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uruguay …

Y ahora ¿cómo seguimos?

escribe: Ernesto Agazzi, Senador MPP E609 Frente Amplio

La búsqueda de un camino de la izquierda en el mundo, con la riqueza de sus logros y fracasos, está hoy menos volcada a describir con detalles el objetivo final, y cada vez más se alimenta del quehacer inmediato, de la búsqueda de como marchar en la dirección de construirlo. Lo difícil de resolver, es cómo transitar el hoy en forma vinculada con el mañana.

No somos ajenos a ese proceso, y la definición de marchar en la dirección de construir un Uruguay diferente, con menos desigualdades, más justicia, libertad y democracia, y su vínculo con el futuro, ocupa un lugar central en las discusiones que se están dando por cada tema puntual en los debates frenteamplistas.

Las discusiones no empiezan reflexionando sobre ese vínculo, sino que normalmente terminan en ello, por lo cual es oportuno pensarlo, y nuestra diversidad es un estímulo a reflexionar.

El momento puede ser adecuado para pensar en ello, una vez finalizado el ciclo electoral.

Una pregunta que exige respuesta es: ¿de dónde saldrán los caminos para las transformaciones?, ¿qué motores conducirán a las transformaciones?, ¿cuál es la fuente principal del impulso? Decir que la fuente serán las desigualdades existentes es una vaguedad que en esta etapa no nos es suficiente. Desde luego que nadie quiere confiar en fuerzas “que están en algún lugar” y que espontáneamente conducirán a lo que queremos construir. Las construcciones sociales no son el resultado del azar, sino que son el resultado de largos procesos, que los comprometidos con los cambios no queremos dejar para interpretar luego que se produjeron. Necesitamos tener herramientas conceptuales teóricas y prácticas, pues nuestro compromiso es ser actores y no espectadores, y no podemos llegar tarde.

Es claro que para distribuir bienestar, primero hay que tenerlo. Y que para ello las actividades económicas son centrales. Nuestra particularidad objetiva es que somos capaces de producir abundantes bienes de distinto tipo pero no contamos con el gran número de consumidores que tienen otros países. En otros términos, estructuralmente el tamaño de nuestra capacidad de producir no se corresponde con nuestra capacidad de consumir, o sea que nuestra oferta interna necesita una demanda externa. Por eso es que nuestra historia y nuestra realidad actual se apoyan en el vínculo comercial con el mercado mundial. Luego viene el nada menudo problema de la distribución.

Por otra parte, la exclusiva lógica del mercado, el camino de buscar incansablemente el lucro en toda actividad, ya sabemos que conduce a la concentración de ganancias, de beneficios y, en consecuencia, de derechos, lo que es contradictorio con la sociedad que queremos construir.

Si no es la lógica de acumulación capitalista por sí misma, es lógico pensar si el gobierno es capaz de lograrlo. O el Estado, que es un concepto más amplio que el del gobierno. Porque si tanto empeño ponemos en las elecciones, podemos pensar que quienes manejan las palancas del funcionamiento gubernamental pueden determinar el tránsito a la nueva sociedad.

Pero la participación ciudadana, con todo lo deseable que es en una sociedad democrática, o un gobierno de la izquierda, poco pueden avanzar si no están conducidos con ideas claras, ideas de izquierda. Así es que el análisis profundo, la fijación de metas precisas, y una conducción planificada, son herramientas imprescindibles para avanzar en las transformaciones. Muchos indicios tenemos de las fuerzas potenciales contenidas en nuestra sociedad, y como muestra basta un botón. En las últimas elecciones el pueblo eligió. Y eligió bien.

El camino será una marcha consecuente, compleja en cada paso, que no tendrá soluciones predeterminadas, que no será fácil. En cada esquina se podrá acertar o errar. Convengamos: optar solo por lo fácil es renunciar al esfuerzo que significa ser consecuente con el compromiso de cambiar.

Por el contrario, la complejidad de esta etapa, nuestra complejidad, es aplicar toda nuestra energía e inteligencia en desempeñarnos con éxito en los distintos niveles de gobierno, en las cámaras legislativas, en las organizaciones sociales, en la militancia territorial y en la organización política Frente Amplio, al mismo tiempo.

Solo el trabajo político que interrelacione por lo menos esos cinco niveles, nos permitirá aplicar lo que hemos aprendido tanto en la experiencia nacional como en la interpretación de las experiencias de la izquierda en general.

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