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22
may
15

marcha del silencio uruguay 2015

20
may
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20 de mayo … uruguay con memoria

20 de mayo: No hay olvido

Marcha del silencio: “no es necesario enterrar el pasado y olvidarlo para ir hacia adelante”

“Yo fui miembro de las dos comisiones que organizaron los dos plebiscitos, y los perdimos por muy poco. Y seguiría perdiéndolos un millón de veces. Porque yo no creo que valga la pena vivir para ganar, creo que vale la pena vivir para hacer lo que la conciencia te dicte que debes hacer, y no lo que te conviene. Y esto vale para todo: para la política, para la vida, para el amor, para el fútbol” (Eduardo Galeano)

 

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escribe: Gerard Cretenze / Gestor de proyectos y escritor.

Rosa de Berlín

Berlín,  Enero 1989.  Un grupo de uruguayos,  termo y mate infaltable,  recorríamos las calles de la ciudad rodeados de una inmensa cantidad de ciudadanos alemanes y de visitantes de todo el mundo.  Es la marcha que todos los años en esta fecha recuerda a Rosa Luxemburgo,  asesinada en la segunda década del siglo XX por el aparato policíaco militar alemán,  a los que educaban para odiar a los luchadores obreros. De otra forma no es posible comprender el culatazo que, con su rifle, un muy “valeroso”  soldado le propinó en la cabeza a una señora que medía 1,50 de estatura,  tenía casi  50 años,  y una discapacidad que le impedía caminar normalmente desde su infancia. Rosa cayó al suelo.  Su cabeza sangraba cuando un segundo culatazo,  del mismo y “tan valiente” soldado, la dejo inconsciente.  Era la noche del 15 de Enero de 1919.  No encontraron los restos de Rosa hasta el mes de mayo, casi irreconocible,  flotando en el canal.  Al menos,  ella si tiene una tumba.

La patraña y la verdad

Algo de ese  odio a la clase trabajadora y a los militantes progresistas es lo que alimentó  a los líderes de la impunidad en Uruguay,  a los grandes dirigentes promotores del olvido,  generadores de opinión  en contra de la verdad y de la justicia.  Esos que inventaron la teoría de los dos demonios y mintieron descaradamente cuando necesitaron  catalogar de guerra  a las violaciones de los DDHH ocurridas durante la dictadura,  cayendo una y otra vez en falacias de falsa oposición  y en deshonestidad intelectual.

En  primer lugar, porque no es necesario  enterrar el pasado, olvidarlo,  promover la injusticia,  para ir hacia adelante.  La verdad no provoca estancamiento. La reconciliación  no es hija del ocultamiento de los hechos,  aunque ellos sean aberrantes.  Esta es una visión a contramano de la historia.  Los juicios de Núremberg a los criminales nazis,  el descubrimiento y difusión al mundo entero de lo ocurrido  en los campos de concentración y la búsqueda incesante de los seres queridos acabada la segunda guerra mundial,   son muestran incontrastables de que la verdad es el impulso más saludable,  hacia el futuro.

En segundo lugar, porque  no hubo tal guerra en nuestro país.  En 1972 las FFAA  uruguayas declararon públicamente su triunfo sobre la guerrilla.  Salvo que los líderes de la impunidad entiendan por “guerra”:  secuestro de ciudadanos desarmados de sus domicilios por efectivos  militares ,  plantón,  picana,  submarino,  colgada,  tormentos físicos,  violencia desatada por especialistas entrenados para torturar,  asesinatos y desapariciones.

Ni los dirigentes políticos durante la Concertación Nacional Programática en 1984,  ni los legisladores durante la redacción de la amnistía a los presos políticos en 1985 utilizaron el concepto de guerra para describir esos hechos.  Esto es, porque todos sabían que se trató del más cruel,  atropellador y dañino Terrorismo de Estado.

La historia patética que también formó parte del cuerpo argumental de la impunidad, fue la probable inestabilidad que provocaría el juicio a los militares acusados de delitos de lesa humanidad,  agitando el “cuco” del golpe de estado.  En ese momento surgía entonces de modo contundente el verdadero temor de los ideólogos de la maldita ley: habría suficiente cantidad de pruebas para juzgar a los torturadores,  secuestradores y asesinos de las FFAA, de lo contrario sería inútil e innecesario  inventar una ley para atar de manos a la justicia.  Y posteriormente,  la vida  se encargó de demostrar el resto de la patraña,  cuando un gobierno que sí buscó caminos, a pesar de la “caducidad de la pretensión punitiva del estado”,  se propuso y logró juzgar y encarcelar a varios de los más abyectos líderes y ejecutores de las violaciones a los DDHH.

Los porfiados y el tiempo

El próximo 20 de Mayo los ciudadanos que  ayudamos a construir  día a día este país,  con entusiasmo,  sin estancarnos por recordar el pasado,  sin detener la marcha  para reivindicar verdad,  con el mismo impulso que salimos a trabajar todos los días,  con la misma energía y optimismo con la que  aplaudimos nuestros  aciertos y señalamos duramente nuestros errores,  estaremos una vez más allí,  en la Marcha del Silencio,  por  vigésima vez,  para seguir preguntando,  ¿Dónde están?

Como no reconocer en el ADN, de aquella movilización histórica de Berlín,  y de ésta marcha silenciosa y reclamante de Montevideo, las mismas fuentes de la dignidad humana,  el mismo respeto a valores irrenunciables  y la misma conciencia tenaz y responsable, que al decir Galeano,  no tiene nada que ver con ganar y perder.

Volveremos a sorprendernos de encontrar tantas caras jóvenes, tanto gurí,  tanta gurisa que aún no había nacido, cuando salimos por primera vez en 1995.  Y a contagiarnos en un proceso que nos retroalimenta,  donde  nosotros entregamos una  posta cargada de entrañables ideas, y hoy recibimos,  a su manera y a su modo el  protagonismo de estos adolescentes,  que sin solemnidades hace brillar esta marcha.  Una señal impresionante de la fuerza vital que tiene  este recuerdo y del carácter profundamente civilizado de este reclamo,  que  porfiado seguirá preguntando, preguntando y preguntando.

20
may
15

luisa cuestas … referente ético y moral

Luisa Cuesta y la Justicia

escribe: Dr. Ismael Blanco

Mujeres porque son muchas y también las que no pueden ser tantas. Son esas hermosamente ineludibles. Las inapelables. Las que nos trajeron. Nuestras notables providencias. Nuestro Dios hembra.

Cualquiera de nosotros puede plantearse referencias femeninas en su vida. Mujeres que signifiquen una huella, el inicio y el fin, la llama que apasiona y la ternura que nos consuela.

Es que no miento si digo que no hay nada más valiente y bravío que una mujer a la hora de jugarse el cuero o el partido de la vida. No soy partidario de las proclamas demagógicas, de loas gratuitas o de esquemas o prescripciones que solo se sustenten en la tradición.

La vida está llena de paradojas, o si se quiere, en algunos casos de ciertas coincidencias que pueden dar lugar a más de una compleja explicación.

Digo esto porque cuando a uno se le representa la Justicia con una figura femenina, bella como una diosa mitológica, supongo entonces que a alguien se le ocurrió que para ser justa la Justicia debía ser mujer, por tratarse de un ser ecuánime, comprensivo y profundamente compasivo. Es que podría decirse que la Justicia debe ser ante todo comprensiva, capaz de entender el dolor de un quebrantamiento, de una infamia.

La Justicia es esa mujer que tiene la suficiente y harto difícil tarea de intentar darle a cada quien la posible reparación, la que debiere corresponderle. Estoy convencido de que la justa compensación a un daño o una terrible ofensa nunca es posible hallarla. No creo en la exacta reparación, la debida, la que suponga volver a aquel equilibrio anterior, la que implique el desagravio, como no es posible tampoco reconstruir un cristal luego que este se rompe.

No es concebible comprender a la Justicia sin la debida compasión, sin el sentido humano profundo del dolor. Pues digo, intentando no caer en un contenido espiritual, que la justicia debe tener además un sentido piadoso y de conmiseración ante la víctima.

No creo que siempre, como una cuestión fáctica o si se quiere como una prueba estadística, se dé aquello de que la verdad esté un poco en cada lado, repartida y prorrateada.

En materia de Derechos Humanos se ha pretendido imponer la idea de que todos somos responsables, de que todos tenemos al menos alguna cuota de carga y compromiso con el desastre, que el gravamen del espanto lo debemos soportar y asumir entre todos, así sea un fragmento, un cacho, o algún decimal. Se nos dice con una naturalidad infame que la responsabilidad es de orden fraccionársela, sin distingos ni reparos.

Y este lamentable enunciado no tiene patente exclusiva de la derecha política, o del fascista temeroso y nostálgico; con tristeza debo admitir que las justificaciones solapadas las encuentro en tiendas cercanas.

Es que en lo que se refiere al derecho y en particular en ciertas materias no me resulta admisible el mecanismo de la conciliación o la componenda cuando no se trata de un asunto de corte civil, comercial, administrativo o simplemente de mercado.

Se me ocurre que en ciertas materias no es casual que la bella dama llamada “Justicia” tenga los ojos vendados. Me convencí de que su venda para nada tiene relación con la equidad, sino que el motivo de la misma es para que no se muera de vergüenza, para que cuando ande a tientas, en la más absoluta y plena oscuridad, donde muchas veces se la coloca por quienes la imparten y la administran, por esos supremos, no pueda advertir quién es la victima y quién el victimario.

A medida que pasan los tiempos personales, realizando la personalísima tarea introspectiva, retirado en la más estricta individualidad, me pregunto reiteradamente por la razón o el sentido de la existencia.

Reconozco y observo que demasiadas personas están más atentas a lo que uno puede hacer o decir que a jugar su propio partido. Se me plantea fastidioso que se proclamen causas colectivas, cuando las energías se derrochan en el acicate para con el cercano y no para la noble creación.

Insisto en esto, porque le advierto importancia y mucha consideración, aunque me pese en la salud, ya que por la acumulación de malas prácticas se han desplomado sistemas, ilusiones, esperanzas y se han reventado sociedades.

Será que hay cosas que como suele decirse no tienen remedio. De todas formas, creo que lo más importante es ser auténtico, con todas las virtudes y defectos que esto suponga.

Siempre vale la pena hacer el esfuerzo por separar lo importante de lo accesorio, lo sustancial y valioso de lo anecdótico.

Por eso, por estas horas y no por un asunto de opción o elección, yo diría más por una cuestión de sentimientos y entrañas, me quedo con las mujeres, esas valientes, esas que son madres o que quisieron serlo o aquellas que algún día lo serán. Es que las mujeres cuando son heroicas y bravías se vuelven invencibles. Ellas son capaces de conmovernos de tal forma que resulta imposible describirlo con palabras.

Sepan disculpar si alguien se siente lesionado o tocado con mi simpleza y eventualmente pueda considerarme vulgar o prosaico, pero ellas son distintas. No somos iguales, por mi parte me afilio a la idea de que son mejores que nosotros. Cuando están convencidas, no hay cielo o infierno que las detenga; su amor, cuando es sincero y real, es gigante y dejan en ridículo a la mitológica diosa Vesta.

Quien de nosotros no ha querido refugiarse alguna vez, en complejos momentos, en algún regazo para llorar o para guarecerse de la fatalidad y de la selva humana o por simple emoción.

No hay nada que pueda equipararlas, será que me parece una tontería lo de “los, las” o “ellos y ellas” al inicio de una oración o en el comienzo de algún discurso, como si esto conformara una cierta nivelación a través del lenguaje y los legítimos reclamos de igualdad o justicia se resolvieran de esta forma. Será que hay ciertos reconocimientos que aunque salgan de sinceras y convencidas bocas me suenan fallutos y me hacen un hombre descreído. Lo admito.

Si pueden, no pierdan más el tiempo y salgan corriendo a buscarlas, a buscar su ternura y el abrigo de ellas aunque machista les parezca mi escritura.

No alcanzan los árboles del mundo para hacer las hojas necesarias para escribir todos sus nombres. Sepan entenderme, pero no lo sabía; antes de ser padre de una hermosa niña creía que conocía todas las facetas de los sentimientos y del amor ¿y saben una cosa?: estaba equivocado y eso se lo debo a una mujer.

Por estas horas, nos enteramos que Luisa Cuesta anda internada. A miles nos tiene en vilo, es que ella no es cualquier mujer.

Pero ¿a quién se le ocurre pensar que su cuerpo es frágil porque tiene 95 años? ¿Acaso alguien tiene dudas de que su pequeño cuerpo es tan ardoroso y fulgurante como una estrella?

A cuantos flojos nos da cotidianamente un ejemplo. Cuando la veo, a uno le viene aquello de dejarse de joder con las ligerezas o estúpidas veleidades.

Tenía que ser mujer para darnos el ejemplo. Es tan terca, sabia y genialmente obstinada, que estoy seguro de que dentro de unos días nomás, este próximo 20 de Mayo, estará recorriendo con nosotros una vez más nuestras calles, recordándonos por qué la Justicia merece ser una mujer

19
may
15

frente amplio de uruguay

ELECCIONES DEPARTAMENTALES URUGUAYAS

Más tradicionales que críticos

escribe: Emilio Cafassi Profesor titular e investigador de la Universidad de Buenos Aires, escritor, ex decano. cafassi@sociales.uba.ar
La variedad de los resultados electorales de las pasadas elecciones departamentales uruguayas requerirán un análisis detenido y pormenorizado en cada circunscripción, que además de fundamentos teóricos y explicitación de objetivos reclaman la unificación de datos actuales e históricos en una misma planilla electrónica por la Corte Electoral. No para maquillar estadísticamente éxitos o fracasos, sino para extraer de ellos conclusiones cualitativas sobre la efectiva relación con la ciudadanía, su distancia o proximidad, el carácter de la actividad militante y su eficacia en relación a los objetivos políticos que exceden la oposición maniquea entre victoria y derrota. Son estas variables e interrogantes los que ponderan una concepción de la política que no se resume en el mero ejercicio electoral o en estrategias publicitarias y de marketing. Si bien la postulación a cargos electivos conlleva la intención y posibilidad de obtenerlos según tradiciones y circunstancias, no son los números fríos la única variable a considerar y ni siquiera la más relevante. Se pude “perder” entablando lazos sólidos con parte de la ciudadanía —en mi opinión, un objetivo indeclinable de las izquierdas— tanto como se puede “ganar” sin ellos, producto de algún eslogan oportuno, estrategia de simulación o mera simpatía. Además de si se gana o pierde, es indispensable interrogarse cómo y por qué.

Un primer vistazo a los guarismos totales exhibe la debacle del Partido Colorado (PC), una cierta consolidación e incremento cualitativo del Partido Nacional (PN) desde cierta recuperación de la influencia de su caudillo Larrañaga, sumados a la irrelevancia —aún testimonial— de los partidos alternativos como el PI, AP o PERI, ninguno de los cuales venció siquiera en uno de los 115 municipios en disputa. Cualquier interés cualitativo excede a los tres primeros, que conciben a “la democracia”, sin adjetivos ni mediaciones, como un simple, único e incuestionable dispositivo consistente en emitir regularmente un voto que transfiere las potestades decisorias del sufragante a un representante que obrará sin mandato o control alguno, según su mejor saber y entender. Su vínculo es fiduciario. De forma tal que mi interés se concentra en los resultados del Frente Amplio (FA) que entiende —o más bien debería entender— la vida política en términos más amplios, rigurosos y, sobre todo, permanentes, que el de la mera introducción de un sobre en una urna. Aunque la concepción de democracia e inclusive de política en el FA es objeto de disputa (tácita, en ausencia de debates y propuestas al respecto) y convive con las diferentes vertientes de su rica y compleja composición. Pero entre éste y los primeros debiera haber dos concepciones claramente diferenciadas de la política y la construcción de ciudadanía, ya que los partidos no sólo la reflejan sino que con sus prácticas la moldean. Los partidos tradicionales edifican y consolidan con éxito un ciudadano receptor pasivo de mensajes mediáticos, elector por excelencia que clausura en el mismo acto electoral su vinculación con su representante. Un claro ejemplo empírico lo constituye la gran performance electoral del PN en las elecciones internas voluntarias en las que, a diferencia de las nacionales obligatorias, se vino imponiendo inclusive al FA. Atrae con el anzuelo del voto al elector y en el mismo acto lo repele arrojándolo nuevamente a las mansas aguas de la pasividad ciudadana al impedirle cualquier participación en el significado posterior del mismo. Qué ciudadano construye inversamente el FA debiera ser materia de discusión.

Hasta los números gruesos del desempeño electoral reciente podrían servir de disparador de tal debate, mediatizando el exitismo electoralista y la adaptación acrítica a un sistema político-electoral concebido para facilitar la construcción ciudadana que atribuyo a los partidos tradicionales, cuya expresión es por ejemplo la columna de esta semana de la presidenta del FA, Mónica Xavier. En ella extrae una conclusión positiva basada en la obtención de un departamento más (con tres nuevos aunque reconociendo la derrota en dos, atribuidos a la mala comunicación) y en cierto aumento en el número de votos respecto al desastroso 2010. Pero más allá de este balance con el que difiero, considero hasta alarmante la concepción de ciudadanía que subyace desde sus primeras líneas. Sostiene que “la ciudadanía decidió a quiénes conferir su confianza”, enfatizando a la vez que el pueblo expresó “seguridad en el sistema electoral que hemos solventado” (el subrayado nos pertenece). Lacalle Pou no lo hubiera dicho mejor.

Aún cuantitativamente, el desempeño electoral del FA exhibe claroscuros. Los departamentos del Uruguay no son 19 porciones simétricas de una torta demográfica, económica o político-cultural, ni las juntas departamentales y los consejos municipales, capas indiferenciadas de sus ingredientes. No es lo mismo perder Maldonado que Artigas, ni las 3 victorias en la margen del río Uruguay compensan necesariamente las derrotas. Aun habiendo consolidado departamentos que tienden a estabilizarse en la sucesión de gobiernos (Montevideo, Canelones y Rocha), se requiere un análisis cualitativo, al igual que para los bunkers electorales del PN (y el PC en un único caso), que hegemoniza consuetudinariamente el centro despoblado del país.

Por ejemplo en Montevideo el FA votó notoriamente por debajo de los guarismos de octubre, apenas 4 puntos por encima de la debacle de 2010 y 7 puntos menos que en la votación de 2005. La tendencia de largo plazo sigue siendo declinante y no pudo ser compensada con la táctica —ética y políticamente concesiva— de allanarse a la ley de lemas apelando por primera vez a la triple candidatura. Pero más alarmante aún fue no sólo haber perdido dos municipios (en uno de los cuales se había ganado en octubre) sino que el nivel de votos en blanco y anulados en todos los municipios se ubicara cómodamente en el tercer puesto, arañando en algunos el segundo. Allí donde más contacto, influencia e interacción debería tener el FA, la expresión política más contundente fue la indiferencia y el repudio. La considero un corolario inevitable de la declinación exponencial de los comités de base y de la militancia independiente y territorializada que constituyeron el suelo fértil para el desarrollo del árbol frentista y que a riesgo de aburrir lectores por reiteración vengo señalando año a año en artículos varios. Hipotetizo, además, que es esta misma variable la que debe incorporarse privilegiadamente al conjunto de factores intervinientes en la derrota de Maldonado y tal vez en buena parte de los municipios con importante concentración urbana, tanto como el carácter meramente formal, desmovilizado y acotado que ha tenido la iniciativa y experiencia de Presupuesto Participativo.

No pretendo despreciar las evaluaciones de la coyuntura con sus movilidades, sino señalar que las tendencias en el largo plazo permiten extraer más sólidas conclusiones al exponerse con mayor elocuencia para intervenir sobre la realidad, potenciando fortalezas o vigorizando debilidades. Es mucho más complejo extraer conclusiones generalizables de experiencias departamentales ya perdidas como en su momento Florida, Treinta y Tres, o ahora Artigas (Maldonado, por su trágica consecuencia y las características propias, requiere un análisis aparte), tanto como inferir un crecimiento en el recientemente conquistado Río Negro, o en las reconquistas de Salto y Paysandú.

Resulta una paradoja que exige extrema atención y rectificaciones estratégicas que la mayoría de los municipios (75 en total) hayan quedado en manos de los partidos tradicionales, casi duplicando el número de los del FA. Por un lado porque esos partidos, según la sucinta caracterización que expuse al comienzo, no se proponen convocar a los ciudadanos a decidir sobre los problemas que los afectan, sino simplemente a depositarles confianza ciega cada 5 años. Mientras el FA, que gobierna departamentalmente sobre casi el 70% de la población y debería proponerse construir ciudadanía activa, obtuvo sólo la tercera parte de las representaciones más próximas a la gente.

Carezco de receta para la solución de esta paradoja y del proceso de vaciamiento militante, profesionalización y partidización generalizada de los cuadros políticos del FA en desmedro de los independientes. Pero un debate extendido acerca de los modos de hacer política, del concepto de militancia, de la concepción de la democracia y del régimen político de gobierno me parece indispensable a la luz de las señales que intento subrayar aquí, con la excusa de los resultados electorales. El riesgo de evitarlo con legítimas aunque opinables celebraciones reside en el lento deslizamiento por el tobogán del electoralismo, del consecuente caudillismo personalista y del pacto fiduciario con la ciudadanía.

Al pie de la rampa esperan con brazos abiertos los tradicionales de siempre.

17
may
15

la caída de Berlín y la derrota nazi

Derrota del fascismo en Europa
70 años después

 

 

El 70 aniversario de la caída de Berlín a manos del Ejército Rojo es una ocasión propicia para someter a revisión algunos lugares comunes acerca de la Segunda Guerra Mundial y su desenlace. Especialmente uno, ampliamente difundido por el mundo académico y las usinas mediáticas del pensamiento dominante según el cual la derrota del Tercer Reich comenzó a consumarse cuando Londres y Washington abrieron el frente occidental con el desembarco de Normandía, arrojando un pesado manto de olvido sobre la decisiva e irreemplazable contribución hecha por la Unión Soviética para destruir al régimen nazi y poner punto final a la guerra en Europa. Geoffrey Roberts, un profesor británico especialista en el tema de la Segunda Guerra Mundial, ha ido más lejos al sostener que la Unión Soviética podría haber derrotado por sí sola al fascismo alemán -claro que a un costo aún mayor y en un enfrentamiento más prolongado- y que para tal empresa la colaboración anglo-americana no era imprescindible, como sí lo fue para los aliados la heroica lucha de la Unión Soviética. 

Pero la opinión de Roberts está lejos de encuadrarse en la categoría de las “creencias aceptables” para los perros guardianes del sistema, y por eso sus análisis son ninguneados por el saber convencional. Es obvio que para la ideología dominante fue el “mundo libre” quien derrotó al nazismo y que la colaboración soviética fue algo accesorio. La realidad, en cambio, fue exactamente al revés: lo esencial fue la heroica resistencia soviética primero y su arrolladora contraofensiva después, sin la cual ni británicos ni estadounidenses, jamás podrían haberse acercado a Berlín. [1] Por algo fue el Ejército Rojo el primero en hacerlo, inmortalizado en aquella conmovedora fotografía en la cual dos sargentos del Ejército Rojo izan la bandera de la Unión Soviética sobre un Reichstag en ruinas, uno de los símbolos del régimen nazi. Fue también el primero en liberar a los prisioneros que estaban en los campos de concentración de Auschwitz (el mayor y más importante de la Alemania Nazi) y muchos otros, entre los cuales sobresalen los de Majdanek y Treblinka, todos ellos situados en Polonia. Pese a ello, como bien observa Telma Luzzani, en las celebraciones organizadas el pasado 25 de Enero en Auschwitz el gobierno polaco no sólo se abstuvo de invitar al presidente ruso Vladimir Putin sino que lo declaró persona non grata por ser el líder de un país que no liberó sino que agredió a Polonia. El gobierno de Varsovia, actuando como un rústico palafrenero de Barack Obama, argumentó por medio de su canciller que no había sido aquel país sino Ucrania quien había liberado el campo de exterminio de Auschwitz razón por la cual el invitado de honor fue el títere de Washington, Petro Poroshenko, presidente de Ucrania. Este desaire del gobierno polaco no sólo ofendió a las actuales autoridades del Kremlin sino que fue una repugnante muestra de ingratitud para con el pueblo ruso y sus inmensos sacrificios realizados en la guerra y, por otro lado, de los alcances de la política norteamericana dirigida a apropiarse de la victoria en la Segunda Guerra Mundial, velando el papel de la Unión Soviética, estigmatizando no sólo a este país como en el pasado sino también a la Rusia actual en el contexto de las amenazantes tensiones que caracterizan al sistema internacional. [2]

La “historia oficial” prohijada por Occidente también oculta, como acertadamente lo señalara Angel Guerra, “el decisivo papel de los comunistas, que en la Europa ocupada llevaron el peso mayor de la resistencia y organizaron vigorosos movimientos guerrilleros en Yugoslavia, Grecia y Albania”, a lo cual deberíamos agregar también la lucha de los partisanos italianos, la resistencia francesa y la de los judíos que combatieron, como en el Gueto de Varsovia, contra el holocausto. [3] La ideología dominante oculta que fueron estas fuerzas de izquierda, y no el Plan Marshall, las que hicieron posible la reconstrucción democrática de Europa con la derrota del fascismo.

La sobrevivencia de la URSS ante la agresión nazi y el triunfo del Ejército Rojo abrieron las puertas de una nueva etapa histórica signada por el auge de las luchas anticolonialistas y por la liberación nacional en Asia, África y América latina y por el avance democrático en muchos países. Las burguesías europeas, temerosas del “contagio” del virus revolucionario soviético, tuvieron que aceptar, a regañadientes, el avance en la legislación social y laboral, la expansión de la ciudadanía y un cauteloso proceso democrático. El “estado de bienestar” europeo así como los populismos latinoamericanos de aquella época hubieran sido imposibles de haber sido derrotada la URSS. La negación de tan progresivo papel fue facilitada por la aviesa asimilación hecha por la propaganda del “mundo libre” entre la heroica epopeya soviética y la figura de Iósif Stalin a partir del estallido de la Guerra Fría. Por supuesto que los crímenes del líder soviético son inocultables e imperdonables, y constituyen una imperecedera mácula en la historia del socialismo. Pero ofende a la verdad histórica menospreciar su actuación en la Segunda Guerra Mundial -o desmerecerla por los tenebrosos procesos de Moscú o los horrores de los Gulags- con lo cual no se mejora un ápice nuestra comprensión de lo ocurrido en aquella contienda. Un estudioso para nada afecto a este personaje y en cambio profundo admirador de su archienemigo León Trotsky escribió en su célebre biografía política de Stalin que “estadistas y generales extranjeros fueron conquistados por el excepcional dominio con el que se ocupaba de todos los detalles técnicos de su maquinaria de guerra”. ¿Un juicio desafortunado de Isaac Deutscher? Nada de eso. Tal como lo anota un gran estudioso del tema, el filósofo e historiador italiano Domenico Losurdo, la aseveración de Deutscher coincide con la de Averell Harriman, embajador de Estados Unidos en Rusia entre 1943 y 1946 y uno de los más inteligentes diplomáticos norteamericanos del siglo veinte. En sus memorias dejó una elocuente pincelada del líder soviético al decir que “me parecía mejor informado que Roosevelt y más realista que Churchill, en cierto modo el más eficiente de los líderes de la contienda”. [4] Ciertamente, no es esta la opinión preponderante sobre Stalin pero tanto Deutscher como Harriman son observadores muy calificados y sus juicios no pueden ser tomados a la ligera.

A 70 años de la caída del fascismo alemán y ante la debacle de la Unión Europea y el curso descendente del imperio norteamericano parecería haber condiciones de iniciar una discusión seria sobre la Segunda Guerra Mundial, sacando a la luz el aporte decisivo de la URSS y proponiendo una aproximación rigurosa a la figura de Stalin, cuyos crímenes son harto conocidos pero que no alcanzan a eclipsar por completo los aciertos que habría tenido en la conducción de lo que los rusos llaman “La Gran Guerra Patria”. Entre los cuales, y no precisamente uno de menor importancia, se cuenta el haber reclutado una joven generación de brillantes oficiales luego de la demencial purga que ordenara hacer en vísperas de la guerra y que, a la postre, fueron quienes condujeron al Ejército Rojo a su más gloriosa victoria y lograron que el mundo se desembarace de la peste fascista. Hacer cuentas con la experiencia soviética y con el papel que en ella desempeñara Stalin es una asignatura pendiente de la izquierda en sus distintas variantes, tarea que no puede seguir siendo postergada o despachada apelando a las visiones estereotipadas cultivadas con esmero por los propagandistas de la burguesía. Sobre todo cuando la evidencia indica que la derrota del fascismo en Alemania no fue suficiente para erradicar una excrecencia política y social propia de la sociedad burguesa y que, lamentablemente, ha reaparecido bajo nuevos ropajes en la Europa actual. 

Notas

 [1] Un dato terminante que cierra toda discusión: los soviéticos sufrieron casi 27 millones de bajas civiles y militares, la gran mayoría en Rusia, Ucrania y Bielorrusia. Los británicos 450.000 y los estadounidenses, incluyendo la guerra en el Pacífico, 420.000. Quienes “pusieron el cuerpo” y pagaron el costo fundamental de la guerra fueron los soviéticos. Se estima que los alemanes perdieron entre 7 y 9 millones de vidas.

[2] Ver Telma Luzzani, “La batalla por la historia” (Página/12: Buenos Aires, 8.5.2015). Luzzani recuerda asimismo en su nota que “el Ejército Rojo fue el primero en llegar a Berlín, el 30 de abril de 1945, luego de liberar él solo 16 países, unos 120 millones de personas (sin contar la parte europea de la URSS), mientras que EE.UU. y Reino Unido liberaron conjuntamente seis países.”

[3] Angel Guerra Cabrera, “A 70 años de la victoria soviética sobre el fascismo” (La Jornada: México, 7.5.2015)

[4] Cf. su Stalin. Historia y crítica de una leyenda negra (Barcelona: El viejo topo, 2008), p. 15. Un libro excepcional por su calidad filosófica y precisión historiográfica, que ojalá inaugure una discusión largamente postergada.

15
may
15

Fidel castro … reflexiones desde la Habana

Nuestro derecho a ser Marxistas-Leninistas

Pasado mañana, 9 de mayo, se conmemorará el 70 aniversario de la Gran Guerra Patria. Dada la diferencia de hora, cuando elaboro estas líneas, los soldados y oficiales del Ejército de la Federación de Rusia llenos de orgullo, estarán ejercitando en la Plaza Roja de Moscú con los rápidos y marciales pasos que los caracterizan.

Fidel Castro Ruz
escribe: Fidel Castro Ruz  / Líder histórico de la Revolución Cubana

Lenin fue un genial estratega revolucionario que no vaciló en asumir las ideas de Marx y llevarlas a cabo en un país inmenso y solo en parte industrializado, cuyo partido proletario se convirtió en el más radical y audaz del planeta tras la mayor matanza que el capitalismo había promovido en el mundo, donde por primera vez los tanques, las armas automáticas, la aviación y los gases asfixiantes hicieron su aparición en las guerras, y hasta un famoso cañón capaz de lanzar un pesado proyectil a más de cien kilómetros hizo constar su participación en la sangrienta contienda.

De aquella matanza surgió la Liga de las Naciones, una institución que debía preservar la paz y no logró siquiera impedir el avance acelerado del colonialismo en África, gran parte de Asia, Oceanía, el Caribe, Canadá, y un grosero neocolonialismo en América Latina.

Apenas 20 años después, otra espantosa guerra mundial se desató en Europa, cuyo preámbulo fue la Guerra Civil en España, iniciada en 1936. Tras la aplastante derrota nazi, las naciones cifraron sus esperanzas en la Organización de las Naciones Unidas, que se esfuerza por crear la cooperación que ponga fin a las agresiones y las guerras, donde los países puedan preservar la paz, el desarrollo y la cooperación pacífica de los Estados grandes y pequeños, ricos o pobres del planeta.

Millones de científicos podrían, entre otras tareas, incrementar las posibilidades de supervivencia de la especie humana, ya amenazada con la escasez de agua y alimentos para miles de millones de personas en un breve lapso de tiempo.

Somos ya 7 300 millones los habitantes en el planeta. En el año 1800 solo había 978 millones; esta cifra se elevó a 6 070 millones en el año 2000; y en el 2050, según cálculos conservadores, habrá 10 mil millones.

Desde luego, apenas se menciona que a Europa Occidental arriban embarcaciones repletas de emigrantes que se transportan en cualquier objeto que flote, un río de emigrantes africanos, del continente colonizado por los europeos durante cientos de años.

Hace 23 años, en una Conferencia de Naciones Unidas sobre Medio Ambiente y Desarrollo expresé: “Una importante especie biológica está en riesgo de desaparecer por la rápida y progresiva liquidación de sus condiciones naturales de vida: el hombre”. No sabía entonces sin embargo cuan cerca estábamos de ello.

Al conmemorarse el 70 aniversario de la Gran Guerra Patria, deseo hacer constar nuestra profunda admiración por el heroico pueblo soviético que prestó a la humanidad un colosal servicio.

Hoy es posible la sólida alianza entre los pueblos de la Federación Rusa y el Estado de más rápido avance económico del mundo: la República Popular China; ambos países con su estrecha cooperación, su avanzada ciencia y sus poderosos ejércitos y valientes soldados constituyen un escudo poderoso de la paz y la seguridad mundial, a fin de que la vida de nuestra especie pueda preservarse.

La salud física y mental, y el espíritu de solidaridad son normas que deben prevalecer, o el destino del ser humano, este que conocemos, se perderá para siempre.

Los 27 millones de soviéticos que murieron en la Gran Guerra Patria, lo hicieron también por la humanidad y por el derecho a pensar y a ser socialistas, ser marxistas-leninistas, ser comunistas, y a salir de la prehistoria.

11
may
15

uruguay … elecciones departamentales

Los progresistas del FRENTE AMPLIO ganan en;

Montevideo, Canelones, Rocha, Salto, Paysandú y Río Negro

 

 

 

 

Uruguay eligió sus 19 intendentes quienes asumirán sus funciones el 8 de julio




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