Jaime Pérez, el último secretario

escribe: Esteban Valenti (*)

Ser Secretario General – o mejor dicho Primer Secretario de un Partido Comunista -, tenía muchos significados y una larga historia nacional e internacional. A veces bastante tormentosa. No en todas las latitudes y épocas tuvo y tenía el mismo significado.

Pero algo era común a todos, era sin lugar a dudas la máxima autoridad del partido, la cúspide de su estructura, el perno sobre el que giraba para bien o para mal todo el engranaje del centralismo democrático.

Y el centralismo democrático, no era una forma organizativa, estaba integrada a ese conjunto totalizador que definía la propia existencia de un partido comunista, el marxismo leninismo en los aspectos ideológicos, teóricos y políticos, el internacionalismo proletario en el manejo de las relaciones internacionales y el centralismo democrático.

Se cumplen diez años de la muerte de mi compañero y amigo Jaime Pérez y no quiero escribir una columna de ocasión, de circunstancia. Jaime no se lo merece y nosotros tampoco. Diez años son suficientes para reflexionar, mirar el pasado y el presente con más perspectiva y bajarse totalmente de la retórica en la que los muertos son siempre perfectos.

A Jaime Pérez lo conocí poco antes del golpe de Estado. El era el Secretario Departamental de Montevideo del PCU y yo del sector universitario de la UJC. No teníamos muchas tareas y frentes de trabajo en común. Él era uno de los máximos, seguramente ya el segundo dirigente en importancia en el PCU y yo uno más de las decenas de integrantes del Comité Central. No voy a dorar la píldora.

La primera vez que hablé largo con él, personalmente, fue cuando vino a visitarme, disfrazado – porque las fuerzas conjuntas lo estaban buscando intensamente – en el año 1974 y me ”propuso” que viajara a Buenos Aires a organizar el aparato clandestino del partido en la Argentina. Y digo a proponerme porque nunca me dio la mínima impresión de que era una ”orden”. Yo me creí todo el verso de que era por unos meses y que operado Altesor y organizada la estructura yo volvería al Uruguay. No descarto que me lo quisiera creer.

Después, por 11 años – y luego de ser detenido junto a Jorge Mazarovich, en una reunión organizada por el traidor o el infiltrado del ”pato” Coirolo -, se transformó en un mito, un símbolo de dirigente comunista preso y torturado hasta el borde de la muerte, de la resistencia; y me unió a él, un profundo sentimiento de humanidad de solidaridad y por qué no decirlo, de vergüenza, por los que se habían quedado afrontando todas las consecuencias. Fue uno de nuestros grandes presos.

Al regresar al Uruguay y comenzar a reconstruir el partido legal, porque el clandestino había resistido todos los embates a los largo de once años, trabajamos con Jaime muchos años juntos y nos hicimos muy amigos y compañeros, nos conocíamos defectos y virtudes. Así son los verdaderos compañeros y amigos.

Tenía desde antes una imagen: Jaime Pérez, era de esos que siempre estaban donde había que estar, sin mucho lustre, sin grandes relumbrones; si había que defender la casa del PCU de la calle Sierra y ligarse una puñalada, allí estaba Jaime y nunca más lo contaba o lo recordaba; si había que llegar primero al local del PCU – asaltado un 15 de abril de 1972 por los grupos para-militares y donde había centenares de universitarios amenazados -, allí estaba, arriba de la escalerita junto con Héctor Gutiérrez Ruiz; si había que suplantar a Arismendi – que había sido detenido y estaba preso-, era normal y esperable que el lugar lo ocupara Jaime Pérez; si había que organizar el aparato militar también era seguro que allí estaría Jaime. Y eso sucedió en un partido donde había decenas de cuadros brillantes y descollantes.

Lo cierto es que desde 1984 a 1990 en el Partido, y luego fuera de él, ya en situaciones muy diferentes, siguió siendo mi compañero y amigo. Teníamos dos habitaciones en la sede central del PCU, una al lado de la otra y la verdad es que las vimos de todos los colores. Y yo lo quise y lo aprecié mucho a Jaime, ese obrero judío, tranquilo y paciente, valiente en las del cuero y todavía más, en las de las ideas.

Por eso seguramente mi visión será subjetiva y parcial, pero voy a hacer el máximo esfuerzo por contar, por relatar sin afeites, lo que viví y vi de Jaime Pérez.

Como en su vida de ”rosas” le faltaba algo, se fue a la URSS y le diagnosticaron en 1986 un cáncer de páncreas y muy pocos meses de vida. Volvió al Uruguay desahuciado; y aquí -en la mutualista MIDU y con el doctor Ricardo Caritat a la cabeza (bautizado por mi cariñosamente Shaka Zulú) – le cambiaron todo. Tenía una pacreatitis y vivió varios años, hasta el que el Alzheimer se lo llevó, primero por los caminos del olvido y luego de la muerte.

¿Cuánto influyeron en su salud las torturas, la cárcel, los límites a los que lo llevaron sus torturadores y verdugos? Nunca lo sabremos. Nunca pude hablar con él de esos temas. Los rehuía.

Jaime Pérez tuvo un papel fundamental en la total frenteamplización del Partido Comunista, al menos de la mayoría de los comunistas de aquellas épocas, que éramos muchas decenas de miles. Lo demostró en todo su aporte como dirigente del PCU a todos los niveles y como primer secretario. Y lo demostró con gestos definitorios, de un profundo sentido político e ideológico.

En el tema de los derechos humanos, en el PCU había posiciones diversas, no explícitas, no tan evidentes, pero sin Jaime Pérez el PCU no hubiera jugado todas sus cartas a la batalla contra la impunidad, por el voto verde y al cambio que esa batalla tuvo en la propia identidad de los comunistas uruguayos. Hagan un poco de memoria de la posición del PCU a la salida de la dictadura, concentrándose casi exclusivamente en otros temas políticos. Yo lo recuerdo muy bien.

¿Fue sólo Jaime? No, influyeron varios factores, entre otros Germán Araujo, la formación de la Comisión de Derechos Humanos del PCU, etc. pero quiero subrayar el papel decisivo de Jaime en ese frente y nunca, absolutamente nunca jugó en su posición sobre este tema tan complejo, su particular situación personal durante la dictadura. Sin Jaime ese cambio no hubiera sucedido. Y lo digo con profundo conocimiento de causa.

Recuerdo el debate en el Comité Ejecutivo sobre el balance del resultado del plebiscito y la defensa por parte de Jaime de la tesis de que los promotores de la impunidad ”habían ganado pero no habían convencido”, pero que los partidarios del voto verde habíamos sido derrotados; contra la tesis de que de todas maneras había avanzado la revolución y la izquierda y por lo tanto era en cierta forma una victoria. El sintió esa derrota, como lo que era, una derrota de los valores y del sentimiento democrático y la sensibilidad de mucha gente. Y no era una discusión cualquiera, era un cambio profundo y definitorio en el PCU.

Jaime fue fundamental para que el Partido aprobara no sólo la candidatura de Tabaré Vázquez a la intendencia de Montevideo por el FA en 1989 – y quiero recordar que en esa ápoca los comunistas teníamos una importante mayoría en toda la estructura de base del FA, y estamos hablando de centenares y centenares de comités con funcionaban a todo ritmo y con una amplia participación -, junto con Leopoldo ”el Polo” Bruera , fueron fundamentales para que Danilo Astori encabezara la candidatura al senado en todas las listas del FA, como gesto de frenteamplismo y de respuesta a la fractura que pocos meses antes se había producido. Y vamos a recordar, los que teníamos que pagar el cargo en el senado éramos los comunistas, así que todos los sectores y partidos, encantados y entusiastas, pero a la 1001 y al PCU el entusiasmo le costaba un senador

Y como eso no alcanzó, la 1001 por propia y autónoma decisión resolvió que todos los suplemente de Astori fueran dirigentes independientes y no integrantes ni del PCU ni de la 1001. Otros tiempos.
Este gesto ponía en discusión la posibilidad que el PCU tuviera un senador propio, porque la lista estaba encabezada por Astori, en segundo lugar estaba Germán Araujo, en tercer lugar Jaime Pérez y cuarto Rodney Arismendi. Así que fue un gesto generoso, unitario y poniendo el propio cargo de senador, el de Jaime en juego Otros tiempos. Sacamos 4 senadores.

Eran momentos muy difíciles, el muro de Berlín se caía a pedazos, literalmente, la izquierda uruguaya se había dividido y dos importantes grupos se habían separado con el claro objetivo de transformarse en la alternativa a los partidos tradicionales con la exclusión de las fuerzas marxistas y relegar al FA a un cuarto lugar; y además, habíamos perdido la batalla contra la impunidad. Peor, solo un tsunami fuerza 5.

A eso había que agregar que las tensiones, los debates internos en el PCU ya eran muy fuertes y duros. Porque se derrumbaba nuestro paradigma y varios de nuestros paradogmas, porque todos los temas humanos y políticos pendientes y ardiendo de la salida de la dictadura, comenzaban a emerger con mucha más fuerza. Muchos cuadros dirigentes y militantes de antes, de durante y después de la dictadura, se iban quedando por el camino. Un proceso desconocido en el PCU desde el año 1955.

Jaime tuvo que afrontar como primer secretario todos esos procesos juntos. En el plano político tuvo aciertos innegables. La batalla electoral de 1989, tuvo una orientación y un enfoque unitario y concentrado totalmente contra la derecha y sin casi ninguna atención hacia los que se habían ido del FA, por el aporte de Jaime Pérez. Sin esas posiciones políticas, ni la mejor campaña propagandística y publicitaria nos hubiera permitido sacar el 47% de los votos del FA para la 1001 y sobre todo derrotar totalmente el proyecto de postergar al FA y torpedear su proyecto histórico.

No lo hizo solo, hubo un conjunto de cuadros que participamos desde diversas posiciones a en esas batallas, pero los que conocen un PC desde dentro saben que eso hubiera sido imposible sin Jaime. Incluso la campaña publicitaria fue posible por el respaldo incondicional de Jaime Pérez, en polémica con otros compañeros. Y las discusiones eran fuertes.

A Jaime le tocó además la pequeña tarea de ser primer secretario luego de Rodney Arismendi y cuando éste ocupaba la presidencia del Partido, un cargo desconocido para nuestra tradición, al menos desde el año 1955. No sé si antes existía, lo dudo.

No voy a hablar de Rodney Arismendi, pero su nivel teórico, su capacidad intelectual, su nivel cultural, su carácter como jefe del partido, sus aportes teóricos e ideológicos en el mundo comunista -no solo a nivel de Uruguay, sino como yo pude comprobarlo en el respeto que le tenían los comunistas italianos, aún en medio de la polémica con el eurocomunismo -, es ampliamente conocido. Y de muchos otros países.

Es mala cosa, lo que hacen algunos, que es comparar a ambos personajes. Eran y fueron totalmente diferentes y no se puede juzgar a Jaime Pérez por comparación.

Yo podría decir que para la política, para las relaciones con las otras fuerzas de izquierda, en sus vínculos con la base del partido, con los dirigentes sindicales, con el funcionamiento diario del PCU, Jaime fue una pieza clave, vital para los comunistas. Sin el brillo intelectual y teórico de Arismendi, pero con la sensibilidad popular y política de Jaime que fueron un gran aporte.

Y no lo digo, por mi amistad y mi cariño por Jaime, lo hago por estricta justicia, por lo que compartí durante varios años. Y eso con un grupo dirigente de cuadros experimentados y muy capaces, posiblemente demasiado experimentados que deberían haber dado un paso al costado para una renovación mucho más enérgica. Parte de la responsabilidad de ese proceso de restauración de los viejos cuadros fue mía, porque aunque era joven, estaba en el corazón del aparato y no me jugué adecuadamente por una renovación que también debía de ser de hombres y mujeres nuevas, con experiencias nuevas. Ahora es historia.

Y Jaime se la jugó en un momento clave de la imprescindible renovación radical que se debía producir en el PCU, la discusión crítica y el abandono del concepto de la dictadura del proletariado, con todas las connotaciones profundamente antidemocráticas envasadas con moños ideológicos y teóricos de seda que tenía esa concepción. Lo hizo frente al país, a su conciencia y a su propia vida cuando dijo: ”Yo no quiero dictaduras de ningún tipo” Lo dijo por televisión y comenzó la implosión del PCU.

Esa misma implosión, demuestra que en el PCU, en nuestras almas y en nuestras mentes, convivían conceptos contradictorios importantes y definitorios, queríamos separar la historia concreta vivida y sufrida por muchos pueblos, entre ellos nada menos que los soviéticos, y nuestra teoría. Jaime pagó muy caro esa audacia.

Pero sobre todo pagó más caro su renuncia a utilizar el aparato, los estatutos, el centralismo democrático (que es, la dictadura del proletariado dentro del Partido). Y no fue en cualquier circunstancia, lo hizo cuando renunció a utilizar los estatutos, palabra casi sagrada en el PCU, en la lucha contra las fracciones para dirimir un debate interno. Contaba con una mayoría de más de 60 dirigentes en un comité central de 70 miembros. Y me quedo corto.

Levantando la sagrada bandera de la lucha contra el fraccionalismo, que funcionaba a toda vela, podía haber promovido la expulsión del partido de esos sectores. Y digo sectores porque la vida demostró con su dura realidad que confluían tanto en la renovación como en la conservación, ideas, proyectos, propuestas e ideologías bastante diferentes. Basta mirar ahora la situación y los que tomaron los más diversos caminos, o simplemente quedaron a la vera.

Los odios y los agravios eran en cierto tiempo inevitables, eran la consecuencia lógica de ”nos habíamos amado tanto” y de ser un partido sólido y sin fisuras Los grandes amores generan grandes odios. Contra mí, era hasta lógico, pero lo que le hicieron a Jaime, sigue siendo imperdonable, por su historia, su sacrificio, su aporte de toda una vida y en muchos casos por los desgraciados que se lo hicieron, que no le llegaban a la suela de los zapatos del comunismo y su historia. Algunos que algún día tendrán que rendir cuenta de su comportamiento durante la dictadura. La verdad es siempre revolucionaria.

Los que se quedaron en el partido, cambiaron sus posiciones históricas y siguieron adelante, no tengo nada que reprocharles, eran posiciones ideológicas y políticas las que estaban en juego y las que definieron la situación, aunque a veces los métodos no hayan sido muy cordiales por cierto. Esos procesos son siempre dolorosos. El Frente Amplio nos contuvo a todos. A los que desprecio profundamente es a los que se atrevieron a llamar traidor a Jaime Pérez. Esa no fue una injusticia política, fue una miseria humana.

Jaime cometió errores, pero incluso eso lo distinguió. ¿Alguno recuerda algún error explícito de Rodney Arismendi? Y reitero, no me gusta hacer concursos, son estilos y visiones diferentes del papel de un primer secretario. Jaime siempre estuvo y asumió las discusiones y su papel, incluso los errores. Fue un combatiente en primera persona contra la teoría y la práctica de la infalibilidad del jefe.

Voy a recordar dos errores importantes de Jaime. Sus declaraciones sobre que la creación del aparato militar del PCU fue para dar la lucha ideológica contra las teorías foquistas y guerrilleras del MLN. Grave error. Porque no era cierto, y no lo era en la concepción, en las dimensiones del aparato, en la base teórica y política que tuvo y, más importante todavía, porque no era la visión de cientos de cuadros, de militantes que se la jugaron en serio para formarlo, organizarlo, hacerlo funcionar y pagaron muy caro sus ideas y sus tareas. No fue justo en ningún sentido.

El otro, fue no haber abierto mucho más las puertas del balance de todo el periodo anterior, de los aciertos, de la valentía y de los errores cometidos y la promoción de muchos cientos de nuevos dirigentes que se habían forjado durante la dictadura y a la salida de ella. No voy a cansarlos con mi propia responsabilidad, pero Jaime era el primer secretario. El último primer secretario de un gran Partido Comunista que tuvo el Uruguay.
Cuya mayor diferencia en relación a la inmensa mayoría de otros partidos es que hizo política en serio, que construyó alternativas unitarias, que aportó todo su esfuerzo a la unidad sindical, social y política; que llegado el momento se jugó con todas sus fuerzas por la democracia y que salió de la dictadura, más uruguayo, más democrático, más frenteamplista que nunca y tratando de avanzar con fuerzas renovadas hacia un socialismo diferente, que todavía no hemos logramos definir con precisión y con una sólida base teórico-política. Pero avanzamos políticamente, y en esos avances está el aporte invalorable de Jaime Pérez.

(*) Periodista, escritor, militante político, director de UYPRESS y BITACORA

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