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china, un rumbo explicable

Falsa alternativa al capitalismo

escribe: Ugo Codevilla

No son pocos los analistas (Pepe Escobar, Ignacio Ramonet, Vicky Peláez, et al) que insisten en el gran paso delante de China al abrir el Banco Asiático de Inversión en Infraestructura (BAII), una especie de FMI del Asia Pacífico. Con esta apertura, más un PIB parecido al de EEUU, China (cuyas inversiones aparecen en el mundo entero, especialmente en África) se estaría preparando para desplazar a EEUU; acorde a los hechos, como eje único del capitalismo mundial (en los setenta se mencionaba a Japón).

En otras palabras, hablan de multipolaridad. Considerado saludable por contraponerse a la unipolaridad norteamericana, que amenaza al mundo con la autodestrucción.

China, como cabeza del grupo resistente, es decir, China, India y Rusia (más precisamente el grupo de Shangai), estarían dando la pelea. Lisa en contra de un imperio en decadencia, debido a ello, intimida al mundo entero con la imposición, la guerra y la intromisión. En esto último, estamos totalmente de acuerdo. Nunca en que ese grupo de países signifique alternativa alguna en cuanto depredación económica.

La confrontación China vs EEUU, se enmarca en lo referido al mercado y en tal sentido, ambas se embanderan en el mismo capitalismo global de fondo neoliberal. ¿Existen diferencias? Sí, y muy marcadas.

China creció a nivel de potencia debido al traslado de la industria manufacturera de Occidente, sedienta de la súper explotación de su fuerza de trabajo y el desdén por una de las más peligrosas contaminaciones ambientales del planeta. En cuanto al poder subyacente, la fuerza económica china se basa en la fortaleza de un anacrónico partido comunista, garantía suprema de los inversionistas extranjeros.

Con la excepción de la revuelta de Tian´anmen, en el gran dragón ni las moscas hacen ruido. Por el contrario, los mega ricos siguen el camino de las excentricidades, como salir de paseo a París con sus 6400 empleados o regalarle una lap top de oro a su perro.

La creación del BAII responde a cubrir la vulnerabilidad financiera que posee al competir internacionalmente bajo la ley del dólar o el resto de la canasta del FMI (euro, yen, libra). Conformar un polo de comercio internacional basado en el yuan le permite alimentar los factores que lo hacen fuerte, poca deuda y mucho ahorro.

En cuanto a la participación de países europeos en el evento, no cambia mucho. ¿Acaso, la actividad financiera de Hong Kong es enteramente china luego del traspaso? El BAII no significa alternativa económica alguna, tan sólo que China puede dinamizar un comercio más sólido que el que provee el dólar.

Lo importante no es si el comercio es más adecuado financieramente, sino la razón de su dinámica. En este aspecto, se la conoce como gran compradora de materias primas y por su fortaleza industrial. En buena medida, empresas del Primer Mundo que han recalado en ese inmenso país (deslocalización).

No obstante, cuando se habla de hegemonía, se trata de la capacidad de dominación contenido en un país o conjunto de ellos, para impulsar un modo de producción y con ello, la cultura consecuente. ¿Alguien quiere ser como China? ¿Existe un sueño chino? La negación es rotunda.

Lo grave de la algarabía antiimperialista de los citados articulistas es haber creado (no sólo ellos) la sensación de una confrontación parecida a la que una vez sostuvo el socialismo versus el capitalismo. Caer en esta trampa sería miserable. No se alienta una contradicción entre dos sistemas económicos diferentes, sino la gestación de una guerra al interior del modo, similar a la segunda guerra mundial. En la actualidad, el centro mundial del capitalismo, pese a estar escoriado, pretende poner en cintura a China.

EEUU y sus aliados cercanos controlan gran parte del comercio mundial (mucho de este, inter empresas), posee más del 50 por ciento de las empresas más fuertes del planeta; es el mayor inversor en ciencia y tecnología en red con Europa, mueve el grueso de las finanzas mundiales (sobre todo la especulativa), controla la mayor parte de los medios de comunicación, extienden su cultura de consumo desbordado en base a deudas y destina 600 mil millones de dólares anuales en defensa, es decir, el 47 por ciento del gasto mundial.

Con los chinos no hay alternativa, es el mismo capitalismo. Y lo vemos en el trato mantenido entre el gran dragón y Brasil, a quien prometió inversiones por 53 mil millones de dólares. Sin embargo, el intercambio no robustece a la industria brasileña ya que los chinos, al mejor estilo británico del siglo XIX, prefieren cobrarse con materias primas.

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