Archivo para 12/04/19

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Los Charrúas

La negación de los charrúas y el genocidio del colorado Fructuoso Rivera

escribe: Gerardo Gadea

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Desde hace un buen tiempo viene desarrollándose en nuestro país una negación de la influencia de los charrúas en Uruguay, su aporte y su parentesco con la sociedad uruguaya. El ataque y la negación provienen de los sectores conservadores, normalmente expresados en algunos diarios capitalinos en cada fecha 11 de abril en sus editoriales o en sus columnas de opinión. Curiosamente, en lugar de recordar el trágico hecho se dedica a minimizar o justificar el genocidio de la batalla de Salsipuedes y la influencia de nuestros naturales, en especial de los charrúas.

Salsipuedes ha estado escondida de nuestra memoria colectiva durante años de la historia oficial. No queremos abundar sino tan solo recordar muy brevemente hechos que todo el mundo conoce de manera irrefutable y con pruebas contundentes de lo que pasó ese 11 de abril de 1831 y los días posteriores.

Ya nadie puede negar que el Gral. Fructuoso Rivera planificó con mucha antelación y cuidadosamente el exterminio de la raza charrúa. Tampoco se puede negar que los charrúas fueron engañados en su buena fe -por alguien como Rivera en quien confiaban y que habían luchado con él- y que los rodearon en una emboscada a orillas del arroyo Salsipuedes.

Nadie puede dudar que los que escaparon fueron perseguidos por Bernabé Rivera -sobrino de Fructuoso- y aniquilados. Tampoco se puede negar que fueron prisioneros y esclavizados los que quedaron vivos, y que cuatro de ellos fueron vendidos como animales en una jaula a Francia donde murieron penosamente; solo uno pudo escapar.

Lo único que podemos discutir a esta altura son las valoraciones de esos hechos. Pero los hechos son irrefutables, allí están y habrá quienes como el expresidente y actual precandidato del Partido Colorado Julio María Sanguinetti lo justifican, y habrá una gran mayoría de historiadores -sobre todo los más jóvenes- que lo condenan de la forma más enérgica. Y habremos otros -simples ciudadanos inquietos por las cuestiones del país- que nos horrorizamos y optamos por seguir escarbando hasta el hueso para que salga a la luz una verdad tan incómoda.

Una manera efectiva de justificar esos hechos atroces es minimizar la cultura indígena autóctona y decir el “ellos contra nosotros”, que nos resulta tan familiar en estos tiempos.

Molesta la palabra “garra charrúa”, incomoda que en el mundo se nos conozca tanto como “charrúas” o como “orientales”, avergüenza identificarse con “salvajes” y gente que fue ultimada de forma sangrienta y sin piedad. Es la representación cultural de la misma aristocracia que ayer alentó y festejó el exterminio de los charrúas y que hoy continúa con una campaña de desprestigio y olvido.

Es muy probable que como ha estudiado el profesor de Antropología Renzo Pi Hugarte, los guaraníes, los chanás, los minuanes hayan tenido mayor presencia e incidencia que los charrúas a nivel nacional. Pero ellos son parte de nosotros por otras cosas.

Los charrúas son el símbolo de la rebeldía oriental. Su rebeldía más autóctona, más genuina, más pura y salvaje. Es la rebeldía que un día nos hizo tomar conciencia que éramos una nación y que esta tierra era nuestra. Lamentablemente fue criolla y doctoral, no hubo espacio ni lugar para los verdaderos dueños de estas extensiones, en nombre de la civilización y el cristianismo.

Los charrúas simbolizan el no rendirse jamás. Mientras la gran mayoría de las tribus fueron dominadas y apaciguadas por la urbe civilizadora, estos bravos indios nunca aceptaron la dominación y la humillación de una cultura que les era impuesta. Nos genera admiración.

Los charrúas -mal que les pese a muchos- fueron parte de la gesta de la independencia oriental. Lugartenientes de Artigas, pelearon junto a Rivera en sus principales batallas (luego los traicionó), participaron del Éxodo Oriental y como buenas almas siguieron a Artigas hasta el final, a diferencia de la gran mayoría que fueron abandonándolo paulatinamente hasta su exilio en 1820.

Los charrúas simbolizan el recuerdo de la barbarie. Aquellos que se horrorizan por las matanzas indiscriminadas del Estado islámico justifican la masacre de Salsipuedes -que como dicen algunos editoriales- “eran los códigos de la época”. Es posible que los códigos de los yihadistas estén aún en la etapa medieval y sus crímenes y sus acciones no disten demasiado de los realizados en aquellos tiempos hace apenas 188 años.

Los charrúas ponen pies de barros a ciertos héroes nacionales. La figura de Rivera queda muy manchada y puesta a reconsideración de la historia luego del conocimiento más certero de estos hechos. Como dijera el cacique Vaimaca Perú en el medio de la matanza “Mira Don Frutos (así le decían a Rivera) matando a los hermanos”. A pesar de lo que diga Sanguinetti, a pesar de las justificaciones históricas de Marta Canesa, la historia nacional oficial deberá revisar el papel de héroe nacional Gral. Fructuoso Rivera -al que sería miope negarle méritos- pero que estos deben estar en su justo lugar. Duele, pero es una revisión que los uruguayos nos debemos de una buena vez y de forma definitiva.

Los charrúas son parte de nuestra vergüenza nacional, de nuestra mea culpa. Una especie de compasión colectiva que hace que nos sintamos identificados. Reivindicar a los charrúas es para un uruguayo un acto de misericordia y de reconocimiento de un pasado del que no nos sentimos orgullosos. Rescatar lo que queda de sus descendientes y lo que ha perdurado de su cultura es un imperativo ético que debemos incorporar a nuestra cultura nacional.

Los conservadores no lo entienden. No lo entendieron antes, no lo entienden ahora, ni les conviene entenderlo. Habrá que hacérselos entender.

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Ecuador …

EL GRAN TRAIDOR del PUEBLO ECUATORIANO …




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