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Oct
13

Encuesta de política y políticos … Uruguay

La crisis de la política

escribe: Esteban Valenti /Periodista, escritor, director de UYPRESS y de BITACORA. Uruguay

La consultora CIFRA publicó hace dos semanas una encuesta en base a las respuestas obtenidas a la pregunta: ¿Ud. Diría que la política le interesa mucho, bastante, poco o nada? Los resultados no sorprenden pero son una buena base para analizar un tema central del funcionamiento de la democracia y naturalmente de la política. Inseparables.

No sorprenden porque cualquiera que tenga el oído atento y el olfato mínimo percibe qué hay niveles de cortocircuito diferenciado entre la política y los ciudadanos y esto en proximidad de las elecciones hace que el análisis sea más interesante y exigente. Aunque reducirlo solamente a la disputa electoral sería un grave error, tiene que ver con el nivel cultural del país y sobre las perspectivas de la izquierda. La política es cultura y si para una parte de los ciudadanos deja de serlo, se empobrece toda la sociedad.

La encuesta de CIFRA publicada en el semanario Búsqueda fue realizada entre el 15 y el 25 de agosto de este año a 1004 personas mayores de 17 años.
Luego trataremos de analizar causas y efectos.
Veamos los números, primero segmentados por edad y por nivel educativo:
¿Ud. Diría que la política le interesa mucho, bastante, poco o nada?

 

Si hubiera que hacer una primera valoración, gruesa se podría decir que si en Uruguay no existiera el voto obligatorio y la población no respondiera masivamente a esta exigencia, el Frente Amplio ganaría cómodamente las elecciones sin necesidad de ningún balotaje. Cruzando los datos de nivel educativo, auto identificación ideológica y a quién votaría hoy el entrevistado, surge claro que existe mayor interés en la política en la izquierda, entre los sectores de mayor nivel educativo donde la izquierda es predominante y entre los votantes del Frente Amplio. En el extremo opuesto se colocan los que tienen nivel educativo más bajo, son de derecha y votan a los partidos tradicionales en particular al Partido Colorado. (Ver las tablas)

Creo que nadie se sorprende con estos datos.

Como no sorprende que Uruguay esté en los primeros lugares en América Latina de apoyo a la democracia (75%) en una medición del 2011 y también lidera en el apoyo a los partidos políticos (74%).
En cuanto a las edades el tema es más complejo, incluso contradictorio. Entre los que van de 17 a 29 años, el nivel de apoyo (mucho y bastante) es del 38% y nada es del 18%, poco apoyo expresan el 43%, mientras que en el otro extremo, los que tienen más de 60 años, los que no tienen nada de apoyo son nada menos que el 21%, pero los que apoyan mucho o bastante llegan al 50%. Interesante sería cruzar los datos de los diferentes cuadros, pero no podemos hacerlo.

La izquierda podría estar tranquila, está mejor que los otros dos partidos de oposición, pero quedarnos en esta opinión sería mirar la sociedad por un agujero de la cerradura. Es una radiografía preocupante del nivel de participación, de interés, de expectativas de la gente en la política. De todos los uruguayos y de los izquierdistas y los de centro izquierda, que son abrumadoramente nuestro público.

Los jóvenes que votan por primera vez ya no tienen esa importante mayoría por el Frente Amplio, no surge de estas tablas, sino de otras encuestas. Seguimos siendo mayoría pero no a los niveles de antes por lo que la renovación generacional obligada de los votantes no asegura un crecimiento del FA. Hay que ganárselo, a pulso.

Que un 39% de los votantes declarados por el FA se manifiesten con poco y nada interés en la política, demuestra dos cosas. Por un lado que siendo un electorado muy grande, el mayor de todos los partidos políticos, entre el 46% según la última encuesta de CIFRA, refleja obligatoriamente los procesos, las tendencias del conjunto de la sociedad.

Segundo, que para la izquierda, si quiere seguir siendo una fuerza transformadora el alejamiento de la política de una parte importante de su electorado, de su base social y cultural y es un serio debilitamiento ideológico que compromete la profundidad de los cambios.
A menos que la izquierda considere que gobernar, profundizar los cambios es solo un proceso de gestión, de administración desde el estado, desde los diversos gobiernos y no asuma que algunos de los límites de los cambios no están en las mayorías parlamentarias, en los acuerdos programáticos, sino en los cambios culturales, en los valores e ideales de una sociedad y que no será capaz de afrontar las nuevas etapas políticas en estas condiciones. Aunque gane las próximas elecciones.

Hay muchas variables de ese debilitamiento práctico y teórico de la centralidad de la política para la izquierda, uno es la de considerar el sistema, el capitalismo como un fenómeno casi natural, inexorable y con capacidad de armonizar los diversos intereses sociales (de clase). En esa visión la política pierde su valor central para la izquierda de elemento transformador y de base para elaborar las alternativas teóricas y políticas hacia el futuro. Hay una relación inexorable entre política y estrategia, entre política y transformación estructural.
Pero hay otra visión, que desde una supuesta izquierda relega todo a la sociedad civil, a las organizaciones sociales y sobre todo sindicales, que serían en definitiva las depositarias del actual impulso transformador. Ese desprecio indirecto por la política es tan peligroso como el anterior, es funcional al repliegue teórico de la izquierda, porque como contracara las corporaciones sociales de las clases sociales dominantes expresarían el polo antagónico. No es así, ni los sindicatos ni las organizaciones sociales son el motor del cambio, de la transformación y menos de la revolución, ni la derecha es representada por las cúpulas empresariales. Es siempre y necesariamente una batalla política. 

Para referirme a la política y la izquierda no voy a hablar ni de amor, ni de épica, ni de entusiasmos, sino de cultura, de ideología. Hay una base común a toda la izquierda uruguaya, aún con sus matices y diferencias, es la relación entre democracia, política y protagonismo ciudadano. Si la gente no cree en la política y solo se expresa obligatoriamente en el momento del voto, es porque deposita sus expectativas en otro lado, en sus esfuerzos individuales, en alguna corporación que defiende o debería defender sus intereses y en valores que no son nacionales, sociales en el sentido más amplio de la palabra. O simplemente se deja llevar por la crónica.

El Proyecto Nacional no es un cuerpo muerto de cambios en las políticas públicas, en las leyes, en los cuerpos e instituciones del estado a todos los niveles, es un cambio en todo eso y en la sociedad, en la capacidad, la educación, la cultura de los uruguayos para afrontar nuevos desafíos productivos, innovadores, emprendedores, cívicos, creativos, altruistas y solidarios. Y eso pasa por la política, no hay otro camino.
Si la gente no cree en la política, es en primer lugar responsabilidad de los políticos no de la gente. Si la gente de izquierda o próxima o votante de la izquierda no cree en la política es nuestra responsabilidad. Y eso no se arregla con propaganda, se arregla con política.

¿Estamos analizando esos temas? ¿Están en los debates, en los documentos de nuestra estrategia? ¿Dónde están? Y me lo pregunto a mí mismo.

 

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