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Abr
15

la izquierda en el uruguay …

Empujando ¿hacia donde?

escribe: Esteban Valenti 

Una de las mayores diferencias entre la izquierda y la derecha, es que en general en la izquierda se discute y se reivindica ser de izquierda e incluso ser más de izquierda que otros.

En la derecha eso ya casi no sucede, sobre todo en el Uruguay. Hay una especie de vergüenza de derecho, a lo sumo se reivindica el centro. Es un cambio cultural-político importante.

El 27 de marzo se publicó en Brecha un interesante reportaje a Fernando Pereira, uno de los principales dirigentes sindicales del PIT CNT. Siempre lo leo con atención. El título es ”Empujar al gobierno hacia la izquierda” y refiere centralmente al tema del FONDES y lo más importante es que no lo hace solo desde el punto de vista formal, o puntual sobre ese instrumento sino desde el punto de vista ideológico y programático sobre la o las estrategias de la izquierda para fortalecer la economía social. Lo plantea desde la ideas y eso siempre es valioso y en esta época particularmente importante.

Me permito una aclaración, muchos saben que yo vengo de una formación ideológica marxista leninista, no todos saben que mis primeros 16 años de actividad laboral los realicé en dos cooperativas. Desde los 14 años y durante más de una década trabajé en CODARVI (Cooperativa de Artesanos del Vidrio) una auténtica cooperativa de producción con más de 300 trabajadores. Fue una experiencia maravillosa, por su valor humano, por su complejidad social en la organización y la propiedad de los medios de producción. En este caso industriales. Y luego trabajé 5 años y medio en Inter Press Service una cooperativa internacional de periodistas, también fue un largo lustro de aprendizaje no solo del oficio, sino de las relaciones de poder y las tensiones y la cultura cooperativa y sus contradicciones. Así que hablo con algo de conocimiento directo.

Segunda aclaración, siempre es importante el aporte de los sectores sociales organizados en el debate político e ideológico, en este caso de los representantes sindicales, pero me siento obligado a aclarar mi posición: la opinión de los dirigentes sindicales no son de izquierda y expresan la visión progresista de los trabajadores por el simple hecho de ser sindicalistas. No reciben automáticamente un torrente de agua bendita de izquierda por ocupar posiciones sindicales.

Tienen naturalmente una directa relación con los trabajadores y sus intereses, pero las tensiones entre los objetivos de izquierda de un proyecto nacional, un rumbo estratégico de avance hacia la justicia social, hacia formas más avanzadas de producción y de organización social, con el nombre que se las quiera denominar, como por ejemplo socialistas, también tienen en muchos casos serias contradicciones con las posiciones sindicales. Yo creo y lo digo, no como muchos que lo piensan y lo dicen en los pasillos que una de las posiciones más conservadoras en materia educativa la tienen algunas direcciones sindicales, o que otras direcciones sindicales reivindican una pésima relación entre el empleo estatal y sus obligaciones como servidores públicos. En particular a nivel municipal.

Podría seguir con muchos otros casos donde no considero en absoluto las posiciones sindicales como un certificado de izquierda, al contrario. Y no quiero entrar en honduras de ciertos métodos sindicales muy actuales que comienzan a parecerse demasiado a ciertas experiencias cercanas geográficamente y que poco tienen que ver con el sindicalismo histórico uruguayo.

Para la historia, me viene a la memoria que luego de la revolución de Octubre uno de los sectores más irreductibles y contrarrevolucionarios fue el del sindicato ferroviario de Rusia. Solo para el registro. Y aclaro que también fui dirigente sindical de la industria del vidrio.

Ahora vayamos al tema de la polémica: el FONDES contiene (en su actual estructura) un conjunto de valores importantes. Utiliza una parte de las ganancias del BROU para apoyar proyectos de economía social. El origen de los fondos es importante, corresponde a una porción de las utilidades del banco del estado, obtenidas de los intereses que cobra por sus negocios financieros. Es una absoluta novedad: ganancias en el BROU que fue históricamente y durante más de 50 años fue el soporte del capitalismo parasitario que dominó nuestro país. Un banco siempre al borde del barranco que acumulaba carteras pesadas, pasadas a pérdida y cubiertas con los dineros del estado, es decir de toda la sociedad. Y las carteras pesadas, que por otro lado no eran solo del BROU, sino de todo el sistema financiero, fueron en esas décadas la mayor acumulación de plusvalía de las clases dominantes en el Uruguay. Plusvalía y parasitaria.

Grandes negocios, empresas y negociados que no arriesgaban, que se financiaban con los dineros públicos. Si ganaban y acumulaban capital, la apropiación era individual, si perdían las pérdidas eran sociales. Otra que neoliberalismo, parasitario al cubo.

Y la lista de empresas privadas, con nombres ilustres y no tanto, salvadas por ese mecanismo sería interminable. Cada 10 años teníamos una gran operación borrón y cuenta nueva para los fracasados. Así que la derecha, que ahora pone el grito en su cielo tan bajo, debería guardar prudente silencio: su modelo fue un fracaso estruendoso.

La pregunta es ¿si nosotros, la izquierda, tenemos que como respuesta que organizar nuestro propio sistema ruinoso y fracasado pero de izquierda?

El objetivo de un fondo para el desarrollo de la economía social, para impulsar formas de autogestión y de participación directa de los trabajadores en la propiedad social de las empresas es una buena y necesaria idea. Es parte del Proyecto Nacional que integra diversas formas de propiedad y producción, la estatal, la privada, la cooperativa y otras formas de propiedad social. En este detalle esquemático hay siempre que considerar el tamaño, porque tiene que ver con aspectos sociales, culturales y de la construcción del bloque de los cambios y de soporte del Proyecto Nacional.

No voy a entrar en el análisis puntual de los cambios que se proponen para el FONDES, más bien en las ”ideas”.

Es muy necesario que se disponga de un instrumento institucional y financiero para apoyar proyectos productivos cooperativos y de economía social. Con un agregado, los años de experiencia nos permiten y nos obligan a ajustar ese instrumento, porque se han hecho cosas buenas y otras no tanto, para ser generosos.

No se trata solo de evaluar los resultados económicos de manera fría y contable, hay otros parámetros, pero lo que si debe quedar claro es que el FONDES no puede ni debe quedar asociado de manera permanente a fracasos productivos (Astori dixit). Un núcleo reducido de trabajadores y en algunos casos de ex directivos no pueden perpetuarse en el uso de recursos que son de toda la sociedad. Los plazos importan y los resultados también. Los recursos que se destinan a un fracaso, se le quitan a posibles éxitos y aportes concretos a la producción y el crecimiento del país. Y eso debe quedar bien claro, con o sin tironeo de ”izquierda”.

De FONDES en FONDES no se va hacia el socialismo, o al menos a formas de socialismo sustentable y auténtico.

Cuáles han sido a mi entender las claves de los diferentes resultados. Hay casos en que desde el inicio el proyecto, estudiado y evaluado tenía una base productiva y de sustentabilidad muy endeble, la debilidad era genética, original. Y eso exige afinar los instrumentos de evaluación hacerlos menos burocráticos y formales y más sustantivos. No se trata de cubrir las formas sino los contenidos de un proyecto con futuro.

El FONDES no puede ser un MIDES, pero para la producción. Y eso debe quedar claro desde el inicio.

Segundo, lo apunta Pereira correctamente, una de las claves del éxito o del fracaso es la gestión, es la capacidad de gerenciar una empresa y hay que destinarle medios, cuadros y sobre todo claridad, muchas veces en los proyectos autogestionarios hay una subestimación genética a ese aspecto. Si caro fue el precio que pagaron los procesos transformadores y revolucionarios por la carencia de cuadros, en la actualidad ese pasa a ser un tema clave. Hay que formar desde ahora y con atención no sólo profesional, sino de una nueva cultura a directores de proyectos sociales, especializados en cada una de las áreas.

Cuando me dicen que el  El Instituto Nacional de Empleo y Formación Profesional – INEFOP tiene 80 millones de dólares en sus fondos, asumo y me duele que acumuló retrasos y fracasos importantes. En un país que tiene 6% de desocupación tendríamos que transformar la formación profesional directa en un eje del avance nacional, como una de las principales tareas progresistas, desde la formación educativa formal hasta el uso de todos los mecanismos disponibles por parte del Estado y las empresas. Y nos quedamos dormidos, bien dormidos. Tengo grandes esperanzas en los cambios que ya se operan y en el MTSS.

La relación entre fondos originales para financiar las empresas de economía social, el origen de los emprendimientos, la capacidad productiva, el uso de la tecnología, la inserción comercial y la capacidad de gestión, es un tema profundamente ideológico.
Como ideológico es el papel de las cooperativas auténticas, con verdadero sentido cooperativo en sus formas de propiedad pero en sus valores y sus relaciones. Y tenemos que prestarle mucha más atención. En el movimiento sindical, existen visiones bastante tensas y contradictorias sobre el tema cooperativo. Desde mi época, lo recuero perfectamente y en algunos casos, con primitivismos muy graves. Los cometimos también nosotros, mis compañeros de CODARVI los recuerdan seguramente.

¿Por qué, las micro y pequeñas empresas en el FONDES? Es un cambio profundo e ideológico. Esos sectores empresariales que incluyen su trabajo como un aporte fundamental a la marcha de esa empresa tienen todo el derecho y, el estado la obligación de integrarlos a esos fondos, como parte del mundo del trabajo. ¿Los que pasan a ser propietarios bajo diversas formas de propiedad social por qué tienen más derechos que un micro o pequeño productor en cualquiera de los sectores industrial, comercial, de servicios, agropecuario, artesanal? ¿La diferencia es que unos se pueden afiliar al sindicato y los otros no?

Para el Proyecto Nacional en esta etapa de su desarrollo, fortalecer las empresas del Estado en sus verdaderos cometidos estratégicos, coordinadas a todas las políticas, incluyendo las financieras y de inversiones y no cada una con su propia agenda;  las inversiones productivas privadas que aporten trabajo, innovación, mercados, procesos productivos; las cooperativas en sus diversos niveles y capacidades; las formas de economía social; las medias, pequeñas y micro empresas, en especial las de base familiar están todas integradas y requieren políticas, atención crediticia, políticas fiscales adecuadas y una permanente capacidad de cambio y adaptación a las nuevas circunstancias. Por eso no tenemos modelo y no queremos ni asumir, ni copiar, ni adoptar ningún modelo.

Cada uno tiene el derecho y en cierto modo la obligación de considerarse de izquierda y de tironear o creer que está tironeando hacia la izquierda, pero al final de cada periodo, de cada momento histórico la realidad es la que manda.

Las cifras de estos diez años de crecimiento ininterrumpido de la producción y la riqueza nacional, de redistribución progresista de esa riqueza que hoy tiene un índice Gini de 3.81 el mejor por lejos de la región, que redujo la pobreza del 39% al 9.7% y la indigencia del 4.5% al 0.3% en solo diez años, que aumentó los salarios y las jubilaciones en el 50% y mucho más a los sectores más sumergidos y que mantiene una desocupación en el entorno del 6-7% y que pasó de un PBI de 14.000 millones de dólares en el 2005 a 53.000 millones en el 2014, tiran mucho más desde y hacia la izquierda que todos los empujones que se pregonan. Esos son resultados de izquierda, en serio, constantes, palpables y vivibles por los uruguayos.

Los construimos entre todos, entre la gran mayoría de los uruguayos y el gobierno con su Proyecto Nacional le dio el impulso y el marco de sus políticas públicas y de un clima espiritual de lucha, de trabajo, de riesgo, de emprendimientos y no de llantos de enano llorón de derecha.

Y lo mejor de todo es que no estamos conformes, no aceptamos que 300 mil uruguayos vivan por debajo de la línea de pobreza, que haya injusticias y que la distribución de la riqueza sea todavía injusta con el 20% más rico que se queda con el 43% de la riqueza y el 20% más pobre son el 8%, pero sabemos, porque lo aprendimos que no hay atajos y que la amplia alameda de los cambios requiere un horizonte claro y nacional, no administrativo y sectorial.

Hay cosas que empujándolas aún con la mayor buena voluntad no levantan vuelo.

 

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