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Nov
16

mobbing … acoso constante

Mobbing: Acoso moral en el trabajo

El sádico placer de molestar a alguien

escribe: Nelson Loustaunau

En los últimos años hemos visto la irrupción, cada vez con mayor fuerza, del fenómeno denominado mobbing o acoso moral en el trabajo. Datos de la Inspección General del Trabajo y de la Seguridad Social dependiente del MTSS, indican que en los últimos tres años las denuncias por este tema se han incrementado en forma gradual, pero constante. Pasando de un 11% a un 17% del total de reclamos recibidos.

En grandes términos, sin que implique una definición técnica, podemos sostener que mobbing o acoso moral en el ámbito laboral, es aquel comportamiento de asedio, acoso, hostigamiento, o similares, desarrollado sobre la persona de un trabajador, ya sea por sus superiores jerárquicos, compañeros de labor, o personal de inferior jerarquía del acosado, ocurrido en el ámbito de trabajo y cuya finalidad es producirle un daño a sus derechos de honor y dignidad. Existen múltiples ejemplos, para ilustrar al lector sólo mencionaremos algunos. Un jefe reprocha a su subordinado por la incorrecta realización de una labor diciéndole: “usted es un inútil”, o, “un atorrante”, o insultos de mayor porte. Otro caso es cuando un compañero de labor, o un grupo compañeros, toman a otro como objeto de agresiones, básicamente verbales, que hieren su honor o dignidad. El ejemplo podría ser: “acá no nos gusta trabajar con mariquitas como vos”. Y así infinidad de agresiones, que pueden presentarse de diferentes formas.
La motivación de la agresión muchas veces no encuentra explicación, o se encuentra en el sádico placer de molestar a alguien, para hacer notar que el agresor es quien manda o domina la situación. No es otra cosa que una forma más de discriminar. La discriminación está prohibida en el ámbito del trabajo. En principio, el Convenio Internacional de Trabajo Nº 111 prohíbe estas conductas, ya se encuentren vinculadas a la discriminación por razones ideológicas, políticas, gremiales, étnicas, religiosas, sociales, edad, sexo, orientación sexual o cualquier otra. Y nuestra Constitución, en el artículo 8, señala que no debe considerarse otra diferencia entre las personas que la derivada de los talentos y virtudes.
Es una obligación del empleador asegurar al trabajador un ambiente apropiado de trabajo, el cual, debe estar libre de este tipo de agresiones.
Por supuesto que la pregunta es ¿por qué se visualiza tanto esta conducta en este momento? ¿es que antes no existía? Tengo la impresión que acoso moral en el ámbito laboral siempre existió, pero la gente no lo denunciaba por temor a la represión, especialmente por temor a la pérdida del empleo. Entonces: ¿por qué ahora sí lo hace? Nos parece que es porque existen condiciones de mayor garantía para quienes lo hacen. En primer lugar por una actuación más visible y enérgica de la Inspección General del Trabajo. En segundo lugar porque, muchas veces, el acosado acude a su sindicato para que lo ampare, contenga, y patrocine en este tipo de denuncias. En tercer lugar, porque existen sindicatos suficientemente fuertes para realizar esa función de acompañamiento
del acosado. Y finalmente, porque la gente cree más en las instituciones democráticas para la protección de su derecho. Es claro que los diversos gobiernos frenteamplistas no miran para el costado frente a agresiones a derechos fundamentales de las personas. Por el contrario, protegen a quienes son agredidos, y estimulan a que la población denuncie y reclame contra estas agresiones. Tal vez el gran problema para quienes denuncian una hipótesis de daño moral, sea la prueba, esto es, cómo demostrar su denuncia, cómo sustentarla con testigos, imágenes, grabaciones, documentos, etcétera. Es muy fácil lamentarse cuando un compañero de labor es obligado a renunciar por este tipo de acoso y cubrirlo con una frase hecha: “Se fue porque le hacían la vida imposible”. Nos permitimos reflexionar que tal vez la conducta ética que se requiere de un trabajador hacia un compañero de labor es otra. Es tener la valentía para convertirse en el testigo que aquel necesita, en aportarle un correo electrónico, o un sms que nos llegó, con frases agresivas o incorrectas sobre él o un documento de similares características. Si reclamamos, y confiamos en cambiar la sociedad en que vivimos, tenemos que dejar de ser hipócritas y debemos contribuir a la justicia, ese valor tan fácil de invocar y tan difícil de alcanzar. Evitar el acoso en el medio laboral es una forma de lograrlo, porque, para nosotros, el trabajo y su ambiente es tan sagrado como el hogar.

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