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Jul
16

la sociedad uruguaya

Poniendo todo arriba de la mesa

escribe: Ismael Blanco, Analista


Me doy cuenta que hay artículos que me exigen demasiado. Analizar y comprender nuestra propia naturaleza y contradicciones requiere llevar al límite el razonamiento si lo que se busca es hallar lógica a los actos humanos, y más cuando lo que se trata de comprender son posturas políticas a priori confrontadas.

La condición de ser uno mismo, de ser parte de una historia, de haberse hecho de determinada materia, hace que ante determinadas circunstancias crujamos, que se nos agiten nuestras estructuras mentales, nuestras concepciones preestablecidas, pudiéndose materializar con falta de respuestas convincentes, cayendo en la tentación de la réplica fácil o autocomplaciente y a veces arrebatada.

Así como no me va la soberbia desde el gobierno, en particular del compañero Astori, del cual no pretendo ni simpatía ni gracias, no me va en absoluto las posiciones en respuesta a este posicionamiento concebido en la táctica del “a todo o nada”.

Es un error grosero pensar en la economía en base a tecnicismos, de explicitar respuestas numéricas con datos de promedios o de cocientes que no hacen más que agregarle frialdad al pulso ciudadano.

Obviar que no hay nada más político que una decisión económica, es simplemente inaceptable, con el agravante de dejar la impresión al observador medio que no se hizo todo el esfuerzo hermenéutico auténtico, creíble y necesario para evitar la protesta cristalizada en un paro general.

Por otra parte es preocupante también que dirigentes sindicales de larga trayectoria interpreten que las diferencias con el actual gobierno sean comparables con otros donde primaba la rebaja salarial, la superexplotación y la persecución sindical, agregando calificativos tales como que el actual gobierno está en el mismo camino de la derecha, por no decir derechizándose. Esta concepción además de temeraria, es injusta y fuertemente contradictoria.

El método marxista de análisis siempre exige un profundo rigor en la caracterización del momento histórico en que se vive, de la coyuntura y de las circunstancias que se presentan. En primer lugar habrá que entenderlas y desde allí proponerse un proceso de trasformación, que deberá ser progresivo, pertinente, plural y profundamente democrático, que genere los más altos procesos de igualdad y libertad dignos de la mejor concepción de la condición humana.

Seguramente muchos que no comulguen con el materialismo concebido desde la filosofía marxista, coincidirán en este mismo objetivo, lo que confirma a mi parecer, la posibilidad de ser optimista en la mirada del progreso humano.

Pero esta digresión, no tiene otro objeto más que de interpelarnos si realmente aquellos compañeros -algunos entrañables y otros no tanto- han considerado que la acción política trasformadora de la sociedad pasa exclusivamente por un planteo reivindicativo o desde la mirada exclusivamente sindical.

Digo esto porque entiendo que la trasformación de las circunstancias pasa por una concepción omnicomprensiva, complejísima, que contiene elementos que los clásicos estuvieron lejos de imaginar y que superan por lejos los problemas nacionales, porque la problemática se ha mundializado y son imprescindibles respuestas globales a problemas universales, las cuales hasta ahora, no se han presentado de manera categórica y no han pasado más que de descripciones y de algunos serios diagnósticos.

Sólo a modo de ejemplo me viene a la mente la impotencia que se le generó al pueblo griego recientemente, donde hombres de izquierda convencidos y duros como Alexis Tsipras y Yanis Varoufakis, tuvieron casi nulo margen de opción a la hora de negociar con los acreedores y líderes europeos. No había causa más digna que la griega, refrendada en dos oportunidades por el masivo apoyo popular y donde sin embargo hubo que recular con una sonrisa y casi que la dignidad hubo que metérsela donde a nadie le place.

En mi decir y no porque me guste tener que admitirlo sería conveniente, sin renunciar a la idea del socialismo por quien la sostiene, aunar esfuerzos y hacer posible que se aplique en las sociedades del mundo, como punto de partida, los principios básicos de la Revolución Francesa, ya que en muchos pueblos aún se está en mora con la misma.

Ahora bien, volviendo a lo nacional digo: el gobierno del que formo parte, aún teniendo una pequeñísima porción de responsabilidad en éste, me hago cargo y asumo los errores cometidos, para empezar los de cálculo y para seguir los de comunicación, con el agravante de que contamos con personas altamente capacitadas para que esto no suceda.

Asumo también la falta en algunos casos de la modestia necesaria y de la ausencia de autocrítica en ciertos asuntos puntuales a los que me he referido en otros artículos.

Asumo asimismo que nos falta horizontalidad en el trato y que muchas veces se han tomado decisiones como si en lugar de un país se regenteara un boliche.

Pero también digo para los nostálgicos de la diestra y los convencidos de derecha que nunca antes, al menos desde Batlle y Ordoñez a la fecha, se había hecho tanto por los pobres y los alejados del poder en este país.

Que nunca se legisló a favor de los trabajadores y los jubilados como en los últimos doce años y no reconocer esto es una infamia y una afrenta.

Digo también y no me resulta contradictorio en absoluto que debemos avanzar en la aplicación estricta del principio de igualdad en las cargas públicas, principio base del derecho financiero burgués, donde el que tiene más debe pagar más. Se debe actualizar la liquidación del impuesto al patrimonio y fundamentalmente a las ganancias que se obtienen de la actividad financiera, tanto en los instrumentos utilizados y fundamentalmente en las ganancias que se obtienen de la misma. Y esto sólo lo puede hacer un gobierno progresista y de izquierda. Tardará más o tardará menos pero la derecha nunca lo hará.

Decía Rodney Arismendi en momentos complejos y de desentendimiento cuando faltaba visión política, o primaban los personalismos y las miserias varias: “…cuidado, que no se nos vaya el niño con el agua de la bañera”.

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