01
Dic
16

novick … un derechista ousider

La reciente fundación del denominado “Partido de la Gente” liderado por el empresario ultra-derechista Edgardo Novick, conmueve intensamente la escena pública nacional y seguramente coadyuvará a polarizar aún más la confrontación entre bloques ideológicos.

El multimillonario logró rápidamente recolectar las 7.500 firmas necesarias para inscribir a su flamante agrupación ante la Corte Electoral, inequívoco testimonio de la crisis de credibilidad y el malestar que aflora en la sociedad uruguaya.

Por supuesto, el descontracturado y frontal estilo de Novick no es para nada un fenómeno novedoso, en tanto posee un perfil demagógico acorde con la peor tradición de la política uruguaya.

Pese a su falta de carisma y de conocimientos sobre temas cruciales de la agenda pública nacional, su discurso de impronta populista ha logrado seducir a algunos desencantados, lo cual no deja de ser un riesgo si se recuerda antecedentes como, por ejemplo, el del autoritario Alberto Fujumori en Perú.

Sin pretender pecar de agoreros, su irrupción puede también ser extrapolada a la del hoy presidente argentino Mauricio Macri, quien desarrolló una meteórica carrera política que le permitió transformarse, hace casi un año, en el nuevo inquilino de la Casa Rosada.

Ambos, por supuesto, son también conservadores a ultranza, férreos defensores del statu quo del modelo concentrador y, por ende, convencidos adherentes a la economía de libre mercado, que es funcional a la clase oligárquica que representan.

No en vano Novick es uno de los hombres más ricos del país, aunque nadie conoce el origen de su fortuna pese a que de joven era apenas un humilde feriante, según lo ha confesado reiteradamente.

Se trata de un outsider procedente del mundo empresarial, que ha construido su propio protagonismo público gracias a su inconmensurable poder económico, tal cual quedó demostrado en la campaña previa a la convocatoria a las urnas del año pasado.

Empero, pese al despliegue mediático construido en torno a su figura -fruto de la obsecuente visibilidad que le otorga el oligopólico complejo audiovisual privado- sus reflexiones son a todas luces contradictorias.

Aunque aduce que su nuevo partido se ubica en el centro del espectro político, es notorio que profesa una ideología de derecha, en tanto afirma haber votado siempre a partidos de raigambre conservadora y convoca permanentemente a unificar a todo el arco opositor para competir electoralmente con el Frente Amplio.

Empero, la peor paradoja de su discurso fundacional fue cuando proclamó que hay que mejorar la distribución de la riqueza y “distribuir más a los más humildes, pero para eso hay que mejorar la administración”.

En sus propias afirmaciones reside el sofisma, ya que no bastante con mejorar la administración para corregir las flagrantes asimetrías e inequidades inherentes al sistema de acumulación capitalista.

Por supuesto, el comentario se origina en su obtusa mentalidad empresarial, que relaciona la conducción política de un país únicamente con la mera gestión de un emprendimiento productivo.

Es claro que gobernar es una tarea bastante más compleja que gestionar y eso debería comprender Edgardo Novick si aspira a confrontar dialécticamente y a transformarse en una verdadera opción para los electores.

En otro pasaje de su breve alocución, convocó a militantes de otros partidos a sumarse a su flamante fuerza política, afirmando que “respetaremos la camiseta de todos”.

Sus reflexiones se contradicen flagrantemente con los comentarios vertidos durante la campaña electoral hacia las elecciones departamentales y con posterioridad a estas, cuando se declaró acérrimo enemigo de los sindicatos.

Como se recordará, durante una entrevista concedida al programa Código País de Canal 12, Novick afirmó que “el PIT-CNT gobierna el país”, lo cual constituye un disparate imposible de sostener.

Sobre el particular, insinuó que habría que terminar con los dirigentes sindicales, poniendo como ejemplo la participación de los representantes de los colectivos docentes en el sistema educativo.

Es virtualmente imposible que alguien que desconoce e ignora la representatividad de una organización gremial que registra más de 400.000 afiliados cotizantes -guarismo que supera la votación del propio Partido Colorado en las elecciones de 2014- pueda tener sintonía con la clase trabajadora.

Aunque por el momento Novick ha logrado cosechar adhesiones mayoritariamente entre el voto conservador según lo consignan las encuestas, es indudable que su futura proyección política amerita una profunda reflexión.

Aunque trate de camuflarlo, su discurso destila un profundo odio de clase, porque es un mero oligarca anti-obrero y, en más de un aspecto, un émulo del autoritario mandatario colorado Jorge Pacheco Areco.

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