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Dic
15

la izquierda en el uruguay

La importancia de un relato de izquierda

escribe: Esteban Valenti (*)

El llamado relato no es el registro de los hechos o de los procesos del pasado, sino básicamente la capacidad de una fuerza política, en este caso de izquierda, de construir un conjunto de ideas que expliquen, fundamenten los procesos políticos, sociales, económicos y culturales del pasado, su soporte en el presente y en particular las ideas fuerza, las grandes líneas motrices de la continuidad de los cambios.

”Si al franquear una montaña en la dirección de una estrella, el viajero se deja absorber demasiado por los problemas de la escalada, se arriesga a olvidar cual es la estrella que lo guía”
Antoine de Saint-Exupéry

Eso es lo que hoy no tenemos en la izquierda. Lo que sabiendo, llamándolo con otros nombres o directamente a través de una insatisfacción bastante generalizada expresan muchos frenteamplistas en los más diversos ámbitos.

La izquierda uruguaya, construyendo bajo el fuego cruzado de la derecha, de sus adversarios políticos, de poderosos medios de comunicación y generadores de opinión, combatiendo contra el sistema de partidos históricos binario más antiguo del planeta y con 170 años ininterrumpidos de gobierno, supo construir su relato. Sin ese relato y su creciente peso en la sociedad no hubiera obtenido los éxitos que consiguió, en la conquista de 3 sucesivos gobiernos nacionales y varios gobiernos departamentales, entre otros, 6 sucesivos gobiernos de la capital del país.

El relato no es un lujo intelectual que puede superarse con la acumulación de movimientos políticos, genialidades tácticas, discursos de ocasión y mucha cintura para la disputa electoral. No funciona así en ningún lugar y menos en un país con una fuerte densidad política e ideológica como Uruguay.

Nuestro relato actual se podría sintetizar en que tratamos de explicar la decadencia nacional de las últimas 5 décadas, dictadura incluida, en los antecedentes avanzados y profundamente renovadores de las ideas, las leyes y las políticas de José Luis Batlle y Ordoñez, nuestras raíces fundacionales en el pensamiento artiguista, los padecimientos y horrores sufridos durante la dictadura, la referencia al General Liber Seregni, la crisis acumulativa desde la recuperación democrática y por último y fundamental la descripción, muchas veces lineal de los logros durante los dos gobiernos frenteamplistas a partir del 2005.

Ese relato, aunque hoy sea parcial e insuficiente, tuvo un papel fundamental en la construcción de nuevas mayorías nacionales progresistas, expresadas fundamentalmente en el voto, en el corrimiento hacia la izquierda de una parte importante de la opinión pública nacional.

Ese relato, no son solo discursos, palabras, escritos, son también hechos como soporte fundamental. En particular a partir de los resultados concretos y tangibles para la vida de los uruguayos de los gobiernos de izquierda. Pero incluso en esos aspectos, la realidad y el relato son parciales, con agujeros importantes, con zonas grises que carecen de explicación y de interpretación.

Se podría decir que la zona más compleja y carente de ese relato tiene que ver con la educación, un tema clave para los cambios de izquierda, para la democratización de la sociedad y la igualdad de oportunidades y por lo tanto para la propia historia e identidad de la izquierda. Allí vamos muy mal.

Un relato de la izquierda uruguaya no puede ser, ni pretender ser un coro afinado y único, dominado por una sola opinión hegemónica. Nunca sucedió, y cuando alguien pretendió algo parecido, fracasó estrepitosamente. La formación de las instancias sociales, sindicales y políticas de encuentro y unidad se basaron en un aspecto clave: crear los mecanismos y la capacidad en las diversas fuerzas de participar y contribuir a la construcción del tronco central del relato, y asegurar que cada uno tendría la posibilidad de mantener sus identidades, su reflexión, sus orígenes y sus prospectivas. Pero que lo más importante, la clave era la construcción de ese relato central. Esa fue y es la base para la existencia de un bloque político y social para los cambios, no como categoría teórica o previsión programática, sino como realidad política y cultural.

Ese relato se ha ido debilitando a pesar de los innegables resultados obtenidos en muchos terrenos y hoy muestra carencias preocupantes.

Las fuentes
Ya no alcanza con apelar a nuestras tradiciones ideológicas de izquierda, a nuestra historia nacional, a los últimos 50 años de proyectos revolucionarios, se necesita mucha mayor profundidad y sobre todo riesgo y audacia para hablar y proponer las ideas portantes hacia el futuro.

Menos que menos alcanza con substituir el relato por la disputa de cargos y posiciones, que a veces incluso se visten de diferencias de enfoques programáticos. Eso mata cualquier relato, en sus autores y sobre todo en la sociedad. Y no hay relato válido sino impacta en la sociedad, en los sectores más dinámicos, en las nuevas generaciones, en los generadores de riqueza material e intelectual.

Los relatos sólidos y profundos, necesitan de buenos políticos y de intelectuales y la fractura entre estos actores que otrora fueron una alianza fundamental de la propia identidad de la izquierda se ha debilitado extraordinariamente. El poder lejos de favorecer esta interacción la hace mucho más compleja y la época no es por cierto la más propicia de la historia en este sentido, ni en Uruguay ni en la mayoría del planeta.

Pero eso no puede ser una coartada para que la izquierda uruguaya construya nuevamente un renovado discurso para seguir avanzando y esto tiene que ver con tres aspectos: la base social de ese relato; las fuentes culturales, ideológicas y políticas, es decir metodológicas y los objetivos, su profundidad y su audacia. Hoy un discurso renovado de la izquierda debe incluir necesariamente una profunda carga autocrítica. El poder impone la autocrítica más rigurosa y exigente.

¿Hacia dónde vamos?
Ya se agotó y se agota cada día más el inventario de la crisis del 2002 y los resultados de nuestros dos gobiernos. Con eso no movemos a nadie y los relatos deben servir para mover, al menos las neuronas. Hacen falta nuevas metas, que no son solo las que se derivan de la acción del gobierno y del programa del FA. Hay que construir ideas y ponerlas en movimiento.

La crisis internacional, que no es solo una de los ciclos del sistema capitalista, tiene en el plano bélico, religioso, cultural, económico, moral y en definitiva político CON características de fin de una época. Y eso está impactando en todos lados, obviamente en Uruguay y no solo a través de la tasas de la Reserva Federal o el PBI de Brasil.

La nueva situación de la izquierda en América Latina, que luego de una serie de avances impresionantes hoy vive un proceso de repliegue y de nuevas amenazas, algunas surgidas desde los enemigos tradicionales, la derecha y los grandes poderes mundiales, pero otras, posiblemente las más peligrosas, vienen desde adentro, desde la propia izquierda y sus graves desviaciones y problemas.

Los avances de la izquierda se han producido en todos los casos en democracia, con éxitos electorales y respetando la institucionalidad, lo que es sin duda una diferencia substancial con la visión revolucionaria que era ampliamente mayoritaria en la izquierda latinoamericana en la década de los 60 y 70. Eso también es un factor que no siempre facilita la construcción de ese discurso.

Algunos pueden creer que estando en el poder, teniendo tantas responsabilidades de gobierno a diversos niveles, con muchos de sus mejores cuadros en cargos y tareas de gobierno, no es tan necesario construir ese relato y alcanza con administrar los cambios y la gestión. Es un grave error.

Para hacer política, hay que construir relato de forma permanente. No es un acto único o conclusivo, es un proceso permanente y es una exigencia política e intelectual muy necesaria para una fuerza de izquierda. Incluso para formar a sus cuadros y darnos entre todos una perspectiva ideal y cultural para la batalla en la sociedad.

La derecha en el Uruguay no ha logrado construir hasta ahora un discurso alternativo, se limita a la repetición casi hasta el hartazgo total de las mismas posiciones e ideas y a la crítica a nuestros gobiernos. Hay dos intentos de discursos diferentes en los últimos años, Por la positiva de Luis Lacalle Pou y la convocatoria a formar un polo socialdemócrata de parte del Partido Independiente.

El Partido Colorado está empeñado en esa difícil tarea de reivindicar el batllismo y ser la punta de lanza más dura contra la izquierda.

Ahora ha surgido un competidor que pretende competir con la oposición tradicional, sorbiendo su sangre electoral a través del discurso empresarial, casi gerencial de la política. Esto se expresó en la campaña Edgardo Novick en las departamentales.

En la construcción renovada del relato de la izquierda hay puntos inexorables: la educación, la seguridad, los valores, el medio ambiente, las nuevas exigencias de los derechos humanos, los nuevos derechos y obligaciones y en particular la cultura del trabajo y la gestión de las empresas públicas. Hay un tema regional e internacional obligatorio, la moral, la ética, la lucha con nuevos instrumentos no solo legales contra la corrupción.

Pero un relato no es la suma de respuestas a estos temas específicos, es mucho más, es el trazado unitario y común de líneas políticas, de ideas que se encarnen en una fuerza política también renovada, no habrá discurso renovado con un Frente Amplio atrapado en sus debilidades y sus formalidades. El Frente Amplio para la nueva etapa es parte fundamental del relato.

Hay por último un problema de edades, un relato renovado debe incluir obligatoriamente otras miradas, no solo de ciertas generaciones. No será fácil, pero si lo que le ofrecemos a los jóvenes es espacios de poder y no espacios de aportes con sus ideas, sus revulsivos, sus visiones tan diferentes a las nuestras, el relato saldrá pobre y cojo.

Para seguir buscando estrellas, hay que devolverles brillo y escalar nuevas montañas.

(*) Periodista, escritor, militante político, director de Uypress y de Bitácora. Uruguay

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