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19
feb
15

hsbc

 

 
HSBC, una historia de agua y opio
Le Monde diplomatique
 

Poco después del terremoto de Haití el banco estadounidense Goldman Sachs anunciaba que donaría un millón de dólares a los siniestrados y posteriormente declaró una ganancia neta de 13.400 millones de dólares en 2009. Un gesto potente correspondiente a las ganancias generadas por nueve minutos de actividad especulativa. Detrás de las señoriales fachadas, la historia de los establecimientos financieros se hunde a menudo en aguas fangosas.

Cuatro letras han trepado al pináculo de la notoriedad a partir de que un antiguo ejecutivo de este célebre banco enviase al fisco francés una lista de clientes sospechosos de fraude: HSBC Pero, ¿qué es lo que ocultan? A lo sumo aquí y allá se habla del “banco británico”. Efectivamente, HSBC son las siglas de“Hong-Kong& Shanghai Banking Corporation”. La historia de esta empresa de “compradores” (en español en el texto), uno de los mayores grupos bancarios del mundo cuya sede londinense se refleja en el Támesis, comenzó con una historia de agua, pero también de opio.

A principios del siglo XIX nació en Londres, capital del Imperio Colonial Británico, la “Peninsular and Oriental Steam Navigation Company”. Su primer barco a vela y a vapor, el San Juan, zarpó del puerto de Londres el 1 de septiembre de 1937 y se hundió en el mar. Otros barcos de la compañía también naufragaron, entre ellos el Carnatic, cuyos restos se encontraron en los arrecifes de Abou Nawas.

Pero la compañía sobrevivió a esos contratiempos. En 1839 P&O consiguió contratos para llevar correo a Alejandría (Egipto) vía Gibraltar y Malta. Después de fusionarse con la “Transatlantic Steamship Company” en 1844, creó los que podrían llamarse los primeros cruceros de lujo del Mediterráneo. Diez años después unió su destino al de la“British India Steam Navigation Company”, cuyas naves transportaban correo entre Calcuta (India) y Rangún (Birmania) Su propietario, el administrador colonial escocés James Mackay, llegó a presidente de la P&O, que finalmente absorbió a la B.I.

Mackay a su vez mantenía estrechas relaciones con Sheng Xuanhai, el ministro de Transportes de China bajo la dinastía Qing (Manchuria), el último reinado hasta la abolición del gobierno imperial en enero de 1912. Favorable a la introducción de la tecnología occidental pese a las tensiones políticas y militares, Sheng se convirtió en su abogado, en particular en Shanghái, donde fundó la Universidad Jiao Tong orientada a la mecánica, la ingeniería y el equipamiento militar, y luego en Hong Kong. Jugando un papel muy importante en la reforma de la enseñanza en Shanghái, promovió a esta ciudad como la más tecnológica de China. En 1902 Sheng y Mackay firmaron, en nombre de China y Reino Unido, el Tratado llamado “Mackay Treaty”, relacionado con la protección de las marcas y las patentes.

En este contexto aparece otro escocés, Thomas Sutherland, y se une a P&O. Hace carrera en la sociedad, colabora en la construcción de los muelles de Hong Kong y se convierte en el superintendente de P&O y también en el primer presidente del Hong Kong&Whampoa Dock en 1863. En esa época el 70% de los fletes marítimos procedían de la importación del opio de la India que vendían a los chinos los hombres de negocios británicos a pesar de los intentos de oposición de las autoridades chinas.

Sutherland se da cuenta de que la situación es ideal para desarrollar un banco comercial. Y en 1865 funda con otros el Hong Kong&Shanghai Banking Corporation, el famoso HSBC. En su consejo de administración, presidido por Francis Chomley figura también la sociedad comercial Dent&Co, por el nombre de su creador Thomas Dent . Un personaje. En 1839 el alto funcionario chino Lin Zexu, reconocido por sus dotes y su altura moral, ordenó su arresto con el objeto de hacerle abandonar sus depósitos de opio, que violaban la prohibición decretada por las autoridades chinas. Ese fue uno de los desencadenantes de la primera guerra del opio que finalizó en 1842 con el primer “tratado desigual” el de Nankin. Al terminar la segunda guerra del opio (1856-1860) las potencias británica y francesa impusieron la creación de concesiones territoriales bajo administración extranjera, abriendo numerosos puertos chinos al comercio exterior y a la legalización del negocio del opio. Hacía cinco años que había concluido el conflicto cuando Sutherland creó el HSBC. El banco lleva su nombre muy acertadamente, puesto que algunos de sus caracteres significan en chino “juntar”, “recoger”, “riqueza”.

Un nombre que hace cantar al dinero

El HSBC cosecha sus primeras riquezas a partir del opio de la India y luego del Yunnan chino. A partir de 1920 instala sucursales en Bangkok y Manila. En 1949 concentra sus actividades en Hong Kong. En 1980 y en 1997 se instala en EE.UU. y Europa y en 1993 desplaza su sede social a Londres, antes de la retrocesión del territorio de la República Popular China anunciada para 1997.

En 1999 las acciones del HSBC Holdings se cotizan en una tercera plaza bursátil, Nueva York. El grupo compró Republic New York Corporation (actualmente integrada en el HSBC USA Inc.) así como su sociedad hermana Safra Republic Holdings S.A., hoy HSBC Republic Holdings SA (Luxemburgo). En 2007 el grupo registró resultados récord antes de impuestos, 24.000 millones de dólares, de los cuales el 60% procedente de los mercados emergentes de Asia, Oriente Próximo y américa Latina. Por primera vez las ganancias acumuladas ese mismo año en China llegaron a 1.000 millones de dólares. Otro tanto en Francia.

Stephen Green dirige el HSBC Holdings, como presidente-director, desde marzo de 2006 y desde febrero de 2008 su director ejecutivo es Vincent H.C. Cheng, quien fue miembro del consejo ejecutivo de HongKong, la mayor autoridad legislativa del gobierno, entre 1995 y 1997, así como miembro del Comité Nacional de la XI Conferencia política consultiva de la República Popular China.

Jean-Louis Conne es periodista y autor del libro La Crise tibétaine , Mondialis, Bex (Suiza), 2009.

Fuente: http://www.monde-diplomatique.fr/2010/02/CONNE/18827

 

17
feb
15

uruguay, el trabajador rural en el progresismo

opinión

Los trabajadores rurales son sujetos de derechos

escribe: Hugo Acevedo

A casi una década de la inauguración de la era progresista, que derivó en profundas transformaciones de la sociedad uruguaya en beneficio de los sectores más vulnerables y en particular de la clase trabajadora, subsisten bolsones de intolerancia propios de épocas pretéritas que debieran estar definitivamente desterrados.

 
En medio de la tradicional siesta estival, que generó negociaciones políticas previas a la instalación del tercer gobierno frenteamplista el próximo 1º de marzo, los ominosos resabios del pasado volvieron a remover la conciencia de nuestro colectivo social.

Daniel Silveira, el trabajador rural que protagonizó uno de los spots del FA “Uruguay cambió en mí”, fue despedido arbitrariamente por su patrón, por aparentes desavenencias derivadas de la relación laboral.

Lo cierto es que este abnegado y sacrificado obrero es uno de los fundadores del Sindicato de Peones de Estancia (Sipes), una nueva organización rural que vela por los intereses de quienes cotidianamente laboran la tierra y producen la riqueza que alimenta la acumulación capitalista en el sector.

El dirigente de la Unión Nacional de Asalariados, Trabajadores Rurales y Afines (Unatra), César Rodríguez, consideró que “sobre esto subyace un despido antisindical. Es bastante arbitraria la medida. Es también abusiva, porque se rompe un acuerdo firmado el 9 de diciembre, donde el patrón reconoció la idoneidad del trabajador”.

Según se estima, una de las principales causas del diferendo radica en que Silvera figuraba en la categoría de “peón”, cuando en realidad cumplía labores de capataz en dos de los 14 establecimientos rurales de su ahora ex patrón.

Empero, es imposible ignorar que esta tensa situación puede haber sido originada en la condición de sindicalista del damnificado, en un medio históricamente acostumbrado al vasallaje y la más deleznable postración.

Por supuesto, tampoco debería ser pasada por alto su participación en un spot electoral del Frente Amplio, lo cual evidentemente lo situó en el ojo de la tormenta y en la mira de quienes intentan detener los relojes de la historia.

Aunque el episodio tuvo escasa repercusión en los medios masivos de comunicación, el despido –que otrora hubiera pasado inadvertido por ser una mera interrupción de relación laboral como tantas otras- se transformó en noticia.

Ese silencio cómplice es consecuencia de la connivencia entre el oligopolio audiovisual, los derecha política y la oligarquía empresarial, que sigue aferrada a sus indebidos privilegios.

Esa clase dominante, que entre otras organizaciones está integrada por las asociaciones que aglutinan a los propietarios de la tierra, debería comprender – de una buena vez- que la sociedad uruguaya ya no está dispuesta a tolerar abusos de ese calibre.

Ahora, los trabajadores rurales están amparados por el fuero sindical, la negociación colectiva y la limitación de la jornada laboral y disponen de laudo salarial, lo cual en el pasado era una suerte de quimera.

Más allá del eventual desenlace de esta situación, hay una realidad incontrastable: en materia derechos, no hay vuelta al pasado, porque estos son innegociables.

El gran desafío, a partir del 1º de marzo, es seguir avanzando hacia una sociedad cada vez más justa, inclusiva e integrada, donde todos seamos iguales ante la ley, tal cual lo establece la Constitución de la República que tanto se invoca.

14
feb
15

uruguay la derecha blanqui-colorada

La derecha desorientada

escribe: Ricardo Ferraro

Con el fallecimiento de Wilson Ferreira en 1988, comenzó a caer el telón para el Partido Nacional. El vacío dejado por el último gran caudillo blanco progresista, no ha sido llenado por nadie y, lo que es peor, no se vislumbra quién pueda hacerlo.

En la actualidad el partido de Oribe se ha derechizado y mediocrizado. Los arrebatos wilsonistas de algunos dirigentes fracasaron, tal el caso concreto de Larrañaga, quien con su difuso, ambivalente y contradictorio discurso político, no significó ningún aporte de destaque para la corriente ideológica del caudillo.

El senador intentó identificarse con Wilson pero estuvo lejos de lograrlo y en estas dos últimas elecciones nacionales optó por cobijarse bajo el ala de la ultraderecha del PN, representada por el lacallismo-herrerista, muy afín con tenebrosos personajes de la talla de Mussolini, Franco, Stroessner, Terra, y una cierta admiración por la Alemania nazi. (Caras y Caretas, 15/8/014).

Durante la campaña electoral para las internas del PN, de cara a las elecciones del 2009, Larrañaga se erigió en un acérrimo opositor de Lacalle. Con embestidas taurinas, que son su especialidad, el principal de AN evidenciaba claramente que estaba en las antípodas del pensamiento político de su ocasional adversario. Prueba de ello son las expresiones del senador aliancista, según La República de fecha 5/5/09: “Lacalle hace enormes esfuerzos por maquillarse con una postura de ‘centro’, pero si ‘centro’ es tener el influjo de los postulados de De Posadas, Caumont o Vegh Villejas, quizás yo esté equivocado si me demuestran lo contrario (…) no creo que se le gane al Frente Amplio, desde la postura defendida por Lacalle (…) tenemos diferencias en la capacidad de diálogo, en política económica, en la imputabilidad penal (…) es evidente que en su gobierno, hubo una percepción de un gobierno de derecha (…) en el sector productivo hubo atraso cambiario, posturas neoliberales”.

No obstante estas diatribas políticas, Larrañaga no tuvo ningún inconveniente en aceptar, sin ningún rubor, el ofrecimiento del derechista Lacalle para integrar la fórmula presidencial. De esta manera quedaba configurada una grotesca traición a los ideales wilsonistas, que este buen señor manifestaba a los cuatro vientos representar. Ya las diferencias sustanciales con el lacallismo quedaban en el olvido. La actitud deleznable de Larrañaga y las frivolidades del hombre de la “motosierra” y las peluquerías en los asentamientos contribuyeron, en grado exponencial, al estruendoso fracaso del PN.

En junio de este año en las elecciones internas de los blancos, Larrañaga, demostrando una vez más su condición de perdedor nato, cayó nuevamente derrotado por la dinastía herrerista por ciento veinte mil votos. Notoriamente perturbado psicológicamente por la adversidad que estaba viviendo, se dirigió a la sede del Directorio nacionalista y saludó a su triunfante contendor.

Con el firme propósito de dar un paso al costado, se refugió a meditar, cual monje tibetano, en su chacra El Arriero. “Se terminó para mí (…), Voy a subir por última vez las escaleras del Directorio” (Brecha, junio/6/014), fueron las expresiones de un compungido Larrañaga. La dirigencia de su sector, temerosa de perder futuros cargos, se movilizó para convencer al principal de AN, que aceptara la “generosa propuesta” de Lacalle Pou de integrar la fórmula nacionalista. En otra de sus clásicas volteretas, el popular Guapo se postraba ante la dinastía ultraderechista herrerista y guardaba en el ropero los retazos de su era wilsonista de “centro”.

Larrañaga a esta altura de su vida política y ante un nuevo fracaso acompañando por segunda vez al oligárquico clan lacallista, “quemó las naves” y su futuro es incierto. Suponemos que no intentará enarbolar nuevamente las banderas wilsonistas, a las cuales traicionó. Sería manchar la figura señera del gran caudillo Wilson Ferreira, cada vez más olvidado por su partido; prácticamente proscripto por los conservadores que dominan el PN. Ya en el 2010 el secretario general de AN, Eber Da Rosa, advertía: “Con Lacalle brotó en el PN el conservadurismo como una especie de fiebre”(… ) “la izquierda se popularizó, frente al elitismo conservador del PN”. (La República, 8/3/010).

Al novato Lacalle Pou lo engrupieron la perversidad de los encuestadores y analistas políticos flechados a la derecha. Pretendieron inventar un candidato a la presidencia de la República moderno, un referente de la política positiva, un mesías, un iluminado, un renovador, lo que pedía a gritos un elevado sector de la ciudadanía uruguaya, ansiosa por volver a la “belle époque” del neoliberalismo criollo, hoy en franca retirada por el túnel.

El prestigioso intelecual Carlos Maggi, que está en el polo opuesto de la izquierda, sintetiza las razones básicas del triunfo del FA en primera vuelta: “Si el PBI del Uruguay es el más alto de América y se hace una distribución aceptable, no se precisa nada más (…). Distribuyen mucho y distribuyen bien. (La República, 15/11/014, extraído del semanario Voces) Por su parte el Economista Enrique Iglesias, de extracción blanca, manifestó: “Creo que se ha hecho una gran reforma estructural, es otro país. Se ve en los logros en materia de estabilidad, de empleo, de diversificación de las exportaciones y los mercados, de mejoramiento de la equidad, de aumento de la tasa de inversión, que impacta en la reducción de la pobreza, entre otros factores” (Caras y Caretas, 1/11/14).

El Partido Colorado, primorosamente desmantelado por Jorge Batlle y Sanguinetti, le dejó la puerta abierta a Pedro Bordaberry, cuyo padre pretendió eliminar los partidos fundacionales ante el estupor de los mismísimos militares que le sacaron tarjeta roja directa. Paradójicamente, Pedro se ufana de ser el principal de un partido político que su padre quiso borrar del mapa. Después de una tormentosa relación con el candidato blanco, extorsión mediante, con amenazas de denuncia judicial, terminaron en un pacto de no agresión.

Actualmente el PC de Don Pepe está en el peor momento de su historia y, de no mediar una profunda renovación directriz, con hombres fieles a los principios del batllismo, el PC va camino a convertirse en una especie en extinción. Su dirigencia no le dejó ni los botones al sagrado sobretodo de Don Pepe.

Los nacionalistas, por su parte, han quedado visiblemente perturbados con los inesperados acontecimientos luctuosos del 26 de octubre y 30 de noviembre. Están desorientados, aturdidos, llevando una pesadilla a cuestas; no entienden qué pasó. No entienden cómo es posible que las encuestas les hayan mentido tan groseramente; cómo es posible que después de más de 70 llamados a sala y a comisiones, la ciudadanía no comprenda lo mal gestionado que está el país…

Cuando este gobierno culmine su mandato, habrán transcurrido 30 años que los blancos no pescan ni una humilde mojarrita.

Todos los fuegos artificiales con Pluna, Asse, Casinos, inseguridad, enseñanza, etc. se fueron por el resumidero. La ciudadanía les dio la espalda y les contestó con un diluvio de votos a favor del Dr. Vázquez, en los lugares más profundos del país y en todos los barrios montevideanos, con la excepción del exclusivo Carrasco sur.

Por lo visto hasta la fecha los blancos van a continuar con su nefasta estrategia, que los llevó a este inconmensurable desastre cívico. No saben cómo enfrentar a la coalición de izquierda, siguen aferrados a figurines atrasados. Pero con clarinadas de optimismo para las próximas elecciones del 2019, Lacalle Pou va por la revancha de Reyes. Lo felicitamos por su coraje

11
feb
15

uruguay elecciones, intendencias y barrios

En mayo, más democracia

Lentamente pero a paso seguro se van acercando las elecciones en los 19 departamentos del país. Es así que los principales dirigentes de los distintos partidos que no lograron ser electos se proyectan como candidatos departamentales. Esto ocurre particularmente en los dos viejos partidos tradicionales, especialmente en el Partido Colorado, que es el gran fracasado de las últimas elecciones nacionales.

En este marco ha surgido el Partido de la Concertación en Montevideo, mediante un parto inducido y con múltiples lastimaduras que no revisten gravedad a pesar de perder dos candidatos de primera línea: el nacionalista Jorge Gandini y el colorado Ney Castillo.

Esta situación que debilita a colorados y blancos puede ser de carácter histórico, porque el bloque conservador integrado por las dirigencias blancas y coloradas confirmaría que la izquierda llegó para quedarse con la intención de hegemonizar el siglo XXI.

Es de esperar, entonces, que los uruguayos tengamos la posibilidad de participar de un gran debate político y no de una comedia.

Importa la discusión programática en cada rincón del país, en la medida que las soluciones nacionales muchas veces pasan por lo departamental. Por eso hay que ir pensando en una regionalización del Estado uruguayo, con la idea de mejorar la gestión y la participación ciudadana.

Pero también importa el debate cultural, para que se expresen las distintas sensibilidades y así construir un pensamiento plural, pero con una columna vertebral fuerte de típico corte progresista, siempre que esté actualizada al siglo XXI.

Si bien los problemas de gestión son importantes, también hay que encarar con seriedad la construcción ideológica, tarea que deberá ser obra común del partido gobernante y de los partidos opositores.

La hora de las urnas será en tres meses, lo suficiente para que cada candidato pueda expresar su pensamiento y exponerlo ante la ciudadanía.

A la vez, la ciudadanía tiene que plantarse como una fuerza propositiva y no solo crítica. Por eso de esta elección el país tiene que salir fortalecido para dialogar con Tabaré Vázquez y su equipo de gobierno nacional.

El esfuerzo será inmenso, pero valdrá la pena en la medida que todo se haga con altura y respeto por el adversario. Tabaré Vázquez ya ha dado señales de ese tipo. Blancos y colorados tienen la palabra y es de esperar que sus intendencias y alcaldías no se transformen en una plataforma de lanzamiento contra Montevideo.

Nota: diario La República / Uruguay

08
feb
15

frente amplio, elecciones departamentales

 

El músculo no duerme ni la ambición descansa

 

escribe: Esteban Valenti / Periodista, escritor, director de UYPRESS y de Bitácora. Uruguay.
El genial y ácido escritor norteamericano a veces, solo a veces se excede, otras dice la verdad y solo la verdad y nada más que la verdad. Para hacer política hay que tener ambición y exponerse a todas sus consecuencias y además hay que tratar de que el músculo nunca duerma y la ilusión no sea sustituida por la cruda ambición.
Ambición, s. Deseo obsesivo de ser calumniado
por los enemigos en vida, y ridiculizado por los
amigos después de la muerte.
(Diccionario del Diablo, Ambrose Bierce)
Pasaron las elecciones, los sustos, las euforias prematuras, las declaraciones de absoluta y total buena voluntad, los proyectos de todo tipo y lentamente estamos volviendo a la realidad. Y esa es una gran lección: la realidad siempre vuelve, es tremendamente volvedora.
Vuelve para los que ganaron, para los que perdieron y para los que se sienten satisfechos en público y amargados en la intimidad. Vuelve para todos.
Vuelve para los que se quedaron con la mayoría parlamentaria y con el gobierno nacional, para los que quedaron en minoría y mirando la fiambrera y los que esperaban ser el fiel de la balanza y se quedaron con un fiel casi inútil y tan lejos de la balanza como siempre, como antes.
Ahora, casi sin tomar envión se vienen las elecciones departamentales y municipales del 10 de mayo, descontemos las fiestas tradicionales, las vacaciones y la Semana de Turismo y estamos a un suspiro. Para algunos las elecciones de mayo son la gran oportunidad de la revancha, la posibilidad de desplegar el músculo y la ambición, para otros la posibilidad de ensayar la gran alianza concertada; para otros se abre la posibilidad- necesidad de confirmar victorias locales y demostrar que tenemos en el plano territorial una imagen y una realidad y sobre todo nuestra capacidad de gobernar localmente.
No es solo una prueba de programas, de  credibilidad política, de que contamos con hombres y mujeres capaces de gobernar las cosas de todos los días, los servicios más exigidos, la relación más directa entre la gente y el Estado. Es una prueba que siempre está pendiente.
En octubre ganamos en 14 departamentos, con blancos y colorados separados y, en noviembre le ganamos a ambos partidos unidos en 11 departamentos. Todo un record. El que crea que eso es una garantía, delira peligrosamente. A esta altura ni siquiera en Montevideo hay garantía de nada. Hay que pelearla contra el centro derecha, separada formalmente, unida por la ambición y las ganas que nos tienen o unida por la Concertación. Nosotros siempre tenemos que pelearla y bien.
Menos mal que aprendimos y que no intentaremos poner de candidatos a ningún electrodoméstico o hacer que ningún nombre caiga envuelto y empaquetado desde la cumbre. Serán los ciudadanos frenteamplistas o progresistas los que elegirán.
Si hay una lección que deberíamos aprender de los comicios nacionales, después de 10 años de gobernar, es que la gente no quiere más de lo mismo, mucho menos a nivel departamental. ¿Qué quiere? Tendremos que profundizar en las respuestas y descartar las locas ambiciones personales e incluso las partidarias. Esto último es mucho más difícil.
A la hora de reclamar y proclamar generosidades y grandezas gratuitas todos estamos prontos, siempre y cuando no afecten nuestras ambiciones. El problema es cuando hay que recurrir a la realidad. Y la realidad en cuanto a cargos y candidaturas nos ha entrado muy adentro, del alma y de nuestra propia identidad.
Por un instante, un segundo imaginemos, que hubiera sucedido hace unas décadas si en la izquierda los apetitos y las ambiciones hubieran sido tan evidentes Otros tiempos, otras prioridades, otros dirigentes.
Ahora volvamos a la realidad, la cruda realidad. Mientras ya ha sido anunciada la integración del próximo Consejo de Ministros, con subsecretarios incluidos y los más altos cargos del Poder Ejecutivo, se viene la revancha. No solo para los blancos, sino en la interna.
¿Recuerdan cuando existía la idea, la lejana idea de que la pluralidad también debía expresarse en las candidaturas del FA? Pues ahora, y hace algún tiempo eso no existe más, ni en broma.
Ahora se pesan las cosas por su valor específico. Después de la Presidencia viene la Intendencia de Montevideo, de Canelones, de Maldonado, de Salto, Paysandú y Colonia estas tres últimas al mismo nivel y luego de todos los departamentos, algunos con valor simbólico, como Cerro
Largo y Artigas. En realidad todo el territorio está en juego, con diferentes tonalidades. Ediles y alcaldes hay en todo el país
El músculo no duerme, en ningún lado y menos descansa la ambición y, la ilusión es perpetua.
¿Hay que resignarse a que la lucha por los cargos sea tan preminente? Hay que tratar de darle otros contenidos y alcances, pero no podemos mentirnos, al menos no tan desembozadamente. Los cargos son parte esencial de esta etapa política. Deberíamos darle contenidos más profundos, un sentido ideológico unitario pero de diversidades que valga la pena.
La Intendencia de Montevideo no debería ser solo ni principalmente una batalla por el poder y los múltiples cargos, o al menos no debería ser el tema casi central. ¿Todos tenemos la misma visión de las tareas y grandes diseños estratégicos de nuestra capital luego de 10 años del Proyecto Nacional y 25 de gobiernos departamentales de izquierda? La derecha va querer reducir todo a un problema de eficacia, de eficiencia, de gestión, como si en el gobierno de la capital no estuvieran en juego aspectos programáticos fundamentales para el Proyecto Nacional, para el rumbo del país.
Hay una ley de física política que casi siempre se cumple: baja la ideología y sube la cotización de los cargos.
Ahora, si nosotros queremos camuflar, reducir, ahumar los problemas concretos de Montevideo, la limpieza, la iluminación, el transporte, el tránsito, los espacios públicos, la burocracia y los impuestos (que tienen directa relación con esos servicios), con un discurso de gran perspectiva histórico-urbanista, estamos en el horno. Y bien merecidas tenemos las llamas.
Si nosotros no demostramos que pondremos en los diferentes cargos a los más capaces y el reparto por partido o por grupo se convierte en el gran botín electoral de mayo, estamos en la parrilla y bien merecidas tenemos las brasas, porque hay sobradas experiencias que demuestran que ese tipo de reparto es un fracaso asegurado y ya demostrado
En 25 años de gobernar Montevideo, 10 años de gobernar Canelones, Maldonado y Rocha, 5 en Artigas y las otras intendencias que ganamos y luego perdimos como Salto, Paysandú, Florida y Treinta y Tres deberían ser una experiencia invalorable. ¿Aprendimos lo suficiente?
No se trata de lecciones o de aprendizajes sobre la gestión, esa es una parte, es sobre todo las relaciones entre una propuesta realmente progresista a nivel departamental y local, sobre el uso de los cargos, sobre la relación entre los proyectos departamentales y el Proyecto Nacional, sobre el relato ideológico, cultural y programático que somos capaces de construir  en cada realidad distinta. Y sobre la calidad de la gestión, que tiene un profundo contenido político.
Ya no abundan las intendencias fundidas (con excepción de Salto) y por lo tanto el efecto Elizalde o Rocha ya no funciona más. Ahora hay que ofrecer cambios de calidad, de mejora concreta y de una visión estratégica en todos lados. El gobierno y el Estado nacional se han encargado de proporcionar recursos a todas las intendencias. Y ese fue un gran aporte a la verdadera descentralización y democratización del funcionamiento institucional en estos 10 años. Un gran cambio positivo.
Como en este país el músculo está bien despierto, sobre todo tratándose de la política y los peligros de la ambición los hemos integrado con dulzura a nuestro proyecto, tenemos por delante una nueva instancia electoral y cinco años llenos de nuevas experiencias y tensiones. Solo una sólida y plural visión ideológica de izquierda nos permitirá navegar por estos mares. Lo hemos hecho con éxito, pero las olas y los vientos cambian en forma constante. Y lo del viento de cola es un cuento, que ya no se lo creen ni los propios autores.

 

06
feb
15

futbol …

Fútbol, medios de comunicación y control social

 

Rebelión
 
El nacimiento del fútbol moderno está estrechamente ligado al surgimiento del estado parlamentario burgués y a los primeros pasos del sistema económico capitalista a finales del siglo XVII y principios del XVIII en Inglaterra. En este sentido, la configuración de las reglas de este deporte y el consenso acerca de su cumplimiento es resultado de la filosofía propia del sistema político entonces creado, en el que diversas agrupaciones políticas competían por el poder parlamentario adscribiéndose a unas reglas concretas bajo la supervisión de un juez. Los artífices de esta transposición de valores fueron los estudiantes de los elitistas ‘public schools’ británicos, que dieron al actual ‘deporte rey’ la forma que hoy tiene al concretar unas reglas comunes para poder competir a nivel nacional entre los equipos ligados a sus centros educativos.

Pero fue a cargo de la clase obrera británica que el fútbol se profesionalizó y extendió, llegando a todas las colonias y puertos con presencia británica en el siglo XIX. Su rápida difusión se debe, entre otras cosas, a la escasez de medios que precisa su dinámica de juego, para la que únicamente se necesita un balón (o algo que pueda pasar por esférico) y unas demarcaciones que hagan las veces de portería.

Una religión mediatizada

Actualmente el fenómeno es generador de potentes comunidades vertebradas por sentimientos identitarios colectivos gestados en torno a los diferentes clubes del mundo, reafirmados en cada partido mediante una serie de actos masivos que bien se podrían clasificar de auténticos rituales sociales. Varios autores han reflexionado acerca de los lugares comunes que comparten el fútbol y los ritos religiosos.

Partiendo de los estudios realizados por Émile Durkheim sobre religiones primitivas a principios del siglo XX, se entiende que la razón de ser de las diferentes religiones, presentes en toda sociedad conocida, es la de justificar la forma social de la que a su vez son resultado. Todo ritual religioso cumple así una función unificadora de la comunidad que lo practica. Estos ritos suelen consistir en actos de comunión conjunta de sus miembros con entidades supraterrenales, que constituyen finalmente una suerte de alabanza y reafirmación de la propia comunidad en sí y de su propia estructura social.

Coincidiendo con las revoluciones liberales, en las que se elimina la gracia de Dios como justificación principal del poder, comenzó en Occidente una progresiva, aunque limitada, pérdida de autoridad política del cristianismo, que ha sido suplida por diferentes formas “laicas” de culto a la sociedad. Una de ellas es el fenómeno social del fútbol.

Durante el ritual futbolístico las hinchadas realizan un acto de comunión cuasi religioso, expresando devoción hacia su club durante la temporada de fútbol ordinaria y a la propia nación cuando juega la selección de sus respectivos países. Tanto en un caso como en el otro, los individuos llevan a cabo una aproximación al ideal colectivo que los une, encomendándose finalmente a la comunidad de la que forman parte.

Varios elementos son compartidos por el ritual religioso y el futbolístico, en los que la comunidad fortalece y reafirma el sentimiento que tiene de sí misma. En todo culto religioso es necesario, en primer lugar, separar los actos sagrados de los profanos configurando un calendario litúrgico diferenciado del día a día de los fieles. Los fines de semana son las fechas elegidas tanto para ir a misa como al estadio generalmente.

En segundo lugar, la ruptura con la vida profana debe extenderse también a su dimensión espacial. Una ceremonia religiosa sólo puede oficiarse en un espacio sacralizado y convenientemente acondicionado para ello. Actualmente, los templos del fútbol emergen solemnes en las ciudades simbolizando la importancia política y económica de éstas, así como la grandeza del club mismo. En ellos, el terreno de juego, al igual que el presbiterio católico, se inviste como espacio sagrado que únicamente puede ser pisado por los oficiantes del ritual, en este caso los jugadores y el árbitro. Este espacio es sometido como tal a determinados cuidados que lo hacen digno de ser escenario de tan importante acto: césped cuidado, limpio y regado en su justa medida.

En tercer lugar, en todo acto religioso tienen lugar una serie de acciones colectivas más o menos repetitivas mediante las que los fieles expresan su devoción a la instancia a la que adoran. Alzar los brazos, agitar las bufandas, levantarse de los asientos o entonar cánticos son expresiones colectivas de veneración hacia el club y que guardan significativos parecidos con los que realizan las y los fieles hacia sus deidades en sus respectivos templos.

Toda comunidad religiosa debe tener una serie de referentes históricos que sirvan de ejemplo a sus integrantes. La leyenda y el mito alrededor de determinados jugadores para un club se asemejan a la tradicional santificación cristiana de personalidades históricas. Los santos constituyen así auténticos ejemplos de actuación y de servicio a la comunidad religiosa, habiendo sido canonizados por la realización de determinados actos o hazañas que contribuyeron a la expansión del cristianismo en el mundo.

En el caso del fútbol, las y los aficionados de los equipos recuerdan a jugadores emblemáticos cuyas hazañas en el terreno de juego fueron claves en la consecución de títulos y glorias que engrandecieron al club. El caso de Diego Armando Maradona es un claro ejemplo del vínculo existente entre idolatría religiosa y deportiva: en torno a él se formó la Iglesia maradoniana en Argentina, un culto de corte paródico pero que guarda sentimientos reales de devoción hacia la figura del futbolista. En Nápoles fue santificado extraoficialmente por los aficionados del club.

Competitividad, consumo y éxito social

Como puede apreciarse, los vínculos existentes entre ritual religioso y ritual deportivo son notorios. Durante la temporada de fútbol se realiza un devoto culto a la competitividad por el éxito profesional (ligado al éxito social) que rige a la sociedad contemporánea, basada en la economía de mercado. Pero, sin duda, en la sociedad actual el fútbol no es el único espacio de congregación colectiva que cumple este tipo de funciones cohesionadoras. La forma de consumir casi cualquier otro tipo de espectáculos, como el cine, la música o la televisión, también se acerca en gran medida al culto religioso. Un ejemplo son las diferentes comunidades de fans (fanatic) que se crean en torno a productos culturales generados por las industrias del espectáculo, cuyos integrantes exhiben símbolos identificativos plasmados en objetos cotidianos de merchandising o realizan auténticas muestras de devoción al acudir a ceremonias colectivas como conciertos, estrenos de películas, o el consumo simultáneo de capítulos de series de televisión.

En cualquiera de estos campos es un lugar común la labor de santificación de las personalidades más relevantes, llevada a cabo por los medios de comunicación de masas. Si bien los antiguos santos solían ser ejemplos de conductas ascéticas, las modernas celebridades son santificadas justo por lo contrario, por ser ejemplos de opulencia y conductas sociales ligadas al consumo, las cuales suponen el combustible de un sistema social basado en la sobreproducción.

En este aspecto, se configuran en torno al fútbol auténticos modelos de hombre para la clase obrera, debido principalmente a que la mayoría de astros futbolistas provienen de los sectores más humildes de la sociedad y han logrado su fama y éxito normalmente por sus propias habilidades en el campo y por su entrega. Es significativo que la industria mediática otorgue una cobertura tan privilegiada al único terreno que ofrece el sistema económico capitalista en el que la clase social no determina el éxito profesional.

Los medios de comunicación de masas llevan a cabo esa labor de glorificación de los campeones, a quienes invisten como auténticos modelos de vida en la sociedad de consumo, así como ejemplos de virilidad, autosuperación y trabajo.

Desde la industria publicitaria a los informativos televisivos, se nos muestran continuamente las hazañas deportivas de estos superhombres sobre el terreno de juego y, cada vez más, se introducen las cámaras en sus vidas cotidianas para mostrar la opulencia en la que viven, las mujeres despampanantes que tienen o el nuevo coche que han adquirido. El espectador medio de clase trabajadora podrá ver así que un igual suyo ha ascendido hasta la cima del éxito social por sus propios medios, quedando él mismo como único responsable de sus circunstancias socioeconómicas.

El mito generado actualmente por periodistas deportivos y empresas publicitarias alrededor del futbolista Cristiano Ronaldo es el mejor ejemplo de esta estrategia mediática. La marca deportiva Nike lleva años explotando su imagen como modelo de masculinidad y profesionalidad. “Mis expectativas son mejores que las tuyas” era el eslogan de la campaña lanzada por la marca en 2009. Una imagen gigante del futbolista celebrando un gol con el torso desnudo aparecía prácticamente en cada parada de metro madrileña, recordando a los millones de trabajadores que usan el transporte público lo lejos que se encuentran del éxito social y profesional. El consumo se convierte así en la única vía posible para emular al superhombre que no han sido capaces de ser.

El césped politizado

Pero éste del que hemos hablado es sólo uno de los aspectos mediante los que el fútbol se convierte en espacio político de disputa por el poder y el control social. Es necesario recordar que el fútbol constituye una alegoría del combate en el que dos comunidades perfectamente identificadas se enfrentan a través del juego, que posibilita que el encuentro se resuelva sin arriesgar la integridad física de los participantes. En su dimensión de fenómeno de masas, este deporte canaliza las pulsiones agresivas de la sociedad mediante el elemento mimético que constituye el juego competitivo sobre el césped, siendo un espacio idóneo para volcar tanto pretensiones de empoderamiento como reafirmaciones de la autoridad establecida.

El fascista Benito Mussolini fue de los primeros líderes políticos en ver en el fútbol una importante herramienta propagandística. Dedicó grandes esfuerzos a construir estadios monumentales y a organizar grandes competiciones deportivas en aras de demostrar el poderío de la nueva Italia.

En la actualidad, esta estrategia es una pauta básica de la política global, regida por similares pretensiones imperialistas. Sólo hay que atender a la forma en la que los Estados-nación vuelcan sobre el césped su orgullo patrio, o la forma en la que compiten previamente por ser la sede de los mundiales, mostrando su nivel de organización y su potencial de desarrollo a la inversión extranjera. Se producen violentas expulsiones de personas pobres del centro de las ciudades, o inversiones millonarias de capital público en la construcción de infraestructuras que darán pingües beneficios a las élites económicas locales y extranjeras.

En estos campeonatos, el fútbol funciona como elemento cohesionador. En el caso español, tras el resultado del mundial de Sudáfrica de 2010 no tardaron en escucharse en los medios de comunicación de masas alegorías acerca del gran poder que podría tener una España unida en el terreno de la política global, siendo esta unión requisito indispensable para salir cuanto antes de la crisis económica. El complejo de imperio perdido que vertebra el nacionalismo español se volcó a través de los medios en el triunfo de la selección, reforzando el sentimiento de identidad nacional y contrarrestando a su vez el clima sociopolítico. Contrasta la saturación informativa del Mundial de 2010 con el relativo silencio mediático tras quedar eliminada la selección española en 2014 en Brasil.

Mediante la parafernalia mediática creada alrededor de los triunfos de la selección nacional, se genera en la clase obrera una suerte de ilusión colectiva de participación en su Estadonación, a modo de sucedáneo. En cada cadena de televisión se crean tertulias deportivas y programas de “personas expertas” que engrandecen a los héroes del país, dando forma a un espíritu nacional que integra a trabajadores, patrones, e instituciones políticas. Gracias a la facilidad que ofrece a la hora de generar identidades colectivas, el fútbol supone un atractivo de masas sin igual que reproduce las estructuras de poder social y las diferentes tensiones inherentes a ellas.

Fútbol y género

El fútbol comprende uno de los grandes bastiones intocables de la dominación masculina en su dimensión más tradicional. Las glorias futbolísticas son sistemáticamente negadas a las mujeres a pesar de que cada vez éstas tengan mayor presencia en los estadios. Ellas son minoría, como los homosexuales, condenados al más completo silenciamiento. La asociación ente virilidad y competición de contacto físico, que supone la columna vertebral del culto futbolístico, es resultado lógico del contexto filosófico- moral burgués en el que este deporte se gestó.

Como en cualquier otro deporte, se lleva a cabo una discriminación de la mujer a practicarlo junto a los hombres, aludiendo a razones de corte biologicista. Sin entrar en una discusión de este tipo, simplemente es necesario señalar que el fútbol es un deporte en el que las capacidades físicas son relativamente compensables mediante las capacidades técnicas, la inteligencia del jugador o jugadora y la estrategia y cohesión del equipo. De no ser así hubiese sido impensable, por ejemplo, que un equipo como la selección española, integrado en su mayoría por jugadores bajitos y relativamente delgados, se alzase con el título mundial en 2010, habiendo selecciones compitiendo como la camerunesa o la marfileña que no llegaron siquiera a la segunda fase del torneo.

De nuevo los argumentos de corte evolucionista se hacen primar respecto a la teoría social a la hora de explicar por qué las mujeres juegan peor al fútbol que los hombres y no son dignas de competir junto a ellos. Sin duda, pensar en el hecho de que las mujeres partan desde su nacimiento de una posición claramente desventajosa para practicar este deporte (y prácticamente cualquier otro) respecto a los hombres debido al rígido constructo social que suponen los roles de género en los que se socializan, es más absurdo que pensar que la mujer juega peor al fútbol porque la madre naturaleza (paradójicamente) así lo ha querido.

Por otro lado, el culto al ideal masculino que rige el espectáculo futbolístico conlleva una suerte de prohibición tácita de su práctica a aquellos individuos cuya identidad sexual sea percibida como una amenaza a los pilares de la masculinidad tradicional que se venera en este deporte. No es casualidad que sólo existan en la actualidad dos jugadores profesionales en activo declarados homosexuales, el sueco Anton Hysén y el estadounidense Robbie Rogers, ambos jugando actualmente en EEUU. Los casos más conocidos se hicieron públicos tras su retiro, evidenciando la incompatibilidad de su identidad sexual con su carrera.

Así, entendiendo cada encuentro futbolístico profesional como una ceremonia cuasi religiosa en la que la sociedad realiza un rutinario culto a los valores de competitividad y de masculinidad que rigen el sistema sociopolítico dominante, se entiende la dificultad que entraña para un futbolista homosexual erigirse como elemento disonante en un entorno tan mediatizado, en el que será sometido a un inevitable juicio de masas. Aún así, poco a poco se va abriendo la brecha en la FIFA gracias al coraje de los propios jugadores, que, en silencio, luchan por su libertad sexual propiciando el desarrollo de más iniciativas que favorezcan la normalización de la homosexualidad en el deporte. No obstante, éste es solo el principio de un arduo camino que conlleva el necesario replanteamiento de los pilares culturales en los que se asienta este fenómeno de masas.

05
feb
15

frente amplio … 44 años !!

Los 44 años del Frente

 

 

Hoy jueves 5 se cumplen 44 años del nacimiento del Frente Amplio (FA), que “se gestó -como dice su declaración constitutiva- en la lucha del pueblo contra la filosofía fascistizante de la fuerza (en referencia al autoritarismo oligárquico del presidente colorado Jorge Pacheco Areco).

 
 
Y esa unión, por su esencia y por su origen, por tener al pueblo como protagonista ha permitido agrupar fraternalmente a colorados y blancos, a demócratas cristianos y marxistas, a hombres y mujeres de ideologías, concepciones religiosas y filosofías diferentes; a trabajadores, estudiantes, docentes, sacerdotes y pastores, pequeños y medianos productores, industriales y comerciantes; civiles y militares; intelectuales y artistas; en una palabra, a todos los representantes de trabajo y de la cultura, a los legítimos voceros de la entraña misma de la nacionalidad”.

Aquel FA en su propuesta de cambio quería que el país regresara a una convivencia democrática plena (conculcada desde 1968, con la implantación de las Medidas Prontas de Seguridad), y avanzar en la remoción de los obstáculos estructurales, tanto económicos como sociales que lo habían conducido a la violencia política, al subdesarrollo y a la dependencia. Quería terminar con aquel sistema de dominación oligárquico-imperialista. Su prédica, no fue inicialmente comprendida por todos los explotados.

En su primera comparecencia electoral (28/11/1971), el FA conquistó 304.275 votos, que se concentraban principalmente en Montevideo (212.406), Canelones (19.262), Colonia (8.457), Paysandú (7.464), Salto (6.635), para citar los departamentos en los que se posicionó más favorablemente. Esta realidad le permitió a la nueva fuerza política la elección de cinco senadores y de dieciocho diputados y estar presente en las distintas Juntas Departamentales de los diecinueve departamentos. Eran los inicios.

Dos días después de la elección, Líber Seregni anunció la realización del primer Congreso de Comités de Base, para organizar la acción futura. “A no dudarlo -dijo al final de su mensaje- somos una revolución en marcha. Y ninguna revolución se hace en ocho meses; es tarea de toda una vida. El futuro es nuestro. Venceremos!”.




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