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Oct
16

uruguay; bonomi y la seguridad

La continuidad de Bonomi

escribe: Esteban Valenti / Bitacora

Hay episodios que resumen grandes temas políticos nacionales. El asesinato en Carrasco norte de un vecino que salió a defender a una amiga la que estaban rapiñando, desató reacciones políticas que sintetizan muchas cosas.

Primero sintetizan que el crimen y las muertes también dividen y diferencian a nuestra sociedad. En determinadas zonas, la gente, la prensa, las propias instituciones del Estado reaccionan de una determinada manera ante un asesinato de un ciudadano. Y eso es exactamente lo que debería pasar por igual en todo el país.

No sucede así, del otro lado de la fosa de la marginación, de la miseria y de las zonas críticas de nuestra capital y de varias ciudades, los muertos se han hecho frecuentes y hay un peligroso acostumbramiento. Basta decir que fue un ajuste de cuentas, para enterrar muchos casos en el olvido y en la indiferencia de la sociedad y de los medios.

Para que la vida humana se banalice y los asesinatos se integren a la vida cotidiana de una sociedad, además de estas condiciones sociales y culturales, hace falta que una pequeña pero, activa parte de la población esté dispuesta a cometer los crímenes, a matar o a matar o morir.

La muerte de Heriberto Prati desató el temor, la bronca y las reacciones y movilizaciones en Carrasco norte y de parte del mundo político. El senador Pedro Bordaberry en sus declaraciones solicitando una interpelación al ministro Eduardo Bonomi, dijo que iría hasta las últimas consecuencias, incluyendo la solicitud de convocatoria a elecciones anticipadas, por lo tanto, la disolución de las cámaras.

Más allá que la propuesta de Bordaberry no tiene el menor respaldo político y mucho menos constitucional, pues no cuenta con los votos mínimos para una definición de ese tipo, muestra una mentalidad peligrosa, la de los atajos institucionales al borde de la legalidad. Era simplemente una provocación, una balandronada, pero despertó iras y centellas de muchos legisladores del FA y de otros sectores.

Para alguien que conoce perfectamente la Constitución, que la ha citado y meneado muchas veces no existe la mínima posibilidad que sea un descuido del senador colorado o un resbalón, fue una movida provocativa, radical y ultra para nuevamente de apropiarse del tema de la inseguridad y concentrarlo en la remoción de Bonomi.

El senador colorado debería haber aprendido que el tema de la seguridad puede ser muy importante en un enfoque de derecha, pero no necesariamente se transforma en votos. Su sector y él personalmente lideraron la recolección de firmas para el referéndum sobre la baja de la edad de imputabilidad de los menores delincuentes y sin embargo el Partido Colorado obtuvo un muy mal resultado electoral en el año 2014.

En este caso fue una movida para diferenciarse, para provocar las reacciones del Frente Amplio y para abrazarse a la bandera de la inseguridad. Las respuestas de rechazo fueron bastante más amplias.

Lo que importa es que el mundo político asuma los temas con propiedad y con inteligencia de acuerdo a lo que requieren las circunstancias.

El pedido de la renuncia o remoción del ministro Bonomi pasó rápidamente a un segundo plano y en la picota quedó expuesta la posición de Bordaberry. Cada uno hará sus evaluaciones.

Los dos partidos tradicionales tienen incorporado un reflejo condicionado que desempolvan cada vez que un tema de inseguridad impacta en la sociedad uruguaya: pedir la salida de Bonomi.

No voy a realizar nuevamente un balance y aportar mi visión sobre la inseguridad y los cambios que ha incorporado a la convivencia social y a las sensaciones en que vive nuestra gente, lo hice varias veces tratando de darle un abordaje general, o mejor dicho integral, desde las causas, la pervivencia de una fractura social donde 300.000 uruguayos todavía viven en la pobreza, en particular a nivel de los menores de 25 años. Lo cierto es que sigue siendo el tema de la inseguridad ocupa la primera preocupación de los uruguayos y no hay motivos para que cambie esta percepción.

Hay más policías (tenemos la proporción más alta de América Latina 876 policías cada 100.000 habitantes, también es la más alta del mundo), más cámaras de vigilancia y sofisticado software, más comunicaciones, más tecnología, más patrullaje, más y mejores cárceles y los resultados vienen en cuentagotas.

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