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Oct
16

uruguay y el delito

La caldera del diablo

 

escribe: Dari Mendiondo

 

Describen los libros de historia que el vulgar Barrabás, un simple ladrón, repudiado por los comerciantes del Medio Oriente fue hecho prisionero y condenado a muerte por los romanos de entonces, dominadores absolutos del mundo.

Trascendió a la historia dicho personaje porque Poncio Pilatos, el gobernador romano sometió a votación del pueblo la crucifixión de dos condenados, Jesús de Nazareth, que había sido expulsado del templo por los sacerdotes que lo consideraban hereje y un predicador subversivo que negaban los dioses romanos y presumía de ser hijo de un Dios único, y Barrabás. Hete aquí, que en la votación fue absuelto Barrabás y marchó a la muerte el ahora considerado hijo de Dios y máxima expresión de la religión cristiana. Conclusión, los pueblos también se equivocan. Viene el caso recordar que la historia de la humanidad está plagada de actos delictivos, robos, sustracción de lo ajeno, usurpación de poderes.

Para poner orden en la civilización antigua, los romanos establecieron el Código Romano. Luego en el siglo XVIII vino la revolución Francesa y con ella el Código Napoleónico.

Hubo pues evolución en generar leyes de respeto y deberes. Pese a ello convendría leer a Shakespeare donde describe sociedades que se desarrollan en los crímenes, en la lucha por el poder, en nombre de la religión o de la herencia.

La historia nos abruma de engaños, traiciones y delitos cometidos y realizados por los hombres, también por las naciones que invocando derechos nacionales o simplemente afán de dominación han sometido pueblos, países y continentes.

Jean Jaques y Rousseau escribió que la culpa la tuvo el hombre primitivo que vivía en comunidad cuando uno de ellos se desplegó del clan y dijo “ese pedazo de tierra es mío” y en ese momento ninguno le pegó con un palo en la cabeza, el origen de la propiedad ha tenido como inspiración la fuerza, la fuerza de los hechos y luego consolidado por la fuerza de la ley.

Escribiendo sobre despojos, está instalado en la sociedad uruguaya lo escrito por Martínez Arboleya en un libro cuyo título es “Ramón Pardias” en cuya introducción el autor se encarga de decir lo siguiente: “Quien se sintiera aludido por lo aquí escrito que recurra al imperio de la ley”, cosa que no se produjo. Lo que sí hubo fue una requisa masiva del libro en las librerías montevideanas por la Policía, participando personalmente el general Ballestrino. Esto sucedió en el gobierno de Juan María Bordaberry, luego del golpe de Estado, sin que hubiese habido decreto o resolución sobre dicha requisa.

El libro expone las vicisitudes de un personaje de las letras uruguayas – Carlos Reyles- quien murió en la indigencia en un apartamento del Palacio Díaz, luego de haber sido despojado de sus cuantiosos bienes por el antiguo mayordomo de la estancia y luego administrador de su padre que, ¡oh casualidad!, según sugiere el libro, hay paralelismo con el padre de Domingo Bordaberry que fue mayordomo de estancia y administrador de bienes, es decir el bisabuelo del actual senador Pedro Bordaberry.

La venalidad históricamente está instalada en la sociedad uruguaya y no precisamente en los asentamientos, sino en las alturas donde se calza galera y se usa guantes blancos, la crisis bancaria de 2002 lo demostró con creces.

Los Peirano, después de 14 años, la Justicia últimamente los ha condenado a resarcir a la sociedad uruguaya de millones de dólares.

Bertold Brecht, afirmó: “No sé quién es más ladrón si el que roba un banco o el dueño de un banco”.

No realizo apología de robos sociales o de la expropiación de los “expropiadores”, el que comete el delito y viola las leyes debe ser detenido, procesado, condenado y recluido.

Al escribir esto no me siento feliz, sé lo que es estar “en cana”; estuve desde 1975 a 1985 en prisión custodiado por el Ejército en celdas con 45 minutos de recreo por día. Aún así no tengo complejos, ni complicidades sicológicas con el delito ni los delincuentes. Fui preso político y pagué por serlo.

No me mueven odios ni espíritu de revancha, creo sí en la verdad y en la Justicia y repudio los pactos de impunidad y me duele que el pueblo cuando se pronuncia a veces se equivoca como cuando la Ley de Impunidad, pero no reniego del pueblo, por el contrario trato de aproximarme más a la gente, de esa gente que cuando tuvo que votar en 1980 no se equivocó.

No hay verdades absolutas, las hay relativas.

Por eso no justifico la Justicia por mano propia, puedo si entender la reacciones humanas ante la injustica y el destrato, está demás decirlo condeno la política sin principios de quienes transforman en banderas políticas la muerte de inocentes caídos tras actos criminales, creo en la democracia y ella será más fuerte en la medida que el pueblo se conduzca por el camino del raciocinio y no la “manija” irresponsable de los inescrupulosos de la politiquería sin principios.

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