08
Abr
14

constanza moreira

CONSTANZA: Manual para leer encuestas: la intención de voto del Frente Amplio

0.06 CONSTAN

 

Una reciente encuesta de la Consultora Cifra causó conmoción en el Frente Amplio: por primera vez en mucho tiempo, toda sumada, la oposición supera al FA. Mientras los politólogos mantuvieron prudencia en la lectura de los datos, las interpretaciones políticas tuvieron otro tenor. Veamos algunas precisiones al respecto.

 

La primera y más básica cuestión, es que “sumar” toda la oposición es prematuro: lo que importa en este momento es la intención de voto por partido. Luego, en octubre, ya veremos si esta “suma” se refleja en votos, con los impactos más importantes sobre el FA: obtener o no las mayorías parlamentarias necesarias para gobernar.

En 2009, el FA obtuvo el 48% de los votos emitidos, el Partido Nacional el 29%, el Partido Colorado el 17%, y el Partido Independiente el 2,5%, mientras que el registro de votos anulados y en blanco fue del 2%. El escenario de 2014 no es sustancialmente distinto. Un pronóstico sensato es que el FA podría obtener un resultado similar al de 2009: no ganando en primera vuelta, pero manteniendo mayoría parlamentaria, con el PN y el PC conservando los mismos niveles de representación parlamentaria que actualmente tienen. Así puestas las cosas, la lectura a realizar es que la intención de voto se ha mantenido muy estable, y que el FA no está peor que hace un lustro: está más o menos igual.

El segundo punto a considerar es cómo han evolucionado los partidos durante estos cinco años. Para ello debemos tomar en cuenta las mediciones de cada empresa encuestadora, y no comparar números de una con la otra. Para Cifra, entre 2013 y 2014, la intención de voto del FA se mantiene. En marzo de 2013 era del 42%, en agosto de 2013 del 46%, cayendo en noviembre a 44% y manteniéndose así. Quien ha subido, es el PN, que se acerca al 30%, partiendo del 25% en marzo de 2013.

El PC, por su parte, osciló en el último año entre el 16% y el 17%. De acuerdo a Equipos Mori, la intención de voto del FA ha oscilado entre 41% y 44% en los últimos dos años, y de hecho está mejor ahora (44% en últimas tres mediciones) que antes. El PN también mejoró para esta encuestadora similar proporción (dos puntos porcentuales), mientras el PC aparece estancado. Para Factum las diferencias son mayores: el FA comienza en 2010 con una intención de voto del 49% y fue cayendo hasta ubicarse en el entorno del 41%-43% a lo largo del año 2013.

La tercera cuestión tiene que ver los beneficiarios de las elecciones internas. Creo que indudablemente las mismas benefician al PN. Su despliegue en el espacio público, la envergadura de su inversión económica en la campaña, el acicateo de la competencia ya adelantada de las elecciones departamentales y la naturaleza de su competencia interna, son algunos de los factores que explican este fenómeno.

En cambio para el FA, las internas parecen ser –erróneamente- una instancia “menor”; apenas un tránsito hacia octubre, con una competencia presidencial a ser reducida al mínimo posible, y donde se genera una convención que poco parece importar para un partido como el FA, que tiene sus propios mecanismos de decisión.

Para ilustrar el distinto aprovechamiento que hacen unos y otros partidos de la elección interna, baste mostrar los números de junio de 2009: para entonces, el PN logró una adhesión del 46%, si bien su votación en octubre fue del 29%, el FA por su parte, solo obtuvo el 41% de los votos en dichas internas, pero en octubre alcanzó el 48%.

A partir de los datos de las distintas encuestadoras, podemos formular varias conclusiones. La primera: hace cinco años que el paisaje electoral está estacionado. La segunda: el FA continúa teniendo una intención de voto similar a la que tenía a igual período en la elección pasada. La tercera: hay un repunte, leve, del PN, y un PC estancado. La cuarta: nada de lo que está sucediendo en la campaña electoral parece estar alterando sustantivamente el cuadro electoral y las intenciones de voto. Los candidatos no parecen estar ni “salvando” ni “perdiendo” a sus partidos. Las preferencias de los uruguayos son partidarias y estables, con relativa independencia de candidatos y campañas.

Pero el FA necesita mirar con mayor agudeza estos números. Un estudio de Gustavo De Armas sobre el efecto demográfico en el crecimiento del FA muestra que este tuvo gran favoritismo entre los más jóvenes, y luego consiguió retenerlos, con lo cual el recambio generacional lo favoreció. Mientras en 1984 la intención de voto al FA entre las/os jóvenes de 18 a 29 años era del 38,6%, hacia 2009 ese porcentaje ascendía al 62,5%. A su vez, a la salida de la dictadura, menos del 8% de las/os electoras/es de más de 60 años declaraba su intención de votar al FA, y actualmente ese porcentaje es del 38%.

El FA se ha beneficiado de dos fenómenos: el corrimiento de los blancos y colorados, y el voto “joven”. Pero el “goteo” de votantes tradicionales hacia el FA parece haberse estancado, y hay una leve fuga de votos tanto hacia la izquierda como hacia la derecha del sistema de partidos. Esto es lo que explica su estancamiento: no “crece” políticamente. Aquí lo importante es entender que pierde por los dos lados del sistema, y ello entraña una lección importante para quienes creen que solo corriéndose a la derecha (o al centro) se gana la elección.

Hasta aquí la evidencia científica. Luego –y esta es la parte que le compete a la “ciencia práctica”- debemos encontrar soluciones al problema del estancamiento político, y con miras a ello, las recomendaciones que se siguen deben ser entendidas dentro del ideal de una “ciencia práctica” provisto de consideraciones éticas y políticas sobre lo que debe ser un partido de “la izquierda del siglo XXI”.

En primer término, creo que el FA debe crecer políticamente estimulando la renovación generacional y el aumento de los liderazgos femeninos entre sus filas: aumentaría así su representación entre las/os jóvenes y entre las mujeres. Más allá de los cálculos personales, sectoriales, y de las preferencias de “la orgánica”, el FA debe potenciar nuevos liderazgos y no desatender los emergentes carismáticos del presente, ya que la repetición de las figuras, el estancamiento de la oferta política, la alta masculinización de sus elencos, y la falta de visibilidad de las figuras femeninas y de los liderazgos de renovación atentan contra cualquier estrategia de crecimiento político.

En segundo lugar, el FA debe aumentar su amplitud ideológica con “nuevas causas” que concitan adhesiones y entusiasmos, y especialmente no despreciar a su ala “izquierda” en pos de un voto de centro al que no se conseguirá alcanzar apenas “manteniendo la línea de flotación”. La tentación del disciplinamiento hacia adentro de todas las voces “disidentes” por izquierda, la aplicación reduccionista y formalista de la “unidad”, el ensordinamiento del debate interno, y la defección por izquierda no parecen estarlo beneficiando.

Por último, y no por ello menos relevante, al FA le hace bien la competencia interna, la misma estimula a las/os votantes y es una manera sana de vehiculizar el eternamente necesario debate de ideas.

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