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29
Nov
16

Fidel … “el gran Fidel castro”

Fidel

escribe: Dr. Ismael Blanco / Analista

 

Es difícil expresarse cuando se acumulan las palabras, cuando se presentan inquietas, cuando quieren decir pero se reconocen insuficientes, las que aún sabiendo que tienen la obligación de expresarse, no saben cómo, porque quieren decir tanto.

La mañana del sábado me enteraba de la muerte Fidel. Supe que a muchos nos pasó lo mismo. Que cuando sucedió no nos habíamos dado cuenta. Ni nosotros ni el mundo. Es que se fue sin avisar. Lo hizo sin estruendos, sin bullicios, sin especulaciones, ni rumores llenos de morbo y retorcimiento. Hasta en eso se fue invicto. Lo hizo en silencio, tranquilo y en calma. Pasó a la eternidad con la serena belleza del “Aire” de Bach.

Esta hoja se llena de los signos que voy recogiendo en el transcurso de las horas. Imágenes en color o en blanco y negro, filmadas, fotografiadas, pintadas… Palabras que se expresan con el sentimiento más puro de mujeres y hombres que de todas partes del mundo, de las anteriores y de las nuevas generaciones se inclinan en homenaje a uno de los hombres más influyentes que la historia ha dado.

Todas las voces, todas las palabras se expresan con la sinceridad más espontánea y directa, esa que no nos deja camuflar y no se resiste a mostrarnos tal cual somos, la que no se guarda nada, la que es indiferente a los protocolos, formulismos y etiquetas.

A las generaciones que me anteceden no tengo dudas que la chispa que los inflamó provino de esa revolución intrépida y valiente, liderada por unos barbudos que se asemejaban a un cuerpo de apóstoles que bajaban de las sierras a multiplicar derechos, panes y justicia social.

Hoy parece cosa pretérita, de alguien que busca en recuerdos caducos una bella historia, casi una novela. Pero créanme que sí fue cierto.

Existió un tiempo cuando la utopía era casi una certeza, algo que se podía percibir, tiempos en que había un impulso motivador y un entusiasmo que generaba una lógica de hermandad, que hacía que aún en los combates más duros, donde silbaban balas y blandían sables, los muchachos marchaban del brazo solidariamente por las calles del mundo -y por las nuestras también- por esa estrella que comenzaba a fulgurar en el Caribe.

Fidel ya hacía ocho años que oficialmente se había retirado de sus más altas responsabilidades, es cierto, se había retirado pero estaba ahí, lo sabíamos, de tanto en tanto aparecía así fuera para guiñarnos un ojo y decirnos: “Aquí estoy, no he muerto”.

Éramos conscientes que llegaría el día en que sabríamos de su definitiva partida. Sin embargo, aún así, millones en este mundo se han sentido desamparados y por instantes huérfanos ante la muerte del Jefe de la Revolución cubana.

Es llamativamente complejo de explicar -y para algunos, imposible de entenderlo- pero pocos hombres dejan una huella de tanta magnitud. Y aunque sus enemigos se rompan los dientes de bronca o vociferen paganos festejos, nunca han podido vencer a quien no claudicó, ni se metamorfoseó y mucho menos renunció a sus principios para desertar porque un sueño se anunciaba que había culminado. Prefirió quedarse solo, bien solo, sin pedir absoluciones de ningún tipo y sin arrepentirse.

En estos días hasta los más estoicos no han disimulado su tristeza, he visto a muchos seres templados en mil batallas que han llorado, que han sentido una pena profunda, de esas que desgarran el alma, conmovidos por el estruendo que significa la ida de este símbolo humano de la rebeldía.

Lo sé, no tengo dudas que hasta los más embroncados, los desilusionados, los hartos del hartazgo, los que fallaron cuando no debían fallar, los que se vendieron así sea en cuotas y a plazo, cimbraron porque Fidel se había muerto.

Analizar Cuba sin su historia es incomprenderla, y por extensión incomprender a Fidel y a la Revolución Cubana.

La lucha independentista inspirada en el pensamiento de Maceo y de Martí desarrolló en la cultura de los cubanos un ideario con un profundo pensamiento nacionalista y antiimperialista interpretado fantásticamente por Fidel, que con su inteligencia y carisma comulgó con la idiosincrasia de su pueblo de tal modo que Fidel se convirtió en Cuba misma y los cubanos en “fidelistas”.

A Cuba y a su revolución siempre le han tenido a mano la partida de defunción. Desde la implosión de la Unión Soviética la supervivencia del sistema cubano tenía las horas contadas. Sin embargo no fue así, y siempre ha sido un desafío intelectual, político, histórico y sociológico encontrar una respuesta. En principio, diría que existe una revolución auténtica, genuina y aún durante la Guerra Fría, Fidel y la revolución cubana mantuvieron aspectos de independencia que la hicieron singular. La presencia en los países descolonizados de Argelia, Congo, Angola, Namibia entre otros, fueron realizados por la impronta del liderazgo de Fidel, sin necesariamente seguir las directivas del “Bloque del Este”, lo mismo que su política de desarrollo permanente del “Movimiento de Países No Alineados” que llegó a presidir.

Dicen que Cuba ahora cambiará, que la revolución deberá recrearse y reinventarse. Estoy seguro que ningún cubano aceptará un cambio que implique perder sus conquistas sociales. El desafío será entonces socialismo, justicia social, libertades y soberanía nacional.

Imaginaba que por estas horas el Comandante andará escalando una vez más el “Turquino”, o estará volviendo a su comandancia en la Sierra Maestra, desembarcando nuevamente con el Granma en las “Las Coloradas”, eludiendo el cerco, la celada preparada por el traidor o comandando la Batalla de Girón.

Es que uno anda por el mundo, con lo que se fue haciendo. Con lo bueno y lo malo, con lo heroico y lo miserable, con los errores y con los aciertos, pero uno vale por sobre todo por su coraje y su rigor en defensa de sus ideas, por su rebeldía, por poseer la voluntad inquebrantable de no darse por vencido, en morirse antes de rabia que entregarse al enemigo.

Me decía un amigo que en realidad Fidel es como los abuelos, no mueren, sólo se hacen invisibles… quizá esté en lo cierto.

29
Nov
16

méxico, el impune crimen de estado

A dos años de Ayotzinapa, la memoria, la infancia

escribe: Oscar Ariel Cabezas / Rebelión

 

Desgraciados los pueblos donde la juventud no haga temblar al mundo y los estudiantes sean sumisos ante el tirano

—Lucio Cabañas

Con sus intensidades y sus incendios, la infancia es el lugar de una experiencia singular. Es el Ave Fénix que quema las infinitas energías del estar vivos sin la ansiedad de la muerte. En su vuelo desordenado se ordena la vida como proximidad a lo infinito. Lo infinito es la condición genérica y singular de que la vida es vida para el juego. La infancia es el plano erotizado de las reglas y del cambio de reglas de juego que emerge una y otra vez de las cenizas del cuerpo. Sin embargo, el cuerpo es el finito de la infinitud de destellos de historia. Por eso es que las historias, aunque no sin el juego del duelo, pueden siempre volver a empezar. La infancia no tiene más refugio que el infinito re-nacer. Ayotzinapa es el clamor de la urgencia de este re-nacer porque es hoy el nombre del crimen organizado contra la infancia. Renacer es lo opuesto al cadáver y la materia desde las que todos los lugares del nacimiento confluyen en la afirmación del juego de la vida como lucha por la dignidad de estar y habitar en común la Tierra.

Ayotzinapa es el lugar de la memoria de la infancia de esa multiplicidad que llamamos humanidad. Es el clamor que se opone a la mano criminal de genocidas escudados en el Estado de contabilidad del libre mercado o en el poder acéfalo de las armas del narco. Los estudiantes son el fantasma de los saberes posibles e imposibles de una voluntad de memoria fundada en la experiencia de la comparecencia ante el otro. Ayotzinapa es el otro que habita las edades posibles de la niñez y de las escuelas como experiencia cotidiana de estar vivos en la intemperie. Olvidar el clamor de los 43 estudiantes desaparecidos sería abrazar la complicidad del poder y la de los poderosos que niegan la experiencia infinita de los nacimientos. La infancia nace a la intemperie porque se abre al juego de los acontecimientos. En el juego, la oscuridad de la noche es la claridad de una mañana sombría. La infancia es la distracción de la crueldad, de la discriminación racial, de la explotación y de la banalidad del mal porque es el intermedio entre la temperatura del sol y el río Mississippi de las aventuras genéricas del amanecer a la infancia, como en los juegos, siempre al borde de un desborde, de Tom Sawyer y Huckleberry Finn.

Pero la noche de Iguala en la que desaparecieron 43 niños-estudiantes está desinscrita de la experiencia del juego del amanecer. Esa noche se les desgarró la carne ensoñada a niños-profesores como síntoma de que la infancia podría desaparecer. Si la infancia es el lugar genérico de realización de la humanidad, lo que ocurrió hace dos años fue el horror consumado de apagar la infancia de la humanidad. A través del horror innombrable de una masacre que rotula la esfera inmunológica del Estado y abre la vida de la especie a su posibilidad de extinción, la ferocidad del crimen amparado en un estado cómplice de la mano asesina, hizo temblar —desde Ayotzinapa hasta el lugar más recóndito de la tierra— toda comunidad de nacimientos.

No es difícil imaginarlo, mientras se apagaba la infancia de los 43 normalistas, a esa misma hora nacía, en plena intemperie, el hijo, la hija de un padre, madre anónimos que no dejaban y, aún no dejan, de temblar ante el acontecimiento de la vida. El que nace ante la ley del manantial de la vida es promesa de infancia, es promesa de vida y jamás (por mucho que persista cierta filosofia de la finitud en ello) la infancia está ante la muerte. Esta actualidad que arranca la piel de los hijos e hijas que nacen de la pasión por la vida solo puede entenderse como pasión necropolítica si la inactualidad de la memoria, su potencia activa, se opone, resiste y lucha contra la complicidad con el crimen, la indiferencia, la apatía, el consumo y el espectáculo de la muerte. Esta, como circulación mercantil, como estética de horror y fetichización de lo que ha sido despojado de rostro y mutilado en su carne, es la conversión de la materia ensoñada de la infancia en cadáver. En la circulación cambiaria el cadáver emerge como olvido y despojo de humanidad a la que le falta su infancia, su vitalidad, su posibilidad de volver a nacer, su renacimiento. El habitus del fetichismo del cadáver no es otra cosa que el habitus de una economía de lo visual depuesta en marcha por falta de fidelidad a la memoria de las luchas en Ayotzinapa.

Recordar las luchas de los niños-normalistas de Ayotzinapa —y las de las luciérnagas que acompañaron a Lucio Cabañas en la sierra de Guerrero— es compartir el destello de luz que enciende la memoria de una fidelidad irrenunciable. La memoria enlutada no es la renuncia a la mirada de lo que ha ocurrido, ni menos aún la de la espectacularización mercantil-informática del cadáver, sino efervescencia de un recuerdo que incendia el alma y hace temblar a aquello que nos mira. Cuando miramos el rostro de esos niños desaparecidos de Ayotzinapa, sabemos que hay “algo” que nos mira hasta hacer que nos reconozcamos en la experiencia aniquilada por lo innombrable e inenarrable de la tragedia política, social y económica de México, esto es, la masacre de la noche de Iguala.

¿Qué significa ver hoy esos rostros de niños-normalistas desaparecidos? Hay que romper el cerco de la circulación cambiaria del cadáver. El inconsciente óptico deviene político cuando el luto hace temblar la circulación mercantil del cadáver y nos dispone a pasar de la contemplación de la tragedia convertida en plusvalía sentida para los ojos de un mercado cultural que vive del goce mediático de los niños muertos de Ayotzinapa a la política de quienes miran hacia el por venir de lo infinito de la vida. ¿Pero qué es lo que mira por fuera de la circulación del cadáver? El paso al acto de la mirada que compone la memoria del dolor y de la pérdida de la infancia arrebatada de los brazos de Ayotzinapa. La memoria enlutada para aproximarse a la verdad y la justicia debe ser, es urgente que así sea, una memoria enluchada. Se trata de una memoria que no evita las cenizas como inminencia de lo que ha desaparecido para volver a reaparecer porque en el duelo y la lucha, desde las cenizas, reaparecer no solo supone la fidelidad a la política y a la lucha de Ayotzinapa, sino también a la justicia y a la posibilidad de la infancia como experiencia irreductible del clamor por la vida.

Podrá, en efecto, hallarse en el movimiento de la escritura de Jacques Derrida, en el poema de Pier Paolo Pasolini a Antonio Gramsci, en el conmovedor poema “Serán cenizas” de José Ángel Valente, en la leyenda del ave Fénix, el lugar de un pensamiento de las cenizas. Pero una escritura que escribe sobre y en las cenizas jamás podrá reconocerse en la compulsión circulatoria del cadáver. El cadáver es lo que niega el pensamiento ceniciento que enciende y se encarna en los movimientos de indignación, protesta, y clamor por la vida. Se trata de las cenizas colectivas de la comunidad de nacimiento y, así, de la lucha por la infancia como lugar en el que ocurren los nuevos comienzos. Debemos decirlo con todo el clamor de la justicia, la infancia es una categoría esencial de la lucha política. Por eso, es lo opuesto a la mercantilización del cadáver, cuya plusvalía también niega y retira el ritual social del estar ante la muerte.

Frente a la muerte que nos hace temblar, el cadáver de la circulación mercantil es el olvido de la infancia, la asfixia de su memoria. Durante toda la modernidad, haciendo prevalecer el cadáver y las tecnologías de la desaparición forzada con las que los estados han operado, se desea arrancar la infancia como materia ensoñada y subversiva de la especie humana. Los estados temen a la infancia que abre lo visual a su venganza porque detiene la muerte y pone en circulación los fantasmas de una permanente rebelión. La infancia es la imaginación de una subversión urgente y necesaria contra las formas de olvido que anidan en los excesos tardo capitalistas del muestreo del cadáver. Lo que se resta a la rebelión de los desaparecidos —de todos aquellos que han sido víctimas del horror del Estado y de la complicidad acomodaticia de los espectadores y escribanos académicos de la sangre— es, precisamente, el estar ante la muerte.

El recogimiento ante la muerte es inevitable. Pero también lo es la indignación y la ira convertida en duelo y clamor por el devenir político de los cambios. Por eso, los rostros de los normalistas desaparecidos evocan el nombre de Ayotzinapa como lugar de aquello que nos falta. Nos faltan las alegrías y las tristezas de los desaparecidos por los estados del terror. Nos faltan los 43 normalistas-niños de Ayotzinapa. La memoria, sin duda, es el registro de luchas abiertas y sedimentadas que conmemora la falta de justicia, de equidad, la falta de cuerpo ensoñado dispuesto a interrumpir la valoración capitalista de las experiencias de lucha. Nos faltan cuarenta y tres veces, nos faltan infinitamente nuestros hijos de Iguala, nos falta la ensoñación de sus cuerpos guerreros llamados a cambiar la injusta sociedad en la que nos ha tocado vivir. Nos queda el lugar de las cenizas, siempre quedan las cenizas en las energías de quienes recuerdan, evocan, rememoran y, sobre todo, pasan al acto como los miles y millones de anónimos que desde el temblor de lo ocurrido en Iguala afirmaron el recuerdo de la infancia y las cenizas en Iguala como posibilidad del por venir de la justicia.

En los rostros de los 43 niños-normalistas se puede ver el Ave Fénix de la memoria de Ayotzinapa. ¿Apocalipsis de la infancia? La memoria de la experiencia de lucha, de juego, de amor y pasión por la vida de esos valientes hijos de Ayotzinapa corrobora los conatos del nacer y re-nacer a la experiencia negada por la nada del cadáver con la que hoy se espectacularizan sus muertes. La infinitud de la vida está del lado de este segundo nacimiento, es decir, re-nacer, cuarenta y tres veces, re-nacer desde la fuerza revolucionaria de las cenizas del Ave Fénix, porque nacer dos veces compone la ontología del recuerdo de las cenizas, como ontología política.

En el nacimiento por segunda vez, el recuerdo disemina e insemina la posibilidad o imposibilidad de levantarse —desde las cenizas— a contrapelo de las catástrofes y de los horrores de la mala muerte y, así, también de la “mala infinitud” que es la vida de muerte vampirizada por gobiernos corruptos y estados al servicio de la vida sin vida del capital. En el rostro de los 43 niños de la escuela de Ayotzinapa podemos ver hoy las huellas de la subversión y de la resistencia, de la infancia y de la lucha política que emana del malestar dejado por el crimen en contra de esos niños de Iguala en el Estado de Guerrero. Los rostros de los 43 niños normalistas componen la figuración alegórica de un desborde, un derrame en las calles de la siempre fallida modernidad. Pero sobre todo, componen la posibilidad política de una memoria que detenga las injusticias de la pulsión de muerte, es decir, que detenga las injusticias producidas por la barbarie neoliberal consumada en una necropolítica asesina y generalizada en todos los rincones del planeta donde juegan y aman los mismos infantes que hoy recordamos con tristeza enluchada.

Lo que evocan los 43 normalistas es la irreductibilidad del fantasma de nuestra infancia, de cualquier infancia y, sobre todo, de la infancia por-venir. El fantasma de la justicia es el terror del terror necropolítico. Es lo que atemoriza al poder hasta hacer temblar ante la ley incalculable de lo que en tanto relación a la experiencia de la infancia no tiene edad, ni raza y menos posición en la división social del trabajo capitalista. La justicia es lo que ante la demanda incalculable interrumpe el orden del capital. Lo que Derrida, pensando en el fantasma del padre asesinado de Hamlet, llamó el tiempo disyunto (out of joint) multiplica su intensidad en Ayotzinapa porque ya no se trata del padre muerto y su fantasma que clama por justicia. En México, en Ayotzinapa, ha ocurrido, hace tan solo dos años, y sigue ocurriendo, el ejercicio consumado de una política del cadáver, de una política para la muerte cuya nomenclatura no puede hoy decirse que está dominada por el espectro del padre muerto. Se mata a los hijos porque en ellos está la multiplicidad infinita de una vida que podría afirmar otro modo que el del capitalismo y sus narcóticos cotidianos y solidarios con el narcomundo, puesto en marcha con la complicidad del Estado o, más bien, de la falta de Estado en México. Pero también, solidarios con la complicidad de lo que esa enorme superpotencia, tan cerca de México y tan lejos de la infancia, hace o deja de hacer en las proximidades de sus fronteras.

México es uno de los lugares más adoloridos y trágicos del planeta. El dolor de esta nación no solo expresa la imposibilidad del análisis de los afectos encerrados en el duelo y la melancolía de la irreparable pérdida de esos 43 niños que nos faltan y les faltan a sus padres, a sus amigos cercanos, a las singularidades colectivas que los vieron crecer, reír, estudiar, amar la vida. El análisis de lo irrepresentable del horror sufrido esa noche de Igual repele la transferencia porque la sustitución de esos 43 niños de Iguala es imposible y quedará, en la historia de la humanidad, escrita en el alma de una infinita melancolía.

La violencia sin nombre e inclasificable en el Estado de Guerrero es la violencia desplegada más allá de la “contabilidad soberana” del Estado de derecho. Es el síntoma de la descomposición del Estado moderno y burgués. Tal como lo afirma el análisis de Adolfo Gilly, este es el mismo Estado que interrumpió la larga marcha por la justicia de la revolución plebeya de Pancho Villa y Emiliano Zapata. Pero también y sobre todo es la lucha de ese humilde maestro rural egresado de la Escuela Normal de Ayotzinapa que fuera Lucio Cabañas. Lucio, nombre de luciérnaga y hombre hecho a la altura del tamaño de la esperanza, tuvo que levantarse en armas e irse a la sierra de Guerrero para destemplar el oído obtuso del gobierno siendo asesinado el 2 de diciembre de 1974. Hoy cuando la posibilidad de las guerrillas se halla agotada su figura no deja de inspirar y de regresar clamando justicia y memoria para esas zonas olvidadas de México.

Como si volviese de la misma fuente de la infancia, Lucio es la expresión alegórica de un irrenunciable clamor de justicia. Y mientras haya memoria, sus cenizas, al igual que la de los 43 normalistas incendiarán los estados injustos que oprimen y se coluden con criminales. Desde ese rostro-fantasma que es el de Lucio Cabañas se escucha la voz de una infancia al servicio de las rebeldías, al servicio de la insubordinación de las injusticias en las que se posa y bate alas la luciérnaga enlutada que trabaja en nosotros contra el olvido. En las miles de luciérnagas que tras la luz de una vela encendida por esos, los 43 hijos de México, la sociedad civil no solo conmemora, sino que también se oponen a las privatizaciones de una sociedad neoliberal cansada de las mezquindades de un Estado ineficiente y cómplice del terror y la muerte. En medio de una guerra sin regulación ni fin, en medio de la falta de un Estado que vele por la seguridad y la equidad en un México tantas veces herido, el rostro de los normalistas es también el rostro de Lucio y viceversa. Rostros de fantasmas para recordar, contener y detener la necropolítica que emana de manera confesa o inconfesamente del Estado.

Como muchos estados en América Latina, la reconversión del Estado social y soberano en Estado necropolítico y solidario del “narcomundo” globalizado es responsable y doblemente responsable de lo que ocurre en el territorio de México. Las tecnologías de la desaparición, los complejos carcelarios globalizados y las políticas basadas en el capitalismo por desposesión no solo están visibilizados por la tragedia de México. Dan cuenta de que el neoliberalismo como programa de dominio global desea el privilegio de las políticas a través de soberanías débiles o descompuestas. Esta descomposición permite la hiperexplotación de los sectores rurales más pobres de México y el intercambio mercantil, transnacional y a escala planetaria, sin importar quienes son esos infantes privados de la experiencia de la infancia y de un por venir que no sea el de encontrar la muerte como signo de un Estado que no solo no protege a sus ciudadanos sino que, además, los entrega a la industria mortuoria de la producción mediática y espectacular del cadáver.

En México, el lugar del cadáver, topología necropolítica de la postsoberanía, es el arma desplegada contra la infancia femenina y masculina y, quizá, más femenina que masculina porque el poder es masculino y falocéntrico. La infancia no es simplemente el lugar de la niñez es la ocurrencia de un acontecimiento que corrobora que la experiencia de la vida es lo opuesto a la fabricación de cadáveres. Si la postsoberanía necropolítica es fabricación de cadáveres, la apelación y defensa de la aparición y reaparición de la infancia —como experiencia irreductible de la vida— es su contención, su más profunda y honda trinchera.

No hay memoria sin infancia. La memoria es la producción de la infancia y viceversa, es decir, la memoria produce el fantasma juguetón que se sobrepone al duelo narcisista y transforma el dolor en acontecimiento colectivo. El fantasma es el movimiento de aparición y reaparición, cuyo clamor es tan potente como las imágenes que tiene un ciego para, en medio de la noche, imaginar y ver las estrellas. Hay que volver a imaginar y actualizar los fantasmas que contra el terror y el miedo aparecen y reaparecen para indicar, quizá, que el camino está del lado de las cenizas del Ave de Ayotzinapa. Larga vida a Lucio, larga vida a esos 43 niños normalistas que reaparecerán una y otra vez cuando la memoria active la urgencia de la lucha contra la muerte.

28
Nov
16

trump, macri …

Vientos del Norte

escribe: Eduardo Sanguinetti / Filósofo

 

El pensamiento que debería sentar reales, hoy, en este tercer milenio, como un nuevo ideal de vida en libertad y verdad no confía en la representación política, pues considera la cesión del poder como una invitación al abuso.

En el “espectáculo electoral” de Estados Unidos ha quedado demostrado que la incertidumbre creció y la impostura se ha instalado, en noticias y rumores mediático-faranduleros; políticos-judiciales que, sin éxito, pretendieron construir una historia fabulada de la realidad, ignorada por el pueblo estadounidense, en el instante de elegir a su presidente.

Es bien conocido el “malestar de la legítima inteligencia” ante el estado de las cosas, sobre todo en el escenario en que se debaten las diferentes representaciones de la “realidad”… La simulación del simulacro, de la farsa electoralista, despierta en la legítima inteligencia un estado de repulsión y hartazgo muy difícil de disimular, pues la “voluntad de verdad”, tan subestimada y devaluada en el mercadeo de la libertad negociada a cualquier precio, se encuentra exiliada de este tiempo y espacio.

En toda esta trama de traiciones veladas, de artificios instalados para esconder la trampa, se manipula el estado de ¿derecho? paquidérmico, al universalizar soluciones a problemas endémicos, a modo de consuelo de un pueblo con beneficios de limosna, o ¿soborno? Se sepulta así, el sentido de democracia y se elimina su destino.

No pretendo construir una escritura del dolor y la rebeldía, tampoco volverme profesional del desdén, de la suficiencia, del exilio interior “ni de nada”, simplemente pertenezco a este tiempo, aun no adhiriendo a él… disconforme, batallador como constante actitud ética y estética, en mi ser y estar.

Es apasionante, vale la pena y le da un sentido a la vida, sobre todo en un presente crítico que exige reflexionar sobre nosotros mismos y nuestras circunstancias, para luego actuar de manera decisiva, con un discurso directo, sin dobleces, denunciando el teatro “bufo” del cual somos espectadores.

Por supuesto me refiero a la fauna de opinólogos de todo tipo: presidentes, ex-presidentes, periodistas funcionales a la Reserva Federal, fabuladores rentados, etc., que se han manifestado en estado de enojo, histeria, desazón, devenidos en la inocultable pauta de estar asimilados a sus intereses, devenidos de pactos con la gestión de Obama, respecto a las elecciones, en las que Donald Trump, consiguió llegar a la Presidencia de Estados Unidos, a pesar de todos los pronósticos desfavorables para el candidato republicano.

Afirmo, sin dudarlo, que ningún periodista o informador “especializado”, hoy, en el mundo, desde ninguna columna de opinión tiene los cojones de centrarse en las razones, muy puntuales, por las que este empresario ha ganado dichas elecciones.

Intentar abordar un debate acerca de lo acontecido en la elección que dio como triunfador a Donald Trump, tan brutal en la imposición de una realidad al margen de la verdad rumoreada en los medios monopólicos de información, no es tarea fácil, pues debería ir al origen del poder mediático, aquel que nos manipula desde las mentiras de ninguna verdad y que impone criterio, al menos hasta esta elección, donde el “final de fiesta”, se ha celebrado sin presencia mediática… los medios monopólicos del mundo, no pudieron esconder su desencanto, ante lo acontecido: nos agrade o no.

No puedo dejar de manifestar, como ejemplo, la torpeza del presidente Macri al manifestarse, como es costumbre, fabulando, antes de las elecciones, realidades obstinadas, de encuentros-desencuentros, con Donald Trump, bastante apartadas de la verdad, según fuentes de medios de época y personas presentes en las negociaciones abortadas en New York hace tres décadas con el presidente electo, en las cuales el relato histórico está divorciado del que rumorea, metaforizando Macri, “yo compartí millones de horas con él”, “está chiflado” Trump (Macri dixit Infobae), en entrevista otorgada a una tal Canosa, hace un tiempo, en medio afín al gobierno del “presidente zen-casual”.

“El Mauricio original hubiera respaldado enfáticamente la candidatura de Trump y hasta se hubiese entusiasmado con sus exabruptos” (Silvia Mercado, Infobae dixit, 13 de noviembre de 2016)… hasta hoy, creo ningún informante del aparato que blinda a Macri ha intentado desmentir estos dichos y explicar cuántos Mauricios existen. Según medios, la desesperación del presidente offshore en intentar comunicarse de manera urgente (dicen que lo ha conseguido) con el empresario devenido en presidente de Estados Unidos, para intentar justificar lo “justificable”, ante la torpeza de haber apostado a la candidata demócrata, Hillary Clinton y haberse manifestado de manera tan ligera, acerca de su ¿amigo?, marcaron pautas de comportamiento compulsivo, y con algunos aditamentos de diversas patologías inocultables; mientras tanto, para aligerar su impaciencia, lleva a cabo la creación de huertas en la terraza de la Casa Rosada y continúa con sus sesiones de terapia con el psicoanalista Jorge Ahumada, a quien ve desde hace 25 años (Silvia Mercado Infobae dixit), emulando heroicamente a Woody Allen en su carrera, para despejar sombras, de ser un pedazo de atmósfera.

Poseídos por la obsesión del poder, sin rumbo adonde dirigirse, presidentes como Macri, en un marco dantesco, en el que la ficción y la comedia dramática toman perfiles nítidos, de narcisos e incapacidades, degradan en actos, un nuevo paradigma se ha instalado en este sistema, donde los individuos, son espectadores pasivos del acontecer de su vida, el principal cambio que ha ocurrido en estos años fue “el rapto de la realidad”… ¿les cabe alguna duda?

Presidentes al servicio de la desmesura y el paroxismo, que intentan imponer algún tipo de legalidad a lo indecible… desestabilizando su entidad, ya de por sí endeble, a falta de idoneidad, en la construcción de un programa de gobierno, avenido a las prisas del tiempo que les ha tocado vivir, quedando desposeídos de autoridad y tornándose, estos funcionarios, en sujetos desencajados del milenio que transitamos.

Afirmo que sin una confianza en el individuo, no tiene absolutamente ningún sentido hablar de autonomía y de libre albedrío. El nuevo ideal de comunidad se funda sobre el concepto de que el individuo posee una reserva que es irreductible a los ordenamientos sociales del poder tradicional. Pero si no se tiene confianza en una reserva en el ámbito del sujeto que constituye la fuente del cambio, ¿cómo devendrá el cambio?

Lo soporto todo: dolor, derrotas, exilio, censura, hambre, pero algo que no llego a asimilar es la cobardía, la mentira, la hipocresía y la corrupción… Ah! ¡Y la traición!… tan replicada por los que no mantienen un sentido y no soportan ser destino… delicado equilibrio, el que debemos mantener, a pesar de todo.

27
Nov
16

DE PIE; MURIO EL GRAN FIDEL

27
Nov
16

el batllismo real …

DDHH

Zelmar Michelini, a 40 años de su asesinato recuerdan su legado

 

MONTEVIDEO (Uypress) – En el marco de los 40 años de los asesinatos de Zelmar Michelini, Héctor Gutiérrez Ruiz, Rosario Barredo, Williams Whitelaw y el secuestro y desaparición de Manuel Liberoff, la Fundación Zelmar Michelini desarrolló el seminario sobre “Acción Política y Pensamiento” que desplegó el trabajo de uno de los políticos más importantes del siglo XX uruguayo.

Zelmar Michelini fue secuestrado el 18 de marzo de 1976. Su cuerpo fue descubierto tres días más tarde, junto a los del diputado Héctor Gutiérrez Ruiz, Rosario Barredo y Williams Whitelaw.

Entre miércoles 16 y jueves 17 tuvo lugar el Seminario denominado: “Zelmar Michelini: Acción política y pensamiento”. El acto central del mismo se llevó a cabo en la sala Hugo Balzo del Auditorio Nacional Adela Reta, este jueves 17.

Acompañaron el acto entre otros, el integrante de la Institución Nacional de Derechos Humanos y Defensoría del Pueblo, Juan Faroppa y el titular de la Oficina de Planeamiento y Presupuesto, Álvaro García.

La Presidente de la Fundación, Cecilia Michelini, recordó los distintos homenajes colectivos a lo largo del año encabezadas por la Fundación a las cinco figuras que se recuerdan, que incluyen actividades en la calle con música para niños así como talleres también para niños, jóvenes y familias. Se han organizado así mismo ámbitos de reflexión y todo tipo de actividades que enriquecen y proyectan a estas figuras en particular la de Zelmar Michellini, su padre.

Añadió que la reflexión y difusión de la memoria colectiva es uno de los pilares del instituto por lo que la Fundación realizó los coloquios “Ellos en nosotros, 40 años”. También destacó la trascendencia de recordar y homenajear a cada uno individualmente como amigo, padre, hermano, por lo cual se realizó un acto especial para cada uno de ellos.

En este caso se realizó el último acto particular, dedicado a Zelmar Michelini, y se profundizó sobre su pensamiento. La actividad se organizó con la presencia del profesor Gerardo Caetano y desarrolló con cuatro mesas temáticas y un acto central.

La próxima actividad prevista por la Fundación Zelmar Michelini será el 1° de diciembre con la inauguración de la Biblioteca Elisa Delle Piane.

Zelmar Raúl Michelini Guarch nació en Montevideo el 20 de marzo de 1924. Se desempeñó en el Banco Hipotecario del Uruguay, desde el cual formó parte del sindicato bancario. Como estudiante de derecho participó del movimiento estudiantil, del cual fue secretario del Centro de Estudiantes de Derecho y de la Federación de Estudiantes Universitarios del Uruguay.

Militó en el Partido Colorado dentro de la Lista 15 que encabezó Luis Batlle Berres, con quien se desempeñó como su secretario político hasta la fundación de la Lista 99. En 1954 ingresó a la Cámara de Diputados y en 1966 a la Cámara de Senadores. Fue Ministro de Industria durante cinco meses del año 1967 y luego vuelve a su cargo de senador como firme opositor a las políticas del Presidente Jorge Pacheco.

En 1971 es uno de los fundadores del Frente Amplio, con el cual renovaría su banca en el Senado. La violencia política de aquellos años llega a su casa, cuando sufre un atentado en 1972. A raíz del Golpe de Estado de 1973 se refugia en Buenos Aires, ciudad donde proseguirá con su accionar antidictatorial, que lo llevará a denunciar las violaciones a los Derechos Humanos de los golpistas uruguayos ante el Tribunal Russell en 1974.

26
Nov
16

Noam Chomsky

Noam Chomsky: “El Partido Republicano es la organización más peligrosa en la historia”

El lingüista estadounidense Noam Chomsky señaló que el Partido Republicano se ha convertido en la organización más peligrosa en la historia de la humanidad por su negación del cambio climático y su postura ante las armas nucleares.

 

Noam Chomsky brindó una entrevista a la revista digital TruthOut (Salga la verdad), y se refirió a las elecciones del pasado 8 de noviembre de Estados Unidos para recordar que no sólo resultaron en un nuevo presidente electo, Donald Trump, sino en la redefinición del Congreso y la Suprema Corte.

En ese sentido advirtió que los resultados otorgaron el control total del Ejecutivo, el Congreso y la Suprema Corte a las manos del Partido Republicano, que para él se ha convertido en la organización más peligrosa en la historia mundial. Y precisó: “esta frase parece extravagante, incluso atroz. ¿Pero lo es? Los hechos dicen otra cosa. El partido está dedicado a correr lo más rápido posible hacia la destrucción de la vida humana organizada. No hay antecedente histórico para semejante postura”.

Chomsky recordó que el presidente electo Donald Trump prometió durante su campaña que sacaría a Estados Unidos del Acuerdo de París porque considera el cambio climático un “invento”. Y que ha llamado a aumentar rápidamente el uso de combustibles fósiles, incluido el carbón, así como a desmantelar regulaciones ambientales y a retirar la ayuda a países en desarrollo que busquen crear energía sustentable.

Hacia el desastre

En plena campaña electoral el magnate republicano denunció que el cambio climático era un fraude creado por China, y el filósofo norteamericano afirmó que Trump ya ha dado pasos para desmantelar la Agencia de Protección Ambiental (EPA) al colocar como director a Myron Ebell, un negador del cambio climático para dirigir su equipo de transición respecto al tema del Medio Ambiente, y a otros asesores que incluyen a figuras cercanas la industria petrolera.

Mientras que su principal asesor en temas energéticos es el multimillonario Harold Hamm, quien ya adelantó que tiene esperanza en que el próximo gobierno elimine regulaciones e implemente recortes fiscales para el sector energético, y que reavive la producción de hidrocarburos.

Frente a todo eso Chomsky lamentó: “Es difícil encontrar palabras para describir el hecho de que los humanos están enfrentando la pregunta más importante en su historia: si la vida humana organizada sobrevivirá como algo parecido a lo que conocemos, cuando la respuesta es acelerar la carrera hacia el desastre”.

La Organización de Naciones Unidas advirtió recientemente que el cambio climático es probablemente la mayor amenaza que enfrenta la humanidad, y en el pasado mes de octubre publicó un informe donde señala que en los últimos 20 años 4 mil 200 millones de personas han sido afectadas por desastres relacionados con el clima.

 

25
Nov
16

uruguay y los supermercados

EL DÍA QUE LOS EXPLOTADOS POR LOS DUEÑOS DE LOS SUPER, TUVIERON EL TUPE !! 

DE CERRAR EL PASO A LAS COMPRAS DEL CONSUMISMO FRENÉTICO

Pacho, Nany y el constitucional derecho de ir al súper

escribe: Alejandro Domostoj

Cualquiera sabe que la Constitución de la República establece el constitucional y sagrado derecho de ingresar libremente al súper a cualquier hora sin que nadie se interponga en su camino. No estoy seguro, pero creo que a eso se refiere la llamada libre circulación. Sin embargo, en este país que desde hace una década se convirtió en el “reino del revés” pudimos observar como este elemental derecho fue avasallado hace unos días.

¿Recuerdan a Pacho y Nany? Ellos se hicieron conocidos en la elección pasada de la mano de Constanza Moreira, cuando la pobre Nany encontró en su casa una lista del Frente Amplio. Y bueno, ahora vemos las consecuencias.

Una horda de inadaptados, bloquearon los accesos a supermercados y tiendas. No conformes con tamaño despropósito, ¡lo hicieron también en Punta del Este! No dejaban a la gente de bien ingresar a “la tienda” a la hora clave para comprar el escocés y otros productos de la canasta básica, lo que provocó la natural reacción de mucha gente.

Pacho se descontroló y les gritaba: “Esto les pasa por votar al Pepe”. “Ustedes votaron al Pepe”, el Pepe, que todos sabemos es un multimillonario que se enriqueció a costa de los trabajadores. Nany estaba indignada en la puerta. No daba crédito a lo que veía. ¿Con qué derecho esta gente quiere ganar más y nos deja sin poder “canjear los puntos”? Cualquiera se indignaría.

Hasta aquí la sátira. Para tratar que la risa evite el llanto.

Trabajadoras y trabajadores con salarios sumergidos, reclamando llegar a $20 mil al mes, mientras las cadenas de supermercados y tiendas no paran de abrir -en forma más que agresiva- sucursales y más sucursales, que multiplican ganancias y denotan claramente no son un sector con dificultades, esa es la realidad y no el espejismo de la burbuja de Pacho y Nany.

Cuando se habla de la pérdida de valores de la sociedad, aquí hay un ejemplo. La falta de solidaridad y comprensión de quien se mueve en su auto, con todas las comodidades, para con otro uruguayo y uruguaya, un hermano, una hermana, que busca que el fruto de su fuerza de trabajo sea un poco más digno, para poder cumplir con las necesidades básicas de su casa. “Uruguayos, dónde iremos a parar”, permítaseme parafrasear.

Por suerte, otros si comprendieron. Por suerte muchos y muchas fueron solidarios, por suerte “no todo está perdido”.

Pero si hay algo que reafirman estos episodios, es que aquel vaticino promulgado por algunos sobre lo demodé de la lucha de clases -e incluso de las propias clases sociales- no es más que un voluntario error para intentar negar lo obvio.

La lucha existe, está vigente, continúa, y por suerte hoy trabajadoras y trabadores tienen sistemas de protección legislativos que los amparan, para poder hacer oír su voz, para negociar colectivamente gracias a la restauración de los Consejos de Salarios. Por más que a Pacho y Nany esto los horrorice y crean que su “constitucional derecho a ir al súper” está por encima de la protección constitucional al trabajo digno, y el derecho a luchar por el mismo.

Es que no es el “reino del revés”, es que las cosas empiezan a estar en su sitio.




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