Archivo para 30 enero 2019

30
Ene
19

el Uruguay de los rícos …

Sin zanahoria enfrente. Liderado por los ricos del campo (latifundistas) un año atrás un Bordaberry salió en TV en nombre de los autoconvocados/unsolouruguay … todo dicho no? quién es quién en éste grupete …

Convocados como un ritual que justifique su existir más que por condiciones objetivas, los autoconvocados llaman a juntarse -lectura de proclama mediante- este enero de 2019, acto que solo puede tener la antesala de la campaña electoral como combustible de su movilización.

Por Ricardo Pose 27 enero, 2019FacebookTwitterWhatsAppGoogle+PrintFriendlyGmailCompartir1

De todas partes ya no vienen

Su capacidad de convocatoria y movilización, como era esperable, sufrió un paulatino y constante proceso de deterioro.

La suma de distintos intereses que se aglutinaron el enero pasado permitía visualizar un conjunto de alianzas de sectores que estaban condenadas a ser más que temporales.

Una de las causas tiene que ver justamente con la diversidad de intereses de clase y económicos puntuales.

Aquellos sectores que reclamaban a gritos el alza del dólar atentaban contra sus aliados más inmediatos; en su desesperación por obtener mejores ganancias en las ventas, se enfrentaban a todos los integrantes de la cadena agrícola que necesitaban un dólar más bajo o sin subas para sostener costos y compras de insumo.

Los sectores asalariados, movilizados como en la época feudal por sus patrones, o como en la era de los caudillos a una guerra que no era suya, bien podían empezar a sospechar que la promesa patronal de mejorar el negocio para repartir el ingreso chocaba con la demanda de desregular las condiciones laborales.

Los torpes intentos de aprovechamiento político por parte de dirigentes del Partido Nacional tuvieron un efecto de implosión, públicamente de bastarda maniobra político-partidaria, con una suerte de erróneas señales desde el comienzo del movimiento.

Las firmas de la proclama de los autoconvocados permitía visualizar que, salvo la Asociación Rural y la Federación, ninguneados desde el vamos por los alzados, pertenecían a sectores que ocupan un lugar en la cadena agrícola que poco tenía que ver con los productores, algunos de ellos chicos y medianos, encandilados e indignados, manijeados, o respondiendo a sus lealtades partidarias.

Las mochilas de Eduardo Blasina no podían tener otro final que colaborar a que una parte de los autoconvocados se volcaran a la aventura de organizar ese engendro de Un Solo Uruguay.

Rematadores de ferias ganaderas, escritorios rurales, prestamistas, transportistas, vendedores de máquinas e insumos agrícolas, importadores, cámaras empresariales, escribanos, y toda una serie de gente que acompaña este movimiento pero que encuentra en otros espacios, organizados o no, lugar para sus lamentos, formaron parte de una multisectorial legión al servicio de unos pocos.

Todos fueron por su tajada

Los esfuerzos de Blasina desde su columna en el diario El País y otros dirigentes de mostrar a USU como una suerte de movimiento social no cuajan; en estos días además, varios productores y asociaciones de productores han salido a separar tantos.

Son una parte de los sectores dominantes, los que portando un discurso virulento saben que no pueden seguirles el tren a los sectores más radicales de la reacción.

Uruguay no es Brasil ni Argentina, y aún en este país hay gestos que políticamente no pagan; podrán exigir hasta el hartazgo que las medidas tomadas no alcanzan, pero las medidas que el Ejecutivo tomó como parte de dar respuestas a sus demandas operó como una bomba de fragmentación a la interna de ellos mismos.

Sin zanahoria

El otro dato fundamental de este enero con respecto al pasado es que no tienen la raíz anaranjada frente a sus ojos que los impulse a caminar.

Lo que denominaron el tarifazo de fines de 2017, y que generó un peculiar estado de ánimo de descontento, fue vital para su aglutinamiento y movilización.

Cuando los tiros contra las medidas económicas del Poder Ejecutivo dejaron de surgir efecto, los problemas reales de rentabilidad del sector volvieron al tapete, y algunos de los grupos movilizados dramatizaron acerca de su crisis real.

Ni una sola mención a las altas rentas, a la colocación en los mercados internacionales y el cambio de precios, al retiro paulatino de algunos sectores de capitales extranjeros que habían dado cierto dinamismo a algunos sectores productivos y un ninguneo constante de las medidas adoptadas por el Ejecutivo, como la rebaja del gasoil productivo y la energía.

Ojo lleno

Sin embargo, subjetivamente, la capacidad de movilización de un sector con posibilidades de hacerlo puede dar lugar a confusiones.

Al igual que la concentración en Durazno el año pasado, las caravanas de camionetas 4×4 y vehículos de alta gama generan una sensación de movilización importante, sobre todo en una temporada que buena parte de la ciudadanía está dedicada a correr olas.

Pero, y acá estamos en problemas, comparado a una izquierda que ha perdido cierta capacidad de movilización y convocatoria.

Las fuerzas en pugna como desde siempre son desiguales y asimétricas; una Coordinadora del Frente Amplio debe hacer un esfuerzo económico y político para movilizar a sus simpatizantes y solo el impulso de contrarrestar y defender desde la indignación permitirá una concentración importante.

Los autoconvocados cuentan con el dinero suficiente a pesar de llorar crisis y, como se vio en Durazno el verano pasado, las empresas de transporte pueden a su costo trasladar el personal que tendrá franco ese día a cuenta de ir a la movilización.

En ese sentido, y viendo la experiencia del año pasado, sacar la cuenta nuevamente de cuánta gente llena el espacio convocado, aunque sea importante, no es lo vital.

Lo vital está en poder seguir visualizando qué sectores son los que siguen movilizados, ofician de motor, de locomotora y de vagón.

Nos vemos en las urnas

 El Frente Amplio no debería cometer la ingenuidad -cartas vistas- de otras fuerzas políticas progresistas en la región.

El dejar de apostar a la movilización popular, a la necesidad de respuestas públicas contundentes, a dejar que el problema lo enfrente solo el Poder Ejecutivo o el Parlamento, se paga en la lucha con la derecha. En el estado actual de la lucha política en Uruguay, no hay entre los que quedan de los  autoconvocados o de Un Solo Uruguay nadie que vaya a cambiar sus convicciones, su discurso, o volver a dar una carta de crédito a las fuerzas progresistas.

Porque lo decíamos en artículos el año pasado y lo sostienen otros compañeros de mejor pluma que esta: la derecha logró después de muchísimo tiempo un sector movilizado, afín al discurso y al programa político sostenido por los partidos tradicionales, en particular el Partido Nacional.

La falta de zanahoria que a ellos les impide juntar más fuerzas es apenas un argumento en el debate político a nuestro favor para demostrar que es un grupo que, en realidad, tras la máscara de defender la producción, el trabajo nacional y de ser los portavoces del campo, vienen a sustituir un gobierno que durante tres décadas distribuyó parte del Ingreso y la riqueza.

29
Ene
19

gobierno del FA avanza …

Foto principal del artículo 'El futuro de la izquierda'

El futuro de la izquierda

escribe: Manuel Laguarda

El primer centenario uruguayo permanece aún en el imaginario nacional como un momento pujante de un país modelo. Tenemos que pensar, diseñar, anticipar el Uruguay del segundo centenario. Las preguntas son tres: ¿en qué medida ha cambiado en las últimas décadas el vínculo de la izquierda con el futuro y con los horizontes utópicos?; ¿cuáles serían en este momento las utopías de la izquierda, cuáles sus modelos de sociedad deseados?; ¿la socialdemocracia es lo máximo a lo que podría aspirarse, en qué medida puede sostenerse el socialismo/comunismo como horizonte y con qué contenidos y orientaciones?

1. Es un lugar común constatar que el vínculo de la izquierda con el futuro y con los horizontes utópicos se ha desdibujado en las últimas décadas. La izquierda se constituye asumiendo la herencia de la modernidad y de la ilustración. La crítica a la realidad existente, la razón como herramienta para la elaboración de un saber orientador y emancipatorio, prerrequisito y anticipo de la propia emancipación individual y colectiva. Un proyecto de sociedad acorde con ese ideal emancipatorio, la utopía en la que se daría el despliegue de todas las potencialidades humanas y la idea del progreso ínsita en la marcha de la historia hacia ese ideal. Para hacer posible todo eso, la izquierda jerarquizará el valor de la igualdad: la libertad será posible si todos pueden acceder a una igual libertad.

El socialismo sumará la crítica al capitalismo y la superación de la propiedad privada de los medios de producción, y el marxismo querrá fundamentar en la ciencia el inevitable colapso del capitalismo y el acceso a una nueva sociedad.

La salida del capitalismo a la crisis de 1973 pasa por la tercera revolución industrial y, en el plano de las superestructuras, por el pensamiento posmoderno, que pone en tela de juicio todo lo anterior, especialmente a las cosmovisiones omniabarcativas y a la inevitabilidad del progreso en la historia.

A esto se suma que por medio de un proceso complejo implosionaron las sociedades del llamado socialismo real. En rigor, no habían llegado al socialismo, sino que, como fruto de sus contradicciones, estaban trabadas en la transición del capitalismo al socialismo. La principal de ellas oponía el dominio de la burocracia reinante con las amplias masas de trabajadores. Esto frenaba el desarrollo de las fuerzas productivas, dificultaba el acceso a la tercera revolución industrial, ahogaba a la democracia y, en definitiva, llevó al colapso del modelo.

La caída del socialismo real es el fracaso de una vía autoritaria de construcción del socialismo y deja la lección de que sin democracia no hay socialismo.

Fracasa también un modelo que se propone la desaparición del mercado y la concentración de la propiedad en el Estado. Y fracasa también el marxismo-leninismo en tanto construcción ideológica que justificaba el dominio y las políticas de la burocracia.

A mi juicio, el colapso de estas sociedades, cuya realidad era invocada como la prueba de la validez científica de estas concepciones, no significa el fracaso del marxismo ni del ideal socialista. Pero era el paradigma ideológico más extendido en la izquierda mundial, lleno de certezas, coherente, compacto, omniabarcativo, con supuestas respuestas para todas las cuestiones, que idealizaba lo propio, ponía todo lo malo afuera, promovía en forma inconsciente la autocensura.

Su caída dejó un gran vacío en el lugar de la utopía y del proyecto, y esto se agravó por varias razones.

Hubo que enfrentar inmediatamente la ofensiva ideológica del neoliberalismo, y eso hizo pasar a segundo plano la crítica a fondo del socialismo real, asumir plenamente su fracaso y las causas de este; todo esto imprescindible para seguir construyendo y avanzando.

Por otra parte, el socialismo democrático tampoco pudo elaborar una alternativa al mundo de la globalización neoliberal. Ante este debilitamiento –también presente en nuestra izquierda y una de las causas de su menor capacidad de entusiasmar y convocar– debemos reconstruir el proyecto y la utopía.

Sin el proyecto –con la mera referencia a la gestión– se pierden los sentidos del accionar propuestas que tengan la suficiente fuerza convocante para ser colocadas en el lugar del ideal de todos los integrantes colectivos que así se identifican entre sí y con el proyecto colectivo.

2. La utopía es la democracia, la radicalización de la democracia, que se afirma en lo político y se expande gradualmente a lo económico-social de tal manera que las cuestiones que hacen a la vida cotidiana de las personas no queden libradas al azar o al caos del mercado, sino que sean fruto de las opciones asumidas conscientemente por la voluntad democrática. Esto supone un largo tránsito que nunca concluye y descarta llegar a una sociedad o a un ser humano transparente, sin contradicciones y conflictos. Es una utopía ambiciosa, a la vez que abierta y en tanto proceso, supone utopías más realistas, más cercanas a nuestro presente, que son a su vez mojones en ese trayecto siempre abierto e inconcluso. Así, la utopía se encarna en lo que Immanuel Wallerstein llamaba utopística: partiendo de la realidad, avanzar experimentando caminos y diseños posibles:

  • La profundización y extensión de la democracia, la articulación de la democracia representativa y participativa, de la descentralización y desarrollo de los poderes locales.
  • La programación democrática, en un régimen de economía mixta, de fuerte peso orientador del Estado y progresiva difusión de las empresas autogestionadas.
  • El desarrollo tecnológico y de las fuerzas productivas, respetuoso del medioambiente, del empleo y de las opciones ético-políticas de los ciudadanos.
  • La reducción progresiva de las desigualdades, en la dirección de la renta básica universal y las propuestas de Anthony Atkinson y Rutger Bregman.
  • La educación y formación permanente para las nuevas ocupaciones y tecnologías. La difusión de un nuevo consenso cultural acerca de las bases de la vida social. La igualdad de género, el respeto a la diversidad y la superación del modelo patriarcal.

Todo esto es en su horizonte incompatible con el capitalismo. Se trata de superarlo no desde un solo centro autoritario y concentrador de todos los poderes, sino horadándolo desde arriba y desde abajo, en una suerte de reformismo revolucionario, que prioriza a la política sobre la economía, la democracia sobre el mercado y la ley sobre el contrato.

Si pensamos en la esfera internacional, el equivalente de todo lo anterior es la progresiva construcción de la gobernanza mundial democrática, superando la crisis mundial civilizatoria por una globalización con reglas democráticas, en la línea de las teorizaciones de Robert Cox y David Held. Y si pensamos en el Uruguay del segundo centenario y en la perspectiva de los próximos gobiernos de la izquierda, es la propuesta al país de un nuevo pacto que pasa por una nueva constitución, un proyecto de nuevo desarrollo que apunte a áreas específicas de nuestra economía potenciando valor agregado, tecnología y empleo calificado, y que se articule con una profunda reforma educativa, una nueva matriz universal de protección social para todos los habitantes, con independencia de su ingreso u ocupación, la erradicación de la pobreza y el combate a las desigualdades.

Una profunda y robustecida democracia, que apele a una ciudadanía ampliada, que recoja la voz de los sindicatos y de todos los sectores y movimientos sociales, pero que a su vez en su síntesis republicana trascienda las visiones corporativas y sectoriales. Todo esto va a implicar el debate, la lucha, el conflicto entre diferentes visiones e intereses presentes en la sociedad.

Sigo pensando que el proceso de gestación de una nueva constitución por intermedio de la Asamblea Constituyente, al comenzar la próxima década, puede ser el ámbito institucional, político y simbólico para forjar ese nuevo contrato hacia el bicentenario.

3. El término “socialdemocracia” tiene cierta ambigüedad. Puede referirse a la asociación de democracia y socialismo, o a una serie de partidos, sobre todo europeos, y a sus trayectorias concretas o a una concepción que apuesta a reformas sin plantearse la superación del capitalismo. En lo personal, pienso que socialismo y democracia son inseparables y entiendo imprescindible la superación del capitalismo por razones éticas y valorativas y por ser incompatible con la vida misma de la humanidad. Y en lo que respecta a los partidos y sus experiencias, me siento muy crítico con muchos de ellos, al mismo tiempo que reconozco que la experiencia concreta de los países escandinavos ha sido la más aproximada conjunción de libertad e igualdad de la historia.

Prefiero definirme simplemente como socialista, pero si hay que precisar o caracterizar más mi posición me autodenomino socialista democrático y no socialdemócrata, constatando al mismo tiempo que la izquierda uruguaya, cuya labor de gobierno ha estado cerca de la socialdemocracia, al mismo tiempo ha sido discursivamente más crítica con ella que con las fallas y fracasos del socialismo real.

Si por comunismo se entiende la experiencia soviética, no se trata de que la socialdemocracia sea un escalón inferior y aquel una meta posterior y más ambiciosa.

No podemos hacer aquí un balance ponderado, con sus luces y sombras, de todas estas experiencias. Lo cierto es que al socialismo no se ha llegado ni por la vía autoritaria ni por la vía democrática, y entonces es válida la pregunta de si el socialismo es posible.

No sabemos la respuesta. Al mismo tiempo, los conflictos y contradicciones del mundo contemporáneo, la crisis civilizatoria actual, hacen imprescindibles soluciones colectivas, racionales, solidarias y democráticas, es decir, lo que llamamos socialismo.

Más que preguntarnos si es posible, se trata de hacerlo posible. Para hacerlo posible, no se trata de repetir sino de aprender de la vida y de la historia. Y para eso lo primero es volver a nombrarlo.

Como decía Walter Benjamin, sólo hay realización del deseo si hay una representación figurativa de este.

Manuel Laguarda integra el Comité Ejecutivo del Partido Socialista. Este artículo forma parte del libro del autor Ensayos socialistas (octubre de 2018).

28
Ene
19

Uruguay y el gobierno del FA

Izquierda e igualdad … a pesar de la derecha criolla

escribe: Gerardo Gadea

La desesperación de las derechas en el mundo de convencer que la izquierda y la derecha “es cosa del pasado”, es una práctica habitual no solo en el Uruguay sino en el mundo entero. Más o menos los caminos ya están todos inventados.

Se apela a la “gestión” a “realizar las cosas mejor” y banalidades de ese tipo, que no comprometen ninguna opinión de fondo. Cuando un candidato se presenta casi exclusivamente con ese formato es un candidato que tiene poco para decir o que quiere esconder lo que realmente quiere hacer. Hágame caso, desconfíe.

Si hay una diferencia entre las izquierdas y las derechas en el mundo es la búsqueda de la igualdad. Así lo afirmaba Norberto Bobbio, filósofo y político italiano de prestigio inigualable.

A veces las izquierdas resignan el crecimiento en detrimento de la igualdad, otras veces las condiciones de vida de las grandes masas son tan penosas que primero se apuesta a crecer y luego se ocupan de la igualdad y en otras ocasiones se crece y a su vez se distribuye.

A la derecha solo le importa crecer. La igualdad no es un objetivo ya que el concepto es que cada cual tiene lo que se merece en función de su trabajo y lo que aporta, sin poner en consideración el punto de partida de cada individuo en contraposición a las izquierdas en donde el concepto reinante es que cada ser humano -por el solo hecho de nacer- tiene derecho a un piso mínimo de bienestar independientemente de su esfuerzo que aminoran el punto de partida. A partir de allí comienzan a pesar los talentos, las capacidades y el trabajo.

Son dos maneras diferentes de ver el mundo.

Uruguay apostó al crecimiento con la búsqueda de la igualdad y lo ha hecho a satisfacción.

Por el lado de los ingresos abandonó la neutralidad tributaria y el sistema regresivo y pasó a un sistema progresivo donde rompió con el desequilibrio anterior entre los impuestos a las rentas y los impuestos al consumo.

Por el lado de los egresos, el gasto social constituyó la base del esfuerzo de todos los uruguayos.

Los resultados están a la vista; son notorios y pueden analizarse a través del Indice de Gini.

Corrado Gini, estadista y economista italiano fue el creador de este Indice económico que lleva su nombre. Es utilizado para calcular la desigualdad de ingresos que existe entre los habitantes de un determinado territorio en donde si el valor es 0 expresa igualdad total y si su valor es 1 representa la desigualdad total. En consecuencia si el Indice es cercano a cero tenemos mayor igualdad y si se aproxima a 1 mayor desigualdad.

Uruguay tiene el mejor Indice de Gini de Latinoamérica con un valor de 0,391. En el año 2004 dicho Indice era de 0,45 por lo que la “década perdida” parece que obtuvo algún resultado en esta materia.

Le sigue Argentina de cerca a pesar que el último semestre del año pasado su economía decreció 4,2%, y con valores cercanos a 0,45 Ecuador, Perú, Chile y Bolivia en ese orden.

No es casualidad que la mayoría de los países que han mejorado sus índices de igualdad han tenido gobiernos de izquierda, apenas se cuela Perú en esa lista. Brasil no está en la lista -es la excepción que confirma la regla- ya que han decaído estrepitosamente todos sus indicadores.

De manera complementaria Uruguay tiene el mejor PBI per cápita de Latinoamérica 17.379 superando a Chile, Panamá, Costa Rica que son sus seguidores inmediatos.

Uruguay es el mejor de la clase en toda Latinoamérica en lo que refiere a la distribución del ingreso y el PBI per cápita. No está mal para una década perdida.

25
Ene
19

El fascismo en Uruguay

Memorias del Escuadrón … al amparo de gobiernos colorados y la complicidad de los blancos.

El poeta Íbero Gutiérrez, una de las víctimas.

Nota de: Semanario Brecha / Uruguay

El Escuadrón de la Muerte –como genéricamente se llama a una constelación heterogénea de grupos terroristas parapoliciales y paramilitares que operaron desde mediados de 1970 hasta comienzos de 1973 bajo la dirección de los ministerios del Interior y Defensa y de la Presidencia de la República– nació en la embajada de Estados Unidos en Montevideo. Fue impulsado por los agentes encubiertos de la cia –algunos con fachada diplomática, otros como asesores de la Agencia Interamericana de Desarrollo– que supervisaban la Dirección Nacional de Información e Inteligencia.

Por lo menos cinco funcionarios policiales de jerarquía integrantes del Escuadrón estuvieron a sueldo de la cia: los inspectores Víctor Castiglioni y Jorge Grau Saint Laurent; el comisario Hugo Campos Hermida; el oficial inspector Pedro Fleitas, y el fotógrafo policial Nelson Bardesio. También colaboraban con la cia tres civiles: el ex interventor de Secundaria y subsecretario del Ministerio del Interior Armando Acosta y Lara, el médico paraguayo Ángel Pedro Crosa Cuevas y el entonces estudiante Miguel Sofía, miembro de la Juventud Uruguaya de Pie (jup), una banda fascista que desde mediados de los años sesenta realizaba sistemáticos atentados y agresiones contra estudiantes y sindicalistas.

A partir de julio de 1970, el Escuadrón adquirió otra dimensión y proyección con la formación de grupos clandestinos que centrarían sus objetivos hacia lo que se denominaba la periferia del mln: familiares de guerrilleros clandestinos, abogados de presos políticos y activistas estudiantiles investigados por su posible vinculación con los guerrilleros. El cambio cualitativo fue la decisión de utilizar explosivos plásticos para los atentados y de concretar desapariciones y asesinatos a modo de represalia.

En setiembre de 1971, tres meses después de la desaparición del estudiante Abel Ayala, del asesinato de Manuel Ramos Filippini (cuyo cuerpo fue abandonado en unas rocas de Pocitos acribillado de catorce balazos y lacerado por múltiples torturas), y de la desaparición de Héctor Castagnetto (véase en este informe la confesión de Bardesio), el ministro del Interior del gobierno de Jorge Pacheco, el brigadier Danilo Sena, admitía explícitamente el vínculo oficial con las bandas parapoliciales. En un despacho a Washington el embajador de Estados Unidos, Charles Adair, resumía los términos de una conversación con el ministro: “Dijo que Uruguay en esos momentos estaba en guerra contra el terrorismo y que en esa lucha era necesario recurrir a todo tipo de acciones. Luego afirmó que existía una muy real posibilidad de que el mln, a través del temor, sucesivamente paralizara y neutralizara a todos los elementos que se oponían a su intento de destruir las instituciones uruguayas. El gobierno uruguayo tenía que demostrar que el mln no era todopoderoso y eran necesarios muchos y diferentes tipos de acción para comprobarlo”.

En diciembre de ese año un informe de la embajada estadounidense hacía un balance de la operativa del Escuadrón: “Existen serias dudas de que tales grupos hayan sido eficaces contra los tupamaros o los otros izquierdistas que constituyeron sus principales objetivos. La acción en menor escala de estos grupos distrajo la atención oficial y el esfuerzo por mejorar los programas antisubversivos de la policía normal, y a la vez despertaron cierta simpatía del público por las víctimas izquierdistas del ‘Escuadrón de la Muerte’”.

Una reflexión similar a la del ministro Sena, reproducida también en un documento desclasificado del Departamento de Estado, fue trasmitida en una conversación con diplomáticos estadounidenses por el entonces candidato presidencial Jorge Batlle. Batlle se lamentaba de que su derrota en las elecciones de noviembre de 1971 hubiera abortado un “plan” para la solución de la violencia, por lo que sólo quedaba combatir a la subversión “con sus propios métodos”.

La nueva estructura del Escuadrón exhibía, en el otoño de 1971, un nivel de decisión y de autorización de operativos que recaía en los subsecretarios del Interior y de Defensa. A lo largo de ese año ocuparon la subsecretaría del Interior el abogado Carlos Pirán, el coronel Julio Vigorito y el profesor Armando Acosta y Lara. En un nivel inferior se ubicaban los funcionarios que oficiaban de enlace: el coronel aviador Walter Machado, primero, y después el capitán de navío Jorge Nader Curbelo coordinaban con el Ministerio de Defensa. A su vez, el capitán de la Armada Ernesto Motto Benvenuto realizaba tareas de enlace del Estado Mayor Naval con la Jefatura de Policía. El inspector Pedro Fleitas, secretario del coronel Volpe (encargado por el presidente Pacheco del Registro de Vecindad), hacía de enlace con los jefes de los grupos operativos. Los jefes de departamento de la Inteligencia Policial (Castiglioni, Macchi, Campos Hermida) eran responsables de suministrar armas, explosivos, vehículos, cobertura y eventualmente personal.

El médico paraguayo Crosas Cuevas era de alguna manera el jefe operativo de varios grupos del Escuadrón. De las confesiones de Bardesio a los tupamaros surge que estaba en posición de dar órdenes al subcomisario Óscar Delega, al oficial Fleitas, al subcomisario Pablo Fontana y al propio Bardesio, quien oficiaba de coordinador entre los grupos (por lo menos tres) y el Ministerio del Interior.

Los miembros del Escuadrón se reunían en el estudio fotográfico Sichel, de la calle bulevar España, donde Bardesio revelaba las fotografías tomadas en el Aeropuerto de Carrasco de los pasaportes de viajeros con destino a Cuba, y que después entregaba a sus contactos de la cia en la embajada estadounidense. Una casa de la calle Araucana, en Carrasco, alquilada por el Ministerio del Interior, era otra base de operaciones del Escuadrón, regenteada por el paraguayo Crosas y Miguel Sofía. Algunas reuniones se efectuaron en el apartamento del embajador de Paraguay en Montevideo, en el edificio Panamericano, mientras que las instalaciones del Club Naval servían para sesiones de entrenamiento de miembros del Escuadrón.

Desde el Ministerio del Interior se desarrollaron los contactos con aparatos de inteligencia de Argentina, Brasil y Paraguay, con vistas a obtener apoyo para los grupos parapoliciales. Pirán –quien expresamente encomendó a Bardesio la formación de un grupo operativo que después se conocería como Comando Caza Tupamaros– negoció con la side argentina el desplazamiento de cuatro policías que realizarían entrenamiento en el uso de armas y explosivos. El acuerdo se tejió directamente entre el presidente Pacheco y el general Roberto Levinston, que había sucedido en la presidencia argentina al general Onganía. Uno de los policías que recibían los cursos, Nelson Benítez Saldivar, reveló que en el interin Levinston fue desplazado por el general Alejandro Lanusse, lo que generó inquietud respecto de la suerte que podrían correr los “estudiantes” en Buenos Aires. Benítez contó que a los pocos días fueron informados: “No se preocupen que hoy Lanusse confirmó el curso con el presidente Pacheco en comunicación directa”. Los contactos con Brasil fueron realizados por el comisario Campos Hermida por orden del subsecretario Acosta y Lara. Por lo menos dos funcionarios de la Dirección de Inteligencia se trasladaron a Brasil; ambos participaron en el asesinato de Castagnetto.

OTRAS APOYATURAS. La embajada estadounidense en Montevideo tenía una visión más general: un documento de diciembre de 1972 hacía un balance de “la asistencia de terceros países en seguridad interna”. Los asesores (el capitán Morgan, el coronel Kerr y teniente coronel Haynes) se manifestaban incapacitados para estimar el monto de la “asistencia abierta” que las fuerzas policiales y militares uruguayas recibían de sus vecinos, aunque suponían que, “en todo caso, no es ni grande ni decisiva para los esfuerzos antiterroristas de las Fuerzas Conjuntas”.
El mayor volumen de ayuda consistía en el suministro de municiones, armas cortas, gases lacrimógenos, y equipo de transporte y comunicaciones, e involucraba “varios milllones de dólares”; pero la principal ayuda “es el entrenamiento en las escuelas militares argentinas, así como en las de Brasil y España”.

Junto con la asistencia abierta –afirmaba el documento desclasificado por el Departamento de Estado– “hay también evidencia de que Argentina, Brasil y quizás Paraguay hayan dado alguna clase de soporte para los grupos uruguayos clandestinos antiterroristas. Tal ayuda no ha llegado a través de los canales militares regulares, pero sí a través de las respectivas agencias de seguridad en los dos países, el Servicio de Información del Estado (side) de Argentina, y el Servicio Nacional da Informação (sin) de la Policía Federal de Brasil”. El informe evaluaba que debía existir una “variedad de grados de coordinación en inteligencia” entre los servicios uruguayos y los de los vecinos.

Esta clase de “asistencia” encubierta desde Argentina estuvo “limitada al entrenamiento de unos pocos oficiales”. En cambio, afirma el documento, “los brasileños entrenaron a militares y policías uruguayos vinculados a grupos antiterroristas que pusieron bombas, secuestraron y hasta mataron a sospechosos de ser miembros de grupos terroristas de la izquierda radical”.

LAS ACCIONES. Ciertas armas y los explosivos plásticos llegaron a Montevideo por valija diplomática desde Brasil y fueron usados en el rosario de atentados que jalonaron la campaña electoral de 1971. Además de las decenas de atentados contra los locales de los comités de base del Frente Amplio, y contra las sedes de los partidos que lo integraban, un blanco predilecto del Escuadrón fueron los abogados defensores de presos políticos. Arturo Dubra, Dellacqua, Alejandro Artuccio y María Esther Gilio sufrieron atentados reiterados que destrozaron parcialmente sus casas. Profesores de enseñanza secundaria fueron objeto sistemático de atentados con bomba, así como editoriales, librerías e iglesias. Entre comienzos de 1970 y comienzos de 1972 se contabilizaron más de 200 atentados, 54 sólo entre noviembre de 1971 y marzo de 1972. Ni uno solo de esos hechos fue investigado por la Policía. Ningún responsable fue identificado (véase cronología del semanario Marcha).

Por lo menos en dos ocasiones el Escuadrón intentó asesinar al candidato presidencial del Frente Amplio, el general Liber Seregni, durante las giras de campaña electoral. Una emboscada planificada en Rivera logró ser eludida cuando la dirección del Frente Amplio cambió el recorrido de la caravana a último momento, gracias a un alerta. En Castillos la caravana fue tiroteada y en el tumulto durante un acto murió un joven de un disparo.

Otro asesinato planificado por el Escuadrón sucedió el 28 de febrero de 1972 y al parecer fue una respuesta directa al secuestro de Bardesio, ocurrido tres días antes. El cuerpo del estudiante Ibero Gutiérrez, de 22 años, fue abandonado en un baldío a pocos metros de la intersección de Camino de las Tropas y camino Melilla; exhibía fracturas múltiples y 13 impactos de bala. A su lado un cartel decía: “Vos también pediste perdón. Bala por bala. Muerte por muerte. Comando Caza Tupamaros”.

El 14 de abril de 1972, en función de las confesiones de Bardesio, los tupamaros desataron una violenta acción de represalia (véase cronología de Marcha) y simultáneamente enviaron a diversos legisladores los casetes con los interrogatorios al fotógrafo policial, transcripción conocida como “las actas de Bardesio”. Una mayoría parlamentaria prefirió ignorar las evidencias sobre la existencia del Escuadrón de la Muerte. De todas formas, los grupos paramilitares y parapoliciales dejaron de operar. Las Fuerzas Armadas ocuparon su lugar, y a partir de la declaración del estado de guerra interno desplegaron los mismos métodos pero en una dimensión superlativa, configurando el terrorismo de Estado que implicó la violación sistemática de los derechos humanos durante más de una década.

25
Ene
19

Maduro NO se va, gánenle en las urnas …

Realizaron concentración en apoyo a Maduro en la embajada de Venezuela

El embajador venezolano dijo que el planteo de Uruguay y México de dialogar “es lo que ha planteado Maduro estos diez años”. N

ANTE la IMPOSIBILIDAD de GANAR en las URNAS, APELAN al IMPERIO YANKY y a la DERECHA FASCISTA de la REGIÓN …

El embajador de Venezuela en Uruguay, Julio Chirino, asistió a una concentración que se realizó este jueves en apoyo a Nicolás Maduro y en rechazo a la asunción de Juan Guaidó como presidente interino. AdvertisementYou can close Ad in 3 s

Chirino habló con la prensa sobre la aprobación de Maduro del planteo de Uruguay y México de buscar una salida del conflicto a través del diálogo y dijo que se trata de “un planteo amparado en el respeto a la institucionalidad democrática, el camino que ha planteado Maduro estos diez años: diálogo, respeto a la Constitución y Estado de Derecho”.

Asimismo, el embajador dijo que Venezuela enfrenta una “grave amenaza” que es la “posibilidad de una intervención militar de Estados Unidos, anunciada por el presidente y el vicepresidente” de ese país.

“Esa amenaza es latente”, dijo Chirico. “En 2015 Estados Unidos nos declaró una amenaza militar para ellos”.

Asistieron a la movilización figuras políticas como Ernesto Agazzi, Juan Raúl Ferreira, Eduardo Rubio y Daniel Placeres.

22
Ene
19

Wilson …

CENTENARIO de WILSON

Tolerancia y amplitud …

EL SENTIDO POLÍTICO y ÉTICO de WILSON, JAMÁS PODRÍA ESTAR CON LA DERECHA HERRERISTA y MENOS CON SU CANDIDATO LUIS LACALLE POU. UNA DERECHA CUASI-FACHA …NO ES “WILSONISMO” !!

escribe: Juan Raúl Ferreira.

P

En el año del centenario del nacimiento de Wilson, hemos estado pensando en voz alta cómo podríamos recordar su figura. Es año electoral y eso trae aparejada la tentación de caer en homenajes que no sean tales, sino actos proselitistas. En el último número hablábamos de lo selectivo de algunos actos recordatorios. Se resalta un solo aspecto de su multifacética vida. El Wilson de la gobernabilidad, el interpelante, el combatiente contra la dictadura. Por eso llamamos a nuestra última nota ‘Un solo Wilson’ porque siempre fue el mismo, con aciertos y errores, actuando en circunstancias históricas cambiantes. Hoy hablaremos del respeto y la amplitud que debieran tener los homenajes de este año.

En el mundo, el debate de ideas ha dado paso a la confrontación; la riqueza del crisol de culturas, al racismo; la tolerancia a la diversidad, a la homofobia y el antifeminismo (algo más que machismo); y la contención, a la represión. Muy triste. Los presidentes se comunican por Twitter; la cooperación internacional dio paso a un nivel de enfrentamiento que tiene al mundo en vilo. La  anunciada guerra comercial cada vez se acerca más a la armada. Es más, aun en nuestro continente, hemos tenido que ver como se invita, desde organismos internacionales llamados a preservar la paz, a una invasión externa a territorio latinoamericano.

Lamentablemente -quizás no con la misma intensidad- en Uruguay se empiezan a sentir algunas de esas expresiones, tan ajenas a nuestra identidad nacional. Mi madre me contaba siempre que desde los nueve años le pedía que me llevara a las barras de la cámaras. Hoy no aguanto una transmisión televisiva de una sesión. Es cierto, es un fenómeno mundial. Pero antes nos enorgullecíamos de ser distintos. A mí no me gustaba mucho el mote de la “Suiza de América”, con el que nos conocían alrededor del mundo. Contribuyó a hacernos mirar a más a Europa que a nuestros hermanos de la Patria Grande. Pero, en cambio, me llenó de orgullo cuando, tras consolidarse la democracia en Costa Rica, se le empezó a llamar el Uruguay de Centroamérica.

Wilson fue un adversario temible. Nunca mezcló lo personal con sus ideas y posicionamiento político. Fue duro y respetuoso en el debate. Jamás llevo la legítima discrepancia al terreno del enfrentamiento personal.

Del grupo por el que ingresó por primera vez al Parlamento (lista 400), se alejaron muchos de sus grandes amigos. Emigraron al Fidel o directamente al Partido Comunista: Paco Espínola, Luis Pedro Bonavita, Luis Soares Netto, entre otros. Le apenó, lo discutió con ellos, pero nunca fue motivo de distanciamiento personal. Eran tres amigos que quería profundamente. Y siguieron siéndolo por siempre.

Todo esto habrá que tenerlo en cuenta a la hora de recordarlo. No se puede rendir tributo a Wilson con agravios y descalificaciones contra los que no piensan como uno. En esto, dicho en ánimo constructivo, las redes no han ayudado mucho. Pero los dirigentes, si lo son de verdad, deben de hacerse cargo de la conducta de sus militantes. Si en el Parlamento ante cualquier circunstancia insultan, los militantes hacen lo propio y muchas veces lo trasladan al campo de la violencia.

Dicho esto, queremos señalar dos ideas claves para este centenario: compartiendo o no sus posiciones, no debemos situarlo donde nunca estuvo. Respetar su derecho a no ser contemporáneo de este tiempo y, por tanto, no lanzar ideas en su nombre para un tiempo que no vivió. Repudió el neoliberalismo cuando fue ministro, cuando hizo oposición a los gobiernos de Pacheco y Bordaberry, durante el exilio y en cuanta conferencia dio en Uruguay y en el exterior luego del regreso. Reivindicó los principios esenciales de su programa del 71, “Nuestro compromiso con usted”, hasta su muerte. No digamos, en su honor, que este “era un mamarracho.” Ese “mamarracho”, según han hecho público algunos dirigentes, fue su bandera. La abrazó y abrazado a ella vivió hasta su último momento.

El gran desafío en su centenario es, pues, no hacer actos proselitistas. Reconocer que Wilson, como otros grandes del siglo XX, trascienden sus propias divisas. A veces, confundiendo posiciones personales con la investidura que se ostenta, se han celebrado actos -el año pasado- que fueron de extremo sectarismo. Esperemos que con el esfuerzo de todos este año no ocurra.

Ni unos ni otros podemos atrevernos a adueñarnos con fines electorales de su figura. Es de todos. Y el mejor honor que podemos tributarle es celebrar su huella juntos, quienes entendemos que se sirve mejor a sus ideales, desde un partido u otro. Si no, serían homenajes muy truncos, como diciendo: “Wilson, inscribí la propiedad de tu memoria en una escribanía”. Es como usar un homenaje para decirle: “Wilson, no entendí nada”.

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