20
Nov
14

elecciones en uruguay

ardid de las mitades

escribe: Miguel Aguirre Bayley

 

Dirigentes de los partidos tradicionales y algunos medios de comunicación, con el diario oficialista de la dictadura cívico-militar a la cabeza, insisten en señalar que Uruguay está dividido políticamente en mitades.

 

A esta afirmación, expresada con indisimulable frustración, le adunan la descalificación, el agravio mediático y los exabruptos, lanzados como anatemas contra el Frente Amplio. No reparan ni valoran que, con esa conducta, dañan la democracia y devalúan la política, alejándola de la ética y la deontología.

Sin embargo, las recientes elecciones confirmaron que hay dos realidades bien diferenciadas, muy lejos de constituirse en familias ideológicas por mitades. En un plato de la balanza, se sitúa el Frente Amplio como expresión definidamente mayoritaria y consolidada. En el otro, se advierte una clara atomización de la oposición. Está conformado por los Partidos Nacional, Colorado e Independiente, afines a las ideas de la derecha y defensores a ultranza del neoliberalismo. Pero –justo es señalarlo– también lo integran Asamblea Popular, el PERI y el PT, cuyas plataformas electorales coliden y carecen de sintonía con los postulados conservadores. Esta práctica falaz nos retrotrae a los tiempos de gobiernos teñidos de pálido color rosado, sustentados por mayorías parlamentarias, medidas prontas de seguridad sin garantías individuales, estado de guerra interno, represión despiadada y dictadura comisoria.

En 1994 –última elección antes de la reforma constitucional– el país se dividió en tercios. El Partido Colorado ganó las elecciones y el doctor Julio María Sanguinetti, con mayoría relativa, fue el Presidente de la República con solo el 30.83% de los votos. El Partido Nacional alcanzó el 29.75% y el Frente Amplio, logró el 29.18%. Hubo empate técnico en los tres primeros lugares, pero colorados y blancos conformaron mayorías parlamentarias en ambas cámaras y excluyeron al Frente Amplio. Veintiún senadores (11 colorados y 10 blancos) y sesenta y tres diputados (32 colorados y 31 blancos), aseguraron la mayoría rosada.

En 1999, cambiaron las reglas de juego con la nueva Constitución, promovida y apoyada por el Partido Colorado, el Partido Nacional y el Nuevo Espacio. Allí se introdujo el balotaje con la clara intención de impedir el acceso del Frente Amplio al gobierno. En primera vuelta, ganó el Frente Amplio (bajo el lema electoral PEPFA) con el 39.06% de los votos. Se impuso por más de siete puntos (7.13) sobre el Partido Colorado (31.93%), pero debió ir al balotaje. Colorados y blancos, aliados nuevamente, dieron el triunfo al doctor Jorge Batlle con el 52.52% de los votos, sobre el 44.5% del doctor Tabaré Vázquez. Dieciocho senadores (11 colorados y 7 blancos) y 55 diputados, conformaron el predominio rosado. En una actitud antidemocrática, el Frente Amplio con mayoría relativa en ambas cámaras (12 senadores y 40 diputados), volvió a quedar al margen.

En 2004 no hubo necesidad de balotaje. El Frente Amplio (lema electoral PEPFANM) logró el 50.45% de los votos y la mayoría absoluta en las dos cámaras (17 senadores y 52 diputados). En 2009, el Frente Amplio alcanzó el 47.96% de los sufragios y repitió la mayoría absoluta en ambas cámaras (17 senadores y 50 diputados). En ambos ejercicios, no hubo ajuste fiscal y cientos de leyes, con significativo avance social, fueron promulgadas. Los parlamentarios de la oposición participaron activamente en las comisiones de trabajo, en la Comisión Permanente, en la elaboración y posterior discusión del Presupuesto y en las Rendiciones de Cuentas, entre otras leyes de fundamental trascendencia.

En todo caso, lo que está fuera de todo cuestionamiento es que la vocinglería de la alianza rosada, mimetizada con el “poncho blanco” y el “sobretodo”, pero tan ajena a las ideas de Aparicio Saravia y de José Batlle y Ordóñez, está –como antes– dirigida a bloquear cualquier pretensión de avanzar hacia la concreción de una democracia social y participativa. Dicho de otra forma, todo vale para impedir el triunfo del Frente Amplio que en octubre aventajó por diecisiete puntos de diferencia a su escolta más cercano, se impuso en 14 de los 19 departamentos y, lo que configura un avance revolucionario, ganó con los votos de la franja joven en todo el territorio nacional.

Hace bastante tiempo que el pueblo uruguayo ha dicho basta y ha hecho saber que no está dispuesto a seguir alisando la fusta, con la que le han molido el lomo en los tiempos aciagos de la prevalencia del contubernio blanquicolorado. En la militancia y en las urnas estará, otra vez, la respuesta de la ciudadanía.

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