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Jun
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esteban valenti

Elecciones internas: ¿Y ahora qué?

 

escribe: Esteban Valenti (*)

Se hicieron las elecciones internas, a pesar de la Corte Electoral que nuevamente demostró su extrema incapacidad y su lentitud, conocemos los resultados a 72 horas del cierre de los circuitos. Nuevas urnas, computadoras y sistemas de computación y las viejas ineficiencias e incapacidades. Y que nadie las confunda con transparencia y seguridad.

El orden de las informaciones que voy a manejar es una rigurosa elección de mis prioridades. En total votaron 989.539 el 37%  del padrón electoral, que en cinco años solo creció en el 3%. Este dato es toda una síntesis demográfica. Preocupante.

En relación a las elecciones internas del 2009 donde votó el 44.80% hubo un descenso general del  7.80 % de los votantes.  Hay un 63% de los inscriptos que votaron con su ausencia y otro porcentaje que fueron a votar y lo hicieron en blanco en relación a algunos de los órganos, el nacional o los departamentales. Se tomaron la tarea de votar y votar en blanco en alguna de las opciones. Es otra forma de expresarse.

En ese cuadro, el Frente Amplio obtuvo 297.825 votos, equivalente al 30.1% del total de los votos, que comparado con el resultado obtenido en el 2009 de 441.043 votos y el 41.22% es una caída de 143.218 votos lo que representa una caída de 10% del total de votantes. Parece que son muy pocos los que consideran este tema, sus causas, sus señales hacia octubre y más en general hacia la práctica política de la izquierda uruguaya. Todo va bien, adelante, sigamos disputando por cargos

Al único que escuché hasta hoy miércoles hacer un análisis crítico de ese dato y del conjunto del proceso fue a Danilo Astori y lo digo alto y claro.

En las internas del 2012, realizadas en los comités de base, para elegir a la Presidenta del FA y las delegaciones de los grupos y los comités de base al Plenario Nacional, votaron 139.928 personas, en esta oportunidad con 7.137 circuitos y una enorme y costosa campaña votaron solo 297.825. Si no queremos ver esa realidad y conformarnos pensando que esto no se repetirá en octubre, es porque el electoralismo nos entró ya en el alma, en un nuevo ADN de la izquierda.

En ambos partidos tradicionales triunfaron los candidatos más de derecha, Luis Alberto Lacalle Pou y Pedro Bordaberry, dos descendientes de tradicionales familias políticas uruguayas que en todas sus campañas tuvieron el enorme mérito de excluir rigurosamente el pasado de su agenda. El Uruguay y sobre todo sus gobiernos y sus partidos nacieron en el año 2005, antes fue una enorme laguna histórica.

Una parte de la izquierda se interroga sobre si no es mejor enfrentarnos a Lacalle que a Larrañaga, alimentado este razonamiento por analistas, polítólogos y por una parte de la prensa. Es una distorsión profunda de nuestro pensamiento básico. La pregunta que nos debe interesar son sus diferencias, sus matices, lo que expresa en la sociedad uruguaya, y no debe haber duda que Lacalle es más de derecha que Larrañaga. En eso no juegan simpatías, juventudes, maravillosas campañas, juegan las ideas y las posiciones y para mencionar algunas, Lacalle está con la baja de imputabilidad, con un proyecto educativo profundamente conservador, tiene que haber un momento de sinceramiento y decir que no podemos seguir formando tantos profesionales, porque no van a tener laburo, porque al fin y al cabo estás generando más frustraciones (Reportaje en Voces del 29.5.2014 de Lacalle) es una pintura perfecta de su visión del país del futuro, del destino de la juventud uruguaya. Es un momento de sinceramiento de su pensamiento de derecha. Es una afirmación muy grave, que  ya comienza a hablar en positivo de su visión de la sociedad, de su incapacidad de imaginar el progreso nacional. Hay que anotarlo, es una más.

La otra que recuerdo es su participación en una actividad en la Universidad de Montevideo donde una joven con sus preguntas lo sacó totalmente de su discurso edulcorado, precocido y lo obligó a disparatar sobre la economía. Esa es otra señal de que sus ideas profundas que no son analizadas adecuadamente.

Lo que surge claro de las elecciones internas es que si gana las elecciones Lacalle con el apoyo de Bordaberry tendremos un potente y sólido gobierno de la restauración. Hablar de la renovación desde esas ideas es un chiste de mal gusto solo vendible en el supermercado del marketing político. Nada más.

Ahora la culpa no la tienen, nunca la tienen los electores, la tenemos los dirigentes políticos y no me saco el sayo. Y Luis Lacalle Pou en algunos aspectos es una derecha más inteligente, más movediza pero más de derecha que el propio Lacalle Herrera. Lo he dicho en la radio y en varias oportunidades, Lacalle Pou es trabajador, militante, constante, inteligente, logró armar un buen equipo, incluso logró marmolear su pensamiento, pero su núcleo central es profundamente de derecha.

Lo que estamos seguros que no hará es hablar del pasado, más que para la iconografía partidaria, ni una palabra del gobierno de su partido del 90 al 95 y, cruz diablo no hablar de economía, en esos temas de le notan demasiado las patas a la sota.

Lo que ha quedado más claro que antes es que la opción es entre un bloque conservador modernizado y por otro lado la izquierda. El centro derecha y el centro han quedado mediatizados y en un segundo plano.

Si alguien saca la conclusión simplista de que este resultado es una especie de gran encuesta de 900 mil uruguayos que presupone en buena medida el resultado de octubre y noviembre, está profundamente equivocado. Ya quedó demostrado en anteriores elecciones. Pero si alguien cree que no ha pasado nada y que tenemos asegurado el triunfo en octubre y con mayoría parlamentaria, está tan equivocado como lo anterior. Tendremos que trabajar mucho y sobre todo mucho mejor si queremos ganar las elecciones.

Lo primero que tenemos que admitir todos es que nuestro mensaje (discursaos, campañas, etc) no logró no solo entusiasmar, ni siquiera convocar a votar a una parte fundamental de nuestro electorado.

Para trabajar mejor tenemos que hacer un profundo análisis de los resultados, en el territorio, en los niveles sociales, culturales y compararlos con anteriores elecciones. Pero no se trata de analizar y comparar esos aspectos, sino revisar profundamente con sentido crítico, la campaña, los mensajes que transmitimos, los discursos, las acciones y los actores principales de la futura campaña.

Una cosa quedó clara, que a pesar del enorme, a veces agobiante protagonismo del presidente de la República, compañero José Mujica, que tiene un alto nivel de aprobación por su gestión y que opina absolutamente de todo, incluso sobre el baile entre hermanos, pero llegada la hora de votar pudo comprobar que ese apoyo y simpatía no siempre se transforman en votos, ni siquiera para su grupo. Y lo digo con preocupación porque si no vota bien la 609 perdemos todos. Capaz que un poco de mesura en esta nueva etapa y que el protagonismo lo tenga el candidato, ayudaría mucho. No se trata de detener una sola acción de gobierno, al contrario

Ahora, al otro día de las elecciones, cuando no se conocen todavía los resultados oficiales ya tenemos a un compañero que se autoproclama como posible vicepresidente y con el apoyo de Mujica. Nada menos. Está en todo su derecho, como a interpretar a su modo y velozmente a los resultados electorales del 1 de junio. Aclaro que comparando, obtuvo la misma votación que Mónica Javier en el 2012 en las internas a la presidencia del FA y sobre todo que sería bueno repensar toda la situación a partir de la situación política surgida de las elecciones internas o primarias.

De todas maneras me surgen preguntas:
¿Es momento de encerrarnos nuevamente a discutir de cargos, de parcelas de poder? O tenemos que considerar en forma urgente hablarle a la gente sobre los temas programáticos, sobre el futuro basados en nuestro pasado y nuestro presente, en resultados concretos y tangibles para la gente. Rescato la frase final del discurso de Tabaré Vázquez la noche del 1 de julio, los frenteamplistas cumplimos nuestros compromisos de gobierno. Yo le agregaría, superamos las promesas.

Pero si no logramos proponerle a la ciudadanía las ideas sobre el país de vanguardia, que no es una frase electoral, es una posibilidad muy diferente al país donde debemos frenar el número de profesionales que propone Lacalle, si no respondemos a las principales interrogantes que tienen los uruguayos no lograremos el millón de votos por encima de los que obtuvimos en las internas que necesitamos el 26 de octubre para ganar.

Una nota importante: cuidado en buscar el reloj perdido en la oscuridad debajo del farol porque es más cómodo. La gente, los votantes y nosotros mismos tenemos que asumir los temas apremiantes de la sociedad, no podemos hablar solo de lo que nos conviene, en lo que destacamos, hay que hablar de la inseguridad en serio, a fondo, de la educación, de las políticas sociales y los que trabajan y se rompen el lomo para progresar, del papel de las corporaciones, de todas, el peso de los impuestos. Hay silencios y omisiones que son todo un mensaje

El tema de la candidatura a la vicepresidencia ha cambiado de características luego del 1 de junio. Ahora tenemos que evaluar la necesidad, la seria y concreta necesidad de ampliar el bloque de los cambios, de incorporar a nuestra fórmula una propuesta que no tenga que ver directamente con nuestra interna, con los equilibrios internos, que no son hoy el ángulo fundamental para encarar este tema. La prioridad es ganar las elecciones y eso depende del bloque social, cultural, territorial, que agrupemos para las elecciones. Un grave error, doble error es tratar de imponerle e imponerle en base a la interna del FA un candidato a vicepresidente al candidato presidencial y por otro lado definirlo  mirándonos el ombligo interno, un obligo con enormes ausencias de votantes, 143 mil votantes menos que en el 2009.

Si el Frente Amplio en su campaña no da respuesta concreta a los temas más profundos y arraigados en la sociedad uruguaya, no lograremos consolidar y avanzar en ese bloque social y político: la economía con prioridades sociales, el crecimiento productivo y su distribución en el territorio con una mirada estratégica, la mejora en las condiciones de vida de la gran mayoría de los uruguayos, no solo de los más necesitados, esa emergencia se terminó, ahora debe ser para todos y en especial para los que han quedado afuera de la prosperidad, y el trabajo como clave y los temas polémicos: la inseguridad y la educación y la posible baja de los impuestos explicando porque podemos hacerlo en un futuro inmediato.

Si no ofrecemos un fuerte impacto en las infraestructuras, no porque a los uruguayos le guste viajar por buenas carreteras y caminos, sino porque de eso depende el crecimiento y el salto hacia un país de vanguardia; si no nos proponemos y cumplimos que tenemos que atacar con todas las fuerzas del estado y los privados el tema de la vivienda social, tendremos una enorme laguna en nuestra campaña y peor aún en nuestro gobierno.

Y sobre la seguridad tenemos que bajar de las generalidades a un esquema de nuestro plan integral y de metas y resultados. Así como nos propusimos bajar la desocupación por debajo del 10% en los 5  primeros años de gobierno de Vázquez y la bajamos mucho antes y mucho más, podemos y tenemos que proponernos metas claras en la reducción del delito. No es un tema mágico que es tan volátil que no podemos abordarlo desde objetivos claros. Lo mismo en relación a la educación sin simplificar nada podemos y debemos proponernos objetivos y metas claras, no para la campaña electoral, para gobernar y no pueden ser solo metas presupuestales, deben ser resultados que nos comprometan a todos.

Una campaña electoral es inexorablemente la elección de prioridades y de un discurso y otros métodos para comunicar esas prioridades.

Y además de todo lo anterior necesitan de la militancia, del esfuerzo, del trabajo de mucha gente en todo el territorio, en los lugares de trabajo, de encuentro de la gente y no hay nada que lo sustituya, incluso las redes sociales y las nuevas tecnologías deben integrarse en un plan de campaña integral. Otra cosa quedó clara, las campañas cuestan mucha plata. Y se vio, vaya si se vio y no es nada comparado con lo que se viene.

Antes nos escudábamos detrás de esas diferencias de recursos, ahora al menos registremos que el gasto por cada voto obtenido, y no hay duda que algunos invirtieron, gastaron cifras millonarias y que cada voto valió una fortuna, pero eso no cambiará para octubre, al contrario, están envalentonados y lo que se juega es mucho.

La segunda parte de este análisis corresponderá la semana que viene a la interna del Frente Amplio. Y hay que ser tan rigurosos hacia la general como en la interna. Esperamos conocer los resultados.

(*) Periodista, escritor, director de UYPRESS y BITACORA. Uruguay

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