28
May
14

bordaberry … apellido anti democrático

Opinión

Los redivivos parteros de la desdicha colectiva

escribe: Hugo Acevedo

Como en otras actividades humanas, en política la mejor herramienta es la confrontación dialéctica que, al margen de eventuales discursos, se suele nutrir de las evidencias de la propia historia. En ese contexto, un papel fundamental lo desempeña la memoria, que condensa, más allá de meras referencias temporales, la peripecia de un colectivo social.

 

Empero, esa memoria, que es obviamente sinónimo de verdad incontrastable, también puede ser burdamente manipulada acorde con intereses partidarios o corporativos.

Ese es precisamente el fundamento del recurrente fenómeno de la desmemoria, que suele camuflar contundentes responsabilidades y culpas jamás asumidas.
Así sucedió con las graves violaciones a los derechos humanos perpetradas durante la dictadura, que pretendieron ser sepultadas mediante la sanción de una ley que consagró la impunidad.

Esa soterrada estrategia suele ser empleada por la derecha para inhumar las reales causas y consecuencias de la dantesca crisis económica y social que eclosionó en 2002.

El virulento ataque del precandidato colorado Pedro Bordaberry al vicepresidente de la República, Danilo Astori, quien aseguró que la derecha no debate sobre economía porque no tiene propuestas, motiva más de una reflexión.

En ese contexto, el líder de Vamos Uruguay, el ala más reaccionaria del Partido Colorado, acusó a Astori de “soberbio” y de tener “falta de humildad”. Incluso, retó al máximo referente de Asamblea Uruguay a debatir en torno a temas económicos.

Sin embargo, cuando mencionó a los integrantes del equipo que lo asesora en esta materia, uno no puede menos que experimentar una sensación de estupor.

Aunque no está en tela de juicio que los técnicos que le acompañan tienen experiencia de gobierno, lo que sí es cuestionable es su capacidad e idoneidad.

Si tomáramos como referencia los parámetros de las controvertidas pruebas Pisa, difícilmente los ubicáramos en el rango de aceptable, acorde con lo que han sido sus respectivos desempeños.

En efecto, Bordaberry exhumó a Ricardo Zerbino, ex ministro de Economía y Finanzas de la primera presidencia de Julio María Sanguinetti entre 1985 y 1989, un gobierno que es recordado por una inflación anual de más del 100% y por una desocupación abierta que, en 1987, superó el 9%.

Otro de sus colaboradores es nada menos que Luis Mosca, también titular de Economía entre 1995-1999 en el segundo gobierno de Sanguinetti, que cerró su problemática gestión con una caída del 3,4% del Producto Bruto Interno respecto a 1998.

Esa herencia maldita, que se trasladó en el tiempo al quinquenio 2000-2004, fue realmente la génesis de la pesadilla social que padecimos los uruguayos hasta comienzos de 2005.

Si no fuera suficiente, también asesoran a Bordaberry Isaac Alfie -ex titular del MEF durante el gobierno de Jorge Batlle y corresponsable, junto a sus correligionarios de la peor crisis de nuestra historia reciente- y Max Sapolinsky, número dos de dicha Secretaría de Estado en 2002, en el momento más álgido del desastre económico y social que azotó a nuestro Uruguay.

Por supuesto, al igual que Humberto Capote, ex presidente del Banco Central del Uruguay durante el segundo gobierno colorado posdictadura que también integra el equipo, todos son ortodoxos de impronta neoliberal.

Si la sabiduría y solvencia técnica se evalúa según los resultados palpables y tangibles, Pedro Bordaberry no tiene ciertamente motivos para ufanarse.

También acusó a Astori, de “fundir Pluna” -que ya estaba fundida por la ruinosa asociación con Varig pergeñada por la derecha- y de “liquidar los casinos municipales”.
El precandidato colorado no tiene autoridad para cuestionar a nadie, porque integró un gobierno que hizo trizas al país, con una pobreza de casi un 40%, una desocupación abierta del 25% y una caída de los salarios y jubilaciones de un 30%.

Si el vicepresidente Astori acepta el desafío de debatir, Bordaberry quedará desairado y sepultado bajo las pesadas responsabilidades históricas de su partido.
No en vano el gobierno de Jorge Batlle que él integró, culminó su mandato con un lastimoso nivel de aprobación del 7%, contra un 54% de su sucesor Tabaré Vázquez y el 52% que actualmente ostenta José Mujica.

Sin dudas, las evidencias de la realidad son demoledoras.

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