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Jun
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elecciones en el uruguay

Opinión

Los “siameses” de la posmoderna derecha uruguaya

escribe: Hugo Acevedo

Los siameses, que según la ciencia genética son recesivos, son gemelos cuyos cuerpos permanecen unidos luego del simultáneo nacimiento. Empero, en materia política hay “siameses” que no se originan del mismo óvulo ni nacen en el mismo parto, pero tienen igualmente análogos patrones de conducta.

Aunque difieran en edad o en rasgos fisonómicos, su ideología los transforma en una suerte de “hermanos de sangre” y depositarios de una herencia común.

Tal el caso de Luis Lacalle Pou, electo candidato a la presidencia por el Partido Nacional, y Pedro Bordaberry, quien asumirá la representación del Partido Colorado en los comicios de octubre.

Las elecciones internas que definieron a los postulantes a la presidencia de la República por todos los lemas, reconfiguraron el mapa político nacional.

La nominación de Luis Lacalle Pou -hijo del ex presidente Luis Alberto Lacalle- corrobora el definitivo y radical viraje a la derecha de la centenaria colectividad de Oribe.

Ello se suma a la nada sorpresiva hegemonía de Pedro Bordaberry en el Partido Colorado, quien barrió definitivamente con todo resabio de batllismo.

No en vano ambos dirigentes comparten, entre otras propuestas programáticas, la pretensión de que se rebaje la edad de imputabilidad penal.

Este proyecto de reforma constitucional, que será plebiscitado también en octubre, comporta un radical retroceso de no menos de ochenta años en materia de legislación penal de menores.

Pese a que no lo admiten, ambos saben que esa herramienta punitiva no resolvería los problemas de seguridad ciudadana, agravaría aún más la infantilización de la delincuencia y agudizaría la segregación de los menores.

Esa circunstancia marca el perfil de dos candidatos de matriz conservadora y reaccionaria, cuyas propuestas nos retrotraen a los tiempos más oscuros de nuestro pasado reciente.

No en vano el padre de Pedro Bordaberry perpetró el golpe de Estado que instauró la dictadura liberticida y el ex mandatario y progenitor de Luis Lacalle Pou pertenece a una fracción del nacionalismo que colaboró con el gobierno autoritario.

Si bien nadie debe ser cuestionado por su apellido, la clara sintonía de sensibilidades transforma a los dos candidatos en una suerte de “siameses”.

No es casualidad que ambos representen al más rancio patriciado vernáculo y se hayan educado en colegios privados, sin experimentar la socialización que otorga la interacción con pares procedentes de otros orígenes.

Por más que se “maquillen” para ingresar al tinglado electoral apoyados en poderosos aparatos publicitarios, comparten la misma trinchera ideológica.

Sus discursos cargados de demagogia y subterfugios, emulan –más allá de obvias diferencias- a la prédica de la derecha sesentista que abonó el camino a la instalación del gobierno autoritario.

El caso realmente más emblemático de teatro político lo constituyó la elección de Luis Lacalle Pou, quien emergió airoso de la competencia interna con un talante presuntamente propositivo y conciliador.

Sin embargo -pocas horas después del dictamen de las urnas- esa afable y juvenil imagen fabricada por el ilusionismo de la propaganda masiva mutó en discurso reaccionario.

En ese contexto, reafirmó que si es electo presidente, eliminará la representación docente en los organismos de conducción de la educación pública, lo cual generaría un dramático retroceso en materia de participación y la resurrección del modelo bonapartista de otrora.

También confirmó que modificaría los ámbitos de negociación salarial en claro perjuicios de los trabajadores, acorde con la impronta de su padre, quien, durante su mandato presidencial, eliminó los Consejos de Salarios y desreguló el mercado de trabajo.

En sus declaraciones, omitió otras medidas prometidas ante auditorios empresariales, como la rebaja del gasto público, lo cual pondría en serio riesgo la inversión en políticas sociales.

A grandes rasgos, la prédica de Pedro Bordaberry está en sintonía con muchas de estas propuestas, que emanan de la matriz misma del fundamentalismo neoliberal.

Evidentemente, no aprendieron nada de la dantesca crisis del 2002, cuando Bordaberry era ministro del gobierno de Jorge Batlle y Lacalle Pou diputado de su colectividad, que integraba una coalición con el Partido Colorado.

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