Archivo para 31 mayo 2018

31
May
18

los herederos …

escribe: de semanario Brecha

El hijo de fulano

¿Quiénes heredan? ¿Cómo incide la herencia en la desigualdad? Algunas de estas preguntas básicas intentan ser respondidas en esta investigación que revela que la riqueza heredada constituye más de un 30 por ciento de la riqueza total de Uruguay.

¿Cuánta riqueza se hereda? ¿Quiénes heredan? ¿Cómo incide la herencia en la desi­gualdad? Algunas de estas preguntas básicas acerca de la herencia en Uruguay intentan ser respondidas en una investigación realizada por los autores en el marco del programa de apoyo a la investigación estudiantil de la Comisión Sectorial de Investigación Científica (Csic) de la Universidad de la República. Una de las motivaciones para dicha investigación es el predominio de la meritocracia como ideal de la sociedad actual, donde es deseable que las personas alcancen la posición económica y social que merecen de acuerdo al esfuerzo que realizan. Esta es una de las grandes promesas del capitalismo, en el que con suficiente sacrificio cualquiera podría alcanzar altos niveles de bienestar ya que las oportunidades son iguales para todos.

Así, se justifica la desigualdad, alegando que los más desfavorecidos no han hecho mérito suficiente, de manera que si tienen un menor nivel de bienestar es por voluntad propia. Sin embargo, esta visión ignora que hay desigualdades que se transfieren de una generación a otra de forma arbitraria y que no hay un único punto de partida común para todas las personas. Además, en la práctica, la meritocracia implicaría altos niveles de movilidad social, sin embargo, estudios realizados para Estados Unidos y Europa occidental muestran que no ha habido grandes cambios en las tasas de movilidad social desde la Segunda Guerra Mundial.

Entre los factores no controlados por los individuos y que alteran sus oportunidades y trayectorias podemos encontrar: la trasmisión de habilidades productivas, gustos y ambiciones generados a partir de la concepción de prestigio que predomine en el núcleo familiar, contactos y grupos de referencia con los cuales comparar sus logros socioeconómicos, zona geográfica de nacimiento, características físicas, entre otros. Estos factores se agravan por las uniones conyugales entre personas de similar estrato social y los diferenciales de fecundidad, donde los más pobres son los que tienen más hijos. En este punto podemos destacar a la herencia como canal directo de trasmisión de desigualdades, ya que la riqueza inicial es determinante en el desempeño posterior.

La herencia puede definirse como la trasmisión de activos y pasivos de una generación a otra. El derecho a herencia está íntimamente ligado al derecho de propiedad, que ha cobrado diferentes formas a lo largo de la historia. Su impacto en la sociedad y qué medidas tomar frente a ello han sido debatidos desde la antigüedad. Platón (427-347 a de C) hace referencia al mismo en su Tratado de las leyes, mientras que Cicerón (106-43 a de C) sienta las bases del derecho hereditario romano. De forma más reciente, ya en el siglo XIX, Marx y Bakunin discutieron en la Primera Internacional sobre el derecho a la herencia y la estrategia que el movimiento socialista debería tomar.

A nivel nacional, Carlos Vaz Ferreira (1872-1958), influyente pensador uruguayo de principios del siglo XX, cuestionaba la herencia en su forma ilimitada, particularmente en su vínculo con el “problema” de la propiedad de la tierra. Consideraba que la herencia debía tener ciertos límites de modo que las generaciones que siguen “no sean privadas de derechos”.1 Emilio Frugoni (1880-1969), contemporáneo de Vaz Ferreira y primer legislador socialista, también consideraba “legítimo y necesario” un impuesto a las herencias y donaciones. De esta forma se afectaría el privilegio trasmitido, mas no se afectaría el esfuerzo de quien pasara a gozar del legado. En los últimos años la riqueza, la herencia y su distribución han tenido nuevamente un lugar en la agenda académica internacional2 luego de que durante gran parte del siglo anterior se mantuvieran en un segundo plano.

En la investigación mencionada se analiza para el caso uruguayo la distribución por fuentes de riqueza real bruta utilizando la Encuesta Financiera de los Hogares Uruguayos (Efhu). Se entiende por riqueza real bruta a los activos reales (inmuebles, negocios, vehículos, electrodomésticos, entre otros) sin considerar los pasivos, por falta de datos sobre los activos financieros y las deudas. A su vez, para el análisis por fuente de riqueza –donde se considera la riqueza comprada o creada, heredada o regalada y otras fuentes (sorteos y juegos de azar)– sólo se incluye la riqueza inmobiliaria y la riqueza empresarial, ya que no contamos con el dato para el resto de los activos (vehículos, electrodomésticos, etcétera).

Un primer dato a destacar es que la riqueza heredada constituye más de un 30 por ciento de la riqueza total, en tanto que la obtenida por mérito propio constituye alrededor de un 67 por ciento. Además, la riqueza heredada se distribuye en forma más desigual que la riqueza total, ya que el 10 por ciento más rico se apropia aproximadamente del 76 por ciento de la riqueza heredada mientras que si consideramos la riqueza inmobiliaria y empresarial total, se apropia del 66 por ciento.

A su vez, si nos detenemos en el 1 por ciento de personas más ricas, se observa que se apropian del 31 por ciento de la riqueza total, en tanto que se adueñan de alrededor del 44 por ciento de la riqueza heredada, lo que indicaría que el estar ubicado en la parte alta de la distribución de riqueza puede deberse en gran parte a la herencia y no totalmente al mérito personal. Así, la herencia en su conjunto tendría un efecto desigualador, es decir, no sólo mantiene las desigualdades iniciales, sino que las aumenta. Uno de los indicadores de desigualdad más utilizados –índice de Gini– toma valores de entre 0 y 1. Cuando arroja un valor de 0 muestra que la riqueza es repartida en partes iguales entre todos los hogares; por el contrario cuando arroja un valor de 1 la desigualdad es total, es decir, un solo hogar sería dueño de toda la riqueza del país. Para el total de la riqueza inmobiliaria y empresarial este índice asciende a aproximadamente 0.84, en tanto que si consideramos sólo la riqueza heredada asciende a casi 0.97. De esta forma, la herencia tiene un impacto marginal positivo sobre la desigualdad, y estos resultados podrían ser más pronunciados si contáramos con datos acerca de la deuda y los activos financieros. Cabe destacar que el mismo índice calculado sólo para el ingreso –salarios, alquileres, transferencias, intereses, utilidades, etcétera– asciende a 0.42.

Uno de los medios que tienen los estados para intervenir en estas situaciones son los impuestos, aunque algunos autores plantean la necesidad de acuerdos internacionales de manera de evitar fugas de capitales. En Uruguay las herencias están reguladas por el impuesto a las trasmisiones patrimoniales (Itp). Dicho impuesto se aplica de la siguiente forma: los herederos y legatarios en línea recta tributan el 3 por ciento del valor del patrimonio heredado, mientras que el resto de los contribuyentes/herederos pagan el 4 por ciento. De esta forma, la actual tributación que deben pagar las sucesiones en Uruguay no es progresiva, es decir, la tasa impositiva no depende del monto heredado.

Si bien aún queda mucho por estudiar y profundizar en el tema, la investigación realizada busca arrojar luz sobre una problemática poco estudiada en Uruguay. La riqueza heredada constituye una parte importante de la riqueza total y por lo tanto, de las posibilidades de vida de las personas por el solo hecho de nacer en una familia y no en otra. A su vez, demuestra distribuirse de forma más desigual que la riqueza no heredada. Por tanto, esperamos con entusiasmo una mayor disponibilidad de datos e investigaciones sobre la temática, de modo que se pueda instalar en la agenda pública un debate constructivo sobre las formas de obtención de riqueza por parte de los uruguayos y cómo mejorar su distribución.

 

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30
May
18

el imperio toca fondo …

La recuperación del Imperio y la desaparición de los trabajadores

escribe: James Petras / Rebelión

 

Nerón tocaba la lira, Obama lanzaba canastas y Trump tuiteaba mientras sus imperios ardían.

Los imperios entran en decadencia o se expanden en función, básicamente, de las relaciones entre gobernantes y gobernados. Hay varios factores determinantes, entre los que se incluyen: 1) la renta, la tierra y la vivienda; 2) la evolución del nivel de vida; 3) el aumento o descenso de la tasa de mortalidad; y 4) la disminución o aumento de las familias.

A lo largo de la historia, los imperios en expansión han incorporado a la población al imperio, distribuyendo a las masas una parte de los recursos expoliados, proporcionándoles tierras, arrendamientos reducidos y viviendas. Los grandes terratenientes que tenían que hacer frente a los jóvenes veteranos a su regreso de las guerras evitaban una excesiva concentración de la tierra para evitar los disturbios en sus feudos.

Los imperios en expansión mejoraban las condiciones de vida, pues jornaleros, artesanos, mercaderes y escribientes encontraban empleo cuando la oligarquía daba rienda suelta a su consumo ostentoso y crecía la burocracia que administraba el imperio.

Un imperio próspero es causa y consecuencia del aumento en las familias y en el número de plebeyos sanos y educados que sirven a los gobernantes y son mantenidos por ellos.

Por el contrario, un imperio en decadencia saquea la economía interna y concentra la riqueza a expensas de la mano de obra, ignorando el declive de su salud y de su esperanza de vida. Como consecuencia, los imperios en decadencia ven crecer la tasa de mortalidad; la propiedad de tierras y viviendas se concentra en una élite de rentistas que viven gracias a una riqueza que adquirida inmerecidamente por herencia, fruto de la especulación o de las rentas, que degrada el trabajo productivo basado en la pericia y los conocimientos.

Los imperios en decadencia son causa y consecuencia del deterioro de las familias, compuestas a menudo de trabajadores adictos a los opiáceos que sufren el aumento de la desigualdad entre ellos y sus gobernantes.

La historia del Imperio Americano a lo largo del último siglo encarna a la perfección la trayectoria de la expansión y caída de los imperios. El último cuarto de siglo es un buen ejemplo de las relaciones entre gobernantes y gobernados en plena decadencia del imperio.

Las condiciones de vida de los estadounidenses se han deteriorado a toda velocidad. Las empresas han dejado de cotizar las pensiones y han reducido o eliminado la cobertura sanitaria de sus trabajadores, y han visto rebajados sus impuestos de sociedades, lo que redunda en una merma de la calidad de la educación pública.

En los últimos veinte años, los salarios que perciben la mayor parte de los hogares se han estancado o reducido; los gastos en sanidad y educación han arruinado a muchos, y han convertido a los graduados universitarios en esclavos de sus deudas a largo plazo.

En EE.UU., el acceso a la propiedad de la vivienda para menores de 45 años ha disminuido del 24% en 2006 al 14% en 2017. Al mismo tiempo, los alquileres se han disparado, especialmente en las grandes ciudades de todo el país, y en la mayoría de los casos absorben entre un tercio y la mitad de los ingresos mensuales.

Las élites empresariales y sus expertos inmobiliarios desvían la atención hacia las desigualdades “intergeneracionales” entre pensionistas y jóvenes empleados asalariados, en lugar de reconocer el aumento de la desigualdad entre altos ejecutivos y trabajadores y pensionistas, cuyos ingresos han pasado de 100 a 1 a 400 a 1 en las tres últimas décadas.

También han aumentado las diferencias en la tasa de mortalidad entre la élite empresarial y los trabajadores, pues los ricos cada vez viven más años sin perder la salud mientras los trabajadores sufren un descenso en la esperanza de vida ¡por primera vez en la historia de Estados Unidos! Gracias a los ingresos procedentes de beneficios, dividendos, aumento del interés, etc., los ricos pueden pagar el elevado coste de la medicina privada y prolongar su vida, mientras a millones de trabajadores se les recetan opioides para “reducir el dolor” y precipitarles una muerte prematura.

Los nacimientos han descendido como consecuencia de la carestía de la sanidad y de la carencia de guarderías y bajas por maternidad o paternidad remuneradas. Los últimos estudios han revelado que 2017 tuvo el menor número de nacimientos en 30 años. La supuesta “recuperación de la economía” posterior al derrumbe financiero de 2008-2009 ha tenido un sesgo de clase: las élites empresariales e inmobiliarias recibieron un rescate superior a los 2 billones de dólares mientras más de 3 millones de hogares de clase trabajadora eran desahuciados y desalojados de sus viviendas por los financieros que habían adquirido sus hipotecas. El resultado: un aumento acelerado de personas sin hogar, especialmente en las ciudades con mayores índices de recuperación de la crisis.

Probablemente, los factores que han producido este descenso de la maternidad y aumento de la mortalidad son la falta de vivienda y los desorbitados precios de los alquileres de apartamentos saturados, junto con los salarios mínimos.

El imperialismo se expande, el nivel de vida desciende

En las décadas posteriores a la Segunda Guerra Mundial, la expansión en el extranjero estuvo acompañada en el ámbito interno por el abaratamiento de la educación superior, hipotecas a precios razonables que facilitaban la propiedad de una vivienda y mejoras en las pensiones y cobertura sanitaria a cuenta de los patronos. Sin embargo, en las dos últimas décadas la expansión imperial se ha basado en la reducción forzosa del nivel de vida.

El Imperio se ha expandido y las condiciones de vida han empeorado porque la clase capitalista ha evadido billones de dólares de impuestos a través de paraísos fiscales, precios de transferencia y exenciones fiscales. Por si fuera poco, los capitalistas han recibido inmensas subvenciones públicas para infraestructuras y transferencias gratuitas de innovación tecnológica financiada por el Estado.

En nuestros días, la expansión imperial se basa en la deslocalización de las multinacionales manufactureras con el fin de rebajar los costes de mano de obra, aumentando así el porcentaje de trabajadores de servicios mal pagados en Estados Unidos.

El empeoramiento de las condiciones de vida de la mayoría es consecuencia de la reestructuración del Imperio, la instauración de un sistema tributario regresivo y la redistribución de las transferencias de gasto público con fines sociales del Estado del bienestar a subvenciones y rescates al sector inmobiliario y financiero.

Conclusión

En sus orígenes, el imperialismo llevaba aparejado un contrato social explícito con la mano de obra: la expansión extranjera compartía beneficios, impuestos e ingresos con la fuerza de trabajo a cambio del apoyo político de los trabajadores a la explotación económica imperial en el exterior, el saqueo de recursos y el servicio de estos en las fuerzas armadas del imperio.

El contrato social venia condicionado por el equilibrio relativo de poder: la mayoría de los obreros fabriles, del sector público y los trabajadores especializados estaban sindicados. Pero este equilibrio de poder en las relaciones de clase se basaba en la capacidad de la fuerza laboral para participar activamente en la lucha de clases y, así, presionar al Estado. Es decir, el imperialismo y la estructura del bienestar se basaban por completo en una serie específica de condiciones intrínsecas del pacto social.

Con el tiempo, la expansión imperial tuvo que enfrentar limitaciones en el exterior procedentes de la oposición que presentaban grupos nacionalistas o socialistas, creando las condiciones para la deslocalización de su capital en el extranjero. Los rivales del imperio en Europa y Asia empezaron a competir por los mercados exteriores, obligando a Estados Unidos a aumentar su productividad, reducir costes laborales, deslocalizar en el extranjero o reducir beneficios. Estados Unidos eligió reducir las condiciones de vida internas y sacar su producción al extranjero.

Los dirigentes sindicales se distanciaron de otros movimientos generales de base y, al carecer de un movimiento político independiente, estar asolados por la corrupción y comprometidos con un acuerdo social en vías de desaparición, fueron reduciéndose en volumen, incapaces de formular una nueva estrategia combativa que sustituyera al pacto social. La clase capitalista adquirió control total de las relaciones de clase y, por consiguiente, empezó a decidir unilateralmente los términos de la política fiscal, el empleo, las condiciones de vida y, lo más importante, el gasto público.

Los gastos militares para el mantenimiento del imperio crecieron en proporción directa a la reducción de subsidios sociales. Los grupos rivales de poder se peleaban para conseguir su parte de los presupuestos capitalistas y decidir las prioridades político-militares. Los imperialistas económicos competían o se unían a los imperialistas militares; los neoliberales de libre mercado competían con los militaristas por los mercados exteriores en busca de la ocupación de más territorios, nuevas conquistas, mercados cerrados y clientes sumisos. Las estructuras de poder rivales competían para dictar las prioridades imperiales –las poderosas redes sionistas urdían guerras regionales favorables a Israel mientras las multinacionales intentaban impulsar su expansión político-militar en Asia (China, India y los mercados del sureste asiático).

Facciones rivales de las elites monopolizaban presupuestos, impuestos y gastos comprimiendo las condiciones de vida de la fuerza laboral. Las clases imperialistas pactaron entre ellas, la calidad y cantidad de trabajadores disminuyó. Pero los descendiente de esas élites asistían a las mejores escuelas y se aseguraban los mejores puestos en el gobierno y la economía.

Los privilegios y el poder no produjeron triunfos imperiales. China ha sabido integrar sus programas educativos y trabajadores cualificados en el trabajo productivo y sacar partido de ello. Por el contrario, los graduados estadounidenses trabajan en puestos financieros parásitos y lucrativos, no en sectores de la ciencia, la ingeniería y la asistencia social. Los graduados en la academia militar han creado redes de “comandantes” que perdonan los abusos sexuales, entrenan y ascienden a oficiales que lanzan misiles sobre centros de población y entrenan a capitanes de la armada especializados en colisionar sus buques.

Los graduados en la Ivy League* consiguieron copar altos cargos en el gobierno y han llevado a Estados Unidos a guerras interminables en Oriente Próximo, han multiplicado nuestros adversarios, enemistado a nuestros aliados y gastado billones de dólares en guerras que favorecen a Israel, en vez de dedicarlos a ayudas sociales y salarios más elevados para nuestros trabajadores. Y, sí, es verdad, la economía se está recuperando… pero a las personas les va peor.

*Nota del traductor: Grupo de ocho prestigiosas universidades privadas de Estados Unidos, muy elitistas, entre las que se encuentran Harvard, Yale, Columbia y Princeton.
29
May
18

distribución del ingreso / uruguay

La distribución del ingreso y los cambios programáticos

escribe: cr. Alberto Couriel / analista



La distribución del ingreso está influida por diversos factores económicos, sociales, políticos, culturales y sobre todo por las relaciones de poder. Son muy relevantes la concentración de la riqueza, los temas del empleo, la pobreza, los salarios, el gasto social y la tributación. El papel del Estado es esencial para definir las posibilidades de redistribución del ingreso, ya que el libre juego del mercado generalmente aumenta las desigualdades.

La concentración de la riqueza es un factor muy relevante para la distribución del ingreso, a través de la concentración de la propiedad privada de los medios de producción. El tema de la propiedad es un gran desafío para la izquierda nacional e internacional. Los gobiernos progresistas, en algunos países, han jugado sobre la propiedad de la tierra a través de procesos de reforma agraria.

En otros casos, en procesos de nacionalización, especialmente en rubros derivados de recursos naturales. Pero no en otros ámbitos, por falta de propuestas, por la propia dificultad de no saber cómo enfrentar el problema, en la medida que los procesos generalizados de estatización han fracasado. Propuestas de autogestión y de cooperativas han tenido éxitos parciales.

No hay avances para enfrentar el gran poder que ostentan las grandes empresas transnacionales. En las últimas décadas la concentración de la riqueza se ha profundizado. En ello juega también el predominio de lo financiero en el proceso de globalización. Con estas dificultades de redistribuir la propiedad de los medios de producción, el camino posible para avanzar hacia mayoras formas de igualdad sería por la vía impositiva.

En la interna del Frente Amplio surgen dos posiciones. Los que no quieren gravar al capital para garantizar aumentos de la inversión y aquellos que sostenemos que pueden fijarse algunos impuestos directos sin necesariamente afectar la inversión privada en el futuro. Estos impuestos directos serían el impuesto al patrimonio y el impuesto a las herencias, a partir de cierto nivel patrimonial. Hay estudios que muestran la enorme influencia de las herencias en las desigualdades de riqueza y de ingresos. Un reciente reportaje al Premio Nobel de Economía Joseph Stiglitz expresa “el 90% de los que nacen en hogares pobres se mantienen pobres.

El 90% de los que nacen en hogares ricos se mantienen ricos”. Cambios en la propiedad, difíciles de concretar, y modificaciones tributarias serían los elementos centrales para mitigar la desigualdad de la riqueza e influir sobre la distribución del ingreso.

En los gobiernos del Frente Amplio hay extraordinarios avances en materia de pobreza e indigencia. Ésta casi ha desaparecido, mientras que la pobreza ha descendido de 40% a 7,5%. Pero hay un problema de fragmentación social, por el cual baja la pobreza basada en ingresos pero se mantienen problemas de educación, salud, vivienda y urbanismo. Por ejemplo en el caso de la educación, Jack Couriel en “Una mirada sobre precariedades urbanas y desigualdades territoriales” expresa: “Mientras que en la ciudad periférica (Casavalle, La Paloma, Tomkinson, Tres Ombúes, Pueblo Victoria y Casabó) de 100 alumnos en promedio, sólo 50 terminan el ciclo básico y 16 terminan el bachillerato, en la ciudad de altos ingresos (Pocitos, Punta Gorda, Parque Rodó y Punta Carreta) 96 terminan el ciclo básico y 89 el bachillerato”. Esta es una clara demostración del tema de la fragmentación social y de la frase de Stiglitz.

Decíamos con anterioridad que el mercado no resuelve el tema de la distribución del ingreso, sino que más bien tiende a agravarlo. Por ello es imprescindible la intervención del Estado para mejorar empleo, salarios, gasto social y tributación. Pero el accionar del Estado es fruto de las relaciones de poder. El Frente Amplio mantiene poder político con mayoría parlamentaria lo que le ha permitido una reforma tributaria con la creación del impuesto a la renta de las personas físicas, avances significativos del gasto público social de 19% al 26% del PBI y mejoras relevantes de los salarios reales de más del 50%.

En la interna del FA hay debate sobre la presión fiscal, si tiene que ser de menos del 30% del PBI o poder superarlo para atender más gastos sociales e inversión pública para atender los problemas del empleo. Esta segunda postura requiere aumentos impositivos a las rentas del capital, a la renta de las actividades económicas (IRAE) y una evaluación de las exoneraciones fiscales a las inversiones. Nuevamente pesan las relaciones de poder, por temor a que más impuestos al capital puedan afectar las futuras inversiones.

En el poder económico pesa el poder financiero, fuerza que viene expresamente desde el exterior, y no olvidar que el 71% de las exportaciones de bienes las llevan adelante empresas extranjeras. Sobre estos temas juega también el poder comunicacional, en el que los grandes medios se manifiestan en posiciones críticas hacia el gobierno frentista y el Frente Amplio. Lo importante es tener la capacidad de aumentar impuestos a los más ricos y a los de mayores ingresos sin afectar la inversión privada, que sin duda es necesaria para el crecimiento económico en el marco de la estrategia de desarrollo.

Las negociaciones salariales han aumentado el poder de los asalariados y sus organizaciones sindicales que han obtenido mejoras en las relaciones laborales y en sus propios salarios.

Un tema central para la distribución del ingreso lo constituye la evolución de los empleos productivos. Estos dependen del crecimiento y especialmente del contenido del mismo. En 2017 el empleo no mejoró porque crecieron rubros como comunicaciones que no generan muchos empleos y cayeron los rubros de la industria manufacturera y la construcción que generan empleos importantes. Sin duda también influyen los avances tecnológicos que generan nuevas oportunidades pero también pérdidas, y que analizamos en nota del 11 de abril pasado sobre “El empleo y los cambios programáticos”.

Pesan algunas políticas como la cambiaria. El equipo económico niega el atraso cambiario. Éste, medido a través del tipo de cambio real efectivo, con la información oficial del Banco Central del Uruguay, muestra con nitidez dicho atraso que puede estar afectando a rubros de exportación, que han tenido pérdidas de empleo y a rubros que no pueden competir con importaciones baratas, por el nivel del tipo de cambio, especialmente en la industria manufacturera.

28
May
18

la derecha fascista latina

La derecha latinoamericana dijo a qué vino

escribe: Emir Sader / Sociólogo y filósofo brasileño, director del Laboratorio de Políticas Públicas (LPP) de la Universidad del Estado de Rio de Janeiro. Master en filosofía política y doctor en Ciencia política

Después de años duros, en que parecía que el neoliberalismo había venido para quedarse en Latinoamérica, fuerzas populares lograron construir programas de gobierno antineoliberales, ganar elecciones y protagonizar los años más virtuosos de nuestra historia, en algunos de nuestros países.

Pero la derecha, aun derrotada, no ha dejado de maniobrar para intentar frenar a esos procesos, que representan el desenmascaramiento de todo lo que la derecha había dicho que era nuestro destino inevitable. Planteaba distintas cosas, pero su política económica siempre era el viejo modelo centrado en los ajustes fiscales, como medicamento en contra la enfermedad de los gastos estatales.

Después del período de gobiernos posneoliberales, la derecha ha vuelto a la carga, conquistando el gobierno en Argentina mediante elecciones, retornó a Brasil mediante un golpe. Y tuvo la posibilidad de decir a qué vino, porque peleo tanto, con todas sus fuerzas, legales e ilegales, para retornar al gobierno. ¿Qué es lo que tiene que proponer y realizar en América Latina?

En verdad, no fue necesario aguardar ese retorno. Porque podemos saber lo que la derecha latinoamericana tiene que proponer para la situación de países como México, por ejemplo, gobernado desde hace tantas décadas por la derecha, con su modelo neoliberal ya hace por lo menos dos décadas y media. El favoritismo de López Obrador para convertirse en el próximo presidente de México es el resultado directo del fracaso de los gobiernos del PRI y del PAN, que se han alternado en el gobierno, sin cambiar la política económica neoliberal, y llevando México a una situación catastrófica, desde todos los puntos de vista.

El país que iba a marcar la senda para los otros países del continente, habiendo sido el primero en firmar un tratado de libre comercio con EEUU (y también con Canadá, en este caso) representa, al contrario de lo propuesto, la falencia de esos tratados y de esas políticas. Los dos partidos de derecha sumados no tienen las preferencias de López Obrador, que aparece como la ruptura con la corrupta oligarquía tradicional en México.

Pero el retorno de la derecha al gobierno en Argentina y en Brasil podría significar una actualización de las propuestas de la derecha. Sin embargo, en los dos países se ha aplicado el mismísimo modelo que ya había fracasado en los años 1990. El mismo diagnóstico de que los problemas de nuestras economías son los gastos excesivos del Estado tuvieron el mismo tipo de respuesta: la centralidad del ajuste fiscal. Con las desastrosas consecuencias aparejadas: profunda y prolongada recesión, desempleo récor, desindustrialización de la economía, fuga de capitales, alza del déficit público.

¿A eso vinieron las derechas en Argentina y en Brasil? ¿Es eso lo que prometen? Por ello han luchado tanto en contra de los gobiernos populares, valiéndose de acusaciones falsas, de campañas de mentiras, de cerco a los gobiernos desde los medios y desde los capitales especulativos.

Esta es la demostración, para México, Colombia, Bolivia, y para otros países que están o van a entrar en procesos electorales, lo que pueden esperar de los partidos y candidatos de la derecha en Latinoamérica, cualesquiera que sean sus promesas. En Venezuela, se llegó a prometer la dolarización de la economía del país. En Brasil se privatiza los mejores patrimonios nacionales, los de Petrobras. En Argentina, se vuelve a la entrega a los brazos del FMI, volviendo a comprometer el futuro del país.

Las alternativas de retomar el desarrollo económico con distribución de renta suponen la ruptura con el modelo neoliberal, lo cual solamente gobiernos de izquierda pueden hacer, como se ha demostrado en este siglo. De la capacidad de la izquierda de volver a unificarse dónde está dividida, de superar los obstáculos jurídicos donde la derecha se vale de ellos en contra de líderes de izquierda, de reformular los proyectos que han dado resultados, adecuándolos a las condiciones internas y externas actuales, de rescatar los valores solidarios, cooperativos, humanistas, depende una solución positiva de la crisis actual que afecta a todo el continente.

28
May
18

Israel / palestina

La nueva ideología del genocidio en Israel

escribe: Amitai Ben-Abba / Counterpunch

Como judío israelí descendiente de sobrevivientes del Holocausto, creo que la comparación de las actuales condiciones en Palestina con las anteriores al Holocausto no solo está justificada, sino que además es necesaria. Israel está ideológicamente preparado para autorizar un genocidio de los palestinos en este momento. Si no actuamos, marchará hacia su nueva etapa decisiva: hasta el sexto millón de palestinos y más.

Estudio y escribo ficción especulativa. Muchos de mis escritos contemplan el futuro de Israel, imaginando escenarios brutalmente grotescos como una especie de advertencia artística. Pero en estos días, cada vez que cierro otro período al final de un nuevo capítulo, mi sentido de imaginación se trunca, a medida que la realidad se impone sobre mi imaginación. Ningún autor podría predecir locuras como las que mostraba la pantalla dividida en la televisión israelí en vivo el 14 de mayo: los Netanyahus y los Trumps sonreían blandamente por un lado, los manifestantes palestinos cargando a sus muertos por el otro, y esa noche, los habitantes de Gaza llorando por los muertos mientras decenas de miles de israelíes bailaban en la Plaza Rabin cantando Toy live.

En la novela en la que estoy trabajando actualmente, contemplo cómo se vería un genocidio israelí completo (y la resistencia a él) a partir de los ojos de un perpetrador y una víctima. Pero mientras comencé este proyecto inventando las condiciones en las que ocurriría tal evento, para mi horror ya han madurado en la sociedad israelí. Me he despertado a la situación en la que un futuro distópico se ha acelerado hasta tomar forma y no puedo poner pausa y escribir antes de la tormenta. El mundo está estancado en el juego, las noticias se renuevan e inexorablemente fluye la sangre. Estoy experimentando una ansiedad peculiar, sin nombre, siendo testigo de un futuro que se parece demasiado al pasado, arrastrándose hacia el presente.

El punto de inflexión entre los políticos israelíes -el diputado Smotrich, el ministro de Educación Bennet, el alcalde Barkat de Jerusalén y otros de su clase- abogan hoy por la transición a la llamada “etapa decisiva” del conflicto palestino israelí. Para pasar del statu quo a una paz duradera (dicho sea de paso, el título del único libro del primer ministro Netanyahu): Una solución final para la cuestión palestina. Esa visión, al estilo de Smotrich, está tomada del Libro de Josué, donde los israelitas invasores promulgan un genocidio contra los nativos cananeos, hasta que no queda ni una sola alma con respiración, parafraseando al rabino Maimónides. Según el Midrash, hubo tres etapas en esa operación. Primero Josué envió a los cananeos una carta para que huyeran. Entonces, los que se quedaron podrían aceptar la ciudadanía de segunda clase y la esclavitud. Finalmente, si se resistían, serían aniquilados. Smotrich ha presentado públicamente este plan como el cambio hacia la etapa decisiva del conflicto. Si los palestinos no huyen y se niegan a aceptar una ciudadanía inferior, como haría cualquier persona digna, “el ejército sabrá qué hacer”, dice.

Así, como en The Handmaid’s Tale de Margaret Atwood, los políticos israelíes ahora sugieren políticas sobre la base de la “precedencia de las escrituras”. En su teología reaccionaria ignoran mandamientos como tikkun olam (“reparación del mundo”, el mandato de luchar por la justicia e igualdad), ve’ahavta (“ama a tu prójimo como a ti mismo”, la idea con la que el rabino Hillel ha enseñado toda la Torá), y conceptos talmúdicos como Shiv’im panim la’tora (“setenta caras tiene la Torá”) lo que significa que se pueden derivar docenas de estipulaciones de cada versículo).

Al igual que con los turcos y los armenios, hutus y tutsis, alemanes y judíos, el genocidio se justifica con el argumento de que existe un juego de suma cero en el que solo un lado puede triunfar. Los palestinos quieren arrojarnos al mar, afirman los sionistas, y haba le-horgecha, hashkem le-horgo (“Al que viene a matarte, levántate y mátalo primero”). En su libro -dicen sus asistentes a quienes el primer ministro utiliza a veces para escribir sus discursos, Netanyahu ve a los “palestinos” (se asegura de marcarlos con comillas) como una “nación fantasma” (p.56) y niega su existencia como un pueblo con una cultura e historia únicas. Los ve como una herramienta en el juego de suma cero entre el islam y Occidente. El prominente historiador israelí Benny Morris, quien ha narrado a fondo los crímenes sionistas de violación, asesinato y limpieza étnica en 1948, ve el desplazamiento de nada más que 750,000 palestinos en esa guerra como el mayor error de Ben Gurion. En su opinión, Ben Gurion debería haber terminado el trabajo, y eso es precisamente lo que los principales estadistas israelíes están buscando hoy.

En la sociedad israelí no hay fuerzas capaces o dispuestas a detener el ascenso de esta tendencia. Los soldados israelíes, como los vitoreados francotiradores demostraron al mundo en Gaza, reciben instrucciones de ver a todos los palestinos como amenazas a la seguridad dignas de la muerte. Las masas israelíes celebran la liberación anticipada de asesinos condenados, siempre que las víctimas sean árabes. Las multitudes israelíes cantan “quémalos, mátalos, asesínalos” mientras se abre la embajada de EE.UU. en Jerusalén. Desde los soldados de infantería hasta los altos mandos, desde la gente de la calle que agita banderas hasta los laureados de la academia, Israel está ideológicamente preparado para llevar a cabo un holocausto palestino.

Algunos judíos retrocederán al leer estas palabras. Asur le-hashvot (“está prohibido comparar “) es ahora un proverbio hebreo. Está prohibido comparar el sufrimiento judío con el de los demás, y he hecho varias comparaciones. Sin embargo, como un descendiente judío israelí de sobrevivientes del Holocausto, creo que estas comparaciones no solo son justificadas sino también vitales. La sociedad israelí está ideológicamente preparada para promulgar un genocidio de los palestinos en este momento, y si no hacemos la comparación y actuamos en consecuencia, Israel marchará hacia la etapa decisiva, hasta el sexto millón de palestinos y más.

En una comparación propia, el ministro israelí Gil’ad Erdan comparó a los palestinos muertos con los nazis, diciendo: “El número de muertos (sic) no indica nada, así como el número de nazis que murieron en la guerra mundial no hace del nazismo algo que puedes explicar o entender”. Evidentemente, contar a los muertos no ayudará a despertar a los israelíes de su espeluznante accionar. Solo después de la caída de su sistema -como los sudafricanos blancos en su lamentable apartheid- lo reconocerán con horror. Para detener el genocidio pendiente, los líderes mundiales deben dejar de hablar y comenzar a actuar. El embargo de armas, las sanciones económicas y el arresto de criminales de guerra que viajen serán un comienzo largamente esperado. Cualquier cosa menos que eso es sumisión. Como israelí soy consciente de las consecuencias que estas medidas podrían tener en mi vida y en la vida de mis seres queridos. Todo esto se empequeñece ante las consecuencias del asalto a los derechos de los palestinos que reverberarán en todo el mundo, especialmente por las personas marginadas, como amaga Ann Coulter cuando mira los disparos contra los manifestantes palestinos y dice: “¿Podemos hacer eso?” Con el 75 % de la industria militar israelí programada para la exportación, esperan que los drones de gas lacrimógeno israelíes zumben sobre la próxima revuelta de Standing Rock o en París. Espere que los francotiradores disparen contra los migrantes mexicanos. Espere que llegue la tormenta antes de comenzar a prestar atención.

En mi ficción, el holocausto palestino ocurrirá durante la guerra contra un poder musulmán local. Israel justificará la masacre masiva como derecho a defenderse. No pondrá a los habitantes de Gaza en los trenes ni los construirá para ellos, sino que los bombardeará hasta la muerte. Irónicamente, la presencia de los colonos será un escudo humano de facto que requerirá de diferentes métodos de exterminio y expulsión de los palestinos de Cisjordania, los habitantes de Jerusalén Oriental y los palestinos con ciudadanía israelí. Si el mundo no actúa de manera efectiva en apoyo de los palestinos, esta será la cúspide de la Nakba, la catástrofe, el proceso de privación de los derechos humanos de los palestinos que comenzó hace 140 años.

Amitai Ben-Abba es un escritor israelí residente en la zona de la Bahía
27
May
18

sionazis …

¿Hace falta la presión internacional sobre el sionazismo?

escribe: Ramón Pedregal Casanova

El Estatuto de Roma, Las Convenciones de Ginebra, la ONU, y la inmensa mayoría de los países del mundo consideran que los actos que ha realizado el ejército israelí contra la población palestina son crímenes de guerra y condenados por el Derecho Internacional Humanitario. A ello se han sumado los países integrados en la Organización de Cooperación Islámica OCI, el Movimiento de Países No Alineados MNOAL, de Latinoamérica, como Venezuela, Cuba y Bolivia, además de condenas de los restantes países del mundo, exceptuando a EEUU, Guatemala, Paraguay, Rumanía, Chequía, Austria y Bulgaria. Así quedan retratados para la Historia.

68 palestinos asesinados y 12.000 heridos han causado los francotiradores sionazis. El pueblo palestino de Gaza se movilizó para recordar al mundo que llevan 70 años refugiados y sin que los organismos de paz y justicia internacionales hagan nada para que vuelva del exilio.

Recojo las declaraciones de algunos responsables sionazis, porque sus palabras dicen de ellos y de quienes les protegen, además de sus medios de difusión que no levantan la voz para que las mentes que tienen colonizadas no les pongan atención.

Empezamos con uno emblemático para continuar por la actualidad.

Moshe Dayan, coronel de la banda terrorista Haganá, que sería la base de organización del ejército colonialista, y Ministro de Exteriores:

“Desde hace 8 años, se sientan en sus campos de refugiados en Gaza, y ante sus ojos convertimos en nuestra casa la tierra y las aldeas en las que ellos y sus antepasados han vivido. Somos una generación de colonos, y sin el casco de acero y el cañón de la pistola no podremos plantar un árbol ni construir una casa.”

Hay miles de asesinatos cometidos por el ente israelí desde 1948, pero vamos a saltar hasta 2015 porque no habría espacio si nos detuviésemos en cada uno de ellos, algún día se escribirán los nombres de cada palestino y palestina muertos:

Declaró Ayelet Shaked, Ministro sionazi de Justicia: “Esta no es una guerra contra el terror, ni una guerra contra los extremistas. ¿Quién es el enemigo? El pueblo palestino, todo el pueblo palestino es el enemigo, en las guerras el enemigo suele ser todo un pueblo, incluidos sus ancianos y sus mujeres, sus ciudades y aldeas, sus propiedades y su infraestructura, en nuestra guerra esto es siete veces más correcto. Cada valiente madre de un “pequeño terrorista serpiente” que envía a su hijo al infierno, debería saber que irá con él, junto con la casa y todo lo que hay dentro. Sus casas deberían ser bombardeadas desde el aire, con la intención de destruir y matar. Y debe anunciarse que haremos esto de ahora en adelante a cada hogar de cada martir. No hay nada más justo, y probablemente más eficiente.”

Sobre esa base llegamos al día 20 de Mayo de 2018, en el que recojo dos declaraciones:

1ª.- En Irlanda un periodista pregunta a Michal Maayan, representante del ente israelí:

“-¿Por qué las fuerzas israelíes disparan a matar a los manifestantes en Gaza?

Respuesta: ¡Bueno, no podemos meter a tanta gente en la cárcel!.”

2ª.- El Presidente sionazi del Comité de Asuntos Exteriores y Defensa, Avi Dichter, hablando de la Gran Marcha del Retorno, refiriéndose a la población palestina declara:

“La IDF (ejército sionazi) tiene balas suficientes para todos.”

En una manifestación conjunta de judíos y árabes, de solidaridad, en Jerusalén, con el pueblo palestino de Gaza, Jafar Farah, Presidente de la Asociación de Derechos Humanos Mosawa, era arrestado y en el cuartel la policía le rompió una rodilla. Habían asistido los Diputados de la Lista Árabe Conjunta, entre ellos Ayman Odeh que tras visitar al herido en el hospital denunció calificó la carga de la policía como “brutal”. Entonces el Ministro sionazi de Defensa, Avigdor Liberman, hizo la siguiente amenaza:

“Cada día que Ayman Odeh y sus asociados permanecen libres y maldicen a la policía, es un fracaso de las autoridades. El lugar para estos terroristas no está en la Knesset, está en prisión. Es hora de que paguen un precio por sus acciones.”

Después de lo que hemos visto desde el 30 de Marzo, ¿sobrará lo recogido en este pequeño espacio? El pueblo palestino entrega su vida. ¿Qué cree que debe hacerse? Condenar el colonialismo es tarea de pueblos, gobiernos y organismos internacionales que aspiran a la justicia, pero no es suficiente con condenar verbalmente, en muchos países los pueblos se han manifestado, algunos gobiernos han retirado sus embajadores del ente sionista, el BDS es un ejemplo a seguir, tienen que ponerse medidas prácticas.

¿Hace falta la presión internacional sobre el sionazismo? Expulsión, bloqueo, suspensión de comercio, enviar tropas de solidaridad con Palestina…

 

Ramón Pedregal Casanova es autor de los libros: “Gaza 51 días”, “Palestina. Crónicas de vida y Resistencia”, “Dietario de Crisis”, “Belver Yin en la perspectiva de género y Jesús Ferrero”, y “Siete Novelas de la Memoria Histórica. Posfacios”. Presidente de la Asociación Europea de Cooperación Internacional y Estudios Sociales AMANE. Miembro de la Comisión Europea de Apoyo a los Prisioneros Palestinos.
26
May
18

la reforma de córdoba …

Libertades que quedan

Cien años de la revuelta estudiantil de Córdoba

 

Hubo un tiempo, una región y una generación en que los términos “reforma” y “revolución” se fundieron hasta la sinonimia. Así sucedió con el “movimiento estudiantil latinoamericano de reforma universitaria”, como se lo llamó, aunque aspiraba a reformar mucho más que la universidad. Se cumple un siglo desde su episodio más notable: la revuelta de los estudiantes de la Universidad Nacional de Córdoba en 1918.

La radicalidad de los estudiantes cordobeses, el carácter ultra clerical-conservador de los poderes universitarios y políticos contra los que se sublevaron, la virulencia de la represión que sufrieron y la potencia literaria de su célebre “Manifiesto liminar” hicieron de Córdoba el acontecimiento que produjo un salto cualitativo en el movimiento con innumerables efectos multiplicadores en el resto del continente. Acaso por esto, muchos de los estudios posteriores sobre el tema alimentaron un equívoco frecuente: la idea de que todo comenzó en 1918. Esto impide observar toda una trama estudiantil latinoamericana forjada al menos desde una década antes. Entre 1908 y 1918 se sucedieron congresos estudiantiles en Montevideo, Buenos Aires y Lima en los que se fue forjando la base del programa reformista y se fueron consolidando las redes estudiantiles e intelectuales que habrían de impulsarlo. Desde una década antes, también, los estudiantes se encontraban en torno al impulso de la extensión universitaria o la puesta en marcha de medios de prensa y propaganda estudiantil. De todo eso estaba hecha la “hora americana”1 que anunció Deodoro Roca el 21 de junio de 1918.

El humanismo de la ideología reformista se evidencia en sus maestros: Rodó, Vasconcelos, Ingenieros, Ortega y Gasset, Altamira. Ha sido recurrente el debate sobre el alcance y radicalidad del movimiento. En 1959 el Che Guevara llamó la atención de los estudiantes cubanos sobre la deriva reaccionaria que terminaron adoptando muchos dirigentes del 18. Y destacados estudiosos del tema, como Portantiero, han subrayado su origen pequeñoburgués. Sin embargo, basta centrar la mirada en el movimiento al calor de su acontecer indeterminado para reconocer su enorme radicalidad política.2 En cualquier caso, parece clara la coexistencia, entre los reformistas, de un componente liberal modernizador y uno revolucionario que convocó el apoyo entusiasta de intelectuales y militantes socialistas, marxistas y anarquistas como Mariátegui, Lazarte, Ponce o Mella, entre otros. Ambos componentes tenían en común una fe en la educación y la cultura como factor de emancipación humana. Sentían que el movimiento estudiantil estaba llamado a cumplir una misión de tipo moral. El Ariel de Rodó era el símbolo que los convocaba contra el Calibán positivista-utilitarista del imperialismo estadounidense. Gritaron: “Basta de profesionales sin sentido moral. Basta de pseudoaristócratas del pensamiento. Basta de mercaderes diplomados. La ciencia para todos, la belleza para todos”.3 Al calor del entusiasmo internacionalista que provocaba la Revolución Rusa, el movimiento pronto trascendió la problemática universitaria y se acercó a las luchas obreras. Pensaban que “las menudas conquistas del reglamento o del estatuto no son más que instrumentos subalternos ante la soberana belleza del propósito: preparar, desde la cátedra, el advenimiento triunfante de la democracia proletaria”.4 La narración que reduce el movimiento a un puñado de reformas antiautoritarias de la universidad nos dice más del presente que del pasado.

Se puede calibrar el legado reformista por sueños o por sus conquistas. Si los primeros, que persiguieron “el milagro de redención de la humanidad”,5 se frustraron las más de las veces, las segundas fueron muy importantes en lo que refiere a la reforma universitaria. Una visión de conjunto permite distinguir dos órdenes de democratización de la universidad reformista respecto a su antecesora decimonónica: hacia el interior (con el cogobierno autonómico, la libertad de cátedra, el acceso a la docencia por concurso, los cursos y cátedras libres, la crítica de los métodos de enseñanza) y hacia afuera (la democratización del acceso, la gratuidad, la extensión universitaria, la investigación de “los grandes problemas nacionales”, la creación cultural con vocación latinoamericana y un sentido general de compromiso social de la universidad contrapuesto a la mera “fábrica de profesionales”). Con todo lo inacabado y nunca plenamente alcanzado que contienen estas orientaciones, permitieron construcciones que constituyen hoy, en buena medida, las libertades que quedan.

Un siglo después de Córdoba el panorama universitario, político y cultural de nuestro continente es, por cierto, muy diferente. El acceso a la enseñanza terciaria se ha masificado (aunque insuficientemente), pero se ha producido una segmentación mercantilizada de la oferta que reproduce las desigualdades. La ciencia y la tecnología han alcanzado una importancia inédita en la mundialización capitalista y la división internacional del trabajo, reconfigurando el lugar y el papel de las universidades y de los propios estados-nación. Sólo la multinacional Monsanto cuenta con un ejército de 22 mil científicos, cifra comparable al total de científicos de México (28 mil) e incomparable a los 1.750 categorizados en el Sistema Nacional de Investigadores de Uruguay. Existen universidades financiadas total o parcialmente por empresas mineras. El Banco Santander organiza reuniones académicas “iberoamericanas” en las que participan y firman declaraciones comedidos o resignados rectores y decanos. El neoliberalismo ha producido su propia contrarreforma universitaria, con todas las formas y gradientes de la mercantilización de la oferta, administración, currículo, agendas de investigación y políticas de vinculación de las universidades, autónomas de otros poderes que los del mercado. Nos han convencido de que el productivismo académico en un régimen de competencia por estímulos económicos es la vía rápida a un parnaso sin poetas llamado “calidad”. Ariel se debate entre el multiculturalismo académico y los cursos de autoayuda. Calibán se define emprendedor.

Como señala Cúneo,6 independientemente de los logros efectivamente alcanzados, el movimiento de reforma universitaria fue capaz de proponer un “orden de anticipación” a los problemas de su tiempo, forjando un ideario y proyectando un programa dirigido a refundar la universidad y sus misiones en un sentido popular y democrático. La tarea del presente puede ser planteada en términos similares. Decía Carlevaro: “Queremos una universidad siempre cambiante pero que no obstante siga siendo siempre igual a sí misma”.7 Pasados los homenajes, en esa dialéctica nos interpelará el legado de Córdoba. Necesitamos construir un nuevo “orden de anticipación” para los problemas de nuestro tiempo. Hoy que en el continente hay más tinieblas que luces, resuena otra vez la sentencia del “Manifiesto liminar”: “Los dolores que quedan son las libertades que faltan”. Ya vendrá el movimiento que vuelva a suprimir la distancia entre reforma y revolución. Y ese será, también, el mejor modo de defender las libertades que quedan.

Semanario Brecha



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