20
Abr
14

uruguay

Opinión

Diferentes valoraciones del hombre

escribe: Hugo Codevilla

La razón por la cual el socialismo dejó de ser reconocido como paradigma efectivo, se debe a que concretarlo significa nada menos que creer en el hombre. No hay socialismo sin hombre. En cambio, el capitalismo lo niega para encumbrar la razón del lucro. No importa el destino del hombre y la sociedad, lo que fundamenta la vida es satisfacer el deseo indeclinable de incrementar las ganancias del gran capital.

En esto no hay dudas: el socialismo precisa de recomponer la valoración humana; en cambio, el capitalismo parte por deshumanizar las relaciones sociales y radiarlas a la lógica del mercado.

No solamente el capitalismo, el socialismo real también defendió la prevalencia de lo sistémico sobre lo autogestivo. Es decir, que tanto la máquina del Estado como la del mercado tienden a cosificar. Uno lo hace enarbolando el bien público, mientras que el otro, la urgencia del beneficio. Un bien público digitado por el Estado reducido a camarillas observantes de la omertá.

Lo cierto es que mientras lo sistémico remita a la cosificación, el hombre se desentenderá de lo común y buscará un camino personal y único para resolver su supervivencia. De ahí que el neoliberalismo pudo avanzar a tal punto de poner en riesgo a la especie, ya que no existe fuerza social que se contraponga. Por eso mismo fue tan favorable el nihilismo posmoderno, en la labor de romper la fuerza social dejando intacto el incrementado poder de los grandes corporativos.

Filósofos o no, el gran capital afecta la vida de los humanos y no puede quedar ajeno del pensamiento de éstos. Descargar una crítica demoledora en contra del socialismo real sin resaltar la brutalidad del capitalismo, hoy concebido como una catástrofe, fue una manera poco decente de favorecer lo que en el presente no tiene más explicación que la aprobación del darwinismo social o su similar, una cierta antropofagia simbólica.

Creer en el hombre es un lío. Primero porque debemos mirar a los demás. Reconocerlos como mis iguales y comprender que tanto ellos como yo tenemos derecho a la supervivencia. Y no a una cualquiera, sino concordante con el avance científico-tecnológico que la humanidad haya desarrollado.

Algo así, sugerido en el plano teórico por el socialismo, nos apercibe de la necesidad de un cambio radical, parecido a navegar un carguero post-Panamá en pleno temporal.

Si valoramos al prójimo, estamos a un paso de lo verdaderamente revolucionario: concebirnos a partir de reflejarnos en el resto, lo que trastocaría todo el fundamento del capitalismo y la división estamentaria de la sociedad. Con ello, queda en entredicho el lucro, la propiedad privada, la explotación del hombre por el hombre, la enajenación de los medios como forma de control de la sociedad, la mercantilización del arte, la corrupción gubernamental, la acción delictiva de las empresas, especialmente las bancarias, el electoralismo ramplón elevado a la condición de democracia heroica y un largo etcétera que el lector puede imaginar.

Creer en el hombre no es sinónimo de creer en mí, sino en el resto y, a partir de ello, estructurar el modo de evitar que las necesidades de un grupo se antepongan a las de los demás. Algo que una vez estuvo en el pensamiento y el principio fundante de varias organización políticas y que hoy representan un lastre fácilmente desechable. Una cosa es administrar la pobreza y otra, diametralmente diferente, la construcción de lo nuevo.

A pesar de esta declinación, existe una condición cargada de impudicia. Si bien se ha preferido la inercia reificadora y con ello la renuncia en creer en la capacidad del hombre de construir mundos mejores para todos, se abusa de la bondad natural de las mayorías. Ya sea por educación o por carácter, la mayor parte de los seres humanos tienden a actuar en forma ética en casi todas las instancias.

Esto desacredita la tesis de los que opinan que la raíz del hombre es la maldad y que por tal razón merece mano firme, justificando los esquemas piramidales. Y si bien el individualismo ha degradado fuertemente a la humanidad, así como el hambre, la desocupación y los salarios precarios, propiciando la selva, de igual manera, sin esa conducta empática no necesariamente impulsada por el temor al castigo, el mercado no podría desempeñarse. El caos provocado por los que manipulan la economía casino, se ve resarcida así por este otro mundo, donde las mayorías despiertan todos los días bajo el imperativo de hacer lo correcto. Eso es lo que estamos matando y quizá lo logremos.

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