudas sobre la entrega de armas por parte de Estados Unidos y sus aliados. Subrayó que la cuestión que se plantea no es hacerlo o no sino hacerlo de forma oficiosa u oficialmente ya que, en definitiva, todo el mundo sabe que desde hace 2 años los «comandos» están recibiendo armas desde el exterior.

Dos días después, el ministro ruso de Relaciones Exteriores, Serguei Lavrov, ponía a prueba la coherencia de Washington al señalar que las iniciativas de condena unilateral contra Siria en la ONU y las declaraciones sobre la posible creación de una zona de exclusión aérea son señales que estimulan a los «comandos» de mercenarios, incluyendo a los de al-Qaeda.

La economía internacional

El segundo día de la cumbre fue menos complicado. Se habló de la salud de «la economía mundial», expresión que los anglosajones tratan de evitar favoreciendo el uso de conceptos pragmáticos, como «comercio», «sistemas de tasas» y «transparencia de las finanzas públicas».

Si realmente existe un interés común entre los participantes del G8 es el de ayudarse mutuamente a garantizar el cobro de impuestos y tasas, o sea luchar contra la evasión fiscal que los afecta, aunque también existe un interés de los anglosajones por mantener sus propios paraísos fiscales, interés que no existe entre los demás participantes del G8.

Así que el consenso tuvo que ver con la transparencia de la propiedad de las empresas off shore para poder determinar a manos de quién van las ganancias. También en este caso es poco y mucho. Es poco porque los británicos pretenden conservar su ventaja en materia de paraísos fiscales, pero es mucho en cuanto a vigilar lo que hacen las transnacionales.

Hay que resaltar otros dos temas de consenso: el rechazo colectivo a pagar por las liberaciones de rehenes (¿pero se aplicará eso realmente?) y la invitación que se hizo a la eurozona a que unifique su sistema bancario para prevenir la repetición de crisis financieras internacionales

El G8 se mantiene con vida

En definitiva, el G8 mostró que aún es útil. Si bien había perdido un poco de interés durante el periodo de la dominación mundial estadounidense –en tiempos del «mundo unipolar»–, ahora lo recupera con una base más equilibrada. Lough Erne permitió verificar la envergadura de las vacilaciones de Estados Unidos en Siria y también de la determinación rusa. La cumbre redujo también la opacidad de las compañías off shore. El G8 refleja por un lado la oposición geopolítica entre Estados Unidos (potencia en decadencia), el Reino Unido y Francia (potencias coloniales) y Rusia (potencia emergente), y por otro lado la globalización del capitalismo, al que adhieren todos los participantes.

DocumentOs originales del G8:
- «G8 Final Communiqué, Lough Erne 2013»
- «G8: Lough Erne Declaration»
- «G8 action plan principles to prevent the misuse of companies and legal arrangements»
- «Communiqué on G8 Global Economy Working Session»>

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29
Jun
13

Ecuador … la CIA y sus agentes

EE.UU. se olvida que da refugio a prófugos y golpistas ecuatorianos

 

 

El gobierno de Estados Unidos instó a Ecuador a no conceder asilo político a Edward Snowden, ex técnico de los servicios secretos estadounidenses, mientras da refugio desde años a varios individuos buscados por la Justicia ecuatoriana y permite a golpistas de la nación sudamericana a utilizar su territorio para conspirar.

 

Snowden que muchos consideran como un verdadero heroe, solicitó refugio a Ecuador tras revelar programas de vigilancia de Internet implementados por las autoridades de su país. Apenas conocida la información, Washington manifestaba su oposición a que su ex analista pueda recibir asilo en esta nación que ya acoge en su Embajada de Londres, el “disidente” Julian Assange, creador de Wikileaks.

Mientras tanto, el Gobierno norteamericano, acoge sin el menor escrúpulo y da protección a delincuentes de nacionalidad ecuatoriana tales como el ex presidente Jamil Mahuad Witt, los banqueros estafadores y golpistas Roberto Isaias y el ex Director de inteligencia del ejército ecuatoriano y agente CIA, Mario Pazmiño.

EL PRESIDENTE QUE PROVOCÓ EL EXILO DE MILES DE ECUATORIANOS

Las decisiones políticas y económicas que tomó el gobierno de Mahuad generaron, además de las víctimas de salvaje represión, causó la salida de dos millones de ecuatorianos al exterior.

El 21 de enero de 2000 Jamil Mahuad, cuando aún no cumplía dos años de su mandato, fue obligado a renunciar por la presión de decenas de miles de ecuatorianos, un verdadero levantamiento popular que incluía a indígenas y trabajadores.

La justicia ecuatoriana difundió ya a finales de 2011 una orden de captura contra Mahuad para que el ex mandatario ecuatoriano estafador pueda ser localizado y capturado. Poco después, bajo presiones estadounidenses, la Interpol rechazó el pedido de Quito, lo que provocó protestas de Ecuador incluso del propio presidente Rafael Correa.

“Existen nuevos instrumentos de dominación, por ejemplo la Interpol, que juzga a nuestras cortes, a nuestros jueces y archiva la orden de prisión en contra de Jamil Mahuad”, declaró entonces el mandatario.

PROTECCIÓN A LOS BANQUEROS GANSTERS ISAIAS

Hace apenas unas semanas, El juez estadounidense de Florida, John Thornton, falló a favor de los hermanos banqueros Roberto y Willian Isaías Dassum, dueños del quebrado banco ecuatoriano. Los dos delincuentes financieros adeudan no menos de 264 millones de dólares al pueblo ecuatoriano.

“Todo el mundo conoce que estos banqueros se llevaron la plata de los depositantes y del Estado ecuatoriano y que viven como reyezuelos en Miami”, cuenta el abogado ecuatoriano Carlos Bravo.

“Esa es una realidad. Se hizo una investigación y ellos tienen muchísimos bienes y muchísimas inversiones en Estados Unidos, concretamente en Miami, dicho por ellos mismos: que tienen ahora una subsidiaria de la cadena CNN en Orlando, en Tampa; que están abriendo un canal para transmitir informaciones, un canal latino en la ciudad de Miami; tienen inversiones petroleras; tienen una red de colegios privados, en fin, inauguran edificios inteligentes como en Coral Way”.

Los Isaias, viven en Cocoplum, el barrio más exclusivo de Coral Gables (Miami). Bajo la protección del gobierno estadounidense.

PAZMIÑO AGENTE DE LA CIA Y TORTURADOR

Mario Raúl Pazmiño, ex jefe de la inteligencia militar ecuatoriana fue expulsado del ejército por su colaboración con la CIA norteamericana y sus numerosas “filtraciones” de informaciones secretas a sus controladores norteamericanos y frustrar un operativo contra narcotraficantes.

Durante años, Pazmiño, ultraderechista militante, se dedicó a conformar con algunos de sus semejantes la llamada Legión Blanca, grupo clandestino de perfil fascista, terrorista, que se dedicó a atacar a izquierdistas. Con orientaciones del Norte.

Traidor de primera, Pazmiño informó a sus jefes de la CIA durante la operación de bombardeo del 1 de marzo de 2008 a un campamento de las FARC en Angostura, en el que murieron 26 personas, entre ellas “Raúl Reyes”.

Asilado en Estados Unidos, Pazmiño no dejo un solo instante de conspirar contra el Gobierno del Presidente Rafael Correa.

Siete días antes del intento de golpe de estado en Ecuador, Pazmiño aparece como uno de los líderes en la reunión conspirativa sostenida en Miami con su socio el torturador Gustavo Lemus. Se encuentra entonces rodeado por varios contrarrevolucionarios cubanos identificados al terrorismo, entre los cuales Carlos Alberto Montaner.

Lemus, también en EEUU bajo protección CIA, es denunciado en Ecuador como torturador y acusado de haber encubierto el asesinato de dos adolescentes cuando era jefe de los torturadores en el gobierno socialcristiano de León Febres Cordero (1984-1988).

RECUERDESE DEL AGENTE MARK SULLIVAN

En materia de agentes de servicio de Inteligencia, el Departamento de Estado, que reclama a Edward Snowden, omite recordarse que situó en la nación sudamericana a Mark Sullivan, Director de la estación CIA que fue expulsado el 18 de mayo del 2009 del país andino.

En su bunker de la Avenida Avigiras en el norte de Quito, trabajaba bajo el engañoso titulo de primer secretario de la Embajada de Estados Unidos, dirigiendo febrilmente los numerosos agentes de inteligencia escondidos entre los 185 empleados estadounidenses de la embajada gringa.

Sullivan coordinaba como si fuera en su casa las acciones con el DAS (la inteligencia colombiana) y las Fuerzas Armadas de Colombia, en comunicación constante con Michael Steere, el jefe de la estación CIA en Venezuela.

La Embajada de Estados Unidos en Quito es donde trabajó el agente CIA arrepentido Philip Agee quién explicó luego el uso sistemático de técnicas de corrupción de parte de la CIA para adquirirse la ”buena voluntad” de oficiales de policía.

Agee luego se dedicó a denunciar las actividades ya escandalosas de la inteligencia norteamericana, mucho antes de Assange y Snowden.

28
Jun
13

Brasil … se mueve

opinión

Brasil: un gran llamado de atención

escribe / Gustavo González

Cuando todo parecía perfecto, cuando en el país rey del fútbol se preparaba la gran fiesta de la Copa Confederaciones, un gigante de pueblo se levantó y alzó su voz.

Miles y miles de jóvenes, trabajadores, estudiantes, amas de casa le dijeron “¡Basta!” al despilfarro de dinero, de los grandes megaproyectos que ocasionaron miles de desalojos de viviendas humildes, para allí construir obras faraónicas, generando millones a las grandes empresas multinacionales de la construcción.

El primer motivo de las movilizaciones fue el aumento del transporte público, pero la gente que está en las calles no se quedó allí, pasó a denunciar los gastos absolutamente superfluos, frente a los problemas de educación y salud que vive la gente.

La realidad está demostrando que no se puede decir que esto es una maniobra o una provocación de la derecha. Una movilización de masas de miles y miles pone en riesgo y en cuestión la propia estructura del sistema capitalista; la derecha política puede querer aprovechar esto, pero al ser multitudinaria, más temprano que tarde estarán en contra.

Un elemento no menor y clave del análisis es ver con claridad que si bien pareciera que la movilización es espontánea y sin una verdadera conducción política, de mantenerse en el tiempo se irán generando nuevos liderazgos representativos de este sector; de lo contrario perecerá rápidamente, pero no deja de ser un importantísimo llamado de atención.

Brasil y su gobierno no son socialistas ni mucho menos: han intentado administrar la crisis con programas netamente asistencialistas, sin tocar la estructura del sistema capitalista, base de las desigualdades que generan revueltas y descontento. Aquí está el fondo del problema, es en esto que hay que reparar. Las organizaciones representativas de los sectores populares han sido cooptadas por el modelo imperante, esperando que los cambios reales llegaran y justificando medidas que no deberían haber justificado.

La independencia política indispensable para el avance de los sectores populares en todo proceso de cambio fue abortada, aún en movimientos beligerantes como los “sin tierra”.

El caso “mensalao”, que desenmascaró la corrupción de altos dirigentes del PT no quedó en el olvido de la gente y hoy resurge nuevamente con su denuncia en las calles.

Algunos analistas pretenden convencernos de que estos son actos promovidos por clases medias; habría que verlo con más detenimiento, pues esto no tiene que ver con lo sucedido en Argentina contra el gobierno de Cristina Fernández, es otra cuestión y otro contexto.

Aquí se está cuestionando una forma de hacer política: al no ser conducido el descontento por las centrales obreras y otras organizaciones representativas, la gente optó por tener una salida espontánea.

Los riesgos de ello son que o bien el movimiento en alza muera por falta de conducción verdaderamente política y con una propuesta alternativa, o que la ultra izquierda destroce un verdadero movimiento de masas optando por una propuesta fuera de contexto. Pero lo peor será la parálisis política frente a los hechos de las organizaciones populares y sus direcciones.

Me animo a decir que podemos estar frente al agotamiento de un modelo de conducción alejada efectivamente de los cambios indispensables que deben plantearse. Esto es absolutamente independiente de cálculos electorales. El gran acierto de esta movilización es que pone en debate a un gobierno que, diciéndose de izquierda, solo ha administrado la crisis capitalista. Pero ello, en el grado de la crisis mundial del sistema que sostienen, no tiene ninguna perspectiva histórica que resuelva los problemas centrales de la gente.

La gran tarea de los activistas de la izquierda brasilera, de las direcciones de los movimientos populares, es hoy ponerse justamente a la cabeza de los reclamos de los miles que han salido a las calles y exigir los verdaderos cambios estructurales que el país necesita. Esta alarma debe servir además a todos los países de la región a los efectos de hacer un profundo balance político, sin prejuicios, con crítica y autocrítica profunda, de lo realizado por los llamados gobiernos progresistas de la hora.

27
Jun
13

Uruguay … 27 de junio; no olvidar jamás

Golpe de Estado fascista del 27 de junio de 1973
Juan Maria Bordaberry.jpg Juan María Bordaberry, la cara de la traición, gestor del golpe de Estado, abolió  la Constitución y la República a las que juró defender. NO OLVIDAR JAMÁS !! eso, no olvidar jamás la estirpe política que dejó en manos de una nueva derecha social, que cuál gatopardo, dice querer cambiar la sociedad. 

Huelga General contra el golpe de estado.

En respuesta: Entre el 27 de junio y el 11 de julio de 1973 se desarrolló la Huelga General contra el golpe de estado decretada por la Convención Nacional de Trabajadores (CNT) que ocupó los centros de trabajo, fábricas, hospitales, oficinas y acompañada por la FEUU que ocupó sus facultades, la lucha se extendió junto a una gran masa del heróico pueblo uruguayo, en repudió tal, que hizo tambalear las estructuras del fascismo que se instalaba en el poder.

27
Jun
13

Brasil, la lucha de un pueblo desilusinado

 

 
¿Un nuevo ciclo de luchas populares?
Las grandes manifestaciones populares de protesta en Brasil demolieron en la práctica una premisa cultivada por la derecha, y asumida también por diversas formaciones de izquierda -comenzando por el PT y siguiendo por sus aliados: si se garantizaba “pan y circo” el pueblo –desorganizado, despolitizado, decepcionado por diez años de gobierno petista- aceptaría mansamente que la alianza entre las viejas y las nuevas oligarquías prosiguieran gobernando sin mayores sobresaltos. La continuidad y eficacia del programa “Bolsa Familia” aseguraba el pan, y la Copa del Mundo y su preludio, la Copa Confederación, y luego los Juegos Olímpicos, aportarían el circo necesario para consolidar la pasividad política de los brasileños. Esta visión, no sólo equivocada sino profundamente reaccionaria (y casi siempre racista) quedó hecha añicos en estos días, lo que revela la corta memoria histórica y el peligroso autismo de la clase dominante y sus representantes políticos a quienes se les olvidó que el pueblo brasileño supo ser protagonista de grandes jornadas de lucha y que sus períodos de quietismo y pasividad alternaron con episodios de súbita movilización que rebasaron los estrechos marcos oligárquicos de un estado apenas superficialmente democrático. Basta recordar las multitudinarias movilizaciones populares que impusieron la elección directa del presidente a comienzos de los años ochentas; las que precipitaron la renuncia de Fernando Collor de Melo en 1992 y la ola ascendente de luchas populares que hicieron posible el triunfo de Lula en el 2002. El quietismo posterior, fomentado por un gobierno que optó por gobernar con y para los ricos y poderosos, creo la errónea impresión de que la expansión del consumo de un amplio estrato del universo popular era suficiente para garantizar indefinidamente el consenso social. Una pésima sociología se combinó con la traidora arrogancia de una tecnocracia estatal que al embotar la memoria hizo que los acontecimientos de esta semana fueran tan sorpresivos como un rayo en un día de cielos despejados.La sorpresa enmudeció a una dirigencia política de discurso fácil y efectista, que no podía comprender -y mucho menos contener- el tsunami político que irrumpía nada menos que en medio de los fastos futboleros de la Copa Confederación. Fue notable la lentitud de la respuesta gubernamental, desde las intendencias municipales hasta los gobiernos estaduales y el propio gobierno federal.

Opinólogos y analistas adscriptos al gobierno insisten ahora en colocar bajo la lupa estas manifestaciones, señalando su carácter caótico, su falta de liderazgo, la ausencia de un proyecto político de recambio. Sería mejor que en lugar de exaltar las virtudes de un fantasioso “posneoliberalismo” de Brasilia y de pensar que lo ocurrido tiene que ver con la falta de políticas gubernamentales hacia un nuevo actor social, la juventud, dirigieran su mirada hacia los déficits de la gestión gubernativa del PT y sus aliados en un amplio abanico de temas cruciales para el bienestar de la ciudadanía. Plantear que las protestas fueron causadas por el aumento de 20 centavos de real en el transporte público de Sao Paulo es lo mismo que, salvando las distancias, afirmar que la Revolución Francesa se produjo porque, como es sabido, algunas panaderías de la zona de la Bastilla habían aumentado en unos pocos centavos el precio del pan. Confunden estos propagandistas el detonante de la rebelión popular con las causas profundas que la provocan, que dicen relación con la enorme deuda social de la democracia brasileña, apenas atenuada en los últimos años del gobierno Lula. El disparador, el aumento en el precio del boleto del transporte urbano, tuvo eficacia porque según algunos cálculos para un trabajador que gana apenas el salario mínimo en Sao Paulo el costo diario de la transportación para concurrir a su trabajo equivale a poco más de la cuarta parte de sus ingresos. Pero esto sólo pudo desencadenar la oleada de protestas porque se combinaba con la pésima situación de los servicios de salud pública; el sesgo clasista y racista del acceso a la educación; la corrupción gubernamental (un indicador: la presidenta Dilma Rousseff ha echado a varios ministros por esta causa), la ferocidad represiva impropia de un estado que se reclama como democrático y la arrogancia tecnocrática de los gobernantes, en todos sus niveles, ante las demandas populares que son desoídas sistemáticamente: caso de la reforma de la previsión social, o de la paralizada Reforma Agraria o los reclamos de los pueblos originarios ante la construcciones de grandes represas en la Amazonía. Con estas asignaturas pendientes, hablar de “posneoliberalismo” revela, en el mejor de los casos, indolencia del espíritu crítico; en el peor, una deplorable sumisión incondicional al discurso oficial.

A la explosiva combinación señalada más arriba hay que sumar el creciente abismo que separa al común de la ciudadanía de la partidocracia gobernante, incesante tejedora de toda suerte de inescrupulosas alianzas y transformismos, que burlan la voluntad del electorado sacrificando identidades partidarias y adscripciones ideológicas. No por casualidad todas las manifestaciones expresaban su repudio a los partidos políticos. Un indicador del costo fenomenal de esa partidocracia –que resta recursos al erario público que podrían destinarse a la inversión social- está dado por lo que en Brasil se denomina el Fondo Partidario, que financia el mantenimiento de una maquinaria meramente electoralista y que nada tiene que ver con ese “príncipe colectivo”, sintetizador de la voluntad nacional-popular del que hablara Antonio Gramsci. Un solo dato será suficiente: a pesar de que la población exige infructuosamente mayores presupuestos para mejorar los servicios básicos que hacen a la calidad de la democracia, el mencionado fondo pasó de distribuir 729.000 reales en 1994 a la friolera de 350.000.000 de reales en el 2012, y está por acrecentarse aún más en el curso de este año. Esa enorme cifra habla con elocuencia del hiato que separa representantes de representados: ni los salarios reales ni la inversión social en salud, educación, vivienda y transporte tuvieron la prodigiosa progresión experimentada por una casta política completamente apartada de su pueblo y que no vive para la política sino que vive, y muy bien, de la política, a costa de su propio pueblo.

¿Eso es todo? No, hay algo más que provocó la furia ciudadana. El exorbitante costo en que incurrió Brasilia a cuenta de una absurda “política de prestigio” encaminada a convertir al Brasil en un “jugador global” en la política internacional. La Copa del Mundo de la FIFA y los Juegos Olímpicos exigirán enormes desembolsos que podrían haber sido utilizados más provechosamente en solucionar añejos problemas que afectan a las clases populares. Hubiera sido bueno que se recordara que México no sólo organizó una sino dos Copas del Mundo en 1970 y 1986, y los Juegos Olímpicos de 1968. Ninguno de estos grandes fastos convirtió a México en un jugador global de la política mundial: pero aún, sirvieron para ocultar los problemas reales que irrumpirían con fuerza en la década de los noventas y que perduran hasta el día de hoy. Según la ley aprobada por el congreso brasileño la Copa del Mundo dispone de un presupuesto inicial de 13.600 millones de dólares, que seguramente aumentará a medida que se acerque la inauguración del evento, y se estima que los Juegos Olímpicos demandarán una cifra aún mayor. Conviene aquí recordar una sentencia de Adam Smith, cuando decía que “lo que es imprudencia y locura en el manejo de las finanzas familiares no puede ser responsabilidad y sensatez en el manejo de las finanzas del reino.” Quien en su hogar no dispone de ingresos suficientes que garanticen la salud, la educación y una adecuada vivienda para su familia no puede ser elogiado cuando gasta lo que no tiene en una costosísima fiesta.

La dimensión de este despropósito queda graficado, como observa con perspicacia el sociólogo y economista brasileño Carlos Eduardo Martins, cuando compara el costo del programa “Bolsa Familia”, 20.000 millones de reales, con el que devoran los intereses de la deuda pública: 240.000 millones de reales. Es decir, que en un año los tiburones financieros de Brasil y del exterior, niños mimados del gobierno, reciben como compensación a sus tramposos préstamos el equivalente doce planes “Bolsa Familia” por año. Según un estudio de la Auditoría Ciudadana de la Deuda, en el año 2012 el desembolso por concepto de intereses y amortizaciones de la deuda pública insumió el 47.19 por ciento del presupuesto nacional; por contraposición, se le dedicó a la salud pública el 3.98 por ciento, a la educación el 3.18 por ciento y a l transporte el 1.21 por ciento. Con esto no se quiere disminuir la importancia del programa “Bolsa Familia” sino de resaltar la escandalosa gravitación de la sangría originada por una deuda pública-ilegítima hasta la médula- que ha hecho de los banqueros y especuladores financieros los principales beneficiarios de la democracia brasileña o, más precisamente, de la plutocracia reinante en el Brasil. Por eso tiene razón Martins cuando observa que la dimensión de la crisis exige algo más que reuniones de gabinete y conversaciones con algunos líderes de los movimientos sociales organizados. Propone, en cambio, la realización de un plebiscito para una reforma constitucional que recorte los poderes de la partidocracia y empodere de verdad a la ciudadanía; o para derogar la ley de auto-amnistía de la dictadura; o para realizar una auditoría integral sobre la turbia génesis de la escandalosa deuda pública (como hizo Rafael Correa en el Ecuador). Agrega también que no basta con decir que el 100 por ciento de los royalties que origine la explotación del enorme yacimiento petrolero del Pre-Sal serán dedicados, como lo declaró Rousseff, a la educación, en la medida en que no se diga cuál será la proporción que el estado captará de las empresas petroleras. En Venezuela y Ecuador el estado retiene por concepto de royalties entre el 80 y el 85 por ciento de lo producido en boca de pozo. ¿Y en Brasil quién fijará ese porcentaje? ¿El mercado? ¿Por qué no establecerlo mediante una democrática consulta popular?

Como puede colegirse de todo lo anterior, es imposible reducir la causa de la protesta popular en Brasil a una eclosión juvenil. Es prematuro prever cual será el futuro de estas manifestaciones, pero de algo estamos seguros. El “¡Que se vayan todos!” de la Argentina del 2001-2002 no pudo constituirse como una alternativa de poder, pero por lo menos señaló los límites que ningún gobierno podría volver a traspasar so pena de ser derrocado por una nueva insurgencia popular. Más aún, las grandes movilizaciones populares en Bolivia y Ecuador demostraron que sus flaquezas y su inorganicidad -como las que hoy hay en Brasil- no le impidieron tumbar a gobernantes que sólo solo lo hacían a favor de los ricos. Las masas que salieron a la calle en más de cien ciudades brasileñas pueden tal vez no saber adónde van, pero en su marcha pueden acabar con un gobierno que claramente eligió ponerse al servicio del capital. Brasilia haría muy bien en mirar lo ocurrido en los países vecinos y tomar nota de esta lección que presagia crecientes niveles de ingobernabilidad si persiste en su alianza con la derecha, con los monopolios, con el agronegocios, con el capital financiero, con los especuladores que desangran al presupuesto público de Brasil. La única salida a todo esto es por la izquierda, potenciando no en el discurso sino con hechos concretos, el protagonismo popular y adoptando políticas coherentes con el nuevo sistema de alianzas. No sería exagerado pronosticar que un nuevo ciclo de ascenso de las luchas populares estaría dando comienzo en el gigante sudamericano. Si así fuera lo más probable sería una reorientación de la política brasileña, lo cual sería una muy buena noticia para la causa de la emancipación de Brasil y de toda Nuestra América.

* Una versión resumida de esta nota salió publicada en la edición dominical de Página/12, del 23 de Junio del corriente año.

26
Jun
13

Perón

La vida por Perón

Hoy se cumplen 40 años de la masacre de Ezeiza

 

Gonzalo Giuria

Casi un año antes del discurso en el que Juan Domingo Perón calificara a los integrantes de las organizaciones justicialistas de izquierda como “estúpidos” e “imberbes”, la relación entre estas agrupaciones y su líder había comenzado a deteriorarse en forma casi irreversible. El primer gran hito de este quiebre se dio el 20 de junio de 1973, día en el que Perón concretó su segundo y definitivo regreso a la República Argentina después de 18 años de exilio. El recibimiento del máximo referente de la política argentina del siglo XX dejó expuestas las enormes contradicciones que se daban hacia la interna del movimiento justicialista.

 

Lo que en principio parecía iba a ser un día de fiesta en el entorno del aeropuerto de Ezeiza, en el reencuentro de Perón con su pueblo, degeneró en una furibunda arremetida de los sectores más conservadores del policromático espectro peronista, que a fuerza de balas desplazaron a sus oponentes de izquierda y sentaron un claro precedente acerca de lo que sucedería pocos años más tarde. Al otro día del incidente se informó que 13 personas habían muerto y cerca de 400 resultaron heridas, aunque estas cifras son sólo aproximaciones, porque el dato exacto quedó en la nebulosa ante la ausencia de una investigación oficial acerca de los hechos, que marcaron una de las jornadas más lúgubres de la historia argentina reciente.

Según las estimaciones más certeras, alrededor de dos millones de personas estuvieron presentes en el acto que se celebró en la autopista Ricchieri, en una zona de bosques ubicada a sólo tres kilómetros del aeropuerto situado en la localidad bonaerense de Ezeiza. Las organizaciones de izquierda peronistas, principalmente agrupadas en torno a Montoneros, tomaron el evento como un acto político, en el que pretendían impresionar a su líder con su capacidad de movilización, en un momento en el que la lucha interna dentro del movimiento justicialista estaba comenzando a tensarse como nunca. Pero la derecha peronista, básicamente los sectores ortodoxos y el aparato sindical, se planteó el acto de Ezeiza como una confrontación militar , y así, bajo la dirección del coronel retirado Jorge Manuel Osinde, uno de los encargados de la organización del recibimiento, actuó en consecuencia. En el libro titulado Ezeiza, publicado por el periodista Horacio Verbitsky en el año 1985, seguramente la investigación más exhaustiva que se realizó sobre el caso, hay un pormenorizado análisis de cómo Osinde operó para obtener las armas y la gente para realizar la acción de Ezeiza, en la que además se gestó el germen de la Alianza Anticomunista Argentina, la célebre triple A, organización que tenía como principal articulador a José López Rega, a la sazón ministro de Bienestar Social y desde muchos años antes personaje decisivo dentro del entorno más cercano a Perón.

La coordinación dirigida por Osinde, que además contó con un fuerte apoyo por parte de la Central General de Trabajadores (CGT) que lideraba José Ignacio Rucci, montó un escenario de guerra con la finalidad de evitar que las columnas izquierdistas se acercaran al escenario del acto, cosa que finalmente lograrían. Los hechos de Ezeiza acarrearon importantes consecuencias políticas, porque significaron un durísimo golpe para el gobierno que en ese momento presidía Héctor Cámpora. El popular Tío había asumido la presidencia menos de un mes antes de Ezeiza, el 25 de mayo de 1973, con un gran impulso de la izquierda peronista, que alentó la candidatura famosa por su consigna “Cámpora al gobierno, Perón al poder”. El período denominado como “primavera camporista” duró apenas 49 días: Cámpora renunció el 13 de julio dando lugar a las elecciones realizadas en el mes de setiembre, en las que resultó ganadora la fórmula formada por Perón y su esposa María Estela Martínez. Pero el golpe de gracia al efímero mandato del Tío, en buena medida lo marcaron los sucesos de Ezeiza, que en definitiva fueron la síntesis de las enormes brechas ideológicas que existían entre los que se declaraban leales a Perón.

La fiesta que no fue

“Los Montoneros ese día pecaron por ingenuos. Pensaron que con esa movilización de cientos de miles de personas alcanzaba, pero la derecha los esperaba con unos cientos de ametralladoras y la logística militar bastante mejor establecida, y los corrieron a balazos”, recordó Martín Caparrós acerca de los hechos de Ezeiza, citado en el libro Lo pasado pensado del historiador Felipe Pigna. Y en resumen, eso fue lo que ocurrió. Desde las primeras horas del 20 de junio, que fue una jornada soleada y con una temperatura más que agradable para la época, centenares de miles de personas provenientes de todo el país comenzaron a confluir en los alrededores del lugar del acto, y no pasó mucho tiempo antes de que la situación empezara a degenerarse, aunque lo peor comenzó algo después del mediodía, cuando arribaron al lugar las enormes columnas de las agrupaciones de izquierda.

En ese momento se inició la masacre propiamente dicha. Desde las posiciones estratégicas que ocupaban, los atacantes abrieron fuego contra sus contrincantes, que se vieron sorprendidos y apenas pudieron responder con el armamento que contaban, en la enorme mayoría de los casos armas cortas, bastante poco útiles en un enfrentamiento a distancia como el que se dio. La situación caótica generó un desbande generalizado entre la multitud, que como se señaló, rondaba los dos millones de personas, entre los que se contaban militantes organizados, pero también centenares de miles de personas que fueron con sus familias al acto que se presumía festivo, con la única intención de poder ver a Perón. Desde el escenario, el maestro de ceremonias del evento, el músico y cineasta Leonardo Favio, intentó poner algo de calma, pero no pudo cumplir su cometido y quedó como rehén de una situación incomodísima al momento que leía proclamas y trataba de seguir adelante con el desarrollo de lo que estaba estipulado, pero consciente de que el tema se había desmadrado completamente. El desconcierto fue tal, que nadie notificó a la multitud presente que Perón no llegaría a Ezeiza, porque ante la situación que se vivía, el presidente Cámpora, que venía en el avión desde Madrid junto a su líder, tomó la decisión de aterrizar en la base área ubicada en la localidad de Morón.

La noche siguiente al episodio, Perón dirigió a través de cadena nacional un mensaje a los argentinos. En el mismo no hizo referencia directa a lo que pasó en Ezeiza, pero sí comenzó a marcar la cancha acerca de lo que pensaba con respecto a la pugna interna que se daba en su movimiento. “No es gritando como se hace patria. Los peronistas tenemos que retornar a la conducción de nuestro movimiento, ponerlo en marcha y neutralizar a los que pretenden deformarlo de abajo o desde arriba”, sentenció Perón, en cuyo ideario político no figuraba ni por asomo la idea de la “Patria Socialista” soñada por el ala izquierda del justicialismo. Pero este lineazo del líder, claramente dirigido hacia los sectores agredidos en Ezeiza, no fue de recibo para sus destinatarios, o al menos eso es lo que se desprende leyendo El Descamisado, el principal órgano y medio de difusión de los Montoneros y la Juventud Peronista (JP). En su edición del 26 de junio de 1973, apenas seis días después de los episodios de Ezeiza, a los que describía en su portada como una “matanza”, el semanario salió enteramente dedicado a la luctuosa jornada. Con profuso material fotográfico, relataba su versión de los hechos y denunciaba a los agresores.

En el ejemplar de la revista apareció un extracto del discurso de Perón, pero no se realizaba interpretación alguna. Un chiste que circulaba en ese momento en Argentina, contaba que Perón iba en su auto por la ruta y al llegar a un cruce de caminos el chofer le pregunta qué hacer, y Juan Domingo le responde: “Lo de siempre: ponga el señalero en la izquierda y doble a la derecha”. Esa idea expresada en el chascarrillo, cada vez fue quedando más clara en los hechos y también se reflejó en las páginas de El Descamisado, publicación que, cambio de nombre mediante a causa de la censura, siguió saliendo hasta mayo de 1974.

El asesinato del sindicalista Rucci por parte de los Montoneros el 25 de setiembre de 1973, apenas tres días después del triunfo electoral de Perón, marcó un nuevo mojón en el distanciamiento. “Me cortaron las piernas”, dijo Perón durante el funeral de Rucci, frase relanzada 21 años más tarde por Diego Armando Maradona durante el Mundial de Estados Unidos, luego de conocer que el control antidoping que le habían realizado tuvo resultado positivo. Los meses que siguieron no mejoraron las cosas, sino que por lo contrario, profundizaron la ruptura entre la izquierda del justicialismo y Perón, que ya enfermo y debilitado, se recostó cada vez más hacia la derecha. Durante la celebración del Día del Trabajador en la Plaza de Mayo el 1º de mayo de 1974, el romance definitivamente terminó, cuando después de ser destratados por Perón, los militantes de izquierda se retiraron. “General: el peronismo piensa otra cosa”, se titulaba la edición de El Peronista (nueva denominación que había tomado El Descamisado), inmediatamente posterior a los hechos de la Plaza de Mayo. El cambio de talante en la relación no tenía vuelta y la posibilidad de reconciliación se esfumó por completo pocas semanas después con la muerte de Perón, el 1º de julio.

 
25
Jun
13

Brasil … la sorpresa movilizadora

 
La sorpresa brasileña
 
¿Quién lo hubiera imaginado en Brasil? El gigante latinoamericano, con extraordinarios logros de los gobiernos Lula/Dilma en crecimiento económico, disminución de la pobreza y la marginación e inclusión de millones de personas en la educación y la salud, estremecido por multitudinarias protestas. Extendidas en las últimas jornadas de San Pablo a Río de Janeiro, Belo Horizonte, Brasilia y a otras grandes ciudades y capitales estaduales, el 17 de junio se calculaba una participación en ellas de más de 200 mil personas.Nadie las esperaba cuando hace dos semanas unos centenares convocados vía Internet por el Movimiento Pase Libre (MPL) se manifestaron en San Pablo contra el aumento de diez centavos de dólar en el precio del transporte público. Demasiado caro, llega ya a 1.50 de dólar. Ese fue el detonador pero en modo alguno el combustible principal de una caldera social en la que evidentemente se acumulan indignación, aspiraciones y demandas, muy añejas y también recientes. Nacido en las universidades, el MPL aboga por la gratuidad del trasporte público.

Hagamos historia. El gobierno neoliberal de Fernando Enrique Cardoso dejó al de Lula una honda crisis económica, inflación desbocada, astronómica deuda pública, desgarramiento del tejido social, desarticulación del Estado y profundización de las desigualdades abismales que padece el país hace siglos; una, la injusta distribución de la tierra. Para el sindicalista fue muy difícil gobernar. A diferencia de Chávez, Evo, Correa y Kirchner, que habían llegado a la presidencia en la cresta de la ola popular, Lula lo hizo en situación de reflujo y eso impidió que contara con mayoría parlamentaria. Para hacer avanzar su agenda social debió aliarse y conciliar con sectores y partidos burgueses y convenencieros y en esas condiciones enfrentar una embestida feroz de la derecha y la gran prensa oligárquica que lo quiso desaforar en 2005. Así y todo su gestión le ganó la relección y propició la clara victoria de Dilma.

De acuerdo con datos de la Cepal, Brasil, con casi 200 millones de habitantes redujo en la última década la pobreza de 37.5 por ciento a 20.9. La indigencia cayó de 13.2 a 6.1. Veintisiete millones de personas dejaron la pobreza en años recientes y es debido a que en el último quinquenio el ingreso del 10 por ciento más pobre subió 50 por ciento, mientras el ingreso del 10 por ciento más rico subió un 7 por ciento. En el gobierno de Dilma los programas contra la pobreza llegan a casi 50 millones de brasileños y cuentan con un presupuesto de 11.5 millones de dólares, 60 por ciento más que al final del gobierno de Lula, en 2010. Brasil tiene en este momento la tasa de desempleo más baja de su historia. Datos que hablan por sí solos.

Lula, junto a Dilma, es y sigue siendo una figura emblemática de la América Latina que derrotó al Alca y creó inéditos instrumentos de independencia, unidad e integración. Unasur, el Mercosur posneoliberal y la Celac no habrían sido posibles sin su concurso. Con sus gobiernos la autoestima de los brasileños ha crecido como nunca y el orgullo evidenciado en las protestas así lo evidencia. Pero aquí la cuestión es cuánto falta por trasformar en un panorama social tan dramático como el heredado por el PT y qué errores propios debe rectificar.

Las calles del país más amante del fútbol rechazan el descomunal gasto público en las obras para la Copa Confederaciones y el Mundial, y sugieren que esos fondos se dediquen a la educación y la salud, donde sigue habiendo grandes carencias. También censuran la corrupción, un mal endémico, que precisamente ahora genera la mayor indignación. Dilma ha echado a ocho ministros por sospechas de corrupción, lo que no hizo ningún presidente anterior. En realidad es muy pronto y los hechos han trascurrido muy veloces como para poder hacerse una idea de la envergadura y de todas las demandas del movimiento.

El capitalismo vive su crisis más profunda y no tiene soluciones para los pueblos. Golpea sin piedad a los jóvenes, que hoy acceden a un veloz flujo de información (y desinformación) antes impensable. Brasil padece una mafia mediática monopolizada y muy reaccionaria, que ya intenta manipular las protestas, pero apenas cuenta con medios alternativos que den voz al pueblo y encausen el indispensable debate. El peligro es que un movimiento social con razones pero sin rumbo abra el paso al regreso de la derecha en 2014, una verdadera catástrofe. Es el momento de la unidad, y la humildad, de la izquierda.

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Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.




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