08
Feb
15

frente amplio, elecciones departamentales

 

El músculo no duerme ni la ambición descansa

 

escribe: Esteban Valenti / Periodista, escritor, director de UYPRESS y de Bitácora. Uruguay.
El genial y ácido escritor norteamericano a veces, solo a veces se excede, otras dice la verdad y solo la verdad y nada más que la verdad. Para hacer política hay que tener ambición y exponerse a todas sus consecuencias y además hay que tratar de que el músculo nunca duerma y la ilusión no sea sustituida por la cruda ambición.
Ambición, s. Deseo obsesivo de ser calumniado
por los enemigos en vida, y ridiculizado por los
amigos después de la muerte.
(Diccionario del Diablo, Ambrose Bierce)
Pasaron las elecciones, los sustos, las euforias prematuras, las declaraciones de absoluta y total buena voluntad, los proyectos de todo tipo y lentamente estamos volviendo a la realidad. Y esa es una gran lección: la realidad siempre vuelve, es tremendamente volvedora.
Vuelve para los que ganaron, para los que perdieron y para los que se sienten satisfechos en público y amargados en la intimidad. Vuelve para todos.
Vuelve para los que se quedaron con la mayoría parlamentaria y con el gobierno nacional, para los que quedaron en minoría y mirando la fiambrera y los que esperaban ser el fiel de la balanza y se quedaron con un fiel casi inútil y tan lejos de la balanza como siempre, como antes.
Ahora, casi sin tomar envión se vienen las elecciones departamentales y municipales del 10 de mayo, descontemos las fiestas tradicionales, las vacaciones y la Semana de Turismo y estamos a un suspiro. Para algunos las elecciones de mayo son la gran oportunidad de la revancha, la posibilidad de desplegar el músculo y la ambición, para otros la posibilidad de ensayar la gran alianza concertada; para otros se abre la posibilidad- necesidad de confirmar victorias locales y demostrar que tenemos en el plano territorial una imagen y una realidad y sobre todo nuestra capacidad de gobernar localmente.
No es solo una prueba de programas, de  credibilidad política, de que contamos con hombres y mujeres capaces de gobernar las cosas de todos los días, los servicios más exigidos, la relación más directa entre la gente y el Estado. Es una prueba que siempre está pendiente.
En octubre ganamos en 14 departamentos, con blancos y colorados separados y, en noviembre le ganamos a ambos partidos unidos en 11 departamentos. Todo un record. El que crea que eso es una garantía, delira peligrosamente. A esta altura ni siquiera en Montevideo hay garantía de nada. Hay que pelearla contra el centro derecha, separada formalmente, unida por la ambición y las ganas que nos tienen o unida por la Concertación. Nosotros siempre tenemos que pelearla y bien.
Menos mal que aprendimos y que no intentaremos poner de candidatos a ningún electrodoméstico o hacer que ningún nombre caiga envuelto y empaquetado desde la cumbre. Serán los ciudadanos frenteamplistas o progresistas los que elegirán.
Si hay una lección que deberíamos aprender de los comicios nacionales, después de 10 años de gobernar, es que la gente no quiere más de lo mismo, mucho menos a nivel departamental. ¿Qué quiere? Tendremos que profundizar en las respuestas y descartar las locas ambiciones personales e incluso las partidarias. Esto último es mucho más difícil.
A la hora de reclamar y proclamar generosidades y grandezas gratuitas todos estamos prontos, siempre y cuando no afecten nuestras ambiciones. El problema es cuando hay que recurrir a la realidad. Y la realidad en cuanto a cargos y candidaturas nos ha entrado muy adentro, del alma y de nuestra propia identidad.
Por un instante, un segundo imaginemos, que hubiera sucedido hace unas décadas si en la izquierda los apetitos y las ambiciones hubieran sido tan evidentes Otros tiempos, otras prioridades, otros dirigentes.
Ahora volvamos a la realidad, la cruda realidad. Mientras ya ha sido anunciada la integración del próximo Consejo de Ministros, con subsecretarios incluidos y los más altos cargos del Poder Ejecutivo, se viene la revancha. No solo para los blancos, sino en la interna.
¿Recuerdan cuando existía la idea, la lejana idea de que la pluralidad también debía expresarse en las candidaturas del FA? Pues ahora, y hace algún tiempo eso no existe más, ni en broma.
Ahora se pesan las cosas por su valor específico. Después de la Presidencia viene la Intendencia de Montevideo, de Canelones, de Maldonado, de Salto, Paysandú y Colonia estas tres últimas al mismo nivel y luego de todos los departamentos, algunos con valor simbólico, como Cerro
Largo y Artigas. En realidad todo el territorio está en juego, con diferentes tonalidades. Ediles y alcaldes hay en todo el país
El músculo no duerme, en ningún lado y menos descansa la ambición y, la ilusión es perpetua.
¿Hay que resignarse a que la lucha por los cargos sea tan preminente? Hay que tratar de darle otros contenidos y alcances, pero no podemos mentirnos, al menos no tan desembozadamente. Los cargos son parte esencial de esta etapa política. Deberíamos darle contenidos más profundos, un sentido ideológico unitario pero de diversidades que valga la pena.
La Intendencia de Montevideo no debería ser solo ni principalmente una batalla por el poder y los múltiples cargos, o al menos no debería ser el tema casi central. ¿Todos tenemos la misma visión de las tareas y grandes diseños estratégicos de nuestra capital luego de 10 años del Proyecto Nacional y 25 de gobiernos departamentales de izquierda? La derecha va querer reducir todo a un problema de eficacia, de eficiencia, de gestión, como si en el gobierno de la capital no estuvieran en juego aspectos programáticos fundamentales para el Proyecto Nacional, para el rumbo del país.
Hay una ley de física política que casi siempre se cumple: baja la ideología y sube la cotización de los cargos.
Ahora, si nosotros queremos camuflar, reducir, ahumar los problemas concretos de Montevideo, la limpieza, la iluminación, el transporte, el tránsito, los espacios públicos, la burocracia y los impuestos (que tienen directa relación con esos servicios), con un discurso de gran perspectiva histórico-urbanista, estamos en el horno. Y bien merecidas tenemos las llamas.
Si nosotros no demostramos que pondremos en los diferentes cargos a los más capaces y el reparto por partido o por grupo se convierte en el gran botín electoral de mayo, estamos en la parrilla y bien merecidas tenemos las brasas, porque hay sobradas experiencias que demuestran que ese tipo de reparto es un fracaso asegurado y ya demostrado
En 25 años de gobernar Montevideo, 10 años de gobernar Canelones, Maldonado y Rocha, 5 en Artigas y las otras intendencias que ganamos y luego perdimos como Salto, Paysandú, Florida y Treinta y Tres deberían ser una experiencia invalorable. ¿Aprendimos lo suficiente?
No se trata de lecciones o de aprendizajes sobre la gestión, esa es una parte, es sobre todo las relaciones entre una propuesta realmente progresista a nivel departamental y local, sobre el uso de los cargos, sobre la relación entre los proyectos departamentales y el Proyecto Nacional, sobre el relato ideológico, cultural y programático que somos capaces de construir  en cada realidad distinta. Y sobre la calidad de la gestión, que tiene un profundo contenido político.
Ya no abundan las intendencias fundidas (con excepción de Salto) y por lo tanto el efecto Elizalde o Rocha ya no funciona más. Ahora hay que ofrecer cambios de calidad, de mejora concreta y de una visión estratégica en todos lados. El gobierno y el Estado nacional se han encargado de proporcionar recursos a todas las intendencias. Y ese fue un gran aporte a la verdadera descentralización y democratización del funcionamiento institucional en estos 10 años. Un gran cambio positivo.
Como en este país el músculo está bien despierto, sobre todo tratándose de la política y los peligros de la ambición los hemos integrado con dulzura a nuestro proyecto, tenemos por delante una nueva instancia electoral y cinco años llenos de nuevas experiencias y tensiones. Solo una sólida y plural visión ideológica de izquierda nos permitirá navegar por estos mares. Lo hemos hecho con éxito, pero las olas y los vientos cambian en forma constante. Y lo del viento de cola es un cuento, que ya no se lo creen ni los propios autores.

 

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