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Feb
14

Clase media … ¿existe?

 

 

¿Quiénes forman en el mundo las nuevas clases medias? Sorpresa, sorpresa

escribe: Paul Mason (*)

Cuando un millón de personas se echó a las calles de Brasil en junio pasado, hubo consenso en que la protesta era un fenómeno de la “nueva clase media”, estrujada por la corrupción y el deterioro de las infraestructuras. A las protestas tailandesas, que aún continúan, también se les pone la etiqueta de clase media: oficinistas con las camisas planchadas y limpias, que escenifican acciones por sorpresa.

Pero, ¿qué significa clase media en el mundo en desarrollo? Cerca de 3.000 millones de personas ganan menos de dos dólares al día, pero las cifras del resto son vagas. Ahora, una nueva investigación de economistas de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) muestra con detalle lo que ha ido sucediendo con la mano de obra del sur global a lo largo de 25 años de globalización: se está volviendo más estratificada, con un rápido crecimiento de lo que denominan la “clase media en desarrollo”, un grupo entre los 4 y los 13 dólares al día. Este grupo ha crecido, pasando de 600 a 1.400 millones; si se incluye a cerca de 300 millones por encima de los 13 dólares, es hoy el 41% de la mano de obra, y va directa a convertirse en más del 50% para 2017. Pero en términos mundiales, la verdad es que no es en absoluto clase media. Ese límite superior de los 13 dólares diarios corresponde grosso modo a la línea de pobreza de los EE. UU. del año 2005. Así pues, ¿qué es lo que está sucediendo?

Los investigadores de la OIT extrajeron datos de 61 encuestas sobre hogares en todo el mundo para concluir estas cifras. En ese proceso, adoptaron una definición aproximada de la forma de vida del grupo de los que ganan menos de 13 dólares. Los indicadores clave eran: las familias podían recurrir a ahorros y seguros, era probable que tuvieran televisión en casa y vivieran en unidades familiares más pequeñas (de cuatro personas). De forma característica, gastan un 2% de sus ingresos en diversiones, y además tienen mejor acceso al agua, instalaciones sanitarias y electricidad. Son estos, pues, los “ganadores” de la globalización: un grupo cada vez más amplio para el que el crecimiento global ha supuesto un serio aumento de los ingresos reales, un año tras otro, comparado con el reciente semi estancamiento de la renta de las familias de clase trabajadora o media baja en diversas partes del mundo desarrollado.

Se podría suponer que la “clase media en desarrollo” la componen principalmente trabajadores fabriles, pero no es el caso. Uno de los resultados más sorprendentes del estudio de la OIT es que más de la mitad de la “clase media en desarrollo” trabaja en el sector servicios. Los trabajadores fabriles forman entre el 15% y el 20% de cada grupo de renta: van de los indigentes al grupo que está por encima de los 13 dólares. Esto refleja, según los investigadores, el hecho de que el sector industrial del sur global ofrece hoy tanto trabajo de alto valor, cualificado, como trabajo a destajo.

Cuando Richard Freeman, economista de Harvard, calculó la gran duplicación de la mano de obra mundial como resultado del desarrollo global y de la entrada de los antiguos estados comunistas en el mercado se conjeturaba que esto reproduciría otro “proletariado” en la periferia del capitalismo. Así fue, pero los cálculos de la OIT constituyen la prueba más contundente hasta la fecha de que se está moviendo incesantemente hacia la estratificación y a un trabajo más orientado a los servicios, lo mismo que sus equivalentes del mundo rico en las décadas de 1960 y 1970. Si vamos a la realidad de lo que es la “nueva clase media” en Brasil, Marruecos o Indonesia, no es la palabra “confortable” lo que se le viene a uno a la cabeza. Quiere decir con frecuencia vivir en una megalópolis caótica, codo con codo con una abyecta pobreza y delincuencia, apiñarse en improvisados sistemas de transporte y ver como tus ingresos acaban en los bolsillos de toda clase de funcionarios corruptos, intermediarios y gente del mercado negro. Esto ha configurado a su vez aquello por lo que la gente protesta. Sigue habiendo, por supuesto, luchas obreras de un perfil muy pronunciado: en Argentina hay más de 180 fábricas ocupadas. Y la ciudad algodonera de El-Mahalla el Kubra en Egipto sigue siendo la clase de lugar que puede desencadenar una total interrupción del trabajo y, como en diciembre de 2012, declarar su “autonomía” del gobierno.

Pero la tendencia de la OIT sugiere que, para el segundo cuarto de este siglo, la dinámica social típica de un país de desarrollo medio será una mezcla de conflictos “en el lugar de trabajo” con aquellos otros interconectados, esporádicos y volátiles que vimos en Turquía y Brasil el año pasado. La izquierda occidental ha vivido décadas angustiada por el declive del trabajo manual y su ideología de resistencia, a veces con el alivio de la esperanza de que se reprodujera en algún otro lugar. El estudio de la OIT sugiere que no.

Lo que era impensable hace 20 años se está volviendo hoy tangible: que los ingresos reales de los trabajadores cualificados, trabajadores del conocimiento y gestores de los “países en desarrollo” empiezan a solaparse con los que están en la parte baja de la escala de las sociedades occidentales. Pero esta perspectiva que antaño se entendía que pronosticaba estabilidad, ya no. Como ha mostrado Branko Milanovic, economista jefe del Banco Mundial, cuando se trata de lo que provoca la desigualdad, se invierten las repercusiones de clase y ubicación: “En torno a 1870, la clase explicaba más de dos tercios de la desigualdad global. ¿Y ahora? Las proporciones se han dado la vuelta: más de dos tercios de la desigualdad se deben a la ubicación “.

Milanovic llama a esto “el mundo no marxiano”, en el que la lucha de clases pierde utilidad como estrategia y lo lógico es emigrar: O bien los países pobres irán haciéndose ricos o la gente emigrará a los países ricos . Creo, por el contrario, que el significativo aumento de la agitación es un síntoma de que la nueva clase media, pobre, en ascenso que no puede emigrar en masa ha decidido obligar a los países pobres a hacerse más ricos en democracia, sostenibilidad, infraestructura urbana, atención sanitaria.

Están escogiendo cuestiones sintomáticas corrupción, transporte, espacios verdes como en el caso de la ocupación del parque Gezi [la plaza Taksim] de Estambul , pero en todo el mundo queda patente su determinación de hacer menos arbitraria y más segura la vida con 13 dólares al día.

(*) Paul Mason es editor de la sección cultural y digital de las noticias del Canal 4 británico (Channel 4 News) y fue responsable de la sección de Economía del noticiario Newsnight de la BBC2. Profesor visitante de la Universidad de Wolverhampton, entre sus libros se cuenta Live Working or Die Fighting: How the Working Class Went Global (Londres, Harvill Secker, 2007), Meltdown – The End of the Age of Greed (Londres, Verso, 2009) o Why It’s Kicking Off Everywhere: The New Global Revolutions.

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