Archivo para 31 marzo 2016

31
Mar
16

brasil

¿No habrá golpe?

escribe: Luismi Uharte / Rebelión

Cinco días después de la gran movilización que la derecha había impulsado en las grandes ciudades de Brasil para exigir el golpe parlamentario contra la presidenta Dilma Rousseff, el encarcelamiento del ex presidente Lula y la ilegalización del PT (por corrupción), la izquierda lograba movilizar a centenares de miles de personas en todo el país –aunque en menor número que la derecha- con el objetivo expreso de intentar frenar la trama golpista. El lema central y compartido era nítido: “Não vai ter golpe” (No habrá golpe)
Claves de la movilización. Las manifestaciones del viernes 18 de marzo proyectaron la imagen del ‘otro Brasil’, no solo en su sentido ideológico (izquierda Vs. derecha) sino también en términos de clase, etnia, imaginario político, estética, etc. La Avenida Paulista de la principal urbe del país, Sao Paulo, de nuevo se convertía en un escaparate privilegiado para identificar las claves fundamentales de la respuesta social antigolpista.

En primera instancia, cabe destacar el perfil sociológico de los y las participantes, mucho más heterogéneo en términos clasistas y étnicos en comparación con la manifestación del domingo conducida por la derecha. En la Paulista se encontraron sectores de la clase media progresista blanca con las clases populares de la periferia, siendo estos últimos, eso sí, ampliamente mayoritarios. El porcentaje de población negra, mulata y mestiza, fue a su vez muy superior a lo visto el fin de semana anterior en el mismo escenario.

El contenido de la movilización era obviamente antagónico y reactivo al del domingo 13: frente al golpismo respuesta democrática. La mayoría de la izquierda (excepto sectores minoritarios de orientación troskista, etc.) asumió que en este momento la contradicción política fundamental se expresa en la urgente postura activa a favor o en contra del golpe. Esto posibilitó una confluencia coyuntural de izquierda y progresista, a pesar de las severas críticas que diversos partidos y movimientos han hecho a la política económica del gobierno del PT.

De cualquier manera, aunque el lema central era “no habrá golpe”, la importante presencia de militantes del PT, de sus juventudes y del sindicato mayoritario y próximo al Partido de los Trabajadores, la CUT, se tradujo en un fuerte apoyo a Dilma y a Lula. Paralelamente, la denuncia a los poderes fácticos golpistas más declarados, tanto patronales (FIESP) como mediáticos (red O Globo), se manifestó también con gran intensidad.

En cuanto a la estética, la tonalidad ‘vermelha’ (roja) fue predominante aunque acompañada de los colores de la bandera brasileña (amarillo y verde). La directriz previa a la manifestación había sido clara: “no podemos dejar que la derecha monopolice nuestra bandera ni el patriotismo”, como agudamente apuntó en la movilización el actual alcalde de Sao Paulo, el petista Fernando Haddad.

El momento más álgido de la movilización fue la aparición simbólica de Lula al final del acto. La pasión que despertó con su presencia y su discurso dejó meridianamente claro, que a pesar de los pesares, el ex obrero metalúrgico que llego a ser presidente durante 8 años, mantiene todavía un vínculo emocional con las clases populares muy intenso, que lo sigue posicionando como el líder carismático indiscutible del campo popular, a pesar de las contradicciones evidentes de su práctica política durante su mandato.

Del discurso encendido de Lula en la paulista se pueden extraer dos conclusiones. En primer lugar, su capacidad para inyectar moral a las bases y su disposición a ocupar una posición de liderazgo claro en la contraofensiva antigolpista. En segundo lugar, su apuesta por la vía de la conciliación política y de clases, seña de identidad del lulismo y de la corriente mayoritaria del PT desde hace bastantes años, como señalan diversos investigadores brasileños, como el historiador, Lincoln Secco y el intelectual y miembro de la corriente ‘articulación de izquierdas’ del PT, Valter Pomar.

En conclusión, se puede afirmar que las manifestaciones antigolpistas lograron en gran medida agrupar tácticamente a diversos sectores de izquierda y democráticos y subir la moral política de las bases más organizadas. Sin embargo, en un contexto de acción-reacción vertiginoso el golpismo “golpeó” rápidamente apenas media hora después del fin de la movilización, cuando el juez ultra Gilmar Mendes, del Supremo Tribunal Federal (STF) suspendió el reciente nombramiento de Lula como ministro de la Casa Civil (primer ministro de facto). El objetivo era claro: poner de nuevo en manos del juez de Curitiba Sergio Moro, héroe actual de la extrema derecha, al ex presidente, imputado por corrupción y con muchas opciones de ser encarcelado preventivamente si Moro continúa llevando el caso.

Entramado golpista. Como se observa, sectores del Poder Judicial son agentes estratégicos del proceso de golpe pero no lo únicos, de un entramado golpista con muchas ramificaciones. En ese entramado, hoy día público y confeso, está asumiendo un protagonismo creciente el latifundio mediático (corporación O Globo, Folha de Sao Paulo, revista Veja…), actor central en la creación de un discurso y un sentimiento golpista cada vez más descarnado. La imagen que proyectan los kioskos a diario, mostrando portadas de alto contenido golpista, son un factor muy funcional en la construcción de un nuevo ‘sentido común’ favorable al derrocamiento del gobierno.

Otro agente cada vez más implicado en la trama golpista es la gran patronal y concretamente la Federación de Industrias del Estado de Sao Paulo (FIESP). Resulta muy simbólico que su sede en la Avenida Paulista se haya convertido en el lugar frente al que están acampados hace varios días, un grupo de ultras que exigen urgentemente el golpe. Y supone un descaro absoluto que les hayan brindado alimentación o que en la movilización del día 13 apoyaran con infraestructura y con electricidad a uno de los escenarios pro-golpe.

Algunos analistas autóctonos señalan que resulta paradójico e incluso sangrante que a pesar de que el gobierno aplicó en el último año parte de la agenda de la FIESP (exenciones fiscales, reducción de la factura eléctrica), ésta ahora se suma entusiastamente a su derrocamiento. La historia, nuevamente, demuestra por enésima vez que la oligarquía es insaciable. “Não vai ter golpe?”.

30
Mar
16

geronimo cardozo

Gerónimo Cardozo, nos seguirá acompañando

La muerte de Gerónimo Cardozo ha golpeado duro dentro de la sociedad uruguaya, pero también en el exterior del país.

Este militar constitucionalista y patriota fue conocido por su identificación con la lucha de los pueblos, pero también por haber tenido una impronta muy particular: jamás se negó a ocupar un lugar de lucha, por más arriesgada que fuera.

Esa valentía y compromiso con las grandes causas populares fortaleció su adhesión a los procesos de unidad popular de Latinoamérica, pero con la particularidad de que jamás se propuso vender una imagen de superhéroe.

Muchos lo conocimos antes de integrarse al combate contra la dictadura, mientras que otros pudieron abrazarlo cuando se integró a la hermosa aventura que desató LA REPÚBLICA junto a dirigentes del Frente Amplio, buscando crear una nueva realidad política.

Siempre fue un hombre sencillo, donde para cada circunstancia tuvo siempre una anécdota pronta que en cada oportunidad supo relatar extensamente.

Su personalidad no tapó un aspecto sustancial de su forma de ser: supo escribir con sencillez y perfección, además de ser un gran lector. Fue de los militantes del Frente Amplio que cuando le llegó la hora de acceder al gobierno, puso toda su capacidad al servicio del gobierno departamental de Montevideo y de la Presidencia de la República.

Su lealtad fue con el programa y los gobernantes del FA, pero también con los pueblos que se levantaron en distintos puntos de América del Sur y Centro América contra el fascismo o el neoliberalismo.

Dentro de este último desafío fue que se identificó con el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, con quien estableció una profunda amistad.

Pero su gran amistad fue con el general Líber Seregni, quien a pesar de pertenecer a un arma distinta a la de la Fuerza Aérea, supo liderar a un número importante de militares que no violaron a la Constitución de la República, sino que salieron a defenderla, poniendo el pellejo detrás de las balas.

A pesar de que durante muchos años sufrió distintos tipos de enfermedades, todas ellas graves, fue un individuo que paseó su presencia por la vida sin la necesidad de compartir sus dolores con quienes lo rodearon.

En cambio en los últimos meses sus amores por las distintas caras de la vida, le permitieron disfrutar de un nuevo nieto, quien se transformó en el centro de todas sus conversaciones.

Parte de su vida quedó impresa en una entrevista con formato de libro, que escribió Raúl Legnani, su amigo en el exilio compartido de México y compañero de LA REPÚBLICA. Pero su presencia también estará cuando se recuerde a Seregni y se festeje uno de los triunfos de su fuerza política en Uruguay.

También estará presente en los festejos de Rampla Junior, en la imagen del Cerro en Montevideo y de San Miguel de Allende, una particular ciudad mexicana donde van a disfrutar su jubilación distintos militantes de la izquierda de Estados Unidos.

Vaya a su familia, a sus amigos de ayer y de hoy, nuestro respetuoso saludo ante la dolorosa pérdida de un hombre uniformado siempre dispuesto a construir procesos de paz, de libertad y de democracia.

30
Mar
16

luisito pou, heredero del “BLANCOS BARATOS”

A los jóvenes blancos

Por la presente queremos hacer público el sentir de un pequeño grupo de wilsonistas pero que, sin embargo, creemos que es el sentir de muchos más. Nos referimos al uso y abuso que se ha hecho de la figura de Wilson Ferreira Aldunate por parte de quien estuvo en las antípodas de su pensamiento y conducta en el Partido Nacional. No importan nuestros nombres, sí lo que sentimos. La mayoría de nosotros nunca ocupamos cargos de relevancia pero siempre estuvimos muy cerca del Movimiento y de Wilson. Algunos, por cuestiones de edad, estamos ya medio retirados. Nunca hemos tenido ni tenemos hoy ninguna pretensión de ningún tipo. Eso y el viento de libertad que siempre nos inspiró Wilson nos lleva a expresarnos sin buscar protagonismo personal pero sin abdicar de lo que sentimos. Somos y seguiremos siendo blancos, del Partido Nacional, de Por la Patria y de Wilson. Por lo tanto hemos votado al Partido Nacional, como corresponde. Somos y seguiremos siendo blancos. Pero más que nuestro futuro, que es breve, nos importa el de nuestros jóvenes y el del Partido, que esperamos sí crezcan junto a la patria. Por eso nos resulta imperioso éticamente hacer algunas puntualizaciones que hasta ahora habíamos preferido mantener en prudente silencio. Nos avergüenza la campaña publicitaria que en nombre del Partido Nacional alguien ordenó y pagó sin que ninguna autoridad pegase el grito en el cielo, como lo hubiera hecho Wilson. Wilson jamás hubiera permitido una bajeza de ese tipo. Jamás.

Eso no es digno de nuestro partido. Por eso abandonamos nuestro prudente silencio. Queremos que nuestros nietos sigan siendo blancos, que no sientan vergüenza. Lo que se ha hecho no es digno del Partido Nacional, no es digno de Wilson. Pero estas sustanciales diferencias de pensamiento y de conducta no son nuevas. Eso es lo que hoy queremos compartir con los más jóvenes.

Juntos no es lo mismo que entreverados

Si bien el doctor Lacalle también está dentro del Partido y por elección del soberano es el candidato a la Presidencia de la República, los wilsonistas mantenemos profundas diferencias desde siempre con él. Como las tuvo Wilson y nunca las ocultó.

Por lo tanto, nos desagrada profundamente que se finja una cercanía que nunca hubo. No era necesaria tanta adulonería barata; los wilsonistas nunca dudaríamos en votar a nuestro Partido Nacional, aunque el candidato fuese Lacalle. Y así lo hicimos. La historia es muy clara e inequívoca en cuanto a lo que Wilson siempre fue capaz de entregar por el país y por el Partido.

Lo que sí nos subleva es que se mienta y que para los jóvenes quede como que eran “casi lo mismo”.

En aras de la verdad histórica que Wilson, el país y los jóvenes merecen, relatamos algunos acontecimientos que para la mayoría de los dirigentes y allegados nacionalistas de la época son bien conocidos y “comentados” y que por obvias razones de edad los jóvenes de hoy necesitan conocer para que les quede claro que hay otra manera de ser blancos y que nos llena de orgullo. Estos hechos que vamos a relatar muestran, de forma inequívoca, que podemos andar juntos pero no entreverados.

Elecciones del 71

El sábado antes de las elecciones, en plena veda electoral, varios ciudadanos colorados organizan una caravana por la democracia, o como se dice ahora, blanquicolorada. El único blanco que adhiere a ella es Lacalle. Impera la confusión. Guerra fría, temor, muchos “por la patristas” participan con sus banderas. A otros (coches con distintivos colorados) les ponen banderas de Por la Patria. Wilson, enterado y a un riesgo electoral tremendo, sale a la esquina de Avenida Brasil y la Rambla a arrancar todas las banderas suyas que desfilan.

Escrutinio

Cuando Wilson impugnaba el resultado de las elecciones del 71, Lacalle dijo: ganó la democracia; y Wilson respondió: “El que votó por mí no votó por el Partido Colorado. Eso de que ganó la democracia es un cuento chino.”

Bordaberrato

Durante la agonía democrática Lacalle integra el grupo de ciudadanos blancos que acepta ministerios desoyendo la resolución del Directorio del Partido. A la salida de la sesión del Directorio, Wilson responde diciendo: “Nosotros sabemos que hay blancos baratos que se quieren vender”.

Franco

Wilson nunca fue a España hasta su muerte. El principal tema de discusión de siempre fue éste. El 20 de noviembre de 1975 muere Franco; Wilson está en México. El 25 llama por teléfono Fernando Oliú a contar que se había abierto un libro de condolencias en la embajada y que Lacalle, antes de entrar a la misma, se detuvo, extendió su brazo derecho y cantó “Cara al Sol” (himno franquista).

Toba

A fines de 1975, a raíz de la participación de Toba en un seminario en Argentina organizado por Jorge Abelardo Ramos, Lacalle escribe en ‘El País’, donde “lo reta” por haber participado y remata con la frase de Herrera: “Orientales nada más”.

Toba 2

La reacción de Wilson es bastante más dura que la del propio Toba. En rigor el Toba era un gran conciliador y Wilson decide cortar completamente con Lacalle.

La convergencia

El 20 de abril de 1980 se funda la Convergencia Democrática en Uruguay. Juan Raúl Ferreira era su presidente y Carlos Martínez Moreno el secretario general. Wilson fue su inspirador. El 20 de mayo, en homenaje a Toba y Zelmar se realiza su primer acto público en México. Wilson manda un mensaje: “La mejor manera de homenajear a Toba y Zelmar es unirnos en la lucha de la causa a la que ellos entregaron sus vidas”. La CDU tenía ya un mes de vida. Este último mensaje genera una respuesta de Lacalle en el diario “El País” que decía: “Desde el exterior se agita una coalición frenteamplista de supuesta participación blanca. Es incompatible la condición de blanco con la de integrante de la Convergencia.

Triunvirato

A poco de empezar la lucha antidictadura, el presidente del Directorio del Partido Nacional, capitán de navío Homar Murdoch, es procesado. Como consecuencia de ello se forma la Comisión de Asuntos Políticos del Directorio (conocido como el Triunvirato), que se convirtió en el órgano de conducción del Partido. Lo integraba Carlos Julio Pereyra )Movimiento de Rocha), Dardo Ortiz (PLP) y Mario Heber (Herrerismo). En mayo de 1980 muere Mario Heber y Lacalle pide para ocupar su lugar. Wilson lo veta a tal punto que queda el lugar vacante hasta que el Herrerismo acepta la propuesta de Wilson de nombrar a Jorge Silveira Zavala.

Plebiscito

En 1980 también se convoca a votar la reforma constitucional de los militares. El triunvirato ya integrado por Siveira Zabala convoca a votar por NO. Lacalle, despechado, se reúne con Johnny Payssé (ex secretario de Wilson, asesor del Goyo y actual presidente de la Comisión de Hacienda de la campaña de Lacalle) y decide votar SI y lo hace público por CX8 Radio Sarandí. El profesor Pivel Devoto, tal como lo relatara hace pocas semanas el doctor Zumarán, le presiona para que desista. Finalmente la determinación de Raumar Jude de votar por NO, contra la opinión de Pacheco en el Partido Colorado, lo obliga a recapacitar y termina haciendo una tímida definición por el NO.

Elecciones internas

En las mismas Wilson promueve ACF para unir los sectores Por La Patria y Movimiento Nacional de Rocha. Lacalle, que notoriamente nunca perteneció a ninguno de los dos, pidió el tercer lugar en la lista, a lo que Wilson se negó rotundamente.

Bajada de Wilson

Ya en la campaña para las elecciones de 1984, Lacalle quiere “subirse al ómnibus”, esto es, hacer la misma campaña proselitista que el Movimiento de Rocha y Por la Patria. Wilson, desde Trinidad, indica: “Es lo mismo que las internas. Si quiere votar a Zumarán, no se lo podemos prohibir. que haga su propia gira y su propia campaña”. Lacalle no se conforma y quiere cobrar un precio por este rechazo. A ese episodio él le emp
ieza a llamar “bajada de ómnibus”; luego lo dramatiza subiendo y “haciéndose bajar” del ómnibus, a donde dijo haber ido a despedirse.

Muerte de Wilson

Tras la reunión de Directorio del Partido en la cual se planea el funeral, él se retira diciendo: “Disculpen, igual el muerto es de ustedes”. Alguno de los que escribimos esta carta estaba allí en ese momento y no lo hemos podido olvidar.

¡Viva Wilson! ¡Viva el Partido Nacional!

Amigos de Fernando Oliú

28
Mar
16

obama y macri (mientras luisito, ¨el nuestro¨ relojea al imperio

A qué viene Obama

escribe: Atilio A. Boron / Rebelión

El punto de partida de cualquier análisis sobre la visita de Barack Obama a Cuba y Argentina es la constatación de las derrotas sufridas por el ocupante de la Casa Blanca tanto en el ámbito doméstico como en el internacional. En el primero, Obama fracasó en sus tres más ambiciosas tentativas de reforma: la financiera, la migratoria y la de salud. Para empeorar las cosas la economía no termina de recuperarse de la crisis estallada en el 2008 y la suma de la deuda pública más la de los particulares superó durante el mandato de Obama el monto del PIB de los Estados Unidos. O sea, el país debe más de lo que produce en un año.
En el ámbito internacional la suerte no le fue menos esquiva: la retirada de Irak fue más que nada un gesto demagógico, para consumo interno, que terminó sumiendo a ese país en un caos de gigantescas proporciones que al poco tiempo rebasó las fronteras iraquíes e incendió la reseca pradera del resto del Oriente Medio; el apoyo diplomático, financiero y militar a presuntos “combatientes por la libertad” en la región alimentó la hoguera del fundamentalismo jijadista y terminó por engendrar a un monstruo como el EI, que está haciendo metástasis en África y Europa, aparte del Oriente Medio. La misma Hillary Clinton reconoció esta realidad al declarar, hace poco, que “nos equivocamos en la elección de nuestros amigos”. Mientras, la situación se descompone en Europa Oriental con la crisis de Ucrania, potenciada por la intervención de Estados Unidos en donde la mismísima Victoria Nuland, Secretaria de Estado Adjunta para Asuntos Euroasiáticos, asistía a las bandas de neonazis que acampaban en la Plaza Maidán y les ofrecía botellitas de agua y galletitas, azuzándolos para que tomaran el poder por asalto, cosa que hicieron poco después en medio de sangrientos episodios. La respuesta de Rusia ante la descarada ofensiva de la OTAN fue apoyar a los sectores rusófilos del este de Ucrania y en una fulminante operación militar recuperar nada menos que la península de Crimea, ante lo cual Estados Unidos y sus compinches europeos no les quedó otra que demostrar su impotencia y rumiar su frustración. Y no le va mucho mejor a Obama en el Extremo Oriente, donde en el Mar del Sur de la China, cuyo lecho submarino contiene grandes reservas de gas y petróleo disputadas por el gigante asiático y por Japón, ha puesto a estos dos países en pie de guerra.

En consecuencia, tanto en lo interno como en la arena internacional Obama es un presidente urgido por recibir buenas noticias que le permitan abandonar su cargo con algunos lauros que lo instalen en un lugar relativamente honorable en la historia. Poco probable que las obtenga en alguno de los dos frentes; pero en el internacional le queda una carta en la cual podría anotarse algunas victorias significativas. El exasperadamente lento y laborioso desmontaje del criminal bloqueo a Cuba, aún en vigor, sería uno de sus logros. De hecho, con la liberación de los tres luchadores antiterroristas cubanos que seguían presos en las cárceles del imperio envió una señal importante pero aún insuficiente. El camino por recorrer para “normalizar” de verdad la relación entre Cuba y Estados Unidos es todavía muy largo y empinado, pero con su visita a la isla –la primera de un presidente norteamericano desde el triunfo de la Revolución- sus credenciales se ven fortalecidas. Dependerá mucho de qué es lo que ofrecerá a los cubanos, en términos concretos, para comenzar a desmantelar un bloqueo que ha sido condenado unánimemente por la comunidad internacional. En momentos como estos los discursos y la retórica huérfanas de iniciativas concretas se parecen demasiado a una burla o a una maniobra demagógica. Pese a las leyes del bloqueo aprobadas por el Congreso las atribuciones presidenciales para moderar sus alcances siguen siendo significativas. Pero, hasta ahora, Obama no las ha hecho valer sino en cuentagotas. Mal se puede hablar de “normalización” de las relaciones bilaterales cuando un país persigue, hostiga y bloquea a otro, o cuando declara que el objetivo irrenunciable de la política de Washington hacia Cuba es promover “el cambio de régimen”, sólo que por otros medios. La ilegalidad e inmoralidad de esta política salta a la vista. Hasta ahora esos “otros medios”, supuestamente distintos al bloqueo, están por verse. En Cuba Obama tendrá también una segunda oportunidad: impulsar vigorosamente el Diálogo de Paz entre el gobierno colombiano y las FARC, doblegando las últimas resistencias que se oponen al acuerdo. Sólo el tiempo dirá si tiene las agallas suficientes como para enfrentar exitosamente ambos desafíos.

El complemento de su periplo cubano es la inesperada visita que decidió hacer a la Argentina, un gesto de apaciguamiento para los trogloditas dentro de Estados Unidos que lo han escarnecido por su decisión de visitar Cuba y también una clara retribución por los servicios prestados por el presidente Mauricio Macri al asumir, con mucha más legitimidad que Álvaro Uribe (enlodado por sus vínculos con el narcotráfico y el paramilitarismo) el papel de punta de lanza en la escalada destituyente de la Revolución Bolivariana. Como es sabido, el objetivo estratégico inmediato de Washington es doble: acabar con el chavismo y recuperar el control de Brasil. Macri puede ser una pieza valiosa para materializar estos planes al atacar al gobierno venezolano e intentar aislarlo vía su eventual exclusión del Mercosur; y al acordar con la derecha golpista brasileña en la necesidad de redefinir, en clave ultraneoliberal, al Mercosur y poner fin al “populismo petista”, al paso que, ya en el plano sudamericano, se asfixia económicamente y políticamente a la UNASUR y la CELAC. Pero Obama no se conforma sólo con eso y espera todavía algo más de la Casa Rosada: un apoyo fuerte y sin reservas a la Alianza del Pacífico (tres de cuyos gobiernos fundantes son caracterizados por los analistas internacionales como “narcoestados”: México, Colombia y Perú) y al Tratado Trans Pacífico, engendro de Washington para instalar un gigantesco ALCA en la Cuenca del Pacífico. Ambas iniciativas tienen un ominoso común denominador: la exclusión de China, la segunda economía del mundo o, según como se la mida, la primera. Precisamente con este país se ha producido días atrás un gravísimo incidente: el hundimiento de un pesquero chino que se había internado ilegalmente en aguas territoriales de la Argentina. China es el segundo socio comercial después de Brasil, el principal comprador de productos agrícolas de la Argentina y uno de sus socios financieros e inversionistas más importantes. Poco o nada se ha dicho hasta ahora de este suceso por parte de Beijing pero no hay duda que las relaciones entre ambos países sufrirán inéditas tensiones. Casualmente el hundimiento del pesquero tiene lugar en vísperas de la llegada de Barack Obama a la Argentina, y hay algunas razones para especular que esta súbita “mano dura” de la Prefectura argentina, excepcional habida cuenta de los numerosos pesqueros que depredan las aguas territoriales de ese país sin ser molestados, podría ser otro gesto de “buena voluntad” de la Casa Rosada para con el visitante. Una inequívoca señal de que, pese a la robustez de los vínculos económicos con China, Buenos Aires se alineará incondicionalmente con Estados Unidos en su sorda lucha con China y Rusia. No queda claro, en cambio, cuáles serían los gestos amistosos y de colaboración de Obama para con quien se ha constituido en su vocero y principal operador en el marco de la política sudamericana y que ha ido tan lejos como para demostrar su amistad ametrallando y hundiendo a un pesquero chino. Como lo recordaba el gran historiador Eric Hobsbawm estamos viviendo tiempos interesantes, tiempos de “cambios de época”, con un signo político positivo, de progreso hacia un mundo mejor. Pero en la tradición china, decía Hobsbawm, si alguien quiere maldecir a otro le desea que viva “tiempos interesantes”, es decir, signados por la inestabilidad y la violencia. El tiempo dirá cual de las dos versiones es la que nos espera.

27
Mar
16

trump y clinton

¿Fascismo en EEUU?

escribe: Vicenç Navarro / Catedrático de Ciencias Políticas y Políticas Públicas. Universidad Pompeu Fabra, y Profesor de Public Policy. The Johns Hopkins University
Fuente: http://blogs.publico.es/dominiopublico/16255/fascismo-en-eeuu/

Durante más de veinte años viví bajo un Estado fascista liderado por el General Franco en España. Como consecuencia conozco bien qué es el fascismo, y puedo reconocer a un fascista cuando lo veo. Y el candidato republicano Trump en EEUU es uno de ellos. Pero para definir a alguien como fascista se tienen que definir antes las características de la ideología fascista.

El fascismo se caracteriza por un nacionalismo exacerbado, de tipo imperialista, con bases racistas, profundamente antidemocrático, con un canto a la fuerza militar que debe aplicarse para defender la “pureza de la patria” frente a grupos étnicos, culturales, políticos o religiosos que la contaminan y que deben ser destruidos, proceso de destrucción que debe realizarse como condición para alcanzar una nueva sociedad que recupere la grandeza que en su día tuvo el país, mediante el surgimiento de un movimiento dirigido por un personaje que se presenta dotado provisto de unas dotes sobrehumanas, al cual se le debe obediencia y lealtad absoluta, líder que llevará a las personas a este futuro prometido.

¿Están estas características en el discurso de Trump?

Cada una de estas características aparecen en la ideología en la que se basan los discursos del Sr. Trump y los de sus colaboradores cercanos. Ni que decir tiene que la expresión de tal ideología fascista es distinta según el contexto y el país en el que vive el personaje portador de dicha ideología. En este aspecto, el Sr. Trump es la versión estadounidense de tal fascismo. Es, en otras palabras, la versión norteamericana del partido francés fundado por Le Pen. Veamos, pues, los datos que confirman la adscripción de tal personaje a la categoría del fascismo.

Tal individuo profesa un nacionalismo extremo, considerando EEUU como un país excepcional en la historia de la humanidad, superior a todos los demás, lo que justifica su liderazgo mundial, imponiendo su voluntad por la fuerza militar, la cual debe utilizarse sin ningún freno. Constantemente hace referencia al bombardeo y destrucción de sus enemigos, categoría que abarca un enorme abanico de países y movimientos. En este canto a la fuerza militar expresa una “hombría” profundamente machista, antimujer y antifeminista, valorando a la mujer como un apéndice del hombre. Trump considera el país amenazado por inmigrantes, grupos étnicos, religiones y razas que, de no pararlos, pueden llegar a destruirlo. Quiere, por ejemplo, prohibir la entrada de musulmanes a EEUU, exigiendo una identificación (carnet especial que la persona lleve consigo para identificarse) a cada musulmán que esté ya en el país, sea o no nacido en EEUU. Así, la comunidad musulmana debe estar vigilada y controlada. El Sr. Trump es profundamente racista, hasta tal punto que no se ha distanciado de los grupos blancos súper-racistas, como el Ku Klux Klan, conocido históricamente por su persecución y linchamiento a afroamericanos en el sur de EEUU. Considera también a los inmigrantes (sobre todo a los latinos) como responsables del deterioro moral del país (responsabilizándolos de los mayores dramas de la sociedad estadunidense, desde la distribución de las drogas al crimen callejero en las ciudades).

El caudillismo en Trump

Trump es profundamente antidemocrático, de carácter claramente autoritario, exigiendo a sus seguidores lealtad a su persona, presentándose como el “salvador de la patria” que resolverá todos los problemas que afectan a las masas, desde el desempleo a la falta de felicidad. Su supuesta habilidad para resolver los mayores problemas del país se basa en su propia habilidad para resolver los problemas que han tenido sus empresas, refiriéndose a su presunto éxito empresarial como muestra de ello. Su negocio empresarial, por cierto, ha sido predominantemente el inmobiliario (uno de los sectores más corruptos de la economía de EEUU, basado en la especulación). Se presenta como profundamente antiestablishment, centrándose en el establishment político-mediático del país, sin atacar o criticar al establishment financiero y económico de EEUU al cual pertenece (y al cual aquel establishment político-mediático ha estado sirviendo). En realidad, las medidas que propone –una gran reducción de los impuestos sobre la propiedad y sobre el capital- favorecen los intereses de dicho establishment financiero y económico. Aunque es crítico con los tratados llamados de libre comercio (ver mi artículo “¿Qué se intenta con los tratados mal llamados de libre comercio?”, Público, 23.07.15) por destruir puestos de trabajo en EEUU, atribuye la movilidad de las industrias a otros países a lo que él define como elevada carga fiscal a las empresas estadounidenses y a las rigideces del mercado de trabajo, supuestamente impuestas por los sindicatos.

Sus políticas económicas son de un ultraneoliberalismo extremo, atribuyendo todos los males al Estado federal y al establishment político-mediático basado en Washington y en el este de EEUU. En este aspecto, el fascismo de Trump es distinto al fascismo de Le Pen, que sí que tiene componentes del nacionalsocialismo típico del fascismo italiano o del nazismo alemán, que da mayor reconocimiento al Estado de lo que lo hace la visión fascista estadounidense del Sr. Trump. Este último no es tanto nacional socialista, sino nacionalneoliberal. En realidad, a fin de recuperar a las empresas estadounidenses que se han desplazado a otros países, propone eximirlas del pago de impuestos para que reintegren a los EEUU capital procedente del exterior (equivalente a 2,1 billones de dólares), que significaría, como bien ha dicho la Senadora Elizabeth Warren, un repago de 400 mil millones de dólares a tales empresas (“How Trump Dog-Whistles the Business Establishment”, The Nation, 18.03.16).

¿Por qué está teniendo un gran éxito en las primarias del Partido Republicano?

Para aquellos que conocen bien EEUU, es muy fácil de entender su éxito. Las causas de tal crecimiento son prácticamente las mismas que explican el crecimiento de la ultraderecha chauvinista anti-inmigración en Europa. Y tales causas son, ni más ni menos, que el gran deterioro del estándar de vida de las clases populares (y muy en especial de la clase trabajadora no cualificada), como consecuencia de la aplicación de las políticas neoliberales que se han ido imponiendo a la población y que han alcanzado su máxima expresión durante la Gran Recesión. Estas políticas han empobrecido a la clase trabajadora de una manera muy significativa, resultado de la enorme mala distribución del crecimiento de la riqueza y de las rentas, que se han concentrado en las rentas superiores a costa de las rentas de la mayoría de las clases populares.

Desde los años ochenta, cuando se inició la “revolución neoliberal” del Presidente Reagan, los salarios no han crecido paralelamente al crecimiento de la productividad. En esta mala distribución, las rentas del capital han sido las más beneficiadas por las políticas fiscales a costa de las rentas del trabajo. Componentes importantes de estas políticas han sido toda una serie de intervenciones exitosas para debilitar al mundo del trabajo, desde el ataque a los sindicatos y a los convenios colectivos hasta la externalización de los puestos de trabajo mediante tratados de libre comercio que (aun cuando tenían poco que ver con libre comercio) facilitaban (mediante subsidios públicos y exenciones fiscales) la exportación de puestos de trabajo, con el traslado de industrias a países de bajos salarios.

Las clase trabajadora ha sido víctima de estas políticas públicas del gobierno federal, instrumentalizado este último por los grandes poderes económicos y financieros (que se conocen en EEUU como la clase corporativa, the Corporate Class) que financian las campañas electorales de los miembros del Congreso (tanto de la Cámara Alta -el Senado- como de la Cámara Baja -la Casa de los Representantes, The House of the Representatives-), en un proceso electoral de financiación predominantemente privada. Este maridaje y complicidad del poder político y mediático con el poder financiero y económico es la base de una pérdida de confianza y legitimidad de las instituciones llamadas democráticas que ha sido el campo de cultivo de este enfado generalizado hacia el establishment político mediático del país, y que Trump está explotando exitosamente.

El Estado Federal como el problema y la administración del afroamericano Obama como el enemigo

Sin lugar a dudas, Trump ha sido muy exitoso con su gran habilidad para canalizar el enorme enfado popular hacia el Estado federal, siguiendo el ideario que siempre ha dominado al Partido Republicano (hoy claramente controlado por la ultraderecha, incluyendo el Tea Party), financiado por los grupos económicos de mayor peso en el país, como los hermanos Koch.

La gran diferencia, sin embargo, entre el aparato del Partido Republicano y el Sr. Trump es su gran habilidad para movilizar a la clase trabajadora blanca en contra del establishment político-mediático, incluyendo el propio aparato del Partido Republicano y sus medios, como la cadena Fox, a los cuales ha definido como parte de tal establishment político-mediático. Es, en este aspecto, su mensaje antiestablishment, presentado con gran colorido teatral (que atrae a los medios), lo que explica su gran éxito. Es, con mucho, el candidato que tiene mayor cobertura mediática. Los grandes medios de información –a los cuales Trump critica extensamente- han cubierto su candidatura en sus informativos en cantidades muy superiores (el doble) a las de la Sra. Hillary Clinton y seis veces más que a la de Bernie Sanders, el candidato socialista (“Measuring Trump Big Advantage in Free Media”, The New York Times, 17.03.16). La política como espectáculo está contribuyendo al gran éxito de Trump.

Las consecuencias del Estado federal asistencial

Un punto de gran importancia para entender el debilitamiento de la clase trabajadora en EEUU es la función que tiene el racismo en su división. Es debido a ello que las derechas en EEUU siempre acusan al gobierno federal de defender a los negros a costa de los demás (que insinúan son los blancos). Esta acusación se basa en el hecho de que la gran mayoría de programas sociales no son de cobertura universal, es decir, no cubren a todos los ciudadanos sino solo a los pobres (Medicaid, el programa federal de atención médica a los pobres, que es financiado y gestionado también por los Estados, cubre solo a los pobres), siendo los ciudadanos negros los más beneficiados, pues, como resultado del racismo, estos se encuentran entre los grupos más vulnerables y con menos medios. De ahí que se promueva por parte de Trump y las derechas, la imagen de que tales programas están orientados a la población negra (lo cual no es cierto, pues la gran mayoría de pobres en EEUU son blancos). De ahí que Trump haga referencia a que los impuestos (que consideran excesivamente altos) pagados por los blancos están ayudando a los negros, creando una “cultura de dependencia y beneficencia” que debe denunciarse.

El redescubrimiento de la clase trabajadora

El candidato republicano Trump es, junto con el candidato socialista Bernie Sanders, el único candidato que explícitamente se refiere a la “clase trabajadora”, categoría que nunca aparece en la narrativa convencional del discurso político y mediático del país, que constantemente utiliza el término “clase media” en lugar de clase trabajadora. Este silencio mediático se ha roto. Y hoy comienza a hablarse de la clase trabajadora blanca, la gran olvidada en el discurso dominante. Esta clase trabajadora, como he indicado antes, está en una situación de gran deterioro, y su mortalidad (entre los blancos) ha crecido en los años de la Gran Recesión (sobre todo como consecuencia del aumento de suicidios). Trump constantemente hace mención a que “su gente es la gente de poca educación y bajos ingresos, que están olvidados en EEUU” (que insinúa es blanca).

Está claro que el establishment político-mediático del país no entiende lo que está ocurriendo en EEUU. Los reportajes sobre Trump se centran en las declaraciones explosivas y polémicas de este candidato, llenas de una teatralidad que, en contra de lo que interpretan los medios, contribuye a su fama entre las clases populares, que sienten un gran rechazo hacia tal establishment. Una práctica general de Trump es ridiculizar a los medios en la cobertura de su campaña. Así, frecuentemente en sus discursos ridiculiza a los medios de información -uno de los momentos de mayor goce de su audiencia-, criticando la versión que los gurús mediáticos hacen de su campaña electoral. Estos medios, en su enorme complacencia, no han descubierto todavía el enorme hartazgo y rechazo que existe a nivel de calle hacia el establishment del país, incluyendo el mediático. Trump probablemente ganará las primarias y podría ganar las elecciones, como consecuencia del rechazo hacia el establishment.

El hecho de que Trump sea un “fascista a la americana” no quiere decir, sin embargo, que la mayoría de sus seguidores sean fascistas. En realidad, son profundamente antiestablishment. La mayoría de las encuestas muestra que el candidato socialista Bernie Sanders –que está pidiendo una revolución política en EEUU, con un mensaje claramente antiestablishment (que se centra en su denuncia del maridaje y complicidad entre el establishment financiero y económico y el político-mediático)- es el candidato demócrata que ganaría más contundentemente a Trump. Sanders está movilizando a la clase trabajadora blanca y negra y a los jóvenes (personas por debajo de 35 años), compitiendo por el voto de la clase trabajadora, que es la mayoría de la población estadounidense, y que se ha abstenido en las elecciones anteriores. A la candidata Clinton, aunque se ha movido a la izquierda debido a la campaña exitosa de Sanders, se la percibe como una figura del establishment, con escasa capacidad de movilización. De ahí que su estrategia en las primarias haya sido la de enfatizar la necesidad de romper con la discriminación contra las mujeres y contra las minorías (estas últimas representan un porcentaje elevado de votantes en las primarias del Partido Demócrata), antidiscriminación necesaria, según Hillary Clinton, para que ocurra la integración de las poblaciones vulnerables y marginales dentro del sistema. Sanders, sin embargo, analiza la necesidad de establecer alianzas y complicidades entre los distintos sectores y componentes de las clases populares, acentuando la importancia de recuperar la conciencia de clase frente a un adversario común, el establishment financiero y económico que controla los medios y las instituciones políticas representativas (ver mi artículo “Race, Gender and Class Polítics in the US Primaries”, CounterPunch, 23.02.16). Esta es la situación en EEUU, que no se presenta de forma adecuada en los medios españoles.

 
26
Mar
16

frente amplio de uruguay, 1971

Inolvidable 26 de marzo

El 26 de marzo de 1971, el General Líber Seregni se dirige a la ciudadanía en nuestro primer gran acto público realizado en Explanada de la Intendencia de Montevideo.
Primer acto público de masas del FA

En un fragmento de su discurso del 26 de marzo de 1971 en el primer acto en la explanada de la Intendencia de Montevideo, Seregni exclamaba:

“El Frente Amplio no es una ocurrencia de dirigentes políticos; el Frente Amplio es una necesidad popular y colectiva del Uruguay. Es un hecho colectivo, con razones colectivas, porque las resoluciones individuales de todos nosotros, tienen causas sociales y tienen metas sociales, porque tienen que ver con el destino entero de la sociedad uruguaya. Tampoco el Frente Amplio es una resolución circunstancial de partidos o grupos políticos; por el contrario, ellos han interpretado una exigencia que estaba en la calle; han dado forma y cuerpo a un sentimiento y a una urgencia de todo nuestro pueblo. Por eso el Frente Amplio desencadenó tan rápidamente este movimiento popular de adhesión, de participación y de militancia. Porque interpreta una necesidad objetiva de nuestra sociedad”.

Los ejes temáticos del discurso fueron:

-La necesidad popular y colectiva del Frente Amplio.
-La sangría emigratoria que ya por ese entonces era una realidad de la sociedad uruguaya.
-Reflexiones sobre las medidas de seguridad como una estrategia para mantener intacto el privilegio de los partidos tradicionales.
-El Frente Amplio como heredero de la tradición artiguista.
-Las bases programáticas del Partido.
-La Reforma agraria y la Nacionalización de la banca.
-La Política de Autodeterminación y no intervención.

Finalizando su discurso, pronuncia: “El Frente Amplio nos ha honrado con la nominación para la candidatura presidencial. Somos conscientes de la tremenda responsabilidad que asumimos. Pero estoy consustanciado con el Frente Amplio y con el pueblo de mi país. Del pueblo provengo, es mi país, mi pueblo, el que me permitió realizarme como hombre, como militar y como ciudadano, y a él me debo”. El candidato a la presidencia de la República será el general Liber Seregni y la candidatura para la vicepresidencia irá por parte del Dr. Juan José Crottogini.

30 Primeras Medidas de Gobierno (1971)

El 25 de agosto de 1971 se aprueban las Primeras 30 Medidas del Gobierno (1971); en cuyas bases programáticas se solidifica el programa de la fuerza política. Se señalan cuatro medidas fundamentales a adoptar, como pilares del proceso transformador:
a) Reforma Agraria;
b) Nacionalización de la banca privada;
c) Nacionalización de los principales rubros del comercio exterior;
d) Enérgica acción industrial del Estado, incluyendo la nacionalización de la industria frigorífica.
Así como también se profundiza en los siguientes puntos:
-Restablecimiento del Estado de Derecho
-Redistribución del ingreso
-Elevación del bienestar social
-Participación Popular y saneamiento de la administración pública

Tras las elecciones de 1971, la Fórmula Presidencial: Seregni – Crottogini, resulta en un 18,6 % del porcentaje sobre el total de los votos emitidos. Una cantidad que irá creciendo gradualmente en su evolución electoral con el paso del tiempo.

26
Mar
16

los medios del conservadurismo

La conjura mediática del relato conservador

 

escribe: Hugo Acevedo, Analista

La posibilidad de que el Frente Amplio marque presencia en el mercado informativo con uno o más medios afines a su proyecto político, generó reacciones en algunos sectores alineados con la derecha.

Una reciente columna publicada en El Observador, pone de manifiesto la inquietud del oficialismo por construir un relato capaz de permear a la opinión pública y de contrarrestar los permanentes ataques de la oposición.

Si bien algunos analistas consideran que el tiempo de la prensa partidaria está perimido, es evidente que aun existen medios que representan a las colectividades históricas que sobreviven al cambio de rutinas de los consumidores.

La pérdida de hábito de lectura tan arraigada en una población cada vez más refractaria al soporte de papel, no tiene su correlato en lo atinente al soporte audiovisual o digital, que siguen concitando el interés del consumidor.

Resulta groseramente evidente que las publicaciones impresas de mayor circulación están afiliadas al pensamiento del bloque conservador, al igual que los canales privados de televisión y buena parte de las emisoras radiales.

Esa tendencia a sostener el statu quo de la rancia derecha vernácula no es nueva y tiene una larga historia, que se remonta al origen mismo de los diarios y de las empresas audiovisuales.

La izquierda siempre ha tenido grandes dificultades para sostener medios informativos, porque los más poderosos avisadores -que son los propietarios de los medios de producción- siempre financian a los medios que defienden sus intereses y reflejan su visión de la sociedad.

Ese fenómeno es más notorio en el caso de los tres canales comerciales, que, hace más de medio siglo, nacieron bajo el paraguas político de los dos partidos tradicionales y mantuvieron su adhesión a estos hasta el presente.

En ese contexto, no es extraño que lo que antes se ocultaba sistemáticamente hoy se visibilice y hasta se maximice, en una suerte de bombardeo destinado a concienciar a la población y a generar una reacción adversa contra el gobierno progresista.

Un ejemplo ilustrativo es el de la seguridad ciudadana, que otrora era abordada en forma epidérmica. Hoy, un hecho delictivo es reiterado hasta el hartazgo, lo cual coadyuva a la construcción de una escenografía de hiper-realidad destinada a colonizar al receptor.

Esa obsecuencia permitió, por ejemplo, que en el pasado notorios casos de corrupción perpetrados por miembros de los partidos de derecha que culminaron en procesamientos y otros que quedaron impunes, se diluyeran en el fárrago de la dinámica informativa.

Otro tanto sucedió con la devastadora crisis económica y social de 2002, de la cual fueron directos responsables los partidos Colorado y Nacional, quienes gobernaron en coalición durante un período y medio (1995-2002).

Más allá del cambio de correlación de fuerzas generado a partir de las elecciones del 2004, es evidente que buena parte de la población jamás identificó a los autores del desastre de otrora, que siguen operando políticamente en el presente.

Pese a quien pese, hay una prensa de derecha administrada por el gran capital que sigue construyendo un relato mediático sesgado y burdamente tergiversado sobre la realidad y tiene el poder de fuego suficiente para cooptar a la población.

Los responsables de la información flechada no son los periodistas, sino los oligarcas históricamente alineados con el bloque conservador.

25
Mar
16

frente amplio de uuguay

A no perder el rumbo

 

escribe: José Carlos Mahía, Representante Nacional

 

Cuando uno recorre y habla con la gente, en particular con los frenteamplistas, afloran una serie de sentimientos que no siempre coinciden pero que se podrían sintetizar en: desconcierto, tristeza, desazón y porque no, en algunos casos, rabia. Siempre, o casi siempre, desde la pertenencia, yo soy y seré frenteamplista, pero…y se largan.

Y está bien, sobran las razones para que esto sea así. A la izquierda hoy se la ve en un momento muy difícil. Los debates han perdido fraternidad y altura. Si uno la embarra es mejor socializar el lío que asumir las responsabilidades propias y ese tipo de actitudes ponen en juego no solo cuestiones ideológicas sino de valores.

Si bien es cierto que parte de los problemas de hoy obedecen a la falta de conducción que tiene el Frente Amplio, estos son más de fondo.

Hoy el Frente Amplio tiene en el horizonte una elección interna, con cuatro muy buenos candidatos, con menos visibilidad que los de la anterior elección interna pero con trayectorias muy fecundas en la izquierda. Nuestro candidato es el compañero Javier Miranda, un hombre independiente, frenteamplista “a secas”, de los cuatro quizás el que viene “mas de afuera”, pero puede ser que esa sea una de sus virtudes.

Cualquiera que gane sabe que tiene una gran tarea: conducir en forma colectiva a la izquierda, mejorar su funcionamiento interno y el diálogo hacia la sociedad en su conjunto, asumir un rol muy activo en el vínculo con el gobierno y ni más ni menos que conducir a la fuerza política en su conjunto hacia el ciclo electoral 2019-2020.

El Congreso ideológico que se llevará a cabo a fin de año cobra para nosotros, los frenteamplistas, similar importancia. La llamada “actualización ideológica” ha venido transcurriendo por la vía de los hechos mayoritariamente desde el Gobierno y la fuerza política. En particular nuestros militantes la han visto desde lejos, defendiendo muchas veces con pocos argumentos las decisiones del Gobierno, y también en algunos casos poniéndose como a la defensiva y demandando parar.

Por eso es necesario plantearnos algunos temas que son centrales y muy poco debatidos en la interna frenteamplista, de esos que pasan más por la puerta del Comité que por adentro. Pongo algunos ejemplos: la seguridad pública (uno de los asuntos que más preocupa y afecta a los uruguayos), la generación de la riqueza (tenemos decenas de documentos sobre redistribución de la riqueza pero muy pocos sobre como seguir mejorando en ese camino de desarrollo que el país viene transitando desde 2005 a la fecha) y podríamos seguir con otros temas centrales como Medioambiente y cambio climático, Educación, entre otros.

En pocas palabras, para seguir cambiando sobra paño. Y el cambio desde una perspectiva de izquierda es permanente, es parte de la mística frenteamplista y uno de los aspectos que nos diferencia del orden conservador de la derecha.

Mientras eso sucede a la interna de nuestra fuerza política, la principal tarea es gobernar y hacerlo de la mejor manera posible porque esa es nuestra mayor responsabilidad, por la cual nos votó el pueblo uruguayo.

También es nuestra responsabilidad tener bien claro cómo se mueve la derecha que como todos sabemos se sigue sintiendo desplazada de algo que considera como propio: el Gobierno. Se quedaron con la sangre en el ojo y eso se ve todos los días.

Debemos además estar atentos de algunos fenómenos que están a la vista de todos y parece que no reparamos en ellos: en el tema Ancap por ejemplo, más allá de los errores en la gestión y nuestras contradicciones a la hora de explicar lo que sucedió, hubo una decisión de presentar una denuncia penal conjunta: Blancos, Colorados, Independientes, y Asamblea Popular. Una coalición que va desde la derecha, pasando por el centro hasta la extrema izquierda. Todos juntos.

Todos juntos en este capítulo, pero también en la “movilización en el Campo”, en las elecciones de los integrantes sociales del BPS en las elecciones de hoy. Y algo similar sucedió en las elecciones docentes donde ganaron un lugar. El camino es uno solo, lo explicitan sus principales referentes: Novick con un estilo más retro con aroma a pachecato y Lacalle Pou disfrazado con su eslogan de campaña hoy tapado bajo una maraña de palos a Tabaré y al Gobierno.

Lo que sucedió en las departamentales en Montevideo se va replicar en todo el país, ¿quién no lo ve?

Por eso lo del título, no perdamos el rumbo: debate fraterno, constructivo, honesto, que nos lleve a crecer.

23
Mar
16

lula y dilma

¿Cuál es el sentido de Lula en el gobierno de Dilma?

 

escribe: Emir Sader / Sociólogo y filósofo brasileño, director del Laboratorio de Políticas Públicas (LPP) de la Universidad del Estado de Rio de Janeiro. Master en filosofia política y doctor en Ciencia política.

Después de reflexionar mucho, de sufrir muchas presiones –incluso una carta abierta de Leonardo Boff– para que aceptara la invitación de Dilma Rousseff para integrarse a su gobierno, en el ministerio que le pareciera, Lula finalmente aceptó y va a formar parte del gabinete. La derecha no ha aguardado nada para acusarlo de querer rehuir las acusaciones que se le hacen, porque pasa a gozar del derecho de reponder únicamente ante el Supremo Tribunal Federal (STF).

Pero para ello Lula tiene lista una respuesta: va a contestar al STF enfrentando lo movimientos de promotores regionales, cuyas acciones arbitrarias en contra de él han configurado claramente que se trata de persecución política. Situaciones que quedaron muy claras con la forma en que fue conducido a prestar declaración el día 4 de marzo en el aeropuerto de Congonhas, en Sao Paulo, así como la intempestiva solicitud de prisión presentada por otro promotor, que fue rechazada por una juez.

Sin embargo, la razón fundamental para que Lula acepte la invitación es para fortalecer al gobierno de Dilma Rousseff, en un momento en que se encuentra particularmente debilitado. Por una parte, por la crisis económica, que se alarga y se profundiza, demostrando que las medidas tomadas por el gobierno no tienen efecto, generando más recesión y desempleo creciente, con lo cual el gobierno logra recuperar el apoyo popular que ha perdido.

Por otra parte, la incapacidad del gobierno para desarrollar articulaciones políticas lo ha llevado a un nivel de aislamiento en el Congreso que hace posible que la alianza entre el PMDB y el PSDB pueda obtener mayoría suficiente para votar el impeachment de la presidenta, aun sin acusaciones que le den fundamento. O entonces para alguna versión del parlamentarismo, siempre en la dirección de quitarle poder a Dilma Rousseff.

Cualquiera que se el cargo que asuma –jefatura de la casa civil o secretario de gobierno–, Lula se encargará de recomponer las articulaciones políticas del gobierno, empezando por reacercar sectores del PMDB del gobierno, alejándolos del PSDB y de los proyectos golpistas. Asimismo, Lula se valdrá de sus contactos para recomponer las relaciones del gobierno con sectores del empresariado, hoy muy alejados del gobierno, en la perspectiva de la retoma del crecimiento económico. Así Lula contribuye también para las adecuaciones en la política económica, que él siempre ha defendido frente a Dilma.

Lula podrá también hacer las intermediaciones con el PT, la izquierda en su conjunto y los movimientos sociales. Además de que será una voz del gobierno siempre presente en los medios de comunicación y en las discursos públicos.

Como uno de sus consecuencias, está que Lula responderá por acusaciones que le hagan frente al STF, quedando libre de promotores regionales. Lo cual debilita las investigaciones del llamado Lava Jato, así como debilita también las iniciativas de impeachment.

Lula se juega por entero en el apoyo al gobierno de Dilma, unciendo su destino al de éste. La oposición teme que, estando de vuelta en el Palacio de Planalto, Lula ya no vuelva a salir de allá. Porque seguramente será candidato a presidente en 2018.

23
Mar
16

althusser

El legado de Louis Althusser al marxismo

escribe: Marta Harnecker / Rebelión

Este texto contiene mis respuestas a preguntas realizadas por varios entrevistadores en diferentes épocas de mi vida sobre el tema de Althusser y el marxismo [1]. Las agrupé en los siguientes temas:
▪ Del catolicismo militante al marxismo.
▪ Relación con Althusser: una profunda amistad.
▪ Mis primeros escritos.
▪ Validez actual de los aportes teóricos de Althusser.
▪ Una ausencia significativa en sus trabajos.
Es un pequeño homenaje, algo tardío, a quien ha significado tanto para mi vida intelectual y política a los 50 años de la publicación de sus dos primeros libros: Pour Marx y Lire Le Capital.

1. Del catolicismo militante al marxismo

—¿Cómo llegaste a encontrarte con Althusser?
1. —Para responder a tu pregunta tengo que hacer un largo rodeo.

2. —Empezaría por decir cómo llegué a interesarme en el marxismo. Y esto no ocurrió de un día para otro. Creo que las condiciones fueron preparándose desde 1958 o 1959. En ese momento yo era alumna de la Escuela de Psicología de la Universidad Católica de Santiago y había llegado a ser presidenta de la Acción Católica Universitaria. Con un grupo dirigente de dicha organización y otros compañeros de la Universidad Católica de Santiago comenzamos a plantearnos cómo lograr hacer más efectivo el principio cristiano del amor al prójimo. El libro del filósofo francés Jacques Maritain: Humanismo Cristiano era una especie de Biblia para nosotros en aquella época.

3. Como parte de un programa de la Iglesia Católica yo también había ido a trabajar a una fábrica de pastas (Lucketti) durante las vacaciones de mi tercer año de Psicología. Y lo hice porque quería quedar marcada para siempre por dicha experiencia, pensando que de esa manera no iba a caer en el aburguesamiento en que muchos estudiantes universitarios habían caído luego de transformarse en profesionales.

4. En este contexto se puede entender mejor la conmoción que produjo en mí la Revolución Cubana. A mediados de 1960, sólo seis meses después del triunfo, cuando todavía todos los guerrilleros verde olivo andaban con sus melenas largas, visité el país invitada como dirigente estudiantil de la Universidad Católica, junto a otros compañeros de la Universidad de Chile. Fue mi primer encuentro con una sociedad que estaba tomando medidas para resolver la desigualdad y aplicar la justicia social que yo ya buscaba. Eran los momentos de euforia, de improvisación y creatividad de una revolución que todavía no se declaraba socialista, pero que había transformado al pueblo en el verdadero protagonista del proceso y en su principal beneficiario. Una revolución que desde tan temprana edad había empezado a practicar la solidaridad con otros países de América latina.
—¿Puedes poner un ejemplo de alguna expresión de solidaridad de la revolución cubana?
5. —Recuerdo siempre mi visita a un cuartel transformado en escuela en la Sierra Maestra. Al saber que yo venía de Chile —país recientemente afectado por un fuerte terremoto que había destruido muchas viviendas—, aquellos niños campesinos de corta edad, para mi asombro, me preguntaron por el terremoto y me dijeron que en su escuela estaban esperando la llegada de niños chilenos mientras se reconstruían sus casas.

6. Las seis semanas en las que recorrimos la isla de punta a cabo nos permitieron vibrar con ese pueblo y sus múltiples esfuerzos por comenzar a salir de la pobreza y encontrar una vida digna. Esa experiencia produjo en mí una rápida politización que asombró a mis amigos más cercanos. Desde entonces las preocupaciones políticas pasaron a ser más importantes que las religiosas, pero esto todavía nada tenía que ver con el marxismo.
—¿Cómo llegaste a París?
7. —Luego de licenciarme en Psicología en la Universidad Católica de Chile, y de empezar a trabajar como profesora de Psicología Fenomenológica en esa universidad, decidí postular a una beca que ofrecía la embajada francesa, junto a Rodrigo Ambrosio, mi pololo (así llamamos en Chile a las relaciones amorosas antes de ser formalizadas en noviazgo) y otra pareja: Cristina Hurtado y Raimundo Beca. Todos nos ganamos becas y viajamos a París en barco en septiembre de 1963.

8. En esa época de mi vida pre-política, si la pudiésemos llamar así, tenía una gran preocupación filosófica: el tema de la libertad humana. Una prueba de ello es que mi tesis de licenciatura en la carrera de Psicología estuvo centrada en la fenomenología del acto libre. Mi visión de la libertad humana se contraponía a mi visión del marxismo de aquel entonces: rechazaba el materialismo mecanicista que negaba dicha libertad.
—Has mencionado el marxismo, ¿podría decirme cómo llegaste a interesarte en él?
9. —Mi interés por el marxismo aparece como resultado de la lucha estudiantil entre cristianos y comunistas. En el medio político en que yo me movía (simpatizantes de la Democracia Cristiana), oía constantes críticas a la teoría marxista y, por un principio de honradez intelectual, fue surgiendo en mí la necesidad de conocer en sus propias fuentes esa teoría.

10. —Conociendo que me había propuesto estudiar el marxismo durante mi estadía en Francia, mi amigo cristiano‑marxista chileno (Jacques Chonchol) me recomendó hablar con un sacerdote francés, militante del partido comunista de ese país. No recuerdo su nombre. Y ese sacerdote me recomendó ponerme en contacto con Louis Althusser, que entonces impartía clases en la Escuela Normal Superior de la Rue D’Ulm, en el Barrio Latino. Me lo recomendó porque él consideraba que era una persona que tenía una gran disposición a trabajar con los jóvenes.
—¿Ya habías leído algo sobre el marxismo?
11. Antes de conocer a Althusser había leído dos textos marxistas: un pequeño librito de Politzer sobre el materialismo dialéctico y un libro de Charles Bettelheim sobre el subdesarrollo. El primero lo único que hizo fue aumentar mis aprensiones como creyente acerca del materialismo marxista. El segundo fue fundamental para acercarme al marxismo ya que echaba por tierra la expandida tesis del llamado “círculo vicioso de la miseria” que el sacerdote jesuita Roger Veckemans nos había inculcado en Chile. Se me abrió un mundo cuando entendí que la pobreza de nuestros países no se debía a que fuésemos menos capaces o más pobres, sino a la explotación que habíamos sufrido por parte de los países desarrollados. Era la primera explicación marxista convincente que recibía acerca de cómo funcionaban nuestras sociedades.

12. En mis primeras vacaciones en Francia, además de dedicar un tiempo al turismo viajando “a dedo” (autostop) por el Sur de Francia hacia Italia, dediqué otra parte de éste a leer sobre Marx. Probablemente orientada por el sacerdote comunista leí el libro del jesuita Jean-Ives Calvez: La Pensée de Karl Marx [2] (El pensamiento de Karl Marx), y me identifiqué mucho con su búsqueda intelectual inicial.
—Volviendo a tu viaje a París, ¿qué fuiste a estudiar?
13. —Yo pensaba inicialmente especializarme en Psicología Social, para volver a impartir clases en Chile sobre la materia, pero al ver el programa de La Sorbonne me di cuenta que ya había estudiado todos esos contenidos en mi país. Fue entonces cuando un amigo uruguayo de la Acción Católica [3] que estaba estudiando en París, me recomendó hablar con Paul Ricoeur, un conocido filósofo francés que realizaba unas especies de tutorías con algunos estudiantes interesados en esta forma de aprendizaje.

14. Ricoeur me recomendó leer a varios autores, pero como todos ellos tenían referencias a Kant, autor que yo no había estudiado, terminó por recomendarme la lectura de una de sus obras: La Crítica de la razón pura. Recuerdo que leía 16 páginas por días y trataba de ir resumiendo sus principales ideas. Mi primer trabajo fue comparar el concepto de imaginación radical de Kant con el de fantasía creadora de Phillip Lersch, un psicólogo alemán con un enfoque fenomenológico de esta materia que se estudiaba en la carrera de Psicología en la Universidad Católica de Santiago. [4] Carente de formación filosófica, me sentía muy insegura intelectualmente al estudiar estos autores tan complicados para mí. Mi inseguridad era tal que nunca me atreví a preguntarle a Ricoeur qué pensaba de mi trabajo. Luego me dio una segunda tarea: escribir acerca de una obra de Merleau Ponty. Recuerdo que hice un resumen de ella y se la entregué a mi profesor, pero nunca supe qué opinó de ella.

15. Ese primer año y parte del segundo, no tuve contacto alguno con Althusser.
2. Relación con Althusser: Una profunda amistad

—¿Cuándo ocurrió tu primer contacto?
16. —Fue, si no recuerdo mal, en el otoño de 1964, luego de las vacaciones de verano en Europa y habiendo ya leído el libro de Calvez, que contacto por la primera vez a Althusser. Habíamos formado un grupo de estudios con el grupo que llegó conmigo y algunos amigos latinoamericanos provenientes de diversos países y relacionados a mis actividades previas en la Acción Católica Universitaria, fundamentalmente brasileños. [5] Fue por encargo de ese grupo que al fin me decidí a contactarlo. Lo llamé por teléfono para pedirle una cita e inmediatamente me invitó a pasar por su casa.

17. Él vivía en un pequeño departamento dentro de la Escuela Normal Superior de Rue D’Ulm, a unos 50 metros del hotel en que yo estaba alojada en la calle Feuillantines. Me impresionó el buen gusto con que estaba arreglada su sala y lo humano que él era. Mi timidez inicial desapareció rápidamente.

18. Ese primer encuentro con Althusser fue el inicio de una gran amistad. Desde que lo conocí hasta que cayó en estado depresivo profundo en 1968, lo veía regularmente una o dos veces por semana, sea en su departamento, donde él mismo cocinaba, sea en algún restaurante a la orilla del Sena o en algún otro lugar del Barrio Latino.

19. En ese momento yo estaba viviendo una crisis personal. Por un lado, el amor no correspondido por parte de Rodrigo Ambrosio, cuya relación yo había terminado meses antes de ir a París, pero que ya en esa ciudad en vano quise retomar —él había quedado muy traumatizado por la inesperada ruptura de mi parte—. Por otro, una gran inseguridad intelectual provocada por las lecturas filosóficas que me recomendaba Paul Ricouer. Recuerda que yo estudié Psicología y tenía, por lo tanto, una escasa formación filosófica.

20. Althusser me ayudó en ambos planos, en el afectivo y en el intelectual. En el primero decía que no podía entender cómo no era correspondida. En el plano intelectual me reafirmó enormemente.

21. Me pidió que le pasara el último trabajo que acababa de terminar para Ricoeur sobre Merleau‑Ponty. Recuerdo que le dije: “No se si soy inteligente o no.” “Pásame tu trabajo”, me dijo. Y luego de leerlo expresó: “Tú tienes una gran capacidad pedagógica. No te preocupes tienes tiempo para ser filósofa; todavía eres muy joven.” Eso me ayudó mucho. La verdad es que nunca llegué a ser filósofa, pero sí creo que tengo una fuerte vocación pedagógica y habilidades para comunicar ideas en forma sencilla.

22. Una de de las primeras cosas sobre las que conversamos con Althusser fue sobre el tema del tiempo, que para mí era como una camisa estrecha. Le expresé mi angustia de sentir que no podía hacer todo lo que quería hacer. Nunca he podido entender cómo la gente puede aburrirse cuando hay tantas cosas en que ocuparse. Él me recomendó leer su artículo sobre el teatro materialista donde habla de Bertolt Brecht, publicado en diciembre del 1962 en la revista Esprit, porque allí abordaba ese tema. Ese fue el primer trabajo que leí de él.

23. Althusser había estado publicando anualmente desde 1960 artículos muy interesantes [6] y polémicos en relación con las obras de la juventud de Marx, que luego fueron reunidos en su libro Pour Marx, publicado en 1965 por la editorial Masperó. Los planteamientos allí vertidos conmovieron al medio intelectual francés y luego al europeo, entre otras cosas porque iban contra la corriente de aquellos años en que muchos autores estaban desarrollando una visión humanista del marxismo basado en las obras del joven Marx.

24. Él me fué pasando esos artículos y me recomendó leer directamente a Marx empezando por El Capital, y no por sus páginas iniciales sino partiendo por el capítulo de la plusvalía, ya que en los primeros capítulos Marx había coqueteado —según el— con la dialéctica hegeliana.

25. Se estableció así entre ambos un riquísimo intercambio intelectual. Yo le iba consultando las dudas a medida que iba leyendo sus escritos; al comienzo los que él había publicado hasta ese momento y luego sus trabajos inéditos, o El Capital; y él me iba contando acerca de sus nuevas incursiones teóricas.

26. Cuando lo invité a participar en una reunión de nuestro grupo de latinoamericanos, me respondió que no tenía tiempo para hacer esto ya que estaba trabajando intensamente en su libro Pour Marx, pero que me invitaba a participar en el seminario sobre otro libro en preparación: Lire Le Capital. Me recomendó en cambio invitar a Régis Debray, muy amigo de él. En esa época Régis ya había publicado su primer libro: El castrismo: La larga marcha de América Latina.
— ¿Podrías decirnos qué papel atribuyes a ese pensador en el desarrollo del marxismo y en tu propia formación personal?
27. —A mi entender Althusser hizo un aporte fundamental en el campo teórico: nos permitió redescubrir el marxismo. Nos enseñó no sólo que Marx no había sido superado, como solía plantearse entonces, sino que, por el contrario, el potencial teórico de su obra había sido subutilizado; que la ciencia de la historia descubierta por Marx nada tiene que ver con las interpretaciones dogmáticas del marxismo que lo consideran un conocimiento acabado; que gran parte del camino está por hacerse; que ser marxista no es repetir fórmulas hechas y aplicarlas mecánicamente a realidades históricas concretas sino extraer de las obras de Marx aquellos instrumentos teóricos que permiten enfrentar en forma creadora nuevas realidades.

28. En cuanto a mí, Althusser me hizo descubrir a Marx. Me apasionó tanto su enfoque del marxismo como instrumento para la transformación social que decidí abandonar la psicología (en Chile me esperaban como docente universitaria en esa materia), para dedicarme de lleno al marxismo. Esa decisión la tomé previa consulta con mis amigos chilenos de París. Era una decisión demasiado importante para tomarla sola. Yo quería su opinión acerca de donde yo podía ser más útil para Chile. Todos concordaron en que debía dedicarme a estudiar marxismo.

29. Entonces pensaba que a mi regreso a Chile podría ganarme la vida como traductora de francés. Nunca pensé que iba a poder vivir del marxismo. Pero llegué a Chile en plena reforma universitaria, cuando se valoraba más haber escrito un libro que tener un título universitario. Mi único título entonces y hasta hoy es el de Licenciada en Psicología. Fue gracias a Los conceptos elementales del materialismo histórico, mi primer libro, que llegué a ser profesora universitaria de esta materia. Junto con Clodomiro Almeida, que luego fue ministro de Salvador Allende, elaboramos los primeros programas de marxismo en la Universidad de Chile.
— ¿Cuándo empiezas a estudiar a Marx, propiamente tal?
30. Eso ocurrió el verano de 1965 luego de mis primeros contactos con Althusser y mi decisión de prepararme en marxismo. Dejé la tutoría de Ricoeur y comencé a leer a Marx. Me concentré en estudiar El Capital —como me había recomendado Althusser— y lo hice en forma muy rigurosa, haciendo resúmenes y esquemas de todo lo que iba aprendiendo. Más tarde, en 1971, gran parte de ese material fue incluido en mi segundo libro: El capital: conceptos fundamentales.
— ¿Qué aprendiste de Althusser?
31. —Él me enseñó el método con que debía estudiar a los clásicos del marxismo. Me enseñó a “leer”, a leer más allá de lo que una cita dice textualmente, a leerla en su contexto, a leer en profundidad, a deducir de lo que el autor dice, pero también de lo que no dice, a desentrañar su pensamiento profundo. Creo que sólo de esta manera es posible que nos liberemos del dogmatismo, de la repetición de citas textuales sacadas de su contexto; que aprendamos a argumentar con razonamientos y no con recitación de textos. Sólo de esta manera se puede desarrollar creadoramente el marxismo, extrayendo de las obras de los clásicos un enorme caudal de instrumentos teóricos que serán muy útiles para el estudio de las nuevas realidades que van surgiendo. Gracias a este método logré reconstruir, por ejemplo, el concepto de clases sociales en Marx. Darle de alguna manera vida al capítulo inconcluso de El capital. En ninguna parte de su obra Marx define el concepto de clase social. Cuando lo iba a hacer muere, pero a lo largo de toda su obra están presentes los elementos teóricos que permiten darle un contenido conceptual a esa palabra clave para el marxismo.

32. Quiero aclarar, finalmente, que mi admiración por Althusser y mi gratitud por todo lo que significó su apoyo y amistad en mi desarrollo intelectual y personal, no significa que haya compartido plenamente todos sus planteamientos. Recuerdo que no compartí su crítica a la Unión Soviética en relación con la guerra en Vietnam. Pero, sean cuales sean nuestras diferencias eso no invalida en absoluto el gran aporte que creo que ha hecho al desarrollo de la teoría marxista.
—Entiendo que tú participaste en seminarios en la Escuela Normal Superior, ¿es así?
33. —Sí, así es. No recuerdo si fue a fines del 64 o comienzos del 65 que Althusser convocó al seminario sobre el tema de su futuro libro: Para leer El Capital. Este libro cumplió 50 años de ser publicado en 2015. El seminario era abierto a personas de fuera de la Escuela Normal y, como te mencioné antes, Althusser me había invitado a asistir a él. Lo hice acompañada de Petrola, un amigo brasileño filósofo.

34. Este libro fue escrito por varios autores. Además de Althusser, participan: Etienne Balibar, Roger Establet, Jacques Rancière, Pierre Macherey. En el seminario, cada autor exponía su capítulo y luego se entraba a una discusión colectiva. Me costaba mucho seguir la exposición de los autores cuando leían sus respectivos capítulos. Por una parte, mi comprensión del francés no era perfecta, pero, sobre todo, no tenía la formación filosófica para entender muchas de las cosas que allí se planteaban. Quien ha leído a Althusser sabe lo complejo que es su pensamiento. Sin embargo, cuando se abría el debate y los autores respondían a las preguntas lograba entender mucho más.

35. En el otoño del año siguiente (1966) empecé a participar en un seminario organizado por el grupo de discípulos de Althusser de la Escuela Normal. En este caso tuve una participación activa. Me sentía mucho más segura por haber leído prolijamente El Capital en las vacaciones.
—¿Fueron estos discípulos suyos los que luego abandonaron el Partido Comunista?
36. —Efectivamente, este grupo fue derivando cada vez más hacia el maoísmo hasta plantearse el abandono del Partido Comunista en el que todos ellos militaban. Yo también simpatizaba mucho con el maoísmo. Me extrañó que Althusser no abandonara el Partido como sus discípulos, ya que él apreciaba altamente el pensamiento de Mao Tse Tung. Cuando le pregunté la razón de su decisión me respondió: “He permanecido en el partido porque es allí donde está la clase obrera francesa. Ellos (sus alumnos) son un grupo pequeño burgués y como tal tienden a irse a los extremos.” Y eso fue lo que ocurrió. Una gran parte de este grupo que era extremadamente teórico, en un momento posterior decidió abandonar los estudios teóricos e incorporarse a trabajar en las fábricas como obreros. El mayo francés (1968) los encuentra en esa situación y por eso no pudieron participar en la orientación política de esas luchas.
— ¿La enfermedad de Althusser afectó tu relación con él?
37. —Si no me equivoco fue en el verano u otoño de 1967 que Althusser cae en la depresión profunda que te mencioné anteriormente y desaparece por varios meses de la Escuela Normal. Para mí fue muy duro verlo derrumbarse y no poder ayudarlo. Es terrible ver que una persona por la que sientes un gran cariño se hunde a tu lado y no puedes hacer nada por salvarla. La depresión es una enfermedad que te lleva a aislarte, creas una muralla que no puede ser traspasada por nada ni nadie. Se trata de una enfermedad que tiene orígenes en traumas sicológicos tremendos en la vida infantil.

38. La enfermedad me permitió cortar con el cordón umbilical que me unía a Althusser. Ese año decidí volver a Chile. No sé qué hubiese pasado si él no se hubiese enfermado. Me parecía tan difícil abandonar París cuando tenía las posibilidades de estar en constante diálogo con él. Además entre nosotros se había creado una relación muy especial, algo más que una simple amistad. Yo muchas veces me pregunté si no estaría enamorándome de él o si sólo se trataba de una inmensa abstracción intelectual. Él, por su parte, me confesó que debido a sus problemas psicológicos no podía amar profundamente a nadie y que si bien sentía un gran afecto por mí, no quería establecer una relación que me haría sufrir.

39. Ese mismo verano mi padre me había invitado a ir a Chile en las vacaciones europeas, lo que también ayudó a que me motivara a regresar a mi país. En ese momento Althusser ya era famoso en América Latina, y yo empezaba a ser conocida por el prólogo que hice de su libro: Pour Marx que, con su consentimiento, titulé: La revolución teórica de Marx.
3. Mis primeros escritos

—¿Cómo fue que llegaste a traducir Pour Marx al español?
40. —Para responderte, debo volver un poco atrás. Cuando llegué a estudiar a París, me había propuesto quedarme sólo dos años y luego volver a mi país. No quería que me pasara como a otros estudiantes de América Latina que nunca volvían, se transformaban en eternos becados. Por ello decidí renunciar a un tercer año de beca, pero luego, al conocer a Althusser, y al sentir que era una oportunidad extraordinaria poder trabajar tan cerca de él, decidí quedarme por más tiempo y para sobrevivir, tuve que empezar a trabajar.

41. Empiezo vendiendo tarjetas postales artísticas en una librería del Barrio Latino y luego trabajo en la traducción de Pour Marx y luego de Para Leer El Capital. Debo haber iniciado la traducción del primero a mediados de 1965 o comienzos de 1966, terminándola en agosto de este último año. Siglo XXI editores publica este libro a inicios de 1967. No recuerdo bien pero probablemente fue Althusser quien me propuso como traductora a dicha casa editorial mexicana.

42. La traducción de Pour Marx fue una tarea llena de desafíos, pero muy positiva porque me obligó a adentrarme a fondo en el pensamiento de su autor. Y la introducción a ese libro fue mi primer escrito. Cuando se la mostré a Althusser a él le encantó. Encontró que había sido capaz de poner en forma muy clara conceptos que eran muy complejos. Al revisarla me pidió incluir algunas precisiones filosóficas que él mismo redactó.

43. Esa introducción me dio a conocer como intelectual marxista althusseriana en los medios académicos latinoamericanos, y lo hizo en un momento en que había un verdadero snobismo althusseriano. Esta situación se revertiría algunos años volviéndose en un snobismo anti Althusser. Muchos de los que fueron muy admiradores suyo, luego, con la crítica a su supuesto estructuralismo, se trasnformaron en anti-althusserianos sin haber entendido a cabalidad su pensamiento.
—¿En qué fundamentas tu afirmación?
44. —Hubo dos cosas que yo viví de cerca que revelan lo poco que lo entendieron.

45. La primera se refiere a mi experiencia en un seminario realizado en Paris al que asistió un grupo selecto de filósofos. Este seminario debía estudiar primero el tema del estructuralismo —que estaba de moda en ese momento en París— y luego a Althusser.

46. Mientras se discutía sobre estructuralismo, tema que me costaba muchísimo entender, no me di cuenta de la calidad de los debates, pero cuando entramos a discutir el pensamiento de Althusser —que yo dominaba—, me di cuenta que muchos de esos grandes filósofos no habían entendido varios de sus conceptos claves.

47. La otra prueba es lo que ocurre con el libro de Althusser La revolución teórica de Marx. Ahí yo uso el término de “estructura a-dominante” para traducir su concepto “structure à dominante” distinguiéndolo de su otro concepto: “estructura dominante” (structure dominante). El editor decidió, sin consultarme, eliminar simplemente la “a” de la palabra “estructura a-dominante” porque consideró que esa palabra no existía en español, dejó sólo “estructura dominante” y con ello deformó completamente el esfuerzo hecho por el autor por diferenciar ambos tipos de estructuras. En Althusser el término “estructura a dominante” se refiere al concepto del todo social que está compuesto de varias estructuras (económica, ideológica, jurídico‑política), una de las cuáles domina en el todo mientras las otras tienen un papel subordinado.

48. Yo reclamé y logré que aceptaran corregir la segunda edición. Después de 17 años de esa edición corregida leo un artículo de un dirigente comunista chileno exiliado en París donde escribe: “Como Althusser dijo, ‘estructura dominante o a­‑dominante’…” Asombrada de esta formulación, reviso la edición corregida y compruebo que habían corregido un pliego del libro, pero que los otros pliegos habían conservado el error. Y ese libro fue utilizado como texto por profesores universitarios durante 17 años y nadie reclamó por dicho error. Eso me hace pensar que no entendieron uno de los conceptos más claves de la interpretación althusseriana de Marx.
— ¿En qué contexto político‑social llegan las obras de Althusser a América Latina?
49. —Las primeras obras de Althusser llegaron a América Latina en un momento en que se habían producido reformas universitarias y el marxismo empezaba a ser por primera vez materia de estudio universitario. Fueron años de auge del marxismo y del pensamiento de izquierda. Los trabajos de varios intelectuales marxistas sirvieron de base para la elaboración de los planteamientos programáticos de los gobiernos y partidos de izquierda de esa época, en brutal contraste con la situación actual.
—¿Cómo fue que llegaste a escribir Los conceptos elementales del materialismo histórico?
50. —La Introducción a Pour Marx no sólo fue una carta de presentación ante los intelectuales latinoamericanos, sino que también sirvió para que Althusser me invitase a colaborar en otro libro que él y Etienne Balibar iban a emprender. El proyecto era que yo colaborara haciendo una exposición más pedagógica de sus ideas. El habló con Masperó, el editor francés de muchos de sus libros, sobre este nuevo proyecto y consiguió que él me comenzara a pagar en forma anticipada una cierta cantidad de dinero por ese trabajo. Ese proyecto nunca prosperó porque fue entonces cuando Althusser cayó en esa profunda depresión.

51. En el último año de mi estadía en París (fines del 67 y mitad del 68) me dediqué a impartir un curso sobre el materialismo histórico con el enfoque althusseriano a un pequeño grupo de estudiantes latinoamericanos: brasileros, chilenos, mexicanos y haitianos. Quién tuvo la idea de hacer una pequeña escuela para formar cuadros políticos latinoamericanos fue Adolfo Orive, un economista mexicano que estudiaba en París, hoy senador de la República. El provenía de una familia mexicana muy rica y tenía bastante dinero como para pagarme un año más de estadía en París.

52. Cuando Althusser cae en esa profunda depresión, yo fui a ver a Masperó y le expuse mi decisión de devolverle el dinero que había recibido de él para el proyecto de libro de Althusser. El se mostró muy asombrado, nadie jamás le había devuelto un dinero por un trabajo relacionado con la editorial. No quería aceptarlo. Entonces, la alternativa que le presenté fue la de transformar en un pequeño manual el texto sobre materialismo histórico que había preparado para impartir las clases al grupo de latinoamericanos que mencioné anteriormente. Le ofrecí además un segundo libro sobre el materialismo dialéctico y otro sobre conceptos políticos. Masperó se mostró encantado.

53. Sin embargo, a los pocos meses, cuando Althusser se recupera de su depresión y conoce mi propuesta, le pide a Masperó que suspenda la publicación de dicho libro, porque contenía ideas que él todavía no había publicado, a las cuales yo había podido tener acceso por estar trabajando en el proyecto del otro libro que mencioné anteriormente. No objetó, sin embargo, que yo lo publicara en América Latina.

54. Contacté a Arnaldo Orfila, director de Siglo XXI Editores, quien recibió con gusto la idea. Él había quedado muy bien impresionado con la lectura de mi introducción a La Revolución teórica de Marx y luego con un contacto personal que habíamos tenido en relación con la publicación de ese libro.

55. Terminé de escribir Los conceptos … en 1968, poco antes de partir a Chile. Después supe que una de las personas que contribuyó a que el libro fuese publicado en dicha casa editorial fue Gaspar Ilom, que luego se transformaría en el comandante de una de las organizaciones guerrilleras guatemaltecas: la Organización del Pueblo en Armas (ORPA).
—¿Cómo explicas el éxito que tuvo dicho libro en América Latina y otras partes del mundo?
56. —Te confieso que nunca pensé, ni creo que el propio editor haya imaginado la enorme repercusión que tendría este esfuerzo pedagógico. Yo siempre digo que lo pude escribir porque no tenía entonces, ni tengo todavía, un conocimiento enciclopédico del marxismo. Sólo había leído El capital de Marx y algunas otras obras de lo que Althusser llamaba: el “Marx maduro”, y los escritos de Althusser de los años 60. Luego, en la edición revisada y ampliada en 1985, incorporé obras posteriores de Althusser, fundamentalmente su artículo acerca de los aparatos ideológicos del Estado.
—¿Podrías decirnos qué persigues con tus trabajos sobre teoría marxista?
57. El objetivo fundamental de mis trabajos ha sido y es de orden pedagógico. Primero pretendí hacer llegar a mucha gente ese redescubrimiento del marxismo realizado por Althusser y el grupo de compañeros que trabajaba con él. Como sabes, su lenguaje era muy hermético aún para los propios intelectuales; me esforcé por hacer llegar todo eso a los trabajadores. Y luego, a medida que iba profundizado en el marxismo, cómo hacer accesible al máximo de gente todo lo que iba descubriendo.

58. Es extraño, pero creo estar en lo cierto al decir que existen muchos más investigadores y estudiosos del marxismo que pedagogos, pero resulta que no son los investigadores ni los estudiosos los que hacen la historia, son nuestros pueblos. Yo me propuse como tarea ayudar a la gente sencilla a desembarazarse de la ideología dominante burguesa, a ayudarla a tener una posición crítica, quise colaborar dándole instrumentos que le permitiesen enfrentarse a realidades nuevas y cambiantes. Los manuales clásicos de marxismo no me convencían, me parecía que la gente aprendía a recitar y no a analizar, ellos daban la impresión de que existen respuestas hechas para todo, cuando lo que hay que hacer es construir esas respuestas a cada instante.

59. Mi esfuerzo estuvo encaminado entonces a dar instrumentos de trabajo intelectual, no respuestas hechas, y a tratar de explicar cómo se llega a esos instrumentos. Si se lee con atención la última revisión (1985) de mi libro: Los conceptos elementales del materialismo histórico, las grandes definiciones están siempre al final de un largo recorrido explicativo. Y esto es más claro aún en los Cuadernos de educación popular donde, por ejemplo, el concepto de fuerzas productivas que se ha prestado a tantas simplificaciones e interpretaciones evolucionistas que nada tienen que ver con el marxismo, no aparece en el primer cuaderno, Explotados y explotadores, sino en el tercero de la edición actualizada y generalizada, de la editorial española Akal.

60. La verdad es que he sido la primera sorprendida por la gran difusión que han tenido mis libros. Nunca pensé que un texto, que estuvo inicialmente destinado a un pequeño grupo de compañeros revolucionarios, llegara a tener tal acogida, transformándose de hecho en texto de estudio de las universidades latinoamericanas. Tampoco imaginé que los Cuadernos de educación popular, elaborados para responder a las ansias de educación política de crecientes sectores del proletariado y de los estudiantes chilenos durante el gobierno de Allende, iban a ser reproducidos y adaptados en numerosos países de América, Europa y también de África. Creo que ello se debe a lo que decía antes, al gran vacío pedagógico que hay en el terreno del marxismo.
—Tu primer libro ha sido muy bien recibido por amplios sectores pero también ha sido muy criticado por otros, ¿qué interpretación haces de esa recepción contradictoria?
61. —Los que me han criticado han sido los intelectuales, los que han agradecido mi contribución han sido los militantes políticos populares, saca tú tus propias conclusiones.
4. Validez actual de los aportes teóricos de Althusser

—¿Se puede decir que el pensamiento de Althusser tiene validez en el momento actual?
62. —Yo creo que gran parte de sus formulaciones teóricas siguen teniendo gran validez y siguen siendo muy útiles. Hay que recordar que el proyecto de Althusser era rescatar el poder y originalidad de la teoría de Marx para el avance del conocimiento científico de la sociedad y, a partir de ese conocimiento, poder ofrecer al movimiento comunista internacional elementos para orientar la acción política. Su mira estuvo siempre en la transformación de la sociedad mediante la lucha revolucionaria.

63. A continuación me refiero brevemente a algunas de estas formulaciones.
La ruptura epistemológica. Las nociones de campo ideológico y de problemática
64. —Althusser nos enseñó —como te decía— a estudiar el pensamiento de Marx. La gran pregunta que nos planteaba era: ¿en qué momento la elaboración teórica, el pensamiento de Marx, puede comenzar a reconocerse como tal, como diferente de otros autores de su época?

65. Él nos dice que toda ciencia tiene un comienzo, una prehistoria de la que sale y de la que continúa saliendo, pero hay un momento en que el pensamiento de un autor se diferencia del de otros autores. A ese comienzo Althusser le llamó corte o ruptura epistemológica, reconociendo la paternidad del concepto en Gastón Bachelard.

66. Para entender esta ruptura son fundamentales los conceptos de problemática y de campo ideológico. Todo pensamiento tiende a ir evolucionando, pasando por diversas etapas, caracterizándose cada una de ellas por la forma en que se articulan los diversos conceptos en una problemática o un nuevo dispositivo conceptual.

67. Marx en un momento asumió la problemática feuerbachiana. Una lectura crítica cuidadosa de Marx como la que hizo Althusser al editar la traducción francesa de Feuerbach, demuestra que muchos de los párrafos que los marxistas humanistas citaban como propios de Marx, no eran sino copia de párrafos textuales de Feuerbach que Marx escribía para su uso personal.

68. Sólo cuando un pensamiento rompe con diversas problemáticas del pasado y produce una nueva problemática es cuando se puede hablar con propiedad de un pensamiento propio. El pensamiento original de Marx sólo surge en un momento de su desarrollo intelectual, cuando rompe con las problemáticas hegeliana y fuerbachiana con las que se había identificado previamente y en las cuales están inmersas sus obras de juventud.

69. Los escritos del Marx joven —que hablan del ser humano, su alienación y su liberación— tardíamente traducidos y desde los años 30 utilizados en el medio académico europeo para luchar contra el marxismo, empiezan a ser utilizados por los intelectuales marxistas y los propios partidos comunistas luego del XX Congreso del PCUS (1956), que criticó el culto de la personalidad de Stalin.

70. Según Althusser, esa concepción humanista de la obra de Marx —que fue adoptada por varios partidos comunistas, e incluso por el PCUS—, en lugar de resolver los problemas de la izquierda y del socialismo soviético llevaban a un callejón sin salida.

71. Una nueva problemática significa siempre nuevos conceptos, en el caso de Marx: modo de producción, fuerzas productivas, relaciones de producción, plusvalía, etcétera.
La envergadura del descubrimiento de Marx
72. —Según Althusser, Marx no se dio cuenta de la profundidad de su descubrimiento teórico. Se pensó a sí mismo como alguien que aportaba en el terreno económico y, especialmente, en cuanto a la comprensión de la lógica capitalista, pero la envergadura de su aporte fue mayor, él fundó —como dice Althusser— una nueva ciencia: la ciencia de la historia.

73. Para llegar a esta conclusión me pareció muy interesante del método con que Althusser lee a Marx y especialmente su obra maestra El Capital. No sólo estudia lo que él dice explícitamente, sino también lo que no dice —como te decía— y muchas veces eso que no dice ilumina más su pensamiento que lo que dice, de la misma manera que un psicoanalista descubre más cosas en los silencios y sueños de su paciente que en lo que éste comunica directamente.

74. Para explicar la profundidad del descubrimiento de Marx, Althusser utilizaba la metáfora de los continentes científicos. Desarrollé esta idea en mi libro Los conceptos elementales del materialismo histórico. Allí digo, citando a Althusser [7] , que antes de Marx sólo habían sido descubiertos dos grandes continentes: el continente Matemáticas por los griegos (Tales o lo que el mito de este nombre así designa) y el continente Física por Galileo y sus sucesores. Una ciencia como la química fundada por Lavoisier es una ciencia regional del continente Física. Una ciencia como la biología, al integrarse a la química molecular, entra también en este mismo continente. La lógica en su forma moderna entra en el continente Matemáticas. Por el contrario, es muy posible que Freud haya descubierto un nuevo continente científico. Marx, por su parte, habría abierto al conocimiento científico un nuevo continente: el continente de la Historia.

75. Esta nueva ciencia fundada por Marx es una ciencia “materialista” como toda ciencia y, por ello, se la ha denominado materialismo histórico. La palabra materialismo indica simplemente la actitud estricta del sabio frente a la realidad de su objeto, que le permite captar, como diría Engels, “la naturaleza sin ninguna adición desde fuera”. Pero, la expresión “materialismo histórico” es, sin embargo, algo extraña, ya que las otras ciencias no emplean la palabra “materialismo” para definirse como tales. No se habla, por ejemplo, de materialismo químico o de materialismo físico. El término materialismo, utilizado por Marx para designar la nueva ciencia de la historia, tiene por objeto establecer una línea de demarcación entre las concepciones idealistas de la historia y la nueva concepción materialista, es decir, científica de la historia.

76. Ser capaz de hacer un análisis científico de los fenómenos históricos es ser capaces de descubrir la causalidad o determinación que los rige, permitiéndonos predecir de alguna manera lo que podría ocurrir en el futuro. No se trata del determinismo mecanicista de la mecánica clásica expresada en leyes del movimiento de Newton, relacionadas con causas y efectos simples, ni del determinismo evolucionista de Darwin, sino de una causalidad estructural o causalidad dialéctica estructural. Así definió a Althusser al determinismo marxista.
El concepto de contradicción sobredeterminada contra el determinismo mecanicista
77. —Y justamente una de las primeras cosas que logró Althusser fue romper en mí el fantasma del determinismo mecanicista del marxismo. Yo era entonces —como te decía anteriormente— católica militante y me preocupaba el tema de la libertad humana. Althusser con su concepto de contradicción sobredeterminada resolvió mi problema filosófico. Su defensa de la dialéctica marxista como un fenómeno antimecanicista, donde no hay una contradicción simple: fuerzas productivas/relaciones de producción sino que esta contradicción está siempre sobredeterminada por otras múltiples contradicciones, me permitió entender que no era contradictorio afirmar que la sociedad determina el quehacer del individuo (hombre o mujer), pero que éste/a, a su vez, desempeña un papel en la historia.

78. Este determinismo de nuevo tipo, que permite un espacio para la acción del hombre en la historia, nos permite ver en qué lugar tenemos que combatir para que nuestro actuar sea más eficaz, porque sí debemos combatir para transformar el mundo. Esta forma de entender el determinismo marxista confronta la tesis evolucionista mecanicista que deduce el advenimiento del socialismo de la maduración la contradicción entre fuerzas productivas y relaciones de producción. Y nos permite entender por qué las crisis estructurales del capitalismo no conducen necesariamente a salidas revolucionarias.
Los diferentes niveles teóricos y los diferentes tipos de discurso
79. —Otro aspecto metodológico que aprendí de Althusser —y que me parece primordial para hacer una lectura crítica de un autor— es la necesidad de distinguir entre los diferentes niveles y características de su discurso. Para ilustrar lo que quiero decir, veamos lo que ocurre en El Capital. En los primeros volúmenes, cuando en el El Capital Marx se está refiriendo al nivel más abstracto, al nivel del modo de producción capitalista, vemos que sólo existen dos clases: la clase capitalista dueña de las empresas (de los medios de producción) y la clase obrera explotada por estos dueños. Pero ya en el tercer volumen, cuando empieza a considerar la sociedad capitalista, bajando el nivel de abstracción, aparece una tercera clase: la clase dueña de la tierra, sin la cual no podrían entenderse como surgen las relaciones capitalistas. Esto ocurre en El Capital.

80. Si ahora analizamos una obra histórica como El 18 Brumario de Luis Bonaparte vemos que en esa obra se menciona una mayor cantidad de clases y fracciones de clase.

81. Algunos autores han señalado esto como una incoherencia en Marx (a veces habla de dos clases, otras de tres y otras de muchas más) sin percatarse de que se trata de diferentes niveles de abstracción: el modo de producción, la formación social, la coyuntura política. Aunque, como he explicado en mi libro: Los conceptos elementales del materialismo histórico, a nivel de la coyuntura política es preferible hablar de fuerzas sociales y no de clases, ya que puede haber algunos burgueses que apoyen el proyecto político de los trabajadores, como puede haber trabajadores que apoyen a sectores burgueses.

82. Althusser me enseñó también a entender que hay distintos tipos de discursos: teóricos, políticos, pedagógicos y que al analizar lo que dice un autor hay que plantearse siempre cuál es el propósito de cada texto, a quien está dirigido, cuánto tiempo ha tenido el autor para desarrollar sus plateamiento, contra quién está combatiendo en el terreno de las ideas.
Marxismo y humanismo
83. —Otro aporte fundamental de Althusser fue señalar que, para lograr transformar el mundo, Marx tuvo que crear nuevos conceptos que desde el punto de vista teórico no se refieren a temas relacionados con el humanismo.

84. Poco antes de conocerlo había publicado su artículo Marxismo y humanismo. El tema me atrajo por estar tan vinculado a mi situación de creyente. En ese artículo Althusser plantea una de sus tesis peor comprendidas: el anti-humanismo teórico del marxismo. Una tesis provocadora donde la palabra anti es usada por el autor para distanciarse de la posiciones humanistas de entonces. El mismo aclaró luego que sería más correcto hablar de un a-humanismo teórico en lugar de anti-humanismo teórico.

85. Muchos de sus críticos interpretaron erradamente su afirmación del marxismo como anti-humanismo teórico, pasando por alto la palabra “teórico” y acusándolo de pretender decir que Marx era antihumanista, con lo que deformaban completamente su pensamiento.

86. Lo que Althusser sostenía en su artículo Marxismo y humanismo (1964) —y que yo resumí en la Introducción que hice al libro Pour Marx que fue aprobada por el propio Althusser— era que, para servir a los hombres reales, Marx no fabrica una teoría centrada en reflexiones acerca del hombre sino que busca comprender las leyes que determinan la existencia real de los hombres que viven en las sociedades. Es en ese sentido que el marxismo es un anti-humanismo teórico, o más exactamente un a-humanismo teórico. Esto no es contradictorio con el hecho de que Marx sea, al mismo tiempo, un gran humanista. Lo que ocurre es que para servir a los hombres reales, para tratar de liberar a la clase trabajadora de la explotación, Marx no produce una teoría que hable del hombre, de la naturaleza humana, de libertad, de conciencia, sino una teoría que emplea los conceptos de modo de producción, de relaciones de producción, de fuerzas productivas, es decir, una serie de conceptos que nada tienen que ver con los conceptos del humanismo. Para ser consecuente con su humanismo práctico era necesario que Marx no fuera teóricamente un humanista.

87. Para ayudar a una mejor comprensión de su tesis, Althusser comparaba a Marx con Freud. Es evidente que el psicoanalista alemán quería curar a los enfermos con trastornos psicológicos que llegaban a su consulta y en ese sentido era fundamentalmente humanista. Sin embargo, para poder sanarlos creó una teoría: el psicoanálisis, donde empleaba conceptos nuevos que no consideraban el concepto de hombre como Ello, Yo y Superyo; Eros y Tánatos, complejo de Edipo, etcétera.

88. Y recuerdo muy bien su reacción cuando en 1965, de regreso de un corto viaje a Polonia con un grupo de mis amigos de América Latina, le cuento sorprendida que los filósofos marxistas polacos estaban dedicados a estudiar a los mismos autores que yo, como católica, había estado estudiando en Chile: Maritain, Teilhard de Chardin, Mounier, etcétera, todos centrados en reflexiones acerca del hombre y su papel en el mundo. Reaccionó indignado. “¡Cómo era posible que esos pensadores se dedicaran a esos estudios acerca de los problemas ideológicos del humanismo en lugar de ponerse de lleno a estudiar los problemas que surgen de la construcción del socialismo!” Los problemas del hombre en el socialismo no iban a resolverse —según él, hablando del hombre, tema sobre el cual la Iglesia Católica tenía una ventaja de siglos sobre el marxismo— sino afrontando concreta y correctamente los difíciles problemas que surgen en la construcción del socialismo. Por eso también se indignaba y consideraba antimarxista el que todos los problemas que sufría la URSS fueran atribuidos a Stalin. Reconociendo los errores personales de dicho dirigente, lo que —según él— había que buscar para evitar la repetición futura de esos mismos errores, eran las causas económico‑sociales que explicaban el porqué del surgimiento de ese fenómeno tan nefasto para el socialismo. Althusser insistía que no bastaba reconocer autocríticamente un error para poder superarlo, había que conocer sus causas, y sólo corrigiendo esa situación se podía evitar su repetición.
Materialismo y ateísmo
89. Otra cosa del enfoque althusseriano de Marx que me ayudó mucho fue entender que se podía ser creyente y ser marxista a la vez. El marxismo —decía— es una ciencia, la ciencia de la historia, y como tal no afirma ni niega la existencia de Dios. Esa afirmación o negación pertenece al terreno de la ideología, no de la ciencia. Y añadía: en la medida en que la religión existe como obstáculo, uno está obligado a luchar contra ella, pero con lo positivo que las ideas religiosas indican, escondiéndolo, existen amplias posibilidades de entendimiento y esclarecimiento. Creo que es por eso que Althusser fue tan bien recibido por los teólogos de la Liberación en nuestra región.
5. Una ausencia significativa en los trabajos de Althusser
90. —Te he señalado las contribuciones de Althusser, pero hay, creo que hay, una ausencia importante en su enfoque de Marx que está presente en El Capital y en otros textos y que ha sido destacado con gran énfasis por el investigador marxista canadiense Michael Lebowitz y mi actual compañero: la afirmación de que al transformar las circunstancias, las personas se transforman a sí mismas para bien o para mal.

91. Según Marx, al transformar la materia prima en productos elaborado en el proceso de producción capitalista, los trabajadores no sólo producen mercancías sino, que al mismo tiempo, se producen a sí mismos como trabajadores alienados. Algo diferente ocurriría, según Marx, en una sociedad de productores libremente asociados, donde el trabajo, en lugar de esclavizar a las personas, las liberaría.

92. Marx señala también que sólo a través de las luchas los trabajadores se liberan del estiércol del pasado (la cultura heredada).

93. Partiendo de estas ideas, Michael habla de la práctica revolucionaria y del “joint product”, que yo he traducido por doble producto. Señala que en toda actividad humana hay un doble producto, un primer producto: los objetos materiales producidos y un segundo producto humano, subjetivo, mucho menos tangible, que sólo una mirada atenta descubre: los efectos que esa actividad produce en las personas: alienándolas o permitiéndoles un mayor desarrollo humano.

94. Te pongo un ejemplo: es muy distinto que unos técnicos hagan un plan para una comunidad o instancia local, a que sea la propia gente la que participe en la elaboración del plan. En este último caso junto al producto material: el plan comunitario, logramos un segundo producto: el desarrollo de las capacidades de esas personas, el crecimiento de su autoestima y, por lo tanto, su mayor desarrollo humano.

95. Creo que muchas veces pensamos más en resolver los problemas de la gente, es decir, en lograr el producto material, que en crear condiciones para que la gente sea quien resuelva sus problemas y, de esa manera, se desarrolle a sí misma.

96. Como dice Alfredo Maneiro, pensador y político venezolano: no es lo mismo que una comunidad construya una pasarela (paso elevado) para lo cual se ha organizado y ha luchado, a que sea el Estado el que la construya y se la otorgue como un regalo.

97. O como dice Julio Anguita, el dirigente comunista español, nosotros NO tenemos que darle solución a los problemas de los ciudadanos, tenemos que hacer posible que los ciudadanos solucionen los problemas dándoles los instrumentos para ello.

98. Mis lectores podrán percibir que esta idea de la importancia de la práctica revolucionaria y del doble producto, que siempre debemos considerar al planificar cualquier tipo de actividad, y a la que hoy atribuyo gran importancia, estuvo ausente de mis trabajos anteriores a 2004.
Notas:

[1] . Revista española Argumentos, marzo 1978; revista chilena Punto Final Internacional, 983; revista mexicana Cuadernos del Marxismo, enero 2002; Brancaleone Films y Cátedra Che Guevara, Néstor Kohan, Argentina, septiembre 2014; investigadora Argentina Isabel Rauber, trabajo inédito, enero 2015; Canal Arte de Francia, Adila Bennedjaï Zou y Bruno Oliviero, septiembre 2015, y Lutas Sociales, Brasil, diciembre 2015.

[2] . Jean-Ives Calvez, La Pensée de Karl Marx, Editions du Seuil, Paris, 1956. sobre el pensamiento de Marx

[3] . Jerónimo de Sierra, que luego llegó a ser un reconocido sociólogo de su país.

[4] . Su libro se llamaba: La Estructura de la Personalidad.

[5] . Con muchos de ellos habíamos hecho un Retiro espiritual con un sacerdote domínico, quien no había dicho que el pecado no era otra cosa que el egoísmo. La orden de los dominicanos publicaba una revista Freres du Monde que era tan avanzada que defendía la existencia del partido único siempre que éste fuera pluralista y respetara la democracia interna.

[6] . Fundamentalmente en las revistas francesas La Pensée y La Nouvelle Critique.

[7] . Luis Althusser, Lenin y la filosofía, conferencia realizada en la Universidad de la Sorbonne, Paris, 24 de febrero de 1968.




marzo 2016
D L M X J V S
 12345
6789101112
13141516171819
20212223242526
2728293031  

Meses