04
Jul
15

uruguay …

Diferencias con la oposición

escribe: Alberto Couriel

En estas últimas semanas los partidos de la oposición y los analistas económicos de mayor prensa, generalmente ortodoxos, coinciden en que los principales problemas del Uruguay son la inflación y el déficit fiscal.

Es que la derecha se ha quedado sin ideas, sin propuestas, después de la debacle del neoliberalismo implementado especialmente en la década del 90. Pero muchas de sus ideas se mantienen vigentes. La Unión Europea vive una profunda crisis económica y social, con repercusiones políticas.

La situación de Grecia, dentro o fuera del euro, es la mejor demostración de esta situación crítica. Obligada a realizar ajustes profundos, con caídas de salarios, pensiones y gasto social, con privatizaciones y aumentos de impuestos, sufre un elevado incremento de desempleo y de pobreza.

Los gobiernos dominantes de la Unión, con la Alemania de Merkel a la cabeza, el Banco Central Europeo también dominado, inclusive doctrinariamente, por Alemania y el FMI imponen estos voluminosos ajustes que el gobierno griego de Syriza intenta enfrentar. Los ajustes se realizan para asegurar el pago de los servicios de deuda a los bancos acreedores, especialmente alemanes y franceses.

Estos recibieron préstamos del BCE a bajas tasas de interés y aprovecharon los desequilibrios de países como Grecia, España y Portugal para colocarlos a elevadas tasas de interés. Téngase presente que el BCE no puede prestarles a los Estados nacionales pero sí a los bancos privados.

Los ajustes solo benefician a estos grandes bancos privados acreedores y afectan la soberanía de los países, los propios principios democráticos. Estos ajustes no pueden servir de paradigma a la región latinoamericana, que ya los sufrió en el pasado. Las relaciones de poder pesan nítidamente y, en el plano internacional, los grandes bancos privados tienen más poder que Grecia como nación.

¿Cuál es la propuesta de la oposición? La de la ortodoxia que plantea que si se resuelve la inflación y el déficit fiscal, el sector privado estará en condiciones de realizar un proceso de inversión que resolverá los temas del crecimiento y el empleo.

Este se ve afectado por cierto descenso de los precios internacionales de los productos de exportación y algunos mercados externos afectados, como los de Brasil, Argentina y Venezuela. Pero siempre el mercado y el sector privado, con la mínima intervención del Estado, solucionarán todos estos problemas.

El papel del Estado es resolver la inflación y el déficit fiscal y usar políticas amigables hacia el mercado nacional e internacional. Para resolver la inflación se plantean políticas de contracción monetaria, pero especialmente bajar la demanda interna a través del menor gasto público que también atendería los problemas del déficit fiscal y la imperiosa necesidad de limitar los aumentos de los salarios privados y públicos.

La inflación no permite la inversión, según la concepción ortodoxa, pero en los últimos años en Uruguay se alcanzó el coeficiente de inversión más elevado de su historia llegando al 24% del PBI, con una inflación entre 8 y 9% anual.

Enfrentar el déficit fiscal, para la ortodoxia, significa mantener una imagen financiera adecuada a los intereses de los acreedores financieros porque otorga garantías para el pago de los servicios de la deuda. El Uruguay, con limitados déficits fiscales, mejora el grado de inversión que otorgan las calificadoras de riesgo al servicio de los bancos acreedores.

A ello se agrega que Uruguay presenta un alto nivel de reservas internacionales y un nivel relativamente bajo de su deuda neta con relación al PBI.

Por otro lado, se plantea la limitación de los salarios reales que han mejorado sustantivamente en los últimos años, pero compatibles con los aumentos de productividad del conjunto de la economía.

En esencia, la interpretación de los partidos de la oposición, de los analistas ortodoxos, de las cámaras empresariales y de los propios organismos financieros internacionales ponen a la inflación y al déficit fiscal como los problemas centrales de la coyuntura económica del Uruguay.

Sin embargo, estos problemas no han limitado ni los niveles de inversión privada nacional y extranjera ni seguir manteniendo una excelente imagen en el plano internacional.

Nosotros entendemos que hay que cuidar equilibrios económicos, que no es positivo tener inflación de dos dígitos, pero hay que analizar sus causas específicas y no trabajar con los manuales de textos de los organismos financieros internacionales.

Es cierto que hay que tener cierto cuidado con el déficit fiscal, pero recordemos experiencias de EEUU y de Europa con muy elevados déficits fiscales y en lugar de generar inflación sufrieron procesos de deflación. Nos preocupa en la actual coyuntura el crecimiento, el desempleo y no perder logros de mejoras en la distribución del ingreso.

En la actualidad se plantea el presupuesto quinquenal, la política salarial y la competitividad derivada del atraso cambiario. En materia presupuestal, hay que asegurar recursos para educación, salud y sistema nacional integrado de cuidados y, junto con el sector privado, para infraestructura.

Ello puede requerir modificaciones impositivas que, sin dejar de estimular la inversión privada, permita aumentos impositivos a empresas que obtuvieron muy elevadas ganancias en los últimos años. Pero el gasto público global debe atender las necesidades del crecimiento económico y el gasto público social seguir contribuyendo a la atención de los sectores sociales más vulnerables y a la mejora de la distribución del ingreso.

La política salarial es uno de los instrumentos centrales de la distribución del ingreso, de la equidad en las relaciones capital- trabajo, pero también debe atender su influencia sobre la inflación de costos. El atraso cambiario fue una constante de todo el período de gobiernos frentistas. El dólar valía $ 28,70 en el 2004 y llegó a estar por debajo de $20.

De acuerdo a la información del BCU estamos bastante peor que en diciembre del 2000, cuando nadie negaba el atraso cambiario, que tantos efectos negativos ocasionó en la crisis del 2002. En abril del 2015 el atraso cambiario era de 42% con respecto a diciembre de 2004.

En los gobiernos frentistas el atraso cambiario se compensó con el aumento de los precios internacionales de los productos de exportación. Estos facilitaron el crecimiento económico, la inversión directa extranjera e ingresos fiscales que permitieron la redistribución del ingreso a través del gasto social.

La competitividad es un problema sistémico donde juega la introducción de nuevos conocimientos, de innovaciones y de progreso técnico así como de recursos humanos empresariales y de trabajadores calificados. Pero sobre la competitividad influyen notoriamente también los precios internacionales y la evolución del tipo de cambio.

Este año hay cierto retroceso en los precios internacionales de algunos productos, pero en el promedio están 60% por encima de sus valores del 2005. En cambio es muy nítido el atraso cambiario, que es necesario modificar para mejorar la competitividad, especialmente de aquellos productos de mayor valor agregado y de mayor contenido tecnológico.

El tema cambiario sigue siendo un desafío para los gobiernos frentistas, porque se utiliza más para contener la inflación que para mejorar la competitividad.

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