Archivo para 7/10/14

07
Oct
14

lacalle; la nueva derecha, embustera siempre

 

¡Qué toupet!

 

Por Esteban Valenti Periodista, escritor, director de Bitácora y de Uypress. Uruguay

 

Los que conocen un mínimo de la historia nacional, saben que las dos palabras del título tuvieron un trágico peso en la política uruguaya. Fue el título de una columna de Washington Beltrán  del año 1920 que motivó la inmediata reacción de José Batlle y Ordoñez que lo retó a duelo.

El final es conocido, Batlle mató a Beltrán de un disparo en el pecho.

Que lejos estamos de aquello, pero es nuestro pasado, no aceptemos los relatos deformados, que esconden nuestra historia. Somos hijos de esas pasiones, de esos personajes, de nuestra trayectoria como país. Detrás de la construcción de un relato asexuado y falso de la historia del Uruguay hay una profunda operación ideológica, incluso para algunos que ni siquiera son conscientes de ello. Hablan en prosa como el personaje de Moliere y no lo saben. Y hablan en una prosa muy peligrosa.

A la salida de la dictadura se produjo el choque frontal entre relatos diferentes sobre las causas, las consecuencias, los procesos de salida del régimen por parte de diferentes actores políticos e ideológicos uruguayos. La teoría de los dos demonios, quería esterilizar la responsabilidad tanto de la política internacional de los gobiernos norteamericanos que sembraron de dictaduras el continente, como de sectores fundamentales de las clases dominantes uruguayas. Y si para eso debían pagar el precio de una deformación flagrante del papel jugado incluso por las diferentes fuerzas de izquierda, lo consideraron un precio razonable.

Ese relato incluía amortiguar y dejar en el olvido los crímenes de la dictadura. Si nuestra consigna fue verdad y justicia, la consigna implícita de esa operación, era olvido y perdón indiscriminado. Era una amnistía disfrazada de generosidad, cuando en realidad era totalmente funcional al intento de reconstruir una historia falsa y sin responsabilidades por la llegada de la dictadura. Y durante un buen tiempo tuvieron éxito. Con el apoyo de buena parte de los grandes medios de comunicación, que sepultaron el tema de las violaciones de los derechos humanos a un rincón incómodo y oscuro de la vida social y política del Uruguay.

Con la salida de la dictadura y los 4 gobiernos democráticos del Partido Colorado, Nacional, Colorado y de co-participación, la decadencia nacional no se detuvo, continuó ondulando con indicadores diversos, pero hacia la profundidad de una crisis material y espiritual creciente. Culminó en la explosión del 2002, que se venía preparando desde hacía varios años. Porque lo que estaba en crisis era el modelo, que con matices y retoques se aplicó en la economía, en la producción, en la sociedad, en la inversión pública y privada, en el empleo y el trabajo como factor de ajuste, en la política fiscal de acumulación geológica de ajustes sobre ajustes y en la gestión decadente de entes y bancos del estado. El resultado final los conocemos todos.

En estos últimos diez años intentaron con la tenacidad de siempre construir su propio relato, a través de los discursos, en el parlamento, en diversos libros y en varias polémicas. Todo el desastre había sido el resultado de condiciones internacionales y regionales adversas y no había la mínima responsabilidad o autocrítica que asumir. Al contrario, lentamente trataron de presentaron como los salvadores de la Patria. Y como contrapartida, todos los avances innegables obtenidos por los gobiernos progresistas eran por el ya famoso ”viento de cola”. Una década construyendo palabra por palabra el mismo discurso.

No tuvieron grandes resultados, ni con la imagen de la dictadura, que en estos años apareció en toda la desnudez de sus crímenes, de sus desaparecidos, de madres casi niñas asesinadas, de los bebés robados y del latrocinio nacional. Tampoco les fue muy bien con el relato sobre la crisis, los resultados electorales del 2004 y del 2009 son una clara demostración. Pero ha pasado una década y la memoria social suele ser compleja, a nadie le gusta recordar en forma permanente las tragedias y las derrotas.

Así que decidieron construir el relato desde otra perspectiva totalmente diferente: nada de confrontación y se concentraron totalmente en un supuesto futuro sin pasado y donde el factor de renovación era generacional. Los mismos personajes políticos reciclados para darle soporte a ese nuevo relato basado en una ”sensación”, en un ”clima”, en interpretar las tendencias nuevas de la sociedad y en particular de los jóvenes.

Es un relato que trata de sepultar las ideologías, que deposita en la tecnocracia el manejo de la economía, de la seguridad, en definitiva de la política y que responde prolijamente a las exigencias surgidas de las encuestas de opinión. Darle a la gente lo que la gente reclama en forma de promesas vagas y de mensajes de autoayuda. Nosotros aportamos nuestro balde de arena gruesa a la construcción de ese mensaje. No es el momento para analizar como lo hicimos y porque lo hicimos.

Una sola frase, cuando un relato se hace cansino, aburrido, sin vitalidad, sin entusiasmos surgidos de las ideas y de las nuevas realidades se refuerzas los relatos de los adversarios. Los relatos no se construyen por repetición publicitaria, sino con ideas, con argumentación y con propuestas. No son solo sobre el pasado, son el sustento para el futuro.

Aún las fortalezas mejor custodiadas dejan sus rendijas, y en medio de tanto jingle, de tanta frase ”positiva” obvia y sin contenido, de tanto auto análisis, se filtran los temas de la economía y el modelo tradicional, la visión autoritaria de la seguridad, el freno y seguramente el retroceso de los derechos ciudadanos y laborales y sobre todo el antiguo y tradicional bloque político y social. En Uruguay no hay espacio para construir ese relato desde la novedad, desde otro lado que no sean los partidos tradicionales, en este caso encabezados por los sectores más de derecha.

Y de estas  circunstancias surgen dos candidaturas que aunque seguramente terminarán juntos en la oposición o en un eventual balotaje tienen sus diferencias. Las simplificaciones nunca ayudan y menos en política.

La candidatura de Lacalle es la síntesis extrema de la construcción de ese relato ”renovador” por parte de un dirigente que viene de una de las familias más tradicionales de la política uruguaya y que tiene a sus espaldas 15 años de presencia en la Cámara de Diputados, 10 de los cuales siendo un férreo opositor negativo a la política de los gobiernos progresistas.

¿Cómo es posible que a solo 10 años de la peor crisis conocida por la generaciones vivas en el Uruguay se pueda construir o intentar construir ese relato ”neutro” de las responsabilidades y las causas de la crisis y de la actual prosperidad nacional?

Los uruguayos se apropiaron de los grandes resultados obtenidos en estos diez años y ese es el principal capital cultural, ideal y social que tiene hoy el Uruguay para darle sostenibilidad a su desarrollo. Sin esa apropiación no podemos proponernos seguir creciendo en todos los frentes.

Esa apropiación es contradictoria, por un lado es la mejor síntesis de los cambios que se han producido en la sociedad y por otro lado impulsan fuertes reclamos. Los uruguayos, la gran mayoría de los uruguayos queremos más calidad, incluso desde vertientes muy diversas.

Queremos más calidad en la gestión del estado, en todos sus servicios y en especial en la seguridad y en la educación. No queremos transformarnos en especialistas en educación y en seguridad, esa es responsabilidad de los gobernantes en general y en esos sectores muy sensibles en particular, nosotros queremos mucha más calidad y mejores resultados.

Queremos más calidad en todo, en la salud, porque ahora que cubre a la mayoría de la población no nos conformamos solo con la masificación, queremos mejorar y hacerlo en forma constante.

Los uruguayos queremos que aumente la producción y reclamamos respeto por el medio ambiente porque nos convencimos que Uruguay es un país natural y ese es un capital muy valioso.

Los uruguayos asumimos que se pudo bajar la miseria, la indigencia, el porcentaje de fumadores, de desempleados y que por lo tanto se deben reducir los delitos y la deserción y repetición educativa. Y si alguien quiere gobernar nos tiene que dar garantías de que lo hará y lo hará bien, mejor que hasta ahora.

Queremos que siga la prosperidad, el crecimiento, el aumento del ingreso medio de los hogares en Montevideo y en el Interior y cualquier cosa que afecte esos factores puede llegar a preocuparnos, pero por ahora estamos lejos de esas preocupaciones. Y este es un elemento que hay que tener muy en cuenta, porque no es una condición estelar, sideral, es el resultado de las políticas diferentes que se aplicaron y que no hemos explicado e informado en forma adecuada.

Que toupet sería creer en cualquier momento de nuestra historia que alguna fuerza política tiene asegurada su continuidad también por la naturalidad de los hechos, por un designio supremo e inapelable. Cada cinco años nos convocamos a decidir y todos los días a construir la realidad y también los relatos dominantes.

¡Que toupet! más allá del trágico desenlace, fue hace casi un siglo el choque frontal no solo de personalidades muy diferentes, sino de relatos políticos, morales, ideológicos muy diversos. De eso se trata la política.

 




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