13
Oct
16

uruguay, la derecha, es golpista ?

¿Un pacto para la desestabilización democrática?

 

escribe: Alejandro Domostoj

 

Hace unos días un almuerzo de ADM juntó a parte de la dirigencia blanca y colorada en el marco de los 180 años de ambas colectividades. Todo parecía una fiesta democrática en un país que tiene de los partidos políticos con mayor historia del mundo. Sin embargo, algunas crónicas advirtieron, entre líneas, que tal vez no todo era “color de rosas” -nunca más oportuna la metáfora-. Pero al cabo de una semana esa deslizada advertencia parecería confirmarse, y al parecer, ese encuentro tuvo otros fines.

Más allá del anuncio de que ambas colectividades se mantendrían independientes, no por una reivindicación de ideales y proyectos diferentes, sino por un planteamiento táctico, que a ambas les permitiera concretar su fin común: desplazar al Frente Amplio del gobierno, para volver a un gobierno de coalición que restaure el orden neoliberal silenciosamente postulado; los días posteriores nos permiten inferir que el encuentro dejó otro tipo de planes no expresados.

El domingo próximo pasado, Lacalle Pou, desde Trinidad y ante la atenta mirada de toda la plana mayor de su grupo político, donde destacaban su progenitor Lacalle Herrera, el histórico Luis Alberto Heber, el senador García, e “ainda mais”, lanzó un preocupante mensaje: “Tenemos un gobierno en retirada que lo tenemos que ayudar a terminar bien su mandato, porque si es por el Frente Amplio esto no va a terminar bien”.

Podría interpretarse como un agitar fantasmas por parte de un líder que parece bastante despistado cuando en un mismo discurso quiere llegar a “los frenteamplistas desencantados” y luego fustiga el “gasto social” y las políticas para combatir la pobreza, mientras se conoce que el nacionalista Carlos Moreira, intendente de Colonia, parece mostrar cuál es el camino correcto para el “gasto social”, cuando decide dejar sin efecto el boleto gratuito para los escolares, en una repudiable y aberrante decisión sin precedentes en Uruguay.

Pero, a las horas esa interpretación se nos cae, cuando vemos que desde el Parlamento el senador García advierte de la “inconveniencia” de que el Presidente de la República abandone el país en estos momentos y lo suceda el vicepresidente constitucionalmente electo. Quien escribe ha dejado muy en claro su repudio a la actitud del vicepresidente en el manido tema de su inexistente título universitario y el descrédito que eso significa para su figura, no por la ausencia del título -que nada importa en sí- sino por haberle mentido a la ciudadanía.

Ahora, ¿puede eso llevar a la temeraria afirmación del señor senador sobre la inconveniencia de que el Presidente deje el país y sea sustituido conforme al orden constitucional de la República? ¿Se referirá el señor senador a este episodio o estarán pasando otras cosas por su cabeza?

Sin tener tiempo para poder digerir estos episodios se suman legítimas movilizaciones de ciudadanos preocupados por la seguridad pública, -que casualmente se ha convertido en el eje central desde hace muchos años del discurso de los partidos y dirigentes-, que, recordemos, días antes se habían reunido en el almuerzo de ADM.

Reconozco total legitimidad al planteo y preocupación de los ciudadanos y no soy de los que recurre a la estigmatización para descalificar, provengan de la clase social que provengan, pero no puedo dejar de observar la incidencia de dirigentes políticos en las mismas, y las preocupantes propuestas como el “fichaje” de todos quienes no pertenezcan a una determinada clase social, lo que sí, una vez más, viene a poner a la estigmatización como posible solución, queriendo diferenciar “buenos y malos” en razón de su condición social.

En una solución de continuidad, horas más tardes aparece el Dr. Larrañaga en alianza con el Dr. Bordaberry reclamando ambos la censura de un ministro, a la que Bordaberry agrega un planteo de disolución de las cámaras y elecciones parlamentarias anticipadas. Parece que el diario se ha vuelto un libro de historia, que nos recuerda aquel titular con el mismo apellido y la misma noticia. Nadie juzga a Bordaberry por portar apellido, se lo juzga por compartir lo que ese apellido significa tal como está demostrando. Afortunadamente existieron inmediatas reacciones, obviamente desde el Frente Amplio, pero también del Partido Independiente y del diputado Amado que han salido al cruce de este disparate sobre la disolución de las cámaras, que parece el último movimiento en una ofensiva desestabilizadora que más que al gobierno daña a las instituciones democráticas.

Recordemos que Bordaberry festejó por Twitter cuando faltaba solo un voto para la caída de la presidenta Dilma Rousseff, tuit que finalmente terminó borrando, en un intento de atenuar su verdadero pensamiento.

Ahora bien, Bordaberry sabe perfectamente que está proponiendo un imposible, porque requeriría que el Frente Amplio y hasta el propio Presidente de la República fueran parte de su estrategia, entonces ¿por qué lo hace? Es obvio que Bordaberry no apunta hacia donde dice apuntar, sino que por elevación su mensaje se dirige a otros sectores, a aquellos que hace unos días anunciaron que “estamos empezando a volver” o a los que ocultos desde las redes añoran las botas, ¿tal vez?

Finalmente vuelvo a las crónicas sobre el inocente almuerzo de parte de la dirigencia blanca y colorada, y veo atónito que un integrante de la Suprema Corte de Justicia compartió mesa con diputados blancos y “…asintió convencido cuando Lacalle Pou dijo que la gente les pide que hagan algo (para sacar al Frente Amplio [FA] del gobierno) y cuando Larrañaga sostuvo que en el FA todos los sectores tienen veto”. Un ministro de la Suprema Corte de Justicia, que juzgó a una jueza por presuntamente participar en una Marcha por Verdad y Justicia un 20 de mayo ahora ¿asiente sin consecuencias cuando Lacalle, el mismo que anunció que esto “no termina bien”, dice que la gente le pide que “haga algo para sacar al Frente Amplio”?

Tal vez quien esto escribe tenga manía persecutoria, pero cuando una serie de hechos presuntamente aislados empiezan a evidenciar una notoria unidad de fin, los ciudadanos debemos ponernos en alerta.

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