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Oct
16

libertad, igualdad, fraternidad

Libertad, igualdad, ¿fraternidad?

escribe: Lic. Jorge Scuro / analista

 

Estas tres palabras son la expresión del programa político y social de la Revolución Francesa de 1789.

Para la humanidad se convirtió en la expresión de un ideal a realizar. Cada una de las tres propuestas recorrió distinto derrotero histórico.

La búsqueda militante de la libertad política había empezado años antes con la Revolución de los estados norteamericanos en 1766, para no ir más atrás, en una aspiración legítima y legendaria de la Humanidad.

La búsqueda de libertad y sus realizaciones concretas son muchas y variadas. La libertad como expresión primaria es la lucha para eliminar todo obstáculo que impida el desarrollo de la persona humana. Filosóficamente es centrarse en el individuo como referente y gestor de la acción social. Su impulso de realización lo lleva a cortar dependencias de opresiones personales, políticas y sociales. El siglo XIX será la época de su pleno desarrollo.

También se generan otros tipos de implementación de la libertad que llamamos liberalismo. Así surge el liberalismo económico, el dejar hacer y dejar pasar. Se busca reducir la presencia del Estado al mínimo posible: la seguridad y las relaciones exteriores; todo lo demás es cuestión de la iniciativa de los individuos y la regulación del mercado sin injerencia del Estado. Esta sencilla formulación y aspiración se va complejizando hasta evolucionar en el siglo XX con la incorporación de distintas y nuevas funciones del Estado en la vida política de las democracias liberales. Incluso la social democracia es una realización más elaborada de los ideales de libertad con la necesaria socialización que se incorporan a los programas políticos. También, desde la década de los 70, aparece usada la palabra “neoliberalismo” como la ideología que busca la intervención del estado para favorecer el desarrollo del capitalismo de mercado.

Las realizaciones de la búsqueda de libertad, del liberalismo y del ideal libertario han contribuido grandemente a la mejora de la calidad de vida humana en los últimos doscientos años. Y se plantea como una lucha que acompaña la aventura histórica humana.

El ideal de la igualdad recorrió otros caminos quizá más complejos. Es cierto que desde la Revolución Francesa hasta hoy la humanidad valoró e integró la igualdad en la condición humana a niveles desconocidos antes del siglo XVIII. Este cambio revolucionario se da más a nivel formal y jurídico, en las declaraciones públicas y el enunciado de programas aunque vemos con frecuencia el larguísimo camino que queda por recorrer en todas partes del mundo.

La búsqueda de igualdad llevó a realizaciones extremas que hirieron profundamente la libertad y así sucumbieron muchas “libertades” ya conquistas como las políticas, de opinión, de prensa, de circulación, etc. Ideales igualitarios generaron dictaduras y totalitarismos difíciles de olvidar que aún se anidan en proyectos inhumanos y regresivos.

El ideal de la fraternidad sigue vigente y seguramente es el más difícil de concretar y el que menos realizaciones políticas y sociales duraderas puede mostrar.

La realización efectiva de la fraternidad sigue demorada por la ambición desmedida de algunos, por el abuso de los poderosos, por el desarrollo de las mafias, por las guerras ideológicas, políticas y de ambiciones económicas.

La realización de la fraternidad está una y mil veces agredida por la corrupción de políticos y gente con diferentes grados de poder social o económico. Es la música que acompaña discursos huecos en ámbitos políticos nacionales e internacionales. Hace pocos días el secretario general de las Naciones Unidad, en su discurso de despedida, acusaba a sus escuchas diciendo que entre ellos estaban quienes fomentan la guerra, la tortura y las masacres de los pueblos inocentes.

Es patético comparar los discursos de los representantes del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas frente a sus acciones cotidianas. EEUU, Francia, Reino Unido, Rusia y China son los garantes de la paz mundial según el orden establecido después de la segunda guerra. Sin embargo, son los mayores productores de armas que hoy nutren los mercados bélicos de los pueblos subdesarrollados, los más necesitados de desarrollar la fraternidad que le permitan llegar a niveles mejores de existencia.

Las guerras se hacen con armas, que no producen los países pobres, y en este momento con armas muy sofisticadas, que arrasan poblaciones civiles, escuelas, hospitales y templos sin contemplación. Esas armas las producen estos cincos estados “garantes de la paz” y los de mayor cantidad de discursos y falsas promesas al mundo que sufre y espera. Es cierto que hay aprendices de brujos en otros estados en vías de desarrollo que contribuyen con sus aportes bélicos a la espera de ser tan poderosos como sus émulos. El dinero con que se compran esas armas es provisto por la compra de petróleo, cada vez más barato que luego retorna a las metrópolis para acceder a más armas que los empobrece cada vez más y así vender su petróleo más barato y seguir el circulo infernal deshumanizante y por lo tanto anti-fraterno.

Vivimos un mundo de fraternidad traicionada. La “fraternidad cristiana” y la “hermandad islámica” buscan la luz pero viven en tinieblas. El olvido de la fraternidad humana genera el autoritarismo, el totalitarismo y el fundamentalismo.

No seamos ingenuos. La guerra no es sólo “la continuidad de la política por otros medios”, como declaró Clausewitz. Hoy día es, sobre todo, un medio sórdido de obtener un lucro fácil a través de la industria bélica, que factura US$400 mil millones al año, y del contrabando de armas. Sólo las naciones ricas del hemisferio Norte, que tanto hablan de paz, son quienes fabrican artefactos de guerra y promueven intervenciones militares en naciones periféricas. Practican el precepto de “armaos los unos a los otros” (Lo que aparece en letra cursiva lo tomé de Frei Beto)

En estos días EEUU hizo un “préstamo blando” a uno de los beligerantes (gobierno de Netanyahu) por 40 mil millones de dólares para comprar armas exclusivamente en los EEUU. Nos cuesta decir espontáneamente cuantos ceros debemos agregar después del 40 para escribir esa cifra. No es para mentes uruguayas.

El 90% de los muertos en Siria son civiles sorprendidos en sus actividades cotidianas. La mayoría de esas muertes son provocadas por sus compatriotas apoyados por la aviación rusa. El Consejo de Seguridad no logra prohibir el cese de la utilización del espacio aéreo sirio para acciones bélicas pues el usufructo de la guerra y los muertos inocentes es cosa que les compete.

Hoy en día se registran 9 billones de dólares en comercio “legal” de armas.

Y la fraternidad ¿para cuando?

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