Archivo para 25/11/17

25
Nov
17

posdemocracia

La posdemocracia

 

escribe: Nicolás Ariel Herrera

 

Pensar que el régimen que se impuso sobre el nazifascismo hace setenta y dos años y que emergió como el único dominante en el mundo luego de la caída de la Unión Soviética, haya llegado a su fase final, es trágico. También es cierto que, así en el primer mundo como en América Latina, el ciudadano se muestra hostil a sus gobernantes y a cualquier forma de autoridad institucionalizada, así sea la maestra, el médico, el sacerdote o la policía. El hombre común de nuestro tiempo es negativo, reactivo. Rechaza involucrarse en partidos e ideologías.

Destrata y desconoce a sus representantes, legisladores o presidentes, y se muestra reacio a concurrir a la votación, o prefiere cambiar de partido, votar a desconocidos, mejor si son ajenos a la política. A la gente le molesta el sueldo de los legisladores y se escandaliza por sus gastos o sus viajes al exterior, se siente expoliado por el estado y piensa que las empresas estatales son escandalosamente deficitarias y permanentes fuentes de corrupción y negocios turbios. En el primer mundo se habla de la “posdemocracia” y se piensa que ese alejamiento del ciudadano, su individualismo y su creciente desinterés y egoísmo por los asuntos de la sociedad, constituyen pasos irreversibles hacia una paulatina “desdemocratización”.

Se entiende que el ciudadano ya no confía en sus representantes y no delega su soberanía, sino que exige que la autoridad se gane el derecho a gobernar todos los días. No quiere compromisos pero se reserva el derecho a juzgar y criticar. Para unos, son individualistas que no tienen interés alguno en los asuntos públicos. Para otros, ellos siguen de lejos la política y prestan atención cuando el asunto les afecta. Entonces, ejercen su derecho al veto.

En estos pueblos surlatinos, sometidos al reiterado castigo de dictaduras sanguinarias y rapaces, el ciudadano se sintió engañado, incluso “estafado”, por la promesa de que la democracia traería consigo un amanecer de progreso e igualdad de oportunidades. La realidad fue muy distinta a sus ingenuas ilusiones. Los pueblos vivieron luego las desastrosas consecuencias sociales de las políticas neoliberales de los años noventa, con sus hiperinflaciones, la venta de empresas públicas y la terrible explosión económica y social de los años 2001-2002.

No era eso lo que querían.

Pero el enquistamiento en la sociedad de conductas, actitudes y modelos totalitarios heredados de las dictaduras, cuyas raíces se nutrieron y crecieron entre la misma gente que las invocó, sobrevivió.

Al momento de celebrar 30 años de democracia, los medios universitarios argentinos convocaron a sus mejores académicos y publicistas de jerarquía, titulados en ciencias sociales, quienes asumieron el desafío de interpretar ese descontento que desnuda el “malestar” de los ciudadanos con la democracia. Isidoro Cheresky, Osvaldo Iazzeta, Lucas Martín, Francisco Naishat y Hugo Quiroga, en “Pensar la Democracia Hoy” (Biblos, 2014) recogieron los sobresaltos de la sociedad argentina a la salida de la dictadura (1983) y ante las ruinas de la década menemista.

Dicen en su Presentación:

“Desde hace un tiempo se registra un malestar ante la democracia que se deja ver en la opinión, el abstencionismo, el veto ciudadano, el estallido y otras formas más o menos activas de la expresión de la desconfianza y del rechazo ciudadanos”.

Refiriendo a las esperanzas en la democracia dicen que “las promesas que se ponían a la cuenta de este régimen no sólo no se cumplieron sino que parecieron haber sido traicionadas, en primer lugar por la constatación del aumento de la desigualdad social, pero también por otros motivos que se repiten en diversas latitudes: el recrudecimiento de distintas formas de violencia, el patrimonialismo y las mafias enquistadas en el poder, la petrificación de élites poderosas, la degradación de las condiciones de vida (ambientales, urbanas, etc.) entre otros”. Advierten “Una nueva polarización que (en Argentina) ha llevado a incorporar en el lenguaje cotidiano el término de “crispación” y el de “grieta”…y… “ha repuesto en la escena pública la frontera política dictadura-democracia”.

Contracara de esa conflictividad, “la también señalada deriva hacia la impolítica, la pospolítica o la posdemocracia, es decir diversas denominaciones de la retracción de una ciudadanía hacia formas de acción extrañas a lo común y compartido, a la política, y que pueden dar lugar a las tutelas políticas. Como sea que fuere, tanto las minorías intensas reunidas en torno del rechazo o del veto, como las minorías intensas en torno a una identidad política, o un líder, descansan sobre una sociedad voluble y plural, y sobre una legitimidad en discusión permanente”.

¿Hay algo después de la democracia? ¿Serán regímenes tutelados por un “gran hermano”? ¿Surgirán (se permitirán) las expresiones de los oprimidos?

El mundo ha cambiado y, con otros actores, la democracia ha mutado.

25
Nov
17

pepe Mujica …

Pepe: una semblanza desde la Política del Espíritu

escribe: Gustavo Vidart

-Profesor, le pido permiso para retirarme.

-¿Cómo, muchacho? La clase no ha terminado todavía. Vd. se queda allí sentado hasta el final

– Perdone profesor, igualmente voy a salir

– Se siente mal? Está enfermo?

– No profesor. Debo ir a vender las flores. Si no lo hago ni mi madre ni mi hermana comen.

Este diálogo quedó como incrustado en la memoria de Renzo Pi, compañero de clase de José Mujica. De continuo lo recordaba. En nuestras conversaciones sobre aquel episodio juvenil de quien era un común amigo, comprendíamos que tal prisa, tal necesidad, tal reclamo de un florista veinteañero, resumía una vida de trabajo rural, allá en la chacra del Cerro. Y, saltando sobre lo anecdótico, resaltaba el sentido de responsabilidad de quien con su denodado trabajo en el invernáculo y fuera de él sostenía a su familia.

Pero a José, al Pepe, le gustaba saber, estudiar, sentir el pulso de la naturaleza, asomarse a las realidades del trabajo, entender el ser y el querer de sus semejantes, hombres como él, y como él fugaces y falibles caminantes. Unos por la vereda donde resplandece el sol de lo generoso y lo posible, otros por donde reina la sombra del mal y la ignorancia.

Decía Spinoza, y yo siempre lo repito, que nuestra conducta ante los pensamientos y acciones humanas debe ser la siguiente : “no alabar ni censurar de antemano, sino tratar de entender”. Y eso es lo que requiere la vida de este ciudadano aplaudido y discutido, que para parte de sus compatriotas , los de la cultura de la corbata, es un personaje que se hace acreedor del desprecio o la ridiculización que merecen los protagonistas de la cultura de la alpargata.

Por su parte, quienes lo exaltan como ser ejemplar, pleno de chocarrera y por momentos empinada sabiduría, cercano a la gente de a pie a quien comprende y encarna, lo trepan al monumento de los ídolos. Eso sucede tanto en la casa uruguaya como en gran parte del planeta, donde multitudes exaltan su inteligencia sensata, sus salidas de inesperada agudeza, sus pausas cavilosas cuando rumia pensamientos y su autenticidad en cuanto hijo del pueblo. Los llamadores comerciales al consumo conspicuo no descuidan este halo atractivo, este imán de almas: su rostro se asoma en camisetas, en baratijas, en los santorales laicos de la imagen que portan consigo sus innúmeros admiradores de todo el planeta.

Pero también en las Naciones Unidas, en las conferencias internacionales, en las Universidades famosas se toman en cuenta sus reflexiones y el modo con que las disemina en el gran oído y de allí a la gran conciencia del mundo.

Es profeta en su tierra, pese al desafecto de quienes lo condenan, lo insultan o lo odian. Fue, como lo fueran millones de muchachos sudamericanos, incendiado por aquella llamarada que Fidel y el Che encendieron en Cuba. Y vivió horas terribles, y las hizo vivir. Los ideales, las ideología y las acciones adquieren especial tensión emocional en los momentos de crisis, de cambio, que enfrentan la quietud de la esfera de Parménides con el impetuoso rio de Heráclito.

Los levantamientos populares salpican toda la historia. Desde antes de Espartaco, desde los Uñas Azules, desde los campos feudales donde, en duras condiciones, trabajaban los siervos de la gleba. La cultura señorial purgó con sangre sus levantamientos. Unos labriegos franceses, hartos de los atropellos de su señor, aunque totalmente desarmados, hicieron sentir su catastrófica protesta: con sus sabots , es decir sus zuecos de madera, pisaron todos los plantíos, los sabotearon. Y el hecho quedo grabado para siempre en el historial y el diccionario de los débiles.

José Mujica actuó en su vida, ya la personal, ya la política, como aquella regla lesbia que se plegaba a los altos y bajos. Sabia, sabe, al igual que aquel artefacto adaptarse al terreno cultural por donde camina. Y el caminar lleva por rumbos distintos. A las gentes del común, a los chiquitúas del desamparo, a los trabajadores pobres y torpes en el decir, les habló comiéndose las eses, conjugando mal los verbos. No por demagogia. Si por empatía cultural, por emparejamiento con los reclamos que vienen desde abajo y se olvidan de la gramática cuando el hambre aprieta.

Recuerdo que en plena campaña electoral fue entrevistado por la televisión francesa. Su pensar incisivo y razonante, su corrección lexicográfica, su puntería conceptual demostraron que sabe nadar en aguas revueltas y aguas tranquilas. Que si se trata de ser claro en cuestiones de inteligencia y sensato en la predicción de “les futuribles”, existe en Mujica un sistema de alta precisión por muchos no advertido. Y repito que no se trata de poses estudiadas sino de aculturación, de adaptación oportuna y convincente al medio.

Sócrates y Maquiavelo a veces deben ir de la mano en cuestiones de res publica, de cosa publica, de gobierno de una República. La política es el arte de lo posible, y asi debe ser entendido por los de arriba y por los de abajo, a quienes el Pepe ha intentado siempre redimir.

Un día sostuve una fuerte discusión con un compatriota que, a viva voz, adoctrinaba a sus oyentes diciendo que Mujica ni siquiera había concurrido a la escuela. Era una mentira, por cierto, pero como quedaría flotando sobre los desinformados oyentes como una nube de dudas, cuando no de desprecio, lo interrumpí diciendo.

– Mire señor. No solo cursó escuela y liceo sino que mordió , y no pudo seguir comiendo, el fruto académico de las Humanidades. ( Lo expresé a la criolla, con términos no insultantes pero si pesados, por no emplear otro calificativo). Y le digo más. Fui secretario privado del presidente Tomás Berreta, quien supo ser, como Mujica, chacarero. Fue también tropero. Y no conoció la escuela. Su escuela fue la vida, su maestra la experiencia, la razón de su ascenso político la capacidad de “saber hacer” con el apoyo del correligionario y “saber transar”- como él decía- con el adversario. Pero aprovechó la biblioteca de un vecino del Miguelete para leer todo cuanto pudo.

– Y mentando sus lecturas , variadas y sorprendentes , don Tomás mas de una vez me citó a Plutarco. Fin del asunto y de su evocación.

– Del mismo modo el Pepe fue y es un incansable lector. De las materias menos pensadas. De biología, de ciencias aplicadas. Un mediodía, almorzando en casa junto con Renzo Pi, nos pusimos a conversar sobre Cervantes y advertimos, con los ojos abiertos como el dos de oro, que al Quijote lo sabia casi de memoria. Por ese entonces yo había acuñado una frase que anda por ahí, rebotando: “El Pepe es un Quijote vestido de Sancho Panza”. Hay mucho de real en la similitud del traperío que abriga o adorna el cuerpo: viste como lo hace en su aripuca y con su mano a mano con la tierra. Pero la cultura de la alpargata no le impide subir al Madrigal de las Altas Torres.

– He leído todas las carretilladas de improperios que vuelcan sobre su persona los adversarios y enemigos de puertas adentro. Voces de ex-Gobernantes, de literatos espantados, de gentes que se precian de sabios y sabihondos, de políticos despechados, de tutti quanti lo miran de reojo. La Constitución republicana garantiza la libertad de pensamiento. No el excremento mental y moral con el que se le quiere ensuciar.

– Pongámonos de acuerdo. Es un hombre y como tal su teoría y su praxis dan a veces en el clavo y otras en la herradura. No es infalible. Y si lo fuera ya estaríamos pisando las islas de la Utopía, donde todo es perfecto, donde nada cambia, donde no hay lucha de ninguna especie , ni siquiera la de ideas. Esta asíntota inferir por donde transcurre una colectiva y estática felicidad equivale a una castración de los ideales.

– Con o sin razón El Pepe puso en juego a la vez las convicciones y el cuero propios. En las horas de plomo luchó y cayó herido por ocho balazos. Vivió el drama de una generación a la que pertenezco, ardió con aquel fuego que fuera, a muerte, tortura y exilio sosegado por el Plan Cóndor. Pero no el ultimo en esta Tierra hoy en llamas, hoy llena de heridas y olor a sangre, y no digo como nunca, porque el Homo sapiens – que ironía- se viene matando desde la prehistoria con terrible ensañamiento.

– Nos une la amistad. Aquella vieja amistad que los corazones trillaban en las praderas de la Patria Vieja, luego en el desdichado y heroico resplandor del artiguismo, y finalmente en el solar de la buena voluntad de las conciencias. Los amigos se quieren por las horas compartidas, por el gusto de estar juntos, callados o en silencio, y se quieren también por sus defectos. Se trata de esa callada ternura que comprende nuestras debilidades, que enjuga nuestros errores, que se expresa con una mirada larga y la mano sobre el hombro del querido compañero.

– En la política se acierta y se yerra. Las leyes no son jaulas de hierro: hay que probarlas como a un cuchillo para ver si cortan. Si el medio económico, social y cultural cambian la política defenestra la ley arcaizante e inaugura nuevas legislaciones. Da prima la política, dopo la legge

– Quienes gobiernan vienen desde los rincones de la ambición o del servicio. Servicio, servidor: dos palabras olvidadas , que no eran propias de los humillados sino de las milicias populares de la “admirable alarma” Mas tarde en los años de la Tierra Purpúrea que celebró Hudson (leer las últimas paginas del libro para comprender eso de celebración) se bordaron en las divisas que se lucían en la frente con esta leyenda :Servidor de la Patria.

– A Mujica lo voto una pueblada. Vox populi, vox Dei. Este es el misterio que no pueden develar los enconados adversarios que castigan con el rebenque elitista: el pueblo obedece a emociones, no a razones, dicen…

– Hay hombre que , como Artigas en las ruedas de fogón, son escuchados y seguidos por “mozos alucinados”, como narró un contemporáneo. Alucinados por la convicción y fuerza de la palabra, por la determinación de un espíritu poderoso.

– Pero cuando se interroga a un pueblo como lo acaba de hacer CIFRA en una encuesta reciente, surgen porcentajes que son mas expresivos que la dialéctica electoral y la heurística electorera: Mujica, el Pepe, el desaliñado, el mal hablado, el que golpea con un ordinario garrote la piñata de la fama, el que cuando bajó de su motoneta en el Palacio Legislativo para ocupar por vez primera una banca fue impedido de hacerlo hasta que se aclaró la vaina, ese oriental que guiado por la verdad o cegado por el error se jugó el cuero por sus ideales – acción que espanta a sus críticos comodones y a los mandrias de lengua suelta- no juega a los dados sino que enseña realidades:

– Hoy el Pepe tiene un 51% de popularidad y su gestión es aprobada por el 45% de la ciudadanía. Los números cantan, aunque tengan la voz ronca.




noviembre 2017
D L M X J V S
 1234
567891011
12131415161718
19202122232425
2627282930  

Meses