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Oct
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uruguay elecciones … 26 de octubre

Los apáticos,  los enojados, los desilusionados y los desmotivados

 

 

escribe: Esteban Valenti  Periodista, escritor, director de UYPRESS y BITACORA. Uruguay)
Una campaña electoral trata de instalar una línea divisoria entre candidatos y partidos de carácter nacional y también debe atender a sectores ciudadanos específicos, tanto a nivel territorial, social, edades o niveles culturales.

En el caso del Frente Amplio es claro que el eje de su campaña es la continuidad y el cambio del proyecto progresista en todos los diferentes planos de la acción pública, incluyendo las áreas donde existen carencias o lentitudes.

Con una particular atención a que será lo nuevo, lo diferente, lo mejor, porque luego de dos gobiernos, lo que tiene claro la gente es en qué consiste la continuidad, que políticas básicas se mantendrán.

Toda esta reflexión se basa en tres elementos diferentes: en los cuadros analíticos de las diferentes encuestas cuantitativas, en los estudios motivacionales que lógicamente realizamos con diversos grupos de opinión pública y por la experiencia personal, reuniones en casa de familias, conversaciones, aniversarios, cumpleaños y en algún boliche. Lo que pedía el ”Corto” Buscaglia, boliches y cumpleaños de quince para poder hacer campañas.

Yo me voy a concentrar en una nueva realidad que emergió con fuerza en estas elecciones y que si bien es un desafió para todos los partidos, tiene especial significado para el progresismo, para el Frente Amplio. No todos son iguales, ni tienen la misma sensibilidad ni reaccionan a los mismos mensajes.

Comencemos por los apáticos, que podría considerarse en dos segmentos, los nuevos y los apáticos mayores. En el primer sector hay un número importante de jóvenes, porcentaje mayor que en otras elecciones anteriores que no se interesan por la política, la sienten muy lejos de sus vidas, eso no quiere decir en absoluto que son apáticos a todo, tienen sus propios intereses y preocupaciones. Los segundos forman parte de esa porción creciente de la población del planeta que se aleja paulatinamente de las elecciones y de la política. Ambos tienen puntos en común, pero también importantes diferencias. Por el respeto o el temor a las sanciones establecidas en la ley  la gran mayoría vota.

Luego están los que en estos 9 años de gobiernos del FA por los más diversos motivos, algunos totalmente justos y otros derivados de una expectativa equivocada y muy personal sobre las responsabilidades de un gobierno y del Estado y obviamente por nuestras carencias y errores, tienen alguna bronca entripada. A lo largo de la campaña han ido disminuyendo, pero existen, vaya si existen y apuntan contra el gobierno o la IM. Todos conocemos unos cuantos.

Luego están los que tenían y mantienen una visión de cambios y de velocidades en los cambios que debía realizar la izquierda en el gobierno que no se cumplió. En este caso se trata siempre de gente progresista, con un proceso racional, complejo y lleno de tensiones. Algunos militan directamente contra el FA, en estos días he leído alguna columna con ese enfoque. Argumentos se pueden coleccionar de cualquier lado y color. Ellos ya han cruzado el Rubicón, y no se sienten responsables de nada ni de lo que sucederá si asume el gobierno la derecha. Están más allá de todo.

Y luego a un nivel diferente están los desmotivados, votan pero muy suavemente. Eso sucede en todos los partidos. Viendo algunas fotos de campaña de algunos candidatos a los que les sacan la sonrisa con un tirabuzón se puede percibir que es un grupo transversal y que la inmensa mayoría terminará votando aunque sea a regañadientes.

Hay procesos que no dependen de la campaña electoral, son más profundos, son la acumulación de años con una muy baja actividad política masiva, la falta de contacto con mucha gente que ve la acción del gobierno, de la intendencia o de las intendencias progresistas desde afuera e incluso ha roto todo contacto regular con el Frente Amplio. Y estamos hablando de decenas de miles de personas.

La política es uno de los músculos más sensibles, si no se ejercita se atrofia.

En 10 años de poder y de falta o debilidad de nuestra actividad política no se arregla con unos meses de campaña electoral, al menos en la izquierda. Son cosas que hay y que habrá que evaluar y analizar en otra etapa, después, pero con mucho rigor.

Solo si logramos trazar una marca muy profunda y creíble, sin truculencias, pero con los verdaderos riesgos sociales, económicos y políticos que afronta el Uruguay con el retorno del bloque de poder de la derecha podemos lograr que ciertos temas personales o puntuales asuman su verdadero valor. Todos tenemos heridas y bronquitas, el eje de la campaña adversario es bajar al mínimo posible la línea divisoria, como si todo fuera más o menos igual o parecido, para tratar de pescar en esas pequeñas heridas.

Aunque atrás de ”La Positiva” viene una lista histórica del herrerrismo, la 71, el poder verdadero con su jingle: ”somos experiencia, somos tradición ” ¿De qué experiencia nos hablan, de la del 90? No tengan dudas que tienen experiencia y tradición, que es lo que la campaña fumosa trata de ocultar a toda costa.

Solo o principalmente explicando que fue lo que se hizo en estos 9 años que cambiaron el país, no alcanza, es evidente que no alcanza. Las encuestas y la sensación en la calle confirma que solo si logramos darle a esta batalla electoral el verdadero y profundo sentido de lo que se juega el país y cada uno de nosotros, los uruguayos podremos ganar las elecciones. En las diversas etapas.

Una definición ligth es muy mala, es exactamente el escenario que busca la derecha siempre condimentada con la ”mano dura” en el tema de seguridad y poco más. Y huir despavoridos de cualquier debate y confrontación sobre los temas económicos, donde han perdido sistemáticamente, por una razón muy simple, porque pierden con la realidad.

Pero hay otro aspecto importante, es la credibilidad. Los gobiernos del FA y en particular Tabaré Vázquez tienen su credibilidad depositada en el cumplimiento de grandes y complejos compromisos asumidos durante la crisis del 2002 y en la campaña del 2004. En todos los casos de indicadores económicos, sociales y productivos en estos diez años se superaron todas las metas. Si hace 10 años, en octubre del 2004 hubiéramos manejado las actuales cifras e indicadores de la vida nacional, ni nosotros mismos lo hubiéramos creído. Tengo buena memoria. En los compromisos siempre fuimos muy conservadores y las superamos en los hechos.

Recuerdo que sobre el tema desocupación, algo muy complejo y sensible, el compromiso fue bajar del 18% de ese momento por debajo del 10% (un dígito) al finalizar el mandato, en el 2010, y lo logramos mucho antes (2008) y mucho mejor en el 2010. Y ahora estamos entre el 5 y el 6%!
Si hubiéramos propuesto el Plan Ceibal y distribuir un millón de ceibalitas, nos hubiéramos reído de nosotros mismos.

Esa credibilidad es una de las claves de nuestras propuestas, hay que utilizarla con gran seriedad y sobre bases muy sólidas y hay que utilizarlas en temas claves.

Para llegarle a esos sectores en disputa, no solo con los otros partidos, sino con la apatía, con el desgano hay que naturalmente utilizar la emoción, el impacto que en lo afectivo han tenido los cambios y las posibilidades que hoy tiene el Uruguay, pero complementando con mensajes claros y precisos.

Las heridas pequeñas o medianas por diversas circunstancias no pueden responderse una por una, tratando de contestar todas las circunstancias, una tendencia que muchas veces asumimos. Al menos yo. Hace falta otra cosa, es sentido crítico, el que tenemos cada uno de nosotros, la gran mayoría de los frenteamplistas. Ese sentido crítico y autocrítico es clave para establecer un vínculo, para tenderle una mano a los ”no convencidos”, hay que compartir y mostrar ese sentido crítico.

Llenos de certezas y verdades reveladas no le llegamos a los que dudan a esta altura de la campaña y por otro lado no expresaríamos la realidad. La realidad es que todos tenemos mayores exigencias, tenemos rasguños, queremos más calidad en todos los aspectos, y muchos queremos calificar al más alto nivel posible la acción del gobierno. Queremos un fuerte encuentro entre los principios de la izquierda, sus valores, sus grandes objetivos estratégicos y sus mejores cuadros y las mejores fuerzas intelectuales de la sociedad uruguaya. Esa es la tradición de nuestra izquierda, de nuestro progresismo.

El sentido autocrítico no sirve solo para la polémica es el arma más poderosa que tienen los verdaderos gobiernos progresistas acompañado por la posibilidad de poner marcha atrás. Los gobiernos con una lenta y decadente marcha en zigzag y con tono autosuficiente y desde lo alto del poder, es y termina siendo siempre de derecha. Fuertes compromisos de resultados hacia un Proyecto Nacional con visión estratégica que avanza hacia adelante, pero que tiene siempre vivo el sentido de la crítica y la capacidad de corregir y dar marcha atrás, es un enorme capital, no como discurso, sino como herramienta de cambio.

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