Archivo para 28/11/18

28
Nov
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luisa cuesta

LUISA CUESTA, la gran madre …

escribe: Leandro Grille / revista Caras y Caretas

Luisa Cuesta murió sin haber encontrado a su hijo Nebio Melo, joven militante uruguayo desaparecido en Argentina. A Nebio lo secuestraron en el bar de la estación Belgrano C junto a otro compañero del PCR, Winston Mazzuchi, el 8 de febrero de 1976. Cuando desapareció tenía 32 años y una hija pequeña llamada Soledad. Su madre, Luisa, viajó a Buenos Aires algunos días después, cuando su nuera le mintió que Nebio estaba enfermo. Nebio no lo estaba; había sido chupado por una patota de la Federal, pero eso era algo que no se le podía contar a una madre por teléfono. En Argentina gobernaba Isabelita y todavía faltaban un mes y dos semanas para que el 24 de marzo de 1976 el golpe de Estado depusiera a la viuda de Perón e instalara la junta militar encabezada por Jorge Rafael Videla, Eduardo Massera y Ramón Agosti.

Desde esa fecha, hace 42 años, Luisa Cuesta buscó a su hijo. Poco tiempo después, en 1981,  su hermano, el dirigente sindical Gerardo Cuesta, que era preso político, murió a causa de la tortura en el Hospital Militar. Ese segundo golpe lo recibió estando en el exilio en Holanda, junto a su nieta y su nuera. Como un sadismo del destino, Luisa debió soportar la desaparición de un hijo y el asesinato de un hermano, ocurridos en dos países gobernados por un despotismo de la misma calaña, coordinados por un plan regional orquestado y definido por Estados Unidos, al servicio del poder económico, y ejecutado por las fuerzas armadas y las fuerzas de seguridad de los dos Estados.

En 1985, Luisa retornó del exilio definitivamente y llevó adelante una lucha inquebrantable por la verdad y la justicia. Cuando volvió ya era una mujer mayor de 65 años, pero con la energía que sólo puede exponer una persona con una causa cuya dimensión es hasta en cierta forma inimaginable, por lo menos para todos los que no hemos tenido que atravesar la calamidad de que un hijo simplemente se esfume por obra de una turba maligna que lo secuestra, lo desaparece en vida, lo asesina y esconde sus restos para que nunca más nadie pueda encontrarlo.

Durante más de 30 años, Luisa estuvo en la primera fila buscando a Nebio. Buscando a Nebio y buscando a todos los compañeros y compañeras desaparecidas, reclamando al Estado el compromiso de la búsqueda, el esclarecimiento de las circunstancias de la desaparición y muerte de las víctimas y poniendo una muralla contra el avance del olvido, hasta convertir la lucha por la verdad en un asunto de carácter nacional, noble, movilizado, inconmovible y transversal a las generaciones.

Luisa Cuesta se transformó en un símbolo como Tota Quinteros, Luz Ibarburu o María Esther Gatti. No sólo un símbolo de lucha, sino también un emblema de un lazo constitutivo de la especie humana, que es el amor y la lealtad de las madres con sus hijas e hijos. Las dictaduras que arrasaron América del Sur nunca contaron con el carácter indeclinable, innegociable e incoercible de esa fuerza primordial y antigua que no se extingue con el tiempo ni se amilana ante nada ni ante nadie, que conmueve y conmoverá siempre todo lo sensible que existe dentro de la intimidad de la gente que tiene corazón y sangre y un mínimo de vergüenza y de decencia.

Ha muerto Luisa y nos embarga a todos la doble tristeza por la pérdida de una persona maravillosa y por la pérdida de alguien que hizo todo lo humanamente posible para encontrar a un hijo que le arrebataron los esbirros del odio, y así y todo nunca pudo encontrarlo. En el camino, en la permanente frustración de la búsqueda, fue dejando una enseñanza majestuosa a la sociedad uruguaya, una lección de dignidad humana, de gallardía, de entereza, que nos recorre e interpela a todos. Sobre lo que hemos hecho, sobre lo que no hemos hecho para que se sepa dónde están y qué les ocurrió a los desaparecidos, para que nunca más alguien sufra semejante afrenta.

Hasta siempre Luisa. Madre y luchadora, que apenas contaste con el consuelo de saber que Nebio cayó luchando por ideas en las que creía, para que un día alumbrara una sociedad nueva, más justa, más hermosa, más pareja para todos y todas. Esas, sus ideas, más que la carne, eran las verdaderas perseguidas, las que querían eliminar y desaparecer de la faz de la tierra. Esa prédica de justicia e igualdad era el objetivo a aniquilar cuando se llevaron a Nebio y a Mazzuchi de ese bar en Belgrano porque eran militantes y pensadores que escribían periódicos clandestinos para mantener viva una organización revolucionaria. Y esas ideas no pudieron acallarlas ni secuestrando a Nebio, ni  asesinándolo ni desapareciéndolo porque las bestias no sabían que las ideas no se matan. Pero no se matan: viven en el aire, en el corazón de los sobrevivientes, en el compromiso inexpugnable de una madre, de un compañero, de un hijo que crece, de un montón de pueblo que las hace suyas y las riega como una plantita que crece y crece en los rincones más inesperados, como una rebeldía de vida por donde fluye savia, mezcla de la sangre y de los sueños de los caídos.

28
Nov
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blancos corruptos …

CONOCÉS A LOS BLANCOS CORRUPTOS ? …

escribe: Enrique Ortega Salinas / Caras y Caretas

 

“Cuando un obrero y un burgués votan por el mismo partido, uno de los dos se equivoca… y no es el burgués”. Mafalda
Claro que los conoces, a menos que seas muy joven; pero puede que tu memoria sea frágil y requiera un recordatorio. De todas maneras, no sólo está el pasado, sino el presente, alertando a gritos sobre lo que pasaría en Uruguay si los blancos ganan las elecciones en segunda vuelta.
Ellos son los que critican que el presupuesto del Antel Arena se haya calculado inicialmente en 40 millones de dólares y terminara costando 82 millones; pero dejan de lado que la Torre de Antel (proyecto ejecutado bajo el gobierno de su principal socio político) se planificó a un costo de 90 millones de dólares y terminó costando 190 millones.
Ellos son los que tiran piedras mientras el gobierno del Frente Amplio construye escuelas, carreteras y hospitales. Ellos son los que critican los cargos de confianza pese a que la mayoría de los cargos de confianza los tienen las intendencias blancas.

Ellos son los que tienen como precandidata presidencial a una mujer asociada con estafadores espirituales que lavan el cerebro a los incautos para esquilmarlos y, de paso, pedirles el voto. Esa asociación llevó a la senadora Verónica Alonso a tener un problema judicial con una imprenta, porque al parecer a estos bandidos les gusta cobrar el diezmo, pero detestan pagar sus deudas, y el dueño de la empresa gráfica no aceptó que le pagaran con oraciones.
Esta misma senadora fue la que dijo recientemente que su partido “no aceptará ni un solo palo podrido” en caso de llegar al gobierno. Sin embargo, tienen varios palos podridos en sus filas y no hacen nada al respecto. Un caso es el del intendente de Artigas, Pablo Caram, que ha colocado a siete familiares en la intendencia. Concretamente, Karolina Gómez (que es su pareja) fue designada por Caram como directora de Cultura; Valentina Dos Santos Caram es la directora general y a la vez su sobrina, mientras que Omar Bicera (pareja de Valentina) es el encargado de Proyectos de la intendencia. Luego vienen los primos del intendente (Manuel Caram, asesor de Desarrollo, y Rodolfo Caram, director de Desarrollo Productivo) y los primos del cuñado (Gustavo Dos Santos, director de Desarrollo, y Augusto Rodríguez, secretario general). No sé si Artigas se desarrollará con tales jerarcas; pero es indudable que la familia Caram está progresando a pasos agigantados.
Lo mismo pasaba en Lavalleja con la intendenta Adriana Peña, que había designado a su hermano, Néstor Gerardo Peña, como director de Comunicaciones, el cual tuvo que renunciar tras un informe negativo de la Jutep. En este caso (nobleza obliga) cabe destacar la digna actitud del renunciante; pero no fue el caso del director de Obras, Gastón Elola, pareja de la intendenta, a quien Adriana le aumentó el sueldo en un modesto 107%, medida que provocó un escándalo y el rechazo de la Junta Departamental, que impidió su concreción.

Se le olvidaron a Verónica varios palos podridos más, como el caso del diputado blanco Sebastián Andújar, que tuvo que pedir perdón tras ser denunciado por falsificar firmas de sus compañeros de partido y librar cheques sin fondo, o el caso de defraudación fiscal de Rodrigo Blas, en Maldonado. El primero fue expulsado del sector de Lacalle Pou, pero lo aceptaron nuevamente antes que el gallo cantara tres veces. Olvidó también el repudiable caso del exintendente blanco de Paysandú Bertil Bentos, procesado por prostituir y drogar a menores. Olvidó también el caso del intendente blanco de Soriano, Agustín Bascou, que hacía que la comuna comprara combustible en sus propias estaciones de servicio.
Los blancos manejan las intendencias como si fueran feudos y así manejaron al país cuando fueron gobierno. No olvidemos cuando arreglaron las leyes forestales para beneficiar a los campos de los Lacalle, los Pou y los Heber, ni el escándalo del Banco Pan de Azúcar ni los sobreprecios y “comisiones” en el negociado con Focoex.
Ellos son los que te pedían militar y “hacerte ver” en sus clubes políticos si querías acceder a una jubilación o conseguir un empleo en la administración pública. Fue el Frente Amplio el que luchó (¡y cómo!) para que esa práctica terminara y los ingresos se dieran por concurso. Fue el Frente Amplio el que luchó y lucha contra el “tarjetazo”.

Ellos fueron los redactores de la ley que garantizó la impunidad de los que violaron, torturaron, asesinaron y secuestraron niños durante la dictadura. Por eso, no es de extrañar el éxtasis y euforia que manifestaron ante el triunfo de Bolsonaro en Brasil, quien, cuando participó en el golpe parlamentario contra Dilma, dedicó su voto al militar que la torturó. Lo que sí llama la atención es que el diputado nacionalista Gustavo Penadés celebrara el triunfo de un homofóbico confeso como Bolsonaro y Verónica Alonso explotara también de alegría, pese a que el brasileño considera a las mujeres una especie inferior, “aunque hay algunas que son muy capaces”.
Como diría Condorito: ¡Exijo una explicación!
Odian a los sindicalistas, ya que gracias a ellos se establecieron en Uruguay derechos laborales básicos como licencia vacacional, licencia por maternidad, asistencia médica, etcétera.
Se oponen a que los uruguayos que están en el extranjero voten porque temen que voten a la izquierda.
Son los que hablan de Venezuela todos los días pero nada dicen de la violación a los derechos humanos e hipercorrupción reinantes en Paraguay, Perú, Argentina o México.

Lacalle Pou se manifestó en contra de dejar de explotar a trabajadores rurales. Los blancos jamás hicieron ni un amague para terminar con la explotación de las empleadas domésticas. Los frenteamplistas, en cambio, lograron que desde 2008 hasta ahora el salario real de las mismas se incrementara 130% y que la formalización del sector ante el Banco de Previsión Social pasara de 30.000 a 75.000 registros en 15 años. Esto tiene furiosos a los que acostumbraban pagar tres monedas a doña María y se sentían muy cristianos por dejarle llevar algo de comida sobrante o alguna camisa vieja para su casa.
Lacalle Pou señaló que “la reforma laboral de Brasil es innovadora”, refiriéndose con admiración a las medidas de Temer que implican eliminación de los beneficios por embarazo, quitas a los aguinaldos, a las vacaciones, al pago de horas extras y a las indemnizaciones por despido.
Ellos son los que tuvieron un candidato que durante la campaña electoral dijo: “Una sociedad que se precie de civilizada no puede tener mal pagados a maestros y policías”. Pues bien, pregunta a cualquier maestro o policía si ese candidato, Luis Alberto Lacalle, les mejoró su situación salarial como presidente. De paso, pregunta cómo han evolucionado desde que el Frente Amplio es gobierno. El mismo candidato me prometió personalmente en una entrevista, y sin que se lo preguntara, que solucionaría la situación de las radios del interior, alegando que estaban bastante desprotegidas por el Estado. Tampoco hizo nada por ellas tras colocarse la banda presidencial.
Ellos son los que critican que el Estado ayude a las personas necesitadas y consideran atorrantes a todas; pero reclaman devolución de impuestos, exoneraciones y privilegios de todo tipo para los empresarios.
Mientras que el Frente Amplio ayuda a las madres a salir adelante, los blancos dicen que se embarazan por gusto, para acceder a los beneficios.
Ellos jamás hicieron nada contra las tabacaleras que llegaron al país para hacer dinero a costa de envenenarnos con publicidad engañosa. Fue Tabaré quien lideró esa lucha dentro y fuera del país y le puso un freno a una multinacional de la muerte, a la vez que disminuyeron significativamente los infartos de miocardio en paralelo con el consumo de tabaco.

Ellos son los que hacían que sus directores en empresas públicas robaran dinero al Estado para incrementar las arcas del Partido Nacional, tal como lo confesó el exdirector del BROU Pablo García Pintos. Cuando una periodista le pidió explicaciones al expresidente blanco, visiblemente molesto respondió que estaba retirado de la política; sin embargo, sigue escribiendo y opinando en las páginas de El País, el diario de la dictadura y órgano de prensa de la oligarquía uruguaya.
Ellos son los que te pintan la actualidad como si estuviéramos en un infierno y en crisis económica, pero quedan mudos cuando el Banco Mundial (que pocas ganas tiene de hablar bien de un gobierno que no sea de derecha) anuncia que de acuerdo a un estudio efectuado en 141 países, Uruguay es el que tiene el ingreso per cápita más alto de América Latina y el Caribe. Por su parte, el BID felicitó a Uruguay por traducir el gasto público en bienestar social.

Dignidad arriba, regocijo abajo
Tuvo que llegar el Frente Amplio al gobierno para frenar el despilfarro rosado de los dineros públicos. Ahora, cada uno de los organismos estatales debe plantear a Presidencia de la República el plan de viajes de todo el año y es el propio presidente quien lo revisa y autoriza. Cuando Danilo Astori presidió el Senado, por ser vicepresidente de la República, redujo los gastos en viajes de cuatro millones de dólares a un millón.
Cuando Tabaré finalizó su labor como intendente de Montevideo, renunció al subsidio que le correspondía. No es que esté mal cobrarlo, ya que es un derecho previsto por ley; pero él siempre se opuso al pago de subsidios a los funcionarios públicos cuando finalizan la labor para la que fueron designados y su rechazo a esta especie de seguro de paro privilegiado fue coherente con su prédica.
De los viáticos percibidos, como intendente y como presidente, siempre devolvió todo lo que no utilizó. No sólo eso: tras su viaje a México el 12 de noviembre de 2017 (donde gastó 3.006 dólares en cinco días) y a Brasil el 20 de diciembre (donde gastó 392 dólares en un día) no rindió gastos y devolvió 100% del dinero.
En cuanto a José Mujica, en cinco años de mandato donó 550.000 dólares. Un presidente cobra un promedio de 12.000 dólares mensuales, o sea, 720.000 dólares en cinco años.

¿Podemos decir lo mismo de los expresidentes Sanguinetti, Lacalle y Batlle?
Una clara contrapartida a estas actitudes de desprendimiento la dieron el senador blanco Álvaro Delgado y los (también blancos) intendentes Pablo Caram, de Artigas, Enrique Antía, de Maldonado, y Fernando Echeverría, de Flores, los cuales se beneficiaron irregularmente durante años con la explotación de tierras del Instituto Nacional de Colonización.
Por esto y mucho más es imperioso salir a defender con uñas y dientes lo que tenemos, no dejando pasar ni una sola mentira, ni una sola calumnia, ni una sola canallada.
No lloremos mañana lo que no supimos defender hoy.




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