Archivos para 30 junio 2010

30
Jun
10

tlc uruguay/eeuu

El rumbo lejos del tren

escribe:Julio A. Louis – Profesor 

(la estación uruguay, no pudo ser a pesar de la presión del poder)

En junio algunos acontecimientos políticos merecen destacarse. Uno es la aparición del libro del investigador uruguayo Roberto Porzecanski, doctor en relaciones internacionales de una universidad de Boston, titulado “No voy en tren. Uruguay y las perspectivas de un TLC con Estados Unidos”. Es un tema frente al cual se paró con firmeza la izquierda, y con ella el movimiento obrero-popular, pero que desnuda la ignorancia o la superficialidad dentro de filas ante el enemigo imperialista. Dicha investigación permite comprender mejor la gravedad de la conducta del presidente Tabaré Vázquez y de algunos de sus ministros, entre ellos Danilo Astori. Se expone que el presidente pensó que podía lograr con EEUU “un TLC a la uruguaya” y avanzó casi hasta su concreción, convencido de que podía repetir los “cambios cosméticos” ­según la oposición­ obtenidos cuando la aprobación del Tratado de Inversiones con EEUU, equivalente según el ministro Astori, “a más de la mitad del TLC”. Gracias al canciller Gargano y a la presión del Mercosur, en especial de Brasil, el gobierno no pudo firmar lo que hubiera significado una traición a la izquierda, al pueblo uruguayo y a los hermanos del continente. Cuando el Presidente estaba hundido en su obcecación, el embajador Gianelli desde EEUU le alertó que era un TLC igual al firmado por Perú y no admitía modificaciones; ante esto, Vázquez dio el paso atrás, no sin antes solicitarle a Gianelli que buscara una alternativa ­que fue el TIFA­ para no tener que concederle la victoria a Gargano y a los opositores. Porzecanski escribe que tanto Jorge Batlle como Vázquez pensaron que el deterioro del Mercosur posibilitaría ese tratado. Del Dr. Batlle no es necesario agregar comentarios. Pero cuesta admitir que el Dr. Vázquez pensara aprovechar el rol de Estado tapón asignado a Uruguay, el rol de ariete del imperialismo. Escribe el autor citador: “Dentro de la Casa Blanca, un TLC con Uruguay se veía como un instrumento para contener la influencia de Hugo Chávez en la región, asegurándose de que el gobierno de izquierda del Uruguay tuviera interés en mantener una relación constructiva con EEUU.”

 

Han pasado algunos años. El gobierno de Vázquez “ya fue” con sus luces y sombras y no se debe repetir. El FA y el actual gobierno han modificado su postura. La victoria de Mujica, en las elecciones internas y en las nacionales, ha producido un cambio. No obstante, aunque en minoría, la tendencia a la conciliación con el imperialismo sigue dando lucha. Por eso es que son sumamente oportunas las declaraciones recientes de Julio Marenales y Eduardo Lorier sobre el presente del FA y del gobierno. Ambos usan conceptos de izquierda, antiimperialistas y anticapitalistas. Ambos han señalado la necesidad de modificar el rumbo, dirigido hacia un nuevo tipo de Estado, hacia la construcción de una verdadera democracia participativa que estimule la movilización popular, afirmada tanto en la fuerza del FA como en las organizaciones sociales representativas del haz de clases, capas y sectores populares (PIT-CNT, Fucvam, FEUU, Onajpu, etc.). La modificación del rumbo debe dirigirse a afirmar la integración de “nuestra América” apoyando con decisión a Unasur y participando del ALBA, su construcción más avanzada; a fortalecer el rol del Estado, normas de planificación, empresas públicas, cooperativismo, propiedad autogestionada, micro y pequeñas empresas, cumpliendo el programa del FA y abriendo el cauce a una transición socialista.

 

En ese rumbo ­opuesto al tren de colaboración con el imperialismo y sus aliados ‘nacionales’­ si las fuerzas políticas representadas por los citados compañeros actúan con inteligencia y grandeza, podrán coincidir con todos los partidarios del socialismo que también hay en otros sectores y en la militancia sin partido. Tienen ante sí un gran desafío.

 

El Sr. Gianelli, periodista de “Búsqueda”, titula su artículo del 24 pasado “Otro ‘gobierno en disputa'” y cita a Lorier y al Ec. Jorge Notaro. Acierta con el título, pero el hecho en sí no es novedad. Sólo los gobiernos reaccionarios (como los blancos y colorados en Uruguay) no disputan su orientación, porque siguen a pie juntillas la emanada de los centros de poder del imperialismo. En cambio, los anchos frentes político-sociales, expresión de un abanico de clases, capas, sectores y hasta etnias en algunos casos de “nuestra América”, reflejan la disputa entre intereses aliados pero diferentes, que en algunos casos pueden llegar a ser antagónicos. Y es legítimo que los movimientos sociales y las fuerzas políticas representativas de los trabajadores y de sus aliados más próximos, reclamen la conducción. América Latina está frente al dilema de aceptar las condiciones del imperialismo ­no sólo de EEUU sino de la Unión Europea con su TLC­ o, sobre la base de la hegemonía ideológica y política de los trabajadores y sus aliados más estrechos, avanzar construyendo un poder popular y una sociedad socialista.

30
Jun
10

pedro figari

Arte

conociendo un poco más a Figari 

Nelson Di Maggio | 

Es harto sabido que Figari (Pedro Luis Pablo Figari, como fue solemnemente bautizado), nacido en 1861, el mismo año que el pintor José Miguel Pallejá, fue muchos hombres en un solo hombre: abogado, periodista, diputado, embajador, gestor cultural, escritor, dramaturgo, filósofo, docente. También, en su relativamente corta trayectoria artística (en rigor, 16 años, ya sexagenario, entre 1918 y 1934), dejó cerca de cuatro mil cartones y cientos de dibujos e ilustraciones de un amplio registro temático. Aunque conocido y estimado por las series referidas al candombe y el negro, el gaucho y los paisajes a cielo abierto, los salones de la sociedad patricia colonial, todos vistos a la luz del recuerdo de recuerdos, de los cuentos que oyó en la infancia, con talante festivo y socarrón, la realidad inmediata no le fue ajena (las lavanderas de Malvín y las calles de Montevideo, de sus comienzos), la historia patria, los indios, el tango, los toros, paisajes venecianos, autorretratos y, en particular, las series utópicas (los kirios y el libro correspondiente, Historia Kiria, 1930) y los Trogloditas ( El hombre de las cavernas, vida primaria, escribió), curiosa expresión pictórica que ahora exhibe el Museo Figari (en formación), durante los meses de junio y julio. Son trabajos provenientes de distintas colecciones privadas y públicas (el Museo Blanes posee un centenar, el de Artes Visuales, una treintena y el Histórico, una veintena, en una inútil dispersión que habría que reunir de una buena vez). Personalidad más compleja y elusiva de lo que habitualmente se cree, sobre la cual se han escrito abundantes estudios, sigue, aún hoy, ejerciendo un sostenido atractivo al investigador por sus zonas misteriosas a develar. Es casi unánime la referencia al impresionismo y el posimpresionismo de Bonnard y Vuillard. Si son plausibles esas influencias a las que habría que incluir a Monet y su manera de trabajar en series, no se proyectan en solitario. Hermes Anglada y Camarasa, con exposiciones en Montevideo y Buenos Aires en la segunda década del siglo XX, se desliza a través de formas y riqueza cromática y lo hace en el ADN de un artista que corre a la búsqueda de sí mismo. Más aún. Son dos maestros de la vanguardia internacional, no citados hasta hoy, el primer Mondrian figurativo, y el suizo Ferdinand Hodler que reclaman la atención. De ambos son visibles las bandas de nubes en los inmensos cielos que se despliegan con espesor material y geométrico así como en las fachadas de las paredes de estancias. En el Museo de Arte de Zurich un cuadro de Hodler, sorprendentemente, corre en paralelo a ciertas soluciones figarianas. Sin duda, Figari los conoció en su viaje a Europa en 1913. Es que, la atenta observación, en el panorama de la pintura del siglo XX, Figari fue más audaz y revolucionaria. Recogió la sensibilidad del tiempo en que vivió. La engañosa e impositiva anécdota, el discurso largamente narrativo, distrae del acto de pintar. Así como estorba su pensamiento, formidable, que los exégetas se empecinan en tomar como punto de partida. Entre la serie de los trogloditas, el cartón La idea del crimen, es ejemplifica la absorción de Figari de la dominante abstracción de las vanguardias europeas en su estadía en París y aún antes, que debió sin duda, conocer. Si los tres personajes escenifican el título del cuadro, el cielo (movedizo e irregular) y los costados laterales (grandes planos que se oponen a la verticalidad de los cactus como franjas) se resuelven en la abstracción. Y la parte superior del cuadro evoca, en una dimensión similar a Nube roja, óleo sobre cartón (!), 1907, de Mondrian en el Museo de La Haya. Afinidades estéticas o recuerdos de cuadros vistos, cercanos, como sus diligencias remiten, sin duda, a la de Van Gogh que frecuentó en la colección de Milo Beretta. Quizá el positivista teórico no se desdoble o coincida exactamente con la libertad del pincel figariano, febril inventor de dinámicas e intrincadas pinceladas como lo demostró Juan Corradini en su notable ensayo. Lo importante es partir de la pintura misma y no del pensamiento figariano, del enfoque de un ojo crítico formado visualmente en la experimentación directa con el arte del siglo pasado, para llegar a comprender la complejidad de su estética. No es por cierto, una nota periodística el momento más oportuno para profundizar en estas consideraciones, anticipo de futuro para un equipo de investigadores, debidamente adiestrados visualmente en museos y encuentros internacionales. Es probable que-afirma Raquel Pereda en su extensa monografía sobre Figari- la serie de los trogloditas haya sido iniciada en Buenos Aires o a comienzos de su etapa en París, o quizá antes incluso, como afirman otros tratadistas. Es difícil determinarlo. Figari no fechaba sus cuadros en general. Todo un problema para el estudioso. De cualquier manera, esos trogloditas, remiten a la prehistoria del hombre, representando la pareja primordial en el árido paisaje rocoso de las cavernas o en lo alto de un cerro en la franqueza desnuda y ajena al pecado original, pero con una cuota de brutal salvajismo, en su total indefensión.Un sistema alegórico que se enlaza con el historial kirio, de esa búsqueda filosófica del hombre en una intrincada red de significantes y significados. En un bienvenido boletín digital, ya en su número 2, el Museo Figari (en formación) anuncia, entre otras interesantes noticias, la adquisición, por intermedio de la Comisión Nacional del Patrimonio, de un pequeño Paisaje (24 x 32 cm.), óleo sobre cartón, firmado por Figari. Asimismo se da cuenta del deterioro de la obra Día de trilla, del Museo Histórico Nacional (se encuentra en calidad de préstamo en el Museo Figari) que amerita una restauración. No debe ser ajena a las condiciones de conservación en que se encuentra la mayoría del acervo de los museos sin un sistema adecuado de regulación ambiental. Para las vacaciones de invierno, el Museo Figari realiza un taller, teórico y práctico, para familias, partiendo de las obras de Figari, a cargo de Fabricio Guaragna, los sábados 3 y 10 de julio de 14.00 a 16.00, en Juan C. Gómez 1427, con cupos limitados. El Museo Figari (en formación) amplió su horario: lunes a viernes de 13.00 a 18.00 y sábado de 10.00 a 14.00 (si no coincide con la participación uruguaya en el mundial sudafricano).

29
Jun
10

critica y conciencia

EL HOMBRE NUEVO EN LA CRITICA MODERNA

escribe:Jorge Majfud |*|

 

La idea del nacimiento de la conciencia, primero individual y luego colectiva, era central en todo el pensamiento revolucionario. Estos elementos no son nuevos para la tradición marxista ­la conciencia de clase y la falsa conciencia­ ni para el humanismo en general, pero tampoco lo eran para la tradición amerindia. Quetzalcóatl representado como Dios de los Vientos, con una serpiente atravesada por una flecha (códice Borgia) simboliza el hombre atravesado por la flecha luminosa de la conciencia. Pero si Saint Simon afirmaba que antes del cambio de la sociedad era necesario un cambio interior del individuo, el paradigma de los revolucionarios y de los intelectuales comprometidos de América Latina no podía sino entender lo contrario: el hombre nuevo debe nacer en una nueva sociedad, libre de la moral enferma de sus predecesores, sean éstos revolucionarios o no. El revolucionario, el individuo o la elite de vanguardia se representaba a sí mismo como alguien que no puede deshacerse del peso de su tradición moral, pero ha alcanzado la conciencia de sus defectos y de los defectos de la sociedad que debe cambiar: la moral que reproduce la relación de opresor­oprimido, la moral del hombre lobo del hombre, propia de un mundo materialista, la moral del hombre del Renacimiento, del conquistador movido por la codicia y la deshumanización del capitalismo legitimada por la nueva tradición cristiana del calvinismo. Para la cosmovisión amerindia, el problema central en este cuadrante era la desacralización del Cosmos por la caída del espíritu en el mundo material, y su causa histórica será la ambición del oro. El desprecio a este tipo de riqueza que impactó en los europeos lectores de Américo Vespucio y dio nuevo impulso al sueño utópico de los humanistas: una sociedad no organizada por la codicia de los bienes materiales, por los conflictos de intereses sino por la igualdad de sus integrantes y por la equitativa­justa distribución de los bienes comunitarios. Al decir del mismo Vespucio, un mundo epicúreo, no estoico. Para la cosmovisión humanista del siglo XX, y particularmente para la tradición marxista, el problema será la alienación del individuo, apartado del propósito de su acción social por el imperio del capital y las leyes del mercado. La crítica al presente es una tradición que ya se encontraba en su plenitud con los filósofos ilustrados de la Era Moderna, pero era una crítica optimista que con el positivismo del siglo XIX pasó a ser sólo optimista y con el arte y la filosofía del siglo XX terminó siendo sólo crítica. En Ariel (1900) J.E. Rodó retomó parte de la crítica aristocrática de Ernest Renán: “Ni [con] la acumulación de muchos espíritus vulgares se obtendrá jamás el equivalente del cerebro de un genio”. Aunque Rodó defenderá el sistema democrático tal como lo entendía y practicaba él mismo, subscribe la objeción a la cultura moderna de sufrir la “tiranía insoportable del número”. El número, la cuantificación serán representantes del diabólico mundo material, centro de la crítica y la visión cosmológica de Ernesto Sábato, medio siglo más tarde. En Borges, será un ejercicio más de su elegante ironía y de su perspectiva de clase (“la democracia es el abuso de las estadísticas”). Pero la reacción contra la democratización como un mero proceso de vulgarización (vulgo, pueblo) era común en todo el siglo XIX, desde Karl Marx y Friederich Nietzsche hasta la reacción aristócrata y arrogante de José Ortega y Gasset. La primera parte de esta crítica, la crítica a los paradigmas fundamentales de la Era Moderna, de la cultura occidental, será retomada por Ernesto Sábato principalmente en Hombres y engranajes (1951). Coincidente con las observaciones de Nicolai Berdiaeff, Sábato entiende que el Renacimiento produjo en el siglo XX tres paradojas fundamentales: “[1] Fue un movimiento individualista que terminó en la masificación. [2] Fue un movimiento naturalista que terminó en la máquina. [3] Fue un movimiento humanista que terminó en la deshumanización”. Estas tres paradojas, en realidad, se derivan de “una sola y gigantesca paradoja: La deshumanización de la humanidad”. El origen del mal: el dinero y la mecanización. El hombre concreto ha dejado lugar al hombre­masa, “ese extraño ser todavía con aspecto humano, con ojos y llanto, voz y emociones, pero en verdad engranaje de una gigantesca maquinaria anónima”. En concordancia con el espíritu del Ariel de Rodó, Sábato veía este tipo de sociedad, cuyo modelo era Estados Unidos, como el resultado de la desacralización de la existencia por una mentalidad utilitaria que todo lo cuantifica (ver Modern Times, Ch. Chaplin, 1936; La isla desierta, R. Arlt, 1937). “En una sociedad en que el simple transcurso del tiempo multiplica los ducados, en que ‘el tiempo es oro’, es natural que se lo mida, y que se lo mida minuciosamente”. La sangre se ha convertido en mercancía. “No sólo se ha llegado a medir los colores y olores sino los sentimientos y emociones. Y esas medidas, convenientemente tabuladas, han sido puestas al servicio de las empresas mercantiles”. Esta cultura de la cuantificación produjo una “sociedad fantasmal, compuesta de hombres­cosas, despojados de sus elementos concretos, de todos los atributos individuales que puedan perjudicar el funcionamiento de la Gran Maquinaria”. Sábato atribuye a los mass media la tarea de completar la creación de este tipo deshumanizado, quien “al huir de las fábricas en que son esclavos de la máquina, entrarán en el reino ilusorio creado por otras máquinas: por rotativas, radios y proyectores”. “Hasta que estalla la guerra, que el hombre­cosa espera con ansiedad, porque imagina la gran liberación de la rutina. Pero una vez más serán juguetes de una horrenda paradoja, porque la guerra moderna es otra empresa mecanizada. […] Y cuando [el soldado] muere por obra de una bala anónima es enterrado en un cementerio geométrico. Uno de entre todos es llevado a una tumba simbólica que recibe el significativo nombre de Tumba del Soldado Desconocido. Que es como decir: Tumba del Hombre­Cosa”. El aforismo sobre el tiempo mecánico criticado por Sábato como prueba de nuestro tiempo de la barbarie (“antes, cuando se sentía hambre se echaba una mirada al reloj para ver qué hora era; ahora se lo consulta para saber si tenemos hambre”) es el inverso del observado por Américo Vespucio en 1504 cuando anotó que los habitantes del Nuevo Mundo eran bárbaros porque comían cuando tenían ganas y no cuando era la hora de comer (Lettera). Este fue también un elemento constante en la crítica de los escritores comprometidos con las diversas utopías en América Latina: la desacralización del mundo, la pérdida del espíritu, la muerte de la materia, las emociones calculadas para el mercado pero muertas en el individuo alienado, la risa artificial, el placer hedonista ­no epicúreo­ que termina en el suicidio intrascendente. Pero ya sabemos que las utopías alternativas han fracasado. No porque fuesen malas o peores sino, simplemente, porque fracasaron. Como en los torneos medievales, el vencedor ha impuesto su verdad y hasta se la ha creído.

|*| Jacksonville University

28
Jun
10

reforma del partido de gobierno

La reforma del Frente Amplio

 

El actual estatuto fue elaborado cuando la situación era muy diferente y con dos objetivos centrales: darle las mayores seguridades y las mejores condiciones a la unidad, para que nadie impusiera su fuerza y sus ideas y la pluralidad estuviera garantizada; segundo para permitir el funcionamiento orgánico de toda la estructura y en particular de sus componentes fundacionales, la coalición de partidos y el movimiento, cuya expresión más clara y organizada era la amplia red de comités de base y los miles de militantes independientes.Diferente era también la situación política en el país. Éramos la tercera fuerza política electoral, no gobernábamos ni siquiera un departamento. Hoy somos la mitad mayor del electorado. Siempre volátil…gobernamos el país, tenemos mayoría parlamentaria propia y gobernamos en 5 departamentos.

Además por primera vez conocemos el retroceso electoral, tanto a nivel nacional como departamental. Sobre todo departamental.

Hemos cambiado de múltiples maneras en nuestra relación con el poder político, económico, social, con los medios de comunicación, la cultura y el conjunto de las estructuras y supraestructuras nacionales.

Si hubiera que resumir el cambio más importante: hoy tenemos la posibilidad concreta y en nuestras manos de transformar la sociedad uruguaya, de aplicar un programa que ha surgido de nuestra historia, pero también de nuestra experiencia desde el llano y desde el gobierno. Hace tiempo que no somos protesta y oposición somos obligatoriamente gobierno y construcción. Y eso nos ha cambiado mucho. Para bien – en algunos aspectos – e introduciendo todos los peligros del poder.
Podemos cambiar la sociedad y también la sociedad nos está cambiando a nosotros.

El Uruguay es profundamente diferente a las época en que se fundó el FA y cuando se aprobaron las actuales normas y formas de funcionamiento.

Lo primero que tenemos que reconocer es que hay tensiones muy importantes y en crecimiento que debemos afrontar:

Primero, entre el crecimiento del pueblo frenteamplista, de los independientes en sus más diversas expresiones y la capacidad de la estructura del FA de expresarla. Hoy es casi imposible hacer un mapa serio del FA y sus grupos. Es un mapa en permanente evolución sobre el territorio. Esta tensión termina por expresarse en la cada día más baja forma de participación orgánica dentro de las estructuras del FA, en particular en los comités y coordinadoras.

Segundo, el nivel de los problemas políticos, del gobierno nacional, departamental y municipal que afrontamos y las estructuras de dirección y de elaboración política concreta y estratégica.

Tercero las formas mucho más críticas y diversas que tiene hoy la sociedad de relacionarse con la política. Si no consideramos en los cambios necesarios, la necesaria flexibilidad, apertura metodológica y sobre todo sensibilidad a la participación de los nuevas generaciones, de las mujeres, de las relaciones con los diversos sectores sociales en el territorio nacional. Ya no somos una fuerza montevideana, ni siquiera metropolitana, somos una gran fuerza nacional que debe incluso proponerse una mejor y más profunda inserción en las zonas rurales. Y estos temas no se resuelven solo con formas organizativas sino programáticas, metodológicas, de comunicación y sobre todo políticas.

Cuarto la cada día más evidente tensión entre las tareas y responsabilidades que afrontamos y el nivel y la capacidad de formación política, de cuadros a todos los niveles. Los institutos y fundaciones no pueden ser solo cenáculos de debates pre electorales y poco más.

Hay una quinta tensión que no corresponde estrictamente al FA y su estructura, es la derivada de los equilibrios. El equilibrio y la capacidad de acumular de parte de un espectro importante de fueras y partidos políticos que integran el FA, estará siempre en la base de la unidad. No hay reforma posible si no se respeta y se promueve esa diversidad, pero la construcción de fuerzas o agrupamientos que le permitan al FA expresar el bloque político, social y cultural de los cambios es una responsabilidad de sus dirigentes y de sus grupos. Creo firmemente que tiempo de la fragmentación infinita en grupos y corrientes se agotó. Eso no se resuelve con estatutos o con normas, sino exclusivamente con política.

Si esto último lo resolvemos mal, si nos confiamos en que siempre llegará la figura salvadora, ponemos en peligro no sólo el triunfo, la acumulación – palabra que la derecha detesta con razón – sino nuestra estrategia.

Estas son una primeras reflexiones sobre un tema que sin duda consumirá muchos debates e ideas, pero quiero resaltar un aspecto que es transversal a todas las tensiones mencionadas anteriormente y que además expresa el cambio más profundo ocurrido en la izquierda uruguaya: el valor y la práctica de la democracia como valor nacional y transformador.

Asumamos explícitamente que hemos cambiado, profundamente en nuestras definiciones democráticas, en el valor insustituible que le damos a la pluralidad política y al pleno y total ejercicio de todas las libertades, es más que nuestro propio concepto de la justicia social, se asocia cada día más a la libertad de la necesidad, a la igualdad de las oportunidades como la más elaborada construcción democrática.

Nosotros participamos y cambiamos la democracia en Uruguay, para hacerla más profunda y liberarla de trabas y miedos y la democracia nos cambió profundamente a nosotros.

No puede haber una tensión más odiosa y más inexplicable que esta cultura democrática de la izquierda uruguaya no se aplique en toda su fuerza y con todavía más audacia en nuestra propia estructura. No hay repliegue posible sobre estructuras de cúpulas del poder, sobre sistemas paralelos de dirección y conducción. Hay que democratizar, abrir, someter a la opinión más amplia del pueblo frenteamplista.

Eso es en primer la expresión de la voluntad política, es la visión de sus dirigentes, es capacidad de comunicación y de participación y es una construcción con normas, con reglas pero en evolución permanente.

Cuando se cambian los partidos se camina por una delgada cornisa. Yo la conozco y me he caído estrepitosamente por uno de sus lados. Hablo por experiencia. O el miedo al cambio nos paraliza y maquillamos apenas la realidad, con los colores afines y preferidos del poder, o piedra libre, vale todo y nos quedamos sin nada. Y no hablamos sólo ni nada menos que de política, hablamos de nuestras vidas, de nuestras historias colectivas e individuales, de nuestras identidades y de nuestros sueños.
(*) Periodista, escritor, coordinador de Bitácora. Uruguay.

28
Jun
10

las pasteras, los controles y la gran oportunidad

Asamblea. Caótica y tensa, se realizó en la ciudad de Gualeguaychú, epicentro de la protesta antipastera

CIENCIA Y SUDOR

escribe:Emilio Cafassi |*|

El conflicto suscitado por la instalación de la pastera sobre el río Uruguay constituye un campo de observación y experiencia que bien puede ser aprovechado para la revisión de políticas progresistas, la confección de heterogéneos balances desde diversas perspectivas y el reconocimiento de posibles errores, permitiendo extender las demandas de control e información.

Por muchas razones es mucho más que un trance aislado o acotado a sí mismo: puede aplicarse a muy amplios ámbitos, desde los movimientos sociales y sus luchas, hasta la relación entre ciencia y política. Lejos de ceñirse a una fábrica, a una margen ribereña o a un estado, la cuestión ecológica trasciende los límites de jurisdicciones, saberes o competencias y obliga a diversificar actores y a complejizar fuentes, miradas y evaluación de resultados y consecuencias. En última instancia, la propia noción de medio ambiente entra en tensión estructural con la de soberanía nacional y obliga al reconocimiento de la otredad y la diversidad. No diría que es posmoderna, por las connotaciones filosóficas y políticas adheridas a este significante “contaminado”, sino más precisamente supramoderna, desbordante de las cartografías políticas y las lentes ideológicas tradicionales. Un indicador más del debilitamiento relativo de los estados-nación.

El domingo pasado intentaba subrayar, a propósito del levantamiento del corte de Arroyo Verde, que la construcción de indicadores, la medición de variables, en suma, la información, constituían un insumo indispensable para la elaboración de políticas públicas, que, dicho sea de paso, trascienden a los gobiernos de turno de cualquier latitud o a sus perfiles ideológicos. De donde deduzco que las materias primas para las políticas públicas deben ser, necesariamente, de dominio público. Y en lo que a la actividad de las empresas respecta, el relevamiento y la publicidad es absolutamente vertebral a la fijación de políticas, por el carácter “privado” de su actividad. Que además esté privado de control es justamente el atajo a la tragedia. En varios planos y regulaciones de su accionar: en su actividad económica y el consecuente cumplimiento de las normativas fiscales, en la relación laboral y la observancia de las leyes laborales, en el proceso productivo y su apego a las normas medioambientales, para destacar sólo los más significativos. Los muros de las fábricas o las empresas en general no sólo resguardan su patrimonio físico sino también sus secretos estratégicos y sus pícaros gambitos.

Consecuentemente, es tan indispensable contar con normas y criterios tales como las leyes como ejercer un control sobre su efectivo cumplimiento. La empresa privada capitalista persigue su propio beneficio que es el más simple de medir: carece de variables cualitativas, matices y sofisticaciones y su magnitud se expresa en unidades monetarias. No es que no pueda producir indirectamente algunos beneficios sociales sino que su consecución no es su razón de ser sino, a lo sumo, una resultante indirecta que hasta puede valorar y utilizar para fortalecer su vigencia ideológica. Las DGIs, los ministerios de trabajo, los sindicatos, deben estar tan advertidos como la defensa de la selección uruguaya respecto a los márgenes de libertad que les conceden. Sus rivales son la evasión, el negreo o la contaminación, para seguir utilizando estos tres niveles aludidos. Las empresas se pararán siempre en el límite de las disposiciones para maximizar sus ganancias. Y si bien existe una larga tradición y experiencia nacional e internacional en materia de contralor fiscal o laboral, es infinitamente menor y más reciente en el plano ecológico.

Lo que las empresas hacen no puede ser evaluado sólo por sus resultados ulteriores. Esa es exclusivamente una variable que ni siquiera es fundamental. Si la metodología extractiva de la British Petroleoum o su posible desapego a normas de higiene y seguridad industrial es sometida a debate recién después de convertir el mar en una densa mortaja oscura y pegajosa, la política queda inerme o reducida a un simple ejercicio de tardío salvataje de emergencia. Resguardar a las empresas de intromisiones públicas de cualquier índole sólo garantiza su propio juego y ampara su posible impunidad. Toda empresa debe ser regularmente auscultada sin excepción, además de contable y laboralmente, en su proceso de producción. Desde UPM hasta una simple agencia publicitaria, desde una petrolera a la editora de este diario.

Cuando el Presidente Electo sugería que fuera la ciencia la que entrara en las fauces de la ex Botnia, daba un paso estratégico en la próxima puesta en funcionamiento de la Comisión Administradora del Río Uruguay (CARU) en cumplimiento del fallo de La Haya. La asamblea ambiental de Gualeguaychú debería valorarlo ya que excede los “intereses uruguayos” si es que éstos existen y pueden ser claramente identificados, y, por el contrario contribuye a debilitar el narcisismo social, el chauvinismo, que de interés no tiene nada, más allá de la farfulla. No fue el único, ya que la extensión de las actividades a todo el río y no sólo a la zona de disputa puntual y con ello a la incorporación del tercer estado implicado en su cuidado, Brasil, es otro gran avance. Pero ahora resta no sólo definir aspectos de implementación puntual y organización, sino despojar a la noción de ciencia de las ingenuas connotaciones del sentido común y el uso coloquial del término que, no por ello, difieren demasiado del positivismo cientificista de siempre vigente penetración.

En efecto, el campo científico parece estar cada vez más imbuido de una autopercepción de intrínseca neutralidad a toda valoración. La ciencia será para esta concepción buena o mala según se la use. En nuestro medio, el recientemente fallecido epistemólogo Gregorio Klimovsky, de indiscutible renombre y prestigio, fue quién popularizara la metáfora de la ciencia martillo que tanto serviría para clavar clavos como para hundir cráneos. Si el poder, los gobiernos, las empresas, los laboratorios, etc., la usan o la aplican para el mal tendremos el martillo rompecráneos, pero este efecto sería extraño a la ciencia en sí.

En mi opinión es absolutamente ingenuo sostener que exista tal carácter neutral, o en términos epistemológicos algo más rigurosos, neutralidad valorativa o axiológica de la ciencia. Conlleva considerar que la totalidad de la ciencia es básica o exclusivamente orientada por la curiosidad del científico y la búsqueda de la verdad. De este modo resulta desvinculada del otro momento tan constitutivo como el primero que es la ciencia aplicada, o tecnología, orientada a un fin, la que requiere también la interrogación respecto a sus fuentes de financiamiento y las necesarias directivas de quienes costean la investigación. En conclusión, se confunden dos dimensiones de aplicación, la interna y la externa, atribuyendo a esta última toda la carga del problema, como la tragedia de Hiroshima o el derrame de Louisiana, por caso. La ciencia no es sólo conocimiento sino también acción, complejamente imbricados. Sólo una pequeña parte de las ciencias físico-naturales en la práctica actual están orientadas al conocimiento o a la observación pasiva de la naturaleza. La mayor parte es ahora ciencia experimental.

De todas formas, el fenómeno excede además a las llamadas ciencias duras o físicas e incluye a la totalidad de las formas del conocimiento humano. Un claro ejemplo cercano de ausencia de neutralidad de las ciencias sociales, y que he tratado hace algún tiempo en este espacio, lo constituye la toma de rehén por parte del gobierno argentino del Indec (equivalente al INE uruguayo), organismo encargado de producir los datos socioeconómicos del país. No casualmente, porque es una institución carente de verdadera autonomía como sí lo son en buena medida las instituciones específicamente científicas o las universidades (también tuve ocasión de destacar la particularidad de las universidades argentinas y uruguayas).

La ciencia necesita control inclusive para controlar, como es el caso adecuadamente propuesto para el río Uruguay: un control con intervención de las mismas comunidades científicas, no sólo de químicos y biólogos o expertos específicos en el objeto de control sino también de profesionales humanistas sometidos todos a la publicidad de su accionar y al escrutinio público.

Argentina, Brasil y Uruguay tienen una arraigada tradición de trabajo de científicos en el marco de instituciones autónomas y de concursos, evaluaciones y juicios de pares en las universidades. También de antecedentes de colaboración y complementariedad. Si bien la creación de una institución específica de investigación es reciente en Uruguay, tiene larga data en el resto de los países involucrados. En la posibilidad de extender los mejores mecanismos meritocráticos vigentes en cada experiencia a la creación de un ámbito trinacional, radica la posibilidad de lograr alguna contención a la siempre posible manipulación de la construcción de indicadores científicos de control y a su verificación empírica.

No deja de ser paradójico que la ciencia para poder despegarse de la política requiera, al principio, del impulso motor de ésta. En lo inmediato es menos lo que puede hacer la ciencia por su propia autonomía que el trabajo y voluntad política de quienes la convocan en su auxilio. Proteger a la ciencia de sus más groseras amenazas intrínsecas y extrínsecas, requiere también algo de sudor.

|*| Profesor titular e investigador de la Universidad de Buenos Aires, escritor, ex decano. ex decano. cafassi@mail.fsoc.uba.ar

28
Jun
10

españa, ajuste social

 

La justicia y los mercados

Visión sobre el ajuste económico en España

escriben:Gerardo Pisarello y Jaume Asens (*)

Recortar los derechos de las clases populares y afectar los servicios públicos para contentar a los mercados se está convirtiendo en la receta generalizada de la Unión Europea para salir de la crisis.

Aunque apelan al sentido de la responsabilidad, estas medidas no resisten un análisis detenido. Son inaceptables en términos éticos, ya que propician una injusta distribución de cargas entre quienes tienen más y quienes menos tienen y absuelven, en cambio, a los verdaderos culpables del desaguisado actual.

Son un despropósito desde el punto de vista económico, entre otras razones, porque suponen ahondar el marco recesivo de los últimos años. Y resultan inadmisibles en el plano jurídico, porque entrañan el incumplimiento de compromisos asumidos hace tiempo por los gobiernos europeos, así como la frustración de las expectativas legítimas de millones de personas.

En el caso español, cuando se aprobó la Constitución, reputados juristas vinculados al PSOE sostuvieron que el reconocimiento de principios como los del Estado social o el de igualdad debía entenderse como una barrera frente a las actuaciones regresivas del poder. Si no se podía obligar a un gobierno a satisfacer todos los derechos sociales de la noche al día, sí cabía, en cambio, imponerle la obligación de no generar retrocesos arbitrarios en relación con las conquistas adquiridas.

Este principio de no regresividad ha sido recogido, de modo directo o indirecto, por diversos tribunales constitucionales. En su tiempo, el español dejó dicho que el legislador no podía recortar derechos laborales sin razón suficiente (STC 81/1982) o desvirtuar el régimen público de instituciones como la Seguridad Social (STC 37/1994). En febrero de este año, por su parte, el tribunal constitucional alemán entendió que algunos recortes en los subsidios de desempleo decretados en la era Schroeder suponían una vulneración del derecho a una vida digna contemplado en la Constitución.

Para los cultores del realismo de corto plazo, estos razonamientos sólo valdrían en épocas de crecimiento económico, cuando la financiación de los derechos sociales no resulta conflictiva ni comporta mayores operaciones redistributivas. Con arreglo, sin embargo, al Pacto Internacional de Derechos Económicos Sociales y Culturales de 1966, ratificado por el Estado español, la prohibición de retrocesos arbitrarios debe observarse sobre todo en tiempos de crisis. Es entonces cuando los poderes públicos deben emplear todos sus esfuerzos, y hasta el máximo de recursos disponibles, para evitar que los ajustes recaigan en los colectivos más vulnerables.

A pesar de su declamado compromiso con la legalidad internacional y constitucional, el Gobierno se ha apartado abiertamente de esta exigencia de tutela del más débil. Ya lo hizo al limitar de manera desproporcionada los derechos de los inmigrantes, en la última reforma a la ley de extranjería, o de los inquilinos, con la llamada ley del deshaucio exprés. Lo ha vuelto a hacer ahora con el ataque vía decreto a los derechos de pensionistas, funcionarios, personas dependientes y familias con recién nacidos. Y volverá a hacerlo, si nadie se lo impide, con la contrarreforma laboral que, como una espada de Damocles, pende sobre el conjunto de la población trabajadora.

Además de vulnerar la prohibición de regresividad, estas medidas conculcan principios jurídicos elementales como la prohibición de discriminación, la seguridad jurídica o el derecho a la negociación colectiva.

El Gobierno se ha empecinado en llevarlas adelante, consciente de que el Partido Popular y las propias clases dirigentes europeas comparten la filosofía de fondo. Sin embargo, ni está claro que sirvan para saciar a los grandes tiburones financieros ni son el único camino posible. Las alternativas existen, y se han recordado insistentemente a lo largo de estos días.

El control democrático de la banca sigue siendo medular, aunque el listado es amplio: una lucha decidida contra el fraude fiscal y la corrupción, la recuperación de impuestos irresponsablemente eliminados como el de patrimonio o sucesiones, el aumento de la presión fiscal sobre rentas altas y grandes fortunas, la modificación del impuesto de sociedades o la reducción de partidas como las destinadas al Ejército, la Iglesia o la Casa del Rey.

Una actuación decidida en estos ámbitos permitiría afrontar la crisis sin tener que abdicar de las obligaciones que el orden constitucional e internacional impone a los poderes públicos. Pero nada de ello ocurrirá por arte de magia. Los derechos, como decía Martin Luther King, necesitan ayuda. Y esta, en última instancia, sólo puede provenir de la organización y movilización ciudadana orientada a su conquista y defensa.

En su momento, las huelgas generales y la protesta en las calles morigeraron de manera decisiva los ajustes impuestos por Felipe González y José María Aznar. Recuperar esta lección, y proyectarla a escala europea, es una condición indispensable para que los responsables de la crisis actual no se salgan con la suya, una vez más, en detrimento de los intereses de la gran mayoría.

(*) Gerardo Pisarello y Jaume Asens son juristas y miembros del Observatorio de Derechos Económicos, Sociales y Culturales de Barcelona

27
Jun
10

27 junio 73′;golpe fascista en uruguay

 

A 37 años del cuartelazo

Hace hoy 37 años, un oscuro dirigente ruralista ­llegado a la Presidencia de la República merced a unos comicios de cuya pureza subsisten serias dudas­ ponía fin oficialmente a la vigencia del estado de derecho.

El golpe de estado de Bordaberry y los mandos militares no fue sino el puntillazo final, el tiro de gracia que recibía una democracia malherida luego de cinco años del gobierno autoritario y despótico de Jorge Pacheco Areco, que desconoció la Constitución, la separación de Poderes y, en general, los principios básicos de la convivencia democrática.

Pacheco había elegido a Bordaberry como alternativa a su propósito de ser reelecto. Lo eligió, como quien extrae un conejo de su galera, entre la más rancia oligarquía terrateniente, ultraconservadora y confesional. Fue una decisión acertada: aunque sin el carisma que su predecesor había logrado adquirir, el delfín profundizó las características represivas del gobierno anterior; se institucionalizó la tortura como medio de obtener información y, a la vez, de instaurar el terror; el escuadrón de la muerte tuvo vía libre para actuar; se sucedieron asesinatos y las desapariciones. Bajo inusual presión, el Parlamento votó las leyes de “estado de guerra interno” y, luego, de “seguridad del Estado”. Ambas leyes significaron abrir las puertas a una mayor injerencia de las Fuerzas Armadas en áreas reservadas al poder civil.

Ya en octubre de 1972, se avizoraba la irreversibilidad de esa tendencia, pero fue en febrero del año siguiente, cuando se produjo la sublevación de los sediciosos castrenses, que la suerte quedó echada. Y pocos meses más tarde, cuando el Parlamento ­hasta entonces sumiso­ se rebeló y no hizo lugar al desafuero del senador Enrique Erro, ya era tarde.

A última hora del 26 de junio, Bordaberry ya había firmado el decreto de disolución de las Cámaras, y con las primeras luces del 27, los uruguayos despertaron oyendo marchas militares irradiadas en cadena de radio, mezcladas con la lectura de los primeros decretos dictatoriales. El golpe tan anunciado se había concretado.

Se abrió así un periodo de 12 años de plomo durante los que la represión se fue haciendo cada vez más cruel al amparo del terrorismo de estado. Los militares y sus aliados civiles colaboracionistas, patéticos cómplices de los motineros, no sólo instalaron el terror en la sociedad sino que, además, se ocuparon prolijamente de aplicar recetas económicas neoliberales que terminaron definitivamente con el Estado de bienestar característico del Uruguay batllista.

En fin, todo esto es historia conocida.

No obstante, nunca está de más insistir en mantener la memoria de aquella etapa negra de nuestra historia.

Fue una dura lección que no debemos echar en el olvido. Tampoco debemos soslayar los errores de la izquierda, como, por ejemplo, el desprecio por la democracia “formal” y por las libertades “burguesas”. Huelga aclarar que tal democracia y tales libertades no son la panacea que todo lo resuelve, otro mundo es posible,  así como que es preciso seguir luchando por profundizar la democracia de modo que no sea solamente la democracia política sino que se haga efectiva en los ámbitos social y económico. Pero la historia reciente ha demostrado que es la democracia formal un buen sistema de convivencia, hacia la búsqueda de una sociedad superior y que es posible empezar a cambiar y a eliminar las injusticias a partir de un Estado de derecho, avanzado y asentado en el respeto por los derechos humanos y heredero de los principios de las revoluciones del siglo XVIII.




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