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Jul
17

el golpe fascista en uruguay

crónica rápida, de aquél 9 de julio de 1973

nota de; diario La República / Uruguay

 

El 9 de julio de 1973 fue un día muy frío, la huelga general en nuestro país, llevaba 12 días. Desde la mañana anduvimos con un compañero, el “Toto” de la 17ª, si mal no recuerdo visitando, fábricas que estaban ocupadas, en algunos casos por decenas de compañeros y compañeras, comunicando el tema de “a las cinco en punto”; nosotros agregábamos 18 de Julio entre Ejido y Río Negro. La verdad que no entendíamos mucho lo que iba a pasar.

Era la primera manifestación en plena dictadura y con una huelga general que se mantenía vigente en todos sus términos, pero que nos estaba desgastando y la comida empezaba a escasear en las casas en general. Una cosa es verlo hoy a la distancia, otra es haberlo vivido con la intensidad de lo que estaba sucediendo.

Si bien es cierto que los milicos del Ejército desalojaban sin llevarse presos a los ocupantes, en algunos casos, lo cierto es que eso fue desgastante con el correr de las horas. Muchos dirigentes habían caído presos, los requeridos y los buscados, aun sin ser requeridos sumaban, a nuestro saber y entender miles.

Nosotros llegamos “a las cinco en punto”, dejamos la moto en un bar de Uruguay y Yi, subiendo por la calle Cuareim, fue casi imposible llegar a 18 por la multitud gente que ya corría en desbandada, unos hacia San José, otros hacia Colonia.

Nosotros corrimos hacia la Plaza Libertad, después Rondeau, y a darle por Colonia para subir por la Plaza del Entrevero, nuevamente en 18 de Julio, ya con la idea de llegar a El Popular. No pudimos entrar, pero nos dejaron entrar en El Chivito de Oro. Muchos conocidos, pero a la vez desconocidos, era un poco la regla que había que cumplir. Lo que más recuerdo es un compañero de la colectividad judía que me dijo: “Vamos para lo de la administradora”.

El se refería a una señora cuyo nombre no recuerdo, que administraba el diario Unzer Fraint. Ella vivía al lado del bar, nos recibió y nos aguantó como hasta la media noche. Desde su casa, un apartamento interior, lo que oíamos era los gritos autoritarios de los milicos y las explosiones de las bombas de gases lacrimógenos.

Después nos enteraríamos que la mayor explosión correspondía a cuando una tanqueta arrancó de cuajo la puerta giratoria del diario El Popular. De allí, meterse en tropel por el edificio fue todo uno, rompiendo todo a su paso, cual bestia odiosa y sanguinaria. Allí dentro no dejaron nada en el lugar, destruían todo, los “milicos golpistas” y sus secuaces de la JUP, que iban junto a ellos.

A nadie de esos “bestias” le importó que hubiera mujeres embarazadas, les importaba sí castigar, asustar y destruir. Los ciento y tantos de compañeros fueron sacados, más bien tirados por las escaleras, desde el 2º piso, puestos contra la pared de la calle Río Branco para ser fusilados, el simulacro estuvo presente. Luego para ellos vendrá: la Cárcel Central para algunos, el Cilindro otros, y las mujeres a diferentes comisarías. Ese día fue nefasto para la libertad de presa, la prensa del pueblo fue arrasada y sus trabajadores apaleados por el solo hecho de oponerse a la dictadura militar fascista. Por eso ese hecho, ese atentado a la libertad de prensa no lo recuerdan ni el diario El País, ni El Observador ni el semanario Búsqueda.

Ni hablar de los canales de TV y la mayoría de las radios del Uruguay. Sus trabajadores y el pueblo en general se reunirán, como todos los años, “a las 5 en punto” a recordar los hechos, en la puerta de 18 de Julio y Río Branco, porque ahí sí se defendió la libertad de expresión, la libertad de prensa, solamente armados de un lápiz y un papel.

La noche anterior, 8 de julio del 73, sobre las 22.00 horas, un joven de apenas 16 años, vendedor de diarios, estudiante y poeta, moría asesinado de tres balazos mientras realizaba una pintada. Este joven, Walter Medina, se había armado de una potente arma: “una crayola” para pintar un muro en la calle que hoy lleva su nombre (ex Campamento) y Teniente Rinaldi.

“Consulta popul…..” llegó a escribir y recibió tres balazos por la espalda. Su asesino fue un policía de la guardia Republicana, destacado en la seccional 17ª, de nombre José Ricardo Cisneros. Era el segundo joven que la Policía asesinaba, Ramón Peré había sido asesinado días antes. Walter Medina, al igual que su padre, eran canillitas, vendían diarios en General Flores y Bulevar Artigas, y eran amigos del diario El Popular.

Como dijimos, Walter también era poeta y se dice que esta fue la última poesía que escribió: “Todavía quedan niños tragando basura/ muchachas vendiendo su cuerpo/ jóvenes de futuro vencido/ hombres con trabajos forzados/ todavía quedan combatientes de conciencia clara/ jóvenes destellando en rebeldía/ modestos héroes trabajando/ esfuerzos para templar el hombre nuevo”…

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