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May
17

los cambios sociales

Movimiento sindical como vanguardia de cambio

escribe: Hugo Acevedo

 

Pese a los sustantivos avances logrados en los últimos doce años en materia salarial merced al éxito de la negociación colectiva tripartita, aun hay 370.000 trabajadores que cobran retribuciones de 15.000 pesos mensuales.

Esos empleados sumergidos -que suman casi el 23% del total de personal ocupado que cotiza a la seguridad social- perciben emolumentos que apenas alcanzan para financiar el arrendamiento de una vivienda.

Nadie en su sano juicio puede concebir que una persona pueda sostenerse dignamente con ese ingreso y menos aun una familia tipo, teniendo en cuenta que la canasta familiar está calculada actualmente en casi 70.000 pesos.

Este fue uno de los más importantes reclamos contenidos en la plataforma reivindicativa del PIT-CNT, al celebrarse, el pasado 1º de mayo, un nuevo aniversario del Día Internacional de los Trabajadores.

Como es notorio, la conmemoración evoca el juicio y la condena de ocho obreros anarquistas en los Estados Unidos -cinco de los cuales fueron sentenciados a muerte- luego de ser detenidos en el marco de movilizaciones en reclamo de la jornada laboral de ocho horas.

Más de ciento treinta años después de la inmolación de los heroicos Mártires de Chicago, subsiste la mezquindad de patronales que se apropian inmoralmente de la plusvalía producida por la explotación de la fuerza de trabajo.

Los trabajadores que perciben salarios bajos están naturalmente compelidos a desempeñar otra ocupación para garantizar la manutención de sus familias, lo cual subvierte groseramente el sentido de la Ley 5.350, del 17 de noviembre de 1915, que, hace más de un siglo, limitó la jornada a ocho horas de labor en el Uruguay.

Por supuesto, antes de crearse los Consejos de Salarios para los trabajadores rurales durante los gobiernos progresistas, la norma era sistemáticamente violada por los latifundistas, con la aquiescencia de los gobiernos de derecha que condujeron los destinos del país hasta febrero de 2005.

Lo mismo sucedía y aun sucede con el personal doméstico, que, pese al nuevo marco legal que lo ampara, sigue siendo uno de los sectores menos regulados del mercado laboral.

Otra de las demandas de la central obrera es la sanción de la denominada Ley de insolvencia patronal, mediante la cual se crearía un fondo de garantía que permita a los empleados el cobro de los créditos laborales ante una hipótesis de quiebra de la empresa o de mero cese de actividad.

Esta herramienta legal es a todas luces indispensable, teniendo en cuenta que la mala gestión del capital ha devenido en el cierre de algunas fuentes de trabajo, como en el caso de Fanapel y de Fripur, entre otras.

Aunque se suele invocar la falta de rentabilidad por parte de los capitalistas y se critica permanentemente la carga impositiva del Estado, lo cierto es que -paradójicamente- hay empresas fundidas pero no empresarios fundidos.

Esa circunstancia, además de provocar la pérdida de puestos de empleo, suele trasformarse en una suerte de pesadilla para los eventuales acreedores y, en forma muy particular, para los empleados que carecen de otros medios de subsistencia.

La iniciativa es férreamente resistida por las cámaras empresariales y si bien los partidos del arco opositor no se han pronunciado sobre el particular, no parece contar aun con las mayorías que aseguren su sanción.

En el marco de sus planteos, el PIT-CNT reafirmó, nuevamente, la necesidad que se otorgue el 6% del Productivo Interno Bruto a la educación pública, acorde con el promedio de asignación presupuestal que rige a nivel regional.

Durante el acto que se celebró en la Plaza Mártires de Chicago, la dirigente de la Federación Uruguaya del Magisterio, Elbia Pereira, quien fue una de las dos mujeres oradoras de la convocatoria, relacionó la calidad educativa con el insuficiente salario docente, afirmando: “que un salario no permita vivir, nos tiene que doler”.

Al respecto y haciendo extensivo el tema a toda la masa trabajadora, la dirigente sindical expresó: “No se puede pensar en construir una sociedad con salarios básicos y trabajo precarios. Para cambiar eso, se debe aumentar el nivel de calidad profesional”.

Obviamente, la condena del movimiento sindical a los Estados Unidos por las agresiones militares perpetradas en Siria y por su sistemática política de injerencia en la política interna de Venezuela, detonaron ácidas críticas de la derecha vernácula. La proverbial obsecuencia del bloque conservador con el imperialismo sigue siendo inadmisible.

En ese contexto, el dirigente más recalcitrante fue el reaccionario líder del Partido de la Gente Edgardo Novick, quien, antes del acto de masas, divulgó en su cuenta de Twitter un fuerte cuestionamiento al PIT-CNT.

Aunque parezca insólito, el político derechista le preguntó al movimiento sindical por qué cierran tantas empresas. Esa es una interrogante para sus colegas dueños de los medios de producción, que se han destacado por su paupérrima gestión empresarial, su mezquindad y su falta de creatividad.

Novick reclamó “democratizar” a la central obrera, lo cual demuestra su flagrante ignorancia sobre cómo funciona el movimiento sindical en nuestro país.

En efecto, los miembros de los órganos de conducción del PIT-CNT son electos por los representantes de los diversos sindicatos, que, en todos los casos, tienen la legitimidad de las urnas.

Antes de criticar sin fundamentos y sin conocimiento de causa, Novick debería responder por qué paga salarios tan bajos en sus empresas y en torno a la persecución sindical que ha sido denunciado reiteradamente por sus empleados.

Nadie ignora que el fundador del Partido de la Gente -que es un digno exponente de la derecha más rabiosa y reaccionaria- sueña con un país sin sindicatos ni trabajadores organizados, acorde a la utopía oligárquica que se cumplió durante la dictadura.

Si este feriante devenido como por arte de magia en multimillonario pretende hacer carrera política y competir electoralmente, no debería denostar a una organización que tiene más de 400.000 trabajadores cotizantes, bastante más que los votos cosechados por el Partido Colorado en las elecciones de 2014.

Obviamente, se trata de un émulo de Mauricio Macri -que está aniquilando a la Argentina con sus irracionales políticas neoliberales- y del inefable Donald Trump, cuyos recurrentes desvaríos amenazan con originar una guerra nuclear y desestabilizar al planeta.

Pese a las acechanzas de sus enemigos de clase que detentan el poder económico, el movimiento sindical sigue siendo la vanguardia de la lucha para profundizar la equidad social, en sintonía con la ética de sus fundadores.

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