22
Feb
17

discriminación

De negros, judíos, minas, gays y otras malas palabras

escribe: Enrique Ortega Salinas / Analista

 

Cuando por cualquier causa se combate mal, el enemigo avanza y la causa retrocede.

No se combate al racismo llamando afrodescendientes a los negros, ni ayudamos a los discapacitados intelectuales simulando que tienen capacidades diferentes, ni ayudamos a los ciegos llamándoles no videntes, como si ciego, negro o discapacitado fueran insultos.

Se equivoca Israel cada vez que tilda de antisemita a toda persona que cuestione alguna acción concreta de su gobierno. Criticar su política exterior no tiene nada que ver con despreciar a su pueblo. Yo critico cada misil que va de Palestina a Israel y cada misil que va de Israel a Palestina, y no por eso soy pro o contra de alguno.

Tras una nota en la cual critiqué las acciones del gobierno israelí que provocaron muertes de niños y civiles en Gaza, algunos fundamentalistas judíos me acusaron de antisemita sin siquiera considerar que también critiqué los ataques con misiles de Hamas. La idea es que “O estás conmigo al 100 por ciento o estás en mi contra y eres antisemita”.

Sucede que así como los estadounidenses se apropiaron del gentilicio “americano”, los israelíes se apoderaron de “semita” con un despliegue propagandístico de tal magnitud que la mismísima Real Academia Española terminó cediendo al definir al antisemita como “enemigo de la raza hebrea, de su cultura o de su influencia”. Semitas son, de acuerdo a la tradición bíblica, los descendientes de Sem, con lo cual se abarca a los árabes, hebreos y otros pueblos. Sin embargo, el origen del término no es racial, sino lingüístico. Acusarme de antisemita implicaría acusarme de estar en contra de cuanto sujeto camina desde Marruecos hasta Arabia Saudita, Irán e Irak, es decir, casi todo el Cercano y Medio Oriente.

No se ayuda a las mujeres cuando se critica a una jerarca del gobierno y la defensa es que se le ataca por ser mujer y se usa esta muletilla para toda ocasión y circunstancia. A Bonomi lo critican un día sí y otro también y nadie dice que lo critican por ser hombre. No se ayuda a la lucha contra la discriminación cuando varias legisladoras piden una ley de cuotas, pero cuando tienen la oportunidad de elegir a una mujer no lo hacen.

Menos se ayuda a la causa cuando algunas compañeras (ALGUNAS, NO TODAS) dejan entrever un odio y aversión patológica hacia los hombres y más que buscar igualdad de oportunidades buscan revertir la actual situación de privilegio, en lo que sería una “Rebelión en la granja” pero cambiando animales por personas de ambos sexos.

Se ríen de todo chiste que se haga sobre el mísero cerebro masculino, pero arde Troya cuando alguien se atreve a contar un chiste sobre mujeres. Claro, hay chistes de buen y mal gusto; pero con la misma pasión con que toda mi vida defendí a los segregados, defiendo el sentido del humor, siempre y cuando sea ingenioso. La única vez que me reí de un chiste sobre negros fue de uno que contó Ruben Rada, quien no es precisamente euro descendiente.

No ayuda a la libertad sexual que condenemos a todo el que piensa diferente. A quienes discrepan con el matrimonio entre personas del mismo sexo solo les pido respeto, pero no les puedo pedir que lo aplaudan ni obligar a un cura a casarlos.

Hemos apoyado la legalización de la marihuana con la intención de quitarle el negocio a los narcos y evitar que el adicto compre la misma en una boca de pasta base con el consecuente peligro de vincularse a un círculo delictivo, pero será una mala idea mientras no hagamos una campaña señalando los perjuicios de su consumo, tal como hicimos con el tabaco. Hoy por hoy, nuestros jóvenes piensan que la marihuana no solo no es mala, sino que es buena y que no puedes sentirte superado si no la consumes.

Estoy tan a favor de su legalización como en contra de su consumo. He dado clases a cientos de miles de alumnos de diferentes países; que nadie me venga con la historia de que esta droga es inofensiva. Tengo muy clara la diferencia de rendimiento intelectual entre un alumno que consume y otro que no. El problema es que parece que no alcanza con apoyar su legalización, sino que debemos hacer apología de su consumo.

Es tan dura la presión contra los que pensamos de esta manera que me estoy preparando para el bombardeo verbal que va a caer sobre mi cabeza, pero aquellos que queremos luchar en serio contra toda forma de discriminación tenemos la obligación de poner freno a este exceso. El feminismo radical es tan malo como el machismo y hasta me arrepiento de haber puesto el término radical porque es innecesario. A la hora de votar me importa un reverendo carajo (ay, perdón) el sexo de la persona.

No se combate al machismo repitiendo a cada rato la cursilería de “compañeras y compañeros” y hay muchos que siendo machistas usan estos términos de manera hipócrita, así como hay otros que no lo hacemos y nada tenemos de machistas. Nuestras parlamentarias están impulsando una nueva ley de cuotas, pero cuando tuvieron la oportunidad de elegir entre Tabaré y Constanza… ¿a quién votaron? ¿Y a quién votaron luego en las nacionales para encabezar la lista del Senado? Si optar por un hombre es machismo, la mayoría de nuestras legisladoras son machistas.

No se combate la delincuencia justificando al delito con la pobreza. Creo en la inclusión, la educación y la rehabilitación como la forma más efectiva de bajar los índices criminales, pero el ciudadano común siente que nuestro discurso prioriza en exceso los derechos de los delincuentes y se desentiende de los derechos de la gente honesta. No digo que sea así. Digo que nuestro mensaje parece indicarlo a cada instante y la gente nos pide que además de decir “pobrecito el delincuente”, de vez en cuando digamos “pobre la víctima”.

Hay que redoblar los esfuerzos en rehabilitación, pero también exigir a jueces y fiscales que apliquen la ley con mejores criterios y a los padres responsabilizarlos penalmente cuando abandonan los deberes de la patria potestad. Hace unos meses, un hombre marchó a la cárcel por hurtar una matera de un vehículo en Piriápolis, y en la misma semana, un monstruo de San Carlos que desarmó a palos a una niña de cinco años dejándola en muy mal estado fue condenado a seis meses de prisión domiciliaria. Conclusión: es más grave robar una matera que destrozar a una niña.

No ayuda en nada citar al ministro del Interior cada pocos días sólo para tener unos minutos gratuitos de prensa y hacer política barata y ruin.

En resumen, a veces defendemos causas indiscutiblemente justas, pero nos enceguecemos y vemos enemigos donde no los hay. Esperemos que estas reflexiones sirvan para el debate fraterno, sobre todo en la interna del Frente Amplio, ya que en definitiva nada de esto es dicho para mal de nadie, sino por el bien de todos.

¿O me crucificarán por no decir todos y todas?

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